¿Es bíblico el dispensacionalismo?

Got Questions

¿Es bíblico el dispensacionalismo?

Una dispensación es una forma de ordenar las cosas: una administración, un sistema o una gerencia. En teología, una dispensación es la administración divina de un período de tiempo; cada dispensación es un periodo divinamente designado. El dispensacionalismo es un sistema de teología que reconoce éstos periodos establecidos por Dios para poner en orden los asuntos del mundo. El dispensacionalismo tiene dos características principales. (1) Una consistente interpretación literal de la Escritura, especialmente de la profecía bíblica. (2) Una distinción entre Israel y la iglesia dentro del programa de Dios. El dispensacionalismo clásico identifica siete dispensaciones en el plan de Dios para la humanidad.

Los dispensacionalistas sostienen que su principio de hermenéutica es el de la interpretación literal. “Interpretación Literal” significa dar a cada palabra el significado que comúnmente tendría en el uso cotidiano. Se tienen en cuenta los símbolos, las figuras de voz y por supuesto los estilos. Se entiende que incluso los símbolos y los refranes figurativos tienen un significado literal detrás de ellos. . Aún los simbolismos y figuras del lenguaje tienen interpretaciones literales contenidas en ellas. Así, por ejemplo, cuando la Biblia habla de «mil años» en Apocalipsis 20, los dispensacionalistas lo interpretan como un período literal de 1.000 años (la dispensación del Reino), ya que no hay ninguna razón de peso para interpretarlo de otra manera.

Hay por lo menos dos razones por las que la interpretación literal es la mejor manera de ver la Escritura. Primero, filosóficamente, el propósito del lenguaje en sí parece requerir que lo interpretemos literalmente. El lenguaje fue dado por Dios con el propósito de poder comunicarse con el hombre. Las palabras son recipientes de significado. La segunda razón es bíblica. Cada profecía acerca de Jesucristo en el Antiguo Testamento, fue cumplida literalmente. El nacimiento de Jesús, Su ministerio, Su muerte y Su resurrección, todas ocurrieron exacta y literalmente como fueron predichas en el Antiguo Testamento. Las profecías fueron literales. No hay ningún cumplimiento no literal de profecías mesiánicas en el Nuevo Testamento. Este es un fuerte argumento a favor del método literal. Si no se utiliza la interpretación literal en el estudio de las Escrituras, entonces no hay un parámetro objetivo por el cual se pueda entender la Biblia. Cada persona podría interpretar la Biblia como le parezca. La interpretación bíblica se convertiría en “lo que este pasaje me dice a mí….” en vez de “la Biblia dice…”. Tristemente, este es ya el caso en lo que actualmente se conoce como interpretación bíblica hoy en día.

La dispensación teológica enseña que hay dos clases del pueblo de Dios: Israel y la Iglesia. Los dispensacionalistas creen que la salvación siempre ha sido por gracia por medio de la fe (En Dios en el Antiguo Testamento, y específicamente en Dios Hijo en el Nuevo Testamento). Los dispensacionalistas sostienen que la Iglesia no ha reemplazado a Israel en el programa de Dios y que las promesas a Israel en el Antiguo Testamento no han sido transferidas a la Iglesia. Ellos creen que las promesas que Dios hizo a Israel (de la tierra, muchos descendientes y bendiciones) en el Antiguo Testamento, serán finalmente cumplidas en el período del milenio del que se habla en Apocalipsis 20. Creen que, así como Dios en la época actual enfoca Su atención en la Iglesia, Él nuevamente en el futuro, enfocará Su atención en Israel (Romanos 9-11 y Daniel 9:24).

Usando este sistema como base, los dispensacionalistas entienden que la Biblia está organizada en siete dispensaciones; Inocencia (Génesis 1:1 – 3:7), Conciencia (Génesis 3:8 – 8:22), Gobierno Humano (Génesis 9:11 – 11:32), Promesa (Génesis 12:1 – Éxodo 19:25), Ley (Éxodo 20:1 – Hechos 2:4), Gracia (Hechos 2:4 – Apocalipsis 20:3), y el Reino Milenial (Apocalipsis 20:4-6). Nuevamente, estas dispensaciones no son medios para la salvación, sino maneras en las que Dios se relaciona con el hombre. Cada dispensación incluye un modelo reconocible de cómo Dios obró con las personas que vivieron en esa dispensación. Ese modelo es 1) una responsabilidad, 2) un fracaso, 3) un juicio, y 4) gracia para seguir adelante.

El dispensacionalismo como un sistema, resulta en una interpretación premilenial de la Segunda Venida de Cristo, y usualmente una interpretación pretribulacional del arrebatamiento. En resumen, el dispensacionalismo es un sistema teológico que enfatiza la interpretación literal de la profecía bíblica, reconoce una distinción entre Israel y la Iglesia, y organiza la Biblia en diferentes dispensaciones o administraciones.

El tiempo y las relaciones

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Tiempo

El tiempo y las relaciones
Por Jason Helopoulos

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Tiempo

Mientras escribo este artículo en mi salón de estudio, estoy viendo una foto que cuelga en la pared sobre mi escritorio. La foto mira hacia abajo sobre todo lo que hago. Mi esposa tomó esta foto, la amplió y la colocó en un bonito marco de roble. Recuerdo el día en que le pedí que tomara esa foto. Vivíamos en Dallas y el sol brillaba, como siempre lo hace en las tardes de Dallas. Disfrutamos de un sábado de exploración mientras paseábamos por la ciudad con su nueva cámara en mano. Simplemente le acompañé en el paseo, sirviendo como su asistente.

Mientras caminábamos por una calle, vi un campanario en una iglesia grande. El capitel se elevaba en el aire y dominaba en el cielo, imponiéndose sobre todo lo que estaba debajo. Un reloj adornaba la parte superior del campanario y en la cara del reloj habían tres palabras en letras negras. A petición mía, mi esposa tomó una foto de la cara del reloj: esa es la foto que está encima de mi escritorio. Los números del reloj son números romanos; la manecilla corta apunta al número cuatro y la manecilla larga muestra algunos tics más allá del número doce. Las tres palabras en la cara del reloj resaltadas en negritas son simples: la noche viene. Son tomadas del Evangelio de Juan. Jesús le dice a Sus discípulos: «Nosotros debemos hacer las obras del que me envió mientras es de día; la noche viene cuando nadie puede trabajar» (Jn 9:4). La noche viene. Esa foto se encuentra encima de mi escritorio como un recordatorio: «Aprovecha el tiempo al máximo, Jason, porque la noche viene cuando terminará tu tiempo de hacer obra alguna para el reino».

Este principio resulta necesario para los cristianos en nuestro trabajo, nuestro descanso, nuestro juego e incluso en nuestras relaciones. Queremos hacer el mejor uso de nuestro tiempo, porque la noche viene cuando ya no se podrá hacer más por el bien del reino en esta vida. ¿Has pensado sobre esto con respecto a tus relaciones con los demás?

Como individuos limitados por el tiempo, nos involucramos en relaciones con otros individuos limitados por el tiempo. Tenemos solo una cantidad limitada de años, días, horas y minutos para invertirlos en las vidas de otros. Y vale la pena invertir en ellos. Muchas de las cosas en las que gastamos nuestras energías y tiempo desaparecen y no duran, pero la gente sí. Por lo tanto, resulta importante considerar el uso de nuestro tiempo en estas relaciones. Lo sabemos. ¿Con cuánta frecuencia un padre o una madre joven ha escuchado a una persona mayor decirle «atesora esos años con tu hijo; pasan demasiado rápido»? ¿Con cuánta frecuencia nos vienen a la mente los seres queridos que hemos perdido? Y pensamos en si tan solo hubiéramos tenido tiempo para una breve conversación más con ellos.

