La Biblia es la revelación de Dios (2)

Os he enseñado… que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día.

1 Corintios 15:3-4

Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.

Romanos 10:11

La Biblia es la revelación de Dios (2)

La Biblia es un mensaje vivo. Si usted cree en la Palabra de Dios, experimentará que ella produce en usted lo que dice. Ella crea pensamientos y referencias nuevas, una paz interior profunda y la seguridad de la vida eterna. Este mensaje es la buena nueva, es decir, el Evangelio que proclama que “Cristo murió por nuestros pecados” (1 Corintios 15:3). ¡Sí, el Hijo de Dios murió por usted y por mí! No piense que ante Dios usted está limpio, que no cometió pecados, o que hizo suficientes buenas obras para equilibrar el peso de sus faltas. Eso equivaldría a pensar que Dios miente, pues en su Palabra dice que todos los hombres pecaron y están destituidos de su gloria. Tendré acceso a esta gloria si acepto que todo aquel que cree en Cristo es justificado ante Dios ¡gratuitamente! Entonces puedo disfrutar de la gracia divina, perfecta.

Ese maravilloso regalo de Dios se hace posible porque Jesús, su Hijo, sufrió en mi lugar el juicio que yo merecía por mis pecados. Me amó, pagó el precio, dio su vida, su sangre fue derramada en la cruz. Dios perdona a todo el que cree, lo declara justo y le da la vida eterna. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados (Romanos 3; Juan 3; 1 Juan 1).

Dios le ama y le está llamando. Acérquese a él ahora y descubra el mayor testimonio de su amor y de su poder: Jesús murió, pero no permaneció en la tumba; Dios lo resucitó de entre los muertos y ahora vive para siempre.

1 Crónicas 20 – Lucas 17 – Salmo 91:7-10 – Proverbios 20:29-30

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Jesús pagó por nuestra perseverancia

AGOSTO, 06

Jesús pagó por nuestra perseverancia

Devocional por John Piper

Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por vosotros. (Lucas 22:20)

Lo que este pasaje significa es que el nuevo pacto, prometido más explícitamente en Jeremías 31 y 32, fue asegurado y sellado por la sangre de Jesús. El nuevo pacto se cumple porque Jesús murió para establecerlo.

¿Qué nos asegura el nuevo pacto a todos los que pertenecemos a Cristo? Perseverancia en la fe hasta el final.

Observemos lo que dice Jeremías 32:40:

Haré con ellos un pacto eterno, por el que no me apartaré de ellos, para hacerles bien, e infundiré mi temor en sus corazones para que no se aparten de mí.

El pacto eterno —el nuevo pacto— incluye una promesa inquebrantable: «Infundiré mi temor en sus corazones para que no se aparten de mí». No podrán. No lo harán. Cristo selló este pacto con su sangre. Él compró nuestra perseverancia.

Si hoy están perseverando en la fe, se lo deben a la sangre de Jesús. El Espíritu Santo, quien está obrando en ustedes para preservar su fe, honra el pago de Jesús. Dios Espíritu obra en nosotros lo que Dios Hijo obtuvo para nosotros. El Padre lo planeó, Jesús lo compró, el Espíritu lo aplica: todos ellos obran con infalibilidad.

Dios está totalmente comprometido con la seguridad eterna de sus hijos comprados con su sangre.

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La Biblia es la revelación de Dios (1)

(Jesús dijo a Dios:) Tu palabra es verdad.

Juan 17:17

La recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.

1 Tesalonicenses 2:13

… los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

2 Pedro 1:21

La Biblia es la revelación de Dios (1)

Para todo hombre, esta es la pregunta crucial: ¿Creo que la Biblia es la Palabra de Dios?

Si este es su caso, al leerla atentamente todo se ilumina y se aclara; pero es necesario recibir lo que Dios dice, tal como un niño recibe la palabra de su padre que lo ama y no lo engaña. ¡Solo Dios es totalmente veraz!

Así, la luz divina me ilumina desde el día en que acepto que Dios me habla por medio de Jesucristo, su Hijo. Jesús es la Palabra hecha carne. Por medio de él Dios se pone en contacto con el hombre. Dios es justo y no miente. También es amor, es fiel y no engaña a nadie, por ello podemos creer con toda confianza el testimonio que da sobre su Hijo: “Esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:11-13).

