Midiendo el éxito

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Midiendo el éxito

Por Larry G. Mininger

Alrededor de cuarenta personas dispersas en sillas de metal me saludaron en mi primer domingo de mi primer (y único) pastorado, en una pequeña y pintoresca capilla enclavada en el bosque entre enormes naranjales al oeste de Orlando, Florida. No habían bancos para sentarse, órgano, alfombras ni carreteras pavimentadas que condujeran a este lugar. Habían serpientes en el corredor y cocodrilos en el lago cercano. ¡Pensé que estaba en la jungla!

Cuando tenía cerca de un año en el ministerio, una visitante, felicitándome por el sermón, me susurró: «No estarás aquí por mucho tiempo». Desconcertado al principio, me di cuenta de que ella quería decir que yo no tendría que trabajar por mucho tiempo en este recóndito escenario. ¡Yo era suficientemente bueno para obtener una iglesia más grande! Los sentimientos de halago se transformaron en frustración. ¿Se suponía que yo debía estar insatisfecho con mi congregación? ¿Acaso estas personas no valían el sacrificio de mi vida? ¿Es el pastorado como un negocio donde subes la escalera corporativa hacia el «verdadero éxito»? Decidí que no permitiría que esa mentalidad dirigiera mi ministerio.

La fascinación por la grandeza eclipsa la verdad de que Jesús, el constructor (Mt 16:18) y la cabeza (Ef 1:22) de la Iglesia, ha edificado muchas más congregaciones pequeñas que grandes. Iglesias pequeñas, no grandes, son la norma. En los Estados Unidos, la congregación que tiene más de setenta y cinco miembros está por encima del promedio. Un informe reciente de una denominación orientada al crecimiento de iglesias reveló que un tercio de sus congregaciones tiene menos de cincuenta miembros y la mitad tiene menos de cien.

Aunque la primera iglesia en Jerusalén comenzó con tres mil almas y rápidamente aumentó a cinco mil, no se obtuvieron resultados similares en Asia. ¿Qué tan grandes eran las congregaciones en Éfeso o en Colosas? La Iglesia visible de Cristo creció inmensamente, pero no en un solo lugar. Al igual que hoy, el tamaño de sus congregaciones variaba ampliamente en ese entonces.

El hecho de que es decisión del Señor que las congregaciones varíen en tamaño puede deducirse de varios textos. Primero, en Mateo 25:14-29 tenemos la parábola de Jesús sobre la repartición de talentos. A cada siervo se le dio una cantidad diferente con la cual servir, y cada uno regresó con un incremento diferente. Todos conocemos pastores que no solo predican a sus congregaciones, sino que también convierten sus sermones en libros para «kilometraje adicional» y luego ponen esos sermones en la radio para un ministerio aún más grande. Esto ilustra que Jesús ha confiado diferentes cantidades de talentos a diferentes siervos que generan resultados diferentes. ¡Acredítale la diferencia a Jesús!

Segundo, en Mateo 13:23, Jesús proclamó que la semilla sembrada en buena tierra (es decir, la Palabra predicada) produce varias cosechas: a treinta, sesenta o cien. Según Jesús, debemos esperar resultados variables de la misma semilla y del mismo trabajo. Dios, no el predicador, es quien produce el incremento diverso. La salvación es del Señor. Él edifica Su Iglesia como Él quiere.

Tercero, considera que «hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas en todos» (1 Co 12:4-6).

Nota que el Espíritu Santo ha creado deliberadamente una variedad en Su Iglesia: una diversidad de dones espirituales, una diversidad de ministerios y una diversidad de operaciones («diversas funciones», NVI). ¿No ayuda esta diversidad divinamente determinada a explicar los diferentes tamaños de las congregaciones de Jesús?

Además, la experiencia nos dice que no a todos les va bien en una iglesia grande. Algunas almas se pierden en la multitud, mientras que otras lo hacen así a propósito. Otras no disfrutan la atención que reciben en una iglesia pequeña; la rendición de cuentas que se da con naturalidad resulta demasiado evidente para ellas. Una iglesia grande puede ofrecer grandes programas (que, por cierto, a menudo bendicen a las iglesias más pequeñas), mientras que la mayoría de los santos se sienten más necesitados en una iglesia más pequeña. Una iglesia grande tiene un personal diverso y especializado, mientras que en una iglesia pequeña cada miembro puede relacionarse con el pastor como con un entrenador personal de su alma.

