Creo en Dios

Viernes 20 Abril

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No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

Juan 14:1

Estas (señales) se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Juan 20:31

Creo en Dios

«El conocimiento de la existencia de Dios, sin Jesucristo, es inútil y estéril», escribió Blaise Pascal, matemático y filósofo cristiano.

Hoy en día mucha gente dice ser creyente. Pero cuando se les interroga sobre lo que esto significa para ellos, afirman que creen en la existencia de un ser supremo llamado Dios. Para ellos, ser creyente es simplemente lo contrario de ser ateo.

Como hay tantas religiones en la tierra, dicen que es difícil saber cuál es la buena. Ser deísta evita decidirse por una religión y permite estimarse tolerante. Algunos piensan que con solo creer en la existencia de Dios es suficiente para que él los apruebe.

Sería bueno detenerse en la declaración de Blaise Pascal. Ella es conforme a lo que dice la Palabra de Dios, pues hace la distinción entre la fe en Dios y la fe que salva.

Creer en la existencia de Dios no basta. No soluciona nada en cuanto al mal o al pecado que contamina el corazón del hombre.

La fe que salva no solo es una fe en Dios, sino la fe o la plena confianza en la obra de Jesucristo, el Hijo de Dios muerto en la cruz para borrar los pecados.

¿Qué clase de fe es la suya? ¿Puso usted su confianza en Jesucristo como su Salvador?

Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Isaías 30-31 – 1 Pedro 5 – Salmo 46:1-3 – Proverbios 14:3-4

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El Calvario

Jueves 19 Abril

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Fuisteis rescatados… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo.

1 Pedro 1:18-19

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras.

Efesios 2:8-9

El Calvario

¿Qué evoca para nosotros la palabra «calvario»? ¿Un momento especialmente doloroso de la vida? Originalmente esta palabra designa una colina ubicada cerca de Jerusalén, llamada también Gólgota, donde Jesucristo fue crucificado y pasó por terribles sufrimientos. En el evangelio podemos leer: “Él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio” (Juan 19:17-18). Antes, Jesús mismo había anunciado: “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:14-15). Entonces, ¿por qué Jesús, hombre perfecto, tuvo que ser crucificado?

Ante Dios, quien es infinitamente santo, toda falta merece un castigo. Ninguna «buena obra» ni el dinero pueden borrar un solo pecado. Era, pues, necesario un medio de salvación, algo que pudiese purificarnos ante los ojos de Dios. ¡Y esto solo era posible mediante la muerte de una víctima absolutamente perfecta! Por eso Dios dio “a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Tres días después de su sacrificio, Jesús resucitó, prueba de que la justicia del Dios santo había sido satisfecha.

Era necesario que Cristo muriese para pagar con su vida el precio del perdón de mis pecados y los de todos los que aceptan este sacrificio de amor. ¡Esto es lo que el Calvario nos recuerda!

Isaías 29 – 1 Pedro 4 – Salmo 45:10-17 – Proverbios 14:1-2

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 Nuestro Señor Jesucristo… se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo.

Miércoles 18 Abril

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 Nuestro Señor Jesucristo… se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo.

Gálatas 1:3-4

El Señor mismo… descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

1 Tesalonicenses 4:16

El Señor mismo

El gran Dios Soberano, creador de los cielos y de la tierra, dispone de un ejército de siervos, los ángeles poderosos que ejecutan su palabra (Salmo 103:20-21). En todas las épocas los ha empleado para intervenir a favor de los creyentes. Por ejemplo, para proteger a Lot del juicio de Sodoma (Génesis 19:1-26) o para liberar a Pedro de la mano del rey Herodes (Hechos 12:1-17).

Pero la obra que nos salva solo podía ser cumplida por el Hijo de Dios. Jesucristo, víctima perfecta, satisfizo la justicia del Dios Santo. “Se despojó a sí mismo… se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:7-8), “habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo” (Hebreos 1:3). La necesidad de la intervención personal del Hijo de Dios, de su encarnación y de su muerte para solucionar el problema del pecado nos muestra la gravedad de este. Y la prueba de su amor por nosotros es el hecho de haberse ofrecido para llevar a cabo esa obra.