Al considerar el buen uso del tiempo en nuestras relaciones con los demás, es provechoso pensar detenidamente en la cuadrícula de cantidad y calidad de tiempo. Algunos defienden la cantidad de tiempo en oposición al tiempo de calidad en nuestras relaciones. Otros abogan por la calidad sobre la cantidad. Sin embargo, ambas son importantes.

La cantidad de tiempo con los demás importa. Primero, muestra lo que amamos. Un adolescente jugará con la pelota de baloncesto durante horas hasta que la luz del sol desaparezca porque ama el juego. Un aprendiz dedicará años a aprender un oficio. Un abogado analizará los libros minuciosamente por días para conseguir información sobre su escrito legal. Dedicamos tiempo a lo que creemos que es importante.

Si un esposo llega del trabajo a la casa cada noche, se sienta frente al televisor y solo encuentra un minuto aquí o allá entre los comerciales para hablar con su esposa, no importa cuánto diga que la ama, sus acciones demuestran algo más. Ella lo siente y lo sabe. Pasamos tiempo como sea que podamos con aquellos que amamos. Las circunstancias no siempre lo permiten. Pero a medida que la vida nos brinda la oportunidad, la aprovechamos. 

En segundo lugar, pasamos mucho tiempo con aquellos a quienes deseamos influir, moldear o impactar. La primera iglesia en la que tuve el honor de trabajar fue una iglesia de tamaño mediano en una zona rural de Carolina del Norte. Como ha sido mi práctica en todas las iglesias en las que he asistido o servido, pasé los primeros seis meses buscando a los miembros más viejos de la congregación. Encuentro que hay pocas cosas más importantes que conocer la historia de la iglesia a la que perteneces. El pasado informa el presente.

En mis conversaciones, siempre escuchaba un nombre en particular: Simón. Cada persona mayor de la congregación parecía incapaz de contar la historia de la iglesia sin mencionar el nombre de Simón. Al principio, pensé que debía haber sido uno de los primeros pastores. Sin embargo, ese no fue el caso. Todos decían lo mismo de Simón: era pequeño de estatura, marcado por un comportamiento humilde, siempre se mostraba reacio a hablar en público, servía entre bastidores y era considerado un laico muy «ordinario».

Sin embargo, Simón tuvo un impacto duradero en la vida de la iglesia. ¿Cómo? Los domingos, Simón invitaba a hombres jóvenes de la iglesia para caminatas vespertinas en el día del Señor. Mientras caminaban por el bosque, les hablaba sobre árboles, plantas, aves y Cristo. Cada domingo pasaban horas y horas de esta manera. No había una agenda semanal en particular, ni planes ni predicación; simplemente un hombre mayor que pasaba gran cantidad de tiempo con hombres jóvenes, proveyendo al Señor la oportunidad de obrar en Sus formas aparentemente simples para fines profundos. Al considerar a los ancianos de esta iglesia ahora, unos cuarenta años más tarde, casi dos tercios de ellos apuntaron al tiempo que pasaron con Simón los domingos por la tarde como la mayor influencia espiritual moldeadora en sus vidas. Las vidas que interactúan juntas se impactan mutuamente y eso a menudo toma tiempo.

Ciertamente es instructivo que el Señor Jesús pasara tres años con los discípulos antes de Su crucifixión. Él pudo simplemente haberlos llamado en las pocas semanas o en los últimos días previos a Su entrada triunfal a Jerusalén. Pero se requería algo más. Los minutos, horas, días, meses y años que los discípulos pasaron con el Señor Jesús los instruyeron en todo lo que debían hacer. Los instruyó, no solo con Sus palabras sino con Su vida, y eso tomó tiempo.

El tiempo de calidad también resulta esencial para las relaciones significativas. La intencionalidad importa. Pasar horas en el gimnasio sentado en un banco de entrenamiento y mirando tu teléfono no producirá aptitud física sino flacidez. La cantidad de tiempo mengua sin la calidad requerida. Como cristianos, reconocemos que nuestra cantidad de tiempo es limitada para servir al Señor productivamente. Queremos más relaciones saludables que relaciones flácidas porque la noche viene. Por lo tanto, queremos tanto calidad como cantidad de tiempo en nuestras relaciones.

Con los incrédulos, deseamos y apuntamos a que esas relaciones se muevan hacia una conversación espiritual. Apreciamos a los demás como portadores de la imagen de Dios, por lo que nuestra relación con ellos está dirigida a algo más que disfrutar de buena comida y unas cuantas risas. Buscar y aprovechar oportunidades para su bien eterno da forma a nuestras interacciones. Y francamente, no sabemos si tenemos un mañana, y ellos mucho menos. Por lo tanto, buscamos ser intencionales en comunicarles la belleza y gloria del evangelio y la oferta gratuita de salvación.

Con nuestros hermanos y hermanas en Cristo, deseamos que el Señor nos use para animarlos a crecer a imagen de Cristo, aun cuando creemos que ellos están en nuestras vidas para moldearnos a nosotros a imagen de Cristo. Por lo tanto, las conversaciones no pueden quedarse siempre en un nivel superficial. Queremos poner nuestras mentes juntas en las cosas celestiales. Queremos hablar sobre las cosas de Dios, orar juntos y estudiar juntos la verdad de Dios. Hemos sido salvos no solamente para Cristo, sino también los unos para los otros. Y la forma en que enfocamos nuestras relaciones con los hermanos y hermanas en Cristo habla de cuán seriamente creemos en esa verdad.

Con nuestra familia, deseamos ver a Cristo exaltado en nuestros hogares y en nuestra vida en común. Creemos que una familia cristiana significa más que simplemente colocar una placa en nuestro hogar que diga «pero yo y mi casa, serviremos al SEÑOR» (Jos 24:15). Tener lemas está bien; pero vivirlos es mejor. Nuestro objetivo es ver a Cristo como el centro de nuestra vida familiar. Eso significa que para nosotros algunos momentos son más valiosos que otros. Los tiempos de calidad pasados en adoración familiar, hablando de la vida desde una perspectiva cristiana, orando juntos antes de dormir, sirviendo a otros en el cuerpo de Cristo y asistiendo a la adoración corporativa son momentos que atesoramos. 

Y mientras buscamos vivir de manera significativa con otros, tanto en cantidad como en calidad de tiempo, confiamos y esperamos en que el Señor obrará. La parábola de la semilla en Marcos 4:26-29 es un recordatorio provechoso sobre nuestras relaciones. El tiempo bien invertido con los demás nunca es una pérdida. No siempre podemos ver de inmediato lo que produce el tiempo invertido, pero esa es parte de la gloria de la obra del Espíritu. El granjero va al campo, esparce las semillas en el suelo y se va a dormir. Esa es su tarea. Si está buscando gratificación inmediata por el arduo trabajo de un día, no encontrará ninguna. Pero cuando el agricultor se acuesta a dormir, el Señor obra. Esto es a menudo lo que ocurre en nuestras relaciones con los demás. Con el tiempo, el Señor obra poderosamente. Las horas interminables o los minutos invertidos en relaciones con los demás producen una cosecha «mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos» (Ef 3:20). Si el agricultor se va a la cama desanimado esa noche por no ver una cosecha, sería un tonto. No es así como funciona la agricultura. Y tampoco es así como funcionan las relaciones. Ellas merecen el tiempo, tanto cuantitativa como cualitativamente. Invirtamos correctamente y luego descansemos. El Señor está obrando. Podemos confiar en eso. Usemos nuestro tiempo sabiamente en las relaciones con los demás porque la noche viene.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jason Helopoulos
Jason Helopoulos

El Rev. Jason Helopoulos es el pastor principal de la University Reformed Church (PCA), en East Lansing, Michigan. Es autor de The New Pastor’s Handbook [Manual del pastor nuevo] y A Neglected Grace: Family Worship in the Christian Home [Una gracia descuidada: la adoración familiar en el hogar cristiano].

