EL SEÑOR ESTÁ CERCA

Noviembre 14

EL SEÑOR ESTÁ CERCA

El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos. (Filipenses 4:5-6)

El Señor Jesucristo rodea a todos los creyentes con su presencia (Sal. 119:151). Cuando usted tiene un pensamiento, el Señor está cerca para leerlo; cuando usted ora, el Señor está cerca para oír la oración; cuando necesita su fortaleza y su poder, Él está cerca para darlos. En realidad, Él vive en usted y es la fuente de su vida espiritual. El estar consciente de su presencia evitará que caiga en la ansiedad o sea inestable.

El saber que el Señor está cerca nos ayuda a no estar “afanosos” por nada, ya que sabemos que Él puede resolver todo lo que se nos presente. La inquietud y la preocupación indican falta de confianza en Dios. O usted ha creado otro dios que no puede ayudarlo, o cree que Dios pudiera ayudarlo pero no quiere, que significa que usted está poniendo en tela de juicio la integridad de Dios y de su Palabra. Así que deléitese en el Señor y medite en su Palabra (Sal. 1:2). Sepa quién es Él y cómo obra. Entonces podrá decir: “El Señor está cerca, así que no me afanaré por nada”.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, www.portavoz.com

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DILIGENCIA

DILIGENCIA

Charles R. Swindoll

14 de noviembre, 2018

Proverbios 30:24-28

Hormigas, conejos, langostas y lagartijas. Parece una lista del arca de Noé o de los personajes de una película animada, ¿no cree? Estas cuatro criaturas que se mencionan en Proverbios 30:24-28 ilustran cualidades que toda persona sabia debe de poseer.

El pasaje comienza diciendo que estas cuatro criaturas son pequeñas en tamaño, pero son más sabias que los sabios (v. 24). Cada una ofrece una característica especial que reemplaza una limitación significativa. Naturalmente, esos contrastes nos invitan a analizar a estas criaturas y luego apreciar la forma en que la sabiduría se aplica a sus propias desventajas.

La hormiga. Tarde o temprano, todos llegamos a sentirnos imposibilitados o inadecuados. Eso me sucedió a mí durante mi tercer año del seminario. En esa época, tuvimos nuestro primer hijo y yo era pastor asistente de mi mentor, el doctor Dwight Pentecost. Gracias a ello, pude tener un salario estable. Además de esas responsabilidades, tenía que ir al seminario veintiún horas a la semana, además de otros dos cursos extracurriculares que tomé (no fue una buena decisión). Durante ese tiempo, la mama de Cynthia estaba muriendo de cáncer, yo tenía piedras en los riñones y un chofer ebrio choco nuestro auto, rompiéndole a mi hijo la mandíbula y destruyendo nuestro auto. Para ser honesto, yo quería tirar la toalla. No tenía tiempo y me sentía agotado. Los gastos médicos del embarazo y del accidente eran gigantescos. Me sentía física y espiritualmente exhausto.

Recuerdo una noche, cuando me sentía desesperado. Fui al patio del apartamento y miré al cielo, ese gran cielo estrellado de Texas. Me sentía extremadamente pequeño e inadecuado y allí me puse a orar derramándole mi corazón al Señor.

Proverbios 30:25 dice que las hormigas no son fuertes. A diferencia de una gran muchedumbre de persona, las hormigas son vulnerables al ataque y pueden ser destruidas fácilmente. No obstante, siguen adelante a pesar de su debilidad. ¿Sabe por qué? Porque nunca se rinden. Sirven a su comunidad sin que tengan superiores que les estén gritando órdenes. Trabajan cada día para mantener un lugar seguro donde vivir. Reúnen alimento durante los tiempos abundantes para poder sobrevivir durante las dificultades inevitables. La hormiga nos da un ejemplo como la diligencia, la dedicación, la previsión y la ingeniosidad, en pequeñas dosis y día con día, hacen que una colonia esté protegida y alimentada.

Esa noche en particular, Dios me recordó que yo era responsable nada más que de dar lo mejor de mí cada día.

No veía la forma de pagar las cuentas, de completar la carrera en el seminario y de darle un hogar cómodo a nuestro hijo, pero al menos podía concentrarme en dar lo mejor de mí cada día. Y de esa forma, poco a poco, salimos de esa época difícil.

Reflexión: ¿Qué desafíos enfrenta en este momento que le hacen sentir abrumado? Comience a establecer un plan a largo plazo para encargarse del asunto. Mucho mejor si cuenta con la ayuda de un profesionales adecuadamente capacitados. Luego, enfóquese en el día de mañana y de lo mejor de usted.

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios  (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Décimo mandamiento: No codiciarás

Miércoles 14 Noviembre

No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

Éxodo 20:17

La concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.

Santiago 1:15

Décimo mandamiento: No codiciarás

El décimo mandamiento quizá sea el más radical de todos. Resalta claramente la dimensión interior de la Ley, que no solo condena las acciones y las palabras, sino que va a la raíz: la codicia. Esta puede expresarse mediante una acción o permanecer escondida, pero ante todo es una actitud del corazón.

La codicia consiste en desear lo que no nos pertenece, aquello que Dios estima que no es útil darnos. Este mandamiento pone directamente el dedo en las raíces materialistas de nuestra cultura, y en su búsqueda del placer. Los medios de comunicación y la publicidad se esfuerzan para provocar la codicia, para mantenernos en una insatisfacción permanente.

No es malo desear que nuestro negocio prospere, recibir el salario por nuestro trabajo o la ayuda necesaria para satisfacer nuestras necesidades. Lo malsano es la codicia, querer adquirir un bien simplemente porque otra persona lo posee. ¿Por qué luchamos sin cesar para tener más de lo que necesitamos? Nuestro materialismo y egoísmo favorecen la indiferencia hacia los pobres, tanto los que nos rodean como los de todo el mundo.

La codicia nos hace esclavos del pecado y ahoga el mensaje de la Palabra de Dios. ¡Incluso los creyentes pueden vivir dominados por ella! ¡Solo el Espíritu Santo nos puede liberar de su influencia! El apóstol Pablo escribió: “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11).

(continuará el próximo miércoles)

Josué 3 – Hebreos 6 – Salmo 123 – Proverbios 27:17-18

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