El misterio del matrimonio

OCTUBRE, 21

El misterio del matrimonio

Devocional por John Piper

Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. (Génesis 2:24)

Cuando Dios determinó crear al hombre y a la mujer y ordenar la unión del matrimonio, no libró al azar la decisión de cómo habrían de relacionarse entre ellos. No tiró los dados, ni eligió cara o cruz de una moneda. Dios diseñó el matrimonio a propósito siguiendo el modelo de la relación entre el Hijo y la iglesia, una unión que ya había planeado desde la eternidad.

Por lo tanto, el matrimonio es un misterio: contiene y esconde un significado mucho más grandioso de lo que vemos por fuera. Dios creó al ser humano masculino y femenino, y les dio el mandamiento del matrimonio, para que la relación de pacto eterno entre Cristo y su iglesia quedara representada en la unión marital.

La inferencia que Pablo sustrae de este misterio es que los roles del marido y de la esposa en el matrimonio no son asignados arbitrariamente, sino que tienen su origen en los roles distintivos de Cristo y la iglesia.

Aquellos de nosotros que estamos casados necesitamos reflexionar una y otra vez sobre cuán misterioso y maravilloso es que Dios nos dé el privilegio de representar realidades divinas extraordinarias, infinitamente más grandes y majestuosas que nosotros mismos.

Ese es el fundamento del modelo del amor que Pablo describe para el matrimonio. No es suficiente decir que cada uno de los esposos debe buscar su propio gozo en el otro. También es importante decir que los esposos y esposas deben imitar conscientemente la relación que Dios planeó para Cristo y la iglesia.

Espero que podamos tomar este asunto con seriedad, sin importar si somos casados o solteros, jóvenes o ancianos. La revelación del pacto inquebrantable entre Cristo y la iglesia depende de ello.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 213

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¡Señor, enséñanos a orar!

Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.

Juan 11:41-42

Uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar.

Lucas 11:1

Jesús, el Hijo de Dios, fue un hombre de oración

A menudo los evangelios nos muestran a Jesús orando: solo o con sus discípulos, en un lugar desierto o en una montaña, a menudo durante la noche, en la cruz…

A la edad de doce años, Jesús “se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él” (Lucas 2:40). Cuando María y José lo encontraron en el templo, él les dijo: “¿No sabíais que en los negocios de mi Padre (Dios) me es necesario estar?” (Lucas 2:49). Más tarde dijo: “Yo sabía que siempre me oyes”. Así fue su vida de comunión y de oración con Dios, su Padre, desde su infancia.

Sus oraciones expresan una perfecta confianza en su Padre, una total sumisión a su voluntad (Lucas 22:42). También son expresiones de agradecimiento, incluso antes de ser respondidas, pues Jesús siempre hizo la voluntad de su Padre. Por último, son una expresión conmovedora de su comunión con su Padre, con respecto a sus discípulos y a todos los creyentes (Juan 17).

Jesús nos invita a dirigirnos a Dios como a un Padre: “Cuando oréis, decid: Padre…” (Lucas 11:2), con una total confianza: “Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Marcos 11:24). Es un Padre fiel que nos ama y nos escucha, y sus respuestas siempre tendrán como objetivo nuestro bien.

Todavía hoy Jesús resucitado, en el cielo, ora por todos aquellos que depositan su confianza en él (Hebreos 7:25). ¡Ora por usted y por mí!

Nehemías 7 – Juan 9 – Salmo 119:9-16 – Proverbios 25:25-26

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Lo que Jesús nos ofrece

viernes 20 octubre

No envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

Juan 3:17

(Jesús) llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero.

1 Pedro 2:24

Lo que Jesús nos ofrece

El nombre de Jesús significa Dios “Salvador”. Todos los hombres, sin excepción, necesitan ser salvos porque se han opuesto, aunque solo haya sido una vez en la vida, a la voluntad de Dios. Pero en realidad se oponen mucho más a menudo, y no preocuparse por Su existencia ya es desobedecerle.