La Biblia habla de usted y de mí (1)

Lunes 7 Febrero

El hombre morirá, y será cortado; perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?… Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?

Job 14:1014

¿Cómo se justificará el hombre con Dios? Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo.

Job 9:219:25

La Biblia habla de usted y de mí (1)

¡Ah, estas preguntas me persiguen día y noche!… ¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Por qué existe el sufrimiento y el mal… ? ¿La historia de Job nos dará una respuesta?

Este personaje bíblico tenía una vida religiosa irreprochable, pero un día su vida tambaleó en una serie incomprensible de desgracias. Entonces empezó a hacerse preguntas. Cuando todo va mal, nuestras frágiles mentes dudan de todo. En medio del sufrimiento, Job se atrevió a acusar a Dios, a hacerlo responsable de todos sus males. Esto es lo que hacemos todos, más o menos, un día u otro. Pero si todo va bien, a menudo vivimos como si Dios no existiera. Y luego, cuando los problemas se acumulan, lo acusamos, ¡sin ni siquiera darnos cuenta de que es contradictorio!

Si usted y yo nos identificamos con Job, solo nos queda ir hasta el final de su razonamiento, es decir, reconocer que su vida viene de Dios, que él no tiene que rendirnos cuentas. Si vivimos sin preocuparnos por lo que Dios espera de nosotros, entonces necesitamos ponernos en regla con él. Pero no podemos hacerlo solos. La fe de Job descansaba en su “Redentor”, es decir, en alguien que podría pagar en su lugar por sus pecados.

¡Ese Redentor o Salvador es Jesucristo, quien vino a este mundo para pagar mi rescate! Hay un solo mediador entre Dios y los hombres: ¡Jesús! Visto de esta manera, mi existencia cobra todo su sentido: sé que vengo de Dios, que voy a él y que no hay azar en mi vida.

(continuará los próximos lunes)

Génesis 41 – Mateo 24:1-28 – Salmo 20:1-5 – Proverbios 8:1-11

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

12 – LA PREEXISTENCIA DE DIOS

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

2. LA NATURALEZA Y LOS ATRIBUTOS DE DIOS

12 LA PREEXISTENCIA DE DIOS

R.C.Sproul

Cuando la Biblia declara que Dios es el Creador del universo nos está señalando que Dios mismo no ha sido creado. Existe una diferencia crucial entre el Creador y la creación. La creación tiene el sello del Creador y es testigo de su gloria. Pero esta creación nunca será digna de adoración. No es suprema.

Es imposible que algo se cree a sí mismo. El concepto de la auto-creación es una contradicción de palabras, es una afirmación carente de sentido. Le solicito al lector que se detenga y reflexione un poco. Nada puede auto-crearse. Ni siquiera Dios puede crearse a sí mismo. Para que Dios se creara a sí mismo debería haber sido antes que Él. Ni siquiera Dios puede hacer eso.

Todo efecto debe tener una causa. Esto es cierto por definición. Pero Dios no es un efecto. Él no tiene principio y por lo tanto no tiene ninguna causa precedente. Él es eterno. Él siempre ha sido o es. Él tiene, dentro de sí mismo, el poder de ser. No necesita de ninguna ayuda de recursos externos para seguir existiendo. Esto es lo que significa la idea de la preexistencia. Reconocemos que se trata de un concepto elevado y tremendo. No conocemos nada que se le parezca. Todo lo que percibimos en nuestro marco de referencia es dependiente y ha sido creado. No podemos entender cabalmente algo que sea preexistente.

Pero solo porque sea imposible (por definición) que una criatura sea preexistente no significa que sea imposible que el Creador sea preexistente. Dios, como nosotros, no puede crearse a sí mismo. Pero Dios, a diferencia de nosotros, puede ser preexistente. En realidad esto constituye la esencia misma de la diferencia que existe entre el Creador y la creación. Esto es lo que lo convierte en el Ser Supremo y en 1a fuente de todos los demás seres.

El concepto de preexistencia no viola ninguna ley racional, lógica o científica. Es una noción racional válida. Por el contrario, el concepto de la autocreación viola la más básica de todas las leyes racionales, lógicas y científicas – – la ley de la no contradicción. La preexistencia es un concepto racional; la autocreación es irracional.

La noción de que algo sea preexistente no es solo racionalmente posible, es racionalmente necesaria. Nuevamente, la razón exige que si algo es, entonces debe haber algo que contenga dentro de sí mismo la capacidad de ser. De lo contrario no había nada. Si no hubiese algo que existiera en sí mismo, nada podría existir.

Posiblemente la pregunta más antigua y más profunda sea: ¿Por qué hay algo en vez de nada? Una respuesta necesaria para al menos parte de la pregunta es porque Dios existe. Dios existe

en sí mismo eternamente. Es el origen y la fuente del ser. Solo El tiene, dentro de sí mismo, el poder de ser. Pablo declara que nuestra propia existencia depende del poder del ser de Dios: «Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos» (Acts 17:28).

Resumen

1. Todo efecto debe tener una causa.

2. Dios no es un efecto; Dios no tiene causa.

3. La autocreación es un concepto irracional.

4. La preexistencia es un concepto racional. .

5. La preexistencia no es solamente posible sino que es racionalmente necesaria.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ps. 90:2

Jn. 1:1-5

Acts 17:22-31

Col. 1:15-20

Rev. 1:8

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

ARTÍCULO TOMADO DE: http://www.hombrereformado.org/grandes-doctrinas-de-la-biblia—r-c-sproul

¿Qué es el tiempo?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Tiempo

¿Qué es el tiempo?
Por Thomas Brewer

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Tiempo

«¿Qué hora es?». En ocasiones, algún desconocido me hace esa pregunta. Es fácil de contestar. Solo miro mi teléfono o reloj y le digo la hora. Pero nunca algún extraño me ha preguntado «¿Qué es el tiempo en sí?». Esa es una pregunta mucho más compleja de responder. Por un lado, sabemos lo que es el tiempo, porque lo usamos cada día. Iniciamos nuestro día con una alarma que suena, revisamos el reloj durante todo el día para asegurarnos que estamos en horario y nos vamos a la cama con la esperanza de dormir por varias horas. También sabemos que el tiempo tiene un efecto acumulativo. Los hijos crecen y se vuelven adultos. Las relaciones cambian. Las temporadas pasan.

Por otro lado, es difícil saber con exactitud lo que es el tiempo. Sabemos que implica medidas, pero no en unidades espaciales como pulgadas o centímetros, sino en unidades temporales como segundos y días. Sin embargo, no podemos definir el tiempo simplemente por cómo lo medimos. Si lo hiciéramos, sería como definir un pastel de cumpleaños simplemente por sus ingredientes: cantidad de mantequilla, huevos, azúcar y harina. No obstante, la idea de medición debe ser parte de la definición, porque de lo contrario no seríamos capaces de hablar del tiempo de forma coherente. Entonces, además del tiempo ser algo que se mide, podríamos decir que el tiempo procede de eventos que ocurren uno tras otro. Experimentamos la vida momento a momento, no todos a la vez. Así que, en aras de definir las cosas, podemos decir que el tiempo es una dimensión «no espacial» que medimos por momentos sucesivos. 

Es extraño pensar sobre el tiempo de manera tan abstracta, pero se vuelve aún más extraño cuando pensamos en cómo esa definición tan simple no encapsula todo sobre el tiempo. Por ejemplo, a veces puede parecer que el tiempo se acelera, se frena o hasta se detiene. ¿Cómo se explica esto? Agustín de Hipona fue uno de los primeros pensadores que consideró el misterio del tiempo: 

¿A qué nos referimos con más familiaridad y conocimiento que al tiempo? Ciertamente lo entendemos cuando hablamos sobre ello; lo entendemos también cuando lo oímos descrito por otro. Entonces, ¿qué es el tiempo? Si nadie me pregunta, lo sé; si quiero explicárselo a una persona que me pregunte, no lo sé.

