La providencia de Lincoln

FEBRERO, 12

La providencia de Lincoln

Devocional por John Piper

¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! (Romanos 11:33)

Abraham Lincoln, quien naciera en este día en 1809, en lo que respecta a religión permaneció escéptico, y hasta a veces cínico, como hasta los cuarenta años. Es por eso que llama la atención cómo el sufrimiento personal y nacional llevó a Lincoln hacia la realidad de Dios en lugar de alejarlo.

En 1862, cuando Lincoln tenía 53 años, su hijo de 11 años, Willie, murió. La esposa de Lincoln «trató de lidiar con la pena acudiendo a médiums de la Nueva Era». Lincoln recurrió a Phineas Gurley, pastor de la iglesia New York Avenue Presbyterian Church en Washington.

Varias largas conversaciones llevaron a lo que Gurley describía como «una conversión para Cristo». Lincoln contó que «fui movido muchas veces a ponerme de rodillas debido a un sentimiento de convicción tan incontenible que no tenía adonde más ir».

De manera similar, los horrores de las muertes y soldados heridos lo torturaban a diario. Había cincuenta hospitales para los heridos en Washington. La rotonda del Capitolio acomodó 2000 catres para soldados heridos.

Normalmente, morían cincuenta soldados al día en estos hospitales transitorios. Todo esto llevó a Lincoln de una manera más profunda a la providencia de Dios. «No podemos hacer otra cosa más que creer que Aquel que creó el mundo lo sigue gobernando».

La declaración más famosa que hiciera sobre la providencia de Dios en relación a la Guerra Civil fue su Segundo Discurso de Toma de Posesión, pronunciado un mes antes de que fuera asesinado. Es notable por no presentar a Dios como simpatizante ni de la causa de la Unión ni de la causa de la Confederación. Dios tiene sus propios propósitos y no justifica el pecado de ninguna de las partes.

Con gran afecto esperamos —con fervor oramos— que este tremendo azote de la guerra pueda pasar rápidamente…

Pero si es de Dios que esto continúe hasta que todas las riquezas acumuladas por doscientos años de trabajo duro de esclavos, sin contrapartida, se hayan acabado, y hasta que cada gota de sangre extraída con el látigo haya sido pagada con otra extraída con la espada, como fuera dicho hace tres mil años atrás, deberá decirse aún: «los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos».

Oro para que todos aquellos que sufren pérdidas, daños y gran dolor, que el sufrimiento los despierte, así como lo hizo en Lincoln, para producir no un nihilismo vacío sino una profunda confianza en la sabiduría infinita y el amor de la providencia inescrutable de Dios.


Devocional tomado del articulo “Abraham Lincoln’s Path to Divine Providence”

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De la duda a la seguridad

Monday 12 February

Oh Señor… Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras… En oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra.

Salmo 139:1, 14-15

De la duda a la seguridad

«Soy agnóstico. Tengo dudas, pero ante el nacimiento de un bebé, sus deditos tan bien dibujados… me digo: está claro que hay un arquitecto».

un político contemporáneo

«A falta de otra prueba, el dedo pulgar por sí solo me convencería de la existencia de Dios». Isaac Newton (1643-1727, matemático y físico)

«Tratar de explicar la aparición de la vida mediante el azar es comparable a admitir que un diccionario completo resultase de la explosión de una imprenta».

Edwin Conklin (1863-1952, biólogo americano)

«La idea de que el mundo, el universo material, se creó solo, me parece absurda. Solo concibo el mundo mediante un Creador, es decir, un Dios».

Alfred Kastler (1902-1984, Premio Nobel de física 1966)

Escuchemos la Biblia, la Palabra de Dios:

“Las cosas invisibles de él (Dios), su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20).

“Él (Jesucristo) es la imagen del Dios invisible… en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles… todo fue creado por medio de él y para él” (Colosenses 1:15-16).

Génesis 46 – Mateo 26:47-75 – Salmo 22:6-11 – Proverbios 8:32-36

La mejor forma de esclavitud

FEBRERO, 11

La mejor forma de esclavitud

Devocional por John Piper

Porque el que fue llamado por el Señor siendo esclavo, liberto es del Señor; de la misma manera, el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. (1 Corintios 7:22)

Yo habría esperado que Pablo intercambiara los lugares de Señor y Cristo.

Él relaciona nuestra liberación con el hecho de que Jesús sea nuestro Amo y Señor («liberto es del Señor»), y relaciona nuestra esclavitud con Jesús como nuestro Mesías («esclavo es de Cristo»). Pero en realidad el Mesías vino a liberar a su pueblo de sus captores, y los amos toman el control de la vida de la gente que liberan.

