La Autoestima, ¿Necesidad psicológica? – 76

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

76 – La Autoestima, ¿Necesidad psicológica?

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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Unges mi cabeza con aceite – Ene 11

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Señor es mi Pastor

Aviva Nuestros Corazones

Ene 11 – Unges mi cabeza con aceite

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Annamarie Sauter:¿Te sientes abrumada por las circunstancias que te rodean?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Independientemente de cuáles sean tus problemas, la verdad es que siempre vas a tener más bendiciones que problemas. 

Annamarie:Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

En los últimos programas hemos estado profundizando en el Salmo 23, si te has perdido alguno de estos encuéntralo en AvivaNuestrosCorazones.com. Allí también encontrarás el devocional relacionado a la lectura bíblica para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365, que es Génesis capítulos 39 al 41.

En un mundo de disturbios y situaciones e informaciones que nos llevan al temor, tenemos la oportunidad de encontrar paz y protección en Dios. Hoy Nancy nos hablará más sobre esto como parte de la serie titulada, «El Señor es mi Pastor». 

Nancy: Bueno, espero que nunca vuelvas a ver el Salmo 23 de la misma manera. Y espero también que haya cobrado más vida y un significado aún más profundo a medida que sigues esta serie y lo lees cada día. Meditando en cada frase, como lo hemos hecho. Te darás cuenta de que tu Pastor tiene riquezas que quiere compartir contigo. 

Hemos visto que no nos hace falta nada porque el Señor es nuestro Pastor. Hemos visto que nos hace reposar en verdes pastos y nos lleva junto a aguas de reposo, aguas tranquilas, proveyendo descanso y frescura a nuestras almas. Hemos visto Su capacidad de restaurar nuestras almas cuando estamos débiles o nos hemos extraviado. 

Hemos visto que nos guía por sendas de justicia, correctas y que aun cuando caminemos por esos valles –los valles inevitables de profunda oscuridad– no tenemos razón para temer. Aun cuando el mal nos rodea, no debemos tener miedo. ¿Por qué? Porque Él está con nosotros –«porque Tú estás conmigo» (v. 4). Y también vimos cómo Dios usa Su vara, Su cayado para darnos consuelo, para instruirnos, para guiarnos y protegernos y salvarnos de problemas. 

Ahora, al llegar al versículo 5, vemos un cambio en el salmo. Algunos comentaristas creen que esta es una nueva imagen, distinta a la del Buen Pastor, que ahora pasa a ser un anfitrión amable. El versículo 5 dice: «Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos; has ungido mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando».

Tal vez leas algunos libros o estudios del Salmo 23, que dicen que continúa hablando de la imagen del Pastor. Es posible. Creo que podría ser de ambas formas. Creo que realmente no importa porque de cualquier manera aquí hay unas imágenes maravillosas de lo que Dios hace en las vidas de Sus hijos. 

Así que me voy a quedar, por ahora, con la imagen del anfitrión amable recibiéndonos en Su mesa, en Su casa. «Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos».

Me encanta algo que Charles Haddon Spurgeon ha dicho acerca de la frase: «Tú preparas mesa». Él dice:

«Justo como lo hace una sierva que despliega el mantel de damasco y muestra los adornos para la fiesta en una ocasión ordinaria y armoniosa. Nada es a la carrera, no hay confusión, no hay interrupciones, el enemigo está en la puerta y a pesar de esto Dios prepara una mesa y el cristiano se sienta y come como si todo estuviera en perfecta paz. ¡Oh, la paz que Jehová da a Sus hijos, a Su pueblo, aun en medio de las circunstancias más difíciles!»

¿No es una imagen maravillosa? Tienes a los enemigos al acecho, los peligros que se avecinan. Sin embargo, justo en medio de esa escena, nuestro anfitrión o nuestro Pastor, si lo prefieres, prepara la mesa, un banquete, una gran mesa, un lugar de descanso para nosotros donde podemos nutrirnos y alimentarnos aun en presencia de nuestros enemigos.

Esa es la mesa que Él prepara para nosotros. Hay varios lugares en la Escritura donde se usa este concepto. Por supuesto, uno de ellos es la imagen de la Cena del Señor. ¿No es esa una mesa que Él ha preparado para nosotros? La sangre y el cuerpo del Señor Jesús. Participamos de ella en la misma presencia de nuestros enemigos, en la presencia de Satanás. En presencia de cínicos, críticos y escépticos, nos sentamos, como pueblo de Dios, en un banquete. La Cena del Señor preparada para nosotros. 

Pienso en ese versículo de Apocalipsis 3:20, donde Jesús dice: «Yo estoy a la puerta y llamo; si alguien oye Mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo». Esta es una imagen de nosotros sentándonos a la mesa juntos, teniendo una profunda relación de intimidad, de comunión con nuestro Pastor, con nuestro anfitrión, con aquel que mora, que reside en nuestras vidas. Comunión con el Señor Jesús, en la presencia de cualquier enemigo que nos pudiera estar rodeando. 

Y no solamente para esta vida, sino la promesa de la amabilidad, la bondad de Dios hacia nosotros por la eternidad. Es una imagen maravillosa. En Juan 14 leemos: «voy a preparar un lugar para vosotros y cuando esté listo volveré y los llevaré allá» (v.2, parafraseado). ¿Qué vamos a hacer allá? Bueno, leemos en Apocalipsis acerca de la futura cena de las bodas del Cordero. 

Recuerdan cómo el ángel le dijo a Juan: «Bienaventurados los que están invitados a la cena de las bodas del Cordero» (Apoc. 19:9). Todos los enemigos de Dios alrededor, pero ¿qué le pueden hacer a un hijo de Dios? Cuando Dios prepara la mesa, cuando Él prepara un banquete, tú estás a salvo. Puedes estar satisfecha y dejar que Dios se encargue de los enemigos.

Ahora, toma en cuenta que este versículo está justo después del versículo que habla del valle de profunda oscuridad —de atravesar un valle de sombra de muerte. Así que, esta es una persona que ha pasado por esto pero ya está del otro lado, y sale a un banquete, a una mesa, a abundancia, a provisión. 

Me hace recordar el pasaje del Salmo 66:

«Porque tú nos has probado, oh, Dios; nos has refinado como se refina la plata. Nos metiste en la red; carga pesada pusiste sobre nuestros lomos. Hiciste cabalgar hombres sobre nuestras cabezas; pasamos por el fuego y por el agua, pero tú nos sacaste a un lugar de abundancia» (vv. 10-12).

