Dios es accesible

Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

1 Juan 5:14-15

Dios es accesible

Antes de hacer una petición para obtener algo, nos preguntamos si la persona a quien nos vamos a dirigir puede darnos una respuesta satisfactoria. También tratamos de buscar el momento preciso para no molestarla y ser bien recibidos.

¡Qué diferencia con la acogida que tenemos cuando acudimos a Dios! Sabemos que él es todopoderoso, que nos ama: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32). Podemos dirigirnos a él libremente, en todo tiempo, sin temor a molestarlo (Lucas 11:5-13).

¡Sí, en teoría sabemos todo esto! Pero, ¿lo creemos realmente cuando nos dirigimos a él? ¿No nos sucede que a veces oramos pensando que no nos va a responder? ¿Por qué sucede esto? Sencillamente porque nos hacemos una imagen de Dios a la medida de lo que es el hombre. Sin embargo, la Biblia nos habla de diferentes caracteres de Dios: su poder que libera, su fidelidad a sus promesas, su bondad en sus cuidados diarios…

Jesús vino a dárnoslo a conocer como Padre. “El Padre mismo os ama” (Juan 16:27). “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1). Aprendamos a conocerle en esta maravillosa relación. Esto nos llevará a comprender mejor su voluntad y en consecuencia a orar con mayor inteligencia y oportunamente.

1 Crónicas 26 – Lucas 20:27-47 – Salmo 94:1-7 – Proverbios 21:11-12

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Mi alma tiene sed de Dios

AGOSTO, 12

Mi alma tiene sed de Dios

Devocional por John Piper

Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente; ¿cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?(Salmos 42:1-2)

La razón por la que este pasaje es tan hermoso y tan crucial para nosotros es que el salmista no anhela las aguas principalmente para obtener alivio frente a las circunstancias que lo amenazan. No anhela tan solo escapar de sus enemigos o la destrucción de ellos.

No está mal desear alivio y orar por ello. En ocasiones, está bien orar por la derrota de nuestros enemigos. Pero más importante que todo esto es el mismo Dios.

Cuando pensamos y sentimos conforme a Dios en los Salmos, el resultado principal es así: comenzamos a amar a Dios y queremos ver a Dios y estar con Dios y estar satisfechos en admirar a Dios y regocijarnos en él.

Una traducción de la pregunta al final del versículo 2 podría ser como sigue: «¿cuándo vendré y veré el rostro de Dios?». La respuesta final a esa pregunta se encuentra en Juan 14:9 y 2 Corintios 4:4. Jesús dijo: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre». Pablo dijo que cuando nos convertimos a Cristo vemos «el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios».

Cuando vemos el rostro de Cristo, vemos el rostro de Dios. Y vemos la gloria de su rostro cuando oímos la historia del evangelio de su muerte y resurrección: «el evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios».

Que el Señor aumente el hambre y sed de ver el rostro de Dios; y que nos conceda ese deseo mediante el evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios.


Devocional tomado del sermón “Depresión espiritual en los Salmos”

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Mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

El que lleva la carga

8/11/2017

Mi yugo es fácil, y ligera mi carga. (Mateo 11:30)

Jesús se describió a sí mismo como “manso y humilde de corazón” (Mt. 11:29); por lo tanto, Él da descanso, no cansancio, a todos los que se someten a Él y hacen su obra. En Cristo usted no solo tiene a un Salvador, sino también a uno que lleva la carga. Él lo ayuda a llevar todas sus cargas, incluso la carga de la obediencia.

Cristo nunca le dará una carga demasiado pesada de llevar. Su yugo no tiene nada que ver con las exigencias de la ley ni con las obras humanas. Más bien pertenece a la obediencia del cristiano a Dios, que Él quiere hacerla una experiencia alegre y feliz. Dé gracias a Dios por dar a alguien tan misericordioso que lleve la carga en la persona de su Hijo.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org
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Los distintos tiempos de la gracia

AGOSTO, 11

Los distintos tiempos de la gracia

Devocional por John Piper

Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo. (2 Tesalonicenses 1:11-12)

La gracia no solo es la predisposición de Dios a hacernos bien cuando no lo merecemos —darnos favor inmerecido—. También es el poder de Dios actuando en nuestra vida y haciendo que sucedan cosas buenas en nosotros y para nosotros.

Pablo dijo que cumplimos todo propósito de bondad «con su poder» (versículo 11), y luego agrega al final del versículo 12: «por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo». El poder que obra en nuestra vida para hacer posible la obediencia que exalta a Cristo es en realidad una extensión de la gracia de Dios.

Podemos observar esto también en 1 Corintios 15:10:

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.

La gracia es un poder activo, presente y transformador que hace posible la obediencia.

Por lo tanto, esta gracia que proviene de Dios y que actúa con poder en nosotros es, en un momento dado, tanto pasada como futura. Ya ha hecho algo por nosotros o en nosotros antes, y por eso es pasada. También va a seguir actuando en nosotros y por nosotros, por eso es futura —ya sea dentro de cinco segundos o cinco millones de años—.

