23/27 – El silencio majestuoso de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

23/27 – El silencio majestuoso de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

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Nancy Leigh DeMoss: Cuando estás segura de quien eres y del llamamiento que has recibido, no necesitas hablar mucho. He visto esta cualidad en pocas personas —no en muchas— pero sí en algunas mujeres cristianas. Ellas no tienen que defender lo que hacen. No necesitan hablar mucho—aun en ocasiones incómodas en que son mal entendidas por miembros de su familia o por sus amigos. Ellas simplemente viven la vida.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia Saladín. Nancy continúa enfocándose en Jesús, en la serie llamada, El Cristo incomparable.

Nancy: En el programa anterior dimos un vistazo al juicio de Jesús—tanto al juicio judío como al juicio romano. Uno de los detalles que más me asombra de esos juicios es la manera en que Jesús se condujo a Sí mismo, con esa increíble calma, dignidad y dominio propio; especialmente cuando lo contrastas con la conducta de Sus acusadores, de Sus oponentes, quienes eran Sus enemigos y estaban enojados, determinados a deshacerse de Él hasta hacerlo morir. El contraste entre ambos es realmente marcado.

Quiero extenderme a otra sesión sobre el juicio de Cristo y simplemente estacionarme en un aspecto del mismo. El juicio fue relevante por las pocas palabras que Jesús dijo, pero lo fue más aun por lo que no dijo. Repetidamente—y me niego a creer que este fuera un incidente fortuito—Los evangelios registran que Jesús permaneció en silencio delante de Sus enemigos—Oswald Sandersen en su libro, El Cristo incomparable lo llama el majestuoso silencio de Cristo.

Permíteme leerte unos pasajes que lo evidencian. Iniciemos en el juicio a Jesús ante las autoridades Judías, estoy leyendo en Marcos capítulo 14

“Y los principales sacerdotes y todo el concilio [esto es el Sanedrín], procuraban obtener testimonio contra Jesús para darle muerte, pero no lo hallaban. Porque muchos daban falso testimonio contra Él, pero sus testimonios no coincidían. Y algunos, levantándose, daban falso testimonio contra Él, diciendo: Nosotros le oímos decir: ‘Yo destruiré este templo hecho por manos, y en tres días edificaré otro no hecho por manos’.  Y ni siquiera en esto coincidía el testimonio de ellos.” (vv. 55-59).

A estas alturas, el sumo sacerdote ve que su caso está como perdido, de manera que él intenta provocar al mismo Jesús para que se incrimine a sí mismo, testificando en Su propia contra; y sin lugar a dudas, el sumo sacerdote lo incita a pesar de saber que su artimaña está prohibida por la ley judía. Sin duda alguna el sumo sacerdote lo sabía.

Así que Marcos capítulo 14 versículo 60 dice,  Entonces el sumo sacerdote levantándose, se puso en medio y le preguntó a Jesús diciendo, ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? [Esperando que cualquier palabra que respondiera lo incriminara] y he aquí el versículo  61,  Mas Él callaba y nada respondía. . .

Pero ahora avancemos rápidamente a Mateo capítulo 27, el juicio  ante Pilato,

“Y al ser acusado por los principales sacerdotes y los ancianos, nada respondió. Entonces Pilatos le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? [ es como que Pilatos le ruega a Jesús que diga algo en su defensa para liberarlo] Y Jesús no le respondió ni a una sola pregunta, por lo que el gobernador estaba muy asombrado.” (vv. 12-14).

Ya son dos ocasiones, y ahora viene la tercera, Jesús ante Herodes en Lucas capítulo 23.

Al ver a Jesús, Herodes se puso muy contento; porque hacía tiempo que quería verlo por lo que oía acerca de Él, y esperaba presenciar algún milagro que hiciera Jesús [el quería algo de entretenimiento].  Lo acosó con muchas preguntas,(¿quién hablo muchas palabras? Herodes), dice pero Jesús no le contestaba nada. ¿No es eso un contraste aquí? Herodes no puede dejar de hablar, y en cambio Jesús no empieza a hablar. Jesús no responde a sus cuestionamientos. Y  allí estaban también los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley, acusándolo con vehemencia. (vv. 8-10 NVI).

Pienso que a veces, tenemos en mente imágenes preconcebidas sobre cómo pudo haber pasado todo esto del juicio. Podríamos  olvidar que estas no eran audiencias muy tranquilas y muy decorosas. Por el contrario, había una tensión creciente. Había un clamor, ira , gritos, confusión, sangre y más sangre. Jesús, durante este tiempo, había sufrido crueles abusos, golpes, burlas dirigidas en Su contra por los soldados romanos y por una muchedumbre sedienta de sangre. Los acusadores de Jesús estaban airados y fuera de sí. Estaban fuera de control, y por ende al final  se formo un caos, como si el mismo infierno  desatara su furia sobre el inocente Hijo de Dios.

Y es en ese contexto de clamor que el silencio de Jesús es aún más sorprendente. La mayoría de las personas si sienten que sus vidas están amenazadas—justa o injustamente—tienden por lo menos a asustarse, tal vez a sentir terror. Si no les queda nada por hacer, por lo menos hablan en un intento por salvar su pellejo.

Cualquier otra persona que estuviese siendo juzgada por un delito que implicara la pena capital, y sabiéndose inocente, trataría intensamente de presentar su mejor defensa. Habría arrojado toda la evidencia posible de su inocencia. Insistiría en la comprobación del testimonio de los testigos. Habría apelado a cualquier autoridad y corte posible para conseguir una  vindicación.

Al pensar en ello, recuerdo  que de alguna  manera mucho menos intensa, en ocasiones yo he sido atacada y falsamente acusada. Mi impulso natural en esos momentos es el de hablar hasta por los codos para defenderme, si no podía hablar con la persona que me malentendió o que me acusó falsamente, lo haría con todos los demás. Y creo que ustedes saben de lo que estoy hablando.

Pero mira la diferencia de El Cristo incomparable, nadie es como Él. Al poner de manifiesto Su extraordinaria fuerza y Su dignidad, Él no se resiste; Él no grita para defenderse de las falsas acusaciones; no insulta a Sus enemigos; no defiende Su inocencia; no expone las mentiras de Sus acusadores, y no apela a un tribunal superior.

Es increíble cuando lo piensas; que Aquél que es la Palabra, la Palabra Viva, Él que con solo con Su Palabra llamo al mundo a la existencia, El que sostiene al mundo con Su poder, no habló ni una sola palabra para salvar Su propia vida. No tuvo nada malo que decir de Sus enemigos. Él no tuvo nada malo que decir acerca de Su Padre Celestial, cuya voluntad fue que Él sufriera y muriera. Él guardó silencio.

Ahora,  podemos ver a hombres enfrentar la muerte estoicamente. Pero éste no fue un asunto de estoicismo, esto no fue un asunto de ser estoico, ni tampoco fue un silencio de ira o de enojo. Más bien, por lo que  he meditado, lo veo como un silencio de sumisión total a la voluntad del Padre. Tal como lo dice Mathew Henry en su comentario de Isaías capítulo 53, “Él se mantuvo en posesión de Su propia alma”.

Esto es una evidencia de lo que hemos estado hablando en estos días, de la humildad y de la serenidad de Cristo. Aquí las vemos vívidas en todo su esplendor. Él no tuvo que luchar o esforzarse. No peleó por Su derecho a ser tratado como Dios, o al menos a ser tratado con justicia como a cualquier  ser humano.

Cuando estás segura de quien eres y del llamamiento que has recibido, no necesitas hablar mucho. He visto esta dignidad en pocas personas —no realmente en muchas— pero si en algunas mujeres cristianas. Ellas no tienen que defender lo que hacen. No necesitan hablar mucho—aun en ocasiones incómodas en que son mal entendidas por miembros de sus familias o por amigos. Ellas simplemente viven la vida. Y al hacerlo reflejan el corazón y el Espíritu de Cristo.

¿De dónde le vino esa calma y esa serenidad a Jesús mientras permanecía en silencio y de pie en ese juicio? Bueno en las pasadas sesiones  vimos a Jesús angustiado en el Huerto de Getsemaní, suplicar al Padre en oración que lo librara de tener que tomar la copa del pecado, del sufrimiento y de la muerte. Pero luego de haber confirmado que esa era la voluntad de Su Padre, después de haber sido fortalecido a través de la oración, Él sale del huerto sereno, sereno, decidido a no pedir ni una vez más la salvación de Su vida, y nunca perdió el control o golpeó a Sus enemigos.

Pienso en lo diametralmente opuesta que es esa postura a la forma en que usualmente manejamos nuestras tribulaciones. Pasamos poco o casi ningún tiempo hablando con nuestro Padre Celestial al respecto, más bien luchamos con Él para entender Sus propósitos, para lograr alinear nuestro corazón con Su voluntad, y para obtener Su perspectiva. Pero en cambio no cesamos de hablar con cualquiera que nos escuche sobre nuestra aflicción. Escribimos con enojo mensajes de textos y correos electrónicos. Rápidamente les explicamos  a los demás que hemos sido tratadas injustamente. Te lo digo, porque yo lo he hecho. Yo lo he hecho.

Luchamos contra quienes nos mal interpretan o nos difaman, intentando reivindicarnos a nosotras mismas,  exponiendo a nuestros adversarios, y presentándonos de la mejor manera posible. “Mi esposo,” “Mis niños,” “Mi patrón,” “Mi pastor,” “Mi ex” lo que sea— le decimos a los demás, lo que hicieron. Jesús solo le contó Sus preocupaciones a Dios,  las dejó en Sus manos y se fue sereno y decidido a Su juicio.

Me pregunto ¿Qué tan semejante a Cristo reaccionaríamos —serenas y decididas— ante la presencia de la maldad y de la gente malvada si fuéramos primeramente ante Dios y trabajáramos las cosas con Él?

El silencio de Jesús tuvo que haber desconcertado a quienes lo estaban juzgando. Indudablemente, jamás habían experimentado antes algo así. Ellos estaban acostumbrados a que se les rogara y que se arrastraran ante ellos; eso los hacía sentirse en control. Pero el silencio de Cristo fue de hecho un desafío a su autoridad.

Oswald Sanders dice en el libro que hemos estado analizando, “El Cristo incomparable” que

“Tanto por Sus palabras como por Su silencio, Jesús dejó en claro que eran Herodes y los judíos los que estaban ante Él y no Él ante ellos.” Y ellos debieron percibirlo. Yo pienso que por esto fue que Pilatos estuvo tan intranquilo y su esposa estuvo inquieta; porque entendieron “Nosotros no somos quienes lo estamos juzgando, sino Él a nosotros.”

¿Qué hacer con un hombre que no responde a la provocación, que se resiste a defenderse a Sí mismo, o a arremeter contra Sus acusadores? Sabemos que Jesús no estuvo completamente callado durante Su juicio;  Él habló en ocasiones. Por ejemplo en Mateo en el capítulo 26 en el versículo 63.  el sumo sacerdote le hizo una pregunta directa: Te conjuro por el Dios viviente que nos digas ¿si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios? Sabiendo que Jesús estaba bajo juramento santo, y que legalmente estaba obligado a contestar. En 1ra a Timoteo capítulo 6 versículo 13 dice, “. . . de Cristo Jesús, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato. . .” Él nunca negó la verdad por lo que dijo ni por lo que no dijo.