Por lo general, una iglesia pequeña tiene la relación pastor-miembro más favorable. En este sentido, una iglesia pequeña es más como el ministerio de Jesús a los doce o como la iglesia promedio del Nuevo Testamento. Un pastor de una iglesia pequeña puede visitar cada hogar, conocer bien a toda su gente e interceder por sus necesidades de oración más íntimas.

Finalmente, ¿qué es lo más importante para Jesús en cualquier iglesia? ¿No es la combinación de la proclamación bíblica de Su Palabra, la administración fiel de Sus sacramentos, así como el cuidado amoroso y la disciplina de Su pueblo a la manera de Jesús? Una buena iglesia pequeña puede proveer todo esto a las ovejas de Jesús y, en el caso de cuidado y disciplina, probablemente más intensivamente que una buena iglesia grande.

No hay correcto e incorrecto cuando se trata de tamaño. Aunque el tamaño seguramente se ve afectado por nuestra fe versus nuestro pecado, al final es el Señor Jesús quien hace ese llamado. Él edifica la Iglesia como Él quiere. Él reparte Sus dones, ministerios y resultados, y reúne a Su pueblo en rebaños alrededor de la tierra según Su propia sabiduría. Las iglesias grandes, medianas o pequeñas realmente no están en competencia entre sí, sino que son partes diversas del plan integral y eterno del Señor para reunir a todo Su pueblo en una Iglesia visible, finalmente, en gloria. Entonces, cada pastor y congregación, según las diversas habilidades dadas por Dios, responde a la comisión de Jesús, y los resultados y la gloria pertenecen a Cristo.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Larry G. Mininger
Larry G. Mininger

El Dr. Larry G. Mininger es pastor emérito de la Lake Sherwood Orthodox Presbyterian Church, en Orlando, Florida. Además, sirve como encargado de atención estudiantil en el Reformation Bible College, Sanford, Florida.

 El penetrante poder de la Palabra

Soldados de Jesucristo

Noviembre 18/2021

Solid Joys en Español

 El penetrante poder de la Palabra

John Piper

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¿Demasiado culpable?

Jueves 18 Noviembre

Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.Isaías 1:18

¿Demasiado culpable?

A petición de un amigo, visité a un enfermo que se oponía mucho al Evangelio. Yo no lo conocía. Nuestra conversación solo me dejó la posibilidad de evocar a su padre, un fiel cristiano que había conocido hacía muchos años.

Algunos meses más tarde su médico me dijo que el enfermo se había agravado y por ello debía ser hospitalizado. Me animó a ir a verlo lo antes posible, pues podría morir en breve. Fui rápidamente a visitarlo. El Señor le había hablado. Tomó conciencia de que había ofendido gravemente a Dios durante toda su vida de rebelión contra él. ¡Necesitaba su perdón! Pero pensaba que había hecho mucho daño y que era demasiado culpable; por ello decía: “¡El Señor no puede perdonarme!”.

Leímos juntos la escena del evangelio de Lucas en la que uno de los malhechores, crucificado al lado de Jesús, y quien poco antes lo había insultado (Mateo 27:44), se dirigió a él y le dijo: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42).

Me detuve y le pregunté: ¿Qué respondió Jesús a ese malhechor? ¿Acaso le dijo: Hiciste o dijiste demasiadas cosas malas? No, escucha esta maravillosa respuesta: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Jesús está vivo, te habla ahora. ¡Esta respuesta también es para ti! Inmediatamente la paz de Dios llenó el corazón del enfermo. Sus angustias dieron lugar a una gran calma. Al día siguiente estaba con Jesús.

“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (Lucas 15:7).

Job 21 – Hebreos 9:1-14 – Salmo 127 – Proverbios 28:1-2

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Una visión para impactar a la cultura poscristiana

Coalición por el Evangelio

SAMUEL JAMES

Una visión para impactar a la cultura poscristiana

Un amigo estaba hace poco compartiendo conmigo algunos pensamientos sobre Hechos 17, el capítulo que incluye el sermón del apóstol Pablo a los griegos paganos en el Areópago (o colina de Marte). Pablo le dice a la multitud que ha visto uno de sus altares que tenía la inscripción «al dios desconocido» y procede a predicarles el evangelio, proclamando que Cristo es, aunque desconocido para ellos, el único Dios verdadero digno de su confianza y obediencia. Mientras pensábamos en esa parte, la proclamación de Pablo me llamó la atención como nunca antes: «Pues lo que ustedes adoran sin conocer, eso les anuncio yo» (Hch 17:23).

