Nosotros esperamos, él hace la obra

OCTUBRE, 07

Nosotros esperamos, él hace la obra

Devocional por John Piper

Desde la antigüedad no habían escuchado ni dado oídos, ni el ojo había visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en Él. (Isaías 64:4)

Pocas son las cosas que me han fascinado con mayor gozo que la verdad de que Dios ama mostrar su divinidad obrando a mi favor, y de que esta obra siempre ocurre antes de lo que yo pueda hacer por él, y está detrás de cada una de mis obras para él y en cada una de ellas.

En una primera instancia, decir que Dios trabaja para nosotros puede sonar arrogante de nuestra parte y denigrante hacia Dios. Sin embargo, esto se debe tan solo a la posible connotación de que yo soy un empleador y Dios busca trabajo. Esa no es la connotación de los pasajes bíblicos que dicen que Dios trabaja para nosotros. Un ejemplo es el de Isaías 64:4: «un Dios… que [obra] a favor del que [espera] en Él».

La connotación correcta al decir que Dios trabaja para mí es que yo estoy en bancarrota y necesito un rescate. Soy débil y necesito de alguien fuerte. Estoy en peligro y necesito de alguien que me proteja. Soy necio y necesito de alguien sabio. Estoy perdido y necesito un Salvador.

Que Dios obra a mi favor significa que yo mismo no puedo hacer la obra.

Y esto lo glorifica a él, no a mí. El Dador se lleva la gloria. El Poderoso recibe la alabanza.

Leamos las Escrituras y seamos libres del peso de nuestra carga. Dejemos que él haga la obra.

  1. «Desde la antigüedad no habían escuchado ni dado oídos, ni el ojo había visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en Él» (Isaías 64:4).
  2. «[Dios no] es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que Él da a todos vida y aliento y todas las cosas» (Hechos 17:25).
  3. «Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (Marcos 10:45).
  4. «Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo» (2 Crónicas 16:9).
  5. «Si yo tuviera hambre, no te lo diría a ti… invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás» (Salmos 50:12, 15).
  6. «Hasta vuestros años avanzados, yo os sostendré. Yo lo he hecho, y yo os cargaré; yo os sostendré, y yo os libraré» (Isaías 46:4).
  7. «He trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí» (1 Corintios 15:10).
  8. «Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican» (Salmos 127:1).
  9. «El que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado» (1 Pedro 4:11).
  10. «Ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer» (Filipenses 2:12-13).
  11. «Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento» (1 Corintios 3:6-7).

Devocional tomado del articulo “11 Maneras que Dios Obra por Nosotros”

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El acceso a la verdad

Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

1 Timoteo 2:3-4

La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Juan 1:17

(Jesús dijo a su Padre:) Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.

Juan 17:17

El acceso a la verdad

En junio de 2011, el tema del examen de filosofía de las pruebas de acceso a una universidad era: «El arte, ¿es un medio para acceder a la verdad?». Para responder esta pregunta, habría que empezar examinando la que en otro tiempo hizo Pilato, el gobernador romano encargado del proceso contra Jesús: “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:38). Con dos mil años de intervalo entre la una y la otra, esas dos preguntas siguen sin respuesta para muchos. La conclusión dada por un alumno en su examen no da una respuesta más concreta: «Al final, lo que nos revela el arte, ¿no es que no hay una única verdad y lo que decimos ser verdad quizá no lo sea?».

Sin embargo Dios, a quien la Biblia designa como “el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20), puso la verdad a nuestro alcance. Jesucristo vino a la tierra para decirnos: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). Era la revelación exacta de Dios Padre. También nos dijo la verdad con respecto a nuestro estado moral. “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mateo 9:13).

Pero Jesús también dijo: “El Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados” (Mateo 9:6). ¡Pecamos todos los días! ¡Todos necesitamos ser salvos del juicio y de la muerte! Acceder a la verdad es primeramente estar de acuerdo con Dios para así recibir su perdón y su gracia. Entonces nos permite descubrir la realidad eterna de sus planes de amor para los hombres, consignados en la Biblia.

Esdras 3 – Juan 2 – Salmo 112 – Proverbios 24:27Editorial

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La Gloria de Dios

OCTUBRE, 06

La Gloria de Dios

Devocional por John Piper

La sana doctrina [es] según el glorioso evangelio del Dios [feliz]. (1 Timoteo 1:10-11)

Gran parte de la gloria de Dios es su felicidad.

Para el apóstol Pablo, era inconcebible que Dios pudiera estar privado del gozo infinito y aun así ser sumamente glorioso. Para ser infinitamente glorioso se debe ser infinitamente feliz. Por eso habló en términos del glorioso evangelio del Dios feliz: porque para Dios es glorioso ser tan feliz como él es.