La gracia de Dios es una constante cascada que baja por la catarata del presente, cuyas aguas vienen del inagotable río de gracia que proviene del futuro y llenan el creciente embalse de la gracia del pasado. En los próximos cinco minutos, estaremos recibiendo la gracia sustentadora que fluye hacia nosotros desde el futuro, y estaremos acumulando el valor de cinco minutos de gracia en el embalse del pasado.

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¡Muchacha, levántate!

viernes 11 agosto

Como (Dios) el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.

Juan 5:21

¡Muchacha, levántate!

En una época de hambruna, el profeta Elías vivía en casa de una viuda, quien milagrosamente tuvo con qué alimentarle. El hijo de esta mujer cayó enfermo y murió. Entonces el profeta tomó el cuerpo del niño y lo llevó a la habitación donde él se hospedaba. Allí suplicó intensamente a Dios para que devolviese la vida al niño, y Dios le respondió. El niño fue entregado a su madre (1 Reyes 17:17-24).

Eliseo fue el sucesor de Elías. Él también halló en su camino a una mujer cuyo hijo murió súbitamente. El niño muerto fue acostado en la cama del profeta, Eliseo cerró la puerta de la habitación y suplicó a Dios que le devolviese la vida. Poco a poco el niño volvió a la vida y al final abrió los ojos (2 Reyes 4:18-36).

Leamos ahora un pasaje de los evangelios. Jesús fue llamado a la cabecera de una niña de doce años. La joven había muerto y estaba en su cama cuando Jesús entró en la habitación. ¿Iba a suplicar a Dios, como lo habían hecho Elías y Eliseo, para que la niña volviese a la vida? ¿Serían necesarias la paciencia y la insistencia? ¡Nada de eso! Con su propia autoridad y poder divino, Jesús le dio una orden muy sencilla: “Muchacha, levántate”. La tomó de la mano y, cuando ella oyó la voz del Hijo de Dios, se levantó inmediatamente. Jesús aconsejó a los padres de la niña que le diesen de comer, luego se retiró (Lucas 8:40-56).

¡Qué majestad llena de gracia y bondad se ve en la persona del Hijo de Dios! Él es el Dios a quien Elías y Eliseo oraron, el que tiene la vida en sí mismo (Juan 5:26). Hoy Jesús transmite la vida a todos los que creen en él. ¡Y esta vida va más allá de la vida en la tierra; él nos ofrece una vida eterna en el cielo!

1 Crónicas 24 – Lucas 19:28-48 – Salmo 92:10-15 – Proverbios 21:7-8

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Ten piedad de mí, oh Dios

AGOSTO, 10

Ten piedad de mí, oh Dios

Devocional por John Piper

Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones. (Salmos 51:1)

Lo dice tres veces: «Ten piedad», «conforme a tu misericordia», y «conforme a lo inmenso de tu compasión».

Eso es lo que Dios había prometido en Éxodo 34:6-7:

El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad; el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable.

David sabía que había culpables que no serían perdonados. Y que había culpables que, por alguna misteriosa obra de redención, no serían contados entre los culpables, sino que serían perdonados. El Salmo 51 es su manera de aferrarse a ese misterio de misericordia.

Nosotros sabemos más que David acerca del misterio de la redención: conocemos a Cristo. Pero nos asimos de la misericordia de la misma manera que él.

Lo primero que David hace es volverse rendido hacia la misericordia y el amor de Dios. Hoy en día, esto significa volverse a Cristo en esa misma condición.

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¿Y mañana?

Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas… Teme al Señor, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos.

Proverbios 3:5-8

¿Y mañana?

Muchas personas, ante la avalancha de consejos y advertencias para proteger el planeta o cuidar nuestra salud, reaccionan y se someten a una higiene de vida muy estricta. Pero, ¿basta esto para darnos la seguridad sobre el futuro? ¿Qué sucederá mañana?

Nuestro mañana será diferente si recibimos las palabras de Dios. Pero, ¿le damos crédito a Dios, o preferimos fiarnos de nuestra propia sabiduría?

Obviamente, creer lo que Dios dice es ver muy lejos, más lejos que el futuro inmediato, es la seguridad de una eternidad junto a Dios, completamente feliz. Pero quizás, y con razón, el día de hoy le preocupe y le impida ver más lejos. ¡A lo mejor usted no puede comprender qué beneficio le aportará el hecho de creer en Dios desde hoy!

Dios quiere darse a conocer a cada uno de nosotros como Aquel cuyo amor sobrepasa toda esperanza. Nos asegura aquello que nadie puede darnos: un futuro sin sombras en su presencia, y desde ahora la paz interior y el gozo, incluso en la adversidad. ¡Sí, aquello que los hombres buscan desesperadamente sin Dios, solo se encuentra en él!

