La simpatía divina

La simpatía divina

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El Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. Lucas 7:13

En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma. Salmo 94:19

En cada paso que dio, Jesús se encontró con el sufrimiento y la muerte, consecuencias del pecado para el hombre. Se conmovía profundamente y podía secar las lágrimas, como lo hizo con aquella viuda en duelo por su hijo único (Lucas 7:13). En otra ocasión, cuando Juan el Bautista fue ejecutado, sus discípulos, desorientados y afligidos, fueron a Jesús y le contaron lo que había sucedido.

Esta actitud de Jesús se repite con frecuencia en los evangelios; los que lo conocían a menudo sintieron su compasión y su profunda simpatía. En medio de su profunda tristeza se encomendaron a él, y siempre experimentaron lo mismo: los cuidados y el consuelo únicos que da el Señor. Como sabían que el Señor mide la prueba, la comprende y la vive junto al que sufre, ellos mismos iban a recibir un consuelo divino.

Incluso si ahora no vemos a Jesús como lo veían los discípulos, mediante la fe podemos sentir la realidad de su comprensión y consuelo. Gracias a él tendremos la fuerza para dejar una tumba en la que descansa el cuerpo de un ser querido, y de estar a Sus pies para exponerle nuestra tristeza, nuestra desesperación.

Entonces no nos sentiremos decepcionados, pues Jesús comprende el corazón desesperado por el peso del dolor. Siempre está dispuesto a escuchar, listo para responder, aliviar y consolar a todo el que confía en él. ¡Él mismo pasó por tantos sufrimientos!

“No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).

2 Samuel 16 – Hechos 7:1-29 – Salmo 25:16-22 – Proverbios 10:13-14

Gozar de su plenitud

FEBRERO, 22

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Gozar de su plenitud

Devocional por John Piper

Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. (Juan 1:16)

Justo antes del culto del domingo pasado, la pequeña banda de santos que oran estaba orando con fervor por la fe de nuestra gente, por las iglesias del área de las ciudades gemelas y por las naciones. En un momento, un hombre oró las palabras de Juan 1:14-16:

Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad… Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia.

Fue uno de esos momentos de epifanía para mí. Dios permitió que en ese momento la palabra «plenitud» —de su plenitud— llevara una plenitud cuyo efecto fuera extraordinario en mí. Sentí una medida de lo que la palabra realmente conlleva: la plenitud de Cristo.

Sentí un poco de lo maravilloso que es que de su plenitud ciertamente haya recibido gracia sobre gracia; y en ese momento estaba recibiendo gracia sobre gracia. Sentí, en ese mismo momento, que nada habría sido más dulce que simplemente sentarme a sus pies —o leer la Biblia— toda la tarde, y sentir su plenitud desbordarse.

¿Por qué es que esta plenitud tiene tal impacto en mí, y por qué hasta este momento sigue constantemente teniendo un impacto en mí? En parte, porque…

…Aquel de quien cuya plenitud estoy siendo saturado por la gracia es el Verbo que estaba con Dios y que era Dios (Juan 1:1-2), de manera que su plenitud es la plenitud de Dios: una plenitud divina, una plenitud infinita;*

… este Verbo se hizo carne y fue uno de nosotros y nos perseguía con su plenitud: es una plenitud accesible;*

…cuando este Verbo apareció en forma humana, su gloria fue vista: su plenitud es gloriosa;*

… este Verbo era «el unigénito del Padre», de esa manera la plenitud divina estaba siendo mediada para nosotros no solamente de parte de Dios sino a través de Dios: Dios no envió a un ángel sino a su Hijo único para impartir su plenitud;*

… la plenitud del Hijo es una plenitud de gracia: no me ahogaré en esta plenitud sino que seré bendito por esta plenitud en todo sentido;*

… esta plenitud no es solo una plenitud de gracia sino también de verdad: no estoy siendo lleno de gracia con halagos que hacen caso omiso de la verdad; esta gracia tiene sus raíces en la realidad de una roca sólida.*

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¡Mira, lee, y escucha! (2)

¡Mira, lee, y escucha! (2)

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(Dios) nos ha hablado por el Hijo. – Hebreos 1:2

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo. – 2 Corintios 5:19

La Biblia es la Palabra de Dios, y ella es otra manera usada por Dios para darse a conocer. También nos muestra quiénes somos y el valor que nuestra vida tiene para Dios.

La Biblia no es un libro como los demás. Ella habla de un Dios que se comunica con su criatura. En varias porciones podemos leer: “Así dice el Señor”. Un Dios cuyo anhelo es escuchar y ayudar a los hombres, un Dios que pudo preservar su Palabra a pesar de todos los esfuerzos de quienes quisieron hacerla callar o desaparecer a lo largo de los siglos. Un Dios que guardó al pueblo hebreo como nación durante milenios, algo único. Un Dios que anunció muchos eventos que se cumplieron al pie de la letra. Por ejemplo, la Biblia contiene más de 300 profecías que anuncian la venida de Jesucristo a la tierra, y que efectivamente tuvo lugar.

