Miremos a Jesús para nuestro gozo

MARZO, 05

Miremos a Jesús para nuestro gozo

Devocional por John Piper

Sino que hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres… aman el lugar de honor en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, y los saludos respetuosos en las plazas y ser llamados por los hombres Rabí. (Mateo 23:5-7)

La picazón de la autoestima ansía ser rascada por la aprobación de uno mismo; es decir, si nos da placer sentirnos autosuficientes, no estaremos satisfechos si no hay otros que vean y aplaudan nuestra autosuficiencia.

De ahí la descripción que dio Jesús de los escribas y fariseos en Mateo 23:5-7.

Es irónico. La autosuficiencia debería liberar a la persona orgullosa de la necesidad de que otros lo engrandezcan. Eso es lo que significa ser «suficiente». Sin embargo, es evidente que existe una carencia en la supuesta autosuficiencia.

Nuestro ser no fue diseñado para satisfacerse a sí mismo ni confiar en sí mismo. Nunca podrá ser suficiente. Fuimos hechos solo a la imagen de Dios, no somos Dios mismo. Somos sombras y ecos. Por eso, siempre habrá un vacío en el alma que lucha por estar satisfecha con los recursos de su propio ser.

Esta vana ansiedad por la alabanza de otros muestra el fracaso del orgullo y la ausencia de fe en la continua gracia de Dios. Jesús vio el terrible efecto de esta picazón del ser humano con ansias de gloria. La mencionó en Juan 5:44: «¿Cómo podéis creer, cuando recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?». La respuesta es que no podemos. Desear recibir gloria de parte de otras personas hace que la fe sea imposible. ¿Por qué?

Porque la fe se satisface en todo lo que Dios es para nosotros en Jesús; y si estamos inclinados a satisfacer nuestra picazón con la rascadura de los aplausos de otros, nos alejaremos de Jesús.

Sin embargo, si rechazamos a nuestro ser como la fuente de satisfacción (arrepentimiento), y venimos a Jesús para gozarnos en todo lo que Dios es para nosotros en él (fe), entonces la picazón será reemplazada por una fuente de agua que brota para vida eterna (Juan 4:14).


Devocional tomado del libro “Gracia Venidera”, página 92

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¿Somos cristianos bañados en plata?

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo.

Salmo 51:6

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Salmo 51:10

¿Somos cristianos bañados en plata?

Antiguamente, cuando las monedas estaban hechas realmente de plata, había un método muy sencillo para verificar que no fuesen falsas. Bastaba con dejarlas caer y escuchar el ruido que hacían al tocar el suelo. Si se trataba de una falsificación hecha solo con un baño de plata, se escuchaba un ruido hueco; en cambio, una moneda auténtica sonaba «firme, íntegra», porque era toda de plata, y no solo su exterior.

¡Cuidado! Podemos ser cristianos «bañados en plata». La superficie de nuestra vida está recubierta por una capa de verdad; nuestras palabras concuerdan con lo que dice la Biblia. Pero, ¿qué sucede con el fondo de nuestro corazón? Nuestro verdadero estado se hace patente al escuchar el ruido que hacemos cuando caemos al piso. ¿Qué sucede cuando estamos abatidos, sumidos en una situación imprevista, en medio de la adversidad, ante la tentación? ¿Cómo reaccionamos cuando no tenemos el tiempo o la fuerza necesaria para componernos una actitud religiosa? ¿Nuestra vida suena íntegra, siempre de la misma manera, sea que estemos en la casa, en el trabajo o solos, donde nadie nos ve ni nos oye? ¿Cuáles son nuestros pensamientos secretos?

A la pregunta: “¿Tú quién eres?”, Jesús, nuestro modelo, respondió: “Lo que desde el principio os he dicho” (Juan 8:25).

“Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste; he resuelto que mi boca no haga transgresión” (Salmo 17:3).

