Iglesias firmes y ancladas en la palabra

Iglesias firmes y ancladas en la palabra

Samuel Perez Millos
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Pablo Martini
Programa No. 2016-08-31
Respecto al hecho de que el hombre ha realizado y sigue realizando esfuerzos infructuosos por alcanzar su salvación, la Biblia se encarga de decir que no conducen a nada. El ser humano ha inflado una y otra vez con aire caliente su globo y no ha conseguido aún salir de su propia atmósfera. Nuestras excusas de desconocimiento son inexcusables, Romanos 1:20, nuestras comparaciones con otros no son permisibles, Romanos 2:1, nuestros méritos religiosos son inaceptables, Romanos 2.29. La conclusión es inevitable: salvarnos a nosotros mismos no resulta. Pero gloria a Dios que donde el hombre falla, Dios sobresale. La salvación viene del cielo a la tierra, no desde abajo hacia arriba. Dice Lucas 1:77-79 que “Cristo vino para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz.” ¿Ves? Fue la aurora la que nos visitó, no nosotros los que la bajamos. También leemos en Santiago 1:16-18 “Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” ¿Lo notaste? “descienden de lo alto”. Es su iniciativa, no la nuestra. Por favor toma nota de esto: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” Por eso creo que existen solo dos religiones en el mundo, dos, y no hay más. La que pretende llegar a Dios y la que comprende que Dios ya ha llegado al hombre. ¿Cuál de las dos practicas?
Dios crea la gracia y la da al hombre.
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Pablo Martini
Programa No. 2016-08-30
Dios no ha exigido nunca que sus criaturas sean perfectas. Ese es el argumento que muchos sostienen respecto a Él. Basándose en eso algunos se esfuerzan por ser aceptados, por convencer o impactar a Dios con su perfecta impecabilidad ficticia. Otros, en cambio, abandonan frustrados la tarea y sienten nunca poder llegar a satisfacer las demandas divinas. Ni la una ni la otra. Sinceridad, más que impecabilidad es lo que Dios busca. David escribió en el Salmo 51:6 “He aquí que tu amas la verdad en lo íntimo.” Esta lección la aprendió en carne propia el apóstol Pedro. Él se sentía el mejor de todos. Fue uno de los primeros seleccionados, pertenecía al grupo de los tres más cercanos a Jesús, confesó a Cristo cuando los demás quedaron en silencio. Si había alguien que se sentía perfecto, ese era Pedro, el arrogante. Nunca pensó que necesitaba ayuda, hasta que un día, calentándose en un fogón, alzó la mirada entre el calor de las llamas y se topó con la de su Maestro que le partía el alma, mientras un gallo cantaba por segunda vez y se cumplía la profecía de Jesús tocante a su negación cobarde. Son esas miradas las que te deben hacer reflexionar, ese momento preciso en que tú sabes que Dios también lo sabe y que es inútil intentar ocultarlo. “El Señor observa desde el cielo y ve a toda la humanidad; él contempla desde su trono a todos los habitantes de la tierra. Él es quien formó el corazón de todos, y quien conoce a fondo todas sus acciones” Salmos 33:13-15. Mientras más corras, más se complica la vida. Pero mientras más confieses, más ligera se vuelve tu carga. David, el rey de Israel, lo sabía: “Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día. Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad, y tú perdonaste mi maldad y mi pecado” Amigo, recuerda que Dios no espera tu perfección sino tu honestidad.
No hay más necio que el que intenta ocultarle a Dios su pecado. Cuéntale.
