Cómo la ideología de género está dañando la academia – Ana Ávila

Lucía es amante de la ciencia,1 pero sobre todo del Señor de la ciencia. Desde pequeña ha disfrutado conocer cómo funciona el cosmos y hoy pasa sus días mirando el cielo con asombro. Disfruta contemplar la gloria de Dios, a veces a través de la ventana (Sal 19:1) y a veces en una hoja de cálculo. Hace poco recibió su magíster en una de las casas académicas más importantes de Chile y tiene el deseo de continuar con su educación. Pero no está segura.

Su amor por el saber no ha disminuido; dejar de aprender no es una opción. La pregunta es cómo seguir. ¿Valdrá la pena invertir los siguientes cinco años de su vida en un doctorado o será mejor dedicarse al estudio independiente? Si yo tuviera la opción, sin duda me matricularía en el doctorado, pensé. Pero luego escuché una de sus razones para dudar y me dejó helada: «Mi universidad crea monstruos».

Hay un conjunto de ideas que han capturado el alma mater de Lucía, así como a muchas otras instituciones en Latinoamérica y en el resto del mundo. Sus defensores pregonan que la identidad de género es algo separado del sexo. Afirman que ser hombre o mujer no se determina por la biología, sino por el sentir interno de ser hombre o mujer. En la mayoría de personas, se dice, ese sentimiento interno corresponde con las características biológicas que uno esperaría encontrar en un hombre o en una mujer, pero en algunas no. La conclusión «lógica» de todo esto es que cualquier ser humano es mujer por el simple hecho de sentirse mujer y hombre por el simple hecho de sentirse hombre, independientemente de su biología.

Un pensador necesita a otros pensadores que respondan a sus ideas extrañas, refutándolas en el error y afirmándolas en la verdad

Las ideas extrañas no son algo nuevo en la academia. Siempre han existido pensadores que intentan romper el statu quo para promover una nueva manera de concebir el mundo. Con todo, si un pensador desea ser fiel en el avance del conocimiento, el cual en teoría es el propósito de la academia, necesita a otros pensadores que respondan a sus ideas extrañas, refutándolas en el error y afirmándolas en la verdad.

Pero hoy, cuando de «género» se trata, eso es prácticamente imposible.

La presión para callar
«No puedes decir nada en contra», me dijo Lucía. «Conozco a varios profesores que no están de acuerdo con esas ideas, pero prefieren evitar dar a conocer su postura para no meterse en problemas». ¿De qué temen? De los «monstruos», es decir, los jóvenes activistas iracundos, fanáticos y agresivos dedicados a la propagación por medio de la violencia de esta manera de concebir el género. Ante cualquier objeción, disparan sus armas —manifestaciones, vandalismo o turbas de redes sociales— para humillar al disidente, tachándolo de transfóbico y promotor de un «discurso de odio».

Para ver las consecuencias de todo esto solo tenemos que mirar lo que sucede en el llamado «mundo desarrollado». Los avances económicos de estos países los convierten en punta de lanza, para bien y para mal, y el resto de las naciones solemos seguir sus pasos en materia política y social sin hacer demasiadas preguntas. La buena noticia es que no tenemos que hacerlo. Debemos examinarlo todo con cuidado, reteniendo lo bueno mientras nos abstenemos de toda forma de mal (1 Ts 5:21-22).

Latinoamérica puede decidir seguir a los países «desarrollados» o mirar las consecuencias de sus ideas y decidir cambiar el rumbo

Evaluemos, por ejemplo, el caso del Dr. Jordan Peterson, profesor y psicólogo clínico canadiense. Peterson saltó a la fama en 2016, tras oponerse en público a una ley que podría ser usada para obligar a las personas a referirse a otros usando sus pronombres de preferencia (hablar de una mujer biológica usando «él» o de un hombre biológico usando «ella»). Desde entonces, Peterson ha argumentado abiertamente en contra del discurso popular sobre el género, a veces de maneras que podrían caracterizarse como abrasivas.2 A nadie le sorprenderá saber que Jordan Peterson es una figura pública polémica, amado por muchos y odiado por tantos más.

Tras múltiples «cancelaciones» en Internet, la situación se puso difícil para Peterson en enero de 2023. «El Colegio de Psicólogos de Ontario quiere retenerme para que me comporte correctamente. Esto debería preocupar a todos», escribió en un editorial (en inglés). Sus críticas en Twitter sobre transexualidad, política y el COVID, ocasionaron que el Colegio le ordenara llevar un curso de comunicación en redes sociales. Peterson explicó:

Debo pagarlo yo (unos cientos de dólares por hora) y durante un periodo de tiempo que determinarán únicamente quienes me reentrenarán y se beneficien de ello. ¿Cómo se determinará esto? Cuando esos mismos reeducadores —esos expertos— se hayan convencido de que he aprendido la lección y me comportaré correctamente en el futuro.

Peterson se rehusó a acatar la orden del Colegio. Mientras escribo esto, está por verse si eso representa que su licencia para practicar psicología clínica en Ontario sea removida.

Un hombre que ha vendido millones de copias de sus libros y que llena teatros alrededor del mundo puede darse el lujo de perder su licencia. Si llega a suceder, el impacto emocional será duro, pero al final del día Peterson estará bien. ¿Pero qué pasa con el resto de los profesionales de su campo en Canadá? Ellos han aprendido la lección: «di lo que el Colegio quiera o no digas nada».

Si no estás de acuerdo con que las personas «transicionen», usando operaciones u hormonas para modificar su cuerpo de manera permanente, no digas nada.

Si no crees que una mujer transgénero es exactamente lo mismo que una mujer biológica, no digas nada.

Si crees que alguien puede aprender a sentirse más cómodo en su cuerpo, a pesar de que siente que es del sexo opuesto, no digas nada.

Los profesionales de la salud en Canadá ya no tienen la libertad de decir algo que vaya contra la narrativa central del nuevo discurso de género. Hacerlo es arriesgarse a perder su carrera profesional y a dejar de llevar alimento a su familia. Sí, Jordan Peterson estará bien, pero el resto de Canadá sufrió una pérdida terrible.

¿Esperaremos a que eso nos suceda también?

La esperanza de permanecer
Las ideologías surgen cuando las cosmovisiones se imponen sobre otros a través de la violencia o la coerción. Enfrentarse a ellas siempre representa un costo.

Alice von Hildebrand, por ejemplo, fue profesora de filosofía durante treinta y siete años, a partir de 1947, en Hunter College, Estados Unidos: desde el principio de su carrera se opuso al relativismo y pagó el precio por ello. Fue rechazada por sus colegas, relegada a enseñar por las noches las clases que nadie más quería impartir y recibió la titularidad académica solo después de catorce años de enseñanza.

En su libro Memorias de un feliz fracaso, la Dra. Von Hildebrand relata sus luchas en el mundo académico, mostrando que no es nuevo que este sea un campo de batalla: «La libertad académica se limitó a los relativistas, subjetivistas y ateos», escribió. «Aquí no hay “pluralismo sano”» (loc. 715).

Lucía entiende esto, pero no pierde la esperanza. «Cuando hablamos en privado, con una o dos personas, podemos tener buenos intercambios acerca del tema», me dijo. «Muchas personas están dispuestas a escuchar. Es cuando se reúne la turba que las cosas se ponen difíciles».

Oremos para que Dios levante académicos valientes para examinarlo todo, retener lo bueno y desechar la maldad

Latinoamérica puede decidir seguir a los países «desarrollados» o mirar las consecuencias de sus ideas y decidir cambiar el rumbo. Oremos para que muchos ojos sean abiertos; para que los que restringen la verdad (como nosotros lo hacíamos antes) corran a Cristo en arrepentimiento.

Oremos para que Dios levante académicos valientes para examinarlo todo, retener lo bueno y desechar la maldad. Apoyemos a quienes ya lo están haciendo o quieren equiparse para entrar en esta lucha. Nuestros hijos lo necesitan. En las palabras de la Dra. Von Hildebrand:

Religiosa, moral, humana y políticamente, [nuestras naciones] solo puede[n] esperar sobrevivir si se mantiene[n] firme[s] en el terreno de la verdad y da[n] a sus hijos el pan del que están hambrientos. Esta es la gran tarea de la educación (loc. 2047).

1 Nombre ficticio, para proteger la identidad de la entrevistada.
2 En junio de 2022, por ejemplo, como respuesta al titular «Elliot Page está “orgulloso” de introducir un personaje trans en Umbrella Academy», Peterson tuiteó: «¿Recuerdan cuando el orgullo era un pecado? Y a Ellen Page un médico criminal simplemente le quitó los pechos» (pues Elliot Page es una persona transgénero: mujer biológica que se presenta ante la sociedad como varón. Hasta 2020, su nombre era Ellen Page).


Ana Ávila es escritora senior en Coalición por el Evangelio, Química Bióloga Clínica, y parte de Iglesia El Redil. Es autora de «Aprovecha bien el tiempo: Una guía práctica para honrar a Dios con tu día». Vive en Guatemala junto con su esposo Uriel y sus dos hijos. Puedes encontrarla en YouTube, Instagram y Twitter.

