La vida interior

(Jesús dijo:) Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Juan 15:4

Estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre.

1 Corintios 15:58

La vida interior

En nuestra época agitada, en la que es necesario ocuparse de múltiples actividades, a veces el cristiano más valiente pasa por momentos en los que se siente agobiado. ¡Es demasiado! Entonces examina con ansiedad qué podría eliminar, trata de organizarse mejor… ¡Todavía sigue siendo demasiado! Está demasiado ocupado… ¡Todo parece imprescindible!

Cuando siente que ya no logra sobrellevar la situación, que se convierte en una máquina en vez de actuar con la fuerza de la vida cristiana, ¿qué puede hacer? Primero debe tomar conciencia de que antes de actuar, hay que ser.La condición primera para actuar es cuidar, con la ayuda de Dios, la vida interior, que debe ser vigorosa y profunda. Solo ella puede producir obras cristianas que Dios aprueba. Esta es una verdad fundamental, pero muy olvidada, pues a menudo nos agotamos, en todo tipo de ámbitos, en esfuerzos inútiles y que nos desaniman. Y si se trata de nuestro trabajo cotidiano, esta vida de comunión con el Señor nos ayudará también a organizarnos mejor para soportar una cantidad demasiado grande de trabajo.

¿En dónde se renueva esta vida interior? En la meditación, la oración, la paciente lectura de la Biblia, en escuchar la voz del Señor y en buscar su comunión íntima. ¡El tiempo que pasamos con él no es, en absoluto, un tiempo perdido! Todo lo contrario, es ahí cuando recibimos la energía espiritual necesaria para servirle.

Éxodo 12:21-51 – Hechos 9:23-43 – Salmo 27:9-14 – Proverbios 10:22-23

Resultados radicales de la resurrección

FEBRERO, 27

Resultados radicales de la resurrección

Devocional por John Piper

Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima. (1 Corintios 15:19)

Pablo concluye, a raíz de los peligros que vive a cada hora, de su diario morir, y de luchar contra las bestias, que la vida que él ha escogido al seguir a Jesús es una necedad y es digna de lástima si él no fuera a ser resucitado de entre los muertos.

Si la muerte fuera el final del asunto, dice él, «comamos y bebamos porque mañana moriremos». Esto no significa «convirtámonos todos en glotones y borrachos», porque ellos son dignos de lástima también —con o sin resurrección—. Él se refiere a lo siguiente: Si no hay resurrección, lo que tiene sentido es una moderación intermedia para maximizar los placeres terrenales.

Sin embargo, no es eso lo que Pablo escoge. Él escoge el sufrimiento, porque escoge la obediencia. Cuando Ananías vino a él en su conversión con las palabras del Señor Jesús, «porque yo le mostraré cuánto debe padecer por mi nombre» (Hechos 9:16), Pabló aceptó esto como parte de su llamado.

¿Cómo pudo hacerlo? ¿Cuál fue la fuente de su obediencia radical? La respuesta se da en 1 Corintios 15:20: «Mas ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron». En otras palabras, Cristo fue levantado y nosotros seremos levantados con él. Por lo tanto, ningún sufrimiento por Jesús es en vano (1 Corintios 15:58).

La esperanza de la resurrección cambió radicalmente la manera en que Pablo vivió. Lo liberó del materialismo y el consumismo. Le dio el poder para vivir sin muchas de las cosas que mucha gente siente que necesita tener en esta vida. Por ejemplo, a pesar de que él tenía derecho a casarse (1 Corintios 9:5), renunció a este placer porque él fue llamado a padecer mucho sufrimiento.

Jesús dijo que esta era la forma en que se supone que la esperanza de la resurrección cambiara nuestro comportamiento. Por ejemplo, nos dijo que invitáramos a nuestra casa a quienes no podrían devolvernos el favor en esta vida. ¿Cómo podemos ser motivados a hacer esto? «Tú serás recompensado en la resurrección de los justos» (Lucas 14:14).