Como Agustín, no podemos comprender el tiempo por completo. Sin embargo, sabemos que somos criaturas hechas para existir en y a través del tiempo. Ni siquiera podemos imaginar lo que significa ser estrictamente atemporal.

EL CREADOR DEL TIEMPO

Con todo, existe Uno que es atemporal: Dios. «Desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios» (Sal 90:2). Dios hizo el universo y así creó el tiempo. «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Gn 1:1). Pero ¿existió «un tiempo» antes de que Dios creara el tiempo? Agustín también pensó sobre esa pregunta:

No precediste al tiempo en ningún tiempo, porque entonces no precederías a todos los tiempos. Pero en la excelencia de una eternidad siempre presente, Tú precedes a todos los tiempos pasados y sobrevives a todos los tiempos futuros, porque son futuros, y cuando hayan ocurrido, serán pasados; pero «Tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin».

Según Agustín, Dios precede el tiempo por Su «eternidad siempre presente», porque Él es el Creador mismo del tiempo. Estar en un siempre presente es existir en una condición tal que todos los tiempos son igualmente presentes. Es cierto que, al describir cosas como estas, somos un poco como los peces especulando sobre caminar en la luna. La misma frase «siempre presente» muestra las limitaciones de nuestro lenguaje. Siempre presente son palabras que derivan su significado del tiempo para describir a Uno que es estrictamente atemporal. Los teólogos a lo largo de los siglos han descrito Su atemporalidad como la eternidad de Dios. Es un concepto difícil de comprender dada nuestra naturaleza como criaturas limitadas por el tiempo.

Sin embargo, en la Escritura vemos al Dios eterno operando en y a través del tiempo. Opera de una forma medible, momento a momento, desde las primeras páginas del Génesis. Por ejemplo, crea el mundo en seis días, un día tras otro. Establece el sol, la luna y las estrellas en el cuarto día para ayudar a medir el tiempo: «y sean para señales y para estaciones y para días y para años» (Gn 1:14). Dios pondera y habla en momentos consecutivos, y Sus palabras se suceden una tras otra: «Hagamos al hombre a nuestra imagen» (v. 26). Termina y dice que todo es «bueno en gran manera» (v. 31).

El TIEMPO ES BUENO

Al llamar a todo bueno en gran manera, Dios estaba llamando bueno al tiempo mismo. Fuimos, como Adán, hechos para existir en y a través del tiempo. Dios creó a Adán para pensar, hablar y madurar en el tiempo. Adán experimentó comunión con Dios en el tiempo y Dios condescendió a la limitación temporal de Adán al estar con él en tiempos específicos. Parte del gozo de Adán al experimentar la vida fue el experimentar el tiempo: Dios le llevó animales a Adán para ver cómo los llamaría (v. 19); Adán anheló una pareja y Dios le dio a Eva (vv. 20-23). Adán comió frutas, habló con Dios y exploró el jardín.

El tiempo, al principio, fue una bendición. Fue el escenario en el que Adán y Eva maduraron y experimentaron la plenitud de vida que Dios les había dado. Pero luego, cayeron en pecado. Desobedecieron la Palabra de Dios. Como resultado, Dios maldijo la tierra. Multiplicó el dolor de Eva al tener hijos. Les recordó la consecuencia de comer del árbol del conocimiento del bien y del mal: la muerte (Gn 3). Y así, eventualmente regresaron al polvo: «El total de los días que Adán vivió fue de novecientos treinta años, y murió» (5:5). 

EL TIEMPO ES CORTO

Tal vez notaste que en la narración de la caída Dios nunca maldijo al tiempo. El tiempo no es malo. Entonces ¿cómo se explica nuestra ansiedad, frustración y exasperación a lo largo del tiempo? ¿Cómo la caída afectó al tiempo? Bueno, por un lado, como cualquier cosa buena que Dios nos ha dado, a menudo usamos mal el tiempo. En nuestro pecado, tratamos al tiempo con pereza, o tratamos de acapararlo, o gastamos el tiempo haciendo cosas que no deberíamos. Pero lo más significativo es que la muerte acorta nuestro tiempo poniendo fecha de caducidad a nuestra vida. Nuestro tiempo, como el de Adán, se va a acabar. Experimentamos que el tiempo se acaba incluso cuando todavía estamos vivos. Por ejemplo, solo tenemos un tiempo limitado para obtener una educación. Tenemos un tiempo limitado para encontrar un cónyuge, comprar una casa, tener hijos, pasar tiempo con ellos, ahorrar para la jubilación, pasar tiempo con nuestros seres queridos antes de que mueran. Podemos hacer una cantidad de cosas y pasar una cantidad de tiempo con un número limitado de personas antes de que nosotros también muramos. No podemos hacer que las alegrías de la vida duren para siempre. Corren por nuestros dedos como la arena. «El total de los días que Adán vivió fue de novecientos treinta años, y murió… El total de los días de Set fue de novecientos doce años, y murió… El total de los días de Enós fue de novecientos cinco años, y murió…», y así continúa, desde Génesis 5 hasta el día de hoy.

EL TIEMPO REDIMIDO

Gracias a Dios, el patrón bíblico de la muerte se rompe en el Nuevo Testamento. Mateo comienza con una genealogía que conduce hasta Jesucristo, el Hijo de Dios. Dios se encarnó y vivió entre nosotros. El Dios atemporal entró en el tiempo. Y Jesucristo no solo vivió; Él murió. Podríamos decir: «El total de los días de Jesús fue de treinta y tres años, y murió…». Sin embargo, Su tiempo fue acortado de una manera distinta a la de los demás. Jesús fue el único hombre perfecto que jamás haya vivido y merecía la vida eterna. Murió por Su propia voluntad —sacrificialmente— para tomar el castigo de la muerte sobre Sí mismo por nuestro bien. Aunque Su vida humana fue acortada, resucitó para vida eterna. Jesús promete esta vida eterna a los que ponen su fe en Él (Jn 3:16).

Al depositar nuestra confianza en Jesús, recibimos la vida para la que fuimos hechos originalmente: pasar un tiempo interminable morando con Dios. Aunque podemos morir si Jesús no regresa durante nuestra vida, no obstante resucitaremos. En los cielos nuevos y tierra nueva, comeremos del árbol de la vida (Ap 22). Esta es una imagen invertida de Adán y Eva en el jardín de Edén antes de la caída (Gn 2). Ellos comieron del árbol de la vida y esperaban seguir viviendo interminablemente. La historia bíblica completa así el círculo.

Entonces, nosotros los cristianos no esperamos escapar del tiempo. Más bien, anhelamos la plenitud del tiempo —una cantidad abundante y desbordante de tiempo para estar completamente vivos— para glorificar a Dios y gozar de Él para siempre. Experimentamos un anticipo de esa plenitud del tiempo incluso ahora mientras buscamos redimir el tiempo, sabiendo que esta vida no es el final. Pero experimentaremos la verdadera plenitud del tiempo en los cielos nuevos y la tierra nueva cuando habitemos en la presencia de Dios para siempre, donde nuestro Dios atemporal nos impartirá una vida que nunca volverá a ser acortada.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Thomas Brewer
Thomas Brewer

Thomas Brewer es editor en jefe de Tabletalk Magazine y un anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en América.