Cambios doctrinales | Keith A. Mathison

Cambios doctrinales
Por Keith A. Mathison

Nota del editor: Este es el quinto y último capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo XX

Los que vivían al iniciar el siglo XX lo hacían en un mundo que ya había experimentado y seguía experimentando cambios sin precedentes. Habían caído antiguos imperios y otros estaban alcanzando la cima de su poder con el colonialismo en su apogeo. Las guerras provocadas por todos estos acontecimientos parecían no tener fin. Además, la segunda Revolución industrial estaba creando cambios sociales y económicos masivos a medida que la gente huía de las granjas y llenaba las ciudades. En lo filosófico, la academia seguía enfrentándose a las preguntas sobre autoridad, asociadas al auge de la modernidad. Sin embargo, nadie sabía en aquel momento que los cambios que habían presenciado no serían nada comparados con los que traería el siglo XX.

LOS CAMBIOS DOCTRINALES EN EUROPA Y AMÉRICA
Desde el comienzo de la Ilustración, los temas sobre la autoridad habían permanecido en la primera línea del pensamiento filosófico y teológico. La mayoría ya no daba por sentada la autoridad de la Escritura ni la de la iglesia, pero ¿cuál era la alternativa? Muchos pensadores de la Ilustración habían colocado a la razón humana en ese exaltado papel pero otros reaccionaron contra ello, como los influenciados por el Romanticismo. Los teólogos cristianos también se vieron obligados a responder. En el siglo XIX, el padre del liberalismo alemán, Friedrich Schleiermacher, propuso como autoridad el sentimiento religioso interior. Varios anglicanos destacados intentaron encontrar la autoridad en la historia cristiana primitiva, creando el Movimiento de Oxford. La Iglesia católica romana había establecido el dogma de la infalibilidad papal en el Concilio Vaticano I (1869-70). Sin embargo, en medio de todo esto, todavía había muchos que seguían defendiendo la autoridad de la Biblia, como los teólogos reformados del Seminario Teológico de Princeton.

Esta dinámica continuó a comienzos del siglo XX. El liberalismo alemán siguió desarrollándose e intentando adaptarse a las formas modernas de pensamiento. Adolf von Harnack, por ejemplo, publicó en 1901 su libro ¿Qué es el cristianismo?, en el que sostenía que la verdad interna del cristianismo se mantenía firme a pesar de que su forma doctrinal externa había experimentado cambios desde el primer siglo. Al mismo tiempo, la Escuela Alemana de Historia de las Religiones hacía su aparición con sus afirmaciones de que el cristianismo era una combinación sincretista de pensamiento judío, religiones mistéricas y filosofía estoica. Las crisis en las ciudades provocada por la urbanización masiva condujo al auge del evangelio social bajo el liderazgo de teólogos como Walter Rauschenbusch. Sin embargo, este liberalismo protestante no permanecería sin ser desafiado. Tras la Primera Guerra Mundial, varios teólogos alemanes, como Karl Barth, Emil Brunner y Rudolf Bultmann, reaccionaron contra la teología liberal, desarrollando lo que se conocería como la teología dialéctica. Estos hombres diferían del liberalismo alemán principalmente en la relación de la historia y la fe, pero las diferencias entre ellos acabarían conduciéndolos en direcciones distintas. Bultmann desarrolló su teología en la línea de la filosofía existencial y tendría una influencia enorme, sobre todo en las décadas centrales del siglo XX, pero el teólogo más influyente entre los teólogos dialécticos resultó ser Karl Barth, cuya neoortodoxia sigue influyendo en teólogos de todas las tendencias hasta nuestros días.

Tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial, se desarrolló la teología política, especialmente en los escritos de Jürgen Moltmann. Su obra influiría enormemente en el auge y desarrollo de diversas formas de teología de la liberación (teología de la liberación latinoamericana, teología feminista, teología negra, etc.). Estas teologías de la liberación tenían como objetivo rehacer el orden social política, económica y culturalmente. Varios teólogos de la liberación combinaron su visión de un nuevo orden social con una doctrina de Dios basada en la filosofía procesual de Alfred North Whitehead. La teología del proceso, tal y como la desarrollaron teólogos filosóficos como Charles Hartshorne y John B. Cobb, supuso una redefinición radical de la doctrina tradicional de Dios. En la teología del proceso, Dios tiene tanto un aspecto eterno e inmutable de Su naturaleza como un aspecto en continuo cambio o devenir de Su naturaleza. La teología del proceso considera a Dios algo así como el «alma» del mundo, por decirlo de alguna manera, y por ello se identifica con el panenteísmo.

LOS CAMBIOS DOCTRINALES DENTRO DEL EVANGELICALISMO
La teología evangélica del siglo XX también experimentó varios desarrollos importantes. La teología dispensacional, que había comenzado en Gran Bretaña bajo el liderazgo de John Nelson Darby, empezó a extenderse en Estados Unidos a través de conferencias bíblicas y la creación de escuelas bíblicas. La teología dispensacional se basa en la idea de que existen dos pueblos de Dios, Israel y la iglesia. Es más conocida por sus doctrinas escatológicas distintivas, incluido el rapto de la iglesia antes de la tribulación. La teología dispensacional recibió su impulso más significativo en 1909 con la publicación de la Biblia Anotada de Scofield. La teología dispensacional se convirtió en el punto de vista mayoritario del evangelicalismo estadounidense durante gran parte del siglo XX gracias a las enseñanzas de teólogos como John F. Walvoord, Charles Ryrie y J. Dwight Pentecost.

El mayor desafío numérico a la supremacía de la teología dispensacional en el siglo XX fue el pentecostalismo. Los primeros pentecostales se caracterizaban por creer en una segunda obra de Dios en la vida de los creyentes: el bautismo del Espíritu Santo, confirmado por el don de hablar en lenguas. Los primeros pentecostales creían que estas lenguas eran verdaderas lenguas extranjeras, pero muchos pentecostales contemporáneos identifican las lenguas con una forma u otra de habla extática o lenguas angélicas. En las décadas de 1960 y 1970, el movimiento carismático surgió debido a la influencia del pentecostalismo en muchos evangélicos de distintas denominaciones. Al final, el pentecostalismo se convirtió en uno de los movimientos de más rápido crecimiento en la historia de la iglesia y se ha extendido por todo el mundo.

La teología reformada del siglo XX experimentó altibajos. El Seminario Teológico de Princeton, que había sido el baluarte de la teología reformada estadounidense en el siglo XIX, fue tomado gradualmente por teólogos liberales durante la llamada Controversia fundamentalista modernista. Sin embargo, de sus cenizas surgió el Seminario Teológico de Westminster bajo la dirección de J. Gresham Machen. Sin embargo, siguió siendo una escuela bastante pequeña, por lo que el liderazgo intelectual del evangelicalismo durante la mitad del siglo XX recayó en cierta medida en evangélicos como Carl F.H. Henry. No obstante, en ocasiones los teólogos evangélicos y reformados combinaban sus fuerzas para tratar cuestiones que afectaban a ambos. El debate sobre la inerrancia bíblica en las décadas de 1970 y 1980 es un ejemplo importante. Los evangélicos conservadores se vieron obligados a enfrentarse a la negación de la inerrancia en las iglesias y seminarios evangélicos. El resultado fue la Declaración de Chicago sobre la inerrancia bíblica, un documento que se sigue utilizando ampliamente en los círculos cristianos.

UN RESURGIR DE LA TEOLOGÍA REFORMADA
Durante varias décadas del siglo XX, la teología reformada fue una especie de pequeña realidad clandestina. Se publicaban muy pocos libros reformados. Los teólogos reformados eran relativamente desconocidos en el amplio mundo evangélico. Pero a partir de la segunda mitad del siglo XX, la teología reformada empezó a resurgir. En la década de 1950, Banner of Truth Trust (Estandarte de la Verdad) comenzó a publicar una revista y obras clásicas de teología reformada. Con el tiempo, otras editoriales siguieron su ejemplo, con el resultado de que hoy en día se puede acceder fácilmente a miles de libros de teólogos reformados clásicos y contemporáneos.

Durante gran parte del siglo XX, el Seminario Teológico de Westminster en Filadelfia fue el único seminario reformado importante en los Estados Unidos. El Dr. Francis Schaeffer, con su aguda visión de la cultura, la teología y el posmodernismo, comenzó su formación en este seminario. Se convirtió en una figura clave en los primeros brotes del resurgimiento reformado. En la década de 1960, se fundó el Reformed Theological Seminary (Seminario Teológico Reformado) en Jackson, Mississippi. Desde entonces, se han creado otros muchos seminarios y campus reformados. Estos seminarios reformados han contribuido al rápido crecimiento de las denominaciones reformadas.

