“Líbrele… si le quiere”

Domingo 3 Marzo

He entregado lo que amaba mi alma en mano de sus enemigos.

Jeremías 12:7

(Dios) no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros.

Romanos 8:32

Siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.

Romanos 5:10

“Líbrele… si le quiere”

El Señor Jesús estaba clavado en la cruz, y los que asistían a este “espectáculo” se burlaban de él sin discreción. Los jefes religiosos lanzaron un desafío a Dios: “Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios” (Mateo 27:43).

El Señor Jesús confiaba en Dios. Sus enemigos lo sabían. Él era el Hijo de Dios. Sus obras lo demostraban. Dios declaró dos veces que hallaba complacencia en él (Mateo 3:17; 17:5).

“Líbrele… si le quiere”. ¿No respondería Dios inmediatamente a este reto? ¿Dejaría suponer que no quería a su amado Hijo?

Pero Jesús permanecía colgado en la cruz. Ninguna voz se hizo oír desde el cielo. Las burlas continuaban; Dios permitió que actuaran libremente… Luego la oscuridad cubrió la tierra durante tres horas, y Jesús clamó a gran voz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Salmo 22:1; Mateo 27:46; Marcos 15:34). Así Jesús proclamó a oídos de todos que ese Dios santo en quien él confiaba lo había abandonado. Pero seguía siendo su Dios, a quien no dejó de amar, incluso durante esas terribles horas. Nada puede explicar esta escena, salvo estas verdades: “Dios es amor” (1 Juan 4:8); “tú eres santo” (Salmo 22:3).

Este fue el precio que el Dios de amor pagó para ofrecer la salvación a hombres culpables y rebeldes contra él. En esas horas tenebrosas, Jesús cargó nuestros pecados. El Dios santo lo hirió, lo abandonó, pero solo así puede perdonar a todos los que creen en él.

2 Samuel 22:31-51 – Hechos 11 – Salmo 29:1-6 – Proverbios 10:27-28

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Una muestra de obediencia

Marzo 2

Una muestra de obediencia

Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. (Mateo 28:20)

No se puede ser discípulo sin una vida de obediencia y un deseo de seguir a Cristo como Señor. Una de las maneras más importantes de obedecer es enseñando a otros a obedecer sus mandamientos.

Respecto al Espíritu Santo, Jesús dijo: “Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn. 14:26). Mediante la Palabra de Dios, el Espíritu ha puesto esa enseñanza a disposición de todos los creyentes. Y todo creyente debe someterse a ella en obediencia.

Solo un verdadero convertido obedecerá a Cristo. Solo cuando usted se presenta “a Dios como [vivo] de entre los muertos, y [sus] miembros como instrumentos de justicia” (Ro. 6:13) muestra usted fe obediente.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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Buscando la verdadera vida (2)

Sábado 2 Marzo

(Jesús dijo:) De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

Juan 5:24

Buscando la verdadera vida (2)

«En el transcurso del viaje le expliqué al cristiano, que tan gentilmente me llevó en su vehículo, que yo conocía un poco la Biblia pero que mis preguntas seguían sin respuesta. Entonces me citó algunos versículos de la Biblia, me habló del problema del pecado y me mostró claramente lo que me impedía encontrar el camino de la vida eterna: Entre tú y Dios hay un muro, es todo el mal que has hecho. Lo que Dios te pide es que te arrepientas.

Entonces comencé a confesar mis pecados a Dios. Eso duró aproximadamente una semana. Mientras tanto oí hablar de condenación, y eso me angustió mucho debido a todo el mal que había hecho… ¡No sería perdonado! Poco después volví a ver al cristiano que me había anunciado las buenas nuevas de salvación. Me dijo: Jesucristo fue crucificado por nuestros pecados, mas resucitó, y todo aquel que cree en él es perdonado y recibe gratuitamente la vida eterna… ¡De gozo no podía creerlo!

Al día siguiente, después de leer un pasaje de las Escrituras, oré y entregué mi vida al Señor. Por la fe me refugié en sus promesas divinas, especialmente en esta: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). En ese momento nací de nuevo (cap. 3:7), es decir, comencé una nueva vida con el Señor Jesús en mi corazón. Sé que Dios es mi Padre y que nada me puede separar de él. Pasaré la eternidad con él, en una felicidad perfecta, en compañía de todos los que han puesto su confianza en Jesús, nuestro único Salvador».

Según P. Danis

2 Samuel 22:1-30 – Hechos 10:25-48 – Salmo 28:6-9 – Proverbios 10:26

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¿Quién es un discípulo?

Marzo 1

¿Quién es un discípulo?

El que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. (Mateo 10:38)

Un discípulo es alguien que confiesa a Cristo como Señor y Salvador, cree que Dios lo ha resucitado de los muertos, y declara esa fe públicamente mediante el bautismo. No es un tipo de cristiano de “nivel superior”.