Entonces Dios envió al mundo un Salvador. Por medio de él cada uno puede ser perdonado, recibir una vida nueva y ser feliz desde ahora y por la eternidad.

Fundadores de diversas religiones predicaron el bien y formularon palabras sabias, pero no pudieron aliviar a los hombres del peso de sus faltas, ni liberarlos del poder del pecado. Esto no lo puede hacer ningún moralista, filósofo o místico.

Jesús no vino para fundar una religión. No enseña a los hombres cómo pueden salvarse por sí mismos. Él es quien libera del pecado, del juicio y de la condenación a todos los que se arrepienten y creen en él. “Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10:43).

Jesús, quien vino por amor para socorrer a los hombres que sufrían bajo las consecuencias del pecado, “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38). Pero su simpatía no podía mejorar nuestra naturaleza pecaminosa, ni hacer desaparecer ninguno de nuestros pecados. En la cruz dio su vida santa por nosotros los culpables. Nos amó y cargó con nuestros pecados como si fueran suyos. Por eso ahora nos ofrece una liberación total. ¡La consiguió al precio de su sacrificio en la cruz!

Nehemías 6 – Juan 8:31-59 – Salmo 119:1-8 – Proverbios 25:23-24

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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La Felicidad más grande del Amor

OCTUBRE, 19

La Felicidad más grande del Amor

Devocional por John Piper

Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia; porque somos miembros de su cuerpo. (Efesios 5:29?30)

La unión entre Cristo y su esposa es tan estrecha («una sola carne») que todo el bien que ella recibe también lo recibe él mismo. La contundente afirmación en este pasaje es que esta realidad motiva al Señor a alimentar, cuidar, santificar y purificar a su esposa.

Según algunas definiciones, esto no puede ser amor. El amor, dicen, debe estar libre de todo interés personal, en especial en el caso del amor cristiano, y mucho más en el amor de Cristo en el Calvario. Jamás he visto que esta manera de concebir el amor encajara con este pasaje de las Escrituras.

Sin embargo, este pasaje claramente llama amor a lo que Cristo hace por su esposa: «Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia…» (Efesios 5:25). ¿Por qué no dejar que el resto del pasaje nos dé la definición del amor, en lugar de sacar nuestras propias conclusiones derivadas de la ética o de la filosofía? Según este pasaje, el amor es la búsqueda de nuestro gozo en el gozo santo del ser amado.

No hay forma de excluir el interés personal del amor, ya que el interés personal no equivale al egoísmo. El egoísmo busca su propia felicidad exclusivamente para sí mismo y a expensas de los demás.

El amor busca su propia felicidad en la felicidad del ser amado. Es capaz incluso de sufrir y dar la vida con tal de que su propio gozo se complete en la vida y pureza del ser amado.

Así es como Cristo nos amó, y así es como él nos llama a amarnos unos a otros.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 206-207

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Me convertí del budismo (2)

Vino, pues, palabra del Señor a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí.

Jeremías 1:4-5

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

2 Corintios 5:17

Me convertí del budismo (2)

«Desde aquel día fui a las reuniones de lecturas bíblicas para descubrir a ese Dios que parecía conocerme tan bien, ese Dios que da el primer paso hacia el que sufre, mientras que en el budismo es la gente la que debe ir a Buda. Comprendí que Jesús había muerto por mí en la cruz, para salvarme de mis pecados.

El 3 de julio de 1996 le entregué mi corazón. Veía que comenzaba una nueva vida llena de gozo, en la luz… Ya no estaba en el fondo del pozo, sino libre por la fe en Jesucristo, mi Salvador.

Mi conversión condujo a otras personas de mi familia a ir a Jesús; por este hecho fui consciente de que la gracia de Dios siempre nos había acompañado.