Los estudiosos del evangelicalismo del siglo XX suelen señalar la influencia de las organizaciones reformadas paraeclesiásticas en el resurgir del calvinismo. En 1971, el Dr. R.C. Sproul fundó el Centro de Estudios del Valle de Ligonier, en Ligonier, Pensilvania, con el apoyo de Dora Hillman y otros líderes cristianos de Pittsburgh. El centro de estudios se basaba en el modelo del propio centro de estudios europeo de Francis Schaeffer en Suiza, llamado L’Abri. En los primeros años del Centro de Estudios del Valle de Ligonier, los estudiantes asistían a conferencias de profesores como el Dr. Sproul, el Dr. John Gerstner y otros pastores y eruditos reformados. Las conferencias se grababan y se distribuían por todo el país y por todo el mundo. Gracias a la labor de este centro de estudios —que más tarde pasó a llamarse Ministerios Ligonier— y de otros grupos, los principios clave de la teología reformada, incluidos los cinco puntos del calvinismo y las cinco solas de la Reforma, tuvieron una mayor aceptación en el movimiento evangélico general a finales del siglo XX.

En las últimas décadas ha aumentado el interés por la teología reformada entre jóvenes y mayores. Nuevas editoriales están traduciendo por primera vez obras clásicas de la teología reformada a nuestro idioma. Los eruditos reformados están a la vanguardia del trabajo en filosofía cristiana y teología histórica. Sigue habiendo problemas, como siempre los habrá hasta que Cristo vuelva, pero hay motivos de aliento en estos avances contemporáneos, e incluso si no viéramos razones externas para sentirnos alentados, seguimos estando llamados a permanecer fieles a la Palabra de Dios y a seguir adelante en este y en todos los siglos.

Publicado originalmente en: Tabletalk Magazine
Keith A. Mathison
El Dr. Keith A. Mathison es profesor de teología sistemática en Reformation Bible College en Sanford, Florida. Es autor de varios libros, entre ellos The Lord’s Supper: Answers to Common Questions [La Cena del Señor: respuestas a preguntas comunes].

¿Qué es la necedad? | Santiago Armel

¿Qué es la necedad? | Santiago Armel

La forma principal para referirse al necio en el Antiguo Testamento es la palabra hebrea כְּסִיל (kĕsîl). Se refiere a alguien que no solo es un ignorante, sino que de manera deliberada rechaza la sabiduría de Dios. Pero el necio no solo se opone a la sabiduría, sino que además es caracterizado por la imprudencia y la torpeza en todo su actuar. Por su parte el Nuevo testamento usa principalmente tres términos en griego para el necio. En primer lugar, el termino ἄφρων (aphrōn) que se refiere a alguien con un discernimiento pobre, también podría describir a uno que se considera experto en la religión, pero carece de conocimiento verdadero de Dios. En segundo lugar μωρός (mōros) que enfatiza las acciones de alguien que es un tonto o insensato y que, por consiguiente, sus juicios, acciones y palabras carecen de cualquier utilidad. Es la idea de «una falta de capacidad para el pensamiento o la acción correcta». Finalmente, el término ἀνόητος (anoētos) que se refiere a alguien que no piensa bien.

La necedad es la característica principal de aquel que decide abandonar a Dios en sus caminos. Para tener una comprensión amplia de la necedad, a continuación, se enlistarán algunas inclinaciones que caracterizan a los hombres necios y una última realidad esperanzadora para ellos.

El necio se inclina a la idolatría

La idolatría es la inclinación de adorar algo más en vez de a Dios. La tendencia natural del necio es dirigir su adoración a lo creado en vez de al creador (Jer. 10:8; Ro. 1:21-25). Esto algunas veces se manifestará con ateísmo declarado y otras veces con ateísmo practico. El ateo declarado quiere convencer a su corazón de que Dios no existe, mientras que el ateo practico, aunque dice creer en Dios, vive su vida como si Él no existiera. El ateo declarado no asiste a la iglesia, mientras que el ateo practico repleta las bancas de muchas congregaciones.

La Biblia afirma que esta clase de necedad lleva a los hombres a la corrupción total (Sal. 14:1), a cometer actos abominables y alejarse del bien (Sal. 53:1). El necio injuria a Dios todo el día con sus palabras o con sus actos (Sal. 74:22).

El necio se inclina a la desobediencia

Ya que el necio rechaza lo que Dios tiene que decir, entonces su patrón característico de vida es la desobediencia. Es alguien falto de entendimiento en sus decisiones (Sal. 94:8). La Biblia lo describe como uno que se divierte haciendo el mal (Pr. 10:23; 13:19; 14:9). El hombre necio es arrogante y descuidado (Pr. 14:16) y no solo le basta con ser un díscolo, sino que le encanta mostrar a otros su sandez (Ec. 10:3).

El necio se inclina a la ira pecaminosa

Uno de los síntomas mas evidentes de un necio es que no puede controlar su carácter. Es explosivo, irritable, altivo y grosero en su conversar. Pero sobre todas las cosas, el necio se caracteriza por reaccionar de manera rápida (Pr. 12:16; Ec. 7:9). No se detiene a considerar las consecuencias de sus actos o de sus palabras, simplemente actúa por impulsos y comúnmente está recibiendo las consecuencias dañinas de sus actos precipitados (Job. 5:2; Pr. 10:21).

El necio se inclina a la destrucción propia

Este hombre desprovisto de sabiduría está causando su propia destrucción. Muchas veces el necio se pregunta: «¿Por qué nadie me honra y me respeta?». Parece ignorar que la causa de su mala reputación es su actuar cotidiano. Puede pensar que todos alrededor son perversos y hostiles con él, pero no se detiene a meditar en que él mismo es el problema (Pr. 3:35).

El necio según la Biblia busca su propia destrucción de varias formas, pero hay dos que destacan. En primer lugar, es un hombre rebelde a las autoridades (Pr. 10:8), ante su insurrección recibe el castigo. En segundo lugar, el necio tiene la tendencia a dejarse persuadir fácilmente por el pecado sexual. El pecado sexual acarrea la destrucción de su familia y su reputación. En términos bíblicos, va como el buey al matadero, o como uno en grillos al castigo (Pr. 7:22).

El necio se inclina a lastimar a los que le rodean

El necio no solo se destruye a sí mismo, también lastima a los que están a su alrededor (Pr. 13.20). Por ejemplo, en el libro de Proverbios se enfatiza la realidad de que un hijo necio trae dolor a sus padres (Pr. 10:1). Esta realidad puede suceder con hijos menores que actúan de manera descontrolada y traen vergüenza a sus papás. También con hijos jóvenes que actúan con rebeldía y sin freno a sus deseos y traen descredito a toda la familia. Finalmente, un hijo adulto y necio trae dolor a toda la familia pues constantemente todos son afectados por las malas decisiones que toma en cada área de su vida, esto incluye lo laboral, emocional, financiero, entre otras. Es por esta razón que la Biblia exhorta a los padres a ayudar a sus hijos a abandonar el camino de la necedad desde temprano. La biblia da esta instrucción en los siguientes términos: «La vara y la reprensión dan sabiduría, pero el niño consentido avergüenza a su madre» (Pr. 29.15).

El necio se inclina a ser orgulloso

El necio se tiene a sí mismo en muy alta estima. Se percibe mucho más grande e importante de lo que realmente es. Piensa que sus planes son geniales y que no necesita el consejo de nadie (Pr. 12:15). Su orgullo lo lleva a recibir golpes en la vida una y otra vez, esto debido a que no acepta la corrección y comete los mismos errores continuamente (Pr. 14:16). La Biblia usa términos muy gráficos para describir esta clase de obstinación cuando dice: «Como perro que vuelve a su vómito es el necio que repite su necedad» (Pr. 26:11). En lugar de reconocer sus faltas, arrepentirse y apartarse, el necio buscará culpar a alguien más de sus desdichas y su orgullo seguirá en aumento.

Hay esperanza: El necio puede ser rescatado por la gracia de Dios

La Biblia es clara en afirmar que todos nacemos en una condición de necedad extrema. De continuo el ser humano busca hacer el mal y no puede glorificar a Dios. Lo que caracteriza al hombre sin Dios es una vida de necedad, desobediencia y esclava de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia, envidia, odiándonos unos a otros (Tit. 3:3). Pero es de esa masa de pecadores que Dios decide rescatar almas. Él no vino por los sanos, sino por los enfermos. De lo vil y menospreciado, de lo más necio de este mundo es que Dios decide salvar, por Su elección soberana (1 Co. 1:27).

Amigo lector, si tú te has identificado como un necio, hoy puedes abandonar ese camino si suplicas al Dios del universo que se apiade de ti, te perdone, te justifique y te salve. Él no rechaza un corazón contrito y humillado, ven a Él. Y si estas falto de sabiduría pídela, pues Dios la da abundantemente y sin reproche a los que la buscan.

Santiago Armel

Santiago Armel (M.Div.) Colombiano, hijo de Dios y profesional en comunicación. Vive en Los Ángeles, California con su esposa Juliana y su hijo Santiago. Actualmente realiza un Th.M. en The Master’s Seminary y trabaja en la organización de la Conferencia Expositores. Sirve como maestro en Estudios Bíblicos en Grace Community Church. Puedes seguirlo en Twitter.