La Biblia también dice: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).

Dios quiere que todos los hombres sean salvos, por ello hizo todo lo necesario para librar nuestra alma y todo nuestro ser.

Si usted pone su confianza en otra cosa (filosofía, religiones paganas, teorías esotéricas,…) que no sea la Biblia, permanecerá en la duda y la confusión. ¡Crea en Jesús; él es “la luz de la vida”! (Juan 8:12).

(mañana continuará)

1 Crónicas 19 – Lucas 16 – Salmo 91:1-6 – Proverbios 20:27-28

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Tan seguros como que Dios es fiel

 

AGOSTO, 04

Tan seguros como que Dios es fiel

Devocional por John Piper

A los que predestinó, a esos también llamó; y a los que llamó, a esos también justificó; y a los que justificó, a esos también glorificó. (Romanos 8:30)

Ninguna persona se pierde entre la eternidad pasada de la predestinación de Dios y la eternidad futura de la glorificación de Dios.

Nadie que fuera predestinado a ser hijo de Dios dejará de ser llamado. Nadie que fuera llamado dejará de ser justificado. Y nadie que fuera justificado dejará de ser glorificado. Esa es la cadena inquebrantable de la fidelidad de Dios a su pacto.

Por eso, Pablo dice:

[Estoy] convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús (Filipenses 1:6).

El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por medio de quien fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro (1 Corintios 1:8?9).

Estas son las promesas de nuestro Dios, quien no puede mentir. Aquellos que son nacidos de nuevo están tan seguros como que Dios es fiel.

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El reflejo de la luna en el estanque

viernes 4 agosto

Dios es amor… envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.

1 Juan 4:8-9

Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida… ni lo presente, ni lo por venir… ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 8:38-39

El reflejo de la luna en el estanque

Una hermosa noche estrellada me puse a observar el reflejo de la luna en un estanque. La superficie del agua era lisa y reflejaba perfectamente su imagen.

De repente una ráfaga de viento agitó el agua, y la superficie empezó a moverse. Era como si la luna estuviera temblando. Levanté la mirada y vi que en el cielo ella seguía brillando como antes.

Luego una hoja cayó en el agua, movió nuevamente la superficie y alteró el reflejo de la luna. ¡En el cielo no había cambiado nada, pues la hoja no había tocado la luna!

Luego tomé un palo y agité el fondo del estanque. Esta vez el lodo subió a la superficie y el reflejo de la luna quedó totalmente borrado. ¡Pero ella seguía brillando entre las estrellas!

Cristianos, ¿cómo apreciamos el amor divino? “Dios es amor”, nos dice la Biblia. Dios es el mismo, suceda lo que suceda; pero nosotros somos fluctuantes. Como el viento, la caída de una hoja o el lodo turban el reflejo de la luna en el estanque, las circunstancias exteriores o nuestro estado interior pueden influenciar la manera en que apreciamos el amor divino. ¡No nos dejemos turbar! El amor de Dios por sus hijos es invariable. No depende de lo que somos; los elementos que nos perturban no pueden alcanzarlo. ¡El amor está en Dios mismo!

Por lo tanto, depositemos nuestra confianza en ese amor eterno. ¡No miremos en nosotros mismos, elevemos la mirada al cielo y gocémonos, pues Dios nos ama y seguirá amándonos!

1 Crónicas 17 – Lucas 14 – Salmo 90:7-12 – Proverbios 20:23-24

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¡Ahí está la cruz!

Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Gálatas 6:14

Jesús… sufrió la cruz.

Hebreos 12:2

¡Ahí está la cruz!

Cuando unos excursionistas que salieron de Chamonix (Francia) dejaron el valle, al despuntar el día, para subir a un pico del macizo del Mont Blanc, llovía ligeramente, pero nada dejaba suponer que afrontarían una tempestad de nieve tan violenta que los mismos guías estaban angustiados. Se detuvieron para tomar una decisión. «Si el viento se vuelve a levantar como hace un momento, declaró uno de los guías, estamos perdidos. Debemos caminar con mucha prudencia. A cada paso corremos el riesgo de caer en un precipicio que no hayamos visto debido a la borrasca».