Después de mi conversión atravesé períodos difíciles, incluso desánimos. Poco a poco aprendo a confiar sencillamente en Dios, tal como soy, para recibir sus consejos y su ayuda. “Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4). Doy gracias al Señor por haberme conducido hasta aquí. El futuro está en sus manos. ¿De qué debo temer, si fue el Señor quien me condujo hacia él?

Como una amiga me dijo un día, fui escogida y adoptada dos veces. Primero mi madre adoptiva me amó y me cuidó desde mi primera semana de vida en esta tierra, luego Dios, mi Padre, quien me amaba, me buscó y me halló».

Saroj

“Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos” (Salmo 32:8).

Nehemías 5 – Juan 8:1-30 – Salmo 118:21-29 – Proverbios 25:20-22

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El gozo de Jesús en el matrimonio

OCTUBRE, 18

El gozo de Jesús en el matrimonio

Devocional por John Piper

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria. (Efesios 5:25?27)

La razón por la que hay tanta desgracia en el matrimonio no es que los esposos y esposas buscan su propio placer, sino que no lo buscan en el placer de su cónyuge. El mandamiento bíblico para los esposos y esposas es buscar su propio gozo en el gozo de su cónyuge.

Difícilmente haya un pasaje más hedonista en la Biblia que Efesios 5:25?30, el cual habla del matrimonio. Se les dice a los maridos que deben amar a sus esposas así como Cristo amó a la iglesia.

¿Cómo amó Cristo a la iglesia?: «se dio a sí mismo por ella». ¿Para qué?: «para santificarla, habiéndola purificado». Pero ¿para qué quiso santificarla?: «a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria».

¡Esa es la respuesta! «Por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz» (Hebreos 12:2). ¿Qué gozo? El gozo de la unión con su esposa, la iglesia.

Jesús no quiere una iglesia corrompida e impía. Por eso es que estuvo dispuesto a morir para santificar y purificar a su prometida y así poder presentársela a sí mismo como una esposa «en toda su gloria». Obtuvo el deseo de su corazón al entregarse a sí mismo por el bien de su esposa.


Devocional tomado del libro  “Deseando a Dios”, páginas 205-206

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

 

Me convertí del budismo (1)

Mira, oh Señor, estoy atribulada… Mi corazón se trastorna dentro de mí, porque me rebelé en gran manera.

Lamentaciones 1:20

Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas.

Lamentaciones 3:57

Me convertí del budismo (1)

«Si practicaba esta religión era por obediencia y no por convicción. En agosto de 1994, mi madre y yo participamos en una ceremonia religiosa budista en París (Francia). La gente parecía estar contenta de orar junta, en cambio yo me aburría. Cuando llegó el momento de echar los pétalos de flores para Buda, pregunté a mi madre: «¿Por qué tengo que hacer esto si yo no creo?». Ella me hizo una señal para que me callara. Y a partir de ese momento me alejé totalmente del budismo.

Al acercarme a los dieciséis años, todo lo que veía… y todo lo que vivía era desobediencia, malos pensamientos, rebeldía, mentira, libertinaje… Cuanto más avanzaba en este camino, más sufría. Un día, al regresar de la escuela, me encerré en mi habitación y con la mirada hacia el cielo clamé: «Dios, si existes, ¡ayúdame a salir de este infierno! Por favor, ayúdame, ¡tú eres mi última solución!».

En junio de 1996 conocí a un cristiano que me invitó a un encuentro con un grupo de jóvenes que se reunían para leer la Biblia. Fui, y allí escuché un cántico que me marcó profundamente. Decía que Dios sabe lo que me parece pesado, lo que me duele y me turba cada día; conoce mis penas, mi temor al mañana, sí ¡Dios conoce todas mis necesidades!

Lloré. Era como si Dios me hablase en lo más profundo de mi corazón y me invitase a ir a él».