Expongamos la idolatría detrás de la ideología | Josué Barrios

Expongamos la idolatría detrás de la ideología

Josué Barrios

Debemos ser compasivos con las personas que sufren disforia de género. Sin embargo, es clave reconocer que ellas son bombardeadas por un engaño llamado «ideología de género», que no les brindará la paz que anhelan. También nuestros hijos son parte del objetivo de la agenda de esta ideología que invade nuestros países. Si amamos la verdad y a las personas, hablaremos la verdad en amor a las personas.

Ahora bien, cuando se trata de responder a la ideología de género, debemos reconocer que ella tiene en su bolsillo el cianuro para su suicidio intelectual, por decirlo de alguna manera. Esta es una razón para encarar con seguridad cualquier diálogo con personas que abracen esta ideología. Tan solo considera algunas de las contradicciones en sus doctrinas:

«No hay diferencias significativas entre el hombre y la mujer», pero la misma idea de ser transgénero y «cambiar de sexo» saca a relucir que sí hay diferencias profundas entre el hombre y la mujer.
«El género es independiente de la biología», pero se espera que las personas con disforia alteren su biología para «cambiar de género» mediante el uso de hormonas y mutilaciones irreversibles sobre cuerpos sanos.
Siguiendo el posmodernismo, se afirma que «toda afirmación de verdad (como los conceptos “hombre” y “mujer”) es solo una construcción social», promovida por algunos para mantener su poder en la sociedad mientras las minorías son oprimidas. Pero si toda afirmación de verdad es una construcción social con este fin… ¿No lo son también los postulados de la ideología de género?
El espacio aquí no basta para hablar de más contradicciones en esta ideología, ni para mencionar cuán absurdas pueden llegar a ser sus conclusiones a nivel público. Tan solo mira, por ejemplo, la lista creciente de «géneros» que puedes escoger en la configuración de tu perfil en Facebook, o piensa en el hecho de que «en un mundo donde millones de personas carecen de cuidados de salud básicos, hay naciones ricas que gastan dinero en la “construcción de vaginas” para hombres saludables».1

Más aún, si puedes definir tu género, ¿por qué no definir también tu edad o color de piel? ¿Qué hacemos con alguien que afirma ser de otra edad, raza o especie? Además, si toda identidad y orientación sexual debe ser afirmada, ¿qué hacemos con los intentos de las minorías que buscan justificar la pedofilia y hasta la bestialidad bajo el lenguaje del «amor»? ¿Cuál es el límite a las implicaciones de esta ideología?

Sí, podemos hablar mucho más sobre las contradicciones y los peligros evidentes de la ideología de género. Es necesario que lo hagamos. Sin embargo, el objetivo de este escrito no es hablar principalmente sobre eso. Quiero invitarte a reflexionar con la Biblia en lo que hay detrás de esta ideología.

Si este conjunto de dogmas es tan irracional y tóxico, ¿por qué tantas personas lo aceptan con fanatismo? Además, ¿cómo entender esa propensión nos ayuda a hablar la verdad en amor frente al engaño ideológico?

La ideología como religión
La Biblia enseña que la razón por la que podemos llegar a abrazar ideas irracionales es que no somos criaturas muy racionales después de todo. Debido a nuestro pecado e idolatría —que consiste en poner a otras cosas en el primer lugar que solo Dios merece y creer que eso nos saciará (Ro 1:21-25; Jer 2:13)—, el Señor en Su justicia nos dejó seguir nuestra mente separada de Él, como una forma de juicio: «Y así como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada» (v. 29). Es por eso que no pensamos tan bien como debiéramos.

Además, un punto clave sobre nuestra humanidad es que Dios no nos hizo seres puramente racionales. Él nos hizo para que seamos más que simples calculadoras. Dios nos creó en amor para compartir Su deleite con nosotros, para que le adoremos y disfrutemos de comunión con Él para siempre. Por eso nos dio la capacidad de tener deseos, pues la adoración sin afectos sería mera hipocresía. Fuimos hechos para amar y adorar a Dios con todo lo que somos (Mt 22:37), lo que implica ser gobernados por el deseo por Dios.

Nuestros anhelos son capaces de sobreponerse a la razón. De hecho, tendemos a justificar y racionalizar las cosas que deseamos

Como fuimos hechos para adorar, se nos hace imposible no adorar algo. Si Dios no está en el centro de nuestras vidas, no podemos evitar desear algo más que llegue a ocupar el primer lugar y que elevemos como dios. Por eso la esencia del pecado es cambiar la gloria de Dios por algo más y convertirlo en lo más importante y deseable.

En palabras de Santiago, «cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte» (1:14-15). Esto significa que el pecado no surge de la nada, sino que tiene su origen en nuestros deseos desordenados (el significado de la palabra griega traducida como «pasión»)

Somos criaturas más orientadas por nuestros deseos que por la mera razón. Es por eso que saber que codiciar está mal no necesariamente acaba con nuestra codicia (cp. Ro 7:7-8). Nuestros anhelos son capaces de sobreponerse a la razón, de manera que «los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne» (Ro 8:5). De hecho, tendemos a justificar y racionalizar las cosas que deseamos. Nuestros ídolos nos gobiernan, estemos conscientes de eso o no. Por eso Jesús habla del pecado como algo esclavizante (Jn 8:34).

En resumen, todo pecado es idolatría. Por tanto, debajo de toda ideología que pone ideas falsas por encima de la verdad también hay idolatría.

Cuando reconocemos esto, no es difícil detectar cuál es el ídolo detrás de la ideología de género: el yo que quiere definir su identidad y elevar sus deseos desordenados por encima de la verdad, asumiendo el lugar de dios en su vida y pretendiendo que eso lo hará feliz. En este sentido, la ideología de género —como toda ideología en realidad— es una forma de religión basada en una fe mal dirigida (¡y vaya que se requiere mucha fe ante tantas contradicciones en sus doctrinas!).

Debajo de toda ideología que pone ideas falsas por encima de la verdad también hay idolatría

Es por este individualismo que, como Tim Keller ha señalado, mientras que en el mundo romano antiguo acusaban a los creyentes: «Ustedes los cristianos son muy exclusivistas; amenazan el orden social porque no honran a todas las deidades», hoy el mundo occidental posmodernista e individualista nos acusa: «Ustedes los cristianos son muy exclusivistas; amenazan el orden social porque no honran todas las identidades».

Por eso el debate sobre la ideología de género se trata en realidad de una guerra espiritual por los corazones de las personas, contra las fuerzas espirituales que mantienen a las personas cautivas voluntariamente a la esclavitud de la idolatría (cp. Ef 6:12, 2 Co 4:3-4; 2 Ti 2:25-26). No podemos librar esta guerra sin tener en cuenta su dimensión espiritual y sin prepararnos con la armadura que Dios nos provee (Ef 6:10-18).

Aquí es donde aparecen las buenas noticias: nuestro Dios es poderoso y lleno de gracia para librar a las personas de la idolatría y traerlas a Él (1 Ts 1:9; 2 Co 4:6). Lo hizo en quienes hemos creído el evangelio; lo puede hacer también en los demás.

Respondamos ante la idolatría
Los activistas de la ideología de género dicen que el debate al respecto en la esfera pública debe estar exento de dogmas de fe y religión; sin embargo, como vimos, su ideología es una forma de religión y tiene dogmas que abraza por fe. No temamos señalar esto en la medida que sea posible. Identifiquemos la idolatría subyacente debajo de la ideología, en vez de enfocarnos solo en conversar sobre lo irracional y dañina que resulta, pues esto nos permite ir a la verdadera raíz del problema y apuntar a la solución que solo está en Jesús.

Nuestro Señor es el Hijo de Dios que vino a este mundo para vivir perfectamente en nuestro lugar, morir en una cruz por nuestros pecados y resucitar victorioso para traer libertad y vida eterna a todo el que cree en Él. En Cristo podemos tener comunión con Dios y empezar a vivir satisfechos en Él para siempre, de manera que podamos decir junto a Pablo que el vivir es Cristo (porque Él es lo más valioso y precioso que tenemos) y el morir es ganancia (porque la muerte solo nos acerca más a Él; Fil 1:21).

Expongamos la idolatría detrás de la ideología de género. Al hacerlo, expongamos también al Salvador que nos hace libres en verdad

Entonces, no nos conformemos con solo señalar las inconsistencias y consecuencias de la ideología de género. Cavemos más profundo. Esta ideología está mal no solo porque es ilógica y hace daño a las personas, sino primeramente porque nos esclaviza como lo hace todo pecado y porque es una forma de rechazar al Dios para el que fuimos hechos y el diseño con el que nos creó en Su voluntad perfecta. Solo Él es el Dios que puede saciarnos en verdad.

Hermanos, expongamos la idolatría detrás de la ideología. Al hacerlo, expongamos también al Salvador que nos hace libres en verdad (Jn 8:34). Esto no es opcional si queremos hablar la verdad en amor a las personas.

