Aquel que ve en el corazón

domingo 19 noviembre

Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?

Juan 4:28-29

Aquel que ve en el corazón

Cerca de un pozo, una mujer acababa de encontrarse con Jesús. Él se le reveló como aquel que conoce los secretos de los corazones y da el agua de la vida. Ahora ella estaba convencida de que él era el Cristo. Pero, ¿cómo comunicar esta buena noticia a su entorno? Podría tratar de describirlo, o hablar de lo que le había enseñado. Sin embargo fue más simple, más directa, más convincente. Dio como único argumento: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho”. Consideró que un hombre que conocía los secretos profundos de su vida era mucho más que un hombre: solo podía ser el Mesías, como él le había dicho. ¡La mujer tenía razón!

Nadie puede leer el corazón, excepto Dios. Él tiene un pleno conocimiento de lo que es el corazón humano, y lo comparte con nosotros. La Biblia es su mensaje escrito para cada uno de nosotros. Leída atentamente pone al descubierto nuestros pensamientos, sentimientos, deseos, afectos, nuestros sueños y las partes más secretas de nuestro ser moral. Al leerla nos encontramos en la presencia de Dios y experimentamos su poder. Una sola frase puede bastar. Un versículo, una sencilla expresión, como una potente linterna, iluminarán nuestro ser interior. ¡No nos desviemos! ¡Si bien la Palabra de Dios descubre el mal, también nos da el remedio de Dios!

“La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos… Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:12, 16).

Job 22-23 – Hebreos 9:15-28 – Salmo 128 – Proverbios 28:3-4

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El penetrante poder de la Palabra

NOVIEMBRE, 18

El penetrante poder de la Palabra

Devocional por John Piper

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón. (Hebreos 4:12)

La Palabra de Dios es nuestra única esperanza. Las buenas nuevas de las promesas de Dios y las advertencias acerca de su juicio son tan cortantes, vivas y eficaces que penetran hasta lo más profundo de nuestro corazón y nos muestran que las mentiras del pecado de verdad son mentiras.

El aborto no me hará tener un futuro maravilloso. Tampoco la infidelidad, ni la ropa provocativa, ni el desprecio por mi propia pureza sexual, ni el silencio ante los actos deshonestos en el trabajo, ni el divorcio, ni la venganza. Lo que nos libra de tales engaños es la Palabra de Dios.

La promesa de la Palabra de Dios es como un gran ventanal que se abre de par en par ante el radiante sol de la mañana para echar luz sobre el repugnante pecado que habita en nuestro corazón, disfrazado de placeres satisfacientes. Dios nos ha dado sus buenas nuevas, sus promesas, en la Palabra, para protegernos del profundo engaño del pecado que intenta endurecer nuestro corazón, tentarlo, alejarlo de Dios, y conducirlo a destrucción.

Levantemos el ánimo en la batalla por la fe: la Palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que cualquier espada de dos filos; penetrará más que cualquier engaño del pecado, y revelará aquello que es en verdad valioso y digno de confianza.


Devocional tomado del libro “La palabra de Dios: viva, eficaz, cortante”

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Un vacío en el corazón

(Jesús dijo:) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Juan 14:27

Un vacío en el corazón

Una revista que promueve las prácticas de relajación muestra a una persona sentada, con las piernas cruzadas, las manos abiertas sobre sus rodillas y los ojos cerrados. Inmóvil, esta persona hace el «vacío», tratando de olvidar así todo lo que la angustia o la carga en su vida.

Viendo esta foto me doy cuenta del privilegio inestimable del cristiano. ¡Qué inmensa gracia conocer al verdadero Dios por Jesucristo, poder comunicarse con él como lo hace un hijo con su Padre! En lugar de buscar ese pretendido vacío, en una forma de recogimiento centrado sobre uno mismo, puedo orar a mi Salvador, quien me ama y me escucha. Tengo la libertad de contarle mis preocupaciones, aquello que me oprime y me inquieta. Tengo el gozo de darle las gracias. Solo él puede llenar mi corazón y darme una paz interior real, que nada ni nadie me pueden quitar.

El que conoce al verdadero Dios y su amor mediante Jesucristo el Salvador, no necesita practicar métodos que pueden esconder un real peligro. Insidiosamente estas prácticas podrían hacernos abandonar el control de nuestras facultades mentales para dejarlo a merced de poderes ocultos. La tranquilidad y la serenidad inducidas por esas técnicas de relajación, que actúan en los pensamientos del hombre y en su comportamiento, no tienen nada que ver con la paz que da el Espíritu de Dios: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz…” (Gálatas 5:22). Solo Cristo puede liberar de sus angustias a un corazón, para llenarlo de su amor.

“Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor” (Juan 15:9).