¿No es Dios así? Mantén esto en mente cuando estés en el valle de profunda oscuridad, cuando estés pasando por el fuego y por el agua y tengas cargas pesadas y estés siendo probada y examinada y haya hombres cabalgando sobre tu cabeza –lo que sea que eso signifique– que más allá de esto, más allá de la cruz está la resurrección. Hay un banquete preparado para ti. Señor, «Tú nos sacaste a un lugar de abundancia».

Así que esos enemigos que nos rodean pueden ser cualquier número de cosas.

  • Puede ser el mismo Satanás
  • Puede ser nuestra propia carne –ese enemigo con el que lucho mientras esté en este cuerpo.
  • Puede ser algo de mi pasado que me persigue o me quiere mantener en esclavitud.
  • Pueden ser otras personas.
  • Puede ser vivir con una pareja que no conoce del Señor.
  • Pueden ser enemigos como enfermedad, edad avanzada y muerte.
  • Pueden ser cosas a las que les tengas temor, cosas que quieres combatir, cosas que te aterrorizan. 

No te enfoques en los enemigos. Enfócate en el Pastor. Enfócate en lo que Él está haciendo. Enfócate en Su provisión ante tus enemigos.

Fui al funeral de una hermosa mujer. Una mujer piadosa de 92 años de edad, que fue mi amiga durante mucho tiempo. Y qué increíble fue verla partir a la presencia del Señor. Estoy segura de que ella entró llena de gozo a esa abundancia que hay en la presencia del Señor. 

Poder ver que la muerte no es finalmente un enemigo porque Cristo ha conquistado ese enemigo. Hay un banquete preparado. Había un banquete preparado para ella aun en presencia de sus enemigos. Esa edad avanzada dejó de ser un enemigo para ella. Ella la enfrentó con coraje, con valentía, con esperanza.

Ella sabía que el Señor estaba allí, sabía que su esposo también iba a estar allí y estaba lista. Así que en presencia de sus enemigos Dios preparó un banquete para ella. Es una escena intensa porque piensas en esos enemigos que están ahí. Pero el punto es que ellos no pueden detener la fiesta, el banquete, la cena. Así que no te preocupes por ellos porque alguien más se está ocupando de ellos.

Es tan maravilloso pensar que esos enemigos pueden ver, literalmente, la realidad de lo que tu Pastor está haciendo contigo. Ellos lo ven proveyendo para ti, ven Su presencia haciendo toda la diferencia en tu vida. Así que habrá enemigos todo el trayecto desde aquí y ahora, hasta el cielo. Puedes contar con eso. El mundo, la carne, el diablo o Satanás, siempre van a estar al acecho, pero no tienes que ser vencida por ellos.

Tú no vas a ser conquistada, intimidada o sobrecogida por ellos, porque Él te dará abundancia y suplirá todas tus necesidades ante la oposición y el peligro. Puedes disfrutar de Su presencia y experimentar llenura, seguridad, provisión y bendición aun en presencia de tus enemigos.

Ahora, es importante dejar que sea el Pastor el que prepare la mesa para nosotros. No trates de organizar tu propio banquete. Nunca será tan bueno como el que Él quiere preparar para ti. 

Quizá algunas de ustedes han leído un libro que cuenta la historia de una mujer llamada Darlene Deebler Rose, quien pasó cuatro años en una prisión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial.

Durante ese tiempo ella sufrió amenazas, tortura, enfermedad y toda clase de tormentos a manos de sus captores. En el libro ella comparte que hubo un punto cuando estaba sumamente debilitada. Había estado muy enferma. Lo había apenas superado y casi no se podía levantar, cuando los guardias vinieron a la puerta, y eran obligadas a pararse y hacer reverencia ante los guardias cuando venían a las celdas. 

Ella estaba tan débil, y en su debilidad tenía un fuerte deseo por una banana. Ella quería una banana. Esto es lo que ella dijo,

«Todo en mi ser deseaba una. Podía verlas. Podía olerlas. Podía saborearlas. Me arrodillé y dije: “Señor, no te pido una docena. Solo quiero una banana”. Miré hacia arriba y supliqué, “Señor, solo una banana”.

Después empecé a racionalizar –¿cómo sería posible que Dios consiguiera darme una banana a través de estas paredes de la prisión? Nunca se lo pediría al guardia. Y aun si me ayudara y lo descubrieran habría represalias. Había más probabilidad de que se cayera la luna del cielo a que alguien me trajera una banana». 

Después ella describe el siguiente día después de haber orado esa oración, y una serie de acontecimientos que hicieron que el guardia viniera a su puerta. Ella dijo:

«Escuché al guardia regresando y sabía que venía por mí». 

Ella narra como estaba a la expectativa de que viniera por ella para golpearla.

«Con mucho trabajo me paré, lista para ir. Él abrió la puerta, entró y haciendo un gesto como barriendo, dejó a mis pies unas bananas. “Son tuyas”, dijo el guardia, “y son de parte del Sr. Yamaji”».

Ahora, en la historia, el Sr. Yamaji, era el oficial a cargo de otro campamento donde ella había estado cautiva. Este hombre tenía un temperamento terrible. Era brutal y cruel, un hombre enojado, iracundo e increíblemente grosero, cuyo corazón se había suavizado por el testimonio de Darlene en ese campamento. 

Y ahora aparece en este campamento y manda a un mensajero con bananas para Darlene. Ella dice:

«Me senté en total aturdimiento y en silencio las conté. Eran 92 bananas. Empujé las bananas hacia una esquina y me puse a llorar. “Señor, perdóname. Estoy tan avergonzada. No confié en Ti por una sola banana. Y mira, son casi cien”. Supe en ese momento que nada es imposible para mi Dios. «Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos».

¿Estás viendo a tus enemigos, o estás viendo a tu anfitrión? Él ha conquistado cada enemigo y al final todos esos enemigos se postrarán delante de Él. Mira, el Salmo 23 muestra francamente la realidad de la muerte, de la oscuridad, de la maldad y de los enemigos. No hace como que no existen. Dios no nos está ofreciendo un escape de nuestros enemigos sino triunfo sobre ellos.

Sí, el valle de muerte y de profunda oscuridad existe, pero puedo caminar a través de él, y Jesús estará conmigo. Sí, hay maldad, pero no debo temer. No tenemos que vivir con miedo. Podemos tener Su consuelo. Sí, hay enemigos, pero Él es nuestro anfitrión en presencia de ellos. Y justo en ese contexto leemos estas dos frases: «Has ungido mi cabeza con aceite, mi copa está rebosando». En presencia de esos enemigos. 