En gran parte, la gloria de Dios consiste en el hecho de que él es más feliz de lo que jamás podríamos imaginar.

Este es el evangelio: «El evangelio de la gloria del Dios feliz». La gloriosa felicidad de Dios es una buena noticia.

Nadie querría pasar la eternidad con un Dios infeliz. Si Dios no fuera feliz, entonces la meta del evangelio no sería una meta feliz, y eso significaría que ese no es el evangelio en absoluto.

Sin embargo, Jesús en efecto nos invita a pasar la eternidad con un Dios feliz, al decir: «entra en el gozo de tu señor» (Mateo 25:23). Jesús vivió y murió para que este gozo —el gozo de Dios— estuviera en nosotros y para que nuestro gozo fuera completo (Juan 15:11; 17:13). Por lo tanto, el evangelio es «el evangelio de la gloria del Dios feliz».

La felicidad de Dios consiste, en primer lugar y por sobre todo, en la alegría que tiene en su Hijo. Por eso es que cuando tenemos parte en la felicidad de Dios, tenemos el mismo deleite que el Padre tiene en el Hijo.

Es por esta razón que Jesús nos dio a conocer al Padre. Al final de la gran oración de Juan 17, Jesús dijo a su Padre: «Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en ellos» (Juan 17:26). Jesús dio a conocer a Dios para que el deleite de Dios en su Hijo estuviera en nosotros y se vuelva en nuestro deleite.


Devocional tomado del libro “Los Deleites de Dios” , páginas 26-27

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El lenguaje de las golondrinas

viernes 6 octubre

Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro… He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra… Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.

Apocalipsis 22:7, 12, 20

El lenguaje de las golondrinas

Una mañana del mes de octubre, cuando salían los primeros rayos del sol, cientos de golondrinas se reunieron para su larga migración al sur. Iban y venían piando enérgicamente. ¡Era un día de fiesta para ellas! ¿Quién había dado la señal de salida? ¿Y de qué llamado misterioso se trataba, pues solo ellas lo habían oído? Los demás pájaros continuaban sus idas y venidas habituales, pero las golondrinas habían oído la invitación al viaje hacia otros cielos.

Un día, quizá muy cercano, sonará otro llamado. Es el de Jesucristo, quien vendrá a buscar a todos los que hayan creído en él. Solo estos conocen su voz, depositaron su confianza en él. Jesús también los conoce. Incluso puede llamar a cada uno por su nombre. Los creyentes que hayan muerto también oirán su llamado y resucitarán. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, todos se reunirán alrededor de él en las nubes para ser recibidos en la presencia de Dios. El mundo constatará su ausencia. Podrá razonar, averiguar las causas y perderse en hipótesis. ¡Pero ya no podrá creer! ¡El tiempo de la gracia habrá pasado!

La primera venida de Jesús a la tierra fue anunciada con gran antelación por los profetas. Muchos fieles la esperaron y no la vieron, pero un día en la ciudad de Belén se pudo ver a un niño, Jesús, acostado en un pesebre.

De la misma manera, su segunda venida está claramente anunciada en la Biblia. Llegará el día en que se cumplirá igual que la primera. Jesús nos dice: “Ciertamente vengo en breve”.

Esdras 2 – Juan 1:29-51 – Salmo 111:6-10 – Proverbios 24:23-26

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Se hará justicia

OCTUBRE, 05

Se hará justicia

Devocional por John Piper

Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. (Romanos 12:19)

A todos nosotros nos han tratado con injusticia alguna vez. La mayoría de nosotros, probablemente, fuimos tratados de un modo realmente injusto por alguien que jamás nos pidió disculpas ni hizo algo que fuera suficiente para enmendar la situación.

Y uno de los grandes obstáculos que se nos presentan para dejar ir el dolor y la amargura es la convicción —la convicción justificada— de que debería hacerse justicia, de que el universo mismo se desmoronaría si las personas pudieran simplemente salirse con la suya cometiendo horribles injusticias y engañando a los demás.

Ese es uno de los impedimentos para el perdón y para abandonar el rencor. No es el único —ya que también tenemos que lidiar con nuestro propio pecado— pero es un impedimento real.

Sentimos que olvidar sería como admitir que simplemente no se hará justicia. Y no podemos hacer eso.

Por eso, nos aferramos a la ira y repetimos la misma historia una y otra vez con los sentimientos: No tendría que haber sucedido, no debería haber sucedido, estuvo mal, fue injusto. ¿Cómo puede estar tan feliz mientras yo estoy tan deprimido? Eso no está bien. ¡No está nada bien!

Dios nos dio las palabras de Romanos 12:19 para quitar esta carga de nuestras espaldas.

«Nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios»: ¿qué significa eso para nosotros?

Hacer a un lado la carga de la ira, hacer a un lado la costumbre de abrigar nuestras heridas con sentimientos de rencor —hacer todo eso a un lado— no significa que no hemos sido tratados con injusticia.

No significa que no hay justicia, ni que no seremos reivindicados, ni que los que nos trataron así simplemente se saldrán con la suya. No es así.

Significa que cuando hacemos a un lado la carga de la venganza, Dios la toma sobre sí mismo.

No se trata de una manera de vengarse sutilmente. Se trata de poner la venganza en manos de aquel a quien le pertenece.

Se trata de respirar profundo, quizás por primera vez en décadas, y sentir que ahora al fin quizás seamos libres para amar.


Devocional tomado del sermón “No os venguéis vosotros mismos, sino dejad lugar a la ira de Dios”

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Regocijaos en el Señor

Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra.

Salmo 81:1

El que hace misericordia, con alegría.

Romanos 12:8

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!

Filipenses 4:4

Regocijaos en el Señor

Recuerdo haber oído decir a un creyente mayor: «Un cristiano triste es un triste cristiano». Quería decir que la tristeza no es el estado normal de un hijo de Dios y puede ser un mal testimonio para los que lo rodean.

Como cristiano tengo razones fundamentales para ser feliz: sé que mis pecados fueron borrados para siempre, que Dios me adoptó como hijo suyo y que mi futuro eterno está asegurado en la gloria del cielo. Esto debería producir ciertos efectos en mi vida. ¡La gente debería oírme cantar de gozo y verme servir gozoso a mi Dios y a mi prójimo!

El apóstol Pablo es un ejemplo a seguir. Su vida, lejos de ser fácil, estuvo llena de pruebas y motivos de preocupaciones sin comparación con mi propia vida (lea 2 Corintios 11:23-28). Pero su gozo interior no fue alterado, y era sincero cuando decía que estaba entristecido pero siempre gozoso (2 Corintios 6:10).

Si mi gozo fluctúa según las circunstancias por las que paso, quizá sea porque no pienso lo suficiente en el amor de Jesús por mí. Ayer dejó el cielo para venir a salvarme y dio su vida para borrar mis pecados. Hoy se ocupa de mí al igual que un pastor cuida de sus ovejas, y me prepara un lugar en la casa de su Padre. Mañana él mismo vendrá a buscarme para llevarme con él. ¿Qué más necesito para vivir feliz?

“No os entristezcáis, porque el gozo del Señor es vuestra fuerza” (Nehemías 8:10).

Esdras 1 – Juan 1:1-28 – Salmo 111:1-5 – Proverbios 24:21-22

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Gozo sin restricciones

OCTUBRE, 04

Gozo sin restricciones

Devocional por John Piper

Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté con ellos y yo en ellos. (Juan 17:26)

Imaginen que son capaces de disfrutar de lo más placentero, con energía y pasión, sin restricciones y para siempre. Esa no es nuestra experiencia hoy día. Hay tres obstáculos que se interponen entre nosotros y nuestra satisfacción completa en este mundo.

El primero es que no hay nada que tenga un valor intrínseco tan grande que pueda cumplir los anhelos más profundos de nuestro corazón.

El segundo es que carecemos de las fuerzas para gozar de los mejores tesoros a su máxima expresión.

El tercer obstáculo para nuestra satisfacción completa es que nuestros deleites aquí tienen un final. Nada permanece. Pero si las palabras de Jesús en Juan 17:26 se vuelven realidad, entonces todo esto cambiará.

Si el deleite de Dios en el Hijo se vuelve nuestro deleite, entonces el objeto de nuestro deleite, Jesús, será de un valor intrínseco inagotable para nosotros. Jamás se tornará aburrido, ni decepcionante, ni frustrante.

No es posible concebir un tesoro más grande que el mismo Hijo de Dios.

Más aún, nuestra capacidad de gustar de tal tesoro inagotable no se verá limitada por nuestras debilidades humanas. Nos regocijaremos en el Hijo de Dios por medio del deleite mismo de su Padre.

El deleite de Dios en su Hijo estará en nosotros y será nuestro deleite. Y nunca llegará a su fin, porque ni el Padre ni el Hijo tienen fin.

El amor del uno por el otro se convertirá en nuestro amor por ellos y, por lo tanto, nuestro amor por ellos jamás se acabará.


Devocional tomado del libro “Los deleites de Dios”, páginas 27

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El libro que le daba miedo

miércoles 4 octubre

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca… Gracia y paz a vosotros… de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre.