Usted no tiene que esperar para ser discípulo en algún momento del futuro en su vida cristiana cuando haya alcanzado determinado nivel de madurez. Según Mateo 28:19-20, uno se convierte en discípulo en el momento de la salvación.

Algunos afirman que hay muchos cristianos que no son discípulos. Recuerdan el versículo de hoy y dicen que, para ser discípulo, hay que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguir a Cristo. Si no se llega a ese nivel de entrega, piensan ellos, entonces no se es digno de ser discípulo de Cristo. Pero no se puede separar el discipulado de la conversión.

Cuando alguien es salvo, recibe un espíritu dócil que se manifiesta por una disposición a hacer una confesión pública y a obedecer cualquier cosa que ordene Cristo. ¿Es entonces usted un discípulo?

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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Buscando la verdadera vida (1)

Viernes 1 Marzo

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.

Santiago 4:8

Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón.

Salmo 69:32

Buscando la verdadera vida (1)

Testimonio

«Desde mi juventud me hacía muchas preguntas: ¿Por qué existimos? ¿A dónde vamos después de la muerte?

Entonces me puse a leer libros existencialistas que incitan a hacerse más preguntas, pero no ofrecen ninguna respuesta. Quise conocer otras religiones y llegué a vivir entre monjes budistas.

Finalmente, leyendo el Nuevo Testamento, me impresionó cada vez más la persona de Jesucristo. Primero por sus milagros, luego por su sabiduría, por el amor y la libertad de expresión con la que enfrentaba a los religiosos de su tiempo. Decidí, pues, leer toda la Biblia. Nadie influyó sobre mí. Lo decidí yo solo. De repente comprendí que no había otro camino fuera de Jesús. Dios me mostró que debía elegir, entonces quemé todos los demás libros religiosos que poseía. Pero aún permanecía turbado.

Oré a Dios: Haz algo por mí, Señor. Leí en tu libro que tenías discípulos. Si aún tienes algunos hoy, permite que encuentre aunque sea uno que me pueda ayudar.

No hablé con nadie, pero dos días más tarde, mientras hacía auto stop, un hombre me llevó en su carro y me dijo: Soy cristiano. Creo en el Señor Jesucristo. Él es mi Salvador… Y me anunció el Evangelio.

Feliz de ver que Dios había respondido mi oración, comprendí que él se interesaba por mí».

(mañana continuará)

2 Samuel 21 – Hechos 10:1-24 – Salmo 28:1-5 – Proverbios 10:24-25

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La responsabilidad ante los demás

28 de febrero

La responsabilidad ante los demás

Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.

Hebreos 10:24

He descubierto que cuanto más cerca estoy de las personas espirituales que me rodean, tanto más fácil me resulta llevar una vida recta porque ellas me exigen responsabilidad. Si algo no anda bien en mi vida, ellas me lo señalan. Dios me ha dado una esposa y cuatro hijos ya adultos que esperan que yo ande por la senda recta. Si me aparto de ella, una de esas personas o a veces las cinco me dirán que me estoy saliendo de la línea.

Es fácil comenzar a pensar que, si se hace un esfuerzo, se puede llevar una vida espiritual sin estar en una iglesia ni tener amigos cristianos. Eso pudiera ser posible, pero usted tendrá un tiempo difícil creciendo en su fe. La responsabilidad ante los demás ejerce una presión útil hacia la santidad. Que el versículo de hoy lo guíe hacia normas espirituales más firmes.

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¿Quién responderá nuestras preguntas?

Jueves 28 Febrero

¿Quién dio al espíritu inteligencia?

Job 38:36

El Señor es el Dios verdadero; él es Dios vivo y Rey eterno.

Jeremías 10:10

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

Romanos 11:33

¿Quién responderá nuestras preguntas?

Un proverbio africano dice que aquel que hace preguntas no se equivocará de camino. Tarde o temprano, todo ser humano se ve confrontado a preguntas sin solución: ¿Cuál es el origen de la vida? ¿Por qué hay tantas catástrofes y sufrimientos en el mundo? ¿Qué hay después de la muerte?

Unas respuestas a estas preguntas fueron elaboradas por filósofos, hombres de la política, periodistas, científicos, etc. ¿Hemos quedado satisfechos con sus respuestas? ¿Hemos tenido la certeza de que ellas nos dirigen hacia la verdadera luz?

En realidad solo Dios puede respondernos. Él creó todo, dispuso las estrellas en el cielo, instaló a los hombres en la tierra, posee la llave del futuro y del universo. Él conoce todo, pues es el Creador.

La Biblia es su Palabra. En ese libro revela sus pensamientos hacia nosotros. Busquemos en ella la respuesta a nuestras preguntas. No comprenderemos todo, y quizá surjan nuevas preguntas. Pero los interrogantes producidos por la lectura de la Biblia nos llevarán a la luz divina, al conocimiento de Dios y de Jesucristo como nuestro Salvador.