Este es un llamado radical a examinar en detalle nuestra vida actual para ver si está moldeada de acuerdo con la esperanza de la resurrección. ¿Tomamos decisiones basándonos en la ganancia en este mundo o la ganancia en el mundo que sigue? ¿Tomamos riesgos en honor al amor que solo se entendería como una decisión sabia si es que hubiera una resurrección?

Que Dios nos ayude a volver a dedicar nuestro compromiso de por vida para que la resurrección siempre tenga en nosotros resultados radicales.


Devocional tomado del articulo “Radical Effects of the Resurrection”

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Solo marco las horas de sol

Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.

Salmo 103:2

De las misericordias del Señor haré memoria, de las alabanzas del Señor, conforme a todo lo que el Señor nos ha dado.

Isaías 63:7

Solo marco las horas de sol

Un reloj de sol está constituido por una varilla clavada en una superficie plana. Cuando el sol brilla, el lugar de la sombra proyectada por la varilla permite determinar la hora, pero el instrumento no da ninguna señal cuando el sol no brilla. Hace mucho tiempo, un artesano grabó el título de esta hoja en la fachada de una casa de campo, encima de un reloj de sol. Su intención no solo era señalar una evidencia, sino también invitarnos a reflexionar sobre la manera en que contamos el tiempo de nuestra vida.

Quizá tengamos la mala costumbre de lamentarnos demasiado sobre los días difíciles. Nuestro corazón natural es ingrato, y fácilmente olvidamos las bendiciones con las cuales nuestro Dios nos colma cada día. A medida que el tiempo pasa, podemos caer en la melancolía, e incluso perder el gozo de conocer al Señor Jesús. Cristianos, ¡no nos dejemos vencer por el desánimo y la amargura, no olvidemos los días de sol! ¡Y en las horas sombrías, pensemos en este cántico!

Cuando combatido por la adversidad,
Creas ya perdida tu felicidad,
Mira lo que el cielo para ti guardó,
Cuenta las riquezas que el Señor te dio.
Coro: ¡Bendiciones, cuántas tienes ya!
Bendiciones, Dios te manda más;
Bendiciones, te sorprenderás,
Cuando veas lo que Dios por ti hará.
¿Andas agobiado por algún pesar?
Duro te parece amarga cruz llevar,
Cuenta las promesas del Señor Jesús,
Y de las tinieblas nacerá la luz.
Éxodo 11:1-12:20 – Hechos 9:1-22 – Salmo 27:5-8 – Proverbios 10:20-21

Paz

Paz

John MacArthur

Paz es una palabra bella, ¿verdad que sí? Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Jn. 14:27). Jesús nos dio su paz. Primera Corintios 7:15 dice: “Sino que a paz nos llamó Dios”. Filipenses 4:7 dice que dejemos que la paz de Dios reine en nuestros corazones. Segunda de Corintios 13:11 dice: “Vivid en paz”. Primera de Tesalonicenses 5:13 dice: “Tened paz entre vosotros”.

 Mientras que  el gozo es un sentimiento exterior, la paz es un contentamiento interior que viene cuando sentimos que todo está bajo control. Usted no va a tener paz si hay pecado en su vida. Pero cuando su vida está limpia de pecado y está caminando en el Espíritu, usted tendrá paz. Nunca permita que alguien o algo le priven de su paz.

 En nuestra iglesia tratamos de cultivar una actitud de paz, de descanso y confianza en Dios. No hay razón para dejarse perturbar. Pablo dijo: “Por nada estéis afanosos” y que permitamos que la paz de Dios reine en nuestros corazones (Fil. 4:6-7). Todos experimentamos pruebas que nos causan ansiedad. No vivimos en perfecta paz, pero, no obstante, tenemos que tener una actitud de paz.

 En Mateo 5:9 nuestro Señor dice: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. Los cristianos debieran ser pacificadores. Usted no podría hacer nada más maravilloso por el reino de Dios y la iglesia de Cristo Jesús que el ser un pacificador. La naturaleza humana tiende al conflicto. Job dijo: “Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción” (5:7). Las personas continuamente experimentan conflictos de personalidad. No obstante, estamos llamados a ser pacificadores. Somos llamados a suavizar los conflictos, no a fomentarlos. A veces un problema insignificante lo hacemos explotar en algo desproporcionado y se convierte en una marea destructora. Los seres humanos están más inclinados a incrementar las dificultades que a hacer la paz.