Dios es con nosotros

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Tiempo

Dios es con nosotros
Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Tiempo

odos tenemos estaciones, épocas del año, días de la semana y momentos del día favoritos. Algunas personas prefieren la oscuridad de la madrugada antes de que salga el sol. Otros disfrutan la tranquilidad del atardecer mientras se pone el sol. En lo personal, me gustan todas las estaciones y épocas del año. Siempre he disfrutado despertar los lunes en la mañana con una semana cargada de trabajo porque me gusta lo que hago. Como me levanto temprano, disfruto el silencio y la anticipación del día que está por iniciar. Sin embargo, mi momento favorito es el atardecer, cuando tengo la oportunidad de regresar a casa con mi amada esposa y mis hijos, y por la gracia de Dios, he podido terminar un día más y, por lo tanto, estoy más cerca de mi hogar celestial. Quizás, por esa razón parcialmente, uno de mis himnos favoritos ha sido por mucho tiempo el himno del siglo diecinueve, «Conmigo sé» [Abide with me] escrito por Henry Francis Lyte (1793-1847).

Durante una gran parte de su vida, Lyte sufrió de una salud pobre y regularmente salía de Inglaterra en busca de alivio. Eventualmente desarrolló tuberculosis y murió a la edad de cincuenta y cuatro años. Su hija recuenta las circunstancias en las que Lyte escribió «Conmigo Sé»: «El verano estaba por terminar, y llegaba el mes de septiembre, ese mes en el que una vez más tendría que salir de su tierra natal, y cada día parecía tener un valor especial por ser un día más cercano a su partida». No es de extrañar, entonces, que el primer y segundo verso del himno dicen: «Señor Jesús, el día ya se fue, la noche cierra, oh conmigo sé, sin otro amparo Tú, por compasión, al desvalido da consolación. Veloz el día nuestro huyendo va, su gloria, sus ensueños pasan ya; mudanza y muerte veo en derredor: conmigo sé, bendito Salvador».

Todos hemos sufrido en esta vida. Algunos hemos sufrido mucho. Sin embargo, como el himno nos recuerda, nuestro Señor está con nosotros en cada temporada de nuestras vidas. La gente nos fallará; las comodidades se desvanecerán, el cambio y la decadencia continuarán en nuestro alrededor y en nosotros; pero nuestro Dios no cambia. Él es nuestro Dios infinito, eterno e inmutable y vivimos delante de Su rostro, coram Deo, cada día, descansando en la gloriosa verdad de que nuestro Dios, al justificarnos y unirnos con Cristo, permanece con nosotros por medio del Espíritu Santo que mora en nosotros. Por lo tanto, podemos descansar en que tanto en los momentos que más disfrutamos como en las temporadas más difíciles, el Dios eterno que creó el tiempo, que es soberano sobre el tiempo y que obra a tiempo, está con nosotros y nunca nos dejará ni nos desamparará.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

12 consejos para mis hermanos continuistas

Coalición por el Evangelio

12 consejos para mis hermanos continuistas

JOSÉ MERCADO

Mike es pastor en la ciudad de Charleston en Carolina del Sur y uno de mis mejores amigos en el servicio ministerial. Él forma parte de un ministerio llamado OneCharleston, que está trabajando para promover la reconciliación entre iglesias blancas y afroamericanas en su ciudad. En las conferencias del ministerio hablan de principios generales sobre la unidad racial. Luego dejan que un pastor blanco exhorte a personas blancas en áreas que deben crecer, y un pastor afroamericano hace lo mismo con la comunidad afroamericana.

Pienso que continuistas y cesacionistas podemos aprender de este modelo. En mi opinión, no es de mucha ayuda cuando un cesacionista trata de corregir a un continuista bíblico. De la misma manera, no creo que soy el indicado para apuntar posibles abusos que creo percibir en el campo cesacionista.

Tengo muchos amigos cesacionistas que respeto y la gran mayoría reconocen que hay una debilidad hermenéutica en su argumento y que se basan más en conclusiones teológicas e históricas. Al mismo tiempo los continuistas podemos señalar que pudiera haber datos históricos que disminuyan la fuerza de nuestro argumento. Por eso es que hay una  gran diferencia de opiniones: el argumento no es tan claro. También es la razón por las que muchos caen en extremos peligrosos en cuanto a este tema.

Sin embargo, a pesar de los abusos en ambos lados, tanto continuistas como cesasionistas pueden llegar a convicciones bíblicas que pueden ser respetadas. Este no debe ser un tema que trae completa separación de comunión entre hermanos de la fe que caen en los abusos extremos de un lado o del otro.

Entonces, quisiera exhortar a mis hermanos continuistas a crecer en ciertas áreas que muchas veces son abusadas por aquellos que creen en la continuidad de los dones espirituales.

1. Usen argumentos bíblicos.

Usen argumentos bíblicos en nuestros debates o foros. Que sea la Palabra de Dios la que abunde cuando hablen de este tema y no simplemente anécdotas u opiniones. De este punto se desprende el próximo:

2. No usen sus experiencias apologéticamente.

Que la información que den para convencer a otros no sean cosas que han visto. Sabemos claramente que la Biblia nos dice que ciertas manifestaciones no necesariamente serán del Espíritu (Mt. 7:22-23). Estemos convencidos por la Palabra, no por lo que hemos visto.

Tampoco solo hables de tus experiencias. No estoy diciendo que no es bueno compartir los testimonios de lo que Dios ha hecho. Al contrario, es importante hacerlo. Pero a fin de cuentas, la Palabra es el mayor regalo de Dios para Su pueblo. Su Palabra ha sido revelada para que podamos conocer Su carácter. Entonces, hablemos más de la Biblia que de lo que he experimentado.

3. No caricaturicen a sus hermanos cesacionistas.

Es fácil tratar de defendernos de esta forma ya que en ocasiones pensamos que hacen lo mismo con nosotros, pero no es piadoso mofarnos o representar cosas que no conocemos bien. Decir que lo cesacionistas no creen que Dios puede sanar enfermos en la mayoría de los casos es una mentira. Así que tengamos cuidado de cómo generalizamos las diferentes posiciones.

4. Aprendan el argumento contrario.

Si deseas participar en el debate, aprende la posición teológica de los cesacionistas.[1] Aprender y entender qué piensan aquellos con los que no estamos de acuerdo es evidencia de humildad. Hace unos años tomé una semana para completar un curso en el Seminario Southern sobre el Espíritu Santo. Muchos continuistas me dijeron, “Vas a perder tu tiempo y dinero”, ellos pueden aprender de ti. Primeramente aprendí mucho del Dr. Chad Brand. Pero lo más importante es que aprendí el argumento cesacionista directamente de un cesacionista, pude leer los libros más destacados sobre el tema (no fue Fuego Extraño), y pude tener conversaciones inteligentes con personas que respeto y que piensan diferente a mí.

5. Practiquen los dones dentro de parámetros bíblicos.

Si eres continuista tienes que vivir en 1 Corintios 12 al 14. Tienes que saber lo que la Biblia permite en las reuniones de la iglesia. Nadie debe hablar en lenguas a no ser que haya un intérprete. No se debe hablar en lenguas más de una persona a la vez. En tal efecto, en un servicio tienes que tener la valentía de detener prácticas erróneas en el momento que se presentan. Ninguna manifestación es apropiada si la Biblia claramente la prohíbe, sin importar si “sentimos” la presencia de Dios.

6. Levanten la predicación expositiva.

Haz de la predicación bíblica una prioridad, particularmente la predicación expositiva. Uno de los problemas principales que afectan a los continuistas es que a muchos que se catalogan de esta manera les emociona más el ministerio de danza que la fiel exposición de la Palabra de Dios.