Hay otra misión que nuestro Señor no confiará a nadie: llevarnos con él a la casa de su Padre. Entonces podrá manifestar una vez más todo su amor hacia aquellos por quienes dio su vida. Solo entonces su amor divino será satisfecho, cuando al fin se presentará “a sí mismo, una iglesia gloriosa…” (Efesios 5:27).

Isaías 28 – 1 Pedro 3 – Salmo 45:6-9 – Proverbios 13:24-25

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Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón. Proverbios 4:2

Martes 17 Abril

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Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón.

Proverbios 4:23

Confía en el Señor, y haz el bien… Guarda silencio ante el Señor, y espera en él.

Salmo 37:3, 7

Guarda mi alma, y líbrame; no sea yo avergonzado, porque en ti confié.

Salmo 25:20

Reflexiones

«Estoy envejeciendo, y mis recuerdos se me escapan, pero hay dos cosas que no puedo olvidar: soy un grandísimo pecador y Jesús es un grandísimo Salvador».

Isaac Newton

«El siervo debe aprender a no ser nada para que solo el Señor sea admirado».

«La apreciación de la gracia de Dios no llena de orgullo al que se beneficia de ella, sino que lo vuelve humilde. Pone al hombre en su lugar y da a Dios el suyo».

«Empezamos la eternidad entrando en el mundo. El tiempo de nuestra vida en la tierra es una corta fase, que pasa como una neblina, pero en la cual se decide de qué lado se hallará definitivamente cada uno después de la muerte».

«Dios no quiere ni nuestros dones ni nuestras obras antes de poseernos a nosotros mismos».

«Estando cada uno a los pies del Señor, los creyentes estarán cerca los unos de los otros».

«Cuando la tentación llama a nuestra puerta, pensemos en Jesús: él puede librarnos».

“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:21).

Isaías 27 – 1 Pedro 2:11-25 – Salmo 45:1-5 – Proverbios 13:22-23

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¡Ay, me lastimaste!

Si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

1 Corintios 12:26-27

(Cristo) es la cabeza (o el jefe) del cuerpo que es la iglesia.

Colosenses 1:18

¡Ay, me lastimaste!

En la escuela Carolina se balanceaba en su silla. Pablo, sentado detrás de ella, extendió sus piernas por debajo de su mesa. De repente la silla de Carolina apretó el pie de Pablo. Este gritó: ¡Ay, me lastimaste! A Pablo no se le ocurrió decir: ¡Le hiciste daño a mi pie! Aunque el herido era el pie, a Pablo le dolía. El pie de Pablo, o su pierna, o su mano, ¡es él mismo! También decimos: Me quemé, me corté… ¡Aunque sea el dedo el que recibe el daño, soy yo el que sufre!

En efecto, el cuerpo humano constituye un todo y está unido de forma vital a la cabeza. Si mi pie está herido, mi cerebro percibe el dolor y todo el cuerpo sufre. El cuerpo y la cabeza están estrechamente unidos, no existen el uno sin el otro.

Todo esto tiene una gran enseñanza para la vida cristiana. La Biblia nos enseña que todos los cristianos forman el cuerpo de Cristo, y que él es la cabeza de ese cuerpo. Cada verdadero cristiano está unido a Jesucristo mediante un vínculo vital; vive de la misma vida que él. ¡No hay nada que pueda romper ese vínculo, el cual perdurará eternamente! ¡Lo que concierne al cristiano concierne, pues, directamente a Jesucristo mismo!

Es consolador saber esto. A través de las tristezas de la vida, Jesús sufre con nosotros.

Esto también nos anima a rodear de afecto y cuidados a todos nuestros hermanos y hermanas en la fe. ¡Ellos son Él!

Isaías 26 – 1 Pedro 2:1-10 – Salmo 44:17-26 – Proverbios 13:20-21

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Mas yo en ti confío, oh Señor; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos.

Mas yo en ti confío, oh Señor; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos.

Salmo 31:14-15

Al que espera en el Señor, le rodea la misericordia.

Salmo 32:10

La confianza

Durante el descanso me encontré con mis compañeros de trabajo.

–¡Buenos días a todos!, les dije.

–¡Parece que tienes algo que decirnos!

–Hace dos semanas unos exámenes médicos permitieron diagnosticar un cáncer. Tuve que empezar un tratamiento fuerte. Debo dejarlos al menos durante unos meses.