 Dígase a sí mismo: “Estoy en paz, Dios está en control y yo seré un pacificador”. Cada vez que se vea metido en un conflicto, sea un pacificador. Cuando vea a dos personas metidas en un conflicto, ayúdelas a abrazarse la una a la otra en paz. No se ponga del lado de ninguno. Procure encontrar lo bueno en cada persona en vez de enfocarse en lo malo. Cultive buenas relaciones, empezando con su propia familia. Si sabe que decir cierta cosa va a causar irritación a alguien, no lo diga. A veces cuando siento que estoy en lo correcto acerca de algo y alguien piensa que estoy equivocado, no me pongo a reafirmar que yo tengo la – razón porque no quiero perturbar la paz entre nosotros. No voy a comprometer mis convicciones, pero tampoco voy a defender innecesariamente mis derechos. La paz es más importante que el salirme con la mía. Sin embargo, si alguien niega la verdad de Dios, lucharé por lo que es la verdad. No obstante, con los de la familia de Dios tenemos que ser pacificadores. ¡Cuán sencilla sería la vida si todos fuéramos pacificadores!


Extraído del libro, “El plan del Señor para la iglesia” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.

Cuando Dios se vuelve 100 % a nuestro favor

FEBRERO, 26

Cuando Dios se vuelve 100 % a nuestro favor

Devocional por John Piper

Entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. (Efesios 2:3)

Toda la ira de Dios, toda la condenación que merecemos, fue derramada en Jesús. Todas las demandas de justicia perfecta de Dios hacia nosotros fueron cumplidas por Cristo. En el momento que vemos (¡por gracia!) este Tesoro y lo recibimos a él de este modo, su muerte cuenta como si fuera nuestra muerte y su condenación como nuestra condenación y su justicia como nuestra justicia, y Dios se vuelve en ese instante, irrevocablemente y para siempre, 100 % a nuestro favor.

La pregunta que queda sin responder es la siguiente: «¿No enseña la Biblia que en la eternidad Dios establece su favor hacia nosotros por medio de la elección?».

En otras palabras, las personas reflexivas se preguntan: «¿Se volvió Dios 100 % a nuestro favor solo en el momento de fe y unión con Cristo y la justificación? ¿No se había vuelto 100 % a nuestro favor en el acto de la elección desde antes de la fundación del mundo?». Pablo dice en Efesios 1:4-5: «… [Dios] nos escogió en Él [Cristo] antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo».

Entonces ¿no está Dios 100 % a favor de los elegidos desde la eternidad? La respuesta se encuentra en el significado de 100 %.

Con el término 100 % estoy tratando de preservar una verdad bíblica que se encuentra en varios pasajes de las Escrituras. Por ejemplo, en Efesios 2:3, Pablo dice que los cristianos eran «hijos de ira» antes de que fueran vivificados en Cristo Jesús: «todos nosotros en otro tiempo vivíamos [con los hijos de desobediencia] en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás».

Pablo está queriendo decir que, antes de la regeneración, la ira de Dios estaba sobre nosotros. Los elegidos estaban bajo ira. Esto cambió cuando Dios nos dio vida en Cristo Jesús y nos despertó a la verdad y la belleza de Cristo para que lo recibiéramos como a aquel que murió por nosotros y —por nuestra unión a él— aquel cuya justicia es contada como nuestra. Antes de que esto pasara, estábamos bajo la ira de Dios. Después, debido a la fe en Cristo y la unión a él, toda la ira de Dios fue quitada y luego él se volvió, en ese sentido, 100 % a nuestro favor.

Por lo tanto, regocijémonos en la verdad de que Dios nos guardará. Él nos llevará hasta el final porque, en Cristo, él está 100 % a nuestro favor. Por lo tanto, llegar al final no hace que Dios esté 100 % a nuestro favor. Llegar al final es el resultado de que él ya estuviera 100 % a nuestro favor.