Job 21 – Hebreos 9:1-14 – Salmo 127 – Proverbios 28:1-2

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El cambio es posible

NOVIEMBRE, 17

El cambio es posible

Devocional por John Piper

Y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad. (Efesios 4:24)

El cristianismo implica que los cambios son posibles. Cambios profundos y de raíz. Es posible que el corazón se vuelva amable aunque antes haya sido cruel e insensible. Es posible dejar de ser dominado por la amargura y la ira. Es posible convertirse en una persona afectuosa sin importar cómo haya sido su pasado.

La Biblia da por sentado que Dios es el factor decisivo que nos convierte en lo que deberíamos ser. Con una franqueza maravillosa, la Biblia dice: «Sea quitada de vosotros… toda malicia. Sed más bien amables unos con otros». No dice «si pueden», ni «si sus padres fueron amables con ustedes», ni «a menos que los hayan tratado con una terrible injusticia». Simplemente dice que seamos amables.

Esto nos trae una libertad increíble. Nos libera del terrible fatalismo que dicta que es imposible que yo cambie. Nos libera de las teorías mecanicistas que hacen de nuestro pasado nuestro destino.

Los mandamientos de Dios siempre traen verdades para creer que son liberadoras y que nos cambian la vida. Por ejemplo:

• Dios nos adoptó como hijos suyos. Tenemos un nuevo Padre y una nueva familia. Esto rompe el poder fatalista que nuestra familia y orígenes puedan tener sobre nuestra vida: «Y no llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos» (Mateo 23:9).

• Dios nos ama como a hijos. Somos sus «hijos amados». El mandamiento de imitar el amor de Dios no pende del aire, sino que tiene un fundamento firme: «Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados». Amar es el mandamiento y ser amados es lo que nos da poder para amar.

• Dios nos perdonó en Cristo. «Sed más bien amables… perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo». Lo que Dios hizo nos da poder para cambiar. El mandato de ser amables está más relacionado con lo que Dios hizo por usted que con lo que su madre le hizo a usted. Esta clase de mandato implica que usted puede cambiar.

• Cristo nos amó y se dio a sí mismo por nosotros. «Y andad en amor, así como también Cristo os amó». El mandato viene con una verdad que cambia la vida. Cristo nos amó. En el momento en que tenga la oportunidad de ejercitar el amor y una voz le diga: «Tú no eres una persona amable»; puede responderle: «El amor de Cristo por mi me hace una nueva persona. Su mandamiento a amar es tan posible para mi como verdadera es la promesa de su amor hacia mí».


Devocional tomado del articulo “Todos los Mandamientos de Dios Son Posibles con Dios”

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La Paz de Dios al Alcance del Creyente

Iglesia Bautista Ozama

La Paz de Dios al Alcance del Creyente

Otto Sánchez

 

Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo. Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia. Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano. Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica. El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

http://ibozama.org/

¿Quiénes son los verdaderos adoradores?

viernes 17 noviembre

La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.

Juan 4:23

¿Quiénes son los verdaderos adoradores?

El principio mismo de la mayoría de las religiones consiste en realizar obras y ritos, los cuales hay que cumplir obligatoriamente para apaciguar al Ser supremo y satisfacer su justicia. Incluso los paganos llevan ofrendas a sus ídolos para que les sean favorables.

Pero no es por esas razones interesadas que nosotros, los cristianos, rendimos culto a Dios el Padre y a su Hijo Jesucristo. No lo alabamos para ser salvos, protegidos o liberados, sino porque lo somos. Por nosotros mismos no podemos hacer nada para obtener nuestra salvación: ni amar a Dios, ni agradarle, ni obedecerle. Fue Dios quien hizo todo al darnos un Salvador.

El culto que rendimos a Dios es simplemente la expresión de nuestro agradecimiento, la ocasión de celebrar su grandeza. Insistamos sobre esta diferencia fundamental entre el verdadero culto y lo que entendemos generalmente por la práctica de una religión. En tal práctica, el hombre quiere llevar algo a Dios y piensa que Dios lo tendrá en cuenta perdonándolo y ocupándose de él.

Pero comprendamos que fue Dios quien empezó obrando en gracia para con nosotros, y que debemos creer y darle las gracias por lo que Él es y lo que hizo. Nuestro amor, que se expresa en alabanza, es solo la justa respuesta al suyo. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Eso tendría que expresarse también de forma natural en nuestra manera de vivir y actuar. ¡Que cada uno de nuestros actos honre a nuestro Dios salvador!

Job 20 – Hebreos 8 – Salmo 126 – Proverbios 27:23-27

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Cuando estoy ansioso

NOVIEMBRE, 16

Cuando estoy ansioso

Devocional por John Piper

…echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros. (1 Pedro 5:7)

Cuando me ataca la ansiedad a causa de la enfermedad, peleo contra la incredulidad con la promesa: «Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo libra el Señor» (Salmo 34:19). Y recibo con temblor la promesa de Romanos 5:3-5: «la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza; y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado».

