No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.
Romanos 1:16
Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.
Mateo 9:2
Un testimonio procedente de Camboya
Bao, alistado por los jemeres rojos a la edad de 17 años, estaba completamente traumatizado por la guerra. Vio cómo mataban a sus mejores amigos. Un día su unidad capturó a un soldado enemigo a quien se le preguntó si tenía una última voluntad. El prisionero no pidió un cigarrillo, como era costumbre, sino que le leyesen un pasaje del libro que tenía en su bolsillo. Bao empezó a leer en voz alta: “Jesús dijo…”. Pero repentinamente fue interrumpido por un fuerte ruido, y no pudo seguir leyendo. Un helicóptero de combate los atacó y, en medio de la confusión, el prisionero escapó.
Al día siguiente Bao preguntó al jefe de su unidad: «¿Qué fue lo que Jesús dijo?». Este último lo miró asombrado. Bao continuó: «Mire, sin duda es algo importante para que ese tipo quisiese escucharlo antes de morir». Su jefe se enfureció y le dijo que iba a contárselo al comisario político. Bao sabía que tendría serios problemas, pero ese día su tropa fue atacada y Bao fue el único sobreviviente.
Permaneció cuatro años más en la milicia. Cada día se preguntaba qué había dicho Jesús. Al final encontró una Biblia. Bao dio el siguiente testimonio: «Por fin descubrí qué había dicho Jesús, y decidí que yo también quería morir oyendo esas palabras». Y continuó diciendo: «Dios quería salvarme; me liberó para que yo pudiese escuchar lo que Jesús dijo».
Por cierto, el mensaje de Jesús es vivo y se dirige a cada uno de nosotros.
Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón (Salmos 37:4)
La búsqueda del deleite no es siquiera una opción, sino un mandamiento (en los Salmos): «Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón » (Salmos 37:4).
Los salmistas iban en pos de ello: «Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente» (Salmos 42:1-2); «Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua» (Salmos 63:1).
El motivo de la sed encuentra la contrapartida que lo satisfaga cuando el salmista afirma que los hombres «se sacian de la abundancia de tu casa, y les das a beber del río de tus delicias» (Salmos 36:8).
He descubierto que la bondad de Dios, el fundamento mismo de la adoración, no es algo a lo que uno le presenta sus respetos en una reverencia desinteresada. No, es algo en lo que nos regocijamos: «Probad y ved que el Señor es bueno» (Salmos 34:8).
«¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!, más que la miel a mi boca» (Salmos 119:103).
Como dijo C. S. Lewis, Dios en los Salmos es «el Objeto que todo lo satisface». Su pueblo lo adora sin reparo alguno por el «supremo gozo» que halla en él (Salmos 43:4). Él es la fuente del deleite completo e inagotable: «En tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre» (Salmos 16:11).
Debido a la cercanía de la Conferencia Por Su Causa, De Las Tinieblas a la Luz, a celebrarse a finales del presente mes de septiembre, el Pastor Miguel Núñez ha interrumpido esta semana y la próxima su serie Hasta Los Confines de la Tierra que lleva sobre el libro de Los Hechos. Este paréntesis se debe a que a final de octubre la iglesia celebra los 500 años de La Reforma iniciada por Martin Lutero el 31 de octubre de 1517, y por ello hoy trae el mensaje titulado: La Autoridad de la Palabra, basado en el libro del profeta Isaías, capítulo 55, versículo 11. Isaías es reconocido como el profeta evangelista dadas sus numerosas profecías acerca de la venida, el carácter, el ministerio y la predicación, los sufrimientos y la muerte del Mesías, y la extensión de su reino. Con el tema de la liberación del cautiverio en Babilonia, el profeta apunta a una liberación mucho mayor que sería efectuada por el Mesías. El versículo base del mensaje dice textualmente lo siguiente: “Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mi vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié”. Este versículo nos muestra que el poder de Su Palabra en las esferas de la providencia y la gracia es tan cierto como en la de la naturaleza. La verdad sagrada produce un cambio espiritual en la mente del hombre que ni la lluvia ni la nieve pueden producir en la tierra. Su Palabra no retornará al Señor sin producir