Pero las pocas veces que Jesús habló, estuvo completamente en control. Solamente habló cuando fue mandado por Dios que necesitaba hablar. Él sabía cuándo hablar, y cuándo permanecer en silencio. El problema con nosotras es que nosotras hablamos cuando deberíamos permanecer calladas y nos callamos cuando debiéramos hablar. Creo que un claro indicador de cuándo debemos hablar  cuando somos acosadas o mal entendidas, es determinar  si es nuestro honor o el honor de Dios el que está en juego. Ahí hay una gran diferencia.

Quiero sugerirte algunas de las  razones por las que creo que Jesús permaneció en silencio ante Sus enemigos. Esas razones nos brindarán una mayor comprensión en cuanto al propósito de Su vida y de Su muerte. Nos ayudarán a entender mejor lo que significa ser un seguidor de Cristo y cómo responder cuando somos falsamente acusadas o tratadas injustamente. Las razones por las que Cristo guardó silencio, son primero, 

1. Ya había hablado. Durante tres años había dicho todo lo que necesitaba ser dicho—Su tiempo de enseñar, de entregar mensajes, de compartir la Verdad había pasado. Ahora era el tiempo del silencio. No tenia caso arrojar las perlas de Verdad ante aquellos que no tenían un corazón para la Verdad.

2. Él sabía que era inocente, y que las acusaciones eran falsas. Es como si alguien te dijera que tú eres una rana. Tú te reirías de lo ridículo que es eso. Nada podría estar más lejos de la verdad. Cuando acusaron falsamente a Jesús, fue tan absurdo. Cuando ves las acusaciones falsas desde esta perspectiva, esas acusaciones se tornan inofensivas.

3. Jesús rehusó defenderse a Sí mismo de esas absurdas acusaciones porque en Su corazón reinaba el supremo plan de Dios. Después de todo, Él había declarado en Juan capítulo 10 versículo 18, “Nadie me la quita (mi vida), sino que yo la doy de mi propia voluntad. Jesús sabía que aquí había un plan. Así que en vez de resistirse, Él abrazó el plan de Dios, la voluntad de Dios. Y otra razón por la que Jesus guardó silencio frente a Sus enemigos la vemos en el versículo de Ira de Pedro capítulo 2 que dice que “Cuando le ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba, sino (aquí está la razón) que se encomendaba a Aquél que juzga con justicia” (1ra de Pedro 2:23).

Al no arremeter contra Sus acusadores, Jesús estaba diciendo, mi vida no está en sus manos, mi vida esta en las manos de Dios. Él confiaba en que DIOS en última instancia lo reivindicaría con justicia y les traería su recompensa a los hacedores de maldad.

La semana pasada, recibí un correo electrónico de una amiga cuyo esposo acababa de ser despedido de su empleo la noche anterior, después de haber trabajado 35 años en la misma compañía. Desde la perspectiva de mi amiga, el fue tratado injustamente por su empleador. Ella me dijo. Estamos pasando por las circunstancias descritas por Pedro, “. . . que si por causa de la conciencia ante Dios, alguno sobrelleva penalidades sufriendo injustamente. . . para este propósito habéis sido llamados, pues también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis Sus pisadas, (1ra Pedro 2:19 y 21). Ese es el corazón de Cristo. Cristo sufrió sin maldecir, sin amenazar, porque Él se encomendaba a Dios que juzga con justicia.

5. El silencio de Cristo manifestó el cumplimiento de la profecía mesiánica del Antiguo Testamento. En Isaías capítulo 53, tenemos el himno del siervo sufriente. Dice así, el versículo 7 de ese pasaje

“Fue oprimido y afligido [sabemos que Jesús soportó injusticia, humillación e intenso abuso, físico, verbal, mental y espiritual] Él fue oprimido  pero no abrió su boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, no abrió Él su boca.” (v7).

Creo que una de las razones por las que Jesús guardó silencio es que Él siempre deseo que las Escrituras se cumplieran. Al permanecer en silencio, esta profecía del Antiguo Testamento se cumplió.

Este pasaje también habla de la gentil y callada naturaleza de las ovejas. Cristo, el Cordero de Dios, se sometió callada y voluntariamente a la muerte. Era la voluntad del Padre. Era necesario que sufriera y muriera por nuestra redención. Así que encontramos en Juan capítulo 18 versículo 11 encontramos a Jesús diciendo,

“. . .La copa que El Padre me ha dado, ¿acaso no la he de beber? Hay una mansa y tranquila resignación, a la voluntad de Dios. No solo en el cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento, sino también en el hecho de que Él es el Cordero de Dios. Él no abrió Su boca.  Detrás de Su silencio había un corazón tranquilo y sumiso.

Quiero que ahora meditemos en lo que pienso es la causa principal del majestuoso silencio de Cristo. Que se ve en ese versículo previo, en  Isaías capítulo 53 en el versículo 6. Es un versículo conocido por la mayoría de nosotras. Este es el versículo que precede al que menciona que Él no abrió Su boca, que permaneció en silencio cual oveja conducida al matadero. ¿Qué dice el versículo anterior?

Dice, “Todos nosotros nos descarriamos como oveja, nos apartamos —cada cual— por su camino; pero el SEÑOR hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros.”

Y luego dice, “. ..En el versículo 7, no abrió Él su boca.” Esta es la causa de Su silencio. Él Sufría vicariamente, en nuestro lugar, como nuestro sustituto. Él recibió el castigo de este juicio—los latigazos, las burlas, el escarnio, el rechazo, y finalmente la cruz como si las mereciera. Él voluntariamente soportó el castigo por nosotros por nuestros pecados. Como dice el versículo 8 “por la transgresión de mi pueblo, a quien correspondía la herida”. El Señor le cargó a Él, el pecado de todos nosotros.

El silencio con frecuencia se interpreta como la admisión de la culpa. Si tú le preguntas a tu hijo ¿Hiciste esto? Si no responde palabra alguna, sabes que su respuesta es “Sí”, pero no lo quiere confesar ¿Verdad? Y de hecho Jesús guarda silencio porque Él estaba tomando el lugar del culpable. Nuestros pecados fueron depositados sobre Él. Y Él estaba aceptando sobre Sí, delante de DIOS, cada pecado del que Se le estaba acusando, los pecados de los cuales nosotros somos culpables, no Él. Así que el Cordero de DIOS sufrió silenciosamente, como nuestro sustituto. Las iniquidades de todos nosotros fueron puestas sobre Él.  Él sufrió como nuestro representante, como el que llevo nuestros pecados, como el juzgado, el condenado bajo la ira de Dios, como nuestro sustituto, pagando la deuda por nuestro pecado.

Él sufrió de la manera que lo hizo porque Él estaba sufriendo todas las consecuencias y las ramificaciones  de nuestro pecado. Los golpes que recibió estaban destinados a nosotros y los merecíamos. En Su silencio Él estaba cumpliendo Su rol como mediador, representante y Salvador.

¿Qué provoca en tu corazón entender esto? Acaso, te hace decir “Señor, yo debí estar ahí. Yo soy la que merecía sufrir. Gracias. Gracias por soportarlo en silencio por mí.  No solo por haber sido acusado, sino, por haber tomado el lugar del acusado, cargando mi pecado.”

Leslie: Nancy Leigh DeMoss regresara para orar. Jesús guardó silencio ante Sus acusadores. Por siempre tendré una apreciación diferente después de haber escuchado la enseñanza de hoy. Esta enseñanza forma parte de la serie llamada, El Cristo incomparable. Si te has perdido algún programa de esta serie, espero que lo busques en www.AvivaNuestrosCorazones.com puedes escucharlo en línea o descargar el archivo. Ha sido una serie realmente enriquecedora—una serie que puede transformar tu manera de adorar y de agradecer en este tiempo de Pascua.

Algunas de nuestras oyentes le están dando otra dimensión a su enfoque en Cristo este mes. Están memorizando un pasaje de Colosenses 1, que habla de Cristo, el primogénito de entre los muertos. Estas oyentes han encontrado que se les facilita el memorizarlo si lo hacen en comunidad.

La próxima semana será muy especial en  Aviva Nuestros Corazones, pues como parte de la serie, El Cristo incomparable; nos estaremos enfocando en las últimas siete palabras que pronunció Cristo en la cruz. No hay mayor forma de prepararse para el Viernes Santo y la Pascua. Esperamos que aprendas, alabes, y sirvas en tu congregación este fin de semana, y luego vuelvas con nosotras a Aviva Nuestros Corazones. Nancy está de regreso para concluir.

Nancy: Al considerar el majestuoso silencio de Cristo, creo que es conveniente resaltar que Jesús aún hoy permanece callado ante el rostro de quienes le blasfeman. Piensa en todos los ateos que escriben libros, gente que falsamente lo acusan de ser injusto, falto de amor, un DIOS injusto; la gente que niega absolutamente que Jesús  es  Dios. La mayoría de las veces Jesús permanece en silencio, pero un día Él hablará.

También guarda silencio cuando nosotros, Su pueblo, protestamos en contra de Sus propósitos. Él sabe que un día nos vamos a dar cuenta de que Él lo ha hecho todo perfecto. Así que no hay que confundir el silencio actual de Jesús con Su silencio último. Porque Él hablará.

Cuando Jesús vino la primera vez a esta tierra, vino como un cordero a sufrir calladamente, a ofrecer Su vida como ofrenda de sacrificio por los pecadores. Pero quiero decirte que cuando Él vuelva, será como el León de la tribu de Judá, a darle su merecido a todo los hacedores de maldad,  a reinar y gobernar con aquellos que Él ha redimido a través de Su sufrimiento sustitutivo. ¿Amén? ¡Ven pronto, Señor Jesús!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

León de Judá (Lion of Judah), Paul Wilbur, León de Judá ℗ 2001 Integrity Media, Inc.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Su venida a la tierra

Miércoles 25 Diciembre

María… dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

Lucas 2:7

(El ángel dijo a los pastores:) Os ha nacido hoy… un Salvador, que es Cristo el Señor.

Lucas 2:7, 11

El Dios Creador (2)

Su venida a la tierra

http://labuenasemilla.net/20191225

Julio de 1969: durante la misión Apolo 11, por primera vez unos hombres pusieron los pies sobre la luna y dieron unos pasos en ella. A su regreso fueron aclamados como héroes. Un desfile, conferencias, entrevistas, marchas y recepciones se sucedieron en diferentes países. Semejante honor fue dado a esos hombres porque habían caminado sobre la luna. Sin embargo, algunos años más tarde, el astronauta James Irwin dijo: «Lo más grande en la humanidad no es que el hombre haya caminado sobre la luna, sino que Dios haya caminado sobre la tierra en la persona de Jesucristo».