7. No hagan la profecía más importante que la Biblia.

Este es uno de los puntos que más le preocupa a nuestros hermanos cesacionistas. Y con buena razón. Es problemático cuando vivimos más emocionados por lo que comparte un hombre falible que lo que dice la infalible Palabra de Dios. La profecía en el Nuevo Testamento siempre tiene que estar sujetada a la Biblia (1 Co. 141 Tes. 5).

8. Usen correctamente el lenguaje bíblico.

Ten cuidado de cómo empleas términos como “revelación”. Lo dicho puede ser un problema para un cesacionista, ya puede entender que estás equiparando algo más al nivel de la Escritura. Así que usa lenguaje que ayude en la comunicación y que no hace que la temática se vuelva más complicada.

9. Amen con sus palabras.

Sigue el ejemplo de 1 Corintios 13. ¿De qué me vale profetizar y hablar en lenguas? Así que aunque no estemos de acuerdo con ciertas posiciones doctrinales, que nuestras palabras, memes y posts de Facebook estén sazonados con gracia y la realidad del evangelio.

10. No siembren discordia.

No te dejes usar por el enemigo creando división por alguien por quien Jesús murió en la cruz (Ef. 4). Lucha por mantener la unidad y no hagas nada que pueda causar separación. Proponte crear lazos de amistad con cesacionistas. Es más difícil usar palabras duras con una persona que amas. Es fácil insultar y mofarnos en Facebook, pero es más difícil cuando la persona con la que estás debatiendo es alguien quien respetas y amas.

11. No pongan a todos en un mismo barco.

Quizás estás cansado de leer memes ofensivos en Facebook, o de ver personas continuar citando Fuego Extraño como el libro 67 del canon. No caigas en el error de poner a todos los cesacionistas en la misma categoría de personas que piensan que tienes que ser cesacionista para ser creyente. Cuando hacemos esto repetimos lo mismo que nos ofende cuando vemos memes ofensivos contra el continuismo.

12. Hagan el evangelio central.

Centra tu vida, esa que Cristo compró por medio de Su sangre, en el evangelio. No podrás experimentar ninguna manifestación sobrenatural en el resto de tu vida si no entiendes que Jesús es suficiente.

Que Dios nos ayude a ser apasionados por ver su Espíritu trabajar en nosotros de una forma que esté de acuerdo con la Biblia. Pero que lo que más nos apasione sea ver unidad en el cuerpo centrada en la Palabra de Dios, sin permitir que las diferencias que tengamos en asuntos secundarios nos dividan.https://www.youtube.com/embed/KIj2nLUFVd8?rel=0


[1] Recomiendo que toda persona que quiera participar de este diálogo, tiene que leer el libro Milagros Falsificados de B. B. Warfield, reconocida como la obra inicial que le dio forma al movimiento cesacionista. No es posible tener una discusión responsable sin haber estudiado este escrito.

José (Joselo) Mercado es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Oriundo de Puerto Rico, renuncia a su carrera de consultoría en el año 2006 para ingresar al colegio de pastores de Sovereign Grace Ministries. Es el pastor principal de la Iglesia Gracia Soberana en Gaithersburg, Maryland. Joselo completó su Maestría en Artes en estudios teologícos en SBTS, y está casado con Kathy Mercado y es padre de Joey y Janelle. Puedes encontralo en Facebook y Twitter.

Convicción compasiva

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La ética cristiana

Convicción compasiva
Por Lowell A. Ivey

Nota del editor: Este es el octavo y último capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ética cristiana

Es imposible sobreestimar el poder santificador de un ministerio con un púlpito sólido. Dios diseñó la predicación de la Palabra para que fuera el medio principal de gracia en la vida de cada cristiano. La proclamación de la Escritura debe ser el medio principal por el Nunca olvidaré un sermón que escuché en una reunión de mi iglesia regional. El sermón fue predicado por un hombre que estaba siendo examinado para su ordenación. Sus oyentes eran, en su mayoría, ministros y ancianos. Predicó sobre la humildad en Proverbios 3:33-34. En ese sermón, el Espíritu del Señor Jesús resucitado me habló de manera suave, poderosa y directa, convenciéndome de mi orgullo y persuadiéndome de mi necesidad de un corazón más conforme al corazón manso y humilde de mi Salvador.

La verdad, dicha en el amor de Cristo, tiene un tremendo poder espiritual para penetrar incluso en los corazones más endurecidos y obstinados. La verdad de Dios nunca nos llega como una mera compilación de propuestas doctrinales. Viene como una persona de carne y hueso, como la encarnación misma del amor eterno del Padre por nosotros en la historia, como el Verbo eterno hecho carne para habitar entre nosotros, y en nosotros, «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1:14). En Cristo, Dios demuestra Su amor por los pecadores al revelar ese amor en el carácter misericordioso y en la obra expiatoria y reconciliadora de Su Hijo (Rom 5:8). La verdad de la muerte y resurrección de Cristo nos llega como una revelación viva en el tiempo y el espacio de la mansedumbre y la compasión del Dios triuno. Este es el patrón que da forma no solo a lo que creemos, sino también a cómo hablamos y vivimos (Ef 4; 1 Jn 4:7-11).

Ser cristiano es ser semejante a Cristo, lleno de gracia y de verdad. O para decirlo de otra manera, un cristiano da testimonio tanto de la gracia como de la verdad que hay en Cristo. De esa manera, damos a conocer a un Cristo entero, un Cristo íntegro, un Cristo completo, el único tipo de Cristo capaz de salvar, santificar y glorificar a los pecadores que perecen en la incredulidad y que están atrapados por Satanás, el dios de este mundo.

Lo que esto requiere, en términos prácticos, es que busquemos ser cristianos íntegros. Todo cristiano íntegro es un cristiano cuyas convicciones se basan en la compasión y cuya compasión se fortalece con la convicción. Estar en Cristo es estar unido a un Salvador cuyo corazón fue «movido a compasión» cuando vio la confusión, la ignorancia y el desconcierto moral de aquellos a quienes vino a buscar y salvar (Lc 19:10). Su compasión fue tan grande que proclamó la verdad del evangelio, llamando a los que estaban en la oscuridad a volverse a Él como la luz del mundo, Aquel que vino hablando palabras de vida eterna.

La compasión se define por la persona y la obra redentora de Jesucristo. ¿Cómo sabemos cómo luce una convicción compasiva en la vida real? Mediante el estudio de la vida y del ministerio de nuestro Salvador. Ver a Jesús es ver el corazón mismo de Dios abierto y revestido de nuestra naturaleza humana. Es ver una compasión sin principio, que tiene sus raíces en el suelo de la eternidad. Es ver una compasión que nunca puede terminar sino que seguirá dando frutos para siempre en la nueva creación. La encarnación, la vida sin pecado, el ministerio, los milagros, la muerte, el entierro y la resurrección de Jesucristo, todos dan testimonio de la compasión que había en el corazón de Dios el Padre antes de la fundación del mundo. Esa compasión se nos revela más claramente en las Escrituras y es confirmada por medio del testimonio del Espíritu en nuestros corazones de que somos hijos de Dios (Rom 8:16).

Entonces, ¿cómo nosotros, como hijos de Dios, expresamos nuestras convicciones de una manera que sea consistente con la compasión de Jesucristo? Lo hacemos recordando que estamos llamados a decir la verdad en amor (Ef 4:15). Decimos la verdad con un propósito compasivo. «No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan» (v. 29). El discurso corrupto es, literalmente, un discurso que deteriora. Es lo opuesto al discurso que da vida. Es un discurso que busca derribar y destruir, no edificar o cultivar el crecimiento espiritual. El discurso compasivo es edificante. Es un discurso que afirma tanto la verdad que se está hablando como la dignidad humana de la persona a la que se le habla o de quien se habla. El discurso compasivo es proposicional y a la vez personal. Afirma lo que es verdad sin destruir ni maldecir la imagen de Dios (Stg 3:1-12). Si estamos en Cristo, hablamos como aquellos que anhelan ver a Cristo formado en los corazones de aquellos que escuchan lo que tenemos que decir (Gal 4:19).