¿Ves lo que Dios hace por nosotras? Muchas veces tratamos arduamente de escapar de las presiones y de los problemas, tratamos de manipular y buscamos cómo salir de ahí, y pienso que nos perdemos de las bendiciones más grandes que Dios tiene preparadas para nosotras. Algunas de nosotras nunca experimentamos lo que nuestro Pastor, nuestro bondadoso anfitrión podría y haría por nosotras si le diéramos la oportunidad. 

Estamos muy ocupadas huyendo de nuestros enemigos –y no estoy diciendo, ve y busca enemigos. Ese no es el punto. Que te quedes ahí y aguantes el abuso, pero lo que digo es que hay circunstancias en nuestra vida que no podemos controlar. En vez de resistir y resentirnos o huir de ellas, pon tus ojos en Cristo.

Pon tus ojos en Él. Dile, «Señor, ¿qué quieres hacer en medio de esta situación?» ¿Quieres lidiar con mis enemigos? ¿Quieres proveer para mí frente a ellos? ¿No vas a remover esta situación? Como dijo Jesús en el huerto de Getsemaní, «si es posible quisiera que esta copa fuera removida, pero si no es así, Señor, haz tu voluntad», haz tu voluntad en mi vida. 

Algunas veces la voluntad de Dios —lo que Dios hace es preparar un banquete para ti en presencia de los problemas y después ungir tu cabeza con aceite para que tu copa rebose. Cuando pensamos en ser ungidas con aceite o en que nuestra copa esté rebosando, pensamos que es como cuando el sol está brillando y hay dinero extra en el banco y tenemos un esposo romántico e hijos con modales perfectos y que se portan bien y se levantan y te llaman bienaventurada—aunque tengan 17 años. Ahí no es cuando probablemente lo van a hacer. 

Y decimos, si todo en mi vida fuera perfecto, si tan solo tuviera el trabajo adecuado, o si viviera en la casa ideal, si tuviera la salud perfecta y no tuviera problemas financieros, entonces mi cabeza estaría ungida con aceite y mi copa estaría rebosando. Pero ¿notas el contexto de esas promesas? Es en la presencia de mis problemas. Ahí es donde Dios puede ungir mi cabeza con aceite y hacer que mi copa esté rebosando. 

Pienso en ese versículo del Salmo 92 que dice: «He sido ungido con aceite fresco. Mis ojos satisfechos han mirado a los que me acechaban» (vv. 10–11). Dios te está cuidando aún mientras está tratando con tus enemigos. 

Ahora, si en esta parte el salmista está todavía hablando de la imagen del Pastor y las ovejas, entonces esto puede ser una referencia al Pastor poniendo aceite en la cabeza de la oveja, frotando algo de aceite para protegerla de cosas como, el calor. Se usa como repelente contra moscas o serpientes para que las ovejas puedan seguir pastando en presencia de sus enemigos. Está diciendo, Dios cubre mis necesidades. Él me protege en presencia de mis enemigos. 

Cuando piensas en aceite y en ungir con aceite en el contexto de la Escritura, hay varias imágenes que vienen a la mente. Una es el concepto de gozo, llenura, abundancia, satisfacción, suficiencia, prosperidad. Proverbios habla del aceite en la cabeza como el gozo del corazón. El salmista está hablando de un sentido de satisfacción aquí, de llenura, de gozo, de plenitud. 

También en la Escritura, el aceite y el ungir con aceite, se usan como imágenes de hospitalidad, como cuando entras a casa de alguien y el anfitrión, lleno de gracia y dándote la bienvenida, te dice, «eres bienvenida aquí. Eres apreciada. Eres aceptada. Eres mi invitada de honor». Podría ser usado en ese sentido la frase «unges mi cabeza». Él me recibe y me da la bienvenida a Su presencia. 

Ciertamente, la imagen de aceite en la Escritura es la imagen del ministerio del Espíritu Santo y lo que Él hace en nuestras vidas para purificarnos, refinarnos, llenarnos y capacitarnos. Ungir, en la Escritura, se usaba frecuentemente para la consagración de sacerdotes o de reyes cuando iban a servir al pueblo y al Señor. ¿No crees que necesitamos esa consagración y ser ungidas de esa forma por el Espíritu Santo para servirle? Somos sacerdotes para el Señor. Para poder servirle, necesitamos nuestras cabezas ungidas con el aceite del Espíritu. 

Las personas con las que trabajo pueden decirte que cuando la gente pregunta cómo puede orar por mí, una de las cosas que frecuentemente digo es, «ora por aceite fresco», por una unción fresca de Su Espíritu. Porque el salmo dice: «Me has ungido con aceite fresco». Yo quiero una llenura fresca del Espíritu en mi vida y que trabaje en y a través de mí repetidamente. 

Y mira, «unges mi cabeza con aceite». Esto no es algo de una sola vez, sino que se aplica repetidamente. De la misma manera necesitamos una llenura fresca y ser ungidas con el Espíritu de Dios día tras día para enfrentar retos nuevos, tareas nuevas, oportunidades nuevas.

Cada nuevo día que te levantas para lidiar con esos niños o para ir al trabajo o para servir a tu esposo o a alguien más de quien eres responsable de cuidar, necesitas el aceite del Espíritu. Cuando Dios te unge con Su Espíritu encuentras que es un aceite de alegría. Es un aceite de gozo. 

«Has ungido mi cabeza con aceite, mi copa está rebosando». Me encanta este versículo. Me encanta esa frase. Habla de la abundante y plena gracia de Dios derramándose de la vida. Varias escrituras de los salmos vienen a mi mente. «Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios» (Salmo 68:19 RV60). «Bendice, alma mía, al SEÑOR, y no olvides ninguno de Sus beneficios» (Salmo 103:2) «¿Qué daré al SEÑOR por todos Sus beneficios para conmigo?» (Salmo 116:12).

Aquí no vemos la imagen de una hija de Dios escarbando, apenas sobreviviendo, en pobreza. Ahora, materialmente tal vez. Pero en el Espíritu hay abundancia, hay llenura, hay plenitud, hay riqueza. Hay un entendimiento de que mi copa está rebosando con la abundante bendición de Dios. 

Así es como el apóstol Pablo puede decir desde una celda en prisión lo que dice en Filipenses 4: «Tengo abundancia. Estoy bien abastecido. Mi copa está rebosando» (parafraseado). Y Jesús dijo: «El que cree en Mí, como ha dicho la Escritura: De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva» (Juan 7:38). «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10).