Mientras rumiaba estas palabras en mi mente, me di cuenta de que esta oración no era un simple comentario preliminar dirigido a una sociedad politeísta antigua, sino que este comentario contenía una gran visión para impactar a la cultura contemporánea con el evangelio.

Todo el mundo adora

La sociedad ateniense, cuyo panteón de ídolos «enardeció» a Pablo (Hch 17:16), era una cultura preparada para escuchar el evangelio del Dios verdadero. El altar al dios desconocido era más que una curiosidad sociológica; era una confesión transparente de los impulsos religiosos que estallaban dentro de este pueblo pagano. Si bien las buenas noticias sobre Yahvé y Jesús de Nazaret pueden no haber sido lo que estas personas religiosas pensaban que necesitaban escuchar, Pablo sabía que, en esencia, era algo que querían escuchar. Sus corazones estaban inquietos, por eso Pablo les predicó dónde encontrar descanso.

Los cristianos de hoy en Occidente deberían considerar con cuidado cómo esto pudiera describir nuestro contexto. Me temo que a veces usamos la palabra «secular» de forma descuidada, etiquetando con ligereza cada faceta de la cultura occidental como secular y reforzando la noción de que vivimos en una especie de generación posreligiosa. Si bien es cierto que las instituciones y formas tradicionales de religión no tienen la misma influencia que alguna vez tuvieron, también es cierto que la cultura contemporánea en Occidente es (sin discusión alguna e incluso de manera agresiva) religiosa.

Hace unos años leí un ensayo del dueño de una librería que estaba atormentado porque un volumen en particular se estaba vendiendo bien, pero él no estaba de acuerdo con su planteamiento político. Escribió: «¿Qué puedes hacer cuando un cliente quiere un libro que no solo encuentras objetable, sino que también crees que es muy peligroso por las lecciones que presagia en medio de una época tan precaria en lo político?».

Sonreí cuando leí esta línea porque inmediatamente me recordó a mi infancia. Vengo de un hogar de un pastor evangélico conservador, donde nos destacamos como peces fuera del agua debido a que evitábamos ciertas películas, libros, programas de televisión y música. El vendedor de libros angustiado demostró de manera útil lo que ahora he visto en innumerables ensayos, libros y conversaciones sobre política y justicia: se puede sacar a una persona de la iglesia, pero no se puede sacar la iglesia de una persona. Si Dios está muerto, ese no es el final de la historia. Hay que nombrar un sucesor.

Una sociedad poscristiana no es lo mismo que una sociedad posreligiosa. El sabor religioso de nuestro discurso político y ético es abrumador. Todo el mundo adora, porque tienes que servirle a alguien.

Todo el mundo adora, porque tienes que servirle a alguien 

Ya sea que este altar estadounidense esté dedicado al dios del partidismo, al dios de la autoayuda terapéutica, al dios de la interseccionalidad o simplemente al todopoderoso dólar, el punto es el mismo.

Quizás el ejemplo más claro de religiosidad poscristiana es la cultura de la vergüenza. ¿Quién hubiera soñado alguna vez que el Internet, el libertino más grande jamás construido por seres humanos, se hubiera convertido en un teatro de reprimendas y condenas morales que haría a Nathaniel Hawthorne, escritor moralista del siglo XIX, reconsiderar su posición?

Como señala el ensayista Wilfred McClay en uno de los ensayos más importantes [en inglés] escritos en la última década, un pueblo que ha abandonado las doctrinas cristianas del pecado, la expiación y el perdón termina gastando su energía moral reprimida promulgando un juicio escatológico uno sobre el otro. Cada turba de castigo en línea que arruina la carrera o la reputación de un extraño es una liturgia viva de la necesidad que tienen los seres humanos de purgar el pecado y experimentar la absolución.

Esto anunciamos

Así como el apóstol Pablo sabía cómo presentar el evangelio a la clase de personas que construían altares a dioses desconocidos, los seguidores de Jesús en una cultura poscristiana deben saber cómo empuñar las buenas nuevas.

El darnos cuenta de que nuestra plaza pública es religiosa, aunque no cristiana, debería hacernos valientes: valientes para hablar en lenguaje moral, sabiendo que nuestra audiencia puede decirse a sí misma que son relativistas, pero no viven así cuando hablan sobre las elecciones o el racismo en Facebook.

