Liberadas del pasado

DÍA 22

Salmo 18

Dosis: Alabanza

Liberadas del pasado

“Los lazos de la muerte me envolvieron; los torrentes destructores me abrumaron. Me enredaron los lazos del sepulcro, y me encontré ante las trampas de la muerte. En mi angustia invoqué al SEÑOR; clamé a mi Dios, y él me escuchó desde su templo; ¡mi clamor llegó a sus oídos!” (Salmo 18:4–6) (NVI)

Siguiendo con el análisis del Salmo 18 encontramos que, en segundo lugar, David recuerda las liberaciones que Dios ha llevado a cabo a favor suyo. Recordar esto dispone su espíritu para continuar alabándole. Esta es una disciplina muy importante, recordar y tener presente todas las maravillas que Dios ha hecho por nosotras, recordar de dónde nos sacó, todas las situaciones difíciles que enfrentamos fortalecidas con su presencia, cómo nos liberó y nos dio la victoria en medio de las pruebas. David recuerda y engrandece a Dios por la libertad que le ha concedido. Toma en cuenta el pasado para agradecerle específicamente.

Si has sido librada de un pasado doloroso, de peligros grandes y amenazadores, y reconoces la gran liberación que Dios ha obrado en tu vida, más profunda debe ser tu alabanza. Cuanto más profundo ha sido el dolor o la herida, más dulce será la recuperación en sus brazos eternos.

David recuerda las amenazas y la fuerza de sus enemigos contra él y las describe como: “cuerdas y lazos de muerte”, “torrentes de maldad”, “ligaduras del Seol.” Expresiones muy fuertes. No sé si todas nos hemos sentido alguna vez así de amenazadas, pero sin duda hemos experimentado momentos muy difíciles en los cuales sólo nos ha quedado esperar su dulce liberación, su paz, su consuelo, pues no estaba en nuestras fuerzas cambiar la situación.

David nos traza la ruta de la fe, lo que debemos hacer en vez de caer en la desesperación: “En mi angustia invoqué al SEÑOR; clamé a mi Dios, y él me escuchó desde su templo; ¡mi clamor llegó a sus oídos!” Amada, nuestro clamor llega delante de Dios. Oramos para agradecer y engrandecer su nombre, para decirle que le amamos, pero también para clamar si estamos en dificultades.

Cuanto mayor ha sido nuestra necesidad de que Dios nos librase, y cuanto más directa ha sido la respuesta de Dios a nuestras oraciones, tanto mayor es la obligación que tenemos de ser agradecidas. Así era David, él oraba y Dios lo escuchaba y le respondía. David experimentó el sufrimiento pero también la más hermosa liberación. Y no se quedó callado, él compuso un canto para que todos reconocieran la grandeza y la misericordia de su Dios.

Oración: Señor enséñame a clamar a ti cuando esté en angustia y a alabarte por tu misericordia. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 37). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

El libro que habla de Dios

Miércoles 11 Septiembre

Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

Juan 17:3

(Jesús dijo:) El que me ha visto a mí, ha visto al Padre… yo soy en el Padre, y el Padre en mí.

Juan 14:9-10

El libro que habla de Dios

Los libros que hablan de Dios son numerosos en los estantes de las bibliotecas. Los autores más diversos se han expresado sobre este tema. Además, cada uno de nosotros tiene la tendencia a hacerse su pequeña idea sobre Dios y a estar satisfecho con ello. Pero, ¿quién puede realmente hablar de Dios? Ninguna de sus criaturas tiene la capacidad de representárselo. Solo él puede revelarnos lo que él es realmente. «Solo Dios habla bien de Dios», decía el sabio Blaise Pascal. Y lo hace por medio de Jesucristo, en su Palabra escrita, la Biblia, el Libro.

La Biblia no nos autoriza a imaginar a Dios según nuestros pensamientos y deseos. Al contrario, nos pide que aceptemos humildemente lo que Dios nos enseña respecto a él.