Y como dice Pablo: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo» (Efesios 1:3).

Vemos esta imagen a través de toda la Escritura. Mi copa está rebosando. 

Algunas de nosotras somos pesimistas por naturaleza y tendemos a ver los vasos medio vacíos. La Escritura está diciendo, mira cuán llena está tu copa. Cuenta tus bendiciones. Te da una perspectiva totalmente diferente dependiendo de si te enfocas en los problemas o en tus bendiciones. Sin importar cuántos problemas tienes e independientemente de cuáles sean tus problemas, la verdad es que siempre vas a tener más bendiciones que problemas. 

Tenemos un Dios que es abundante en misericordia, rico en misericordia, que perdona abundantemente. Romanos 5:20 dice: «Donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia». «Mi copa está rebosando». Tú dices, «sí, mi copa está muy llena de pecado. Si supieras las cosas que he hecho, los lugares donde he estado, el desastre que he hecho de mi vida», déjame decirte que Su misericordia sobreabunda más que tu pecado. Su gracia sobreabunda más allá de tu pecado.

Así que donde hay pecado que sobreabunda, allí está la abundante gracia de Dios que se desborda. 

El Apóstol Pablo nos enseña en su segunda carta a los Corintios que hemos sido bendecidos abundantemente para que podamos sobreabundar en la vida de otros. Mi copa está rebosando. Dios me llena de sus beneficios y bendiciones para que yo sea generosa, para que bendiga a otras personas. Vemos este ciclo aquí en 2 Corintios 8 y 9, de gracia sobreabundando, después la generosidad desbordándose, y después todas tenemos gratitud hacia Dios por lo que ha hecho. 

Pablo dice en el capítulo 12, que hay momentos en que nuestros problemas sobreabundan. Él dice que algunas veces oraba y le pedía a Dios, y Dios no se llevaba los problemas. Pero él comparte que en medio de esos problemas, Dios da mayor gracia, sobreabundante. Sin importar cuán abundantes sean tus problemas, qué tan abundante sea tu pecado, hay gracia y hay bendición que es más abundante que cualquier otra cosa.

Así que Pablo podía decir en esta carta, en el capítulo 7 versículo 4: «Lleno estoy de consuelo y sobreabundo de gozo en toda nuestra aflicción». ¿Qué estaba diciendo? Mientras nuestros problemas sobreabundan, de la misma manera sobreabunda el consuelo que es nuestro en Cristo. 

Haddon Robinson, en su libro devocional sobre el Salmo 23, escrito hace muchos años dice:

«Con el Señor, el cordero es siempre el cordero más gordo, la túnica es siempre la mejor; el gozo es inexplicable, y la paz sobrepasa todo entendimiento. No hay mezquindad en la bondad de Dios. Él no mide su bondad a cuenta gotas como el químico llenando un frasco con medicamento. Él viene a nosotros desbordante».

«Mi copa está rebosando». Así que, ¿qué significa esto? Bueno, por lo menos dos cosas. No hay lugar para las quejas. No hay lugar para murmurar. En segundo lugar, hay muchas razones para sobreabundar en generosidad y gratitud. Dios te ha bendecido para que seas de bendición a otras personas. 

Oh Señor, unges mi cabeza con aceite, el aceite de Tu Espíritu, el aceite de Tu alegría, el aceite de gozo. Mi copa está rebosando. 

Annamarie: Has estado escuchando a Nancy DeMoss Wolgemuth ayudarte a entender más profundamente el Salmo 23. 

Este es un salmo muy conocido para muchas de nosotras y es importante que nos sumerjamos en la riqueza que contiene. Espero que al reflexionar en lo que has escuchado puedas ser un canal de la gracia y la bendición de Dios a las personas que te rodean.

Tan a menudo vivimos como aplastadas bajo las circunstancias, agotadas, derrotadas, en temor… Y esto realmente nos sucede pero, ¿será que hemos perdido de vista el hecho de que podemos vivir en un lugar de abundancia aún en medio de los problemas que enfrentamos? Mañana hablaremos más acerca de esto, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Las crisis espirituales (1)

Martes 19 Enero

Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio… a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno… a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. 1 Juan 2 : 13

Las crisis espirituales (1)

Desde la antigüedad se han distinguido tres grandes edades en la vida : la juventud, la adultez y la vejez. En la Biblia también encontramos las edades “espirituales” de los creyentes : existen los hijos, los jóvenes y los padres (1 Juan 2 : 13). La edad espiritual no coincide siempre con la edad física. Por ejemplo, el que acaba de creer en Cristo a los 60 años es aún un niño en la fe.

Todos los que han creído en el Señor Jesús forman parte de la familia de Dios. Todos tienen la misma vida nueva, la vida de Cristo. El niño en la fe conoce a Dios como su Padre. Es llamado a crecer espiritualmente, a profundizar su relación con Dios.

El apóstol Juan se dirige, pues, a los padres, a los jóvenes y a los niños. Les da instrucciones con respecto a las etapas normales de su crecimiento según la enseñanza de la Palabra de Dios y los cuidados del Padre. Ese crecimiento se nota cuando se dejan formar y disciplinar : “El Señor al que ama, disciplina” (Hebreos 12 : 6-8, 11).

A lo largo de varias semanas evocaremos algunos momentos críticos que podemos atravesar (los llamaremos “crisis”). Nos apoyaremos en los ejemplos de la Biblia y sacaremos una lección.

Trataremos los siguientes temas : el encuentro con el Señor, el llamado al servicio, los fracasos y la duda, la enfermedad, el conflicto, la incomprensión, las liberaciones, la serenidad, la prueba y sus resultados.(mañana continuará)

1 Samuel 15 – Mateo 13 : 1-23 – Salmo 12 – Proverbios 3 : 32-35

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Su propósito: La imagen de Su Hijo en nosotros

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Sermones

Su propósito: La imagen de Su Hijo en nosotros 

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este recurso, por cualquier medio o procedimiento, sin para ello contar con nuestra autorización previa, expresa y por escrito. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en las leyes internacionales de Derecho de Autor. Derechos Reservados.

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El remedio para el orgullo

Soldados de Jesucristo

Enero 18/2021

Solid Joys en Español

El remedio para el orgullo

John Piper

John Piper

Encuentra más devocionales de John Piper en Español
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https://devocionalsolidjoys.com/

Encuentra más recursos gratuitos en: http://sdejesucristo.org
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«¿Qué Hay de Natural en los Desastres?» – 4

Sabiduría para el Corazón

Serie: ESTUDIO DE JOB

4 – «¿Qué Hay de Natural en los Desastres?»