Cuando me vuelvo ansioso ante el pensamiento de envejecer, lucho contra la incredulidad con la promesa: «Aun hasta vuestra vejez, yo seré el mismo, y hasta vuestros años avanzados, yo os sostendré. Yo lo he hecho, y yo os cargaré; yo os sostendré, y yo os libraré» (Isaías 46:4).

Cuando estoy ansioso respecto a la muerte, peleo contra la incredulidad con la promesa de que «ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo; pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos» (Romanos 14:7-9).

Cuando me siento ansioso al pensar que podría naufragar en la fe y alejarme de Dios, peleo contra la incredulidad aferrándome a dos promesas: «el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús» (Filipenses 1:6) y «Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos» (Hebreos 7:25).

Hagamos la guerra no contra otras personas, sino contra nuestra propia incredulidad. Esta es la raíz de la ansiedad, que a su vez, es la raíz de tantos otros pecados.

Por eso, mantengamos la mirada fija en las preciosas y grandiosas promesas de Dios. Tomemos la Biblia, pidamos ayuda al Espíritu Santo, guardemos las promesas en nuestro corazón, y peleemos la buena batalla para vivir por fe en la gracia venidera.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 59

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El perfil de los farsantes

Iglesia Bautista Ozama

El perfil de los farsantes

Otto Sánchez

 

Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo. Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia. Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano. Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica. El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

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Creo, Señor; y le adoró

Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego?

Juan 9:1-2

(El ciego curado exclamó:) Creo, Señor; y le adoró.

Juan 9.38

Creo, Señor; y le adoró

Lectura propuesta: Juan 9

El sufrimiento sigue siendo un enigma para muchos de nosotros y no deja de suscitar numerosas preguntas. ¿Cuál fue la respuesta de Jesús? Es preciso subrayar que los discípulos (y su pregunta revela una actitud comúnmente extendida) no preguntaron por qué el hombre era ciego, sino quién había pecado, como si la condición de ese hombre estuviese ligada al pecado de alguien. Luego Jesús devolvió la vista al ciego, y esto suscitó otras preguntas. Los vecinos se sorprendieron, los jefes religiosos no podían aceptar la idea de una intervención divina. Pero entre negarse a creer y la evidencia de la sanidad, la confusión se instaló y los hombres fueron incapaces de explicar aquel acontecimiento.

¡Qué contraste con la mirada que Jesús dirigió a ese hombre! Desde el principio de la escena, anunciando el milagro había dicho: “Para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Juan 9:3), haciendo hincapié sobre los efectos o consecuencias que Dios quería producir. Si bien las causas eran difíciles de captar, si el origen de la ceguera no estaba al alcance de la inteligencia humana, cada persona, sin embargo, podía ser un testigo de la sanidad y de la intervención divina, de la gracia que operó por medio de Jesús.

Los ojos del ciego se abrieron ante esta dulce evidencia. El hombre Jesús, que apareció una segunda vez ante él, en su camino, fue saludado como el Señor. La luz que surgió del milagro reveló la verdadera identidad del Hijo de Dios.

Job 18-19 – Hebreos 7:18-28 – Salmo 125 – Proverbios 27:21-22

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Luchando con la Palabra

NOVIEMBRE, 15

Luchando con la Palabra

Devocional por John Piper

No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia. (Isaías 41:10)

Cuando estoy ansioso respecto a algún nuevo emprendimiento o reunión que implica un riesgo, peleo contra la incredulidad aferrándome a una de las promesas que uso más a menudo: Isaías 41:10.

El día que me fui a vivir por tres años a Alemania, mi padre me hizo una llamada de larga distancia y me dio esta promesa. Durante esos tres años, debo habérmela repetido a mí mismo unas quinientas veces para poder atravesar períodos de tremenda presión.

Cuando el motor de mi mente permanece neutro, Isaías 41:10 se convierte en el ronroneo de los engranajes.

Cuando siento ansiedad respecto a que mi ministerio pueda resultar inútil o vacío, lucho contra la incredulidad con la promesa de Isaías 55:11: «Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mi vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié».

Cuando me ataca la ansiedad y me siento demasiado débil para hacer mi trabajo, peleo contra la incredulidad con una promesa de Cristo: «Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9).

Cuando estoy ansioso por las decisiones que tengo que tomar acerca del futuro, peleo contra la incredulidad con la promesa: «Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti» (Salmo 32:8).

Cuando me siento ansioso por tener que enfrentar opositores, lucho contra la incredulidad con la promesa: «Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8:31).

Cuando estoy ansioso por el bienestar de las personas que amo, peleo contra la incredulidad con la promesa de que si yo, siendo malo, sé dar cosas buenas a mis hijos, mucho más el «Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden» (Mateo 7:11).


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 58-59

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