En la Biblia, el evangelio según Lucas nos relata el nacimiento del Hijo de Dios, quien vino a la tierra en la persona de un recién nacido. Su nacimiento fue anunciado siglos antes por los profetas. No obstante, nadie estaba allí para recibirlo. María, su madre, y José tuvieron que hacer un largo viaje para ser censados en Belén. Allí los albergues estaban llenos. Entonces, en un establo, María dio a luz al Hijo de Dios, Jesucristo. Su cuna fue un pesebre destinado a los animales. Algunos pastores fueron a ver al niño, advertidos por un ángel de Dios: “Os doy nuevas de gran gozo… que os ha nacido hoy… un Salvador, que es Cristo el Señor”. Unos magos de oriente fueron a rendirle homenaje en secreto (Mateo 2:1-12).

Más de dos mil años después, ese motivo de gran gozo sigue siendo actual: aún hoy Jesús ofrece la salvación a todo el que cree en él.

Zacarías 9-10 – Apocalipsis 18 – Salmo 147:1-6 – Proverbios 30:24-28

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

9/17 – El Gran Banquete

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

9/17 – El Gran Banquete

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es/

11/41 – Listo Para Lo Que Venga

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

11/41 – Listo Para Lo Que Venga

Stephen Davey

 

Texto: Filipenses 1:21-26

Aún sin saber cuáles eran los planes de Dios para su vida, el apóstol Pablo declara su convicción de que «El vivir es Cristo y el morir es Ganancia.» En este programa estudiamos con mayor profundidad lo que esto significa y las aplicaciones que eso tiene para nosotros como cristianos.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

https://www.sabiduriaespanol.org

¿Qué es el libre albedrío?

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

¿Qué es el libre albedrío?

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/39759930

Quiero llamar su atención a una evaluación de lo que entendemos al decir las palabras ‘libre albedrío’. ¿Qué significa tener libre albedrío? ¿Qué significa ser un agente moral libre, una criatura volitiva bajo la soberanía de Dios?

En primer lugar, déjenme decir que hay distintos puntos de vista en cuanto a lo que incluye el libre albedrío que se usan en nuestra cultura, y creo que es importante que reconozcamos estos puntos de vista.

Al primero lo voy a llamar el punto de vista ‘humanista’, el cual diría que es la posición más ampliamente aceptada de la libertad humana que encontramos en nuestra cultura. Y me entristece decir, en mi opinión, que es la postura más difundida dentro de la iglesia, así como fuera de ella.

 

En este esquema, el libre albedrío es definido como nuestra capacidad para elegir de forma espontánea; las elecciones que hacemos no están de ninguna modo condicionadas o determinadas por prejuicios, inclinaciones o disposiciones previas.

Permítanme repetirlo: tomamos decisiones de forma espontánea, sin antecedentes previos a la decisión que determinen nuestra elección, sin prejuicio, sin preferencias o inclinaciones previas; viene literalmente por sí misma como una acción espontánea de la persona.

Ahora, desde el principio puedo ver dos problemas serios que enfrentamos como cristianos con esta definición de libre albedrío. El primero es un problema teológico o moral, el segundo es un problema racional. Y en realidad debería decir que hay tres problemas ya que todo el tema se centrará en el tercero, pero empecemos viendo, en este momento, dos problemas.

El primero es, como dije, un problema teológico, moral. Si nuestras elecciones son hechas meramente de forma espontánea, sin inclinación previa, sin preferencias, en cierto sentido lo que estamos diciendo es que no hay razón alguna para tal elección.

No hay motivación o motivo para la elección. Solo sucede de forma espontánea. Y si así operan nuestras elecciones entonces enfrentamos inmediatamente este problema: ¿cómo podría tal acción tener algún significado moral?

Porque, una de las cosas, por ejemplo, que la Biblia se preocupa en cuanto a las elecciones que hacemos, no es solo lo que elegimos, sino cuál fue nuestra intención al hacer esa elección. Recordamos, por ejemplo, la historia de José cuando fue vendido como esclavo por sus hermanos. Cuando él se reúne con ellos años más tarde, y ellos se arrepienten de ese pecado, ¿qué le dice José a sus hermanos? Cuando los acepta y los perdona, él dice: “Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien.”

Así que Dios hizo una elección al respecto. Dios había elegido, al menos al permitir que esto pasara y que le sucediera a José. Sus hermanos tomaron una decisión en cuanto a qué hacer con José. Su inclinación al hacerla fue perversa.

Dios también hizo una elección al permitir que esto suceda, pero la razón de Dios, la intención de Dios en este acto, era completamente justa y santa. Entonces, Dios, al considerar una buena obra, por ejemplo, no solo examina la acción externa en sí (el hecho), sino que también considera ¿el qué? las motivaciones internas, la intención detrás del hecho.

Pero si no hay motivaciones internas, si no hay intenciones, no hay intencionalidad real, usando el término filosófico, entonces ¿cómo podría la acción tener algún significado moral? Solo sucede. Pero incluso más profundo que este problema, nos enfrentamos de inmediato a la pregunta de si en realidad se podría o no hacer tal elección, no simplemente si sería moral si se hiciera, sino que, ¿podría incluso una criatura sin ninguna disposición previa, inclinación, preferencia o razón hacer una elección?

Veamos esto con un par de ejemplos. Si no tengo una inclinación o disposición previa, lo atractivo de esta idea es que eso significaría que mi voluntad es neutral. No está inclinada ni a la izquierda ni a la derecha.

No está inclinada hacia la rectitud ni hacia el mal, sino que es simplemente neutral. No hay inclinación o preferencia previa. Pienso en la historia de Alicia en el país de las maravillas, cuando en sus viajes llega a una bifurcación de caminos y ella no puede decidir si escoger hacia la izquierda o la derecha. Y levanta la vista y está el gato Risón en el árbol sonriéndole y le pregunta al gato: “¿Qué camino debería yo tomar?”

Y el gato Risón responde diciendo: “Eso depende.  ¿A dónde vas?” Y ella responde: “No sé”. Entonces, ¿qué le dice él? “Entonces supongo que no importa”.  Si no tienes intención, no tienes plan, no deseo de llegar a algún sitio, ¿qué más da si vas a la izquierda o a la derecha?

Bueno, en este caso, lo vemos y pensamos: “Ahora Alicia tiene dos opciones. Ella puede ir a la izquierda o puede ir a la derecha.” Pero, en realidad, ella tiene cuatro opciones. Ella puede ir a la izquierda, puede ir a la derecha, ella puede regresar por donde vino o ella puede quedarse parada y no hacer nada, lo cual es también una opción, quedarse ahí hasta que perezca de inactividad.

Así que tiene cuatro opciones. Y la pregunta que nos haremos es: “Por qué tomaría alguna de esas cuatro opciones? Si no tuviese razón alguna, o inclinación detrás de la elección, si su voluntad fuera completamente neutral, ¿qué le sucedería a ella en realidad? Si no hay razón para preferir la izquierda o derecha, permanecer ahí hasta el punto de regresar, ¿qué opción ella elegiría? Ella no haría una elección.  Ella estaría paralizada.

Entonces el problema que tenemos con la noción humanista de libertad es que se trata del mismo problema del conejo fuera del sombrero que se queda sin sombrero y sin mago.

Es algo que sale de la nada, un efecto sin una causa. Una elección espontánea, en otras palabras, es una imposibilidad racional. Tendría que ser un efecto sin una causa.

Ahora, solo de paso, añadiría que, desde una perspectiva bíblica, desde una perspectiva cristiana, el ser humano en su caída, no se ve como estando en un estado de neutralidad con respecto a las cosas de Dios.

Él tiene un prejuicio, él tiene un sesgo. Él tiene una inclinación y su inclinación es hacia la maldad y lejos de las cosas de Dios. Pero permítanme decirlo, de paso, al observar varios puntos de vista cristianos sobre la libertad de la voluntad.

Personalmente pienso que el mejor libro que se haya escrito en este tema, se titula simplemente: “La libertad de la voluntad” escrito por el más grande erudito de Estados Unidos, Jonathan Edwards. (Y dicho sea de paso, esa designación de “el mejor erudito de Estados Unidos” no es mía. Viene de la Enciclopedia Británica, que ha votado a Jonathan Edwards como la más grande mente erudita que los Estados Unidos jamás haya producido; y su obra: “La libertad de la voluntad”, creo que es la evaluación más profunda y el análisis de esta espinosa pregunta que yo haya leído.)

Por supuesto, la famosa obra de Martin Luther sobre la esclavitud de la voluntad es también uno muy importante, que creo que los cristianos tienen que leer. Pero veamos por un momento la definición de Edwards acerca de la libertad de la voluntad.

Edwards dice que: “La libertad o libre albedrío es la elección de la mente”. Ahora, lo que dice es que, aunque él distingue entre la mente y la voluntad, está diciendo que los dos están relacionados de forma inseparable.

No hacemos elecciones morales sin que la mente apruebe la dirección de nuestra elección. Esa es una de las dimensiones que está muy relacionada con el concepto bíblico de conciencia: que en las elecciones morales está– la mente está involucrada en esas elecciones.

Me doy cuenta de ciertas opciones y si prefiero una sobre la otra, para hacerlo tengo una preferencia, antes de poder hacer la elección, tengo que tener una idea de cuáles son esas opciones para que sea una decisión moral. De modo que la voluntad no es algo que actúa de forma independiente de la mente, sino que actúa en conjunción con la mente.

Cualquier cosa que la mente considere como deseable, es lo que la voluntad está inclinada a elegir. Ahora, además de las definiciones, Edwards nos da una especie de regla de oro a la que llamo: “Ley de libre albedrío de Edwards” y creo que esta es quizá su contribución más importante a la discusión en cuanto a la libertad humana.

Edwards declara esto: que “los agentes morales libres siempre actúan de acuerdo con la inclinación más fuerte que tienen en el momento de la elección”.Para decirlo de otra manera, siempre elegimos según nuestras inclinaciones y siempre elegimos según nuestra inclinación más fuerte en un momento dado.

Déjenme decirlo de forma simple. Cada vez que pecas, lo que esa acción indica es que al momento de pecar, tu deseo de cometer el pecado es mayor en ese momento que tu deseo de obedecer a Cristo.

Si tu deseo de obedecer a Cristo fuera mayor que tu deseo de cometer el pecado, ¿qué harías?
¡No pecarías! Pero al momento de la elección, siempre seguimos nuestra inclinación más fuerte, nuestra disposición más fuerte o nuestros deseos más fuertes.

Ahora, nos parece, sin embargo, en este tema de la elección, que hay muchas veces que elegimos cosas sin alguna razón aparente en lo absoluto. Por ejemplo, si tuviera que preguntarte: “Por qué estás sentado en la silla en la que estás sentado en este momento?