1 Sharon James, Gender Ideology: What Do Christians Need to Know? [Ideología de género: ¿Qué necesitan saber los cristianos?] (Christian Focus, 2019), p. 20.


Josué Barrios

Sirve como Director Editorial en Coalición por el Evangelio. Ha contribuido en varios libros y es el autor de Espiritual y conectado: Cómo usar y entender las redes sociales con sabiduría bíblica. Es licenciado en comunicación y cursa una maestría de estudios teológicos en el Southern Baptist Theological Seminary. Vive con su esposa Arianny y su hijo Josías en Córdoba, Argentina, y sirve en la Iglesia Bíblica Bautista Crecer como líder de jóvenes. Puedes leerlo en josuebarrios.com, donde su blog es leído por decenas de miles de lectores todos los meses. También puedes seguirlo en Youtube, Instagram, Twitter y Facebook, y suscribirte gratis a su newsletter con contenido exclusivo.

¿PUEDE TENER PROPÓSITO MI SUFRIMIENTO? | Timothy Keller

Peter Berger dice que todas las personas y culturas anhelan “darle sentido a la experiencia del sufrimiento y el mal”. Ninguna cultura o cosmovisión ha hecho esto con la minuciosidad con que lo ha hecho el cristianismo. Según la teología cristiana, todo sufrimiento tiene un propósito, pues Dios se propuso derrotar al mal de una manera tan exhaustiva en la cruz que todos los estragos del mal algún día serán deshechos y nosotros, a pesar de haber participado tan profundamente en él, seremos salvos.

Dios no está logrando esto a pesar del sufrimiento, la agonía y la pérdida, sino por medio de estas cosas; es por medio del sufrimiento de Dios que el sufrimiento de la humanidad finalmente será superado y destruido. Aunque es imposible no preguntarse si Dios pudo haber hecho todo esto de otra manera —sin permitir toda la miseria y el dolor— la cruz nos asegura que, cualesquiera que sean los consejos y propósitos insondables detrás del curso de la historia, todos surgen de Su amor por nosotros y Su compromiso absoluto con nuestro gozo y nuestra gloria.

“ES POR MEDIO DEL SUFRIMIENTO DE DIOS QUE EL SUFRIMIENTO DE LA HUMANIDAD FINALMENTE SERÁ SUPERADO Y DESTRUIDO”

Así que el sufrimiento se encuentra en el centro de la fe cristiana. No solo es la forma en que Cristo se hizo uno de nosotros y nos redimió, sino que es una de las principales formas en que nos asemejamos a Él y experimentamos Su redención. Y eso significa que nuestro sufrimiento, a pesar del dolor que conlleva, también está lleno de propósito y utilidad.

Este artículo ¿Puede tener propósito mi sufrimiento? fue adaptado de una porción del libro Caminando con Dios a través de el dolor y el sufrimiento, publicado por Poiema Publicaciones por Timothy Keller en español.

Páginas 87 a la 90

¡Estoy cansado! | Chuy Olivares

¡Estoy cansado!.

Sé que seré criticado. Conozco muchos pasajes de la Biblia que prometen dar fuerzas al que no tiene ninguna. Sé que la Biblia dice que Él puede aumentar mis fuerzas como las del búfalo. También sé que Jesús puede aliviar mi cansancio. Sé también que algunos me criticarán y dirán ¡que negativo! Sin embargo, no puedo disimular: ¡me encuentro exhausto!.

Aclaro, no estoy cansado de Dios ni mucho menos, tampoco del ministerio ¡Es un privilegio servir a Dios!. Cada día pongo todo el corazón en lo que hago; amo a Dios por sobre todo, amo a mi familia y a mis amigos, mi congregación. He recibido tanto de Dios. Mi agotamiento y frustración tienen otras razones.

¿Cansado de qué?

Me aflige hasta el cansancio escuchar “Los mensajes” de aquellos que se enriquecen con el Evangelio. Ya no aguanto más que se tomen textos fuera del contexto, para apoyar su avaricia, y vender sus revelaciones al mejor postor.

Destruye mi ser interior, porque sé que les están tomando el pelo. Me cansé de oír programas de radio donde los pastores no predican el Evangelio… Sólo saben pedir dinero, dinero y más dinero. No saben otro tema.

Cansado estoy de la llamada T.V. “Cristiana”, que vende los milagros por 70 dólares al mes, “Pacte”, ”Pacte”, ”Pacte” con Dios, dicen, eso me hace inevitablemente volver al oscurantismo de la edad media, “por cada chelín que deposite en el arca, usted recibirá las bendiciones de Dios” dicen los modernos Tetzéles. Estoy cansado de escuchar “siembre una semilla en mi ministerio.»

Estoy cansado de “Cubrirle las espaldas” a todos esos delincuentes metidos en la iglesia, ya no puedo más. Hastiado estoy de conciertos dizque “para la gloria de Dios”, y ¿qué de las brujerías metidas en la iglesia?: “invoco la prosperidad en tu vida”, “decreto una vida de éxito para ti”, “desato las riquezas para ti”.

Me cansé de estar explicando la diferencia entre la verdadera fe bíblica y las creencias populares supersticiosas que enseñan los “apóstoles y profetas” modernos.

No aguanto más los cultos para atar «demonios» o para quebrar las maldiciones que están sobre el país y sobre el mundo, que no tienen efectividad alguna, pues no tienen base Bíblica.

Seguramente “atan” a satanás con una cadena tan larga que llega hasta la luna, porque anda tan suelto como siempre, y los hermanos atando y atando. Estoy exhausto… Ya se les acabaron los nudos. Cada reunión lo atan… ¿Y se suelta entre semana? ¿Para volverlo atar el siguiente domingo?

Me cansa la aburrida repetición de las «teologías» sin base bíblica.

Estoy cansado de oír “no juzguéis, para que no seáis juzgados”, estoy cansado de que los predicadores les pongan bozal a las ovejas y que les digan “no toquéis al Ungido de Jehová”, en lugar de decir como Pablo, “Todo lo que oísteis y visteis y aprendisteis de mí, esto haced, y Dios estará con vosotros”.

Me cansan los súper ungidos que te hacen viajar a donde viven para imponerte las manos y “transmitirte la visión”. Que doloroso es observarlos sin la verdadera unción del Espíritu Santo, buscan crear ambientes espirituales con gritos y manifestaciones emocionales. No hay nada más desolador que un culto carismático con excelente sonido y luces multicolores, humo que pretende ser la “Nube de gloria de Dios”, pero sin vitalidad espiritual, el ruido, los gritos y el desorden, las luces y el humo, no son espiritualidad. Me cansé, incluso, de los chistes trillados sobre Pedro y muchos otros.

Cuantos “comediantes cuenta chistes”. Estoy tan abrumado. Y del último grito de la moda evangélica: Viajar en un “Titanic” por el Caribe acompañado de los cantantes cristianos más famosos y que han ganado Grammys, y con los mejores motivadores que te rascarán el oído con sus chistes y grandes revelaciones sobre el éxito y la prosperidad.

Me cansé de ver “evangelistas” que tiran el saco a las multitudes para recibir “la unción de Dios”. Me dejan abrumado, al verlos “caer bajo el poder el Dios” para ser filmados en vídeo y después decir: ¡¡¡Avivamiento!!! ¿Avivamiento o Agitamiento? o ¿Aviva Miento?

Me cansan las preguntas que me hacen sobre la vida cristiana. Recibo todos los días correos electrónicos de personas que me preguntan si pueden ir a fiestas del mundo, hacerse tatuajes, danzar, caer en “el espíritu”, “reírse santamente” recibir tratamiento con acupuntura, practicar karate y hasta yoga. La lista es enorme y parece inacabable. Me cansa ese “cristianismo” mediocre tercermundista, carnal y ciego.

Me cansan los libros de escritores norteamericanos evangélicos traducidos al español: ya no aguanto más libros de veintiún pasos para un liderazgo exitoso, ¿Súper cristianos en 40 días?, todos estos best-sellers solo han venido a mostrar la verdadera condición de la iglesia que es miseria espiritual, ignorancia de Dios y Su palabra: ¡anorexia espiritual!.

No logro entender como una iglesia necesita copiar los ejemplos de centro y Sudamérica. Me cansé de tener que opinar si estoy de acuerdo o no con el nuevo modelo de iglecrecimiento copiado de la mercadotecnia secular y que está siendo adoptado por todo el mundo entero.

Me desespera tener que explicar que no todos los pastores son fraudulentos y mentirosos, aduladores y de doble moral. No existe nada más extenuante, desgastante y agotador tener que demostrar, a familiares y amigos cristianos y no cristianos, que aquel último escándalo de la farándula cristiana es una excepción. No todos somos iguales, ya me cansé de repetirlo.

Me cansé de los hambrientos de poder, de reconocimiento y de poder político, el liderazgo está enfermo de “apostolitis aguda”.

Me cansé de los que presumen ser “Doctores” en teología con su título que consiguieron por 1500 dólares en Internet.

