PIENSE DEBIDAMENTE

Noviembre 21

PIENSE DEBIDAMENTE

Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.  (Hechos 17:11) 

Es alarmante ver que nuestra cultura tiene más interés en la emoción y el pragmatismo que en pensar. Eso es evidente cuando las personas se preguntan muchas veces “¿Cómo me hará sentir eso?”, en vez de preguntarse “¿Es esa la verdad?” Ese enfoque equivocado también es evidente en la teología actual, en la que predominan las preguntas “¿Dividirá?” y “¿Ofenderá?” en lugar de “¿Es correcto?” No hay muchas personas como las de Berea, a quienes la Biblia describe como “más nobles” porque estaban interesadas en buscar la verdad, no en las emociones ni en las circunstancias agradables.

Muchísimas personas van actualmente a la iglesia no a pensar ni a razonar acerca de la verdad, sino a experimentar ciertas emociones. Pero vivir de emociones en vez de pensar debidamente producirá inestabilidad. En su libro Your Mind Matters [Su mente tiene importancia], John Stott explica este punto: “El pecado tiene más efectos peligrosos en nuestra facultad de sentir que en nuestra facultad de pensar, ya que nuestras opiniones pueden comprobarse y regularse más fácilmente que nuestras experiencias con la verdad revelada”.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, www.portavoz.com

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TOLERANCIA Y EROSIÓN

TOLERANCIA Y EROSIÓN

Charles R. Swindoll

21 de noviembre, 2018

Salmo 1

El antiguo himnario de los hebreos comienza con una canción que trata con uno de los afanes más comunes de la vida: la transigencia. Comprenda, por favor, que no me estoy refiriendo a esos momentos tan necesarios de tolerancia para vivir en armonía los unos con los otros. Sin esa clase de compromiso saludable, las naciones nunca pudiesen lograr la coexistencia pacífica y las familias se la pasarían siempre peleando.

Me refiero, más bien, a transigir los principios permitiendo que los tentáculos sutiles de la maldad nos envuelvan y nos drenen del gozo y la recompensa que la obediencia trae a nuestras vidas. Es algo que ocurre muy silenciosamente, muy sutilmente, al grado que apenas nos damos cuenta que está ocurriendo. Así como un roble enorme que por años ha estado decayéndose internamente y súbitamente cae, aquellos que permiten la erosión del afán de la transigencia terminarán colapsándose.

Hace años leí un artículo acerca de la construcción del edificio de la municipalidad que también albergaba la estación de bomberos en una pequeña comunidad al norte de Pennsylvania. Los ciudadanos se sentían muy orgullosos de su nueva estructura de ladrillos. Un sueño que se había vuelto realidad. No obstante, pocas semanas después de su inauguración, varias cosas extrañas comenzaron a ocurrir. Algunas de las puertas no se podían cerrar completamente y era difícil abrir varias ventanas. El tiempo pasó y comenzaron a aparecer algunas grietas en las paredes. En pocos meses, la puerta principal no podía cerrarse ya que los fundamentos se habían movido de su lugar inicial y por si eso fuera poco, había goteras en el techo. Aquel pequeño edificio que fuese una vez la fuente de un gran orgullo cívico, había sido clausurado. El culpable fue un proceso de extracción controversial de carbón llamado: excavación mural extendida, que se localizaba bajo la fundación. El suelo, la roca y el carbón fueron removidos en grandes cantidades así que el fundamento no tenía ningún apoyo. Debido a esta erosión causada por el ser humano, el edificio comenzó a hundirse.

Lo mismo sucede cuando transigimos principios en nuestra vida. De manera lenta y casi imperceptible, una racionalización lleva a otra, la cual crea una serie de alteraciones igualmente dañinas en una vida que antes era estable, firme y confiable. Ese parece ser el tema del salmista al componer su primera canción, y con ella nos anima a resistir hasta la tentación más ínfima que nos lleve a transigir nuestras convicciones.

El pasaje y su patrón

El primer salmo es breve, sencillo, directo y profundo. Una lectura casual de estos seis versículos nos muestra los contrastes entre dos diferentes estilos de vida: la vida justa y la vida impía. Un bosquejo sencillo pero aceptable de Salmo 1 sería:

La vida justa, Salmo 1: 1–3   –   La vida impía, Salmo 1: 4-6.

En medio de los renglones de esta canción antigua se encuentra la evidencia de una vieja batalla: la transigencia, la erosión de nuestras buenas intenciones.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Los diez mandamientos (conclusión)

Miércoles 21 Noviembre

La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 6:23

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.

Romanos 8:1

Los diez mandamientos (conclusión)

Los diez mandamientos tienen algo impresionante, majestuoso. Pero, ¿qué aplicación podemos hacer en nuestra vida personal? Cada uno de ellos nos interpela, alcanza nuestra conciencia, sondea nuestro corazón. “Los juicios del Señor son verdad, todos justos” (Salmo 19:9). Nos muestran lo que somos en lo más profundo de nosotros mismos. Dios examina nuestro estado interior. “Todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13).

Ante esta constatación, Dios no nos disculpa. Al contrario, afirma que no considera inocente al culpable, y que “la paga del pecado es muerte”. ¡El juicio debe ser ejecutado! ¿Qué hacer entonces? Abandonados a nosotros mismos, no tenemos solución para ser salvos.

Pero la Biblia nos dice que Dios intervino con bondad para hacer lo que nosotros éramos incapaces de hacer. Somos juzgados por la Ley y declarados culpables, pero Dios envió a su Hijo Jesús, quien respondió perfectamente a las exigencias de la Ley. Y mucho más aún, pues como único substituto murió en nuestro lugar para llevar el castigo que nosotros merecíamos. El creyente ya no está bajo la condenación de Dios, mas está revestido de la justicia divina. Dios ya no nos pide que obtengamos la justicia mediante nuestras obras. Gracias a la obra perfecta de Cristo recibimos la vida eterna, y Dios nos hace capaces de amarlo y de amarnos unos a otros como Cristo nos amó: “El cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:8-10; Juan 13:34).

Josué 10:1-21 – Hebreos 10:19-39 – Salmo 130 – Proverbios 28:7-8

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