Esto es cierto, de manera especial, en nuestra era de comunicación electrónica. La Internet ha hecho que el mensaje del evangelio sea más accesible que nunca. Pero con cada nuevo medio de comunicación surgen tentaciones y desafíos nuevos y únicos. El gran peligro de hablar con otros desde atrás de la barrera inexpugnable de un dispositivo electrónico es que olvidamos con demasiada facilidad la individualidad de quienes están al otro lado de la pantalla. Una ética cristiana de la comunicación digital requiere que recordemos y reconozcamos el significado eterno de nuestro discurso y que nos esforcemos siempre por hablar con compasión, incluso cuando no podemos ver —y posiblemente nunca conozcamos— a los destinatarios de nuestras palabras en línea.¿Esto significa que un cristiano compasivo nunca dirá nada que pueda ofender? No, Jesús fue condenado a muerte por decir la verdad en perfecto amor. La verdad por su propia naturaleza es ofensiva para la mente carnal, esa mente que es hostil y se opone a Jesús, quien es tanto la verdad como el amor encarnado. Pero hay una diferencia entre decir una verdad ofensiva y decir la verdad para ofender. Estar en Cristo es tener el Espíritu de Cristo morando en ti. ¿Cristo ha mostrado compasión al revelarte Su gracia y verdad? Si es así, deja que Su compasión te enseñe no solo cómo mantener tus convicciones, sino también cómo compartirlas de una manera que le den honor y gloria.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Lowell A. Ivey
Lowell A. Ivey

El Rev. Lowell A. Ivey es el pastor organizador de Reformation Presbyterian Church en Virginia Beach, Va.

Los dones espirituales: ¿han cesado o no?

Coalición por el Evangelio

Los dones espirituales: ¿han cesado o no?

JOSÉ MERCADO • JOSÉ «PEPE» MENDOZA • FABIO ROSSI

En los últimos años ha surgido confusión respecto a los dones del Espíritu Santo, y particularmente una controversia sobre la vigencia de algunos de ellos.

¿Qué son los dones espirituales? ¿Quién los da y cómo los recibimos? ¿Por qué decimos que hay dones extraordinarios? ¿Han cesado o siguen vigentes? De esto y más conversaremos en este episodio con el pastor Joselo Mercado.

José (Joselo) Mercado es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Oriundo de Puerto Rico, renuncia a su carrera de consultoría en el año 2006 para ingresar al colegio de pastores de Sovereign Grace Ministries. Es el pastor principal de la Iglesia Gracia Soberana en Gaithersburg, Maryland. Joselo completó su Maestría en Artes en estudios teologícos en SBTS, y está casado con Kathy Mercado y es padre de Joey y Janelle. Puedes encontralo en Facebook y Twitter.

Jonathan Edwards y Porque Soy Cesacionista

Evangelio Blog

Jonathan Edwards y Porque Soy Cesacionista

Por Jeff Robinson

He sido bautista del sur toda mi vida, y mis amigos pentecostales / carismáticos en la escuela secundaria se refirieron a mi congregación como «los elegidos congelados». Nunca entendí completamente lo que querían decir con esa frase hasta que asistí, en una invitación de un amigo, un servicio de avivamiento carismático.

En First Baptist Church, cantamos desde el himnario y escuchamos en silencio la Palabra predicada. Lo más parecido al desorden fue un «amén» ocasional o «predicalo, hermano» durante el sermón.

Es una gran subestimación, entonces, decir que la experiencia carismática fue nueva para mí.

En la primera noche, escuché numerosos mensajes en lenguas. Fui testigo de una risa aparentemente incontrolable («risa del Espíritu Santo», lo llamaron), desmayos, intensos llantos y lamento, profecías que van desde predicciones de liberación de dolores de cabeza y cáncer a pronósticos de la ira de Dios en ciudades estadounidenses seleccionadas. Vi un hombre y una mujer corriendo vueltas alrededor del santuario. En la esquina, un hombre más joven brincaba hacia arriba y hacia abajo, convulsionándose como si hubiera agarrado un cable eléctrico vivo. En una banca detrás de mí, una mujer estaba ocupada en lo que parecía ser saltos, con los brazos girando vigorosamente mientras alababa al Señor.

En un momento, una mujer mayor me preguntó si me gustaría imponer las manos sobre mí para satisfacer mis necesidades. A pesar de la necesidad significativa, me negué nerviosamente.

Después de un par de estas reuniones, mi amigo, un continuista, buscó mis impresiones. Expresé una profunda incomodidad con lo que había visto, pero admití que no estaba seguro de si tales manifestaciones representaban una obra genuina del Espíritu. Era escéptico, pero no quería descartar todo lo que había visto como puramente carnal por temor a oponerme a una obra de Dios.

Él hizo otra excelente pregunta: «Si realmente no estamos hablando en lenguas, y si el Espíritu Santo no está causando que la gente se desmaye y actúe de esa manera, ¿qué estamos haciendo entonces?» Le dije que no estaba seguro, y hoy, aunque sigo siendo un cesacionista bastante convencido, todavía me pregunto qué hay detrás de tan profundas agitaciones del cuerpo y emociones.

Esto fue a mediados de la década de 1990, cuando se observaron cosas similares entre los grupos pentecostales / carismáticos en lugares como Toronto y Pensacola. Muchas conductas se acreditaban al Espíritu Santo, desde la sanidad milagrosa hasta la «risa santa» y el «surfeando en el Espíritu», hasta las afirmaciones de polvo de oro y plumas de ángel que caían del cielo.

Tales manifestaciones controvertidas están ocurriendo hoy en lugares como Bethel Church en Redding, California, y en varias otras iglesias y organizaciones carismáticas en todo el mundo.

Probad a los espíritus

Si bien algunas de estas manifestaciones claramente parecen estar fuera del alcance de las Escrituras, su persistencia entre los evangélicos sigue planteando las preguntas que mi amigo planteó hace más de dos décadas: ¿Qué hay detrás de estos comportamientos? ¿Son producto de un derramamiento genuino del Espíritu de Dios, o simplemente surgen de una emoción desenfrenada o del poder de la sugestión? ¿Son falsificaciones satánicas, como algunos han sugerido?

La Escritura exige que probemos a los espíritus para discernir si se originan con Dios (1 Juan 4: 1). La mayor amenaza de los israelitas no provenía de la cultura pagana fuera de su campamento, sino de falsos profetas internos, muchos de los cuales atraían multitudes más grandes y eran más conocidos que los profetas genuinos.

Aparentemente, el incidente del becerro de oro tenía todos los símbolos del avivamiento genuino con su multitud grande, ruidosa e incluso festiva (Éxodo 32). Pero era lo opuesto a un servicio de adoración vivificante y dirigido por el Espíritu.

Las Marcas Distintivas de Edwards

De ninguna manera somos los primeros en luchar con estas preguntas. Cada avivamiento desde Pentecostés parece haber sido una mezcla de oro y escoria, trigo y paja, a veces requiriendo profunda reflexión bíblica y teológica para diferenciarnos.

Tal fue el caso en los años 1730 y 40 durante los famosos avivamientos en América e Inglaterra conocidos como el Primer Gran Despertar. La predicación de Jonathan Edwards (1703-1758), George Whitefield (1714-1770) y muchos otros resultaron en un derramamiento profundo del Espíritu, con miles de convertidos en ambos lados del Atlántico.