Apocalipsis 1:3-5

El libro que le daba miedo

Un creyente fue a visitar a una persona enferma y le propuso leer un pasaje de la Biblia. El enfermo respondió: «De acuerdo, pero que no sea en el Apocalipsis; es un libro que me da miedo».

La persona que no está en paz con Dios tiene razón para tener miedo. El Apocalipsis es un libro de juicios, terribles juicios que caerán sobre los hombres que viven sin Dios. Futuro aterrador, que nos invita a reconciliarnos con Dios antes de que dé rienda suelta a su ira. Esa ira que vendrá después de su actual paciencia, la cual el hombre a veces interpreta como indiferencia con respecto a la injusticia y al sufrimiento.

¡La hora está avanzada en el reloj del tiempo! En la época difícil en la que vivimos, Satanás seduce a los hombres y los arrastra a la perdición. Pero Dios, que conoce el futuro, recuerda sin cesar mediante su Palabra que hoy es el día de salvación.

¿Ese libro le da miedo y por eso no lo lee? Su actitud no soluciona nada. ¡El hecho de ignorar las advertencias nunca ha hecho desaparecer los peligros! Sí, Dios juzgará al mundo, pero primero lo amó. Hoy le ofrece su gracia. ¡Abra ese libro, abra los ojos! Escuche el último llamado de Jesús, al principio del libro: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

Sofonías 3 – Judas – Salmo 110 – Proverbios 24:19-20

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Amor absoluto, soberano y todopoderoso

OCTUBRE, 03

Amor absoluto, soberano y todopoderoso

Devocional por John Piper

El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad. (Éxodo 34:6)

Dios abunda en misericordia y verdad.

Hay dos imágenes que vienen a mi mente:

  1. El corazón de Dios como un manantial de agua inagotable que desborda en amor y verdad en la cima de la montaña.
  2. El corazón de Dios como un volcán que hierve de amor a tal temperatura que explota en una erupción en la cima de la montaña y fluye año tras año con la lava del amor y la verdad.

Cuando Dios usa la palabra abundante, su intención es hacernos entender que los recursos de su amor son ilimitados. En cierto modo, él es como el gobierno: cuando hay una necesidad, simplemente puede imprimir más dinero para cubrirla.

Sin embargo, la diferencia es que Dios tiene un tesoro infinito de amor dorado para cubrir todas las emisiones de monedas. El gobierno solamente vive en un mundo de ensueño. Pero Dios cuenta, de un modo muy realista, con los recursos infinitos de su deidad.

La existencia absoluta, la libertad soberana y la omnipotencia de Dios son la plenitud volcánica que explota en un desborde de amor. La pura magnificencia de Dios consiste en que él no nos necesita para cubrir ninguna deficiencia en él. Por el contrario, es su infinita autosuficiencia la que se derrama en forma de amor sobre nosotros, quienes lo necesitamos.

Podemos confiar en su amor precisamente porque creemos en lo absoluto de su existencia, en la soberanía de su libertad y en lo ilimitado de su poder.


Devocional tomado del libro “El Señor, un Dios misericordioso y clemente”

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El poder de la Palabra de Dios

(Jesús dijo:) Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

Juan 6:63

La palabra de Dios es viva y eficaz.

Hebreos 4:12

El poder de la Palabra de Dios

En los años 1930, un vendedor había logrado vender una Biblia en un pueblo aislado de Polonia. Cuando tres años más tarde volvió a ese pueblo, sintió un gran gozo: doscientas personas habían sido llevadas a la fe en Cristo, ¡gracias a la lectura de la única Biblia que poseían!

Como aquellos cristianos solo tenían a disposición un ejemplar de la Biblia, habían decidido dividir cuidadosamente el libro en varias partes para que circulasen entre los habitantes, y así beneficiarse todos de la lectura.

El vendedor organizó un encuentro con aquellos creyentes y les preguntó si podían decir de memoria algunos versículos de la Biblia. Uno de los oyentes le preguntó: «¿Comprendimos bien? ¿Se refiere a versículos o capítulos?».

Muy sorprendido, el vendedor descubrió que estos creyentes habían aprendido de memoria no solo versículos aislados, sino varios capítulos e incluso libros enteros de la Biblia. Algunos podían repetir de memoria un evangelio entero, otros una parte del libro de los Salmos o de Génesis. En total, aquellos doscientos creyentes podían recitar prácticamente toda la Biblia. Gracias a Dios, porque las partes de la Biblia, que eran leídas diariamente e iban de casa en casa, estaban tan gastadas que casi no eran legibles.

¡Memoricemos, nosotros también, la Palabra de Dios! ¡Démosla a conocer, pues el Señor mismo prepara los corazones para que sea recibida!

Sofonías 2 – Filemón – Salmo 109:20-31 – Proverbios 24:17-18

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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