¿A quién pertenece mi cuerpo?

Martes 20 Junio
Tus manos me hicieron y me formaron… como a barro me diste forma; ¿y en polvo me has de volver?
Job 10:8-9
Jesucristo… transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.
Filipenses 3:21
¿A quién pertenece mi cuerpo?
A esta pregunta, el portavoz de una asociación por el derecho a morir dignamente respondió: «A mí y solo a mí. Ni a una iglesia, ni a un partido político, ni a la medicina. Soy un ciudadano libre desde que nací y, aún más, desde que alcancé la mayoría de edad. Tengo la intención de permanecer así hasta mi último día y que nada me sea impuesto ni por los médicos, ni por mi familia, ni por mis herederos».

Esta afirmación es comprensible: nadie tiene derecho sobre la vida de otro ni sobre su cuerpo. Pero tiene un defecto: ¡ignora a Dios! Si Dios no existiera, sería lógico, e incluso saludable, querer seguir siendo dueño de su destino…

Pero el creyente sabe que fue creado por Dios, que él lo conocía incluso antes de su concepción. Y Dios también es el que decide el día de su muerte: “El Señor mata, y él da vida; él hace descender al Seol, y hace subir” (1 Samuel 2:6).

Entonces, para mí que creo en Jesús, que conozco el amor de Dios, los demás no deben decidir sobre mi vida y mi muerte, pero yo tampoco debo hacerlo. Dejo ese cuidado y esa responsabilidad a un Dios mucho más sabio que yo y que me ama. Tengo la seguridad de que este frágil cuerpo en el que habito será un día como el de mi Salvador en la gloria. Mientras tanto, recuerdo que ya no me pertenezco a mí mismo, sino a Cristo, quien pagó un alto precio (su muerte en una cruz) para comprarme; y me esfuerzo para glorificarlo con mi conducta (1 Corintios 6:19-20).

2 Reyes 20 – 1 Timoteo 2 – Salmo 73:1-9 – Proverbios 17:21-22

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¿No necesita a Dios?

Lunes 19 Junio

Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.

Isaías 55:6

El conocimiento de la verdad que es según la piedad, en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos.

Tito 1:1-2

¿No necesita a Dios?

Testimonio

«Aunque había seguido un camino religioso como muchas personas, es decir, me había bautizado, tomaba la comunión… no sentía la necesidad de buscar a Dios. Cuando conocí a la mujer que hoy es mi esposa, ella me habló de Dios y de la fe cristiana. Como quería compartir el mayor tiempo posible con ella, la acompañaba al culto. A medida que las semanas pasaban, me conmovía lo que oía, y a menudo hablaba de ello con su familia… ¡Pero mi vida espiritual no iba mucho más allá del domingo por la mañana! Con el paso del tiempo, quise saber más sobre el cristianismo. Y Dios puso en mi camino a un compañero de trabajo cristiano. Ahora nos une más que una relación profesional, pues es un verdadero hermano que me ha ayudado a crecer espiritualmente. Hace más o menos tres años tomé conciencia de la realidad de Dios y reconocí a Jesús como el Salvador que necesitaba. Hoy sé que está conmigo cada día, en mis alegrías y en mis penas. ¡La vida es mucho más fácil de vivir cuando se tiene la esperanza de la vida eterna!».

Ludovic

Amigo lector, como esta persona que dio testimonio de su camino hacia Dios, quizás usted forma parte de los que no sienten la necesidad de conocer a Dios. Pero, ¿sabe que Dios lo está buscando? Él ama a todas las personas y “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

2 Reyes 19 – 1 Timoteo 1 – Salmo 72:12-20 – Proverbios 17:19-20

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Banda ancha con Dios

Domingo 18 Junio
(Jesús dijo:) Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
Mateo 7:7-8
Banda ancha con Dios
Los operadores de telecomunicaciones compiten en todo el mundo para instalar estructuras de acceso a internet. No solo tienen que equipar muchas regiones aún vírgenes, sino también aumentar la velocidad, la banda ancha y la capacidad de almacenamiento para mejorar la navegación. Así podemos «navegar» con tiempos de carga cada vez más reducidos. ¡Cuántos avances tecnológicos se han producido en los últimos años!