efectos importantes en cada uno de nosotros. Se anuncia la abundancia de parte de Dios, la incesante siembra de Su Palabra, su fecundidad imparable. Este verso infunde una indestructible confianza en el poder de la Palabra de Dios. La predicación de la Palabra es lo único que puede cambiar el deterioro de la sociedad. Debido a que estamos en medio de una crisis de falta de autoridad, es válido el mensaje de hoy que nos muestra la autoridad de la Palabra. La Palabra de Dios guarda la máxima autoridad, por encima de la propia iglesia. Dada la coincidencia histórica de la celebración de La Reforma, este mensaje sobre la autoridad de la palabra de Dios está anclado en este evento liderado por Martín Lutero hace cinco siglos, quien estableció que la autoridad de la Palabra está por encima de cualquier otra autoridad, ya sean eclesiásticas o seculares. Lutero defendió este concepto con mucha valentía, hasta con su propia vida, lo que queda demostrado en una oración que hizo antes de una audiencia imperial donde les pedían su retractación. Lutero estaba completamente convencido de la autoridad de la palabra de Dios y del poder de Dios a través de Su Palabra. La autoridad de la Palabra está claramente establecida en la Biblia, tal como lo muestra el pasaje de 2ª de Timoteo 3:16. La Palabra es la comunicación de Dios para con nosotros, es inspirada por Él. Cuando la Biblia habla, Dios habla y nosotros callamos, porque Él es el creador y nosotros creaturas. Él es la máxima autoridad. Su Palabra muestra Su propósito, Su voluntad, Su poder y autoridad. No vuelve a Él vacía porque trabaja en cada uno de nosotros y cumple su cometido, cumple el propósito de Dios, y provoca que el que la escucha produzca frutos de acuerdo a lo establecido en la Palabra. La Palabra de Dios tiene contenido, sentido y propósito, por eso cuando la creación la naturaleza lo respetó. Cuando Él habló se formó el mar, el cielo y la tierra. En las Escrituras tenemos tres temas importantes que le dieron autoridad a Jesús, los cuales son: 1.- La santidad de su vida. Fue lo primero que le dio autoridad con la palabra expresada. 2.- El dominio de las escrituras cuando El enseñó. La precisión del manejo de las escrituras le dio autoridad. 3.- Jesús solo habló lo que Dios le autorizo a decir. El pueblo reconocía su autoridad y sabiduría, a pesar de que no había asistido a ninguna escuela, pero Cristo les contestaba que su sabiduría venía sólo de lo que el Padre le había revelado, no era de él, sino del Padre. La Palabra de Dios es poder y autoridad al momento de lidiar con las fuerzas del enemigo, y en todo tiempo y momento. Expulsa demonios, y confronta y reprende nuestra alma.
El Dr. Miguel Núñez sirve como Pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo y es el presidente y fundador del Ministerio Integridad & Sabiduría, que tiene como visión impactar la generación de hoy con la revelación de Dios en el mundo hispano-parlante. Tiene una maestría en teología del Southern Baptist School for Theological Studies y un doctorado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary. El pastor Núñez,forma parte del cuerpo docente del Instituto Bíblico de Integridad & Sabiduría y de la facultad docente del Southern Baptist Theological Seminary. Además es autor de varios libros y contribuidor en varias otras obras.
Habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.
Hebreos 1:3
(Jesús) Herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
Isaías 53:5
Perdonado porque Dios es justo
¿Por qué Dios perdona a los creyentes? Alguien responderá: porque nos ama y tiene compasión de nosotros. Es cierto, pero hay otra razón fundamental: Dios nos perdona porque es justo.
Quizás usted piense que Dios debería condenarlo, debido a Su santidad, pero que lo perdona porque se compadece de usted. Sin embargo, esto no es lo que la Biblia dice. De hecho, Dios nos perdona porque es Dios. No “volveré para destruir… porque Dios soy, y no hombre” (Oseas 11:9). En Dios la justicia y el amor nunca se oponen.
Para que Dios pudiera perdonar con justicia, Cristo mismo hizo “la purificación de nuestros pecados”. Para que Dios pudiera recibirnos, e incluso adoptarnos como sus hijos, para poder bendecirnos, primero debía ocuparse de nuestros pecados.