Ella nos lo muestra como el único Dios verdadero. El Dios Creador y Gobernador del cielo y de la tierra, del universo visible e invisible. El Dios todopoderoso, Señor de la historia de la humanidad y de la de cada individuo, el Dios santo que ningún ojo ha visto ni puede ver (1 Timoteo 6:16). El Dios a quien debemos la existencia y la vida. El Dios Salvador, quien tomó forma de hombre, fue crucificado y resucitó por nosotros. El Dios vivo que obra en todo el mundo y habita en cada una de sus criaturas. Es el Dios inaccesible en su gloria, y al mismo tiempo cercano a nosotros en Jesucristo. Él es el Dios de luz y el Dios de amor, el Dios de toda consolación y el Dios de esperanza.

2 Crónicas 27 – 1 Corintios 16 – Salmo 105:1-6 – Proverbios 23:4-5

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Confortémonos unos a otros

10 de septiembre

Confortémonos unos a otros

Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.

Hebreos 10:24

Dios quiere que sus hijos se conforten unos a otros. Pablo el apóstol, cuando comenzó su carta a los creyentes de Roma, les aseguró que deseaba visitarlos no solo para confortarlos, sino para ser confortado por ellos: «…para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí» (Ro. 1:12). Antes de eso, había descrito a Timoteo y se había descrito a sí mismo a los corintios como colaboradores «para vuestro gozo» (2 Co. 1:24).

Si en realidad es discípulo de Cristo, ha de ser una obligación y un gozo para usted estimular a otros creyentes al amor y a las buenas obras, como enseña el versículo de hoy.

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Declaración de Amor

DÍA 21

Salmo 18

Dosis: Piedad

Declaración de Amor

“¡Cuánto te amo, SEÑOR, fuerza mía! El SEÑOR es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite! Invoco al SEÑOR, que es digno de alabanza y quedo a salvo de mis enemigos.” (Salmo 18:1–3) (NVI)

¿Recuerdas cuáles han sido las ocasiones en que le has expresado a Dios las más tiernas palabras?

Esta es realmente una declaración de amor. Un salmo de Acción de gracias escrito por David quien recuerda las liberaciones que Dios le ha dado. Las mismas palabras están registradas en 2 Samuel 22:1–51.

En este Salmo David expresa a Dios sus más profundos sentimientos. En un estilo poético, con imágenes y hermosas expresiones, cada palabra seleccionada cuidadosamente, para expresar una piedad que sobrepasa su calidad literaria. David, con mucha emoción, expresa sentimientos santos y puros: como fe, amor, gozo esperanza, alabanza. ¿Te identificas con estos sentimientos? ¿Sabes cómo surgieron?

Lo primero que David hace es cantar victoria por el apoyo que recibe de Dios y expresa el amor que tiene hacia su ayudador. Él dice: “Te amo oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía en él confiaré: Mi escudo y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. Invocaré a Jehová quien es digo de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos”.

“Te amo oh Jehová” el verbo en hebreo indica un afecto entrañable y es lo primero que David dice, una frase que permea todo el contenido del Salmo. David ama a Dios y se deleita en expresarle ese amor, describiendo como lo siente: “Jehová, roca mía, y castillo mío, mi libertador”. Le dice “Tú eres todo lo que necesito.” Él ha experimentado la victoria que Dios le ha dado, reconoce que su triunfo procede de Él y esa victoria ha profundizado su amor. Ha experimentado también su protección, por eso puede decirle: “Tú eres mi escudo, mi alto refugio”.

¿Cómo expresas tu amor a este Dios maravilloso? ¿Te ha dado también victorias? ¿Qué es lo que le dices desde lo más profundo de tu corazón? David tomaba su lira y expresaba todo el amor que sentía por su Dios. Por eso fue conocido como el “dulce cantor de Israel”. Este cántico llegó a ser parte de la liturgia del pueblo de Israel.