Stephen Davey

¿Está Dios verdaderamente involucrado en los desastres naturales?

Acompáñenos en este programa mientras encontramos las respuesta a esta pregunta a través de las Escrituras. Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/

No temeré – Ene 8

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Señor es mi Pastor

Aviva Nuestros Corazones

Ene 8 – No temeré

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/no-temere/

Annamarie Sauter: Tan a menudo vivimos en temor… ¿Sabes cuál es el antídoto?

Nancy DeMoss Wolgemuth: El hecho de que la presencia de Dios es real, es el antídoto para cada temor. No es el hecho de que sientas que Dios está contigo, no es el hecho de que pienses que Dios está contigo, ni tampoco que percibas la presencia de Dios, sino el hecho de que Él está ahí. Esa es la cura. Esa es la solución. Ese es el antídoto a todo temor. Mientras caminas por el valle, Él camina contigo acompañándote para compartir la experiencia contigo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Necesidad e incertidumbre. Es algo que experimentamos en este mundo y ante lo cual debemos pausar y reflexionar, «¿responderé en temor o responderé con fe?». Hoy Nancy nos hablará acerca de cómo podemos responder con fe, como parte de la serie titulada, «El Señor es mi Pastor».

Nancy: Si entras al internet y buscas una lista de fobias, encontrarás una colección de más de 500 temores y fobias recopilados por un hombre llamado Fredd Culbertson. No estoy segura de por qué escogió este pasatiempo.

Déjame leerte unas cuantas. Es toda una lista en orden alfabético. Veamos si tienes alguno de estos temores: 

Nictofobia: Miedo a la oscuridad

Acrofobia: Miedo a las alturas

Agateofobia: Miedo a la locura

Agliofobia o algofobia: Miedo al dolor

Aicmofobia: Miedo a objetos cortantes o punzantes

Anuptafobia: Miedo a permanecer soltera

Quizás en los años que estuve soltera tuve esa fobia 

Apifobia: Miedo a las abejas

Araquibutirofobia: Miedo a que la mantequilla de maní se te pegue al paladar.

Atomosofobia: Miedo a una explosión atómica. 

Eso sí debería darnos miedo. 

Atiquifobia: Miedo al fracaso 

Y aquí hay una que tomé de la sección de la letra «P»:

Penterafobia –de seguro la has experimentado: Miedo a la suegra. 

Bueno, estamos en el Salmo 23, y el tema del temor aparece aquí. Tenemos un Buen Pastor, uno que nos ama, uno que provee para nosotras, uno que ministra a nuestras necesidades, pero a veces podemos estar en medio de circunstancias que nos asustan, lugares que nos causan temor. 

El salmista dice en el versículo 4: «Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo». No temeré mal alguno. 

El salmista reconoce aquí que existe el mal. Esto no quiere decir que nunca vas a enfrentar el mal. No quiere decir que Dios te va a colocar en este pequeño capullo, en esta burbuja de protección donde nunca vas a experimentar dolor o problemas. Vas a pasar por el valle.

Recuerda que en el programa anterior dijimos que el pastor dirige a sus ovejas de los lugares bajos a los terrenos más altos, pero que tienen que pasar por unos barrancos oscuros y profundos que son peligrosos. Dios nos está llevando a lugares más altos. Nos está llevando a parecernos más a Jesús. Nos está santificando y un día seremos glorificadas. Pero mientras, nos está transformando para que seamos como su Hijo Jesús. 

Pero en este proceso tenemos que enfrentar el mal, así como Jesús lo hizo en este mundo. Él fue tentado por el maligno. Fue probado. Estuvo cansado. Hay una cruz en nuestro evangelio. De hecho, si no hay cruz, no hay evangelio. No habría salvación si Jesús no hubiera caminado por el valle de profunda oscuridad. 

Así que, mientras seguimos Sus pasos, Dios nos guia a tomar nuestra cruz y a seguirle. En este mundo hay oscuridad. Hay muerte. Hay maldad. Pero la clave aquí es que no tenemos que temer porque el que es justicia, el que es luz, el que es vida, está con nosotros. «No temeré mal alguno porque tú estarás conmigo».

Hebreos capítulo 2 nos dice que como nosotros somos carne y hueso, Jesús mismo tuvo que hacerse de carne y hueso. Y dice en los versículos 14 y 15: «para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que, por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida».

Esa es la victoria del calvario. Es ahí donde Jesús aplastó a la serpiente. Es ahí donde la despojó de su poder. Satanás ha mantenido a las personas en esclavitud, en cautiverio, durante todas sus vidas usando el temor a la muerte, usando el temor al valle de profunda oscuridad, el valle de sombra de muerte. El evangelio es que Jesucristo vino a darte libertad de la esclavitud, libertad del cautiverio, libertad del temor a la muerte, libertad del temor al valle de profunda oscuridad. 

Así que sí, algunas circunstancias nos causan temor. Es real. No es fingido. Los barrancos son reales. Las rocas filosas son reales. La oscuridad es real. Las hienas en esos barrancos, en esos lugares oscuros, son reales. 

Jesús estuvo en el desierto donde había animales salvajes. El Evangelio de Marcos nos da ese pequeño detalle. Es importante porque caminamos en lugares donde hay animales salvajes, donde hay maldad. Pero el temor no nos agobia. No nos paraliza. No nos destruye. No nos pone en cautiverio. La maldad a nuestro alrededor puede ser muy grande, muy real, muy poderosa. 

Algunas de ustedes quizás están en ambientes de trabajo o en un lugar donde la presencia del mal está presente día tras día y vives con ello. Tal vez estás justo en el centro de la voluntad de Dios ahí. Pero de acuerdo a la Palabra de Dios, Él te guía y Él va contigo en el valle de profunda oscuridad; así que no debes temer al mal porque Él está contigo.

No importa cuán grande sea el mal a tu alrededor… el que está contigo es mayor.

Es interesante que, hasta este punto en el salmo, David ha estado hablando acerca de su pastor. Ha usado términos dulces, íntimos, preciosos. Pero ahora, en este valle de profunda oscuridad, él empieza a hablarle al pastor. En el lugar donde el peligro, el temor y la amenaza es mayor, él hace esta declaración de fe. 

«No temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo» (v. 4).

En la profunda oscuridad, a veces no puedes ver al pastor, a veces no percibes que Él está ahí. Pero David está diciendo, «voy a expresar fe en lo que sé que es verdad aun cuando todo a mi alrededor parece gritar, ¡Dios no está aquí! Dios me ha abandonado. Estoy solo».