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Pablo Martini
Programa No. 2016-08-26
El libro de Jonás es un detallado relato de un hombre sencillo que recibió un encargo de dimensiones épicas de parte de Dios. Pudiendo haber pasado a la historia como emancipador y héroe, quedó registrado en las páginas de la Biblia como un completo cobarde. ¿Las causas?, pues las mismas que te traicionan a ti y a mí vez tras vez y nos alejan de conquistar proyectos de vida a gran escala: Los prejuicios, mi rebeldía y mi innata desobediencia a todo y a todos, ¡hasta de Dios! Todo el libro huele a obediencia incondicional a un Dios soberano. Considera: El mar que azotaba la nave donde Jonás huía del llamado de su Dios, en obediencia se agitó lo más fuerte que pudo. Los marineros de la nave se arrepintieron cuando vieron que la tormenta se calmó al echar a Jonás al mar. El pez apareció en el lugar exacto y en el momento preciso, abrió su boca y, (como dijera aquel corito que nos enseñaron en la escuela dominical) “PUMMM, se lo tragó”, justo cuando Dios lo ordenaba. Con la misma sumisión lo vomitó en tierra cuando Dios dijo y dónde Él dijo. Los más de cien mil habitantes de Nínive, desde el menor hasta el mayor, ¡inclusive su propio rey!, en obediencia a la Palabra de Dios se arrepintieron de sus malas obras. La planta de calabaza se apresuró a crecer en 24 horas tal como Dios le ordenó, un gusano acudió y la secó, el viento sopló y se la llevó… ¡Toda la creación obedecía menos Jonás, su profeta!… No lo juzguemos, hacemos lo mismo todos nosotros día a día. Cuando decidimos dormir un poco más descuidando el llamado a la comunión, cuando pasamos de largo ignorando al que sufre en el camino al mejor estilo “anti samaritano”, cuando nos negamos a pedir perdón al cónyuge que ofendimos, cuando gastamos el dinero que Dios nos da en cosas innecesarias… ¿Ahora comprendes porque Dios tiene que hundirnos en problemas que nos tragan vivos? (como una ballena…)
Al igual que nosotros Jonás fue rebelde desde el vientre de su madre, y desde el vientre de un gran pez aprendió obediencia.
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Pablo Martini
Programa No. 2016-08-25
Tu corazón es la fuente de todas tus motivaciones. La Biblia usa el término corazón para referirse a los deseos, esperanzas, intereses, sueños y afectos que posees. Exteriorizas lo que tienes dentro, o, en otras palabras, eres lo que sientes. De la abundancia del corazón habla la boca. Es que de alguna manera tu corazón es tu timón. Esto puede ser peligroso si no hay un buen capitán que sepa cómo maniobrar ese timón, ¿me entiendes? La vida plena no se consigue con corazonadas sino con dirección divina. Pero ni aún Dios mismo es indiferente a los impulsos de tu corazón. De alguna manera Él quiso que dentro tuyo y mío se mueva involuntariamente ese órgano vital que late con cierto ritmo distintivo y único en cada ser humano. Sí, los avances médicos en el área de cardiología han demostrado que cada corazón late diferente. Allí está Dios. Él te dio, no solo ese ritmo especial sino esos afectos, emociones, gustos y pasiones únicas. Lo que te apasiona a ti, puede que no despierte ningún interés en otro, y puedes pasar horas soñando con alcanzar una meta que para otra persona ni siquiera vale la pena considerar. Instintivamente ponemos más atención en ciertas cosas que en otras. Algunas experiencias captan tu atención, mientras que otras pasan inadvertidas o te aburren. Eso revela la naturaleza de tu corazón. Ese es tu latido emocional único. ¿De dónde proceden esos apegos, inclinaciones e intereses?… de Dios. Él te hizo afectivo y cuando se entrega cada emoción bajo su cuidado, tus sueños son cumplidos a su tiempo y manera. No en vano la Biblia declara: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón.” Es que no hay otra manera de honrarle que no sea sometiendo tus emociones a su aprobación y cuidado. Es por eso que en una actitud paternal Dios te pide permiso para cuidar tu corazón, prometiéndote que Él lo guardará mejor que nadie. “Dame hijo mío tu corazón”, Proverbios 23:26. Deja que Él lo cuide, porque de él mana la vida.
Él te hizo afectivo y cuando se entrega cada emoción bajo su cuidado, tus sueños son cumplidos a su tiempo y manera.