Nadie podía hacer nada para purificar sus propias faltas, pues el mal cometido, que es irreparable, constituye una ofensa a Dios. La purificación de nuestros pecados debía ser, pues, una obra divina. Esta obra fue hecha una vez por todas, cuando Jesús llevó en la cruz el castigo debido al pecado, el castigo por cada uno de nuestros pecados. Victorioso, Jesús resucitó y ahora está sentado a la diestra de Dios, su obra fue terminada en la cruz. El perdón de Dios puede ser proclamado y recibido por la fe. Por lo tanto puedo pedir su perdón y recibir el don de su gracia perfecta.
Por lo demás, hermanos míos, regocijaos en el Señor. (Filipenses 3:1)
Nunca antes me habían enseñado que Dios es glorificado cuando nos gozamos en él. Tal gozo en Dios es precisamente lo que hace que la alabanza sea un honor a Dios y no una hipocresía.
No obstante, Jonathan Edwards lo dijo de un modo muy claro y poderoso:
Dios se glorifica a sí mismo en las criaturas también de dos maneras: 1. Al aparecerse en… su entendimiento. 2. En comunicarse a sí mismo al corazón de ellos; y en el gozo y el deleite y disfrute de ellos en las manifestaciones que Dios hace de sí mismo… Dios es glorificado no solo porque ellos ven su gloria, sino también porque se regocijan en ella.
Cuando aquellos que ven su gloria se deleitan en ella, Dios es más glorificado que si solo la vieran… El que da testimonio de su idea de la gloria de Dios [no] glorifica a Dios tanto como el que también da testimonio de su aprobación de esa gloria y de su deleite en ella.
Este fue un descubrimiento impactante para mí. Debo buscar el gozo en Dios si he de glorificarlo como a la Realidad de más alta estima del universo. El gozo no es una simple opción que acompaña a la adoración. Es un componente esencial de la adoración.
Hay un nombre que le damos a aquellos que elogian aunque no se deleiten en el objeto de su alabanza: hipócritas. Este hecho que alabar significa tener un placer consumado, y que el propósito más sublime del hombre es beber más y más de este placer quizás haya sido el descubrimiento más liberador de mi vida.
El Dr. Steven J. Lawson es el presidente y fundador de OnePassion Ministries, un ministerio diseñado para equipar a los expositores bíblicos para llevar a cabo una nueva reforma en la iglesia. El Dr. Lawson ha servido como pastor durante treinta y cuatro años en Arkansas y Alabama.
El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica delSeñor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años. Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor. Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros.
Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano. Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica.
El Dr. Miguel Núñez sirve como Pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo y es el presidente y fundador del Ministerio Integridad & Sabiduría, que tiene como visión impactar la generación de hoy con la revelación de Dios en el mundo hispano-parlante. Tiene una maestría en teología del Southern Baptist School for Theological Studies y un doctorado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary. El pastor Núñez,forma parte del cuerpo docente del Instituto Bíblico de Integridad & Sabiduría y de la facultad docente del Southern Baptist Theological Seminary. Además es autor de varios libros y contribuidor en varias otras obras.
(Jesús dijo:) El pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo… Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
Juan 6:33, 35
El pan de vida
La víspera del día en que Jesús pronunció estas palabras, miles de personas habían podido comer hasta saciarse gracias a cinco panes y dos peces que un niño había traído y que Jesús había multiplicado. Jesús quiso hablarles de otro pan destinado a alimentar sus almas. El milagro que había hecho era la señal de una realidad espiritual, invisible. El pan partido y multiplicado revelaba la intención divina: que el hombre viva de lo que viene de Dios.
Todavía hoy, el hombre tiene hambre de paz, de reconciliación, de generosidad, de amor, de pureza. El éxito social no puede saciar esta hambre tan grande. Dicho sea de paso, este éxito a menudo se construye sobre la base de la rivalidad, la especulación o incluso el robo violento, lo que es muy grave.
Jesús lo sabe y se presenta a cada uno de nosotros como el pan de vida. ¿Cómo podemos alimentarnos de él? Simplemente creyendo en él, tratando de conocerlo mejor mediante la lectura de los evangelios, para poder imitarlo en nuestra vida diaria. La fe en Cristo, en su amor, en su muerte por nuestros pecados, nos da una nueva vida espiritual.