El Dios de la Biblia también es el Dios Salvador. Los autores inspirados concuerdan, a pesar de su impresionante número (al menos 40) y las diferentes épocas en las que vivieron (unos 1.500 años): ¡el hombre necesita un mediador para poder reconciliarse con Dios! Este mediador es Jesucristo. Gracias a su sacrificio, Dios perdona a aquel que se arrepiente de sus actos desobedientes, de su rebelión, de sus errores. Todo el que reconoce que es pecador, puede volverse a Dios: sus pecados fueron borrados; Jesús los expió.

¡Nunca caímos demasiado bajo para ser salvos por Jesucristo! La Biblia nos presenta el Evangelio, las buenas nuevas, y ese Evangelio es un poder de vida para salvación de aquel que cree (Romanos 1:16). ¡Léala y créala!

2 Samuel 15 – Hechos 6 – Salmo 25:11-15 – Proverbios 10:11-12

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Nuestro siervo Jesús

FEBRERO, 21

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Nuestro siervo Jesús

Devocional por John Piper

 

Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. (Marcos 10:45)

Él no fue solo siervo de su pueblo mientras vivió en la tierra, sino que también será nuestro siervo cuando regrese. «Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, halle velando; en verdad os digo que se ceñirá para servir, y los sentará a la mesa, y acercándose, les servirá» (Lucas 12:37).

No solamente eso: él es nuestro siervo ahora. «”Nunca te dejaré ni te desampararé”, de manera que podemos decir confiadamente: “El Señor es el que me ayuda; no temeré. ¿Qué podrá hacerme el hombre?”».

¿Denigra esto al Cristo resucitado —el decir que él fue y es y será para siempre el siervo de su pueblo? Lo haría si siervo significara ‘aquel que recibe órdenes’, o si pensáramos que nosotros somos amos de él. Sí, eso lo deshonraría. Sin embargo, decir que somos débiles y necesitados no lo deshonra.

No lo deshonra que digamos que él es el único que puede servirnos con lo que más necesitamos.

No lo deshonra que digamos que él es una fuente inagotable de amor, y que mientras más nos ayuda y más dependemos de su servicio, más increíbles nos parecen sus recursos. Por lo tanto, podemos decir confiadamente: «¡Jesucristo está vivo para servir!».

Él está vivo para salvar. Él está vivo para dar, y está muy entusiasmado de que así sea.

No está agobiado con nuestras preocupaciones. Él florece al llevar nuestras cargas. Él quiere «obrar a favor de quien espera en él» (Isaías 64:4). Él «favorece a los que… esperan en su misericordia» (Salmos 147:11).«Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo» (2 Crónicas 16:9).

El servicio omnipotente de Jesucristo se desborda para el bien de todo aquel que en él confía.

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¡Mira, lee, y escucha! (1)

¡Mira, lee, y escucha! (1)

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(Dios) hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin número… Detente, y considera las maravillas de Dios. – Job 5:9; 37:14

¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre! – Juan 7:46

Escuchamos muchas voces en el mundo, difundidas por el entorno, la escuela, los medios de comunicación. Pero Dios, ¿cómo nos habla? Mediante las circunstancias que nos llevan a hacernos preguntas: la soledad, la muerte de un ser querido, la enfermedad, la pérdida de un trabajo… pero también por el simple hecho de existir, de respirar, de pensar, de crear, de reír, de amar, de aspirar a la justicia…

¿Es Dios quien nos habla? Sin duda, pues no hay nada que ocurra por casualidad: “¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó?” (Lamentaciones 3:37). ¡Dios nos habla claramente a través de las circunstancias de nuestra vida!

Además la creación, tan rica, tan hermosa y tan bien coordinada, ¡es la primera tarjeta de presentación de Aquel que nos llamó a la vida! Mediante la extraordinaria variedad de formas, de colores, de circunstancias, de gustos, de sonidos, de olores y acciones, Dios nos muestra de manera evidente su inteligencia y su poder, su amor y su delicadeza.

Sin embargo la voz de Dios se hace todavía más apremiante a través de la persona de Jesucristo. En él Dios se manifiesta como hombre, para estar en medio de nosotros. Jesús, todopoderoso pero cercano a los hombres, multiplicó los panes, sanó a los enfermos y caminó sobre las aguas. Su objetivo no era sacarnos de nuestra condición humana, sino darse a conocer a nosotros como un Dios que nos ama. Dios habló mediante Jesús denunciando nuestras faltas, pero ofreciéndonos su perdón.