Tu adoración personal es importante para Dios. Lo que le dices en lo secreto, tanto como tu adoración congregacional. Abre tu boca y tu corazón y exprésale tus más profundos sentimientos. Declárale tu amor. ¡Él se lo merece!

Oración: Señor enséñame a amarte cada día más y a darte siempre la gloria que te mereces. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 36). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Caminar sobre las aguas

Martes 10 Septiembre

Descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y… dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

Mateo 14:29-31

Caminar sobre las aguas

Los discípulos de Jesús estaban solos en la barca azotada por las olas, sin esperanza de socorro. El Señor iba hacia ellos caminando sobre las aguas, ¡pero ellos no parecían reconocerlo!

Sin embargo Jesús se acercó, y Pedro, indeciso, le dijo: “Si eres tú, manda que yo vaya a ti”. Jesús le dijo: “Ven”. Pedro confió en el Señor: a pesar del peligro, dejó la barca y comenzó a caminar sobre las aguas.

Pero tan pronto apartó sus ojos de Jesús, comenzó a hundirse. Entonces clamó al Señor, como Dios nos anima a hacerlo: “Invócame en el día de la angustia” (Salmo 50:15).

Aquí Pedro experimentó la omnipotencia del Señor, quien acude en nuestra ayuda a pesar de nuestras dudas. Jesús respondió inmediatamente a su clamor de angustia, aunque le reprochó afectuosamente su débil fe.

Nuestra vida con el Señor se parece a la de Pedro. Muy a menudo una fe valerosa da lugar a la duda. El Señor no cambia. No nos desanimemos. En su presencia, aprendamos a contar con él humildemente. Experimentar sus liberaciones nos hará más apacibles. Pongamos nuestra confianza solo en Dios, sin dudar de su poder.

Jesús conoce nuestros momentos de angustia,

Nos tiende los brazos y calma nuestra turbación.

Su reproche está mezclado de ternura

Cuando nos dice: ¿Por qué no tienes fe?

2 Crónicas 26 – 1 Corintios 15:29-58 – Salmo 104:27-35 – Proverbios 23:1-3

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Lo intrínsecamente bueno

9 de septiembre

Lo intrínsecamente bueno

Todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

Filipenses 4:8

Casi por definición, ciertas cosas en el reino espiritual son buenas. En primer lugar, Dios mismo es bueno. «¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?» (Ro. 2:4).

En segundo lugar, la Palabra de Dios es buena y obra para nuestro bien. Pablo les dijo a los ancianos de Éfes «Os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados» (Hch. 20:32).

En tercer lugar, los santos ángeles de Dios son buenos y están para apoyar a los creyentes. El escritor de Hebreos confirma esto con la interrogación retórica: «¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?» (He. 1:14).

Esas son verdades no solo dignas de meditar en ellas sino, en vista de sus realidades, de vivirlas.

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Una Nueva Perspectiva

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Una Nueva Perspectiva

R.C.Sproul

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Al continuar con nuestro estudio de la santidad de Dios, proseguimos observando el tema del trauma de la santidad de Dios. Hemos visto que nos incomodamos cuando Dios se acerca y empieza a manifestar o a exhibir Su majestad trascendente.

Ya hemos examinado la narración del Nuevo Testamento, de lo que le pasó a los discípulos cuando ellos estuvieron atrapados en una tormenta en el mar y se asustaron con las fuerzas de la naturaleza que amenazaban sus vidas, y como Jesús tomó la situación al ordenar a los vientos y al mar que se calmen. Y cuando ellos de repente y de forma instantánea se calmaron, el temor de los discípulos se intensificó. Ahora ellos estaban más asustados de Cristo que de las fuerzas de la naturaleza.

Y quisiera que continuemos viendo la dimensión de nuestro temor humano natural a lo divino y el temor a lo santo y trascendente. Varios años atrás fue escrito un libro que llegó a ser muy popular en el mundo secular. Se titulaba, El Principio de Peter. Era un estudio del síndrome que ocurre en los negocios y en las corporaciones cuando las personas buscan escalar los niveles corporativos al próximo nivel de autoridad.