–¡Pero pareces perfectamente sano!

–Uno de los médicos me dijo: ¿Sabe que atrapó algo muy malo? Pienso que es una forma de ver las cosas, pero existe otra. Dios permitió esto en mi vida. Él me ama y quiere enseñarme algo importante que no se encuentra ni en los libros ni en Internet.

Todos estaban emocionados… Y agregué:

–Es cierto, es un golpe duro, pero Dios me va a ayudar. Él es el gran Médico.

El Señor me dio la fuerza para hablar a mis compañeros, pero luego pensé en esa conversación: ¿Soy inconsciente? ¿O fanfarrón? ¿O un anticuado que mezcla a Dios con la medicina? No, Dios es todopoderoso y soberano. Él decide lo que quiere y nadie puede pedirle cuentas.

En su amor dio a Jesús, quien murió por mí en la cruz. Dios me perdonó y me hizo su hijo. También pienso en las mil bondades del Señor que he experimentado. No sé cuál será mi futuro, pero sé que mi Señor es fiel y me acompañará cada día, y que también animará a mis familiares.

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).

Isaías 24-25 – 1 Pedro 1:13-25 – Salmo 44:9-16 – Proverbios 13:18-19

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Maestro, siervos y talentos

Sábado 14 Abril

Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Mateo 25:21

Si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo.

1 Pedro 4:11

Maestro, siervos y talentos

Algunas parábolas (7): Mateo 25:14-30

Resumen: Antes de dejar su país, un hombre llamó a tres siervos suyos y les confió sus bienes según sus capacidades. Al primero dio cinco talentos (una gran cantidad de dinero), al segundo dos, y al tercero uno. Los dos primeros hicieron producir los bienes de su señor y duplicaron su valor. Pero el tercer siervo enterró el talento. Cuando el amo regresó, los dos primeros recibieron la misma recompensa; en cambio el tercero fue reprendido y despedido.

Significado: El hombre que dejó el país es Cristo, quien actualmente está en el cielo. Dejó dones, “talentos”, a los hombres; repartió a cada uno según sus capacidades. El regreso del amo es la venida del Señor.

Aplicación: ¿Cómo servimos al Señor? Hay dos posibilidades: lo conocemos realmente y le servimos con diligencia, contando con su gracia e incluso corriendo algunos riesgos; o carecemos de una verdadera relación de fe con él, no lo conocemos y no le servimos realmente. En el primer caso tenemos resultados, pero en el segundo solo hay esterilidad.

Es un privilegio trabajar para el Señor y poner a su disposición nuestra salud, memoria, inteligencia, tiempo libre, bienes materiales… ¿Acaso nos parecemos al siervo “malo y negligente”, descuidando los dones del Maestro? ¿Qué le traeremos cuando vuelva? ¿Podrá decirnos: “entra en el gozo de tu señor”?

(continuará el próximo sábado)

Isaías 23 – 1 Pedro 1:1-12 – Salmo 44:1-8 – Proverbios 13:16-17

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Jesús también te ama a ti

Viernes 13 Abril

 Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

Isaías 1:18

Tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan.

Salmo 86:5

Jesús también te ama a ti

«Hace algunos días uno de mis compañeros de celda me dio un tratado titulado «Jesús también te ama a ti». Estas palabras alcanzaron mi corazón.

Tengo 29 años, nací en una familia cristiana. Estaba muy comprometido en la iglesia del pueblo, participaba en la coral, sin embargo vivía muy alejado de Dios. En el año 1999 abandoné la escuela y repentinamente dejé la casa de mis padres para ir a vivir con un amigo, quien me involucró en un grupo relacionado con actividades de hurto, falsificación de dinero… Pensaba que tenía una vida hermosa, era rico y me respetaban en mi barrio. Mi familia trató de advertirme, pero todo fue en vano.

Como varias veces infringí las reglas de ese grupo, mi vida fue puesta en peligro. Así, pues, más de una vez fui llevado a la cárcel. Cierto día, cuando íbamos a ejecutar un robo con dos amigos, nos descubrieron y mataron a mis dos amigos. Creía que no había más esperanza, pero bueno… Ahora en la cárcel tengo tiempo para pensar en mi futuro.