Éxodo 17 – Hechos 13:1-25 – Salmo 30:1-5 – Proverbios 10:31-32
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Dios se goza en hacernos bien

MARZO, 04

Dios se goza en hacernos bien

Devocional por John Piper

Haré con ellos un pacto eterno, por el que no me apartaré de ellos, para hacerles bien… Me regocijaré en ellos haciéndoles bien… (Jeremías 32:40-41)

Esta es una de esas promesas de Dios a las que acudo una y otra vez cuando estoy desalentado (sí, le ocurre a los pastores). ¿Se les ocurre algo más alentador que el hecho de que Dios se regocije en hacernos bien?

Él no cumple su promesa a regañadientes (Romanos 8:28). Es su gozo hacernos bien; y no solo a veces: ¡Siempre! «No me apartaré de ellos, para hacerles bien…».

Aunque algunas veces nuestra situación es tan difícil de tolerar que simplemente no podemos mostrar ningún gozo. Cuando eso me ocurre, trato de imitar a Abraham: «él creyó en esperanza contra esperanza» (Romanos 4:18). Dios ha sido siempre fiel en proteger esa pequeña chispa de fe en mí, que con el tiempo (no inmediatamente) se enciende para convertirse en una llama de felicidad y plena confianza.

¡Cuánto me alegra que aquello que hace más feliz al Dios Todopoderoso sea hacernos bien, a ustedes y a mí!


Devocional tomado del articulo “¡Una promesa para ti!”

Los “si” que nos turban

Domingo 4 Marzo

(Jesús) os ha reconciliado… para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe.

Colosenses 1:21-23

Si vivís conforme a la carne, moriréis.

Romanos 8:13

Los “si” que nos turban

El Nuevo Testamento es muy claro sobre la manera en que se puede ser salvo: “¿Qué debo hacer para ser salvo?… Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:30-31). Dios salva a todo el que cree, y lo salva gratuitamente. “Es don de Dios” (Efesios 2:8). Dios así lo afirma, y él jamás se contradice.

Pero después de habernos salvado, Dios nos coloca ante las responsabilidades que esto conlleva. Por eso en la Biblia encontramos algunos “si”, como en los versículos de hoy, que parecen poner condiciones para ser salvos. ¿Qué cristiano podría decir que permanece todos los días en la fe, fundado y firme? ¡No deduzcamos de esto que podemos perder la salvación!

Imaginemos que mi hijo de corta edad está jugando al borde de un estanque. Yo le digo muy seriamente: «Si juegas demasiado cerca, te puedes caer al agua y ahogarte». Le advierto porque lo amo, y por su bien él debe escucharme. Pero, ¿voy a dejar que caiga en el estanque sin intervenir, y que se ahogue por el mero hecho de haberle advertido? ¡Por supuesto que no! ¡Es mi hijo!

Así es como Dios, en su fidelidad, actúa con nosotros. ¡Tengamos en cuenta sus advertencias paternas! Pero no nos turbemos pensando que estos “si” podrían anular la gracia soberana de Dios: él nos salvó. Si nuestra seguridad eterna dependiese, aunque fuese un poco, de nuestra conducta futura, nunca tendríamos ninguna seguridad.

¡La obra que Jesús cumplió, y solo ella, es nuestra seguridad! ¡Alabado sea Dios!

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Dios obra a través de buenas resoluciones

MARZO, 03

Dios obra a través de buenas resoluciones

Devocional por John Piper

Por esta razón también oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder. (2 Tesalonicenses 1:11)

Buscar el poder de Dios para cumplir nuestros buenos propósitos no significa que no hayamos hecho realmente una resolución o que de verdad no estemos haciendo uso de la fuerza de voluntad.

¡El compromiso del poder de Dios nunca toma el lugar del compromiso de nuestra voluntad! ¡El poder de Dios en la santificación nunca nos hace pasivos! El poder de Dios se involucra debajo o detrás o dentro de nuestra voluntad, no en lugar de nuestra voluntad.

La evidencia del poder de Dios en nuestra vida no es la ausencia de nuestra voluntad sino la fortaleza de nuestra voluntad.