Y el principio de Peter es aquel que dice que hay una tendencia en el mundo de los negocios a que la gente se eleve a su nivel de incompetencia. Es una interesante percepción, ¿no es cierto? Porque la gente podría ser muy competente en el nivel uno, y cuando pasa al nivel dos todavía seguir siendo competente porque ellos muestran competencia. Entonces se le promueve al nivel tres, pero ahora, de repente, a ellos se les confía una posición que los supera. Y tarde o temprano, la teoría dice, uno es elevado más allá de donde debería estar, al nivel de incompetencia.

Bueno, ha habido mucha discusión acerca de esto, pero hay un capítulo en el libro que me fascina desde una percepción teológica, un capítulo en que se describe a la persona que es súper competente. El autor habla del súper incompetente, la persona que nunca va más allá del primer nivel. Es tan incompetente que ni siquiera puede llegar al nivel de entrada de la organización y lo eliminan y pierde su trabajo. Pero, ¿qué del individuo excepcional que no solo es competente, sino que tiene abundante competencia, quién es súper competente?

Bueno, el libro dice, de acuerdo a una encuesta que ellos hicieron, que para que una persona sea excepcionalmente competente para avanzar a un nivel apropiado en una organización con frecuencia, casi siempre debe moverse a otra compañía, porque el súper competente enfrenta una resistencia enorme de dos fuentes—de las personas que están bajo él o ella, debido a que se intimidan, se sienten amenazados por su grado superlativo de competencia, y aún más las personas que están sobre ellos, debido a que se sienten amenazados por esa persona súper competente que viene a tomar su trabajo.

Ellos dicen que lo que le pasa a una persona que es excepcionalmente capaz para que pueda avanzar en el mundo corporativo. Lo que tiene que hacer es moverse de compañía en compañía donde se está buscando a alguien súper competente y que no represente una amenaza latente.

Bueno, ¿cómo se aplica esto a la teología? Tratando de explicar la reacción de las personas a Jesús podemos aplicar esto. Jesús fue el ser humano más súper competente que alguna vez caminó sobre la tierra. Y ¿quiénes fueron lo que más lo resistieron y lo odiaron. No era la gente común. Las Escrituras dicen que la gente común le oía con agrado. Se regocijaban en su habilidad y en su competencia.

Pero eran los fariseos y los escribas los que lo odiaban. ¿Por qué? Bueno, los fariseos eran un grupo de personas que empezó, históricamente, como un grupo de gente que se llamó a sí mismo como los separados, que se consagraron a sí mismos a la rigurosa búsqueda de la rectitud. Y ellos eran tan celosos en su búsqueda de la rectitud que llegaron a obtener un nivel poco común de aprecio popular y aclamación por su estatus, siendo los pilares de la comunidad. Ellos mostraron todas las apariencias externas de grandeza con respecto a la rectitud. Eran tan disciplinados, mucho más disciplinados que la gente común, tan devotos en sus oraciones, en sus diezmos y en su liderazgo, que la gente empezó a mirarlos como los modelos de todas las virtudes, pero, en realidad eran un fraude.

Su rectitud solo era superficial. Eran unos hipócritas. Y un hipócrita es alguien que está actuando un papel, que entrega un show externo de rectitud, pero que es corrupto en el interior. Y ellos fueron capaces de engañar a la gente. Su santidad falsa no fue revelada como falsa y fraudulenta hasta que el mismo santo apareció.

Cuando apareció, esto es lo que pasa cuando la verdad aparece con claridad, la falsedad es expuesta por lo que es, y la presencia de Jesús de Nazaret era una manifestación amenazadora para esa gente que se enorgullecían en su rectitud. Se sintieron amenazados; estaban resentidos; eran hostiles y conspiraron para destruirlo.