¿Podrías analizar tus propios procesos de pensamiento interno y las respuestas a las opciones que tenías delante cuando entraste a esta sala y decir con claridad: “La razón por la que estoy sentado aquí es porque siempre me gusta sentarme en la última silla” o “porque quería sentarme junto a Carmen” o “quería estar en primera fila para salir en la cámara” o “era la única silla que quedaba libre y no que quería quedar de pie y prefiero sentarme que estar de pie; y entonces, mi deseo por sentarme era mayor que mi deseo por estar de pie”.

Lo que les estoy diciendo es que hay una razón por la que están sentados donde están sentados y pudo haber sido una decisión muy rápida. Puede ser que simplemente seas perezoso y no te guste caminar y que la silla que viste vacía era la más cercana que estaba disponible.

Es probable que las razones sean más profundas que eso. Hay algunos que si caminas con ellos al parque donde hay una banca desocupada con espacio para tres personas, entonces esas personas, si los llevas a una banca del parque, o los llevas a un parque y hay una banca vacía y se sientan en la banca, cien de cada cien se sentarán en el extremo de la banca en vez de sentarse en el medio de la banca.

De hecho, generalmente se sentarán en el extremo izquierdo o en el derecho, donde otras personas siempre elegirán el medio. ¿Por qué? A algunos les gustan las multitudes. Les gusta estar en medio de la acción. Ellos tienen una personalidad gregaria. A otras personas les gusta estar seguros donde puedan tener una salida segura, se quedarán en el extremo de la banca.
Y permítanme decir, no siempre estamos sentados allí analizando con sumo cuidado el por qué hacemos las elecciones que hacemos, pero hay una razón para cada elección y siempre actuamos de acuerdo con la inclinación más fuerte del momento.

 

Ahora, hay dos cosas que Podemos plantear de inmediato para objetar la ley de elección de Edwards. La primera es: “Bueno, puedo decirte que muchas veces he hecho cosas que en realidad no quería hacer y he experimentado coerción.”

Bueno, la coerción involucra fuerzas externas que entran en nuestras vidas y buscan obligarnos a hacer las cosas que, en igualdad de condiciones, no elegiríamos hacer. Pero, en la mayoría de los casos, el poder de la coerción puede generalmente reducir nuestras opciones a dos: pueden reducir drásticamente nuestras opciones.

El pistolero se acerca a mí en la calle, me pone una pistola en la cabeza y dice: “Tu dinero o tu vida”.  Él acaba de reducir mis opciones a dos. ¿Cierto? Por fuerza externa y coerción.

Ahora, al ser todas iguales, no estaba buscando a alguien a quien darle mi billetera esa noche, así que no tenía ningún deseo de darle mi dinero a ese hombre. Pero cuando el arma está en mi cabeza y mis opciones son mi sangre en la acera o mi billetera en el bolsillo, de repente tengo un deseo fuerte de vivir y perder mi dinero, en vez de morir y también perder mi dinero.

Y entonces, en ese momento, mi nivel de deseo de vivir podría ser más fuerte que mi nivel de deseo de resistir a ese hombre, por eso le doy mi billetera. Ahora, podría haber personas en esa misma situación que dirían: “prefiero morir antes que ceder a la coerción, aunque sé que si me niego a darle la billetera, me matará de todos modos y se llevará mi dinero. Aún así, de ninguna manera voy a ayudarlo”.

Entonces dicen: “Dispárenme”. Pero aún ahí, su deseo de resistir es mayor que su deseo de no resistir y entonces se resisten. ¿Está claro? Por lo que incluso cuando nuestras opciones se reducen severamente y las fuerzas externas cambian nuestros niveles de deseo, porque este es el otro punto del que tenemos que estar conscientes, es que los deseos humanos fluctúan y son muchos.

En situaciones donde hacemos elecciones, es raro que solo elijamos entre dos opciones, o incluso solo entre una buena opción y una mala. Una de las elecciones morales más difíciles para un cristiano es entre cosas buenas. “Tenemos dos oportunidades, pero no estoy seguro con cuál es con la que puedo servir mejor a Cristo.”

Y eso resulta muy difícil. Sabemos que nuestros niveles de deseo cambian y fluctúan. Pero la segunda objeción que puedo escuchar es la declaración del apóstol pablo cuando dice: “lo bueno que quiero no lo hago, y lo que no quiero es lo que hago.” Y pareciera sugerir allí mismo que el apóstol Pablo, mediante autoridad apostólica, nos está diciendo que, de hecho, es posible que una persona elija en contra de sus deseos, elegir en contra de sus anhelos.

Solo puedo decir en respuesta a eso que no creo que haya sido la intención del apóstol el darnos un tratamiento técnico de las complejidades del funcionamiento de la facultad de elegir; pero lo que él está expresando es algo que todos experimentamos, que tengo dentro de mí un deseo de agradar a Cristo, pero ese deseo presente no siempre triunfa cuando llega el momento de la verdad.

Todo es igual como cristiano, si me dijeras: “RC, ¿te gustaría liberarte del pecado? Yo diría: “Por supuesto que me gustaría ser libre del pecado”.  Sin embargo, lo digo ahora hasta que la tentación del pecado me presione y mi deseo por ese pecado se intensifique: y luego me rindo a él, libremente.

Porque cuando obro y actúo según mis deseos, estoy obrando y actuando libremente.
Bien, déjenme continuar.  Calvino, al examinar el asunto del libre albedrío, dijo: “si queremos decir por libe albedrío que el hombre caído tiene la capacidad de elegir lo que quiere, entonces por supuesto, el hombre caído tiene libre albedrío.

Si queremos decir con ese término que el hombre en su estado caído tiene el poder moral y la capacidad de elegir la rectitud, entonces Calvino dijo, “el libre albedrío es un término demasiado grandioso como para aplicarlo al hombre caído.”

Y con esa opinión, yo estaría de acuerdo. Hemos visto el punto de vista de Edwards, el punto de vista de Calvino, ahora veremos el punto de vista Sprouliano del libre albedrío, apelando a la ironía o a una forma de paradoja.

Me gustaría hacer esta afirmación: que en mi opinión, cada elección que hacemos es libre y cada elección que hacemos está determinada. Cada elección que hacemos es libre y cada elección que hacemos está determinada.

Ahora, eso suena completamente contradictorio porque normalmente vemos las categorías de “determinar” y “libre” como categorías mutuamente excluyentes. Decimos que si algo está determinado por otra cosa, quiere decir que es causado por otra cosa, pareciendo indicar que no puede ser libre.

Pero a lo que me refiero aquí, de lo que estoy hablando, no es determinismo.  El determinismo significa que las cosas me pasan estrictamente en virtud de fuerzas externas. Pero además de las fuerzas externas, que son factores determinantes en lo que nos pasa, también hay fuerzas internas que son factores determinantes.

Lo que hemos estado diciendo todo este tiempo, junto con Edwards y Calvino, es que si mis elecciones fluyen de mi disposición y de mis deseos, y si mis acciones son un efecto que tienen causas y razones detrás de ellas, entonces mi deseo personal, en un sentido muy real, determina mi elección personal.

Ahora, si mis deseos determinan mi elección, ¿cómo puedo ser libre? ¿Recuerdan que dije que en cada opción, nuestra elección es libre y determinada? Pero lo que la determina soy yo, y a esto llamamos ‘auto’, tú la completas con determinación. Auto-determinación, lo cual no es la negación de la libertad, sino la esencia de la libertad.

Para que mi yo pueda determinar sus propias elecciones es de lo que se trata el libre albedrío. Ahora, de manera simple trato de plantear que no solo podemos elegir de acuerdo con nuestros propios deseos, sino que de hecho siempre elegimos según nuestros deseos; y llevaré esto al grado superlativo y diré que, de hecho, debemos elegir siempre según la inclinación más fuerte en ese momento. Y esa es la esencia de la libre elección: poder elegir lo que quieres.

Ahora, el problema con el pecador, obviamente, no es que el pecador en su caída haya perdido la facultad de elección. Los pecadores todavía tienen mentes, pueden pensar, todavía tienen deseos, tienen voluntades. Y la voluntad sigue siendo libre en la medida que sea capaz de hacer lo que el pecador desea hacer.

¿Dónde radica el problema? El problema está en la raíz de los deseos del corazón del ser humano caído porque tiene una inclinación al mal, un deseo por el pecado, él peca.

Los pecadores pecan porque ellos quieren pecar.  Por lo tanto, pecan libremente. Los pecadores rechazan a Cristo porque ellos quieren rechazar a Cristo. Por lo tanto, lo rechazan libremente.

Y antes de que una persona pueda responder positivamente a las cosas de Dios y elegir a Cristo y elegir la vida, debe tener un deseo de hacer eso. Ahora, la pregunta es: ¿conserva el hombre caído algún deseo en su corazón por Dios y por las cosas de Dios? Rápidamente presentaré nuestro siguiente tema, es la visión bíblica del carácter radical de la caída del hombre con respecto a su deseo por las cosas de Dios.

Pero antes de llegar a ese tema, vamos a concluir hablando de otra distinción que Jonathan Edwards ha hecho famosa. Él hace una distinción entre habilidad moral y habilidad natural.

La habilidad natural tiene que ver con habilidades que tenemos por naturaleza. Como ser humano tengo la habilidad natural de pensar. La habilidad de hablar. Puedo caminar erguido.

No tengo la capacidad natural de volar por el aire sin ayuda de máquinas. Los peces tienen la capacidad de vivir bajo el agua por largos periodos de tiempo sin tanques de oxígeno ni equipos de buceo, porque Dios les ha dado aletas y branquias.

Les ha dado el equipo natural necesario para que puedan vivir en ese entorno. Por lo tanto, tienen una habilidad natural que yo no tengo. Dios ha dado a las aves habilidades naturales que yo no tengo. ¿Correcto? Pero estamos hablando de habilidad moral; estamos hablando de la capacidad de ser rectos, así como de ser pecadores.

El ser humano fue creado con la habilidad de ser recto o ser pecador, pero el hombre ha caído. Y lo que Edwards está diciendo es que, en su estado caído, ya no tiene la capacidad en sí mismo de ser moralmente perfecto porque ha nacido en pecado, en pecado original.

Tiene una naturaleza caída, una naturaleza pecaminosa, lo que hace que sea totalmente imposible para él alcanzar la perfección en este mundo. Todavía tiene la facultad de pensar, la facultad para tomar decisiones.

Pero lo que le falta es la inclinación o la disposición hacia la piedad. Ahora vamos a ver si eso concuerda o no con lo que la Biblia enseña acerca de la condición caída del ser humano, pero solo te lo estoy dando a manera de adelanto. Hasta ahora, Edwards simplemente está repitiendo lo que Agustín había enseñado siglos antes con una distinción similar.

Agustín dijo que el hombre tenía un “liberum arbitrium” o un libre albedrío, pero que el hombre perdió en la caída era “libertas” o libertad, lo que la biblia llama libertad moral. La biblia habla de los humanos caídos como esclavos del pecado. Y aquellos que están en esclavitud han perdido alguna dimensión de libertad moral.