El hombre necesita alimentarse cada día; pero además de alimentarse para vivir, también necesita tener una razón de vivir. Alimentarse de Jesús, de sus palabras, contemplarlo en su incansable abnegación al servicio de todos, pensar en él, en su gloria, todo esto da un sentido y un valor a la vida y hace que se arraigue en el universo de Dios. Hallamos la energía divina para estar a su servicio y, mediante ello, al servicio de nuestro prójimo.
Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. (Filipenses 4:6)
Cuando me pongo ansioso ante el pensamiento de envejecer, lucho contra la incredulidad con la promesa: «Aun hasta vuestra vejez, yo seré el mismo, y hasta vuestros años avanzados, yo os sostendré. Yo lo he hecho, y yo os cargaré; yo os sostendré, y yo os libraré» (Isaías 46:4).
Cuando estoy ansioso respecto de la muerte, batallo contra la incredulidad con la promesa de que «ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo; pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos» (Romanos 14:7-9).
Cuando me siento ansioso al pensar que podría naufragar en la fe y alejarme de Dios, lucho contra la incredulidad aferrándome a dos promesas: «el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús» (Filipenses 1:6) y «Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos» (Hebreos 7:25).
Hagamos la guerra no contra otras personas, sino contra nuestra propia incredulidad. Esta es la raíz de la ansiedad, que, a su vez, es la raíz de tantos otros pecados. Por eso, encendamos el limpiaparabrisas y usemos el líquido limpiador, y mantengamos la mirada fija en las preciosas y grandiosas promesas de Dios.
Tomemos la Biblia, pidamos ayuda al Espíritu Santo, guardemos las promesas en nuestro corazón, y peleemos la buena batalla para vivir por fe en la gracia venidera.
El impacto de un legado no negociable _ Steven Lawson
Conferencistas
El Dr. Steven J. Lawson es el presidente y fundador de OnePassion Ministries, un ministerio diseñado para equipar a los expositores bíblicos para llevar a cabo una nueva reforma en la iglesia. El Dr. Lawson ha servido como pastor durante treinta y cuatro años en Arkansas y Alabama.
El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica delSeñor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años. Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor. Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros.
Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano. Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica.
El Dr. Miguel Núñez sirve como Pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo y es el presidente y fundador del Ministerio Integridad & Sabiduría, que tiene como visión impactar la generación de hoy con la revelación de Dios en el mundo hispano-parlante. Tiene una maestría en teología del Southern Baptist School for Theological Studies y un doctorado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary. El pastor Núñez,forma parte del cuerpo docente del Instituto Bíblico de Integridad & Sabiduría y de la facultad docente del Southern Baptist Theological Seminary. Además es autor de varios libros y contribuidor en varias otras obras.
Estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.
Lucas 22:44
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?… No te alejes de mí, porque la angustia está cerca… no hay quien ayude.
Salmo 22:1, 11
La angustia del Señor Jesús
Algunas horas antes de morir, el Señor Jesús estaba en el huerto de Getsemaní. Sabía lo que iba a suceder, por ello sintió una angustia muy profunda. Allí, moralmente solo, oró de rodillas a su Padre. A algunos metros de allí, sus discípulos dormían, ajenos a la angustia de su Maestro. “Estando en agonía, oraba más intensamente”.
Su angustia era tan profunda que su sudor era “como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”. ¿Qué sucedía? Ante él estaba la obra que llevaría a cabo, los sufrimientos que iba a soportar en la cruz; no solo los sufrimientos físicos, sino aquellos debido al juicio de Dios sobre el pecado. La ira de Dios lo castigaría en nuestro lugar. Entonces Jesús pronunció estas palabras: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa (imagen de todo lo que iba a soportar); pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).
Como amaba a los hombres y deseaba hacer la voluntad de su Padre, Jesús, que era puro y no tenía pecado, aceptó ser castigado por las faltas de los demás. ¿Quién puede comprender la angustia tan intensa que sintió?
¡Pero qué triunfo! Su perfecto amor le permitió llevar a cabo todos los planes de Dios. Murió en nuestro lugar. En las tres horas de tinieblas, fue castigado por nuestros pecados para que Dios los perdonase. Así cumplió la gran obra por la que lo alabaremos y adoraremos eternamente.