Cualquiera que diga: «Bueno, yo creo en la soberanía de Dios y por lo tanto solo me quedaré sentado y no haré nada», realmente no cree en la soberanía de Dios. ¿Por qué alguien que cree en la soberanía de Dios lo desobedecería tan abiertamente?

Cuando nos quedamos sentados y no hacemos nada, no es que no estemos haciendo nada: estamos activamente comprometiendo nuestra voluntad a la decisión de quedarnos sentados. Y si esa es la manera en que manejamos el pecado o la tentación en nuestra vida, estamos desobedeciendo abiertamente, porque estamos llamados a pelear una buena batalla (1 Timoteo 1:18) y a resistir al diablo (Santiago 4:7) y a buscar la santidad (Hebreos 12:14).

Este versículo dice que es por el poder de Dios que cumpliremos nuestros buenos propósitos y nuestras obras de fe. Sin embargo, esto no anula el significado de la palabra propósito y de la palabra obra. Parte de todo el proceso de tener un caminar digno del llamamiento de Dios es el compromiso activo de nuestra voluntad en la determinación de obrar con rectitud.

Si tenemos pecados que persisten en nuestra vida, o si continuamos siendo negligentes en hacer buenas obras simplemente porque hemos estado esperando a ser rescatados sin pelear ninguna batalla, estamos agravando nuestra desobediencia. Dios nunca aparecerá con poder en nuestra voluntad en ninguna otra forma que no sea la de una buena resolución que hayamos hecho y mantenido.

Así que las personas que creen en la soberanía de Dios no deben tener miedo de comprometer su voluntad en la lucha por la santidad. «Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos tratarán de entrar y no podrán» (Lucas 13:24).


Devocional tomado del sermón “God Glorified in Good Resolves”

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Armémonos de las promesas

MARZO, 02

Armémonos de las promesas

Devocional por John Piper

Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios. (Mateo 5:8)

Cuando Pablo dice que hagamos morir las obras de la carne «por el Espíritu» (Romanos 8:13), yo entiendo por sus palabras que debemos usar la única arma de la armadura del Espíritu que se usa para matar, es decir, la espada, que es la Palabra de Dios (Efesios 6:17).

Entonces, cuando el cuerpo está a punto de cometer un acto pecaminoso motivado por miedo o deseo excesivo, debemos tomar la espada del Espíritu y matar ese miedo y ese capricho. En mi propia experiencia, eso significa principalmente cortar la raíz de las promesas del pecado con el poder de una promesa superior.

Por ejemplo: Cuando empiezo a desear algún placer sexual ilícito, el movimiento de la espada que a menudo ha cortado la raíz de la promesa de este placer es: «Bienaventurados los limpios de corazón, pues ellos verán a Dios» (Mateo 5:8). Traigo a memoria el placer que he saboreado al ver a Dios de manera más clara a partir de una conciencia sin mancha, y me acuerdo de la brevedad y la superficialidad y el regusto de opresión de los placeres del pecado; y con eso, Dios mata el poder conquistador del pecado.

Tener a mano promesas que sean aplicables a la hora de la tentación es una clave para el éxito en la batalla contra el pecado.

Pero habrá momentos cuando no tengamos una palabra de Dios en nuestra mente que se aplique perfectamente a la situación, y no haya tiempo para buscar en la Biblia una promesa adecuada. Por eso, todos necesitamos tener un pequeño arsenal de promesas generales listas para usarse cuando el miedo o los deseos excesivos amenacen con llevarnos por mal camino.

Añadamos constantemente promesas a nuestro arsenal, pero nunca perdamos de vista aquellas pocas promesas escogidas con las que Dios nos ha bendecido en nuestra vida. Estemos siempre listos con las antiguas, y cada mañana busquemos una más para llevar con nosotros durante el día.


