Humildad y gentileza

Noviembre 12

Humildad y gentileza

Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. (Filipenses 4:5) 

Es difícil hallar una palabra que capte el multiforme sentido de la palabra traducida como “gentileza” en el versículo de hoy. Algunos dicen que se refiere al contentamiento, a la delicadeza, a la generosidad o a la buena voluntad hacia los demás. Otros creen que se refiere a la misericordia o a la indulgencia con las faltas o los fracasos de otros. Incluso otros aseguran que describe la paciencia, refiriéndose a alguien que se somete a la injusticia o al maltrato pero no se venga con odio o amargura. Creo que la mejor traducción es “gentileza”, ya que en el sentido cristiano esa palabra comprende todos los demás sentidos.
La gentileza también incluye otro elemento importante: la humildad. El cristiano humilde no guarda rencor, sino que confía en Dios siempre que se maltrata, se juzga injustamente o se calumnia. Una persona así no exige sus derechos. Dios nos manifestó su gracia de la misma manera; la humanidad maltrató y calumnió a Jesucristo aunque no merecía nada de eso, pero Él sigue extendiendo sus brazos hacia nosotros con amor (cp. Ro. 5:10). La humildad y la gentileza lo ayudarán a ser estable a pesar de las circunstancias.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, www.portavoz.com

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LAS HERIDAS DE LA INTOLERANCIA

LAS HERIDAS DE LA INTOLERANCIA

 Charles R. Swindoll

12 de noviembre, 2018

Proverbios 192428-30

¿Es la intolerancia uno de tus afanes diarios? Sea honesto. ¿Tiene dificultad de permitir que otras personas den opiniones con las cuales no está de acuerdo o con aquellas conductas de personas que no viven igual que usted? Puedo pensar en una variedad de formas en que la intolerancia muestra su actitud:

Una persona saludable es impaciente con una persona enferma.
Una persona fuerte no simpatiza con una persona débil.
Una persona veloz tiene muy poca paciencia con una persona lenta.
Una persona productiva no entiende el retraso de otra.
Una persona próspera apenas puede imaginar el dolor de la pobreza.
Una mente audaz no entiende la vergüenza de una persona de lento aprendizaje.
Una persona coordinada no entiende a una persona torpe.
Una persona pragmática critica a una persona filosófica.
Una persona filosófica se burla de los pragmáticos por su estructura.
Un ingeniero no aprecia al artista.
Una persona estable y segura tiene dificultades para comprender a una persona frágil y temerosa.

Karl Menninger habló de ello con una percepción muy aguda:

«Cuando una trucha al haber sido capturada por un anzuelo se da cuenta de que ya no puede nadar libremente, comienza a luchar y a chapotear esperando que eso la ayude a escapar. Con frecuencia, la situación es demasiado difícil para la trucha. Asimismo, el ser humano lucha con su ambiente y con aquellos anzuelos que lo atrapan. A veces logra dominar esas dificultades, pero a veces son demasiadas para él. Sus luchas tienen que ver con la forma en que el mundo ve las cosas y la forma en que vive. Es muy difícil para un pez que nada libre comprender lo que le está ocurriendo al que acaba de ser pescado»1

Quizás sea un «pez libre» Si nunca ha sentido el dolor de un anzuelo o el pánico de quedar atrapado, entonces sea lo suficientemente sabio para no dejar que la arrogancia lo domine.

Reflexión: ¿De qué forma otras personas han malentendido sus luchas personales? ¿Cómo es que sus propias luchas le han ayudado a mostrar gracia a los demás? ¿Cómo responde a alguien que está pasando por dificultades que usted nunca ha experimentado? ¿Cómo puede ofrecerle apoyo?

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios  (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos. 1. Karl A. Menninger. The Chosen, (El Escogido). (New York: Ballantine Books, 1967).

Lunes por la mañana

Lunes 12 Noviembre

Oh Señor… De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días.

Salmo 90:13-14

Lunes por la mañana

Estaba lloviendo y había niebla. Un compañero de trabajo, huraño, entró en la oficina y sin saludar a nadie se sentó frente a su computador. Era lunes, y la rutina volvía a empezar. –¡Siempre la misma monotonía! ¡Qué aburrida es la vida!, murmuró en su esquina.