No soporto escuchar que otro más se autoproclamó “profeta” y “apóstol”. Sé que estoy cansado, sin embargo, seguiré adelante, ya no puedo volver atrás.

Pero he decidido no participar más en el “cristianismo” que fabrica becerros de oro y vacas sagradas. No me pelearé por los primeros lugares en los eventos más renombrados que organizan las mega-iglesias. Jamás ofreceré mi nombre para componer la lista de oradores de cualquier conferencia donde se cobre la entrada.

Renuncio a querer adornar mi nombre con títulos de cualquier especie. No deseo ganar aplausos de auditorios famosos.

Buscaré la convivencia de cristianos y de pastores que no tengan espíritu de plataforma.

Posiblemente dirás: “Que frustrado y negativo te ves y te oyes”. Sí, lo estoy, pero no de Jesús y su hermosa Palabra que alumbró mi caminar, sino de las mentiras, fraudes y corrupción de los que se autodenominan “ungidos de Jehová”.

Por: Pastor Chuy Olivares

El propósito del matrimonio | Nancy DeMoss Wolgemuth 

Nancy DeMoss Wolgemuth: Una mujer me dijo recientemente “Los primeros dos años de nuestro matrimonio pensaba que la labor de mi esposo era hacerme feliz, y él pensaba que la mía era hacerlo feliz –y no funcionó.”

Las mujeres que se casan solo para encontrar felicidad, inevitablemente están destinadas a la desilusión. Difícilmente encontrarán lo que están buscando. Esto es porque el propósito último del matrimonio no es ser feliz, sino glorificar a Dios.

La verdad es que no hay ser humano que pueda hacerte feliz. El verdadero gozo solo se encuentra en Cristo. Cuando venimos a Él para que satisfaga nuestras necesidades más profundas, entonces tienes la fortaleza para cumplir el propósito del matrimonio –glorificar a Dios.

Si ése es tu enfoque, experimentarás algunos momentos de felicidad, y tendrás la capacidad para permanecer fiel durante las etapas de difíciles.

¿Estás buscando que sea Cristo quien satisfaga tus más profundas necesidades?

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

La ética en fluctuación | Bruce P. Baugus

La ética en fluctuación
Por Bruce P. Baugus

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine:La historia de la Iglesia | Siglo XX

La ética del siglo XX fue una época en la que se cosechó la tempestad tras haber sembrado aquellos vientos en los albores de la modernidad. La era moderna del pensamiento occidental comenzó en el siglo XVII, cuando algunos pensadores abandonaron el enfoque agustiniano de la teología como un ejercicio de fe en busca de entendimiento, optando en su lugar por un nuevo enfoque que a grandes rasgos equivalía a la razón, en sentido estricto, en busca de razones o justificaciones para creer. Así comenzó la búsqueda de la teología racional.

AQUELLOS VIENTOS
A principios de la era moderna, algunos teólogos racionales parecían seguros de que podían justificar la creencia en los fundamentos principales del cristianismo basándose en estrechas premisas racionalistas (como William Chillingworth y John Tillotson). Pero a finales de siglo, ni siquiera John Locke, el pretendido defensor racional de la fe, pudo encontrar la manera de justificar la creencia en doctrinas tan básicas para la ortodoxia como la Trinidad y la encarnación. En el siglo XVIII, algunos de los brotes unitarios (y arrianos) de la teología racional habían florecido en variedades de deísmo en todo el mundo occidental (como John Toland, Anthony Collins y Matthew Tindal en Inglaterra; Voltaire y Jean Jacques Rousseau en Francia; y Benjamin Franklin y Thomas Jefferson en Norteamérica). Con el tiempo, y quizá afortunadamente, David Hume dio un último empujón a todo el proyecto de la teología racional, y este se derrumbó.

Sin embargo, mientras se derrumbaba la esperanza de una justificación racional del cristianismo como religión revelada divinamente, la confianza en la existencia y cognoscibilidad de un orden moral racional seguía siendo alta. Tan alta, de hecho, que los pensadores de toda la era de la razón, incluido Baruch Spinoza, siguieron considerando la ética como el único aspecto de la enseñanza bíblica que podía obtener el asentimiento racional y el consentimiento universal. Algunos pensadores de la Ilustración llegaron a pensar que la ética podría justificar la teología sobre la sola base de la razón humana.

En la estructura de pensamiento ampliamente agustiniana que prevaleció durante la época medieval, la ética seguía a la teología y descansaba sobre ella. Es decir, se suponía que nuestro conocimiento de la forma en que los seres humanos debían comportarse en el mundo dependía de quién era Dios y de lo que Él quería, y estaba determinado por ello. A lo largo de los siglos se sucedieron los debates sobre muchos subpuntos, pero pocos teólogos habían imaginado un orden distinto a este. De hecho, la relación entre la teología y la ética era tan estrecha que tanto los pensadores católicos romanos como los protestantes trataban la ética como una rama de la teología.

Ese orden fue cuestionado por las nuevas variedades modernistas del racionalismo. Cuando Immanuel Kant escribió a finales del siglo XVIII, el contenido de la teología racional se había reducido en gran medida a lo que los teólogos racionales imaginaban que debía ser cierto de Dios para mantener el orden moral (y, por tanto, la civilización). La contribución de Kant en este frente fue exponer la cuestión abierta y honestamente, y proporcionar un marco filosófico creativo y formidable para dar a los pensadores de la Ilustración un lugar donde situarse.

En la propuesta de Kant, la teología está impulsada por las exigencias de la razón práctica que rige nuestra forma de vivir en el mundo. La idea es bastante simple: para vivir una vida moral, hay que creer ciertas cosas. Una de esas cosas es que hacer lo correcto conduce a la felicidad personal. Sin embargo, es evidente que cumplir con nuestro deber moral no siempre conduce a la felicidad personal en esta vida; a menudo conduce al sufrimiento. Por tanto, Kant argumentó que debemos creer que existe algún tipo de vida después de la muerte en la que el bien es recompensado con la felicidad. Kant dijo que no podemos saber si este estado de cosas realmente existe, pero nos encontramos en la peculiar situación de tener que creer en tal estado para hacer lo que la razón exige que sea nuestro deber. Es más, concluía Kant, también debemos creer que lo que la razón nos exige está respaldado por la autoridad divina y que, por tanto, es lo que Dios ordena, del mismo modo que también debemos creer que Dios recompensará a quienes cumplan con su deber en esta vida con una felicidad sin fin en la otra.

LA TEMPESTAD
En cierto modo, el marco de Kant completó la reestructuración de la ética a partir de la visión anterior que prevalecía en Occidente; en otros aspectos, aceleró la desintegración del amplio consenso moral que era sustentado por la visión anterior. Anteriormente, la ética se enfocaba a menudo como una rama de la teología; después de Kant, la ética se ha enfocado generalmente como una disciplina autónoma, tal y como se había concebido en antaño en Atenas. Mientras los occidentales siguieran pensando más o menos como cristianos en cuestiones morales y respaldando los principales contornos del pensamiento moral cristiano, tal como se revelan en la Escritura y se resumen en el Decálogo, esto parecía razonable. Pero la suposición de que las nociones humanas de moralidad eran estables resultó ingenua. Una vez cortados los cables teológicos, la ética fue arrastrada por la tempestad.

Pensadores posteriores propondrían principios metaéticos derivados de la antropología, la sociología, la psicología y, finalmente, incluso de la biología. Mientras tanto, las críticas suspicaces al evangelio expresadas en el siglo XVIII (como las de Hermann Reimarus) fueron desarrolladas y extendidas a la enseñanza moral cristiana por pensadores del siglo XIX como Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud. Las particularidades de sus críticas variaron ampliamente, pero estos «maestros de la sospecha», como los llama Paul Ricoeur, propusieron cada uno de ellos contranarrativas de la moral cristiana que la presentaban como un desarrollo histórico desviado o debilitador y como un impedimento para el progreso personal y social.

Por muy duras y desvinculadas de la realidad histórica que fueran a veces estas contranarrativas, la sospecha hacia el cristianismo es lo único que nos queda cuando se rechaza la posibilidad de una verdad revelada. El hecho de que el cristianismo exista como una fuerza potente en el mundo y tenga la estructura y la forma que tiene exige una explicación. Pero si la teología cristiana no es verdadera, dice el razonamiento, entonces la enseñanza y la práctica cristianas deben servir a algún otro propósito que el que aparentan o pretenden servir. Algunos sospechan que el cristianismo es un mecanismo para hacer frente a la desesperación, el miedo, los deseos insatisfechos o el sufrimiento; otros sospechan que es un instrumento de opresión que permite a sus seguidores frenar e imponer su voluntad colectiva a los demás; y otros sospechan que el discurso moral carece de sentido o que la propia moral es una ilusión evolutiva.