Cuando algo se nos escapa, oremos a Dios, pidámosle que nos aclare, que responda nuestras preguntas. Él quiere hacerlo, pero espera que nuestro corazón esté dispuesto a recibir sus respuestas para llenarlo de luz y paz.

2 Samuel 20 – Hechos 9:23-43 – Salmo 27:9-14 – Proverbios 10:22-23

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Aplicación de los principios

Febrero 27

Aplicación de los principios

Crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo. (Efesios 4:15)

El crecimiento espiritual es sencillamente cuestión de aplicar los principios bíblicos, pero hay muchos que creen que solamente los gigantes espirituales experimentan un gran aumento de fe.

He leído acerca de místicos que se arrodillaban y oraban de ocho a diez horas, haciendo huecos en los pisos de madera. He leído acerca de Robert Murray McCheyne, que empapaba las páginas de su Biblia y la madera de su púlpito con sus lágrimas. Y he leído Power Through Prayer [Poder mediante la oración] de E. M. Bounds, quien dedicaba muchas horas a la oración. Cuando supe de esas personas, lo único que pude pensar fue que nunca alcanzaría ese nivel. Pero Dios nos usa a cada uno de nosotros de maneras distintas.

El crecimiento espiritual no es una proeza mística por un grupo selecto que está en un plano espiritual superior. Más bien, es sencillamente cuestión de glorificar a Dios confesando el pecado, confiando en Él, llevando fruto, alabándolo, obedeciendo y proclamando su Palabra, orando y guiando a otros a Cristo. Esas son las características que todo cristiano necesita a fin de crecer en la fe. Cuando se concentre en ellas, el Espíritu de Dios lo transformará a usted a la imagen de Cristo, de un nivel de gloria al siguiente.

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Señor, si quieres, puedes limpiarme

Miércoles 27 Febrero

Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquel, y quedó limpio.

Marcos 1:40-42

Señor, si quieres, puedes limpiarme

En la época en que Jesús estaba en la tierra, una persona leprosa era excluida de la sociedad. Debía permanecer aislada y proclamar desde lejos su estado para evitar todo contacto con quienes estaban sanos. Sin embargo, el hombre leproso cuya historia es relatada en los versículos del encabezamiento se acercó a Jesús. ¿Lo hizo debido a su situación desesperada? ¿O porque tenía confianza en el Señor Jesús y creía que podía sanarlo? El texto no lo dice, pero nos muestra su valor que sobrepasó los obstáculos.

“Si quieres, puedes limpiarme”, dijo a Jesús. Estaba seguro de que Jesús tenía el poder de sanarlo, pero lo interpeló con humildad.

Jesús se compadeció. No se alejó ni rechazó al hombre atribulado. Por el contrario, con un gesto de amor lo tocó y lo sanó con una palabra: “Quiero, sé limpio”.

En la Biblia, la lepra es un símbolo del pecado que nos ensucia y degrada. Quizá, como este hombre, sufrimos porque el pecado arruinó nuestra vida. Entonces, como él, vayamos a Jesús y pidámosle con fe y humildad: “Si quieres, puedes limpiarme”. Él solo espera esto, él lo hará.

Amigos cristianos, frente a todas las exclusiones, ¿sabemos decir a quienes nos rodean que Dios no rechaza a nadie? Él da a cada uno de los que creen en él, sin excepción, el perdón de sus pecados y una nueva dignidad: la de hijo de Dios.

2 Samuel 19:24-43 – Hechos 9:1-22 – Salmo 27:5-8 – Proverbios 10:20-21

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El uso de la Palabra de Dios

Febrero 26

El uso de la Palabra de Dios

Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. (Deuteronomio 6:6-7)

El crecimiento espiritual no puede ocurrir sin el aprendizaje regular de la Palabra de Dios, así como el crecimiento físico no puede ocurrir sin la ingestión regular de alimentos. ¡Por eso comer es una necesidad diaria! Ir a la iglesia el domingo para oír un mensaje y luego esperar que eso sea suficiente para toda la semana es como cenar el domingo y esperar que eso lo sostenga a uno hasta el domingo siguiente. Usted necesita comer todos los días de la semana. Lo mismo puede decirse de lo espiritual: debe haber una alimentación diaria de la Palabra de Dios para el óptimo crecimiento.

Los cristianos de experiencia saben que hay incluso mayor gloria en dar la Palabra que en alimentarse de ella. Cuando usted predica la Palabra, la está cimentando en su propia vida. De esa manera, se vuelve realidad el dicho “Cuanto más se da, tanto más se tiene”. He descubierto que tiendo a recordar lo que enseño a los demás, pero olvido lo que leo y nunca enseño. Así que déle prioridad a enseñar a otros lo que está aprendiendo de la Palabra de Dios cada día.

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