¡De repente se oyó un grito de alegría! El guía que iba a la cabeza del grupo exclamó: «¡Ahí está la cruz! ¡Estamos a salvo!». Todos se reunieron al pie de la cruz ubicada en ese lugar para orientar a los caminantes. ¿Cada una de esas personas se daría cuenta del verdadero significado de esa cruz?

En el camino de la vida existen muchos precipicios en los cuales corremos el riesgo de caer, hay muchas tempestades que pueden desviarnos de nuestro camino. Por medio de este relato queremos llevar a cada uno de nuestros lectores a sentir la necesidad de ser perdonado, de conocer al único Salvador que puede librarnos de la muerte eterna.

En la cruz, Jesús se dejó crucificar para llevar sobre sí mismo el castigo que nosotros merecíamos por nuestros pecados. Hizo “la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). La salvación, la vida eterna, es creer en Jesús, elevar nuestra mirada hacia esa cruz donde murió por mí.

1 Crónicas 16 – Lucas 13:18-35 – Salmo 90:1-6 – Proverbios 20:22

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No más temor a la muerte

AGOSTO, 02

No más temor a la muerte

Devocional por John Piper

Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida. (Hebreos 2:14-15)

¿Cómo nos libera Cristo del temor a la muerte y nos hace libres para vivir totalmente rendidos en un amor capaz de decir, «nos pueden despojar de bienes, nombre, hogar; el cuerpo destruir»?

Por cuanto los hijos participan de carne y sangre…

El término «hijos» se toma del versículo anterior y se refiere a la descendencia espiritual de Cristo, el Mesías. Estos también son los «hijos de Dios». En otras palabras, al enviar a Cristo, Dios tiene especialmente en vista la salvación de sus «hijos».

Él igualmente participó también de lo mismo [carne y sangre]…

El Hijo de Dios, quien existió antes de la encarnación como el Verbo eterno (Juan 1:1), se hizo carne y sangre, y vistió su deidad con humanidad. Se hizo completamente hombre y permaneció completamente como Dios.

Para… mediante la muerte…

La razón por la que Cristo se hizo humano fue para morir. Dios no podía morir por los pecadores antes ser encarnado; pero unido a carne y sangre podía hacerlo. Su objetivo era morir. Por lo tanto, tenía que nacer como humano.

Para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo…

Al morir, Cristo le quita el poder al diablo. ¿Cómo lo hizo? Cubriendo todo nuestro pecado (Hebreos 10:12). Esto quiere decir que Satanás ya no tiene fundamentos legítimos para acusarnos delante de Dios. «¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica» (Romanos 8:33). ¿En base a qué nos justifica? A través de la sangre de Cristo (Hebreos 9:14; Romanos 5:9).

El arma más eficaz de Satanás contra nosotros es nuestro propio pecado. Si la muerte de Jesús lo suprime, el arma principal del diablo ha sido arrebatada de la mano. Él ha quedado sin poder alguno en ese sentido.

Y librar a los que por el temor a la muerte estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida.

Por los tanto, somos libres del temor de la muerte. Dios nos justificó. Tenemos por delante todo un futuro de gracia. Satanás no puede anular ese decreto. Y Dios desea que nuestra seguridad final tenga un efecto inmediato en nuestra vida. Él anhela que el final feliz acabe con la esclavitud y el temor del presente.

La aurora boreal

miércoles 2 agosto

… aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe… sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.

1 Pedro 1:6-7

La aurora boreal

Era una noche oscura, afuera reinaba un frío casi siberiano. Sin embargo, nuestros amigos finlandeses nos invitaron a que saliésemos: «Abríguense bien y salgan. ¡Vengan a ver algo espectacular!». Rápidamente nos abrigamos bien y salimos intrigados por lo que íbamos a ver. De repente el cielo se iluminó, como si se proyectasen potentes rayos láser. La luz iba y venía; era como una gigantesca cortina luminosa colgada de la bóveda celeste. ¡Estábamos maravillados! ¡Era una aurora boreal!