Devocional tomado del articulo “Proven Weapons in the Fight for Holiness”

Creador del mundo y Salvador de los hombres

El mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

Juan 1:10

Sabemos que verdaderamente este (Jesucristo) es el Salvador del mundo.

Juan 4:42

Creador del mundo y Salvador de los hombres

“Tuya es, oh Señor, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas… En tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos. Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre” (1 Crónicas 29:11-13). Así hablaba el rey David.

Etán, conocido por su sabiduría, exclamó: “Tuyos son los cielos, tuya también la tierra; el mundo y su plenitud, tú lo fundaste. El norte y el sur, tú los creaste” (Salmo 89:11-12).

Muchos siglos más tarde, los discípulos de Jesús “alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay” (Hechos 4:24).

La voz divina nos dice: “¿Por qué dices… Mi camino está escondido del Señor, y de mi Dios pasó mi juicio? ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es el Señor, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga” (Isaías 40:27-28).

“Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí. Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra” (Isaías 45:21-22).

“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores… Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos” (1 Timoteo 1:15-17).

Éxodo 14 – Hechos 10:25-48 – Salmo 28:6-9 – Proverbios 10:26

El origen de nuestro consuelo

MARZO, 01

El origen de nuestro consuelo

Devocional por John Piper

Entonces ellos gritaron: ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: ¿He de crucificar a vuestro Rey? Los principales sacerdotes respondieron: No tenemos más rey que el César.Así que entonces le entregó a ellos para que fuera crucificado. (Juan 19:15-16)

La autoridad que tenía Pilato para crucificarlo no atemorizaba a Jesús. ¿Por qué?

No porque Pilato estuviera mintiendo. Tampoco porque él no tuviera autoridad para crucificar a Jesús. Sí la tenía.

Por el contrario, esta autoridad no intimidaba a Jesús porque era derivada. Jesús le dijo: «Te fue dada de arriba». Eso significa que era verdaderamente autoritativa. No es menos, sino más.

¿Cómo puede no ser intimidante? Pilato no solamente tenía la autoridad para matar a Jesús; tenía la autoridad otorgada por Dios para matarlo.

Jesús no se sintió intimidado porque la autoridad de Pilato sobre Jesús estaba subordinada a la autoridad de Dios sobre Pilato. Jesús se consolaba en este momento no porque la voluntad de Pilato no tuviera poder, sino porque la voluntad de Pilato era guiada. No porque Jesús no estuviera en las manos del temor de Pilato, sino porque Pilato estaba en las manos del Padre de Jesús.

Eso significa que nuestro consuelo no viene de la falta de poder de nuestros enemigos, sino del reinado soberano de nuestro Padre sobre el poder de ellos.

Ese es el punto en Romanos 8:25-37. Tribulación y angustia y persecución y hambre y desnudez no pueden separarnos de Cristo porque «en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (Romanos 8:35-37).

Pilato (junto con todos los adversarios de Jesús —y los nuestros—) lo pensó para mal, pero Dios lo encaminó a bien (Génesis 50:20). Todos los enemigos de Jesús se juntaron con la autoridad que Dios les dio «para hacer cuanto la mano de Dios y su propósito habían predestinado que sucediera» (Hechos 4:28). Ellos pecaron, pero a través de su pecado Dios salvó.

Por lo tanto, no nos sintamos intimidados por nuestros adversarios, que solo pueden matar el cuerpo. No solamente porque eso es lo único que pueden hacernos (Lucas 12:4), sino también porque todo ocurre bajo la supervisión atenta de nuestro Padre.

¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Y sin embargo, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Es más, aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; vosotros valéis más que muchos pajarillos (Lucas 12:6-7).

Pilato tiene autoridad. Herodes tiene autoridad. Los soldados tienen autoridad. Satanás tiene autoridad. Sin embargo, ninguno es independiente. Toda la autoridad que ellos tienen es derivada. Toda ella está subordinada a la voluntad de Dios. No temamos. Somos preciosos ante los ojos de nuestro Padre soberano. Mucho más preciosos que los pajarillos no olvidados.