Recuerdo algo que me pasó cuando estaba en mi primer año de mi carrera como profesor. Estaba enseñando en una universidad presbiteriana en Pensilvania, y había una señorita de años avanzados que estaba en mis clases de filosofía. Ella había tomado varios cursos en los que enseñaba filosofía. Y en cada curso ella no solo sacaba As, sino que obtenía, de lejos, la nota más alta de cada examen. Yo solía poner las notas con una curva. Y algunas veces a los estudiantes no les iba tan bien; el examen era, quizás, demasiado difícil y tenía que hacer algo, y las notas tenían que subirse, y veía cuáles eran las notas que recibieron los estudiantes, y tenía que escalarlas en la pizarra. Y era posible que la nota promedio era 60 o 70 en la clase, y veía que esta muchacha llegaba a sacar un 99.

¿Cuál se suponía que era la respuesta de los estudiantes cuando hiciera el anuncio? Ellos no se levantarían instantáneamente para darle una ovación de pie. Un gruñido saldría por el aula, un suspiro de desdén. A ellos no les gustaba que ella hubiera mostrado su desempeño superior.

Uno de esos días tomé un examen a la clase de filosofía, y cuando puse las notas, esta muchacha reprobó el examen. La prueba era terrible, se equivocó en cada pregunta. Entonces la llamé y le pregunté, “¿Qué te pasó en este examen?” Le dije que había algo muy raro en todo eso. Ella se había equivocado en cada pregunta de una forma tal que solo sabiendo la respuesta correcta uno podía equivocarse todas las veces. Le dije que había algo muy extraño en todo esto.

Y ella se echó a llorar. Me explicó que ella estaba en su último semestre de su programa universitario, no estaba casada ni comprometida, no tenía un novio y que nadie la invitaba a salir. Ella estaba entrando en pánico. Los muchachos le habían dicho que ellos no querían salir con ella porque era demasiado inteligente para ellos.

Ella me dijo, “Profesor Sproul, yo solo quiero casarme. Quiero tener una familia. Yo no miro en menos a la gente que no le va tan bien como a mí me va”. Y ella, de forma intencional, reprobó el examen porque se dio cuenta que su desempeño superior la estaba alejando de los demás, debido a que rompía con el estándar. Rompía la curva y el molde.

Nadie, nunca lo pudo hacer como lo hizo Jesús. Hay otro episodio en el Nuevo Testamento que involucra el Mar de Galilea. Involucra a Jesús, el mismo mar, y los mismos discípulos que vimos en el episodio donde Jesús calmó la tempestad. Éste está registrado en el quinto capítulo del evangelio de Lucas, empezando en el verso 1. Esto es lo que dice, “Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios.

Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud.Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.

Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón”.

¿Pueden ver lo que está pasando aquí? Jesús está por enseñarle a las multitudes y ellos están a punto de aplastarlo. Él ni siquiera tiene un lugar donde ir. Y por eso, con el fin de poder estar en una posición que sea más apropiada para dirigirse a esa gran multitud, le pidió a los discípulos que le den uno de los botes para que desde allí, en la orilla, se dirigiera a la multitud. Y después que terminó su mensaje, le dijo a Simón y a los discípulos que habían estado allí en la orilla con los botes y reparando sus redes, lo que, por cierto era una ocupación diaria.

Si ustedes van a cualquier puerto de pescadores, por ejemplo, en el muelle ustedes podrán ver a los pescadores reunidos al final del día, aun en nuestros días, reparando con cuidado sus redes de cualquier agujero que tengan las redes. Esto se debe a que cuando los pescadores tienen agujeros en las redes, no atraparán pescados, porque se escaparán por los agujeros. Por eso tienen que mantener esas redes en buen estado.

Bueno, eso es lo que los discípulos habían hecho luego de que completaron sus tareas de pesca por el día y estaban preparándose para la próxima travesía en el mar. Y así Jesús, luego de que había terminado su discurso y viendo las redes reparadas, les dijo que remen mar adentro y que echen las redes para pescar. Recuerden que Jesús es su maestro, es su Rabí. Ellos eran sus estudiantes. Y lo que sea que el rabí dijera, se suponía que ellos tenían que obedecer.