Todavía toma decisiones, todavía tiene libre albedrío, pero esa voluntad ahora se inclina hacia el mal y no se inclina hacia la rectitud. No hay quien haga el bien. No hay justo. No hay quien busque a Dios, ni aún uno. Eso indica que algo nos ha sucedido en el interior.

Jesús habla de que el fruto del árbol proviene de la naturaleza del árbol; la higuera no produce naranjas. No obtienes un fruto corrupto de un árbol recto. Hay algo malo dentro de nosotros, en donde residen nuestros deseos, nuestras inclinaciones. Es eso lo que está en esclavitud.

Pero incluso esa caída no elimina la facultad de elegir. Así que realmente no hay diferencia entre lo que Agustín llama cuando dice: “Todavía tenemos libre albedrío, pero no libertad”, que es la misma distinción que Edwards hace entre la habilidad moral y la habilidad natural.

Bueno, necesito parar porque mi tiempo se está acabando y solo quisiera decir que en nuestra próxima sesión veremos esto desde una perspectiva bíblica para ver lo que la Biblia dice de la capacidad moral del ser humano o la falta de ella con respecto a las cosas de Dios.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

22/27 – El juicio de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

22/27 – El juicio de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-juicio-de-cristo/
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Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss señala una ironía en el juicio de Jesús.

Nancy Leigh DeMoss: Hubo muchas, muchas leyes que se violaron durante el juicio de Jesús, y, sin embargo, no es sorprendente que Jesús aun así eligiera morir por los infractores de la ley.

Leslie: Este es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Hemos hecho  un estudio enriquecedor. Junto a  nuestras oyentes hemos estado leyendo el libro, El Cristo incomparable, y  Nancy nos ha ido  enseñando a través de los temas planteados en este libro. Ella  seguirá con la serie, El Cristo incomparable.

Nancy: En la última sesión,  entramos con Jesús a esa escena muy íntima en el Huerto de Getsemaní—“la prensa de aceite”. Fue al final de ese tiempo de oración, rendición , sumisión y consagración, que Jesús fue arrestado. En el Huerto de Getsemaní, alrededor de la medianoche, tal vez  en las primeras horas de la mañana.

A partir de ese momento, en menos de 12 horas, tal vez en tan solo 9 horas, Jesús pasó por un juicio judío y un juicio romano, fue declarado culpable, fue condenado a muerte, y lo crucificaron. Todo sucedió muy rápidamente. A veces  olvidamos esto cuando estamos leyendo los relatos de los evangelios.  Porque tenemos estos largos capítulos sobre la Pasión de Cristo, y olvidamos que desde el Huerto de Getsemaní hasta Su muerte en la cruz, hubo un período muy corto de tiempo -—solo fue cuestión de horas.

Hoy, al ver el juicio de Cristo, de nuevo, nos damos cuenta de que es algo que Lo hace incomparable; al ver Su juicio debemos reconocer que no hay nadie como Él. A menudo nos concentramos en las indescriptibles torturas físicas que le fueron infligidas a Jesús en el transcurso de Su juicio. Si has visto una película como La Pasión de Cristo, has visto una representación muy gráfica, muy viva de lo que la tortura física fue. Tal vez has leído también descripciones de esto.

Hay una ventaja en centrarse en esto, pero nosotras hoy queremos centrarnos en el juicio  en sí, en los aspectos legales de las pruebas y lo que fue indiscutiblemente la mayor farsa de la justicia en la historia del mundo —un brutal, y deliberado aborto de la justicia. Pero a pesar de todo, vamos a ver que tenía un propósito, y que incluso ese juicio, tan injusto como fue, era una parte esencial del plan de Dios para salvar y para redimir a los pecadores. Así que vamos a tener nuevos ojos de gratitud  al ver que, no solo fue Jesús a la cruz, sino que sufrió este juicio por nosotros, y al ver la implicación de lo que esto significa para nosotros.

Ahora, tienes que poner los cuatro evangelios juntos para poder obtener el cuadro completo del juicio de Jesús, e incluso entonces no está nada claro cuál fue la secuencia exacta y cuáles fueron todos los detalles, pero sí sabemos que tanto el juicio judío, como el juicio romano, cada uno tuvo tres etapas. Vamos a ir viendo cada una de las etapas de estos juicios en los próximos minutos.

Primero. El juicio judío, o el sendero religioso, se inició en medio de la noche después de la detención de Jesús. La primera parte, la primera etapa de ese juicio fue un examen informal de Anás, que era un ex sumo sacerdote.

En la segunda etapa, Jesús fue interrogado en privado por Caifás, que era el yerno de Anás y era el actual sumo sacerdote. Ahora, todo esto era un gran asunto familiar. Esta fue una dinastía, una alta dinastía sacerdotal que no fue en lo absoluto una dinastía piadosa. Caifás era el actual sumo sacerdote que había conspirado con Judas para traicionar a Cristo.

Luego, en tercer lugar, después de estas reuniones preliminares con Anás y con Caifás, Jesús fue juzgado formalmente por los miembros del Sanedrín, que había sido apresuradamente convocado en las primeras horas de la mañana.

El Sanedrín, como ustedes saben, era el equivalente a la Suprema Corte judía. Estaba compuesto por los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos. Estaba compuesto de 70 miembros, más el sumo sacerdote. Pero solo tenía que haber  23 miembros para que hubiera quórum, por lo que no sabemos si  los 70 estaban allí presentes para el juicio de Jesús. Porque tenían que haber  por lo menos 23. No sabemos más que eso.

Ahora, el sistema legal judío estaba basado en la Ley de Moisés. Era bien conocido por su compromiso con la justicia y con la equidad. Permítanme leerles, como ejemplo, un pasaje de Deuteronomio capítulo 16 que describe el corazón de Dios en cuanto a la aplicación de la ley entre su pueblo. Deuteronomio capítulo 16 versículo 18,

Nombrarás para ti jueces y oficiales en todas las ciudades que el Señor tu Dios te da, según tus tribus, y ellos juzgarán al pueblo con justo juicio.  No torcerás la justicia; no harás acepción de personas, ni tomarás soborno, porque el soborno ciega los ojos del sabio y pervierte las palabras del justo. La justicia, y sólo la justicia buscarás, para que vivas y poseas la tierra que el Señor tu Dios te da. (vv. 18-20)

De inmediato, tan pronto como lees ese pasaje, cuando piensas en el juicio de Jesús, te das cuenta de que violaba el sistema legal que Dios les había dado. No tenemos tiempo para leer todos los diferentes reportes del juicio —hay muchos versículos en las Escrituras —en Mateo, Marcos, Lucas y Juan—  que citan el juicio. Pero piensa en este pasaje de Mateo 26 que dice:

Y los principales  sacerdotes, y los ancianos, y todo el concilio, (ese era el Sanedrín) procuraban obtener falso testimonio contra Jesús, con el fin de darle muerte;  Y no lo hallaron, a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos; (vv. 59-60).

Ahora, ¿suena eso como que se está cumpliendo con la dirección dada en Deuteronomio 16? ¡No, en lo absoluto! Esto estaba fuera de contexto y fuera de lugar para el respeto con que el sistema judío funcionaba por lo general.

El juicio de Jesús ante las autoridades religiosas judías fue una burla a la justicia. Fue un tribunal ilegal. Se violaron casi todos los procedimientos legales que se habían puesto en marcha sobre la forma en que un juicio a un hombre judío debía llevarse a cabo. Hubo una ilegalidad y una irregularidad tras otra a lo largo de todo el proceso. Permítanme darles algunos ejemplos, de los muchos que hay.

En primer lugar, la detención y el juicio se llevaron a cabo en medio de la noche, según la ley judía, los juicios debían tener lugar durante las horas del día. Así que el hecho de que lo arrestaran en medio de la noche fue una violación de su propia ley judía.

En segundo lugar, el juicio se llevó a cabo en privado y no en público  —otra violación de la ley.

En tercer lugar, el juicio se completó en menos de un día  —menos de la mitad de un día, en realidad  —lo que era contrario a la ley judía. En la ley judía, un caso que involucrara la pena capital debía realizarse en dos días. No podía concluirse hasta el día siguiente para darles la oportunidad a los testigos de presentarse y hacerle al hombre un juicio justo.

El juicio de Jesús violó las leyes del Antiguo Testamento que requerían una investigación a fondo por parte de la defensa. En  lugar de esto, se apresuraron a enjuiciarlo y a pronunciar la condena tan pronto como  les fue posible.

Otra cosa con relación al juicio de Jesús; Él fue juzgado por jueces parcializados  —en lugar de imparciales—los miembros del Sanedrín que eran conocidos como enemigos de Jesús. Se dice en el pasaje que acabamos de leer, en Mateo 26, que lo estaban buscando para entregarlo a la muerte. No  dijeron este hombre es inocente hasta que se pruebe lo contrario. Estaban convencidos de que era culpable. Tenían el objetivo final en mente antes de que el juicio, incluso comenzara, y solo impulsaron el juicio para lograr su objetivo, que era llevar a Jesús a la muerte. Así que estos no fueron de ninguna manera jueces imparciales.

Luego, Jesús fue condenado sobre la base de Su propio testimonio, lo cual era ilegal según la ley judía.

Hubo muchas, muchas leyes que fueron violadas durante el juicio de Jesús, las que acabo de nombrar son sólo unas pocas —y sin embargo, no es sorprendente que Jesús todavía eligió morir por infractores de la ley, incluso teniendo en cuenta el hecho de que muchas leyes fueran violadas cuando estuvo de camino a morir por esos infractores de la ley. Es irónico. Es increíble. Es asombroso que Él hubiera pasado por esto.

Al amanecer, después de haber soportado la burla de esta farsa de este juicio judío, se tomó la decisión formal de mandar a Jesús a la muerte. Sin embargo, los judíos no podían llevar a cabo la pena de muerte sin que esta fuera confirmada por parte de las autoridades romanas.  Sabemos esto por lo que dice Juan, en el capítulo 18, en el versículo 31. Así que muy temprano en horas de la mañana, -—según Mateo 27 — » lo ataron, lo llevaron y lo entregaron a Pilato » (v. 1).

El interrogatorio hecho por Pilato fue la primera fase del juicio romano. Ya vimos el juicio judío. Ahora tenemos el juicio romano, que también tuvo tres fases. Pilato era el gobernador romano de Judea. Ahora, a los romanos no les preocupaban las blasfemias, que fue por lo que los judíos juzgaron a Jesús.  Fue como, «Esa es tu religión—eso no nos importa». Así que los líderes judíos, cuando llevaron a Jesús a Pilato, cambiaron los cargos de blasfemia por los de sedición, que si era un crimen para los romanos.

Para los judíos, realmente no hacía ninguna diferencia la causa, la razón por la que lo iban a juzgar, ellos solo querían a Jesús muerto. Ellos levantaron falsos cargos. “Harían lo que fuera necesario y lo acusarían de lo que fuera, aportarían cualquier testigo falso, ellos lo querían muerto. »

Por supuesto, sabemos al estudiar los evangelios que fueron impulsados ​​por el orgullo, por la avaricia —por la codicia, por el poder, por la codicia por el puesto, por la posición. Las Escrituras nos dicen que fueron impulsados ​​por los celos. Jesús tenía seguidores que ellos no tenían, y Él los estaba haciendo quedar mal. Él los estaba cuestionando, los estaba llamando hipócritas, sepulcros blanqueados y denunciando los problemas que tenían.