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Pablo Martini
Programa No. 2016-08-24
La experiencia de los discípulos en Marcos capítulo 4 revela la crisis de fe en la que muchos cuestionan la autoridad de Dios hoy en día. El cuadro comienza con un desafío de lo más cotidiano para aquellos hombres, simplemente subir a su embarcación y pasar al otro lado, a la otra orilla. Subieron. Avanzaron. Remaron. Todo estaba tan tranquilo que hasta Jesús se durmió. Pero… esas nubes en el horizonte no eran como las que les despidieron en la otra orilla, eran negras, grandes y amenazantes. Todavía estaban remando cuando las primeras gotas frías mojaron sus caras. Faltaba mucho para llegara a la otra orilla como el Maestro había indicado. Ellos sabían muy bien quién dormía en ese bote, era el mismo hijo de Dios y su confianza estaba puesta en Él y en la orden que les dio, pero… pensaban que esa orden se materializaría en medio de un plácido viaje, no una tormenta de las dimensiones que ya estaba tomando. Más gotas, más viento, más olas, más grandes… y la fe en crisis. Quedémonos con esta pregunta tan común echa a Dios: ¿Qué, no te importa? Las variantes son interminables: ¿No te importa que la gente muera en las guerras? ¿No te importan los niños hambrientos? ¿Y los maltratados? ¿No te importan las mujeres golpeadas? Y la demanda se vuelve más personal. ¿No te importa que mi novia me abandone a un mes de la boda? ¿No te importó que me robaran 3 veces la casa o lo que están hablando de mí? ¿No te importa?… Y ¿qué haces tú, Dios? Oh, ya veo, duermes… Mira, Dios no te promete un viaje tranquilo, pero sí que Él siempre estará a tu lado, aunque parezca dormido. Solo aquellos que aprenden en comunión que aún el dulce sueño del Señor es más seguro que nada en el mundo, desafían las tormentas junto con el apóstol Pablo y preguntan: “¿Quién nos separará del amor de Dios?” (Romanos 8:35) Confía en Él que si Él te dijo pases a la otra orilla, ten por cierto que llegarás sano y salvo.
El sueño del Señor es más seguro que los ojos abiertos de toda la humanidad.
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Pablo Martini
Programa No. 2016-08-23
La parte posterior de un camión lucía orgullosa una leyenda que para muchos ha llegado a ser un lema en la vida: “Cuanto más conozco a las personas, más quiero a mi perro.” Cómico, ¿verdad? Pero triste a la vez. Triste porque denota la realidad de que muchos deambulan por ahí desanimados y cansados de invertir en personas para recibir pérdida en lugar de ganancia. Lastimados en su corazón por arriesgarse a amar una vez más y salir perdiendo. Gente guardando rencor durante años, envenenados y envenenando a los que les rodean. De alguna manera, debemos coincidir que enfrentamos circunstancias diversas durante la mayor parte del día. Decisiones, diferencias con personas, o simplemente mantener la compostura ante actitudes no deseadas de alguien que se levantó con el pie izquierdo ese día y te pasó la factura a ti. Cada una de esas circunstancias moldea nuestro carácter y nos ayuda a conocer mejor a los demás y aún a nosotros mismos. Activan mecanismos de defensa para evitar el daño en lo futuro y, de alguna manera, conforman la vida misma de todo individuo sea cuál sea la cultura o el lugar en el que vivamos. Jesús advirtió que tendríamos problemas en este mundo. Nadie puede abstenerse de enfrentar situaciones adversas ni es inmune al dolor, y cuando acabas con un conflicto, ya hay otro esperándote a la vuelta de la esquina. Todo esto se comprende mejor cuando tienes la convicción de que Dios siempre está en cada paso que des. Hay dos clases de personas en el mundo, las que se disgustan cuando no pueden ver a Dios a través de una circunstancia y las que han aprendido a ver a las circunstancias a través de Dios, sea buena o aparentemente mala. No olvides: “Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.” Así que: Comienza a amar a Dios y permite que Él ame a los demás a través de ti.
Dios tiene un propósito con cada problema.
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Pablo Martini
Programa No. 2016-08-22
En la edad media se construían castillos en los que la gente pudiera refugiarse y defender de los enemigos. Pero uno de los problemas mayores que se les presentaba era el suministro de agua. Estos señores feudales resistían lo más que podían el sitio de sus enemigos que rodeaban el castillo y no permitían que nadie entre o salga. Su periferia estaba rodeada por canales profundos de agua. En muchos casos se criaban en ellos cocodrilos enormes que devoraban a aquel que pretendía nadar para llegar a forzar las puertas. Puentes levadizos permitían el acceso al interior de la fortaleza y eran alzados cuando el último entraba, pero el problema del agua no tenía solución porque necesitaban salir a las fuentes más cercanas para conseguirla y cuando esta acababa, había dos opciones, o morir de sed en el interior del castillo o rendirse y abrir las puertas. Pero este problema fue resuelto en el castillo de Edimburgo. Esta construcción fue echa justamente sobre una fuente natural de agua que brota de sus cimientos entre las piedras hasta el día de hoy. No importaba cuánto duraba el sitio, los ejércitos se cansaban de esperar y se iban, porque las aguas brotaban de su interior. Aquellos que nos hemos refugiado en el Castillo Fuerte, no necesitamos salir cada día a buscar satisfacción en manantiales ajenos que sacian por un tiempo y luego vuelve la sed. Nuestro manantial está adentro y brota del Espíritu Santo de Dios morando en nuestras vidas. El mundo te ofrece refugio falso, fuentes y cisternas rotas dijo el profeta, pero Jesús te repite lo mismo que a aquella mujer cansada de buscar en lugares equivocados hace 2000 años. Él dijo: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”.