Sin embargo, hay un canal de comunicación que todos utilizamos muy poco: la banda ancha es ilimitada, el paquete es gratuito, la disponibilidad del interlocutor está garantizada 7 días a la semana, 24 horas al día. ¿Quién es el interlocutor? ¡Dios mismo! Él nos escucha: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14). Y sabemos que su voluntad es que todo hombre sea salvo (1 Timoteo 2:4).

Aún más, si conocemos a Dios como nuestro Padre, esta es una línea en la que podemos encontrar una respuesta a los temas fundamentales: felicidad, justicia, pero también una respuesta a nuestras preocupaciones y dificultades cotidianas.

Primero debemos dirigirnos a él reconociendo nuestra injusticia, nuestro pecado, y admitir simplemente que necesitamos a Jesús, el Hijo de Dios, como nuestro Salvador. Reconocerlo y aceptarlo nos permitirá utilizar constantemente nuestra “conexión” con Dios, para solicitar más y más sus infinitos recursos.

“Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice el Señor” (Jeremías 29:13-14).

2 Reyes 18 – Efesios 6 – Salmo 72:1-11 – Proverbios 17:17-18

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Fidelidad o confianza

Sábado 17 Junio
Confía en el Señor, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón.
Salmo 37:3-4
Son muchos los que pregonan cada cual su propia bondad; ¿mas quién hallará al hombre fiel?
Proverbios 20:6 – V. M.

El fruto del Espíritu (8)
Fidelidad o confianza
El séptimo sabor del fruto del Espíritu es la fidelidad. En la Biblia se dice varias veces que Dios es fiel (1 Corintios 1:9), es decir, veraz, que mantiene sus promesas y cumple lo que dice. Entonces podemos confiar en él y en su Palabra, y a nuestra vez, ser fieles a nuestros compromisos, a nuestra palabra, en nuestras relaciones, y fieles administradores de todo lo que Dios nos ha confiado (1 Corintios 4:2).

Esta fidelidad va de la mano de la fe, de la confianza en Dios, pues en nosotros mismos no tenemos fuerzas. Además, la palabra traducida en estos versículos por “fidelidad” contiene ambos pensamientos: fidelidad y fe. Como Dios es fiel, podemos confiar en él, tener fe en él, y esta confianza nos da la fuerza para ser fieles.

En ciertos casos la fidelidad podría no ser buena. Como cristianos debemos preguntarnos: lo que creemos que es la fidelidad, ¿es el fruto del Espíritu? ¿O acaso es un simple apego a nuestra educación, a las tradiciones, a las reglas sociales, al miedo a los demás, a las amistades a veces insanas?

¡Nuestra fidelidad debe ser a Jesús! ¡Una confianza absoluta en su amor! Sus resultados son una buena conciencia, fuente de paz y serenidad. La fidelidad produce un testimonio, fruto del Espíritu, que muestra nuestros vínculos de comunión con el Salvador.

(continuará el sábado próximo)
2 Reyes 17:24-41 – Efesios 5 – Salmo 71:19-24 – Proverbios 17:15-16

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¿Por quién se entregó Jesús?

Viernes 16 Junio
Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios.
Efesios 5:2
Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.
Efesios 5:25
El Hijo de Dios… me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Gálatas 2:20
¿Por quién se entregó Jesús?
En los tres versículos citados en el encabezamiento dice que Cristo se entregó a sí mismo, es decir, se dio voluntariamente en cuerpo y alma, hasta el sacrificio supremo: su muerte en la cruz.

– Cristo “se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios”. Dios quiso salvar a los pecadores, y Jesús se entregó para salvarnos. Ante todo, se ofreció a sí mismo en sacrificio a Dios; sabía que era su voluntad que él diera su vida. Antes de ir a la cruz, dijo: “Para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago” (Juan 14:31).

– “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”. Dios también quiso dar una esposa amada a su Hijo. Esta esposa es la “Iglesia”, formada por todos los que creen en Jesús, quien los une. Ella es “la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28). Jesús se entregó por amor a ella, y la cuida (Efesios 5:29).

– “El Hijo de Dios… me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Si el sacrificio de Jesús concierne al conjunto de todos los creyentes, también concierne a cada uno personalmente. Si he creído en él, puedo afirmar: ¡El Hijo de Dios se entregó por mí! Mis pecados merecían el juicio de Dios, estaba perdido. Jesús resolvió esta cuestión dando su vida por mí, personalmente, ¡porque me ama!