Había celos. Estaban protegiendo sus propios intereses, su dominio, su control sobre la gente. Tenían miedo de perder el control, ese control que habían ejercido sobre el pueblo—ellos pusieron a las personas en  esclavitud en lugar de ser un liderazgo liberador. Así que impulsados por estos motivos ocultos, solo dijeron, «Queremos deshacernos de Él. »

Y es como una  imagen para mí, cuando pensamos en el juicio de Jesús 2000 años después, vemos que algunas cosas nunca cambian. Aún hoy en día, incrédulos, pecadores perdidos, en este incrédulo y  perdido mundo irán a cualquier medio y latitud para acabar con Cristo. Ellos lo odian porque Su pureza expone sus pecados. Su verdad expone su engaño. Su reinado y Su derecho a gobernar, Su autoridad desmantela su propia autoridad,  su facultad de pronunciarse y de ser dioses de sus propias vidas.

¿No es increíble cómo hoy en este mundo son respetadas otras religiones, que están protegidas —no puedes ser políticamente correcto y cuestionar algunos de sus postulados  —mientras que al mismo tiempo existe este esfuerzo concertado de acabar con Jesús. Mientras, hoy se puede  hablar libremente sobre otras religiones y cosas que no son ciertas, si empiezas a hablar acerca de Cristo como el camino, la verdad y la vida, vas a ser atacada —no porque nos odien,  y si nos odian  es porque odian a Jesús.

Bueno, y la conclusión de Pilato, después de probar o juzgar a Jesús, fue simplemente: «Yo no encuentro ningún delito en este hombre. No veo nada en Él que sea digno de muerte «(ver Lucas 23:4). Pero para los líderes judíos, esta no era una respuesta aceptable. Ellos insistieron.

Ahora imagínate, esto fue probablemente antes de las 6 de la mañana. Así que no sé si sacaron a Pilato de la cama, o simplemente sabían que él comenzaba su día temprano. Pero  puedo imaginarme a Pilato pensando: «¡Qué clase de dolor de cabeza para empezar el día de hoy!  No hay ninguna razón para que este hombre muera, pero estas personas están sedientas de sangre. Están decididas a deshacerse de Él”. Y los líderes judíos insistían en que el hombre era un alborotador y una amenaza para el César.

Bien, ahora los oídos de Pilato se  abrieron. Eso le importaba. Así que cuando Pilato se enteró de que Jesús era galileo, del distrito norte de Israel, que pertenecía a la jurisdicción de Herodes,  decidió  enviar a Jesús a la corte del rey galileo llamado Herodes, que se encontraba en Jerusalén en ese tiempo. Tal vez lo hizo para mantener el orden durante la temporada de Pascua, pero él estaba al otro lado de la ciudad. Y ahí estaba Herodes, y Jesús estaba bajo su jurisdicción. Me imagino que Pilato estaba más que contento de tener este confuso caso fuera de sus manos.

Y así llegamos a la segunda fase del juicio romano, que es Jesús ante Herodes. Ahora bien, hay diferentes Herodes, así que esto puede ser un poco confuso. Este era Herodes Antipas, que fue el rey que había decapitado a Juan el Bautista. Él era hijo de Herodes el Grande, quien había sido el que había ordenado la masacre de los niños judíos hacia treinta años. Vemos, pues, todo un legado de violencia, de odio y de  un comportamiento extraño en lo mejor de esta línea de Herodes.

Ahora, Herodes se alegró de ver a Jesús. Él había oído hablar mucho de Él, pero no había tenido la oportunidad de conocerlo, y durante mucho tiempo él había esperado para ver a Jesús.  Las Escrituras nos dicen que él había estado esperando ver a Jesús hacer un milagro. Entonces Herodes interrogó a Jesús por algún tiempo, pero como veremos en la próxima sesión, Jesús no contestó ninguna de las preguntas de Herodes.

Así que finalmente, después de haberse burlado de Jesús y de tratarlo con desprecio, Herodes lo envió de vuelta a Pilato para la tercera fase del juicio romano, y la escena final de este juicio. Y permítanme leerles un par de párrafos del Evangelio de Lucas, el capítulo 23, que nos muestra lo que pasó después. Una vez más, sé que estamos familiarizados con ellos, pero como nos acercamos a la semana santa en los próximos días, es bueno que meditemos y que reflexionemos una vez más sobre lo que realmente ocurrió allí. Comenzando en el versículo 13 de Lucas capítulo 23:

“ Entonces Pilato convocó a los principales sacerdotes, a los gobernantes y al pueblo, y les dijo: Me habéis presentado a este hombre como uno que incita al pueblo a la rebelión, pero  habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado ningún delito en este hombre de las acusaciones que hacéis contra Él.  Ni tampoco Herodes, pues nos lo ha remitido de nuevo; y he aquí que nada ha hecho  que merezca la muerte.  Por consiguiente, después de castigarle, le soltaré.» (vv. 13-16).

¿Castigarlo? ¿Por qué? No porque Jesús fuera culpable de nada, solo para poner este problema fuera de sus manos, con la esperanza de poder satisfacer a  los judíos.

“Pero todos ellos gritaron a una, diciendo: ¡Fuera con éste, y suéltanos a Barrabás! 19 (Este había sido echado en la cárcel por un levantamiento ocurrido en la ciudad, y por homicidio.) (vv. 18-19).

Así que aquí está Jesús, que no había hecho nada malo, y dicen: «Queremos verlo muerto, suéltanos a Barrabás, un hombre que era un insurgente conocido y asesino, queremos que lo dejen en libertad. Suéltenlo».

Pilato, queriendo soltar a Jesús, les volvió a hablar,  pero ellos continuaban gritando y diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!  Y él les dijo por tercera vez: ¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho éste? No he hallado en Él ningún delito digno de muerte; por tanto, le castigaré y le soltaré. Pero ellos insistían, pidiendo a grandes voces que fuera crucificado. Y sus voces comenzaron a predominar.  Entonces Pilato decidió que se les concediera su demanda.  Y soltó al que ellos pedían, al que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, pero a Jesús lo entregó a la voluntad de ellos. (vv.20 – 25).

Ahora, ya que consideramos que este juicio, con todas las ilegalidades e irregularidades, empujó  a Jesús a su juicio y ejecución, solo quiero sugerir que nos llevemos algunas consideraciones en nuestro propio corazón.

En primer lugar, los que traicionaron, juzgaron y condenaron a Jesús eran culpables de traición contra el Santo de Dios. Ellos fueron culpables, ellos eran culpables —tanto los judíos como los romanos. Pero esto es lo que debemos recordar -—que ellos estaban cumpliendo el plan que Dios había orquestado, para que pudieran ser redimidos de sus pecados. ¡Imagínate! ¡Piensa en esto! Ellos eran culpables. No tenían excusa.  Enviaron Cristo a la muerte. Asesinaron al Santo de Dios. Pero también estaban cumpliendo con el plan que Dios había diseñado desde eternidad pasada con el fin de que pudieran ser expiados sus pecados.

Entonces, en segundo lugar, veo que el juicio de Jesús es una apologética poderosa del hecho de que Él verdaderamente no tenia pecado. Si alguna vez te preguntaste, Su juicio demostró Su inocencia claramente.

Pablo predicaba en Antioquia años más tarde, y dijo en Hechos capítulo 13: « Y aunque no hallaron causa para darle muerte, pidieron a Pilato que le hiciera matar.» (v. 28).

Escucha, Pilato era un gobernador experimentado. Sabía cómo darse cuenta de quién era culpable y quién no. Él sabía que Jesús no era culpable, e incluso en la valoración secular, de este líder pagano, encontramos la verdad de que Jesús fue sin pecado. . . Si alguna vez te lo has preguntado.

Entonces, cuando las autoridades nos ofendan, abusen de su poder y  mientan, recordemos  a Jesús ante Herodes, ante Pilato ante el Sanedrín y esto puede consolar nuestras almas. Él ya ha estado allí, Él ha experimentado eso, Él lo hizo por nosotros, lo que realmente me lleva a este punto importante:

El juicio, una vez más, señala el carácter sustitutivo de la obra de Cristo al salvarnos. El Santo Hijo de Dios soportó los juicios —ya que eran falsos — como representante de los pecadores. Se quedó allí, en nuestro lugar, llevando nuestros pecados, fue a juicio por nuestros pecados.

En el libro que cité esta semana de F.W Krummacher llamado “El Salvador sufriente”, que está disponible en inglés.  (Y de nuevo, es un libro muy rico. Es posible que desees obtener una copia.) Él dice:

El Señor está delante de Herodes, como lo hizo ante Anás , Caifás y Pilato, no solo para ser juzgado por los hombres, sino por Dios, y al mismo tiempo, y es mi pecado el que Él expía y mi deuda la que Él liquida.

Estaba allí de pie, no solo siendo juzgado por los gobernantes humanos, sino también siendo juzgado como mi representante por Dios. . . de pie en mi lugar. . juzgado por mis pecados. Así que un hombre culpable que merecía morir, es decir, Barrabás —fue liberado, como nosotros fuimos liberados. Y Jesús, que no había hecho nada digno de muerte, fue ejecutado en su lugar y en el nuestro—una imagen de la muerte sustitutiva de Jesús en nuestro lugar.

Y ahora solo un recordatorio. Al considerar el juicio de Cristo, recuerda que en Su juicio terrenal, Jesús fue juzgado, pero un día el cuadro cambiará  y Él será el Juez Supremo que hará un juicio justo.

Si has confiado en Cristo como tu Salvador, que murió en tu lugar, por tus pecados (¿has puesto tu fe en Él?). Entonces no tienes nada que temer ese día cuando el Juez Justo venga blandiendo Su espada para reivindicar toda justicia y juzgar todos los males. No tienes nada que temer. Pero si has rechazado a Cristo, no creyendo en Él, si no has confiado en Él, o si estás tratando de salvarte a ti misma, entonces puedo decirte que tienes mucho que temer cuando el Juez Justo venga  a pronunciar Su juicio justo.

Leslie: El juicio de Jesús fue un aborto de la justicia. He oído esta alusión antes, pero aprecio la forma en Nancy nos llevó con profundidad por este tema. Su aplicación ha sido convincente. Toda la serie, El Cristo incomparable, lo ha sido. A medida que escuchas, tu comprensión de la historia del Evangelio te irá enriqueciendo. Y más que eso, te  animará a conocer y adorar a Jesús de una manera más profunda.