Los seguidores de Jesús en una cultura poscristiana deben saber cómo empuñar las buenas nuevas 

Por un tiempo, los cristianos en Estados Unidos temieron que hablar del juicio de Dios aislaría a las personas y las alejaría más de Jesús. Pero como ha señalado Derek Rishmawy, cada rincón de la sociedad moderna parece clamar por un Dios que puede y hará todo bien, incluyendo amontonar justicia sobre las cabezas de los malvados.

Seguir el ejemplo de Pablo podría significar decirle a la sociedad occidental contemporánea: «Veo que quieres justicia en todos los sentidos. El Dios del cielo y de la tierra es un Dios de perfecta justicia y ha designado a Jesucristo para juzgar al mundo. Acude a Él con fe y encuentra el perdón y esperanza segura de una eternidad justa».

Para aquellos cuyos corazones están cautivos de la sección de autoayuda y quieren la seguridad de que pueden vivir una vida de significado y gozo, los cristianos ofrecen al único Salvador manso y humilde, quien es nuestra sabiduría, justicia y santificación. Las almas exhaustas y heridas necesitan escuchar que no necesitan ser un macho alfa o #girlboss (#jefas) para conocer una vida que valga la pena vivir. A este mundo podemos decirle: «Percibo que quieres propósito y significado en todos los sentidos. Jesucristo ofrece descanso perfecto, libertad de la vergüenza y un reino real al cual entregarse en cuerpo y espíritu. Acude a Él con fe y encuentra ayuda y esperanza».

Cuando miramos hacia afuera y vemos nuestra sociedad poscristiana, no deberíamos ver un muro impenetrable de secularismo. Deberíamos ver lo que realmente está sucediendo: adoración, adoración, adoración. Los clamores del alma de aquellos que viven perseguidos por el espectro de la verdad trascendente gritan fuerte. Están esperando que alguien les explique cómo ellos ya viven. Necesitan que la iglesia de Jesús se ponga de pie y diga: «lo que ustedes adoran sin conocer, eso les anunciamos».

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición

Samuel James trabaja en la oficina del presidente de la comisión de ética y libertad religiosa de la convención Bautista del Sur. Puedes leer más de sus escritos en su blog y seguirlo en Twitter.

La paz de Dios es como un río

Lunes 15 Noviembre

Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz.Romanos 3:15-17Habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz… aboliendo en su carne las enemistades.Efesios 2:13-15La paz de Dios es como un río

Son jóvenes extremistas, tienen sus convicciones, y la vida por delante… Sin embargo, prefieren perder esta vida y robar salvajemente la de otros, pues, ¿cuál es la fuente de esta tendencia tan antigua a destruir al prójimo?

La Biblia no nos esconde nada al respecto. Desde sus primeras páginas leemos: “Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató” (Génesis 4:8). La causa profunda es esta: cada ser humano tiene en sí mismo la raíz del mal, y esto lo convierte en un potencial asesino. Jesús dijo a sus discípulos: “Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19).

Algunos dicen que cada uno puede dar lo mejor de sí mismo gracias a la educación, la religión… ¡Pero la Biblia advierte solemnemente que cada ser humano es capaz de lo peor! También nos dice cuál es la causa de esta triste realidad: el alejamiento de Dios, la rebelión contra un Creador cuya existencia muchas veces es negada, el orgullo ciego del hombre que pretende, desde hace milenios, encontrar el camino de la paz, mientras hace la guerra a Dios.

Pero la Biblia también ofrece el remedio para el mal: habla de una paz “como un río” (Isaías 48:18). Su fundamento es el sacrificio de Cristo, quien hizo “la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). Todos los que creen en Jesús reciben la paz con Dios. Él los invita a seguir la paz “con todos” (Hebreos 12:14). ¡Él es el Señor de paz!

Job 16-17 – Hebreos 7:1-17 – Salmo 124 – Proverbios 27:19-20

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La fe de Abraham

Jueves 11 Noviembre

Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena.Hebreos 11:8-9

La fe de Abraham

Lectura propuesta: Hebreos 11: 8-19

“Vete de tu tierra y de tu parentela” (Génesis 12:1). Esto fue lo que Dios ordenó a Abraham: debía dejar lo que amaba. Pero, ¿para ir a dónde? “A la tierra que te mostraré”. Entonces Abraham dejó su país y también, en varias etapas, a su familia. Se dejó guiar por Dios y llegó al país de Canaán, tierra que su descendencia heredaría. Tal fue la fe de Abraham: escuchó el llamado de Dios y obedeció confiando en sus promesas.

