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Números 12–13 | Salmo 49 | Isaías 2 | Hebreos 10

5 MAYO

Números 12–13 | Salmo 49 | Isaías 2 | Hebreos 10

La primera sección de Isaías 2 (vv. 1–5) mira simultáneamente al pasado y al futuro. La primera línea recuerda al lector el primer versículo del libro. Cuando se leen conjuntamente las dos introducciones, 1:1 y 2:1, se nos ofrece una visión global del mismo, gran parte del cual se centra en los días de Uzías y de los demás reyes mencionados en 1:1. Sin embargo, esta es tan exhaustiva que incluye “los últimos días” (2:2). Trata de Judá y Jerusalén, pero anuncia a la Sion que está por venir.

Estos primeros versículos también tienen relación con las bendiciones prometidas en los versículos finales del capítulo 1. Ahora, sin embargo, la visión es abiertamente escatológica. Un monte santo, el del Señor, reinará de forma suprema. Esta visión es exclusiva en un sentido, y global en otro, ya que “hacia él confluirán todas las naciones” y “muchos pueblos” dirán: “¡Venid, subamos al monte del Señor!” (2:2, 3). Isaías describe la paz universal en términos que se han vuelto proverbiales (2:4). Aunque denuncia rotundamente la injusticia de su época, nunca pierde de vista el hecho de que nuestra esperanza definitiva no es una reforma política sino la intervención final de Dios.

Estos primeros versículos también apuntan al futuro. Antes de los “últimos días” de 2:2–5, el Señor tiene preparado otro “día” (2:6–22, especialmente 2:12). El profeta sabe que el juicio es inminente, porque lo que está ocurriendo en la nación significa que en cierta medida Dios ya ha abandonado a su pueblo (2:6). Los israelitas han adoptado supersticiones religiosas de Oriente y practican ahora la adivinación como los filisteos (que vivían al oeste). En otras palabras, buscan la idolatría allá donde pueden encontrarla. Las bendiciones materiales los han vuelto insoportablemente arrogantes (2:7–9). Sin embargo, cuando caiga el juicio, los “ojos del altivo serán humillados y la arrogancia humana será doblegada. ¡En aquel día sólo el Señor será exaltado!” (2:11). Algunos se esconderán entre rocas y cuevas, huyendo de los invasores que Dios ha enviado sobre ellos (2:10, 19–21; compárese Apocalipsis 6:12–17). Cuando Dios “se levante” en “el esplendor de su majestad” (2:21), no habrá dónde esconderse.

¿Cuánto tiempo más estará gran parte de la iglesia en Occidente bajo un juicio parecido? “Su tierra está llena de oro y plata, y sus tesoros son incalculables” (2:7). No somos un pueblo caracterizado por una gran humildad y celo por la gloria del Señor. La solución es la misma que en la época de Isaías: “¡Dejad de confiar en el hombre, que es muy poco lo que vale! ¡Su vida es un soplo nada más!” (2:22).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 125). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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