Para obtener más detalles sobre esto y sobre cómo escuchar El Cristo incomparable en línea, solo tienes que visitar www.AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Cómo reaccionas cuando alguien te acusa de algo? La mayoría de las personas se defienden, pero cuando fue acusado, la respuesta de Jesús fue increíble. Hablaremos de eso mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

No Merecía Tanto Amor, Jesús Adrián Romero, A Sus Pies ℗ 2002 Vastago Producciones.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Las maravillas de su creación

Señor… cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria…?

Salmo 8:3-4

Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles… siendo entendidas por medio de las cosas hechas.

Romanos 1:20

El Dios Creador (1)

Las maravillas de su creación

21 de diciembre de 1968: con el cohete Saturno 5 de la misión Apolo 8, por primera vez unos hombres fueron enviados más allá de la órbita terrestre. Su misión era ir hasta la luna, dar vuelta alrededor de ella en órbita y volver a la tierra. La misión era peligrosa, pero sería un éxito tecnológico. Era también la revelación del esplendor del espacio celeste. Por la ventanilla de su módulo, los tres astronautas asistieron a un espectáculo inolvidable: la salida de la tierra, el «planeta azul», más allá del horizonte lunar. Se estima que mil millones de personas vieron las fotos y tomaron conciencia de la belleza de su planeta.

El 24 de diciembre los astronautas declararon que tenían un mensaje para «los de la tierra». Por turno, leyeron los primeros versículos de la Biblia: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra… Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche… Y vio Dios que era bueno”.

Menos de un año después, el astronauta Aldrin, quien en el transcurso de la misión Apolo 11 había dado algunos pasos sobre la luna, recitó el Salmo 8 (versículo del día).

Esos astronautas le rindieron homenaje a Dios por haberles develado una parte de las maravillas del espacio que nos rodea.

Y todo creyente, maravillado a su vez, también puede dar gloria a su Creador.

(mañana continuará)

Zacarías 8 – Apocalipsis 17 – Salmo 146:8-10 – Proverbios 30:21-23

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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20/63 – El Corazón del Problema | Marcos 7:1-23 

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

Serie: Marcos

20/ 63 – El Corazón del Problema | Marcos 7:1-23

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

35 – El Cristiano y El trabajo 2da Parte

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

35 – El Cristiano y El trabajo 2da Parte

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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La soberanía de Dios

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La soberanía de Dios

R.C.Sproul

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En esta sesión de nuestro estudio de la predestinación, quisiera enfocar nuestra atención en la soberanía de Dios. Una de las razones por las que creo que es importante empezar con esto en nuestro estudio de esta doctrina es porque es un área en la que casi todos los cristianos están de acuerdo. Concordamos en que Dios es soberano.

La manera en que entendemos la soberanía de Dios puede diferir de un cristiano a otro, pero en sí, todos nos adherimos a la confesión de que Dios es soberano. El tercer capítulo de la Confesión de Westminster empieza con estas palabras, “Dios desde toda la eternidad, por el sapientísimo y santísimo consejo de su propia voluntad, ordenó libremente e inmutablemente” (es decir sin ninguna posibilidad de cambio) Dios “ordenó libremente y de forma inmutable todo lo que acontece;”

Hagamos un alto aquí en el punto y coma. Dios, desde la eternidad, según su propio y santo consejo ordenó de forma libre e inalterable, o predeterminó todo lo que iba a pasar. Hice un alto en esa parte en la clase del seminario y le dije a mis estudiantes, “¿Cuántos de ustedes creen en esta declaración?”

Ahora, ustedes tienen que saber que se trataba de un seminario presbiteriano, por lo que esos estudiantes estaban bien anclados en la tradición agustiniana, y por eso obtuve como el 70% de los votos, una gran mayoría lo creía.

Luego dije, “OK, ¿cuántos de ustedes no creen en esa declaración? Y más o menos 30 manos se levantaron, y les dije, “Está bien, ahora déjenme hacerles otra pregunta”. Sin temor a recriminaciones, nadie los va a señalar, solo quisiéramos saber, tengan la libertad de presentar su posición — ¿cuántos de ustedes se llamarían a sí mismos “ateos”?

Y nadie levantó su mano. Y empecé a hacer uso de mis dotes de Sherlock Holmes: “Solo hay una cosa que no entiendo”, les dije –Miré a esos 30 que habían levantado sus manos, y les dije, “¿Les molestaría si les hago una pregunta personal?”

Les dije, “No puedo entender por qué los que levantaron su mano diciendo que no creen en esta afirmación, no levantaron su mano cuando pregunté si eran ateos”. Y ellos me miraron con una mezcla de perplejidad y desconcierto—la misma clase de mirada que estoy viendo en sus ojos ahora—y les decía, “porque si ustedes no creen en esa declaración, está claro que, en esencia, al final, son ateos”.

Y es posible que fue la frase más desconcertante que ellos jamás oyeron en sus vidas.

Les dije, “Bueno, entendamos que esta declaración que acabo de leer, de que Dios ha pre-ordenado todo lo que pasará, no es una declaración que es única al calvinismo o al presbiterianismo.

No distingue a la tradición reformada de otras tradiciones; ni siquiera distingue a los cristianos de los judíos o de los musulmanes. Esta declaración distingue a los teístas de los ateístas. Ahora, ellos seguían desconcertados mientras continuaba con mi arenga, y les dije,

“¿No ven que si hubiera algo que pasa en este mundo fuera de la pre-determinación de Dios, que si no hay un sentido por el cual Dios está ordenando todo lo que va a pasar, entonces, en cualquier momento algo sucede fuera de la pre-determinación de Dios; y, por lo tanto, está pasando fuera de la soberanía de Dios?”

Porque entendemos que cuando hablamos acerca de Dios ordenando las cosas, hay diferentes maneras en las que Dios ordena que pasen; esto no necesariamente significa que Dios se lanza al planeta y hace que algo pase a través de un involucramiento directo e inmediato de su parte. Pero la clave, yo creo, en esta declaración, tiene que ver con la palabra “ordenar”. Todo lo que esta declaración expresa es que Dios es soberano sobre todo lo que pasa.

Todo lo que pasa en este mundo no puede suceder separado de la soberanía divina. Algunas veces distinguimos entre lo que se conoce como la voluntad eficaz de Dios y su voluntad permisiva. De seguro has oído esas distinciones.

Permítanme trabajarlas y definirlas en los términos más fáciles. Si algo pasa en este mundo, por el poder de los humanos, por el poder de la naturaleza, por el poder de las máquinas, Dios siempre tendrá el poder y la autoridad para evitar que al menos suceda, ¿no es cierto?

Y si Él no evita que eso pase, entonces significa al menos lo siguiente: que Él ha escogido que eso suceda. Eso no significa que lo aplauda; no significa que esté a favor, como si Él le diera su consentimiento divino, pero lo permite, no en el sentido, una vez más, de aprobarlo todo el tiempo, sino que Él permite que suceda, y al permitirlo, Él está tomando una decisión, y la está tomando de forma soberana.

Y Él conoce por adelantado lo que va a pasar, y si Él decreta que esto llegue a pasar, Él está reteniendo su soberanía sobre eso. Ahora, si las cosas pasan en este mundo fuera de la soberanía de Dios, entonces eso simplemente significa que Dios no es soberano.

Y la razón por la que hice la pregunta del ateísmo es, por supuesto, que si Dios no es soberano, entonces Dios no es, ¿qué? Dios.  Así de simple. Si Dios no es soberano, Dios no es Dios, y si el dios en el que tú crees no es un dios soberano, entonces no crees realmente en Dios. Puedes tener una teoría de Dios, puedes tener un teísmo teórico, pero al final, para todo propósito práctico, no es diferente del ateísmo porque estás creyendo en un dios que no es soberano.

Ahora, ¿Cuáles son las consecuencias prácticas de un Dios que no es soberano? Piensa en esto desde la perspectiva de aquellos que se profesan cristianos. Me gusta explicarlo de esta manera: Si hay una molécula en el universo corriendo, fuera del control de la soberanía y el control de la soberanía de Dios, a lo que llamo, “una molécula suelta”, entonces, lo que esto implica en forma práctica para nosotros como cristianos es que no tenemos ninguna garantía de que alguna promesa futura que Dios ha hecho a su pueblo se llegue a cumplir.

Hay una vieja rima infantil estadounidense que dice: ‘a falta de un clavo, el zapato se perdió; a falta de un zapato, el caballo se perdió; a falta de un caballo el jinete se perdió, a falta de un jinete la batalla se perdió, ¿se perdió la guerra?’ Una bacteria pulmonar se llevó a Simón Bolívar a los  47 años, y la historia de Sudamérica ya no fue la misma. Algo minúsculo como eso puede cambiar el curso de la historia.

Una bala en la cabeza de John Kennedy cambió el curso de la historia de Estados Unidos. Ahora, si tenemos una molécula suelta andando por allí, no tendremos la más mínima seguridad de que esa sola molécula no se convertiría en el grano de arena que dañe la maquinaria del plan eterno de Dios.

Podría ser que lo que está desbocado haga que, finalmente, sea imposible el retorno de Cristo a este planeta. Podría ser lo que destruye cualquier esperanza para la consumación del reino de Dios, y deja todas las promesas de Dios sin cumplirse.

¡No existen moléculas sueltas en un universo donde Dios es soberano! Ahora necesito continuar con lo que dice la Confesión de Fe de Westminster.

¿Recuerdan que paramos en un punto y coma? Después de ese punto y coma, la Confesión rápidamente añade, “que aunque Dios ordena todo lo que va a pasar, sin embargo, lo hace de tal manera que, “Él no es el autor del pecado, ni violenta la voluntad de las criaturas, ni quita la libertad o contingencia de causas secundarias, sino que, más bien, las establece”.

Entonces no estamos hablando de un determinismo rígido que elimina criaturas libres. Sino que estamos afirmando a un Dios soberano que es soberano aun sobre criaturas libres. Ese es el punto que hace la confesión. Ahora, esto nos lleva al espinoso problema que surgió, al menos brevemente, en uno de nuestros momentos de discusión.

“Si Dios es totalmente soberano y si la gente está caída y algunos perecen, ¿cómo puede Dios, que es soberano, permitir el mal en el mundo? ¿cómo puede Dios permitir que la gente perezca?

Si Dios sabe de antemano, por ejemplo, que tal persona va a nacer y va a vivir su vida y que perecerá eternamente en el infierno, ¿cómo puede un Dios bueno permitir que eso suceda?”

Para presentarles el problema de una forma más gráfica, consideremos por un momento la relación de un Dios soberano con un mundo que está caído, porque hay dos cosas con que todo cristiano concuerda: 1) que Dios es soberano y 2) que el mundo está caído.

¿No coincidimos todos en eso? De hecho, no hay discusión en ese punto entre Calvinistas y Arminianos o Agustinianos y Semi-Pelagianos.Todos afirmamos que Dios es soberano y todos afirmamos que el hombre está caído.

Es el tema de la relación entre el Dios soberano y un mundo caído el que ahora capta nuestra preocupación y nuestra atención. En esencia hay cuatro maneras en las que Dios puede relacionarse, como Dios soberano, con un mundo caído. Número 1, Dios pudiera decidir no darle a ningún caído la oportunidad de salvación.