¿Por qué lo dice de esta manera? Una sugerencia: el intercambio tiene dos efectos en nuestra nueva libertad y dos efectos en nuestra nueva esclavitud.

Al llamarnos «libertos del Señor», él asegura y limita nuestra nueva libertad:

1. Su señorío es por encima del de todos los otros señores, por lo que nuestra liberación no es disputada —está segura—.

2. Al ser liberados de los otros señores no nos liberamos de él. Nuestra libertad es misericordiosamente limitada.

Al llamarnos «esclavos de Cristo», él suaviza y endulza nuestra esclavitud:

1. El Mesías reclama a los que son suyos desde los confines del cautiverio a espacios amplios de paz: «el aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin» (Isaías 9:7).

2. Y él los hace suyos para darles el gozo más dulce: «…con miel de la peña te saciaría». (Salmos 81:16). Y esa peña o Roca es Cristo.


Devocional tomado del articulo “The Happy Paradoxes of Christian Freedom and Slavery”

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La expresión del hombre perfecto

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.

Juan 19:28-29

La expresión del hombre perfecto

Las siete expresiones de Jesús en la cruz (5)

“Tengo sed”. Jesús sintió la terrible sed física que sufre todo crucificado. Pero esta expresión, pronunciada después de tres horas de abandono, tiene varios significados.

Manifiesta la perfecta humanidad del Hijo de Dios, de Jesucristo, quien fue hombre y Dios a la vez. Nunca empleó su poder divino para salir de su condición de hombre. Sintió lo que siente todo hombre. Conoció el hambre (Mateo 4:2), el cansancio (Juan 4:6), se durmió, se sorprendió (Marcos 6:6), se regocijó (Lucas 10:21), se conmovió en su espíritu, lloró (Juan 11:33, 35).

La expresión “tengo sed” también marca el cumplimiento de las Escrituras. Esta misma expresión aparece de manera profética en el Salmo 69:21: Por medio de la crucifixión, el plan anunciado y preparado por Dios se cumplía en todos sus detalles: los soldados, presentes al pie de la cruz, ofrecieron a Jesús una esponja empapada de vinagre.

En el Salmo 42:2: “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo”, expresa el ardiente deseo de un creyente que se encomienda al Dios a quien conoce. Ese mismo sentimiento lo experimentó Jesús al final de las tres horas de abandono.

Al dirigirse a una mujer de Samaria (“Dame de beber”, Juan 4:7), Jesús no trató simplemente de saciar su propia sed, sino que deseaba que aquella mujer y su pueblo aceptasen el agua viva que él les iba a dar en abundancia, es decir, su Palabra y su Espíritu.

(continuará el próximo domingo)
Génesis 45 – Mateo 26:14-46 – Salmo 22:1-5 – Proverbios 8:28-31

La fe salvadora no se satisface fácilmente

FEBRERO, 10

La fe salvadora no se satisface fácilmente

Devocional por John Piper

Y si en verdad hubieran estado pensando en aquella patria de donde salieron, habrían tenido oportunidad de volver. Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, celestial.(Hebreos 11:15-16)

La fe ve el futuro prometido que Dios ofrece y lo «anhela». Insistamos en este pensamiento por un momento.

Hay muchas personas que diluyen lo que es la fe salvadora al hacer de ella una simple decisión que no conlleva ningún cambio en lo que uno desea y busca. Pero el punto de este pasaje es que vivir y morir por fe significa tener nuevos deseos y buscar nuevas satisfacciones.

El versículo 14 dice que los santos de antaño (que son elogiados por su fe en Hebreos 11) buscaban una patria diferente a la que este mundo les ofrecía. El versículo 16, mencionado anteriormente, dice que ellos estaban anhelando algo mejor que lo que una existencia terrenal podía ofrecer en el presente.

Ellos estaban tan aferrados a Dios que nada menos que el cielo podía satisfacerlos.

Esta es la verdadera fe salvadora: ver las promesas de Dios desde lejos y experimentar un cambio en los valores —de manera que uno desee y busque las promesas por encima de lo que el mundo tiene para ofrecer—.


Devocional tomado del sermón “La esperanza de los exiliados en la Tierra”

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Los amigos

El atribulado es consolado por su compañero.

Job 6:14

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

Juan 15:13

Los amigos

¿Desea tener muchos amigos? Una de las redes sociales de Internet se lo propone, según el principio que «los amigos de sus amigos son sus amigos». ¡Así el internauta tiene una «familia» de amigos, pero cuya mayoría desconoce! Pero, ¿son realmente «amigos»? Un trágico suceso plantea esta pregunta: una británica había anunciado su suicidio a sus 1048 amigos en Facebook. ¡El día señalado murió de una sobredosis de medicamentos sin que ninguno de sus supuestos amigos hiciese nada!