Mientras que muchos estaban claramente bajo la influencia del Espíritu Santo, Edwards y otros admitieron que hubo distorsiones y problemas durante los avivamientos. Esto incluía manifestaciones emocionales y físicas radicales similares a las descritas anteriormente. Algunos líderes de la iglesia criticaron los avivamientos por tales excesos, descartándolos como «entusiasmos extraordinarios». Otros lo rechazaron rotundamente como una obra de Satanás.

Edwards respondió con su bolígrafo, escribiendo y publicando Las Marcas Distintivas De Una Obra Del Espíritu de Dios (1741), una evaluación del avivamiento a la luz de 1 Juan 4. Estudió lo que llamó «señales neutras», cosas que ni afirman ni niegan una obra genuina del Espíritu.

Las Marcas Distintivas de Edwards ofrece sabiduría al ayudarnos a separar el trigo de la paja en preguntas como las planteadas por mi amigo y muchos otros a lo largo de la historia.

Señales Neutrales

En la Sección I de Marcas Distintivas, Edwards analiza las cosas que no son necesariamente marcas de una obra del Espíritu de Dios. Tales cosas incluyen:

1. Efectos corporales. Las respuestas emocionales o físicas, como desmayarse o gritar, no son necesariamente señales válidas de que el Espíritu se está moviendo. Convulsiones, sacudidas, risas y muchas otras cosas estuvieron presentes en el Primer Gran Despertar; Edwards advirtió, sin embargo, que estos pueden atribuirse a factores residuales como el tipo de personalidad o una tendencia hacia el comportamiento radical bajo coacción emocional, pero no necesariamente el Espíritu. La Biblia no ofrece una fórmula precisa de cómo el cuerpo o las emociones actúan bajo la influencia del Espíritu.

2. Emociones devastadas. Una «visión deslumbrante del alma» de la belleza y el amor de Cristo podría abrumar a una persona, dijo Edwards, y desarrollar sus emociones. Sin embargo, advirtió contra la canonización de las respuestas emocionales, ya que las personas de diferente composición emocional podrían no responder tan radicalmente y, sin embargo, estar realmente bajo la influencia del Espíritu.

3. Revelación personal inmediata. Entre los carismáticos contemporáneos a menudo se dice: “Hermano, Dios me dio una palabra para ti.” A veces esa palabra será la Escritura. Pero Edwards señaló que Satanás conoce la Biblia y puede citarla fácilmente y torcerla, tal como lo hizo al tentar a Jesús. Por lo tanto, no siempre se puede confiar en los impulsos mentales, incluso en aquellos que involucran las Escrituras.

Los avivamientos siempre han estado plagados de errores de juicio tanto de los líderes como de los participantes, advirtió Edwards, y han sufrido las ilusiones de Satanás. Un gran cuidado y discernimiento están siempre a la orden del día.

Señales Positivas

Entonces, ¿qué constituye una obra del Espíritu? Edwards identificó cinco líneas de evidencia que acompañan a una efusión genuina.

1. Un amor profundo y cooperativo por la persona y obra de Cristo.

Cuando el Espíritu de Dios opera profundamente en un ser humano, emerge con gran afecto por el evangelio de Jesús. Cristo es el principal objetivo del deleite de un creyente. Además, el Espíritu no se ilumina a sí mismo, sino a Cristo.

2. Un deseo de hacer morir el pecado y romper los lazos de la mundanalidad.

El Espíritu Santo crea en los cristianos regenerados un odio por el pecado y un deseo de santidad que lo acompaña. Su estima de los placeres mundanos, incluso las cosas buenas, disminuye en comparación.

3. Un profundo amor y deseo de deleitarse en la Palabra de Dios.

Como las Escrituras son la Palabra de Dios dada para guiar a los pecadores a Cristo y por el camino de la santidad, Edwards señaló que Satanás nunca engendraría tal deseo en las personas. “El Diablo siempre ha mostrado un pesar y odio mortal hacia ese libro sagrado, la Biblia,” escribió Edwards. “Él sabe que es esa luz por la cual el reino de las tinieblas es derrocado.”

4. Una convicción inquebrantable de sana doctrina.

El Espíritu nunca conducirá a un creyente a abrazar una doctrina no enseñada en las Escrituras. Donde realmente está obrando, el Espíritu convence a los hombres de la santidad de Dios, la realidad de la eternidad y la certeza de un día de juicio. Estas convicciones se convierten en una base fundamental para aquellos cuyos ojos espirituales ciegos se han abierto.

5. Un mayor amor por Dios y el hombre.

Una obra genuina del Espíritu infundirá en los cristianos una humildad que los llevará a renunciar a expresiones de amor propio. El amor a Dios conducirá necesariamente al amor por el prójimo. Como escribió Edwards: “Es el amor que surge de la aprehensión de las maravillosas riquezas de la gracia y soberanía del amor de Dios para con nosotros en Jesucristo; siendo atendidos con un sentido de nuestra propia indignidad, como en nosotros mismos los enemigos y aborrecedores de Dios y Cristo, y con la renuncia de toda nuestra propia excelencia y rectitud.”

Sabiduría por hoy

Algunos carismáticos han afirmado a Edwards como el teólogo que apoya una expresión ampulosa de continuismo. Sin embargo, en sus sermones de 1 Corintios 13, publicados póstumamente como El Amor y Sus Frutos , Edwards argumenta a favor de la cesación de los dones de señales. Aún así, creo que hay mucha sabiduría en sus ideas sobre el avivamiento para cesacionistas y continuistas por igual.

¿Cómo podría Edwards aconsejarnos que nos acerquemos a las afirmaciones actuales de avivamiento? No podemos saber, pero dado el impulso de sus escritos de avivamiento, puedo imaginarlo ofreciendo cuatro líneas de consejo.

1. Debemos tener cuidado de aceptar todo como del Señor. Pese las experiencias espirituales cuidadosamente en la balanza de la Palabra de Dios. Si no se equilibran, descártelas como espurias.

2. No todos los espíritus son santos. Como RC Sproul escribe, el Espíritu de santidad es también el Espíritu de verdad, cuya operación está validada por la verdad de las Escrituras que él inspiró e iluminó. Si no te impulsa hacia un amor más profundo por las Escrituras y un amor más apasionado por Jesús, entonces probablemente sea falso.

3. Debemos ser escépticos de cualquier movimiento que atraiga la atención de la iglesia local y su ministerio de predicación. Los movimientos de avivamiento de hoy en día tienden a centrarse en las personas que los dirigen y en los lugares para-eclesiásticos en los que se producen. De manera consciente o inconsciente, tales experiencias restan importancia a los medios ordinarios de gracia, especialmente la predicación bíblica, que se encuentran dentro de la iglesia local.

4. Tales movimientos a menudo fomentan lo que yo llamo una «espiritualidad relámpago». Se alienta a los seguidores a buscar la santificación a través de intensos encuentros emocionales en ciertos lugares dispensados ​​por ciertos maestros: te impacta un rayo espiritual y te vuelves instantáneamente más santificado. Esta respuesta va en contra del retrato bíblico de la santificación progresiva a través de los medios ordinarios de gracia de Dios, que se desarrolla lentamente durante toda la vida. En cuanto a los cultos de personalidad, Edwards señaló a los convertidos lejos de sí mismo hacia Jesús, lejos de las reuniones de avivamiento hacia la iglesia local. Una obra genuina del Espíritu de hoy hará lo mismo. Como Jesús dijo de los profetas, ya sean falsos o verdaderos, los conocerás por sus frutos (Mateo 7:16).

Entonces, ¿cómo podría responder la pregunta de mi amigo hoy? Sigo escéptico acerca de esas cosas que vi hace dos décadas, y estoy de acuerdo con Edwards en que un encuentro cercano con el Espíritu de Dios debería dar como resultado una vida radicalmente cambiada, tanto en el escogido frio como en el carismático encendido.

Articulo tomado de: http://www.evangelio.blog