(mañana continuará)

2 Samuel 14 – Hechos 5:17-42 – Salmo 25:6-10 – Proverbios 10:9-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El Calvinista

El Calvinista

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John Piper

Nota del editor: Soldados de Jesucristo y Desiring God presentan la versión en español del aclamado poema escrito por el Pastor John Piper: El Calvinista [The Calvinist], grabado en las voces de los Pastores Félix Cabrera, Nathan Díaz, Josué D. Rodríguez, Otto Sánchez y Greg Travis. Esta es una adaptación al español por el Pastor Josué D. Rodríguez.


¿Puedo invitarte a ver la vida de un Calvinista? Probablemente no es lo que te imaginas. El Dios soberano de la Biblia está lleno de sorpresas. Los sermones y ensayos son buenos, pero a veces sólo los poemas funcionan. Vamos palpando palabras especiales y formas especiales para capturar el resplandor de Dios.

Escribí este poema llamado “El Calvinista” para dar un vistazo a la intervención soberana de Dios en la vida de un hombre pecador. No existe ni una parte de la vida donde la grandeza de Dios no penetre profundamente. Te quiero ayudar a que experimentes eso.

Esperamos que “El Calvinista” sea un vídeo-poema que meditarás detenidamente, reflexionarás, releerás, mirarás de nuevo, y compartirás con amigos y familiares.

Mi oración es que este grande y glorioso Dios soberano estará de pie delante de Su palabra y de nuestras vidas con una fuerza tan convincente que, más temprano que tarde, los reinos de la tierra se convertirán en el Reino de nuestro Dios por medio de Jesucristo.

 

El Calvinista
Un poema por John Piper
Adaptado al español por Josué D. Rodríguez

Míralo con rodilla doblada
Escucha su oración exclamada
El aliento de su clamor
Santificado sea El Señor

Míralo en la Palabra
Inmóvil está su alma
Acumulando con atención
en hoguera hasta la combustión

Míralo en sus libros
Árbol al lado de ríos
Bebiendo en la raíz
Llevando fruto es feliz

Míralo con su pluma
Escribiendo línea con musa
“¡Refina!” Su corazón exclama
Profundo en la Palabra excava

Míralo en la plaza
Guardado de toda trampa
Detective implacable
La verdad su misión incansable

Míralo en la calle
Buscando preguntarle
Al que no es de la grey
“¿Conoces a mi Rey?”

Míralo en discusión
Firme con resolución
A su Padre busca honrar
Nunca Su Palabra quebrantar

Míralo en su oficio
En completo compromiso
El hombre planes tendrá
Pero es Dios quien dispondrá

Míralo en su cena
De gratitud se llena
La gracia saboreando va
En cada pedazo de pan

Míralo con su criatura
¡Como disfruta su ternura!
Su gozo toma vuelo
Al jugar con ella en el suelo

Míralo con su amada
Perdido en su mirada
No hay otra para él
Dulce como la miel

Míralo descarriado
Su corazón quebrantado
¡¿Qué será de mí?!
Sólo Uno me puede redimir

Míralo en lamento
Lleno de arrepentimiento
“Para alcanzar exaltación
Debo vivir en humillación”

Míralo en su adoración
Entonando su canción
“¡Yo ciego fui
Más por la sangre vi!”

Míralo junto al mar
Disfrutando contemplar
La gloria de su Dios
Revelada en la Creación

Míralo en el dormir
Con susurro le oyes decir
“Ningún crédito puedo tomar
Cuando mañana logre despertar”

Míralo en lecho de muerte
Con su corazón ardiente
Vislumbrando la celestial estancia
Su suspiro final: “¡Ganancia!”

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John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

http://sdejesucristo.org/elcalvinista/

Maravillado por la resurrección

FEBRERO, 20

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Maravillado por la resurrección

Devocional por John Piper

Amados, esta es ya la segunda carta que os escribo, en las cuales, como recordatorio, despierto en vosotros vuestro sincero entendimiento… (2 Pedro 3:1)

Al acercarse la Pascua, despertemos nuestro agradecimiento y gozo y admiración y asombro ante lo que la resurrección de Jesús significa para nosotros. La maldición de nuestra naturaleza caída es que lo que alguna vez nos entusiasmaba se ha convertido ahora en normal. La realidad no ha cambiado; nosotros sí.

Esa es la razón por la que la Biblia existe. Pedro dice acerca de sus dos cartas que han sido escritas para «despertar» o «suscitar» en la forma de «recordatorio».

Por lo tanto, despertemos nuestro sincero entendimiento por medio de un recordatorio.

¿Qué es lo que Dios ha hecho al resucitar a Jesús de entre los muertos? He aquí algunas respuestas bíblicas.

Debido a la resurrección de Jesús, hemos vuelto a nacer a una esperanza viva.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos… (1 Pedro 1:3).

Debido a la resurrección de Jesús, ahora él tiene la gloria para la que fuimos creados. Nuestro destino final es verlo como él es.