Devocional tomado del libro “Why Was Jesus Unintimidated by Pilate?”

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¡No me puedo forzar!

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.

1 Timoteo 1:15

Estas palabras son fieles y verdaderas.

Apocalipsis 21:5

¡No me puedo forzar!

«¡Tú tienes la suerte de creer, tú tienes la fe, yo no! No me puedo forzar, no es culpa mía». Con estas palabras Sonia puso punto final a una conversación que la molestaba.

¿La fe es un privilegio reservado a algunas personas, o es el fruto de un esfuerzo de imaginación? ¡No! La fe consiste en recibir el testimonio de Dios: él quiere darse a conocer a sus criaturas, a quienes ama. No se puede hablar de «forzar» cuando se trata de creer en Dios, quien nos creó a su imagen para que tengamos una verdadera relación con él.

Dios habla al hombre de diversas maneras y vela para que sus mensajes sean comprensibles.

–La creación, el primer mensaje de Dios, es universal. Este testimonio de “su eterno poder y deidad”, de su bondad, hace inexcusable y responsable a quien lo rechaza (Romanos 1:20). No se trata de forzarse, sino de inclinarse para adorar a nuestro maravilloso Dios.

–Dios también habla a los hombres a través de la Biblia. Este mensaje se dirige a la conciencia y al corazón de todos. Al que la lee con rectitud y sin prejuicios, Dios se le revela y hace que tenga “la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Para creer de esta manera no es necesario hacer ningún esfuerzo, sino tener una actitud honesta y sincera.

–Dios también nos habla de manera más personalizada: mediante los detalles de mi vida cotidiana, habla a mi conciencia, me interpela. Solo debo escucharlo…

Rechazar estos mensajes es decir que Dios miente (Juan 3:36). Recibamos el mensaje principal de Dios: nos ama y nos dio un Salvador.

Éxodo 13 – Hechos 10:1-24 – Salmo 28:1-5 – Proverbios 10:24-25

Final y totalmente justificados

Final y totalmente justificados

Devocional por John Piper

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. (Romanos 8:33)

Pablo podría haber dicho: «¿Quién acusará a los escogidos de Dios?» y luego responder: «¡Nadie! Estamos justificados». Eso es cierto, pero no es eso lo que dijo. Su respuesta, en cambio, fue: «Dios es el que justifica».

El énfasis no está en el acto sino en el Actor.

¿Por qué? Porque en el mundo de las cortes y leyes —de donde este lenguaje proviene— la absolución dada por nuestro juez puede ser anulada por uno superior.

¿Y qué pasaría en caso de que un juez local nos absolviera siendo nosotros culpables, si tenemos en cuenta que un gobernador tiene el derecho de presentar un cargo en nuestra contra? ¿Y qué pasaría si un gobernador nos absolviera siendo nosotros culpables, si tenemos en cuenta que el emperador puede presentar un cargo en nuestra contra?

El punto es el siguiente: por encima de Dios, no existe una corte superior. Si Dios es el que nos absuelve —nos declara justos ante sus ojos— nadie puede buscar a otra corte a la que apelar en contra nuestra. La sentencia de Dios es final y total.

Escuchen esto, todos aquellos que creen en Jesús, y están unidos a Cristo, y se muestran entre los elegidos: Dios es el que los justifica. No lo hace un juez humano, ni un gran profeta, ni un arcángel del cielo. Lo hace Dios, el Creador del mundo y el Dueño de todas las cosas y el Soberano del universo y de cada molécula y persona que hay en él. Dios es el que los justifica.

El punto es este: tenemos una seguridad inamovible frente a un sufrimiento terrible. Si Dios es por nosotros, nadie podrá lograr nada en nuestra contra. Si Dios dio a su Hijo por nosotros, él nos dará todo lo que sea bueno para nosotros. Si Dios es el que nos justifica, ningún cargo en nuestra contra prevalecerá.


Devocional tomado del sermón “¡Dios es El que justifica!”

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