Lo que él está diciendo es,«tal vez me siento así. Tal vez no puedo ver a Dios en este momento. Tal vez no percibo la presencia de Dios en mi vida. Pero el hecho es que Él está conmigo. Sé que es verdad. Es verdad sin importar si lo siento o no».

¿No es cierto que Dios está más cerca de nosotras, es más amado, más personal cuando estamos pasando a través de dificultades y dolor, si le permitimos ser nuestro pastor? Cuando las cosas prosperan, cuando tenemos esos pastos verdes, esas aguas de descanso, hablamos de Dios. Pero cuando venimos al valle de profunda oscuridad, le hablamos a Él.

Esto no es solo un conocimiento teórico y teológico de la presencia de Dios, es un hecho. Él verdaderamente está aquí conmigo, en estas circunstancias, en este hogar, en esta relación, en esta situación sobre la que no tengo control. Él está aquí. 

Tal vez camines por el valle de profunda oscuridad, y a veces así será. Pero si Él es tu Pastor, si tú eres Su hija, nunca vas a pasar por el valle sola.

Dejame decirte, si no eres su oveja, si no tienes una relación personal con Jesucristo, entonces ese valle de profunda oscuridad, el valle de muerte, es algo temible porque tendrás que pasar por él sola y no podrás hacerlo sola.

He visto personas vivir tragedias y pruebas, aun hasta el punto de morir sin Cristo; y es inimaginable para mí que puedan hacerlo, porque no hay esperanza. Y si no tienes la presencia de Dios contigo, estás en verdaderos problemas y no puedes hacerlo. Pero para un hijo de Dios hay esta certeza, «Él está conmigo. El Pastor está conmigo». 

¿No es eso lo que cantamos en ese hermoso himno, Grande es tu fidelidad? Tierno me guías por sendas de paz; eres mi fuerza, mi fe, mi reposo, y por los siglos mi Padre serás.

Cuando necesitas ánimo, cuando necesitas guía, cuando estás en el valle de profunda oscuridad, ahí es donde encontramos Su presencia. 

Isaias capitulo 43:1-2, dice:

«Mas ahora, así dice el SEÑOR tu Creador…el que te formó… No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre; mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, y si por los ríos, no te anegarán; cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama te abrasará» (LBLA)

¿Por qué? ¿Por qué no debes temer? Porque Él dice, «Yo estaré contigo».

No conozco una promesa más alentadora en toda la Palabra de Dios. No conozco nada mejor a que aferrarme en cada circunstancia y época de la vida, que a la realidad, a la promesa de que Dios está conmigo. 

La realidad, el hecho de la presencia de Dios, es el antídoto para cada temor. No el hecho de que sientas que Dios está contigo, no el hecho de que pienses que Dios está contigo, no el hecho de que percibas la presencia de Dios, sino el hecho de que Él está ahí. Esa es la cura. Esa es la solución. Ese es el antídoto para todo temor. 

Y mientras caminas a través de ese valle, Él camina contigo. Él comparte esa experiencia contigo.

Hablé con una esposa recientemente y tanto ella como su esposo están caminando por un valle de profunda oscuridad. Pero ella me dijo, «no estamos haciendo esto solos». ¿Y no te llena de consuelo, de esperanza, que no estás atravesando sola ninguna situación en tu matrimonio, ni en tu vida, ni en tus relaciones? Él es tu compañero. Él es el guía y te lleva a través del valle para mostrarte la salida. Es muy oscuro ese valle. No podemos ver. 

Pero mi Señor conoce el camino a través del desierto. Todo lo que tienes que hacer es seguirlo. Él es un buen protector. Él es el consolador. Él está ahí en todos esos tiempos. Solo piensa, el Dios del universo que es alto y está en el cielo, que llena el universo, Él está contigo. Él está conmigo. 

Tal vez estás enfrentando algún desastre o catástrofe o problema o presión en tu vida, pero sea lo que sea, no lo estás enfrentando sola. El Señor está contigo. 

Esta promesa de la presencia de Dios contrasta grandemente con lo que leemos en el salmo anterior donde escuchamos estas palabras de desesperación, de angustia, «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

Ahí es cuando se nos recuerda que solo una Persona, solo Jesús, solo Cristo, pudo decir estas palabras a Dios: «¿Por qué me has abandonado?» Y ese es el Señor Jesucristo, el gran Pastor de las ovejas, quien llevó sobre Sí nuestros pecados en la cruz. Dios le dió la espalda a su Hijo. Jesús fue abandonado en la cruz por el Padre.

Pero como Él pasó por el calvario por nosotros y estuvo dispuesto a ser abandonado por Dios, ningún hijo de Dios tiene que decir jamás: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

Podemos sentirnos solas, abandonadas. El sentirlo no es un pecado. Lo que es pecado es asumir que lo que sientes es un hecho. El hecho es que no has sido abandonada, no estás sola. Él está contigo.

Recuerdo un tiempo en mi vida cuando todo estaba oscuro como resultado de diferentes circunstancias y pérdidas que había experimentado. Era uno de esos puntos, realmente el único que he vivido como ese, donde todos, todos los cimientos de mi vida parecían sacudirse. Cosas de las que antes siempre estaba segura ahora las cuestionaba. Estaba llena de dudas. 

Durante meses tuve muy poco sentido de la presencia de Dios en mi vida. Como dijo Job, «veo a la derecha, veo a la izquierda, veo frente a mí, veo detrás de mí, y no puedo encontrar a Dios». 

Pero después, en su angustia, Job recuerda, tal vez yo no pueda ver a Dios pero Él me ve a mí. Él está ahí. Job 23, dice: «Pero Él sabe el camino que tomo; cuando me haya probado, saldré como el oro» (vv.9-10).

Miro hacia atrás a esa experiencia y veo claramente que Dios estuvo ahí todo el tiempo. Él nunca se fue. Nunca me dejó. Aunque quisiera decir que pasé por esa experiencia sin temor, no fue así, no confié en mi Pastor. 

Meses después de pasar por esa experiencia recuerdo que me desperté a media noche con una canción en mi corazón. No había tenido canciones en la noche durante meses y meses. 

Recuerdo haber pensado, «¿por qué dudé de mi Pastor?» Y era tan claro para mí. Él estaba ahí. Él está ahí. ¿Por qué dudé de Él?

¿Por qué dudo ahora? No hay razón. El Señor es mi Pastor.