Esta tempestad de sospechas abrió un camino a lo largo del siglo XX, lo que resulta evidente en la creciente sensación de crisis reflejada en la literatura a medida que el intento cada vez más desesperado de justificar la moralidad sobre bases no teológicas seguía vacilando y luego fracasaba. A medida que se acercaba el colapso, una propuesta metaética siguió a otra en rápida sucesión: las variedades del utilitarismo (como el de Henry Sidgwick) dieron paso a una especie de contienda entre el realismo (como el de George Edward Moore) y el emotivismo (como el de Alfred Jules Ayer), luego con el prescriptivismo (como el de Richard Mervyn Hare), y así sucesivamente. Aunque de las fértiles mentes filosóficas del siglo fluyeron ideas y reflexiones intrigantes, algunos teóricos se desesperaron por no hallar una justificación no teológica de la moralidad y pidieron a sus colegas que abandonaran el proyecto (como hizo Richard Rorty), mientras que otros declararon que la libertad humana y la moralidad eran un mero espejismo (como dijo Michael Ruse).

Mientras tanto, la crítica suspicaz a la ética cristiana se profundizó y extendió. Los discípulos de los maestros de la sospecha del siglo XX —y otros que llegaron a compartir su estado de ánimo— lanzaron acusaciones contra tal o cual punto de la enseñanza cristiana por generar o perpetuar la injusticia social. A veces, la supuesta injusticia era bastante real, pero no se podía atribuir a la enseñanza bíblica, aunque en algunos casos (como en el racismo) la injusticia se podía atribuir a distorsiones y abusos de la Escritura por parte de algunos segmentos de la comunidad cristiana profesante. En otros casos (como el del aborto), la supuesta injusticia (negar los «derechos reproductivos», en este caso) podía atribuirse a la enseñanza cristiana, pero no era una injusticia real (porque la enseñanza cristiana sobre el aborto prohíbe el asesinato; no niega los «derechos reproductivos»). Sin embargo, en cada caso, la cuestión era complicada.

La tesis de Lynn White Jr. de mediados de siglo, Las raíces históricas de nuestra crisis ecológica, es un ejemplo ilustrativo. White sostiene que la doctrina cristiana de la creación y la visión del dominio humano sobre la naturaleza están detrás de la crisis ecológica global. Mientras estas creencias sigan conformando el pensamiento occidental, será imposible avanzar significativamente en esta cuestión. O se revisan las enseñanzas cristianas o se rechaza el propio cristianismo. Por su parte, como eclesiástico presbiteriano (e hijo de un ministro presbiteriano), White abogó por revisar la enseñanza cristiana siguiendo las líneas sugeridas por la vida de Francisco de Asís.

Aproximadamente la misma crítica se repitió a lo largo del siglo con cada nueva cuestión cultural de importancia moral. Además de sus doctrinas sobre la creación y el dominio humano, los puntos de vista del cristianismo sobre la exclusividad de la salvación en Cristo (solo Jesús es el camino hacia Dios), el género (dos y solo dos sexos complementarios), el matrimonio (divorcio restringido, jefatura masculina, solo matrimonio entre un hombre y una mujer), la vida humana (prohibición del aborto a petición, de la investigación que destruye embriones humanos, del suicidio, de la eutanasia y de las tecnologías reproductivas que destruyen la vida), el sexo (prohibición de las relaciones sexuales fuera del matrimonio y de los anticonceptivos que destruyen la vida, y reconocimiento de la pecaminosidad de la atracción, la orientación, la identidad y los actos sexuales entre personas del mismo sexo), entre otros, han recibido críticas constantes, la mayoría de las veces en nombre de la libertad y la igualdad. Se insinúa que, para corregir estas injusticias y lograr un progreso social significativo, estos puntos de la doctrina cristiana deben revisarse o rechazarse. De cualquier modo, el futuro será poscristiano.

LA IGLESIA EN LA TEMPESTAD
A principios del siglo XX, la cultura ambiental estadounidense en general respaldaba la enseñanza moral cristiana y muchos padres no creyentes querían que sus hijos aprendieran a vivir como nos enseña la Biblia. A finales de siglo, la cultura ambiental consideraba cada vez más la moral cristiana tradicional como regresiva, como un obstáculo para el progreso social y como una amenaza para la igualdad humana, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Incluso se sospechaba que el elevado ideal del amor cristiano era un artificio político, lo que parecía plausible en el fragor de la guerra cultural que asolaba la escena estadounidense de posguerra. Nuestros vecinos de mentalidad secular habían hecho su elección y rechazaban la moral cristiana.

Mientras tanto, el protestantismo de principios de siglo se veía sacudido por encarnizados debates teológicos sobre la autoridad, fiabilidad e interpretación de la Escritura y otros muchos puntos de doctrina. Sin embargo, la gente a ambos lados de estos debates podía contar, por lo general, con que sus oponentes compartían la misma perspectiva moral general. A finales de siglo, esto ya no era así. Las iglesias que acomodaron sus puntos de vista doctrinales a las sensibilidades de la cultura del ambiente siguieron también el camino revisionista de la concesión moral; las iglesias que se negaron a comprometer sus normas doctrinales también se resistieron a la concesión moral, aunque con diversos grados de reflexión y acercamiento cultural.

Una breve comparación de los dos mayores organismos presbiterianos de Norteamérica a finales de siglo resulta esclarecedora. La Iglesia Presbiteriana del Norte, la mayoritaria, empezó a comisionar a mujeres como obreras eclesiásticas hacia 1938, y luego comenzó a ordenar a mujeres como ministras en 1956. La Iglesia del Norte hizo de las relaciones raciales una prioridad en 1963, estableciendo el Consejo sobre iglesia y raza, que impulsó muchos otros programas de justicia racial en el futuro. En 1970, la Iglesia del Norte pidió la liberalización de las leyes sobre el aborto, y en 1992, la reunificada Iglesia Presbiteriana (PCUSA) adoptó la postura proelección de que el aborto es «moralmente aceptable» en muchas circunstancias, pero que debe ser una medida de «último recurso». Relajó las restricciones sobre el divorcio en 1952 y de nuevo en 1981. Ya en 1978, el informe de un comité de estudio de la Iglesia del Norte pedía la ordenación de los homosexuales no célibes, aunque la Iglesia Presbiteriana (PCUSA) no siguió este consejo oficialmente hasta 2011. No obstante, a finales de siglo, la Iglesia Presbiteriana (PCUSA) tenía al menos un ministro abiertamente transexual y, desde entonces, ha eliminado de sus normas de ordenación el requisito de fidelidad conyugal o castidad en la soltería y ha redefinido el matrimonio como entre «dos personas» para dar cabida al matrimonio entre personas del mismo sexo.

La mayoría de estos mismos asuntos también llevaron a la Iglesia Presbiteriana de América (PCA por sus siglas en inglés) a un estudio y un autoexamen más profundos, pero a menudo con resultados muy distintos de los observados en la Iglesia Presbiteriana (PCUSA). Por ejemplo, la PCA sigue enseñando, practicando y defendiendo el complementarismo y la ordenación exclusivamente masculina (reafirmada en 2017). Mantiene la postura provida de que el aborto a demanda es moralmente inadmisible (1978, reafirmada en 1980, 1986 y 1987), solo reconoce el adulterio y el abandono como motivos de divorcio (1972, 1992), y sostiene que la homosexualidad es pecaminosa y que los homosexuales no célibes están descalificados para ocupar cargos eclesiásticos (1977/1980, reafirmada en 1999 y 2019). La PCA no reconoce el matrimonio entre personas del mismo sexo y ha tomado medidas recientes para aclarar esta postura.

En general, las iglesias mayoritarias han seguido aflojando en sus líneas teológicas para acomodarse a los fuertes vientos culturales. Curiosamente, mientras se balancean con la cultura, han experimentado fuertes descensos en el número de sus miembros. Mientras tanto, las iglesias evangélicas conservadoras han reforzado sus líneas de conducta para resistir esos mismos vientos y han crecido incluso cuando han sido marginadas por la sociedad en general por no comprometer sus enseñanzas morales. En un curioso giro de la historia, a finales del siglo XX, muchos protestantes evangélicos descubrieron que sus puntos de vista morales tenían más en común con sus vecinos católicos romanos conservadores que con sus homólogos mayoritarios. También descubrieron una creciente confianza y valentía en sus convicciones a medida que los asuntos que les lanzaba la tormenta les obligaban a estudiar, examinar sus corazones y sufrir por sus creencias.

CONCLUSIÓN
El siglo XX, como he dicho anteriormente, fue una época de cosechar la tormenta que trajeron aquellos vientos que se sembraron en los albores de la modernidad. La tormenta aún está aquí y no ha disminuido. Pero, tras un siglo de luchar contra una cuestión moral tras otra, los evangélicos confesionales tienen sus pies morales más firmes en medio de la tormenta y están mejor preparados ahora de lo que estuvieron un siglo antes. Esto no garantiza que no sigan habiendo concesiones, pero el camino de la fidelidad está iluminado por la infalible Palabra de Dios, que es suficiente para guiarnos a través de lo que muy probablemente serán días aún más oscuros y tormentosos.