En el descanso le pregunté: –¿Cómo te fue el fin de semana? Entonces sus ojos se iluminaron. Contó lo que había hecho y habló de sus proyectos para el próximo sábado. Solo vive para dos días por semana.

¿Es eso una vida realizada y plena? No, más bien es una vida para el instante que pasa, para las alegrías fugaces. Necesitamos algo que nos dé una felicidad verdadera y duradera. Y esto es lo que Jesucristo nos ofrece: “El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás” (Juan 4:14). Él desea darnos una nueva vida, una satisfacción verdadera y un futuro más allá de la muerte. Aún hoy, todo aquel que va a Jesús y deposita su confianza en él como su Salvador, recibe este regalo maravilloso.

Nosotros, que ya conocemos a Jesús como nuestro Salvador y Señor, ¿cómo nos comportamos el domingo, el lunes por la mañana, cada día de la semana en el trabajo? Qué mensaje transmitimos mediante nuestro comportamiento: ¿la alegría o la tristeza? El apóstol Pablo nos dice: “Todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17). ¡Y también el lunes por la mañana!

“Los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31).

Josué 1 – Hebreos 4 – Salmo 121 – Proverbios 27:13-14

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

El lavamiento de los pies

Domingo 11 Noviembre

Jesús… se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.

Juan 13:3-5

El lavamiento de los pies

Era la última noche que Jesús pasaba con sus discípulos. La hora era difícil porque Jesús, a quien nadie comprendía, iba a ser crucificado. Pero deseaba tener esos momentos de intimidad con los suyos para dejarles un último mensaje. Antes de hablarles, hizo lo que ninguno de sus discípulos esperaba: ¡Él, el Maestro, les lavó los pies!

Jesús es Dios “manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16); se humilló para cumplir humildemente la tarea de un siervo. Aquel en cuyas manos Dios el Padre había puesto todo, ahora empleaba sus manos para lavar los pies de sus amigos. Algunas horas más tarde, esas mismas manos serían perforadas con clavos, manifestación a la vez del odio de los hombres y del amor de Jesús, que dio su vida por nosotros. Lo que el Señor hizo en la última cena muestra el amor de Dios, que va hasta el final y se expresa en el servicio más humilde.

También es una ilustración de lo que Jesús resucitado, ahora sentado a la diestra de Dios, hace a favor de los creyentes. En la cruz, la sangre del Señor fue derramada para purificarnos de nuestros pecados. Ahora, como Hombre glorificado en el cielo, ora continuamente por nosotros (Hebreos 7:25). Así como se ocupaba de los suyos mientras estaba en la tierra y les lavaba los pies, quiere purificarnos del mal que nos ensucia. Mediante la Biblia, Jesús habla a nuestro corazón y a nuestra conciencia, y nos lleva a la confesión que nos libera (1 Juan 1:9). Su objetivo es hacernos felices, sin sombra alguna, en la presencia de Dios.

Deuteronomio 34 – Hebreos 3 – Salmo 120 – Proverbios 27:11-12

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COMO ÁRBOL FIRMEMENTE PLANTADO

Noviembre 11

COMO ÁRBOL FIRMEMENTE PLANTADO

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae;
y todo lo que hace, prosperará. (Salmo 1:3)

Muchas personas en la sociedad quieren tener una vida más estable. A los que viven agobiados por la ansiedad y no pueden manejar sus circunstancias, el mundo ofrece muchísimas soluciones que no dan resultado.

Lamentablemente, muchas iglesias han seguido al mundo al creer que el hombre solo puede resolver sus problemas mediante la psicología secular; algo que no puede cumplir sus promesas.

¿Dónde puede hallar estabilidad? La respuesta está en el Salmo 1, que comienza: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores” (v. 1) y termina: “Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio… Porque Jehová conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá” (v. 5-6).

La persona que anda con Dios sabe lo que es la estabilidad, pero la que lo rechaza anda dando tropiezos en una existencia sin sentido. ¿Cuál quisiera ser usted?