Y a lo largo de casi todo el ministerio de Jesús, cuando les decía a sus discípulos que hagan algo, ellos normalmente lo hacían sin la menor duda, protesta o argumentación. Pero en esta ocasión, Pedro discutió con Jesús. Es como si Simón estuviera diciendo, “Jesús, entendemos cuán súper competente eres en el área de la teología, y cuando nos enseñas teología, somos muy respetuosos, estamos a tus pies, pero ahora danos un poco de crédito. Nosotros sabemos algo del negocio de la pesca. Somos profesionales. Hemos estado haciendo esto y estuvimos en el mar toda la noche y no pescamos nada…” Pedro no dice esto así exactamente. Él solo simplemente le recuerda a Jesús lo que ya sabía. Que habían estado allí toda la noche, y que fue una faena pésima sin captura de peces. Y es como si Simón estuviera diciendo, “Bien compañeros, sigámosle la corriente. Si dice que tiremos las redes, vamos a tirar las redes y demostrarle que no hay peces hoy”. Y ustedes saben lo que pasó. Ellos fueron, tiraron las redes, y cada pez que había en el Mar de Galilea saltó a la red. Esto fue tal pesca como nunca antes lo hubo en la historia. No solo sus redes están repletas, sino que están llenas hasta el punto de romperse. Y cuando subieron las redes en el bote, es tan grande que el bote está ahora empezando a hundirse.

Tuvieron que llamar a otros botes que vengan para que los ayuden a manejar esta enorme captura de peces. Y esos botes están ahora en peligro de hundirse. Lo que tenemos es lo que ha sido llamado la Pesca Milagrosa.

Lo que quisiera que veamos mientras seguimos observando el trauma de la santidad, es la reacción de Simón a este episodio. ¿Cuál creen que debió haber sido su reacción? Recuerden que Simón es judío y es un hombre de negocios. Y los hombres de negocios no son conocidos por su falta de interés en las ganancias.

Yo le hubiera dicho, “Jesús, mira. Hagamos un trato—cincuenta por cierto del negocio. Todo lo que tienes que hace es venir una vez al mes y hacer esto que acabas de hacer. Solo una vez al mes y cincuenta por ciento de las ganancias son tuyas. Nosotros nos encargamos de las redes y de los botes, trabajando la pesca de forma normal. Solo que un día al mes, vienes y lo haces de nuevo”.

Eso es lo que hubiera hecho. Pero no es lo que Pedro dijo. Simón Pedro miró a Jesús y le dijo, “Aléjate de mí”. Márchate. Sal de aquí. Las palabras que leemos en el texto, “Apártate de mí, Señor”. ¿Por qué le pediría que Jesús se vaya? Él no ha dañado las redes, ni tampoco los botes y menos le ha hecho daño a la gente.

Simón nos da la razón. Él dice, “Apártate de mí, Señor, porque soy un hombre pecador”. ¿Qué tenía que ver el llenar las redes con peces con la pecaminosidad de Simón Pedro? Una vez más, ¿Puedes ver lo que está pasando aquí? En esta obra milagrosa de Cristo, hay una aparición repentina de la gloria. Su majestad trascendente, la cual había sido velada, tapada y oculta por su humanidad, de repente se manifiesta, y una vez más, Simón se da mucha cuenta de que está parado delante de la presencia del santo. Y no puede soportarlo. Jesús, por favor, apártate de mí. Vete, porque soy un pecador, no puedo estar en la presencia del santo. Estoy desnudo, estoy expuesto.

Cuando tú manifiestas tu gloria como ahora, es devastador para mí. Es traumático. No tengo cómo defenderme. Necesito algún espacio. Estás importunando y me haces profundamente incómodo.

¿Por qué la gente huye de Cristo? ¿Por qué la gente escapa de Dios? ¿Por qué somos, por naturaleza, fugitivos? La Biblia dice que los malvados huyen cuando nadie los persigue. Lutero solía decir que el pagano tiembla con el ruido de una hoja porque sabemos que no somos dignos.