Su amor es un amor justo y santo y un Dios justo y santo no- ‘tie-ne’ que amar a una creación rebelde al punto de extenderle misericordia. Él podría amar al hombre caído y castigar al hombre caído, a quien Él ama, como una expresión de su justicia. (Veremos eso después).

Enfoquémonos por ahora en las cuatro cosas que Dios puede hacer. Él puede decidir eso, “No daré oportunidad a persona alguna para que sea salva.” Ahora, antes de seguir, déjenme preguntar lo siguiente: Si Dios decidiera no salvar a nadie, ¿habría algo de malo con eso?

Si Dios decidiera castigar a la raza humana entera debido al rechazo a Dios y la rebelión a Dios por parte de la raza humana, la única objeción que pudiéramos señalar es que Dios es justo.

¡Y eso no llega a ser una objeción!

Es decir, pueden imaginarse a un abogado levantándose en una sala de juzgado y diciendo: “Objeción su Señoría. No estoy de acuerdo con esa decisión porque es justa”.

¿Qué tan lejos podría llegar eso? Es decir, Dios estaría perfectamente justificado para ejercer justicia contra una creación injusta.

Pero saben qué, acechando detrás de esto, está de alguna manera, la suposición de que Dios, si en efecto va a ser un Dios bueno, tiene que ser misericordioso.

Y como siempre he dicho a mis estudiantes, ese es uno de los grandes peligros del pensamiento cristiano. Tan pronto tu mente te dice que Dios tiene que ser misericordioso o que Dios tiene que ser amable, tan pronto pienses por un segundo que Dios está obligado a ser misericordioso, una alarma debería sonar en tu cabeza y alertarte de que ya no estás pensando más en misericordia.

Porque, por definición, la gran diferencia entre misericordia y justicia es que la misericordia nunca, nunca, nunca es obligatoria. La misericordia, por definición, es algo que Dios no tiene que hacer. Es algo que Dios hace de forma voluntaria, libre.

Pero tan pronto como pienses que Él nos debe misericordia, tú ya dejas de pensar en misericordia. La justicia se puede deber, pero la misericordia nunca es obligatoria.

¿Entendemos eso? Tenemos que entender ese principio. Bueno, esa es una opción.

Dios podría haber dicho: nadie en este planeta, ya que todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios –y Él percibe desde la eternidad, Él nos ve, Él ve nuestra caída— Él dice que pudiera decidir no dar ninguna oportunidad para salvación.  ¿Cierto? Lo Segundo es que Él podría brindar una oportunidad para que todos sean salvos. (En realidad, hay seis cosas que podríamos hacer aquí y estoy tratando de acortar por efectos del tiempo, y voy a poner entre paréntesis aquí –o Él podría crear una oportunidad para que algunas personas sean salvadas).

Pero, a fin de cuentas, Dios podría darle al mundo una oportunidad de salvación y establecerlo de tal manera que todos, o algunas personas, al menos tuvieran la oportunidad de ser salvos;

Pero no hay garantía de que alguien podría salvarse. ¿Estamos? A eso nos referimos con ‘oportunidad’. Dios es un redentor de igualdad de oportunidades en este esquema. La tercera opción es que Dios, haciendo ejercicio de su poder y soberanía, pudiera inmiscuirse en la situación humana, no solo brindando una oportunidad de salvación, sino obrando en los corazones de la gente caída, para asegurar la salvación de algunos.

O pongámoslo de esta manera: asegurar la salvación de todos. Es decir, Dios puede intervenir a favor de todos, asegurando su salvación. Es decir, en su soberanía, Él podría guiar los pasos de una persona y así influenciar internamente sus corazones para llevarlos en efecto a la fe.

Ahora, de nuevo, ¿Tiene Dios es poder de hacer eso? Sí. Ahora, Él podría hacer eso por algunos o podría hacer eso por todos. Estas son distintas opciones que Dios tenía o tiene.

A lo que queremos llegar en esta serie es: ¿Qué es lo que en realidad ha hecho? Ahora, ¿revela la Biblia que Dios no ha provisto oportunidad para que alguien sea salvo?

Como cristianos, esa la podemos eliminar de inmediato. No hay discusión allí. Todos concordamos que este no es un punto de vista bíblico, que Dios no haya hecho provisión alguna para la salvación.

Ahora, ¿qué hay de la idea de que Dios intervenga en la vida de todos y asegure la salvación de todos? ¿Cómo llamamos a este enfoque? Universalismo. Y hay cristianos que creen en el universalismo.  Pero, históricamente, el debate entre el semipelagianismo y el agustinianismo no es un debate alrededor del universalismo.

En esos dos puntos de vista ambos concuerdan, ¿en qué? Que solo algunas personas, finalmente, son salvadas. Ellos son particularistas en lugar de universalistas.

Pareciera que la Biblia enseña, creo claramente, que hay quienes están perdidos, finalmente perdidos y que en el día del juicio final se perderán. Como nuestro Señor señala: algunos serán enviados a la oscuridad exterior para siempre, llorando y crujiendo los dientes.

Entonces, creemos que hay algunas personas que nunca serán redimidas.  Entonces esto debe ser eliminado. Ahora lo que nos queda son estas alternativas: o Dios da la oportunidad a todos o solo a algunos; o Dios hace más que simplemente poner a disposición una oportunidad.

Él realmente interviene y se asegura de que algunas personas sean salvadas. Ahora, esto es lo que llamamos (eso debería ser algo en que Dios asegura que algunos sean salvos)

Ahora, esta es la posición del agustinianismo: que Dios garantiza la salvación de los elegidos o de aquellos que están predestinados a ser salvos. Las opiniones no-agustinianas caen bajo esta categoría, una u otra. Sea que Dios haga posible para todos o para algunos el ser salvos.

Todos tienen la oportunidad, o algunos tienen la oportunidad. Ahora, antes de debatir sobre cuál es realmente el caso, permítanme hacer esta pregunta: ¿Podría Dios garantizar la salvación de todos, si así Él lo decide? ¿Él tiene el poder soberano para hacerlo?

Ahora, ten presente que una de las objeciones más frecuentes a la postura agustiniana de la predestinación es que Dios interviene en la vida de ciertas personas y garantiza su salvación, pero no lo hace por todos. Y la objeción para la postura no agustiniana es: “¡Hey Dios! ¡Eso no es justo! Si lo vas a hacer por algunos, entonces tú lo tienes que hacer, ¿por quién? ¡Por todos!

Pero ¿te das cuenta que la persona tiene el mismo problema? Si esta persona cree que Dios tiene el poder de otorgar a todos la salvación, y no lo hace, realmente ese argumento se derrumba porque todo lo que Dios hace en ese caso es dar la oportunidad a humanos caídos para ser salvos.

En este caso, Dios hace más que dar la oportunidad; Él asegura que algunas personas serán salvadas. En este esquema, no hay seguridad de que alguien sea salvado.

De hecho, como creo que veremos luego, nos asegura que si tomamos en serio el punto de vista bíblico del ser humano caído, su actitud hacia Dios y la gracia de Dios, al menos garantizaría en mi mente que nadie sería salvo.

En otras palabras, a lo que me refiero es que una de las principales objeciones a la posición reformada o agustiniana es que no es lo suficientemente benévola, cuando de hecho, es más que benévola. Porque Dios no solo dice: “Está bien, aquí está la cruz. Elígela si quieres”, y deja a las personas a su decisión. Pero Dios aplica la obra de Cristo. El Espíritu Santo obra en personas que están muertas en delitos y pecado para llevarlos a la fe y para asegurar que la muerte de Cristo nunca sea en vano, que Cristo verá la angustia de su corazón y quedará satisfecho.

Las Escrituras hablan de Dios entregando personas, Dios el Padre entregando personas a Dios el Hijo. Entonces, lo que vemos aquí es que el único esquema, en el que al menos nos favorece, teóricamente, la oportunidad se da a todos. Cualquiera que crea en el Evangelio puede ser salvo. Sin embargo, hay millones, millones y millones de personas que nunca escuchan el Evangelio, que de hecho no tienen la oportunidad.

La única oportunidad real, de lo único que realmente podemos hablar aquí es que algunos tienen la oportunidad; algunos que no están predestinados tienen la oportunidad de ser salvos.

Es decir, este argumento sería que todos los que escuchan el Evangelio, al menos tienen la oportunidad de ser salvos. Pero Dios no ha garantizado que todos en el mundo escucharán el Evangelio.

¿Podría Dios asegurarse de que todos en el mundo escuchen el Evangelio? ¿Podría anunciarlo en las nubes si así lo quisiera? Sí, pero Él no lo hace. Y entonces nos quedamos con el problema de que Dios no hace todo lo que Dios, posiblemente, podría hacer.

Dentro de los límites de su propia rectitud, Él no hace todo lo posible para asegurar la salvación del mundo. Ahora, ¿por qué no? No lo sé. No tengo idea por qué no. Sé que él no lo hace. Eso sí está claro. Y sé que no hay sombra de variación alguna en Él.

Sé que Dios no tiene la menor obligación de salvar a nadie, y sé que Dios salva a algunos. Pero Dios es Dios, y Dios le recuerda a su pueblo un principio crucial de la soberanía divina.

Lo veremos de cerca más adelante en esta serie, donde Dios le recuerda a Moisés y luego a la iglesia a través de Pablo, de su prerrogativa divina. “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia.” Dios nunca debe misericordia.

Rápidamente, si Dios solo salva a algunas personas, tenemos que entender que hay dos grupos de personas en el mundo: los salvos y los no salvos. Pero todos son parte de un grupo de pecadores. Todos han caído; todos están en rebelión contra Dios. Lo que Dios hace, según la posición agustiniana, es que soberanamente elige, escoge y redime a algunos y al resto los pasa por alto.

Entonces, lo que tienes en este esquema es que de un grupo tiene misericordia. ¿Qué obtiene este grupo? Justicia. ¿Quién obtiene injusticia? Nadie obtiene injusticia.

Ahora, misericordia no es justicia. Misericordia es no-justicia e injusticia es no-justicia. Pero injusticia y misericordia no son lo mismo. Ambos están fuera de la categoría de justicia. Aquí está la justicia, y aquí tenemos la no-justicia y la no- justicia es de dos formas: misericordia e injusticia.

Una forma de no-justicia es la misericordia. ¿Hay algo pecaminoso o perverso en la misericordia? No, la misericordia es totalmente buena. ¿Hay algo pecaminoso o perverso en la injusticia? Sí, la injusticia es una violación de la justicia. La injusticia es pecado; la injusticia es malvada.

Ahora, si Dios le mostró Misericordia a este grupo, e injusticia a este grupo, entonces Dios vería comprometida su integridad. Pero Dios le da justicia a un grupo, misericordia a otro grupo. Nadie ha sido víctima de injusticia en manos de Dios.

Bueno, tengo que parar en este punto y decirles que en nuestra próxima sesión consideraremos dónde entra en juego el libre albedrío del ser humano en todo esto.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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