Rechace los falsos credos

Rechace los falsos credos

8/21/2018

Vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina… Pero tú sé sobrio en todo. (2 Timoteo 4:3, 5

El profeta Isaías dio este buen consejo respecto a reconocer la falsa doctrina: “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Is. 8:20). Las doctrinas heréticas y los falsos credos no pueden resistirse al escrutinio de la luz divina de la Biblia.

Los falsos credos nunca enseñan la necesidad de entrar por la puerta estrecha de Cristo o andar por su camino angosto. A primera vista su contenido pudiera parecer ortodoxo y exigir verdadera fe, pero al final su mensaje radicará en el fundamento de las obras humanas y enseñara la salvación por el esfuerzo humano. Tales credos no mostrarán la profundidad o el peligro del pecado y de la depravación humana, y como consecuencia no presentarán la necesidad del arrepentimiento, del perdón y de la sumisión al Señor.

El mensaje de todos los falsos credos es un mensaje de deficiencias, y la mayor de todas es la omisión de la verdad del evangelio que salva.

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Dios es absolutamente soberano:

AGOSTO, 21

La felicidad inconmovible de Dios

Devocional por John Piper

Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto. (Juan 15:11)

Dios es absolutamente soberano:

Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place (Salmos 115:3).

Esto quiere decir que Dios no está frustrado. Se regocija en todas sus obras cuando las contempla como colores del magnífico mosaico de la historia de la redención. Su felicidad es inconmovible.

Lo que lo hace feliz es el deleite que tiene en sí mismo. Antes de la creación, Dios se regocijaba en la imagen de su gloria reflejada en la persona de su Hijo. Luego, el gozo de Dios «se hizo público» en las obras de la creación y de la redención.

Estas obras llenan de gozo el corazón de Dios porque son un reflejo de su gloria. Todo lo que él hace tiene el fin de preservar y manifestar su gloria, porque es en ello que su alma se regocija.

Todas las obras de Dios culminan en la alabanza de su pueblo redimido. El clímax de su felicidad es el deleite en los ecos de su excelencia producidos por la alabanza de los santos. Esta alabanza es la consumación de nuestro propio gozo en Dios.

Por consiguiente, la búsqueda de Dios de nuestra alabanza y nuestra búsqueda del gozo en Él son la misma búsqueda. ¡Este es el maravilloso evangelio!


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 53

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1 Samuel 13 | Romanos 11 | Jeremías 50 | Salmos 28–29

21 AGOSTO

1 Samuel 13 | Romanos 11 | Jeremías 50 | Salmos 28–29

Los últimos versículos del Salmo 28 tratan varios temas prominentes en teología bíblica:

(1) El primero y más obvio es la alabanza incontenible de 28:7: “El Señor es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias”. Aquí no vemos una fe resignada, sino más bien una fe que surge de (o produce) un corazón que salta de alegría” y se expresa en un cántico agradecido. No podemos leer el libro de Salmos sin reconocer que la auténtica fe no produce una respuesta emocional estereotipada. Dadas diferentes series de circunstancias, la fe genuina puede vincularse con una confianza casi desesperada y una petición angustiosa, con una confianza y constancia tranquilas, con una alabanza que sobrepasa los límites de la euforia dentro de una espontaneidad espectacular. En este pasaje, la fe tiene que ver más con esta última opción, porque el Señor ya ha oído el clamor de David pidiendo misericordia (28:6).

(2) A lo largo de los siete primeros versículos del salmo, las peticiones y alabanzas de David aparecen en primera persona del singular; surgen de su posición individual. Los dos últimos versículos se centran en el “pueblo” de Dios (28:8–9), su “heredad” colectiva (28:9). En lo que respecta al lenguaje utilizado, este es la consecuencia de la meditación de David en el “ungido” de Dios (28:8), la palabra que acaba generando finalmente el término “mesías”. Como rey, el propio David es el “ungido” real, el “mesías” real. No obstante, como Dios ha escuchado sus oraciones, le ha mostrado su misericordia y ha dado lugar a su gozosa adoración, su experiencia individual debería ser un paradigma para la comunidad del pacto en toda su extensión. Él representa a sus miembros y existe un profundo sentido en el cual ellos son colectivamente el “ungido” de Dios, su “hijo” (cp. Éxodo 4:22, otro título aplicado tanto a Israel por completo como a su rey de forma distintiva). La expresión “ungido” en un salmo davídico nos empuja a pensar inevitablemente en el rey; el paralelismo del versículo 8 muestra que la expresión se refiere aquí a Israel: “El Señor es la fortaleza de su pueblo, y un baluarte de salvación para su ungido” (cursivas añadidas). El lector concienzudo reflexiona sobre la manera como están vinculados David y el pueblo, y en que Jesús el Mesías (esto es, Jesús el Ungido) no sólo brota del linaje davídico, sino que se manifiesta tanto como rey davídico y personificación de Israel definitivos.

(3) La última línea trae a la mente una agradable verdad. David escribe: “Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad, y cual pastor guíalos por siempre” (28:9, cursivas añadidas). Reflexionemos sobre pasajes como Salmos 23; Ezequiel 34; Lucas 15:1–7; Juan 10; 1 Pedro 5:1–4.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 233). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Atrapado en mi propia trampa

Martes 21 Agosto

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12

Atrapado en mi propia trampa

«Perdí a mis padres cuando era muy joven. Se divorciaron cuando yo tenía 5 años. Me criaron mis abuelos y luego un tío hasta que cumplí 15 o 16 años. A partir de ahí me las tuve que arreglar solo. Entonces emprendí un largo camino de drogas y violencia.

Cierto día me encontré con una pareja a la que no había vuelto a ver desde su casamiento. Mientras tanto se habían convertido y me hablaron de su nueva vida de cristianos. Luego me visitaron regularmente y hablamos de Dios y de su fe. Pero bajo el pretexto de tener una mente abierta, traté de desestabilizarlos en su nueva fe. Incluso iba con ellos a las reuniones cristianas, y leía la Biblia solo para atacarlos de forma más concreta. Pero el Señor me atrapó en mi propia trampa: la Biblia, que pensaba emplear para desestabilizar a mis amigos, me perturbaba cada vez más.

Un domingo estaba solo en mi casa. Era tarde, cerré mi Biblia y, por primera vez en mi vida oré: «Señor, si todo esto es verdad, convénceme, porque estos textos dicen que tienes el poder para hacerlo». Me eché a llorar. Luego me quedé dormido apaciguado, como consolado. ¡Cuando me desperté, lo primero que pensé fue en Jesús, pues creía en él! Un gozo indescriptible llenaba todo mi ser. Algún tiempo después fui bautizado. Dios me liberó de la droga y de la violencia de forma instantánea. Más tarde conocí a una cristiana, nos casamos y tenemos un hijo maravilloso de 3 años. Nuestro deseo es servir juntos al Señor. ¡Gloria a su santo Nombre!».

Pascal

Jeremías 24 – Lucas 24:1-35 – Salmo 97:8-12 – Proverbios 21:27-28

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