Ese espectáculo maravilloso nos hace pensar en lo que a veces sucede en nuestras vidas. Nos gustaría permanecer en nuestro confort, pero de repente nos encontramos en el frío de la prueba y la noche del sufrimiento. En vez de desanimarnos, ¡vayamos al Señor! Él es el Dios de gloria, el autor de todas las maravillas de la naturaleza, y el esplendor de las auroras boreales es una de ellas. Pero también creó otro tipo de belleza, una belleza de carácter moral, espiritual: el despliegue de su gracia, capaz de transformar en joyas de su amor vidas estropeadas por el pecado. Esta magnífica gracia no es efímera, sino que acompaña al creyente durante toda su vida.

Un cristiano, prisionero debido a su fe, dijo: «En medio del sufrimiento aprendemos a conocer a Jesús de una manera diferente que si estuviésemos en la abundancia. La prueba lleva sus frutos, de manera que nos damos cuenta del amor de Cristo aun más». En nuestras noches más profundas brilla con mayor resplandor la gracia del Señor.

1 Crónicas 15 – Lucas 13:1-17 – Salmo 89:46-52 – Proverbios 20:20-21

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Nuestra debilidad revela el valor de Cristo

AGOSTO, 01

Nuestra debilidad revela el valor de Cristo

Devocional por John Piper

Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. (2 Corintios 12:9)

El plan de Dios en el sufrimiento es engrandecer el valor y el poder de Cristo. Esto es gracia, porque el gozo más grande de los cristianos es ver a Cristo magnificado en nuestras vidas.

Cuando Jesús le dijo a Pablo que no le quitaría «el aguijón en la carne», él sustentó la fe de Pablo explicándole el porqué. El Señor le dijo: «Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9). Dios determinó que Pablo fuera débil, para que Cristo pudiera verse fuerte a través de la vida de Pablo.

Si nos sentimos y parecemos autosuficientes, nosotros recibiremos la gloria y no Cristo. Por eso, Cristo escoge lo débil del mundo «para que nadie se jacte delante de Dios» (1 Corintios 1:29). A veces debilita a los que parecen fuertes, de modo que el poder divino sea más evidente.

Sabemos que Pablo experimentó esto como gracia, porque se regocijó en ello: «Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Corintios 12:9-10).

Vivir por la fe en la gracia de Dios equivale a estar satisfechos con todo lo que Dios es para nosotros en Jesús. Por lo tanto, la fe no retrocede ante aquello que revela y magnifica todo lo que Dios es para nosotros en Jesús. Eso es lo que nuestra propia debilidad y el sufrimiento hacen.

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Dios se revela

Varones atenienses… pasando y mirando… hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: Al Dios no conocido.

Hechos 17:22-23

No se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones.

Hechos 14:17

Dios se revela

Los griegos habían construido en Atenas un altar “al Dios no conocido”. Reconocidos entre los más sabios de los pueblos de la Antigüedad, fundadores de la filosofía, admitían que su sabiduría no les había permitido conocer a Dios.

Si tratamos de conocer a Dios con nuestra inteligencia, si procuramos ir a él mediante nuestros esfuerzos, seguirá siendo para nosotros el Dios desconocido. Pero él se acerca a nosotros y nos busca. Es el Dios que se da a conocer porque nos ama.

Dios no apareció en todo el esplendor de su gloria. El hombre no hubiese podido verlo y permanecer vivo (Éxodo 33:20). Pero Dios nos interpela y quiere ganar nuestra confianza. Nos da pruebas de su existencia y de su presencia, y espera una respuesta de nosotros: la respuesta de la fe.

Dios dio señales de su poder y de su sabiduría mediante el testimonio de la Creación. También se dio a conocer por las palabras que están escritas en un libro: la Biblia. La revelación de Dios va mucho más allá que el testimonio de la naturaleza, más lejos aún que las palabras de los profetas: finalmente nos habló en la persona de su Hijo Jesucristo. Jesús vino del cielo, enviado por Dios, manifestó la naturaleza de Dios: amor y luz.

¡La fe cristiana consiste en recibir ese don! ¿Lo recibió usted?

1 Crónicas 13-14 – Lucas 12:41-59 – Salmo 89:38-45 – Proverbios 20:18-19

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