«Quien siembra vientos, recoge tempestades». ¿Todo había acabado para mí? Estaba desesperado y quería acabar con mi vida. Ese tratado me dio verdadero ánimo justo en el momento oportuno. Entonces decidí poner toda mi vida con fe en las manos del Señor y vivir solo para él. Oren por mí».

Ousmanou

Isaías 22 – 2 Tesalonicenses 3 – Salmo 43 – Proverbios 13:14-15

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Más cerca, ¡oh Dios!, de Ti

Jueves 12 Abril

 Invoqué tu nombre, oh Señor, desde la cárcel profunda; oíste mi voz… Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas.

Lamentaciones 3:55-57

Más cerca, ¡oh Dios!, de Ti (2)

El 14 de abril de 1912, mientras hacía su travesía inaugural, el lujoso transatlántico británico Titanic chocó con un iceberg. Había sido calificado como insumergible, pero se hundió en menos de tres horas. De los 2.200 pasajeros, solo sobrevivieron 700. En medio de la angustia de la tripulación que buscaba una solución, del pánico de los pasajeros que buscaban botes salvavidas, la actitud valerosa y noble de los ocho músicos de la orquesta quedó grabada en la memoria de numerosos supervivientes. Bajo la dirección de su jefe, Wallace Hartley, solo dejaron de tocar cuando les fue imposible mantenerse de pie en el barco que se hundía en las aguas. Los ocho músicos perecieron. El último fragmento de música que tocaron fue el muy conocido himno en el mundo anglosajón: «Nearer, my God, to Thee» («Más cerca, ¡oh Dios!, de Ti»; ver 11 de abril).

Se dice que el jefe de la orquesta, un verdadero cristiano, cuyo cuerpo fue hallado semanas después del naufragio, había dicho que si un día tenía que estar en un barco que se estaba hundiendo, tocaría este himno. También había expresado el deseo de que se tocase en sus funerales; y así sucedió ante una multitud de personas.

Wallace Hartley, al tocar este conocido himno, seguramente quería dar un último consuelo a los aterrorizados pasajeros e invitarlos, en medio de su desesperación, a volverse a Dios. A los creyentes les recordaba la promesa del Señor de estar con ellos hasta el fin. Y para los que habían ignorado a Dios en su vida, era urgente que tendiesen la mano hacia él para ser salvos.

Isaías 20-21 – 2 Tesalonicenses 2 – Salmo 42:7-11 – Proverbios 13:12-13

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¿Necesita ayuda?

Martes 10 Abril

Ayúdanos, oh Señor Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos.

2 Crónicas 14:11

En Dios está el poder… para ayudar.

2 Crónicas 25:8

¿Necesita ayuda?

Cuando somos jóvenes queremos sobresalir de una manera u otra, y algunos lo hacen mediante inscripciones en su ropa. Recientemente un estudiante escribió en su camiseta: «Satanás puede ayudarle». ¿Esta inscripción traduce un gesto decepcionado, provocador, o es un clamor de auxilio?

Es cierto que Satanás se ocupa de los hombres, pero no para ayudarlos, sino para alejarlos de Dios, para llevarlos a la perdición eterna. Algunas personas han entregado su alma a Satanás para disfrutar de la prosperidad material en la tierra. Pero, ¡qué locura olvidar la eternidad!

Usted quizá necesite ayuda. Ser conscientes de nuestra vulnerabilidad no significa que nos falte valor, sino que reconocemos sencillamente nuestra incapacidad para resolver solos los problemas que surgen en la vida. Dios nos ama y quiere ayudarnos. Nos mostró su amor cuando Jesucristo, su Hijo unigénito, murió en la cruz (Romanos 5:8). En cambio, Satanás no nos ama, y quiere llevarnos con él a la perdición a la cual está destinado.

El que cree en Jesucristo es salvo y puede disfrutar de la ayuda divina. Dios nos la prometió, y las tres personas de la Trinidad participan en ello: Dios Padre: “Nuestra ayuda y nuestro escudo es él” (Salmo 33:20); Dios Hijo: “Yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28:20); y también Dios Espíritu Santo: “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad” (Romanos 8:26).

¿Tiene dudas? Diga a Jesús, el Hijo de Dios: “Creo; ayuda mi incredulidad” (Marcos 9:24).

Isaías 17-18 – 1 Tesalonicenses 5 – Salmo 41:7-13 – Proverbios 13:9-10

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