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, www.portavoz.com

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RAZONES PARA REGOCIJARSE

Noviembre 10

RAZONES PARA REGOCIJARSE

Aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso. (1 Pedro 1:8)

Los cristianos tenemos muchas razones para regocijarnos. La principal se basa en quién es Dios: Él es soberano. Esa es la verdad más grandiosa acerca de Dios. Nada está fuera de su control, y Él lo controla todo a fin de obrar para nuestro bien (Ro. 8:28). Él tiene un conocimiento infinito de todos los aspectos de la vida; dónde estamos y qué decimos (Sal. 139:2-4). Y Él ejerce su conocimiento en perfecta sabiduría. El conocer así a Dios nos debe dar gozo inefable y glorioso.

También debemos regocijarnos porque Dios nos salvó, nos adoptó y prometió darnos una herencia en Jesucristo (Ef. 1:1-11). Cuando Cristo regrese, disfrutaremos de su presencia y del lugar celestial preparado para nosotros (Jn. 14:2-3). Hasta entonces, tenemos el gozo de saber que Dios ha prometido satisfacer todas nuestras necesidades (Fil. 4:19). Además, tenemos el privilegio de servir al que más amamos. Eso incluye el dar las buenas nuevas a los perdidos y alentar a los hermanos en la fe para que crezcan en su amor y en su servicio a Él. También podemos tener gozo al saber que podemos orar a Dios en cualquier momento (He. 4:15-16).

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, www.portavoz.com

 

La balanza de Dios

Sábado 10 Noviembre

El peso falso es abominación al Señor; mas la pesa cabal le agrada.

Proverbios 11:1

El Dios de todo saber es el Señor, y a él toca el pesar las acciones.

1 Samuel 2:3

La balanza de Dios

En la caja de un supermercado, delante de mí, una señora ocultó a la cajera algunos productos. Para el comercio, en el momento del balance, la suma del robo aparecerá en la columna de las «pérdidas». Pero alguien vio lo que esa señora hizo y lo grabó: Dios. Para él, un robo sigue llamándose robo: “No hurtarás” (Éxodo 20:15).

Esta persona quedaría muy sorprendida si se le dijese que más tarde recibirá la factura, y quien se la entregue no será el administrador del almacén, sino Dios. Sí, un día Dios abrirá los «libros de contabilidad» y hará justicia de manera perfecta.

Quizás algunos consideren que ser honesto es ser ingenuo. Pero Dios no ha cambiado desde el tiempo en que declaró, en la Biblia, que abomina el peso falso. Él conoce todo, desde el más pequeño desvío de la honestidad hasta el fraude a gran escala.

Es muy importante recordar esto: Un día todo saldrá a la luz ante el “que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos” (1 Pedro 4:5). Antes del juicio, pongamos, pues, ante Dios esas cargas que oprimen nuestra conciencia. ¿Cómo ser verdaderamente felices sin tener una buena conciencia ante Dios, sin tener la seguridad de su aprobación?

“¿No ve él (Dios) mis caminos, y cuenta todos mis pasos? Si anduve con mentira, y si mi pie se apresuró a engaño… Si mis pasos se apartaron del camino, si mi corazón se fue tras mis ojos, y si algo se pegó a mis manos… ¿qué haría yo cuando Dios se levantase? Y cuando él preguntara, ¿qué le respondería yo?” (Job 31:4-5, 7, 14).

Deuteronomio 33 – Hebreos 2 – Salmo 119:169-176 – Proverbios 27:9-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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REGOCÍJESE EN EL SEÑOR

Noviembre 9

REGOCÍJESE EN EL SEÑOR

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! (Filipenses 4:4)

Muchos creyentes se convierten en víctimas de sus circunstancias y como consecuencia viven en altibajos espirituales. Para ellos, una orden de que se regocijen parece irracional. Pero la orden del versículo de hoy es regocijarse “en el Señor”.

No siempre podemos regocijarnos en nuestras circunstancias o en las de otras personas porque ambas pueden ser malas. Sin embargo, podemos regocijarnos en el Señor porque Él es siempre bueno y sabemos que nunca cambia. De modo que nuestra estabilidad espiritual se relaciona directamente con nuestro conocimiento de Dios. El conocerlo nos ayuda a vivir por encima de nuestras circunstancias y nos da estabilidad. Por eso se escribieron los Salmos en forma poética y se les puso música, para que el pueblo de Israel pudiera memorizar las Escrituras y cantar himnos a fin de profundizar su conocimiento de Dios. El conocerlo hace que todo lo demás parezca menos importante.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, www.portavoz.com

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EL LADO OSCURO DE LA TOLERANCIA