Dios, que le resucitó de entre los muertos y le dio gloria… (1 Pedro 1:21).

Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera… Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo (Juan 17:5,24).

Que el Señor Jesús resucitado despierte nuestro sincero entendimiento a nuevas profundidades de adoración y fidelidad y gozo.

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¡Mamá, por favor no ores!

¡Mamá, por favor no ores!

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Encerraron gran cantidad de peces… Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él… Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.

Lucas 5:6-10

«Erino, me faltan veinte céntimos para comprar un kilo de pan. Hoy compra solo una libra», había dicho la señora Dapozzo a su hijo.

Erino se puso en marcha. En el camino sintió el deseo de orar. Con ocho años sabía muy bien que su madre era una hija de Dios, pero también sabía que él no lo era. Silenciosamente oró: «Señor, conoces a mi mamá y sabes qué buena es. Yo no soy hijo tuyo, pero mi mamá sí. Le faltan veinte céntimos. Ya que tú lo puedes todo, podrías hacer que los hallase debajo de esta piedra…».

El niño se acercó a la piedra, la levantó y… ¡encontró una moneda de veinte céntimos! Primero se llenó de alegría, pero luego tuvo temor, incluso pánico. Al igual que Simón Pedro en otro tiempo, ¡Erino se dio cuenta de que Dios estaba allí! Si había escuchado su oración, eso significaba que veía muy bien todo lo que sucedía en su corazón. ¡Y sabía que en su corazón no todo estaba en regla!

Cuando llegó a casa con el kilo de pan, contó a su madre lo que había sucedido. Ella respondió tranquilamente: «Erino, un día serás predicador; oro por ti».

«¡Oh no, mamá, por favor no ores! ¡No quiero ser predicador, sabes que seré un gran futbolista! Todo el mundo me dice que soy muy buen jugador…». Sin dejarse detener por las protestas de su hijo, la señora siguió orando… Y su hijo se convirtió en un predicador muy útil en las manos de Dios.

2 Samuel 13 – Hechos 5:1-16 – Salmo 25:1-5 – Proverbios 10:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El tipo de frío que mata

FEBRERO, 19

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El tipo de frío que mata

Devocional por John Piper

Envía sus órdenes a la tierra; su palabra corre velozmente. (Salmos 147:15)

Esta noche hará cuarenta grados más en el congelador de nuestra cocina que afuera, acá en Minneapolis. La temperatura más alta mañana será de cinco grados bajo cero (Fahrenheit). Recibimos esto de la mano de Dios.

Envía sus órdenes a la tierra;
su palabra corre velozmente.
Manda la nieve como lana;
esparce la escarcha cual ceniza.
Arroja su hielo como migas de pan;
¿Quién puede resistir ante su frío?
Envía su palabra y los derrite;
hace soplar su viento y el agua corre

(Salmos 147:15-18).

Este es el tipo de frío con el que no jugamos. Nos mata.

Cuando vine de Carolina del Sur a Minnesota, me vestí de manera apropiada. Sin embargo, no había preparado suministros ni un equipo de socorro en mi auto en caso de que se averiara.

Un domingo en la noche, en el regreso de la iglesia a la casa, en medio de un frío de este tipo, mi auto murió. Esto ocurrió antes de que existieran los teléfonos celulares, y yo tenía a dos niños pequeños en el auto.

No había nadie en ese camino, y de repente me di cuenta de que esto era peligroso.

Pronto fue muy peligroso. No venía nadie.

Vi a la distancia, a través de una cerca, una casa. Yo soy el papá, y este es mi trabajo. Trepé la cerca, corrí a la casa y toqué la puerta. Había gente. Les expliqué que tenía a mi esposa y a dos niños pequeños en el auto y les pregunté si nos dejarían entrar. Así lo hicieron.

Este es el tipo de frío con el que uno no juega.

Esta es una manera más en que Dios dice: «sea caliente o frío, alto o profundo, afilado o desafilado, ruidoso o silencioso, brillante u oscuro… no se juega conmigo. Yo soy Dios. Yo hago todas estas cosas. Ellas hablan de mí, así como la brisa tibia de verano lo hace, y la lluvia ligera, y la suave luz nocturna de la luna, y el sonido del agua a orillas del lago, y los lirios del campo y los pájaros en el aire».

Hay una palabra para nosotros en medio de este frío. Que el Señor nos dé piel para sentir y oídos para oír.

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Estoy a la puerta y llamo

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Estoy a la puerta y llamo

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Samuel Perez Millos

 

 

Apocalipsis 3:14-22Reina-Valera 1960 (RVR1960)

El mensaje a Laodicea

14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto:

15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. !!Ojalá fueses frío o caliente!

16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.

18 Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la verg:uenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.

19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.

20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

21 Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

22 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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