Como dice este antiguo himno: 

«El alma que anhele la paz que hay en mí,

 jamás en sus luchas la habré de dejar.

Si todo el infierno la quiere perder, 

yo nunca, no nunca la puedo dejar, 

nunca, no nunca la habré de dejar».

Así que, hemos visto: 

«El Señor es mi pastor, nada me faltará; en lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce. Él restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de Su nombre. Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infunden aliento».

Recuerda que este es el mismo versículo donde David está hablando de caminar por el valle de profunda oscuridad. Es un lugar donde necesita y anhela ser consolado, donde necesita aliento. La palabra confortar tiene unos sinónimos en el Antiguo Testamento. Puede significar «animar, consolar, avivar, alentar, alegrar, vigorizar, alegrar el corazón, estimular, refrescar».

La palabra confortar en inglés, es una palabra compuesta por, «con» y «fort», que al ponerlas juntas significa, «con fuerza, devolver la fuerza cuando tu corazón ha perdido el consuelo; cuando ha perdido el vigor». Confortar significa que Dios está devolviendo fuerza a nuestros corazones. 

Me gusta lo que un escritor dijo, un comentarista de los salmos. Él escribió: «El confortar o consolar o animar, es ayudar a otro que está ahogado en dolor y temor a respirar libremente y darle aire a su corazón». 1

¿No te trae esto a la memoria tiempos cuando has estado ahogada en dolor y miedo? Cuando has estado llorando tanto que apenas puedes respirar. Puede ser exteriormente, literalmente, o en lo más profundo de tu corazón. Este escritor dice: «Confortar a alguien es ayudar a esa persona a respirar libremente, darle aire a su corazón». Eso es confortar. 

Al meditar en este versículo me he preguntado, «¿cuáles son algunas de las formas en las que las personas buscan consuelo cuando tienen miedo, cuando se sienten amenazadas, cuando están confundidas o desalentadas?»

Recuerda que este es el mismo versículo que habla del valle de profunda oscuridad. Es un tiempo en que necesitas consuelo.

Hay muchas maneras en las que tratamos de encontrar consuelo. Algunas veces buscamos amigos, alguien que nos pueda abrazar y alentar, a la familia. A veces lo buscamos en el trabajo, tratamos de encontrar alivio del dolor. 

A lo mejor tratamos de apaciguar el dolor con comida. Algunos lo hacen con el alcohol, con las drogas. Algunas personas van de compras. Eso las hará sentir muy bien, al menos hasta que le llegue la cuenta a final de mes, por supuesto. 

Algunas personas buscan acabar con el dolor o encuentran consuelo a través de la pornografía o de relaciones ilícitas en brazos de hombres que las entienden. Estas son algunas de las formas en las que las personas tratan de encontrar consuelo. 

Y algunas de estas cosas que hemos mencionado no tienen nada de malo. No hay nada de malo con la comida o con ir al trabajo o con tener amigos o familia; a menos que estés buscando en esa persona o en esa cosa, el consuelo que Dios y solo Dios quiere traer a tu vida.

Es interesante como el salmista, al hablar de lo que le trae consuelo, menciona algunas cosas que yo no pensaría como medios de consuelo. 

«Tu vara y tu cayado», le dice a su pastor, «me infunden aliento», me consuelan. 

No sé tú, pero eso no suena muy consolador para mí. No pienso en estos como instrumentos que traigan consuelo. Sí, el brazo de alguien alrededor de mí o palabras de aliento o notas de ánimo. Pero ¿una vara y un cayado?

¿Cómo es que una vara y un cayado de un pastor pueden proveer consuelo a una oveja? ¿Cómo es que la vara de Dios y su cayado proporcionan consuelo a Sus ovejas, a nosotras?

La vara del pastor es un símbolo de su poder. Es un palo largo y se usa para defender a las ovejas en contra de bestias salvajes, provee protección de los lobos y de los ladrones. Tal vez fue lo que usó David cuando mató al oso que estaba tratando de atacar a sus ovejas.

Esa vara provee seguridad a las ovejas. Esa vara o caña, les da la certeza de que están protegidas de sus enemigos. Ellas no se pueden protegerse a sí mismas. Esas ovejas están desvalidas, indefensas. 

Pero ellas saben que su pastor tiene una vara, tiene un instrumento que será usado, si es necesario, para ahuyentar a los enemigos. Así es que esa vara las conforta. Saber que la vara está en manos del pastor. 

Y después tenemos el cayado que es un palo con una curva al final. Tiene múltiples usos, pero uno de ellos es refrenar a las ovejas de vagar. 

Si vagan por ahí y caen en un hoyo, el cayado se usa para halar y sacar a la oveja de ese hoyo. O si se queda atorada en un matorral, el cayado se puede usar para empujar o guiar a las ovejas. Es un medio de consuelo. 

Phillip Keller escribió un estudio clásico del Salmo 23, La vida en el redil. Él mismo fue pastor de ovejas y dice:

«Siendo criaturas muy tercas, las ovejas frecuentemente se encuentran en dilemas totalmente ridículos y absurdos. He visto mis propias ovejas, codiciando un bocado más de pasto verde, bajar por empinados acantilados donde se han resbalado y caído al mar. Solo con mi largo cayado fue que pude sacarlas del agua, regresarlas a tierra firme. Un día de invierno estuve varias horas rescatando a una oveja que había hecho esto con anterioridad varias veces. Su terquedad era su perdición». 2

¿Suena eso como alguien que conoces? Tu dirás, «sí, tengo algunos niños así». 

Bueno, el hecho es que con frecuencia somos así, y Dios usa Su vara y Su cayado para rescatarnos, para protegernos, para dirigirnos. 

Phillip Keller también habla en ese libro de cómo usa el cayado para examinar a las ovejas, especialmente cuando la lana se pone muy gruesa; para examinarlas de parásitos, insectos, quemaduras o enfermedades. Él usa ese cayado para inspeccionarlas, para separar la lana y ver por debajo de la superficie y examinarlas a fondo. 

¿No es eso lo que Dios hace con Su Palabra? Él toma Su Palabra y la hace brillar dentro de nuestros corazones por el poder de Su Espíritu Santo. Él dice: «Yo soy el Dios que escudriña todas las cosas. Yo soy el Dios que conoce todas las cosas. Quiero conocerte, no solo en la superficie, lo que otros ven de ti, lo que otros piensan que tú eres. Quiero que veas ese viejo yo dentro de ti, debajo de la superficie. Todas las personas creen que eres tan amable, amorosa y buena, pero por debajo de la superficie hay una actitud muy distinta».