Devocional tomado del articulo “When Does God Become 100% for Us?”

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La oración de la mañana

Oh Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré… Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré.

Salmos 5:3; 63:1

La oración de la mañana

Al igual que el autor del Salmo 5, ¿sabemos presentarnos delante del Señor cada mañana, orar a él, para hacer provisión de fuerzas y sabiduría desde el principio del día?

¿O comenzamos, apurados y mal preparados, las múltiples actividades que nos esperan?

Si somos conscientes de que cada día que pasa es una ocasión para servir y honrar a Dios, cada mañana nos inclinaremos ante su presencia para orar. Le expondremos nuestras dificultades y nuestros temores, reconoceremos ante él nuestras flaquezas e incompetencias. Le pediremos que renueve nuestra confianza en él y que nos enseñe a discernir entre el bien y el mal (Hebreos 5:14). ¡Entonces la carga diaria será mucho más ligera! El Señor responderá a nuestra oración, y podremos empezar el día con serenidad.

Ser conscientes de nuestra fragilidad y descansar totalmente en él nos permite experimentar su fuerza y sus recursos inagotables.

Por lo general recordamos la necesidad de alimentar nuestro ser interior del Pan de vida, haciendo provisión, desde la mañana, mediante la lectura de la Biblia. Si leemos en los evangelios, nos nutrimos de lo que fue la vida de Jesús, de su persona revelada en la Palabra de Dios. Pero no olvidemos la oración matutina, que tendrá efectos benéficos sobre cada instante del día que empieza.

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

Éxodo 10 – Hechos 8:26-40 – Salmo 27:1-4 – Proverbios 10:19

Somos muy amados

FEBRERO, 25

Somos muy amados

Devocional por John Piper

Entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados)… (Efesios 2:3-5)

¿Acaso no nos encantaría escuchar al ángel Gabriel decir: «Eres muy amado»?

Eso le ocurrió a Daniel tres veces:

  • «Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado» (Daniel 9:23).
  • «Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora» (Daniel 10:11).
  • «Y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate» (Daniel 10:19).

Tengamos aliento. Si tenemos fe en Jesús, Dios mismo nos dice: «Eres muy amado».

Por naturaleza, éramos hijos de la ira, como el resto de la humanidad. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo… Porque por gracia somos salvos por medio de la fe (Efesios 2:3-5,8).

Es mejor que la voz del ángel. Si estamos «vivos», somos muy amados.


Devocional tomado del articulo “You Are Greatly Loved”

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Las siete expresiones de Jesús en la cruz (7)

Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró. Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.

Lucas 23:46-47

La expresión de la confianza

Las siete expresiones de Jesús en la cruz (7)

La última frase de Jesús en la cruz, así como la primera y la cuarta, son palabras dirigidas al Padre. Esta última había sido anunciada proféticamente en el Salmo 31:5: “En tu mano encomiendo mi espíritu”. ¡Qué oración de confianza y amor!

La muerte del Señor es única. El sentido que ella toma en sus últimas palabras es único. Antes de morir, Jesús bajó la cabeza y encomendó su espíritu. ¡Este fue el último acto de su sacrificio voluntario! Entró voluntariamente en la muerte encomendando su espíritu a su Padre. Esta expresión resalta la grandeza y la gloria divinas de Aquel que daba su vida. Nadie tenía el poder para quitarle la vida: “Yo de mí mismo la pongo” (Juan 10:18). ¡Qué majestad vemos en este acto divino que solo Jesús tenía el poder para cumplir!

Jesús se expresó siete veces cuando estuvo en la cruz. Así como el séptimo día fue el día del descanso y de la satisfacción de Dios (Génesis 2:2), la séptima frase introduce a Jesús en el descanso, es decir, en las manos de Dios su Padre. Descansó de sus obras, así como Dios descansó de las suyas (Hebreos 4:10). Para nosotros los cristianos, esta séptima frase anuncia el descanso en Cristo y marca el principio de la nueva creación.