Pero, dirá usted: si Dios existe, ¿cómo podría acercarse a él alguien como yo? Ciertamente esto no es posible… sin pasar por Jesucristo. Él se acercó a nosotros para atraernos a él. Nos pide que oremos con fe, que creamos que él hizo todo para llevarnos a Dios. ¡Lea el Evangelio, créalo, y así podrá mirar el futuro con confianza!

1 Crónicas 23 – Lucas 19:1-27 – Salmo 92:5-9 – Proverbios 21:5-6

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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La finalidad del Evangelio

AGOSTO, 09

La finalidad del Evangelio

Devocional por John Piper

Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de Él. Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación. (Romanos 5:9-11)

¿De qué necesitamos ser salvos? El versículo 9 lo expone claramente: de la ira de Dios. Pero ¿es ese el mejor de los premios del evangelio? ¿el más alto, el que nos brinda mayor plenitud y el que más nos satisface?

No lo es. El versículo 10 dice: «mucho más… seremos salvos por su vida». Luego el versículo 11 nos conduce a la finalidad del ser salvos, al afirmar: «Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios».

Esa es la mejor parte, y la primordial, de las buenas nuevas. No hay ningún otro «y no solo esto» después, solo la aclaración de Pablo acerca de cómo lo alcanzamos: «por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación».

El fin del evangelio es «nos gloriamos en Dios». El bien más alto, más profundo y más dulce del evangelio, el que nos brinda la mayor plenitud, es Dios mismo —en quien se regocija su pueblo redimido—.

Dios en Cristo se convirtió en el precio (Romanos 5:6-8), y Dios en Cristo se convirtió también en el premio (Romanos 5:11).

El evangelio consiste en las buenas nuevas de que Dios pagó por nuestro deleite eterno en Dios.

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¡Qué felicidad!

(Dios dijo:) Bienaventurado el hombre que me escucha.

Proverbios 8:34

Mis siervos cantarán por júbilo del corazón.

Isaías 65:14

¡Qué felicidad!

Esta era la expresión favorita y a menudo repetida por los presentadores de un programa que atraía a millones de telespectadores. ¡Pero la realidad era totalmente diferente! Interrogadas al final de la serie de programas, las personas que habían sido invitadas a participar hacían un balance triste y amargo. Una de ellas dijo que lo único que habían hecho era explotar su ingenuidad, otras declararon que todo era hipocresía. ¡Qué lejos estaban de la felicidad!

Debemos reconocer que este mundo solo nos propone una felicidad artificial, virtual y mentirosa; los momentos de alegría pasajera que nos ofrece solo son artificios y engaños.

Desde que el pecado entró en el mundo (Romanos 5:12), el hombre que vive sin Dios está privado de la verdadera felicidad. Cuando cree haberla encontrado, solo se trata de una impresión fugaz, pasajera, y nunca duradera. La Biblia precisa: “Si aquel viviere mil años dos veces, sin gustar del bien, ¿no van todos al mismo lugar?” (Eclesiastés 6:6).

La verdadera felicidad solo puede venir de un acercamiento a Dios. Jesucristo el Salvador dio su vida perfecta y justa por amor a nosotros, para salvarnos de la muerte eterna y para que estemos en paz con Dios. Un amor así va más allá de la razón, pero confiere al corazón paz y gozo (Gálatas 5:22). La Biblia nos invita a ir a Dios para conocer su paz y la verdadera felicidad, eterna, obtenida por el amor de Jesús.

“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días” (Salmo 23:6).

1 Crónicas 22 – Lucas 18:18-43 – Salmo 92:1-4 – Proverbios 21:3-4

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Soberano sobre toda la naturaleza

AGOSTO, 08

Soberano sobre toda la naturaleza

Devocional por John Piper

La suerte se echa en el regazo, mas del Señor viene toda decisión. (Proverbios 16:33)

En lenguaje actual, diríamos: «Nosotros tiramos los dados, pero Dios decide la suerte».

No hay ningún evento, por más pequeño que sea, que Dios no controle según sus propósitos. Como dijo Jesús: «¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo vuestro Padre. Y hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados» (Mateo 10:29-30).

Cada tirada de dados en Las Vegas, o la muerte del más pequeño de los pájaros en los miles de bosques del mundo —todo obedece al mandato de Dios—.

En el libro de Jonás, Dios le manda a un pez que trague (1:17), a una planta que crezca (4:6) y a un gusano que la consuma (4:7).

Y mucho más allá de la vida de los gusanos, las estrellas ocupan un lugar y se mantienen en su sitio por el mandato de Dios:

Alzad a lo alto vuestros ojos y ved quién ha creado estos astros: el que hace salir en orden a su ejército, y a todos llama por su nombre. Por la grandeza de su fuerza y la fortaleza de su poder no falta ni uno (Isaías 40:26).

Cuánto más, entonces, le obedecen los eventos naturales de este mundo —desde el clima y los desastres naturales hasta las enfermedades, las discapacidades y la muerte—.

Por lo tanto, maravillémonos ante tal imagen y tengamos paz, sabiendo que ningún evento natural está fuera de los buenos propósitos y el perfecto control de Dios.

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