Desde el mismo primer pecado, los seres humanos se han ocultado, ocultándose del rostro de Dios, buscando con desesperación algo que los cubra, que los proteja del trauma de la presencia del santo.

 

CORAM DEO

En nuestro pensamiento Coram Deo del día de hoy, permítanme preguntarles, ¿Cuán cómodo está en la presencia del santo?

Me he dado cuenta de algo notable en mi trato con mis amigos, mis amigos cristianos y los que no son cristianos. Yo paso tiempo jugando golf con hombres que no han hecho ninguna profesión de fe en Cristo, y algunas veces su lenguaje se pone un poco fuerte, desatando algunas expresiones fuertes en el campo de golf. Cuando eso sucede, inmediatamente se vuelven a mí y me dicen, “discúlpame pastor”. Y ellos me piden disculpas como si hubiera algo por lo que deben rendirme cuentas por su lenguaje. Yo no soy su juez. No es que mis oídos son vírgenes o que aun mi boca lo sea. He oído esas palabras un millón de veces.

No deberían y no sé por qué ellos sienten la necesidad de disculparse conmigo. Pero algunas veces hablamos de eso y ellos tienden a decir, “Bueno, RC, tú eres un ministro, por eso no estamos cómodos”. Otras veces ellos se sienten cómodos y dicen, “Tú sabes, no eres como nuestros pastores. Sentimos que podemos ser nosotros mismos al estar contigo”. ¿Por qué necesitan decirme eso? No soy Dios. No soy Cristo, no soy santo. Pero como soy pastor, represento para ellos al santo.

Y a veces la gente reaccionará contra los cristianos y los llamarán santurrones o que deben ser perfectamente humildes, pero todo lo que tienes que hacer es llevar el nombre de Cristo y ya harás que la gente se sienta incómoda. ¿Estás incómodo?

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Como una niña protegida

DÍA 20

Salmo 17

Dosis: Amor y Valoración

Como una niña protegida

“Guárdame como a la niña de tus ojos, escóndeme bajo la sombra de tus alas, de la vista de los malos que me oprimen, de mis enemigos que buscan mi vida.” (Salmo 17:8–9) (VRV)

Las palabras del versículo citado siempre me parecieron unas de las más tiernas de la Biblia. Me encantaba la idea de sentirme “la niña de sus ojos” y acurrucarme bajo la sombra de sus alas, sentirme protegida por Dios mismo. Recuerdo que en mi adolescencia viví una experiencia traumática donde no tuve la protección humana que requería, pero ahora reconozco que sí estuvo la de Dios. Su abrazo tierno y consolador, su poder obrando a mi favor.

Parece ser que el salmista era perseguido injustamente y acude a la presencia del Señor, para que éste le haga justicia. A lo largo de veinticinco años de ministerio he escuchado a muchas mujeres tratadas injustamente, menospreciadas, injuriadas, desvalorizadas, a quienes he tenido la oportunidad de guiar a Dios y hacerles entender el gran valor que ellas tienen “como la niña de sus ojos”. Y enseñarles, como dice el salmista que la intervención divina estará también en proporción a la confianza que ellas depositen en el Señor, de su integridad, de su búsqueda personal de Dios:

“Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; me has puesto a prueba y nada inicuo hallaste; he resuelto que mi boca no haga transgresión.” ¡Qué interesante, los momentos de crisis prueban nuestra integridad y nuestro corazón! El salmista no se atrevería a pedirle a Dios que defienda su causa sin antes haberse hecho un auto examen, meditado y orado:

“Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás oh Dios; Inclina a mí tu oído, escucha mi palabra. Muestra tus maravillosas misericordias, tú que salvas a los que se refugian a tu diestra, de los que se levantan contra ellos.”