La Biblia subraya los caracteres de un verdadero amigo:

–El amigo es fiel en los buenos como en los malos momentos: “En todo tiempo ama el amigo” (Proverbios 17:17).

–El amigo puede compensar la lejanía de la familia. La amistad no se detiene en la frontera entre generaciones (Proverbios 27:10).

–El amigo es leal y franco: por el bien de su prójimo, no duda en hacerle observaciones, incluso si pueden ser difíciles de aceptar (Proverbios 27:6).

–El amigo es digno de confianza, es un confidente (Proverbios 19:9).

–El amigo está lleno de atenciones, de compasión (Job 6:14).

–La amistad tiene un efecto benéfico para el alma (Proverbios 27:9).

Jesús dijo que no hay mayor amor que dar su vida por sus amigos. ¡Pero él hizo mucho más que eso: dio su vida por sus enemigos! ¡Su muerte en el Calvario salva a los que se arrepienten! Su amor infinito lo llevó a soportar el juicio de Dios en nuestro lugar. ¿Quién nos amó tanto como Jesucristo?

Génesis 44 – Mateo 25:31-26:13 – Salmo 21:8-13 – Proverbios 8:22-27

Mejor que el dinero, el sexo y el poder

FEBRERO, 09

Mejor que el dinero, el sexo y el poder

Devocional por John Piper

Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. (Hebreos 10:35)

Tenemos que meditar en la superioridad de Dios como nuestra gran recompensa por sobre todo lo que el mundo tiene para ofrecer. Si no lo hacemos, amaremos el mundo como el resto lo hace, y viviremos como todos los demás.

Tomemos las cosas que mueven al mundo y meditemos en lo bueno y perpetuo que Dios es en comparación. Consideremos el dinero, el sexo o el poder, y pensemos acerca de ellos en relación con la muerte. La muerte acabará con cada uno de ellos. Si vivimos para ellos, no conseguiremos mucho; y lo que lleguemos a conseguir, lo perdemos.

En cambio, el tesoro de Dios permanece, dura, va más allá de la muerte. Es mejor que el dinero porque Dios posee todo el dinero y es nuestro Padre. «Todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Corintios 3:22-23).

Es mejor que el sexo. Jesús nunca tuvo relaciones sexuales y fue el ser humano más pleno y completo que existirá por siempre. El sexo es una sombra —una imagen— de una realidad más grande, de una relación y un placer que harán que el sexo parezca un bostezo.

La recompensa de Dios es mejor que el poder. No existe mayor poder humano que el de ser un hijo del Dios Todopoderoso. «¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?» (1 Corintios 6:3).

Y así continúa la lista. Dios es mejor y más permanente que todo lo que el mundo tiene para ofrecer.

No hay comparación. Dios gana —cada vez—. La pregunta es la siguiente: ¿Lo tendremos nosotros a él? ¿Nos despertaremos del trance de este mundo estupefaciente, para en su lugar ver y creer y regocijarnos y amar?


Devocional tomado del sermón “El poder presente de una posesión futura”

¡Siempre la misma!

Friday 9 February

¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no… va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso… Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

Lucas 15:4-7

¡Siempre la misma!

Antes de acostarse, el pastor Fernando contó sus ovejas… 97, 98, 99… ¡Le faltaba una! Echó una mirada al rebaño y notó cuál no estaba. ¡Faltaba Lana, Lana la independiente, la aventurera, siempre la misma! ¿La dejaría a su suerte, como lo merecía? Después de todo, todavía le quedaban 99… No, Lana era única, él la amaba, él era su pastor y ella su oveja.

¿Dónde estaría Lana? ¿Habría sido devorada por una fiera? ¿Se habría caído por un precipicio? ¡Tenía que encontrarla costara lo que costara! A pesar del cansancio, Fernando salió a buscar a su oveja. La buscó, la llamó, caminó durante mucho tiempo. Lana se había ido muy lejos… Al fin, un débil gemido respondió a sus pacientes llamados. Escuchó atentamente… ¡Sí, era ella! ¡Había caído en un hueco y se había roto una pata! ¡Pobre animal!

Fernando olvidó su cansancio y, lleno de gozo, la levantó con mucho cuidado, le habló tiernamente y la puso sobre sus hombros. La oveja reconoció su voz y, aliviada, se dejó llevar por el pastor, quien la condujo al rebaño.

A menudo Jesús compara los hombres con las ovejas y se presenta como el buen Pastor. Nuestros pecados nos alejaron de él, pero él nos busca porque nos ama.