Publicado originalmente en: Tabletalk Magazine

El Dr. Bruce P. Baugus es profesor asociado de filosofía y teología en el Reformed Theological Seminary en Jackson, Mississippi, y es un anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en Estados Unidos. Es autor de Reformed Moral Theology.

Homosexualidad: Perspectiva Bíblica

Homosexualidad: Perspectiva Bíblica
Por Abraham Paniagua

“Un predicador cristiano fue arrestado y encerrado en una celda por decirle a un transeúnte que la homosexualidad es un pecado en los ojos de Dios” El predicador bautista, Dale McAlpine, fue acusado y arrestado por causar “acoso ” después que un oficial homosexual lo oyó decir que el homosexualismo está incluido dentro de la lista de pecados según la Biblia. McAlpine mencionó la blasfemia, la borrachera y el homosexualismo, entre otros. Los oficiales alegan que McAlpine hizo el comentario lo suficientemente alto como para ser escuchado por otros y lo han acusado por usar un “lenguaje abusivo o insultante”.

Todo esto tiene su base en el Acto del Orden Publico (Public Orden Act) que fue introducido en el 1986 con el propósito de afrontar alborotadores violentos, y fanáticos violentos del football. Predicadores cristianos alegan que este acto está siendo utilizado para eliminar los discursos religiosos o predicas.

Esto lo podemos comprobar investigando más sobre casos pasados. Harry Hammond fue condenado en 2002 por violentar la sección 5 del acto al sostener un cartel que decía “Paren la inmoralidad. Paren el homosexualismo. Paren el lesbianismo. Jesús es el Señor” mientras predicaba. Asimismo, Stephen Green fue preso (y luego liberado) en el 2006 por repartir panfletos cristianos en un festival gay.

¿Por qué la homosexualidad no es como cualquier otro pecado?

¿Qué nos muestra esto?
Esto nos muestra la intolerancia religiosa a la que la sociedad se está moviendo. No solo intolerancia religiosa, sino intolerancia al cristianismo más específicamente. Aquí vemos pastores y personas apresadas por enseñar y repetir las palabras de la misma Biblia.

Esta intolerancia está sucediendo en una época donde se nos promueve la idea de “tolerancia” a nuevas ideas y otras creencias.

Esto nos muestra que la “libre expresión” de la que tanto se nos hablaba y vemos en nuestras leyes, ya no es tan libre. Vemos que la “libre expresión” está sujeta a la intolerancia de las personas a escuchar de la Biblia.

Pero, ¿Qué nos enseña la Biblia al respecto?

Enseñanza Bíblica
La Biblia nos enseña muy claramente qué Dios aborrece. Aquello que El aborrece es llamado pecado, y el homosexualismo ciertamente está incluido en la lista.

Primero que todo, la Biblia nos enseña el diseño original de Dios, el cual el homosexualismo pervierte y distorsiona:

“Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. (Génesis 2:24)

Segundo, se nos muestra cómo Dios destruyó a Sodoma y Gomorra por su pecado, donde se incluye las relaciones sexuales del mismo sexo. Vemos también, en Levíticos la prohibición:

“No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación”. (Levíticos 18:22)

“Si alguno se acuesta con varón como los que se acuestan con mujer, los dos han cometido abominación;…” (Levíticos 20:13)

En el Nuevo Testamento vemos a Pablo hablando de este asunto en su carta a los Romanos:

“Por consiguiente, Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos; porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, quien es bendito por los siglos. Amén. Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza; y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío”. (Romanos 1:24-27)

En 1ra de Corintios:

“¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios”. (1 Corintios 6:9-10)

En 1ra de Timoteo:

“Pero nosotros sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente, reconociendo esto: que la ley no ha sido instituida para el justo, sino para los transgresores y rebeldes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los inmorales, homosexuales, secuestradores, mentirosos, los que juran en falso, y para cualquier otra cosa que es contraria a la sana doctrina”. (1 Timoteo 1:8-10)

Vemos aquí entonces que McAlpine fue preso por predicar y enseñar lo que la Biblia claramente expresa. Claro, no debemos olvidar que en nuestros días ya vemos pastores homosexuales y matrimonios del mismo sexo, lo cual la Biblia condena, aunque las personas crean o no en Dios. La intolerancia nos tratará de llevar a callar las verdades absolutas que la Biblia posee.

¿Implica esto que los cristianos somos homofóbicos? De ninguna manera. El cristiano no debe ser homofóbico, ya que la Biblia nos llama a predicarles el evangelio a estas personas. El evangelio es para todos los pecadores, por lo que estamos llamados a predicarlo a todos no importa raza, sexo, inclinación sexual o estatus social. Debemos predicar a Jesucristo crucificado y resucitado, a todo ser humano para que así Dios les conceda el arrepentimiento.

Es la misma Biblia que nos enseña que todos nosotros nacemos en pecado, y tanto la mentira como el homosexualismo, el robo y la borrachera, son productos de nuestro pecado. Es por esto que los cristianos no nos creemos (ni debemos creernos) superiores a los homosexuales, mentirosos, etc. por el simple hecho de que somos cristianos. Debemos reconocer la gracia de Dios sobre nosotros y compartir de esta gracia.

Algo interesante que debemos notar es que, ¿por qué apresar a un hombre que enseña que el homosexualismo es pecado si ni siquiera los que lo apresan creen en el pecado o la misma Biblia? Si el cristianismo es un invento del hombre, una fantasía, ¿por qué condenar a aquel que diga que el homosexualismo es pecado? Cuando la conciencia de los que no creen en Dios se inquieta porque al pecado se le llama pecado y se enseña que la Biblia lo condena, se confirma la ley moral inscrita por Dios en los corazones de los hombres.

Abraham Paniagua
Es originario de República Dominicana. Licenciado en teología, y con una maestría del Southeastern Baptist Theological Seminary (SEBTS) donde actualmente cursa sus estudios doctorales. Esposo de Lía.

«Jehová afirmó en los cielos su trono; y su reino domina sobre todos.» Salmo 103:19

Manantiales en el Desierto | Lettie B. Cowman

Mayo 2
«Jehová afirmó en los cielos su trono; y su reino domina sobre todos.» Salmo 103:19

Hace algún tiempo, al principio da la primavera, iba a salir a la puerta, cuando del alrededor de la esquina vino un soplo de aire del este, desafiador, cruel, fiero y seco, trayendo una nube de polvo delante de la puerta.
Al acabar de quitar el llavín de la puerta, dije con cierta impaciencia, «Por qué no» iba a decir, «cambiará este viento;» pero la palabra se me cortó, y no terminé la frase. A medida que caminaba, el incidente llegó a ser para mí una parábola. Entonces vino un ángel con una llave y dijo:

«Mi Maestro te envía Su amor y me ha pedido que te entregue esto.» «¿Qué es eso?» pregunté con cierta duda. «La llave de los vientos.» respondió el ángel, y desapareció.

Ahora sí que voy a ser feliz. Me apresuré hacia las alturas de donde los vientos procedían y permanecí entre las cavernas.
«Terminaré de la manera que sea con este dichoso viento del este, para que no nos moleste más,» alcé la voz; y llamando a aquel viento enemigo, cerré la puerta, y el ruido de sus ecos podía oírlo resonando en las oquedades. Entonces dí una vuelta a la llave con cierto aire de triunfo y dije: «Por fin hemos acabado de una vez con este viento.»

«¿Con qué lo sustituiré?» me pregunté, mirando a mi alrededor. «El viento del sur es muy agradable» y me acordé de los corderitos, de la juventud de todas partes, y de las flores que habían empezado a adornar los setos vivos. Pero al ir a poner la llave en la cerradura, noté que me quemaba la mano.

«¿Qué es lo que estoy haciendo?» grité «¿Quién puede saber el mal que voy a causar con mi acción? ¡Cómo puedo yo saber lo que los campos necesitan! Voy a causar miles de males con mi estúpido deseo.»

Aturdido y avergonzado, levanté mi ojos y rogué al Señor que volviese a enviar Su ángel por la llave, y prometí que jamás volvería a sentir deseo de tenerla.

Pero he aquí, que el Señor mismo estaba junto a mi lado. Extendió su mano para tomar la llave, y al dársela, vi que la colocó sobre las señales de las heridas grandes,

Sentí un profundo dolor, por haber murmurado contra algo que El hizo, y que lleva las señales sagradas de Su amor. Entonces El tomó la llave y la colgó en su cintura.

«¿Guardas la llave de los vientos,?» le pregunté.
«Sí, hijo mío,» me contestó con mucha ternura.
Lo miré nuevamente y ví colgadas todas las llaves de toda mi vida. El vió mi mirada de espanto, y me preguntó, «¿Ignorabas, hijo mío, que mi reino domina sobre todos?»
«¡Sobre todos Señor!,» contesté; entonces «No puedo obtener ninguna seguridad, murmurando.» Entonces, colocando Su mano sobre mí, me dijo con mucho cariño, «Hijo, tu únicaseguridad en todo, está en que ames, confíes y alabes.»
-Mark Guy Pearse.