Amada si estás sufriendo, si vives amargada por alguna injusticia que cometieron contra ti, si te traicionaron, te desvalorizaron, rechaza la violencia y la venganza. Acurrúcate bajo las sombras de sus alas, porque tú eres la niña de sus ojos. Él te extenderá su misericordia y peleará por ti.

Oración: Señor enséñame a confiar en tu amor, protección y misericordia y a redescubrir mi valor en ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 35). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Firme en la fe

Lunes 9 Septiembre

Así dice el Señor, Creador tuyo:… No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán.

Isaías 43:1-2

Firme en la fe

Cuando el ferri Estonia zozobró en el mar Báltico el 28 de septiembre de 1994, 852 personas hallaron la muerte. Solo 137 pasajeros fueron salvos. La investigación sobre las causas del accidente no ha concluido.

Uno de los sobrevivientes era un joven cristiano sueco. Su camarote estaba situado en una de las cubiertas inferiores del barco. Cuando la embarcación comenzó a hundirse, corrió a la parte superior de la escalera. El agua ya entraba a raudales. Tomándose apenas el tiempo de ponerse su chaleco salvavidas, se lanzó inmediatamente al agua. Rápidamente pudo alcanzar el bote salvavidas más cercano, y logró subir a bordo a otros tres náufragos.

Durante todo ese tiempo, a pesar de su agotamiento, una oración continua subía de su corazón a Dios. Al cabo de dos horas, el bote fue localizado por un buque noruego. Después del salvamento, ese joven declaró: «Yo hablaba continuamente con Dios, por eso me sentía en seguridad. Si me hubiese ahogado, aún hubiera estado con Dios».

Más tarde se le preguntó si el accidente no había cuestionado su fe en Dios. Y él respondió: «No podemos hacer a Dios responsable de ese accidente. No fue él quien lo causó. No, mi fe en Dios no tambaleó en absoluto. Al contrario, ¡yo sé que él me cuidó!».

Incluso cuando la situación es crítica, Dios siempre está con los que ponen su confianza en él, con los que se han convertido en sus hijos por la fe en Jesucristo. Y también frente a la muerte.

2 Crónicas 25 – 1 Corintios 15:1-28 – Salmo 104:19-26 – Proverbios 22:29

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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Amados, ahora somos hijos de Dios.

Domingo 8 Septiembre

Amados, ahora somos hijos de Dios.

1 Juan 3:2

Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

Mateo 6:8

No os afanéis… vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

Mateo 6:31-32

A su cargo

Si usted tiene un hijo pequeño, lo cuida naturalmente sin que haya necesidad de pedírselo, en una relación feliz, basada en el amor y la confianza. Un hijo que se mostrara inquieto y desconfiado, a pesar de los cuidados que usted le prodiga, le causaría tristeza y preocupación, con justa razón.

Nuestros hijos, mientras son pequeños, están a nuestro cargo, dependen enteramente de nosotros. Nos ocupamos de ellos simplemente porque son nuestros hijos y los amamos. Nos gusta verlos felices y confiados.

Los cristianos, por la fe en Jesús, hemos recibido la vida divina y nos hemos convertido en hijos de Dios (Juan 1:12). Dios tiene cuidado de nosotros como un Padre. Sin embargo, ¡a menudo nos comportamos con él como si no confiáramos en sus cuidados! Nuestro Padre celestial, ¿será menos fiel que un padre humano?

No seamos cristianos intranquilos que viven con miedo a lo que pueda sucederles. No imaginemos a Dios como un Padre severo, ni temamos acercarnos a él; disfrutemos apaciblemente su amor, como sus hijos amados (Efesios 5:1).

En lugar de angustiarnos por todos los detalles de la vida cotidiana, echemos todas nuestras preocupaciones sobre nuestro Dios, quien tiene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:7).

Hijos de Dios, yo soy «hijo a cargo» de un Padre amoroso y todopoderoso. ¿Qué más necesito?

2 Crónicas 24 – 1 Corintios 14:20-40 – Salmo 104:14-18 – Proverbios 22:28

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