El Pastor está exponiendo eso. Algo así sería aterrador. Es algo que no quisiéramos que pasara a menos que supiéramos que lo hace un pastor amoroso que puede restaurar y sanar cualquier cosa que exponga. 

Así que, al traer esa vara y ese cayado a nuestras vidas, Él nos conforta, nos consuela en nuestra aflicción, nos anima en tiempos de terror, en tiempos de peligro. Él usa Su Palabra. Su Palabra es ese cayado con el que nos guía, nos rescata cuando nos hemos extraviado. Su Palabra, mientras la leemos o la escuchamos cuando alguien la enseña o la prédica. 

Me encantan esos versículos del Salmo 119:50 y 52 que dicen: «Este es mi consuelo en la aflicción: que tu palabra me ha vivificado… Me acuerdo de tus ordenanzas antiguas, (tu palabra), oh Señor, y me consuelo». 

Y entonces Dios usa a Su pueblo. Ellos pueden ser esa vara y ese cayado en Su mano para protegernos, para dirigirnos, para consolarnos, para proveer exhortación, para que rindamos cuentas. Yo necesito personas piadosas en mi vida que sean instrumentos en las manos de Dios para ayudarme a ser rescatada, para decirme, «hay peligro adelante y no creo que te estés dando cuenta. Cuidado. Debes tener cuidado en esa situación. Veo algo que es un punto ciego en tu vida».

Da gracias al Señor por esas personas. Se convierten en instrumentos en las manos de Dios para confortarte. 

Dios usa las circunstancias. Él usa las experiencias de la vida. Exactamente las que hubiéramos querido evitar, frecuentemente se convierten en instrumentos de consuelo y de bendición en nuestras vidas al usar esas circunstancias para entrenarnos y protegernos.

Recientemente tuve una conversación con alguien que es parte de nuestro ministerio y me dijo, «¿has escuchado este mensaje de John Piper?» Yo no lo había escuchado. Así que me lo recomendó y me dijo: «pienso que esto sería de gran ayuda y de gran bendición para ti mientras estás pensando y meditando en todos estos temas. Era un mensaje sobre la vida de Adoniram Judson. Y oh, Señor, mientrasme senté ahí, lloraba y sollozaba porque era justo lo que necesitaba.

La vara y el cayado especial para mi vida en ese momento. Y me retó en algunas áreas donde yo no estaba pensando correctamente, y donde yo necesitaba ese mensajero de Dios, ese instrumento de Dios para que me protegiera.

En última instancia, todo el consuelo viene del Señor mismo. 

La segunda carta a los Tesalonicenses en 2: 16-17, dice:

«Y que nuestro Señor Jesucristo mismo, y Dios nuestro Padre, que nos amó y nos dio consuelo eterno y buena esperanza por gracia, consuele sus corazones y los afirme en toda obra y palabra buena».

Gracias, Señor, por Tu vara y Tu cayado. Gracias porque Tú sabes dónde y cuándo usarlos. Eres un buen Pastor. No nos golpeas. Tal vez nos castigas, pero es siempre con la meta de restaurarnos. Nos proteges, nos guías, nos consuelas. Alegras nuestras almas y nos animas y avivas nuestros corazones con Tu Palabra, a través de Tus medios de gracia para traernos consuelo. Te damos gracias en el nombre de Jesús, amén. 

Annamarie:Amén. Nancy DeMoss Wolgemuth te ha estado recordando que Dios es tu verdadera fuente de consuelo. Si Él es tu Pastor, no tienes razón para vivir en temor. Te animo a reflexionar hoy acerca de lo que has escuchado y a evaluar si estás viviendo en temor o en fe. Recuerda que en Cristo encontrarás la gracia que necesitas para enfrentar tus circunstancias.

¿Cuál es el mayor problema que estás enfrentando en este momento? Es difícil de creer pero ese problema podría convertirse en una fuente de gozo. Acompáñanos el lunes para escuchar más sobre esto, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Te recordamos que la lectura bíblica para hoy es Génesis capítulos 28 al 30.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

1 George Adam Smith, Four Psalms, p. 13.

2 Phillip Keller, A Shepherd Looks at Psalm 23, p. 90.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Orar con el corazón

Lunes 18 Enero

(Jesús dijo :) Y orando, no uséis vanas repeticiones. Mateo 6 : 7

Mas ciertamente me escuchó Dios ; atendió a la voz de mi súplica. Salmo 66 : 19

Orar con el corazón

Una familia cristiana estaba reunida para comer. La niña pequeña preguntó si podía hacer la oración. Su padre le dijo que sí. Ella inclinó la cabeza y dijo rápidamente :

“Dios es fiel, Dios es bueno. Le agradecemos por estos alimentos. ¡Amén !”.

– ¿Dónde aprendiste esta oración ?, le preguntó su padre.

– La señora de la guardería manda que la repitamos siempre en el momento de la merienda.

– Es claro que en la guardería no todos son cristianos. Pero tú, ¿quién eres para Dios ?

– ¡Su hija !

– Nosotros también somos sus hijos, confirmó el padre, y podemos hablar a Dios, nuestro Padre, directamente… También podemos decirle que lo amamos. ¡A Dios le gusta escuchar la voz de sus hijos !

Al día siguiente, a la hora de la comida, los dos hijos de la familia preguntaron si podían orar. El niño de tres años empezó tratando de imitar el estilo y el tono de voz de su padre. Pero lo más hermoso fue escucharlo hablar directamente a Dios. Le dio las gracias no solo por la comida, sino también por el gozo de estar juntos, y le pidió que los guardase. Luego oró su hermana, quien empezó recitando su pequeña frase : “Dios es grande, Dios es bueno…”, pero luego añadió : “Ahora voy a orar…”.

Este incidente nos hace pensar en lo que uno de los discípulos pidió a Jesús : “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11 : 1). Enseñemos a nuestros hijos, incluso a los más jóvenes, cómo acercarse a Dios para hablarle con confianza, simplicidad y verdad.

1 Samuel 14 : 23-52 – Mateo 12 : 38-50 – Salmo 11 – Proverbios 3 : 27-31

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La fe auténtica está deseosa por Cristo

Soldados de Jesucristo

Enero 17/2021

Solid Joys en Español

La fe auténtica está deseosa por Cristo

John Piper

John Piper

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«Sabes si le conoces» (1 Jn. 2:3-6) – 4/29

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Andemos en Luz (Las cartas de Juan)

4/29 – «Sabes si le conoces» (1 Jn. 2:3-6)

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.