Saroj (mañana continuará)

Nehemías 4 – Juan 7:32-53 – Salmo 118:15-20 – Proverbios 25:18-19

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El propósito de la prosperidad

OCTUBRE, 17

El propósito de la prosperidad

Devocional por John Piper

El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad. (Efesios 4:28)

Existen tres niveles de cómo convivir con los bienes: (1) robar para obtenerlos; (2) trabajar para obtenerlos; o (3) trabajar para obtenerlos en orden de dar.

Son demasiadas las personas que profesan ser cristianos que viven en el nivel dos. Casi todas las fuerzas de la cultura que los rodea los instan a vivir en el nivel dos. Sin embargo, la Biblia nos empuja incesantemente hacia el nivel tres. «Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra» (2 Corintios 9:8).

¿Por qué Dios nos bendice con abundancia? Para que tengamos lo suficiente para vivir, y luego para usar el resto en todo tipo de buenas obras para aliviar la miseria espiritual y física. Lo suficiente para nosotros; abundancia para los demás.

La cuestión no es cuánto gana una persona. Las grandes industrias y los salarios abultados son una realidad de nuestros tiempos, y no necesariamente son malos. Lo malo es dejarnos engañar y pensar que un salario de seis cifras debería estar acompañado de un estilo de vida de seis cifras.

Dios nos creó para que fuéramos conductos de su gracia. El peligro está en pensar que el conducto debería estar bañado en oro, que es algo que no debería suceder. Con el cobre es suficiente: es un metal que tiene la capacidad de transferir increíbles riquezas a los demás.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 202-203

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

La Predicación Expositiva Sección 

9Marks Español

La Predicación Expositiva Sección 

Miguel Nuñez

 

 

 

El Dr. Miguel Núñez sirve como Pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo y es el presidente y fundador del Ministerio Integridad & Sabiduría, que tiene como visión impactar la generación de hoy con la revelación de Dios en el mundo hispano-parlante. Tiene una maestría en teología del Southern Baptist School for Theological Studies y un doctorado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary. El pastor Núñez,forma parte del cuerpo docente del Instituto Bíblico de Integridad & Sabiduría y de la facultad docente del Southern Baptist Theological Seminary. Además es autor de varios libros y contribuidor en varias otras obras.

 

José y sus hermanos

martes 17 octubre

Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien.

Génesis 50:20

Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.

Romanos 8:28

José y sus hermanos

La Biblia cuenta la vida de José, un joven que vivió 1.700 años antes de Jesucristo. Sus hermanos lo odiaban y eran duros con él. Un día su padre lo envió a ver cómo estaban sus hermanos, los cuales cuidaban su rebaño lejos de allí. Cuando ellos lo vieron llegar, quisieron matarlo. Al final lo vendieron como esclavo a unos mercaderes que se dirigían a Egipto.

Los años pasaron, José se ganó la confianza del Faraón y llegó a ser «primer ministro». Fue entonces cuando sus hermanos se encontraron ante él: llegaron a comprar alimentos, porque el hambre azotaba su país. Pese a su conducta en el pasado, José no había dejado de amarlos. Primero los puso a prueba para que tomasen conciencia de sus faltas pasadas y de su maldad, luego cuidó de ellos haciendo que viviesen en la mejor parte del país. El primer versículo citado es la conclusión de toda esta historia.

Este pasaje ilustra la vida de Jesucristo, quien descendió del cielo para venir hasta nosotros. ¡Él también fue odiado! Durante su vida, la gente quiso hacerle daño, y al final fue crucificado entre dos malhechores. Pero todo el odio que recibió no cambió en nada su amor por el hombre. El mal que el hombre le hizo, Dios lo cambió en bien para nosotros. Al dar su vida, Jesús llevó sobre sí mismo el juicio que nosotros merecíamos debido a nuestros pecados. Su muerte se convirtió en el medio para salvarnos eternamente. Pero es necesario que cada uno reconozca sus pecados y los confiese a Dios. Su amor está esperando esto para darnos la vida eterna y un lugar junto a él en el paraíso.

Nehemías 3 – Juan 7:1-31 – Salmo 118:10-14 – Proverbios 25:16-17

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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