EL LADO OSCURO DE LA TOLERANCIA

Charles R. Swindoll

9 de noviembre, 2018

Proverbios 192428-30

Los fundadores de los Estados Unidos de Norteamérica formaron esa naciónn bajo la premisa de que cada individuo tendría que enfrentarse a Dios algún día y dar cuentas por sus creencias y conducta. Así, Estados Unidos de Norteamérica se convirtió en el primer estado moderno que estableciera un designio oficial de tolerancia religiosa, que se formalizó en la primera enmienda de la constitución:

«El Congreso no hará ley alguna con respecto a la adopción de una religión o la prohibición del libre ejercicio de dicha actividad, o coartar la libertad de expresión o de impresión, o el derecho del pueblo de reunirse pacíficamente y de solicitar al gobierno reparación de agravios».

Con estas palabras, los fundadores de los Estados Unidos de Norteamérica concedieron a todos los ciudadanos «la gracia para permitir que los demás fuesen diferentes». La constitución nos protege de una interferencia gubernamental o de la intromisión de nuestro prójimo con respecto a nuestra relación con Dios. Esto se puede resumir como la tolerancia en su máxima expresión en lo que respecta a la legislación política y religiosa. Esta legislación permite que las personas que están en desacuerdo puedan vivir en una armonía razonable los unos con los otros.

En años recientes, sin embargo, el término tolerancia ha dado un giro preocupante. Se ha convertido en una palabra común en la sociedad actual y ahora significa que no solo debemos vivir pacíficamente con aquellas personas que tienen creencias contrarias a las nuestras sino que también debemos aceptar que sus creencias sean verdaderas como las nuestras. Por ende, si no afirmamos la conducta o las creencias de los demás, se nos culpa de intolerantes. Considere, por ejemplo, un grupo de personas que decide que la poligamia es un estilo de vida alternativo y le exige al gobierno que los reconozca legalmente y afirme los matrimonios múltiples. Si usted o yo utilizamos el derecho de la primera enmienda para mostrarnos en desacuerdo abiertamente, automáticamente nos convierten en culpables de «intolerancia». Por esta razón, la tolerancia se ha vuelto un término negativo entre muchos fieles creyentes en Cristo.

Claramente, esta no es la clase de tolerancia que se muestra en las Escrituras. Cuando hablamos de tolerancia e intolerancia, tenga en mente que un creyente genuino no puede respaldar nada que sea contrario a la Biblia.

Reflexión: ¿De qué forma ha sido impactado por la definición incorrecta de tolerancia o intolerancia? ¿Cómo reacciono? Ahora que tiene una mejor definición de esos términos, ¿de qué forma reaccionará ante futuras acusaciones de que es intolerante?

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

No habrá guerra de Troya

Viernes 9 Noviembre

¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?

Santiago 4:1

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Romanos 5:1

No habrá guerra de Troya

Este es el título de una obra teatral, escrita en la víspera de la segunda guerra mundial (1939-1945). En esta obra, Héctor y Ulises tratan de obtener la paz a toda costa; y parece que lo logran después de largas negociaciones. Pero un gesto inoportuno desencadena la catástrofe, y Héctor, afligido por ello, exclama: «Habrá guerra de Troya».

Para este escritor, la guerra es una fatalidad y no depende de la voluntad de los hombres. Es como si cayese sobre ellos, algo así como una obligación exterior.

Pero si abrimos la Biblia, descubrimos que la fuente de la violencia entre los hombres no es algo externo, ¡sino que está en ellos! “Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios” (Mateo 15:19). ¡Deseamos que no haya más guerras en el planeta, y es un buen deseo! Pero en nuestras vidas, ¿buscamos evitar peleas, amargura y discordia? ¿Estamos en paz con Dios?

Ese camino que todos podemos hallar para experimentar la paz, es el de la fe en el Señor Jesús, el Príncipe de paz. Vayamos a él mediante la fe; él nos dará un corazón nuevo y, por su Espíritu, nos liberará del espíritu de violencia. Entonces descubriremos una paz nueva, la paz profunda de aquel que sabe que está reconciliado con Dios y que por ello también tiene la fuerza para reconciliarse con su prójimo.

Deuteronomio 32:29-52 – Hebreos 1 – Salmo 119:161-168 – Proverbios 27:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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