¡No dejemos sin respuesta durante más tiempo sus tiernos llamados! Lo que él más desea es encontrarnos, dondequiera que estemos, curar nuestras heridas y ocuparse de nosotros. ¡Así llenaremos de gozo su corazón!

Génesis 43 – Mateo 25:1-30 – Salmo 21:1-7 – Proverbios 8:17-21

Contento de no ser Dios

FEBRERO, 08

Contento de no ser Dios

Devocional por John Piper

Tributad al Señor, oh familias de los pueblos, tributad al Señor gloria y poder.(Salmos 96:7)

He aquí lo que yo pienso que debería ser parte de la experiencia plena de lo que el salmista llama a hacer cuando dice: «tributad [= dad] al Señor gloria y poder».

Primero, por la gracia de Dios, prestamos atención a Dios y vemos que él es fuerte. Prestamos atención a su fortaleza. Luego aprobamos la grandeza de su fuerza y le damos el respeto que merece por su valor.

Nos damos cuenta de que su fortaleza es increíble. Pero lo que hace que este asombro sea un tipo de maravilla que «se entrega» es que estemos especialmente contentos de que esta grandeza en fortaleza sea de él y no nuestra.

Sentimos una profunda idoneidad en el hecho de que él sea infinitamente fuerte y no nosotros. Amamos esa verdad. No envidiamos a Dios por su fortaleza. No codiciamos su poder. Estamos llenos de gozo de que toda la fuerza sea suya.

Todo nuestro ser se regocija al contemplar este poder como si hubiéramos llegado a la celebración de la victoria de un corredor de fondo que nos ganó en la carrera, y sintiéramos el gozo más grande al admirar su fortaleza, en lugar de resentir nuestra derrota.

Encontramos el significado más profundo de la vida cuando nuestro corazón se abre libremente a admirar el poder de Dios, en lugar de volcarse hacia adentro y jactarse en el de uno mismo —o siquiera pensar en el de uno mismo—. Descubrimos algo impresionante: es profundamente gratificante no ser Dios, y desistir a todos nuestros pensamientos y deseos de ser Dios.

Al prestar atención al poder de Dios, aumenta nuestro entendimiento de que Dios creó el universo con este motivo: que pudiéramos tener la experiencia supremamente gratificante de no ser Dios, sino de admirar la divinidad de Dios —la fortaleza de Dios—. Se asienta en nosotros la paz que conlleva el darnos cuenta de que la admiración de lo infinito es el fin de todas las cosas.

Nos estremece pensar en la mínima tentación de atribuirnos cualquier poder como si viniera de nosotros. Dios nos creó débiles para protegernos de eso: «Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros» (2 Corintios 4:7).

¡Oh, cuán grande amor es este, que Dios nos proteja de reemplazar las alturas de la eterna admiración de su poder con el intento vano de jactarnos en el nuestro!


Devocional tomado del libro “How Do You “Give” God Strength?”

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Él sufrió por mí

Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca… quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero… y por cuya herida fuisteis sanados.

1 Pedro 2:21-22, 24

Él sufrió por mí

Desde la desobediencia de nuestros primeros padres, los hombres sufren en su cuerpo, en su alma y su espíritu. Entonces surge la pregunta: ¿Por qué Dios permite el sufrimiento, si es un Dios de bondad?

¿Nos damos cuenta de la gravedad de lo que el hombre hizo al crucificar a aquel que Dios envió, su propio Hijo, quien vino para mostrarnos el amor divino? Sufrimos las terribles consecuencias de nuestra desobediencia y de ese rechazo: injusticia, violencia, tristeza, desesperación. Dios también permite el sufrimiento para atraer nuestra mirada hacia él.

En la tierra Jesucristo sufrió con una intensidad sin igual, pues Él conocía todos los corazones y veía en ellos la mancha del pecado, el orgullo, el odio… “En pago de mi amor me han sido adversarios” (Salmo 109:4). Él, que quería iluminar el camino de los hombres, estuvo solo, clavado en una cruz para expiar nuestros pecados. Él, que era la Vida, se dio en sacrificio. Jesucristo soportó el rechazo, la incomprensión, la pretensión de los suyos y los sufrimientos de la crucifixión. ¡Sufrió todo por nosotros! ¡Él nos amaba y venía a salvarnos! Él, el justo, padeció una vez por los pecados, en lugar de los injustos; experimentó el abandono de Dios, el enorme peso de nuestros pecados. ¡Sufrimientos infinitos!

El que cree en él nunca tendrá que pasar por los sufrimientos que nuestros pecados merecieron. Podrá conocer a Dios como un Padre lleno de amor, y no como el Juez.

Génesis 42 – Mateo 24:29-51 – Salmo 20:6-9 – Proverbios 8:12-16