¡Maravilloso amor que supera todo conocimiento! (Efesios 3:18-19).

2 Reyes 17:1-23 – Efesios 4:17-32 – Salmo 71:12-18 – Proverbios 17:13-14

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¡Tengo una revelación para usted!

Jueves 15 Junio
No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos. Yo el Señor vuestro Dios.
Levítico 19:31
¡Tengo una revelación para usted!
Los astrólogos y videntes ofrecen sus servicios para revelar el futuro. Pero la Biblia nos prohíbe consultarlos. Solo Dios, quien es soberano y conoce el pasado, el presente y el futuro, puede declarar por anticipado lo que va a suceder. “Yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho” (Isaías 46:9-10).

En la Biblia hay muchas profecías. Algunas ya se cumplieron, otras aún no, pero todas se cumplirán en el momento elegido por Dios. Cuando Jesús estaba en la tierra, dijo: “Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy” (Juan 13:19). Este es uno de los muchos testimonios de su divinidad. Él es Dios, el Hijo de Dios, quien sabe todo de antemano. Su venida a la tierra para cumplir estas profecías fue predicha con antelación. Más de 700 años antes de que viniera, Isaías predijo su sufrimiento y su muerte en la cruz (véase Isaías 53:7-10). Esto se cumplió hace cerca de 2000 años. Ahora que Jesús resucitó, esperamos el cumplimiento de su promesa: volver para llevar a los creyentes a la bendita presencia de Dios, junto a él (Juan 14:3). Esta promesa sostiene nuestra fe. Todos los que han puesto su confianza en Jesús cuentan con él para su futuro.

“Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” (2 Pedro 3:17-18).

2 Reyes 16 – Efesios 4:1-16 – Salmo 71:7-11 – Proverbios 17:11-12

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Aceptar la ayuda

Miércoles 14 Junio

Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber… Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.

Juan 4:710

Aceptar la ayuda

Leer Juan 4:1-42

A veces es más fácil, y sobre todo mucho más gratificante, ayudar que recibir ayuda. Ayudar a otra persona me hace sentir bien y a menudo me produce satisfacción personal. Por otro lado, el hecho de que alguien me ayude me coloca en una posición de dependencia, o incluso de inferioridad. Aceptar la ayuda de alguien no siempre es fácil.

Sin embargo, esta fue la posición que Jesús adoptó cuando pidió de beber a la mujer samaritana que encontró en el pozo de Sicar. ¡Aunque él es el creador del cielo y de la tierra, y no necesita a nadie! Además, conocía el triste pasado de esta mujer y sus dudas, pero no la despreció. Prefirió entablar una conversación con ella y ganar su confianza pidiéndole ayuda. Y fue precisamente esta actitud la que abrió una puerta en el corazón de esa mujer. Estaba tan sorprendida por el comportamiento de este desconocido que, en lugar de responder a su petición, le interrogó. Entonces, en el transcurso de la conversación, descubrió lo mucho que lo necesitaba.

Cristianos, no pensemos hablar de Jesucristo a nuestro prójimo imponiéndole nuestras certezas. Más bien, sigamos el ejemplo de nuestro Maestro; sepamos ir al encuentro de los demás aceptando compartir con ellos nuestras necesidades, con dulzura y humildad. Esto nos dará la oportunidad de hablar de nuestro Señor y de su inmensa gracia.

2 Reyes 15 – Efesios 3 – Salmo 71:1-6 – Proverbios 17:9-10

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Angustia interior (2)

Martes 13 Junio
(Jesús dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Mateo 11:28
Vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios… tenéis vida eterna.
1 Juan 5:13
Angustia interior (2)
El cristiano continuó la conversación:

–Las mismas Escrituras muestran su origen divino y la divinidad de Jesucristo.

–Leeré la Biblia. ¿Y qué más debo hacer?

–Orar.

–Pero no creo en Dios. ¿Por qué orar?

–Eso no es un obstáculo, pero tiene que ser honesto. Dios responde a quien lo busca sinceramente.

–¿Hay algo más que hacer?

–Pida a Dios que lo ilumine mientras lee. Actúe con la luz que él le da, y vaya al Señor Jesús para conocerlo como su Salvador personal.