No hay enemigo que pueda contra aquel que fundó su casa sobre la roca eterna y que abastece su alma con los ríos del agua viva”
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Pablo Martini
Programa No. 2016-08-20
El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos construidos por hombres, ni se deja servir por manos humanas, como si necesitara de algo. Por el contrario, él es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas… En verdad, él no está lejos de ninguno de nosotros. Esto es lo que encuentras en Hechos 17, la Biblia” y quiero resaltar “de un solo hombre hizo todas las naciones para que habitaran la tierra” ¿Cómo es que vemos tantas razas diferentes hoy? Es verdad que, de alguna manera, todas las posibles combinaciones genéticas que dan lugar a las variadas características en las especies, estaban presentes en los cromosomas de Adán y de Eva, pero también es verdad que después del diluvio, estas combinaciones genéticas se potenciaron al separarse primero los hijos de Noé y luego las pequeñas naciones según su lenguaje, en Babel.
Una inmensa gama de características como color de piel, de pelo, altura, contextura física, estatura y desarrollo muscular, comenzaron a fusionarse entre sí dando lugar a las razas que hoy conocemos. Debido a que la palabra “raza” se puede prestar a confusión por el uso que la ciencia evolutiva le da en su connotación de descendencia animal, es mejor hablar de naciones, lenguas o tribus, como dice la Biblia. Pero para Dios la única frontera que divide a la humanidad es la de pecadores perdonados y la de pecadores.
En el libro de Romanos se nos dice que todos los hombres nacen iguales: “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos. 3.23) pero la muerte y resurrección de Jesucristo nos dio la posibilidad de redención y salvación. A la luz de la palabra de Dios no hay justificación para fomentar el racismo. Ante Dios hay sólo dos grupos: los que tienen a Cristo como su Salvador y los que aún le niegan. ¿De qué lado estás tú?
La única frontera que divide a la humanidad reconocida por dios es la de pecadores perdonados y la de pecadores.
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Pablo Martini
Programa No. 2016-08-19
El Señor ha entregado todo el país en nuestras manos”. Estas palabras fueron dichas por un par de jóvenes valientes que tuvieron el encargo de inspeccionar secretamente un territorio desconocido para conquistarlo. ¿Sus nombres? no lo sabemos. Josué, el entonces líder del pueblo hebreo, era quien los había enviado con esta misión. Es interesante que 40 años atrás, también el mismo Josué había realizado una misión similar, pero no con dos sino con 12 hombres, de esos, solo él y su amigo Caleb eran los que habían tenido fe en Dios y habían dado un informe optimista. Los otros 10 se desanimaron y contagiaron su desánimo al pueblo de Israel que, desmoralizado, regresó al desierto. Ahora era su segunda oportunidad para entrar en esa tierra prometida y creo que todavía conservaba su optimismo, aún con 80 años de vida, y contagió eso ánimo a estos dos jóvenes.
Es evidente que resultó, porque las palabras arriba mencionadas están cargadas de fe. “El Señor ha entregado todo el país en nuestras manos.” Es interesante ver que el país al que hacen referencia estaba todavía en posesión de sus originales habitantes, no había todavía batallas ni victorias, no había enfrentamientos, pero ellos ya daban por segura la victoria a tal punto que hablaban en tiempo pasado como si ya hubiese ocurrido. ¡Y de verdad que ocurrió! Todo el libro de Josué es una crónica de estas victorias. No te imaginas qué saludable es enfrentar esos horizontes de incertidumbre y desafío extremo con la certeza de que Dios estará a tu lado y te ayudará a atravesarlo con victoria. Dijo el apóstol Pablo que Dios “nos lleva siempre de triunfo en triunfo2. Así como se contagia el desánimo también se contagia el ánimo. Estos dos jóvenes fueron entusiasmados por Josué y a su vez animaron al pueblo, y el final de la historia es que entraron y tomaron aquello que Dios ya les había prometido. ¿Sabes? Hay promesas de Dios hechas para ti listas para ser tomadas, nuevos horizontes listos para ser conquistados, el triunfo es tuyo. ¿Avanzarás por la fe?
El que puede ver lo invisible, puede hacer lo imposible.
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