Esta frase nos anima a encomendarnos totalmente a Dios, nuestro Padre. Centra nuestra atención en la victoria de Cristo y en su lugar junto al Padre, donde ahora ora por usted y por mí.

Éxodo 9 – Hechos 8:1-25 – Salmo 26:8-12 – Proverbios 10:17-18

Dios abre el corazón

FEBRERO, 24

Dios abre el corazón

Devocional por John Piper

Y estaba escuchando cierta mujer llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, vendedora de telas de púrpura, que adoraba a Dios; y el Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía. (Hechos 16:14)

En cualquier lugar que Pablo predicara, algunos creían y otros no. ¿Cómo podemos entender por qué algunos de los que están «muertos en delitos y pecados» (Efesios 2:1,5) creyeron y otros no lo hicieron?

La respuesta a por qué algunos no creyeron es que ellos «desecharon» (Hechos 13:46) el mensaje del evangelio porque era «necedad» para ellos y «no puede[n] entenderlo» (1 Corintios 2:14). La mente carnal «es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo» (Romanos 8:7).

Aquellos que escuchan y rechazan el evangelio «odian la luz» y no vienen a la luz para que sus obras no sean expuestas (Juan 3:20). Permanecen «entenebrecidos en su entendimiento… por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón» (Efesios 4:18). Es una ignorancia culpable porque la verdad está disponible, pero ellos «con injusticia restringen la verdad» (Romanos 1:18).

Ahora bien, dado que todos están en esta condición de una rebelde dureza de corazón, muertos en sus delitos, ¿por qué algunos creen? El libro de Hechos ofrece la respuesta por lo menos de tres maneras diferentes. Una es que ellos están destinados a creer. Cuando Pablo predicó en Antioquía de Pisidia, los gentiles se regocijaron y «creyeron cuantos estaban ordenados a vida eterna» (Hechos 13:48).

Otra manera de responder a por qué algunos creen es que Dios concede el arrepentimiento. Cuando los santos de Jerusalén oyeron que los gentiles, y no solo los judíos, estaban respondiendo al evangelio, dijeron: «Así que también a los gentiles ha concedido Dios el arrepentimiento que conduce a la vida» (Hechos 11:18).

Pero la respuesta más clara que hallamos en Hechos a la pregunta de por qué una persona cree el evangelio es que Dios abre el corazón. Lidia es el mejor ejemplo. ¿Por qué creyó? Hechos 16:14 dice: «y el Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía».


Devocional tomado del articulo “How the Lord of Life Gives Life”

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Maté a alguien

Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

1 Pedro 3:18

Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.

Romanos 5:20

Maté a alguien

Una persona que visita a los prisioneros contó lo siguiente: «Siempre recordaré a aquel hombre que me dijo: Maté a una persona y ahora tengo una condena de veinte años. Lo acepto, pues sé que tengo una deuda con la sociedad. Pero cuando haya pagado según la justicia de los hombres, ¿cómo me presentaré ante Dios? Tengo más miedo a la justicia de Dios que a la de los hombres…».

Debido a ese acto irreparable, su conciencia lo atormentaba día y noche. Necesitó meses para comprender que incluso ese terrible acto le podía ser perdonado si se arrepentía, si lo confesaba volviéndose a Jesús. Efectivamente, “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Porque “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). ¿Eso quiere decir que Dios toma a la ligera un acto así? ¡De ninguna manera! Si nos ofrece su perdón es porque su Hijo fue condenado en nuestro lugar: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21). Jesús sufrió el castigo, incluso el que merece un asesino. Todo el que se vuelve hacia el Señor, tal como es, con su conciencia cargada, recibirá el perdón y la paz.

Probablemente usted no sea un asesino, pero también necesita el perdón de Dios: “No hay justo, ni aun uno… no hay diferencia, por cuanto todos pecaron” (Romanos 3:10, 22-23). Y todos pueden ser perdonados gratuitamente mediante Jesucristo.

Éxodo 8 – Hechos 7:30-60 – Salmo 26:1-7 – Proverbios 10:15-16