–¿Eso es todo?

–Sí, no hay nada más que hacer. Pero, ¿promete seguir mi consejo?

–Lo intentaré…

Dos semanas después el joven volvió y contó al predicador:

–Después de nuestra conversación me fui a casa. Leí los textos que usted me indicó. Luego pedí a Dios, sencilla pero sinceramente, que me mostrara de forma clara si existía, que me probara que la Biblia es su Palabra, que Jesucristo es su Hijo y el Salvador de los pecadores. Mientras leía, oraba y pedía ser iluminado, de veras recibí la luz. Todo se aclaró para mí, de modo que finalmente respondí a la invitación de Jesús. Cansado y agobiado, acudí a él y encontré la paz interior.

Ahora sé que él me ama y que mis pecados son borrados por el poder de su sangre.

2 Reyes 14 – Efesios 2 – Salmo 70 – Proverbios 17:7-8

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Angustia interior (1)

Lunes 12 Junio

Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

1 Timoteo 2:3-4

Angustia interior (1)

Al final de una conferencia, un joven se dirigió al predicador y le dijo:

–Mi caso le parecerá desesperado, pues soy un incrédulo y escéptico.

–¿Qué espera de mí, respondió el predicador, si no cree en la Biblia, si no reconoce a Jesucristo como el Hijo de Dios, y si duda de la existencia de Dios?

–Lo escuché hablar esta noche y sentí que usted cree en algo. Yo no creo en nada y soy extremadamente infeliz. ¿Podría mostrarme cómo creer y ser feliz como usted? Ayúdeme por favor. Soy estudiante de derecho, pero me siento tan infeliz que no consigo estudiar. Estoy ansioso y turbado. Hace un rato, pasando por este lugar, oí el órgano y entré para disfrutar de la hermosa música. La curiosidad me obligó a quedarme para escuchar lo que usted iba a decir. Una cosa me quedó clara: usted cree en algo o en alguien, y eso lo hace feliz. Lo envidio, y por eso le estoy hablando. ¿Qué debo hacer, qué debo estudiar?

–¡Solo la Biblia!

–¿De qué sirve leerla, si no creo que es la Palabra de Dios?

Entonces el predicador abrió su Biblia y leyó: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).

(mañana continuará)

“Siendo renacidos, no de simiente corrupti- ble, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Por- que: toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; mas la palabra del Señor permanece para siempre” (1 Pedro 1:23-25).

2 Reyes 13 – Efesios 1 – Salmo 69:29-36 – Proverbios 17:5-6

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El baluarte de la conciencia

Domingo 4 Junio
No imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.
3 Juan 11
El baluarte de la conciencia
En junio de 2017, al presidir las ceremonias del aniversario de la masacre de los aldeanos de Oradour-sur-Glane en 1944, el presidente francés declaró: «El único baluarte contra la locura asesina es nuestra conciencia».

Esta facultad nos permite discernir entre el bien y el mal. El hombre la adquirió cuando decidió desobedecer a Dios y escuchar a Satanás: “El día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:5). Al dejarse seducir, el hombre se convirtió en una criatura responsable de sus actos, capaz de distinguir entre el bien y el mal. Sin embargo, ¡cuántos actos de maldad, robos y crímenes se cometen en el mundo! Aunque se supone que conocemos el bien, tenemos la tendencia a hacer el mal. Nuestra conciencia se siente incómoda con el mal, y en esto es un freno, pero ella no nos da la fuerza para evitar hacer lo malo.

Nuestra desobediencia a Dios corrompió nuestro ser interior. Debemos confesar esto ante él. Si creemos en Jesucristo, en su muerte en la cruz, y lo aceptamos como nuestro Salvador, recibimos una nueva vida capaz de discernir lo que es bueno, lo que agrada a Dios. “Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré” (Hebreos 8:10).

Por otra parte, el Espíritu de Dios da fuerza a esta nueva vida: “Que (el Padre) os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:16). Entonces el creyente puede evitar el mal y hacer el bien con la ayuda divina.

“Aborreced lo malo, seguid lo bueno” (Romanos 12:9).

2 Reyes 5 – Romanos 11:1-24 – Salmo 68:1-6 – Proverbios 16:23-24

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