Un hecho sorprendente lo esperaba: el país al que llegó estaba ocupado por pueblos idólatras e inmorales. ¿Debía declararles la guerra? No, pues Dios todavía quería mostrar su paciencia hacia esos pueblos. Entonces Abraham vivió en ese país prometido como en tierra extranjera. ¿Estaba resignado, desanimado? ¿Se devolvería? ¡No! Sabía que iba a poseer el país, él o sus descendientes. ¡Pero incluso veía más alto! Aunque fue llamado a dejar un país para poseer otro en la tierra, esperaba una patria mejor, es decir, una patria celestial, la que Dios preparó en el cielo para todos los creyentes (Hebreos 11:16).

Abraham también comprendió que vería el reinado glorioso del Mesías en la tierra, y para él fue un inmenso gozo poder verlo por la fe (Juan 8:56).

Así Abraham, el padre de los creyentes, sintió una profunda felicidad y una gran esperanza. ¡Todo esto tiene un significado para nosotros hoy! La confianza en Dios, la seguridad de que él cumplirá lo que prometió, siempre serán una fuente de paz y felicidad.

Job 10-11 – Hebreos 3 – Salmo 120 – Proverbios 27:11-12

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Mirar hacia el futuro

Miércoles 10 Noviembre

Estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor.Filipenses 1:23La esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió.Tito 1:2

Mirar hacia el futuro

La expresión “Lo mejor está por llegar”, a veces empleada por personas mayores, está ligada a la esperanza cristiana. Resume la comparación que hacen entre su vida efímera en esta tierra, a menudo difícil y dolorosa, y la felicidad celestial eterna, prometida por el Señor Jesús: “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3).

Cada uno lo sabe por experiencia, las esperanzas que las promesas de este mundo hacen nacer, a menudo son seguidas por la decepción, o incluso por la desesperación. En el lenguaje bíblico, “la esperanza” no tiene nada vago, es una seguridad que se apoya en las promesas de Dios. Estas son lo suficientemente explícitas para ser captadas como realidades por la fe. Se basan en un futuro cierto, que conocemos y esperamos. No es un sueño para el futuro, sino nuestra razón de vivir. Contemplamos a Jesucristo en el cielo y vivimos para él mientras lo esperamos. Miramos hacia el futuro con esta perspectiva. Esta es la esperanza cristiana; ella reúne paciencia, gozo, confianza, y nos lleva a decir: lo mejor está por llegar.

También nos da una visión lúcida sobre el estado del mundo; nos hace sensibles a la angustia de nuestro prójimo y nos lleva a hablar de nuestro Salvador a quienes nos rodean. Nos permite pensar en el regreso del Señor, o incluso en la muerte, con la seguridad de estar para siempre con él en la casa del Padre (1 Tesalonicenses 4:17).

¡Jesucristo es nuestra esperanza! (1 Timoteo 1:1).

Job 9 – Hebreos 2 – Salmo 119:169-176 – Proverbios 27:9-10© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Todo tipo de oraciones

Domingo 7 Noviembre

Epafras… siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere. Porque de él doy testimonio de que tiene gran solicitud por vosotros.Colosenses 4:12-13

Todo tipo de oraciones (11) – Epafras luchaba por medio de la oración

Epafras es llamado “siervo de Cristo”. Servía a su Señor con toda abnegación. Su fiel servicio tenía el carácter de un combate, pero de un combate muy especial que se libraba de rodillas. A través de la oración, ese creyente luchaba por el bien y la salud espiritual de los creyentes.

¿Contra qué adversarios luchaba ese “soldado de Jesucristo”? (2 Timoteo 2:3). No era una lucha física, sino espiritual “contra los gobernadores de las tinieblas… contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Satanás y sus ángeles son llamados los adversarios invisibles que tratan de hacer daño a los creyentes. ¡Contra ellos luchaba Epafras! Oraba por aquellos a quienes Satanás atacaba por medio de toda clase de tentaciones y dudas. Estaba muy comprometido en sus oraciones; tenía “gran solicitud”.

No oraba solo por su entorno inmediato, sino por los creyentes de diversos lugares.

Ese combate está al alcance de cada cristiano, sea joven o anciano, en buena salud o enfermo, libre o preso… Epafras mismo oró mucho desde una cárcel (Filemón 23).

A menudo la oración es el método más eficaz, y a veces el único, para ayudar a nuestros hermanos y hermanas en la fe; también es esencial para el buen funcionamiento de nuestras familias y hogares (Nehemías 4:14).(continuará el próximo domingo)

Job 4-5 – Juan 20 – Salmo 119:145-152 – Proverbios 27:3-4

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