Los distintos tiempos de la gracia

AGOSTO, 11

Los distintos tiempos de la gracia

Devocional por John Piper

Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo. (2 Tesalonicenses 1:11-12)

La gracia no solo es la predisposición de Dios a hacernos bien cuando no lo merecemos —darnos favor inmerecido—. También es el poder de Dios actuando en nuestra vida y haciendo que sucedan cosas buenas en nosotros y para nosotros.

Pablo dijo que cumplimos todo propósito de bondad «con su poder» (versículo 11), y luego agrega al final del versículo 12: «por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo». El poder que obra en nuestra vida para hacer posible la obediencia que exalta a Cristo es en realidad una extensión de la gracia de Dios.

Podemos observar esto también en 1 Corintios 15:10:

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.

La gracia es un poder activo, presente y transformador que hace posible la obediencia.

Por lo tanto, esta gracia que proviene de Dios y que actúa con poder en nosotros es, en un momento dado, tanto pasada como futura. Ya ha hecho algo por nosotros o en nosotros antes, y por eso es pasada. También va a seguir actuando en nosotros y por nosotros, por eso es futura —ya sea dentro de cinco segundos o cinco millones de años—.

La gracia de Dios es una constante cascada que baja por la catarata del presente, cuyas aguas vienen del inagotable río de gracia que proviene del futuro y llenan el creciente embalse de la gracia del pasado. En los próximos cinco minutos, estaremos recibiendo la gracia sustentadora que fluye hacia nosotros desde el futuro, y estaremos acumulando el valor de cinco minutos de gracia en el embalse del pasado.


Devocional tomado del semón “Viviendo por fe en la gracia venidera

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

1 Samuel 1 | Romanos 1 | Jeremías 39 | Salmos 13–14

11 AGOSTO

1 Samuel 1 | Romanos 1 | Jeremías 39 | Salmos 13–14

Un amigo mío dio una vez una conferencia evangelística en la universidad, titulada “Los ateos son necios y los agnósticos, cobardes”. No hace falta decir que atrajo a una multitud considerable, aunque esta era bastante hostil. Se puede discutir si fue sabio desde un punto de vista táctico poner semejante título a su comparecencia en un escenario como aquel. Lo que está fuera de toda duda es que mi amigo estaba siendo fiel a las Escrituras: “Dice el necio en su corazón: ‘No hay Dios’ ” (Salmos 14:1). De hecho, el texto de la Escritura es más elocuente que su traducción al castellano. En hebreo, la palabra “necio” es un término de desaprobación moral que indica perversidad, grosería y agresividad. Pablo entendió el sentido: “Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios” (1:22). Después de todo, “lo que se puede conocer acerca de Dios es evidente para ellos, pues él mismo se lo ha revelado” (1:19) y “como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, él a su vez los entregó a la depravación mental” (Romanos 1:28). Según la Biblia, el ateísmo, es en última instancia, una rebelión desafiante y obstinada, más que el producto de una búsqueda equivocada o un tipo de error intelectual.

El hecho de que la mayoría no considere el ateísmo como tal es en sí mismo un indicio de nuestra depravación. Los ateos más instruidos admiten

habitualmente la relación existente entre la moralidad y la creencia, entre la inmoralidad y la incredulidad. Huxley escribió un famoso pasaje en el cual reconoce que una de las fuerzas motrices del naturalismo ateo es el deseo de erradicar toda clase de condena moral de las conductas condenables. En otro párrafo no menos famoso, Michel Foucault, uno de los teóricos del posmodernismo, confiesa abiertamente que lo importante para él era destruir las nociones de verdad y moralidad porque quería justificar su propia conducta sexual. Foucault murió de SIDA poco tiempo atrás.

No debemos aplicar este texto de forma errónea. Existen muchos ateos honestos dentro del marco de sus propias presuposiciones. Sin embargo, este marco es incorrecto. No lo establece un solo individuo. Se va formando pieza a pieza hasta que ciertas creencias se hacen culturalmente posibles, seguidamente probables, finalmente inevitables, y cada generación, cada individuo, han contribuido a esta inmensa rebelión, este deseo de autonomía que se niega a reconocer los derechos de nuestro Hacedor y nuestras obligaciones con él. El ateísmo no se vuelve simplemente una elección individual, sino también una degeneración social. La consecuencia definitiva es la condenación total de Salmos 14:2–3. Compárese con Romanos 3:10–18). Al final del día, solo encontraremos ayuda en el Señor (14:7).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 223). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Yo (dijo Jesús) soy… la estrella resplandeciente de la mañana.

Sábado 11 Agosto

Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús.

Hebreos 12:1-2

Yo (dijo Jesús) soy… la estrella resplandeciente de la mañana.

Apocalipsis 22:16

Apocalipsis 22:16

«Cuando era joven me apasionaba la vela. Todavía recuerdo aquellas noches pasadas al timón de un velero expuesto a los vientos y al mar… Rápidamente me di cuenta de que es importante navegar con rumbo cierto cuando se está en alta mar. Si tenemos la mirada demasiado fija en la brújula, la navegación se vuelve difícil, pero si nos fijamos en una estrella del horizonte, incluso las olas más grandes no nos harán desviar de nuestra ruta.

En la vida cotidiana, para navegar con rumbo cierto, la estrella que tenemos que divisar es Jesucristo. Es la estrella de la mañana. Todos tenemos que enfrentarnos a olas que podrían empujarnos hacia una dirección errónea. Nuestras vidas a menudo están llenas de preocupaciones, pruebas y sufrimientos. Aún sin darnos cuenta, corremos el peligro de perder de vista, poco a poco, la estrella de la mañana. Entonces las dificultades de la vida nos desaniman y nos desestabilizan».

Michel V.

Dios “habló, e hizo levantar un viento tempestuoso, que encrespa sus ondas. Suben a los cielos, descienden a los abismos; sus almas se derriten con el mal… Entonces claman al Señor en su angustia, y los libra de sus aflicciones. Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Luego se alegran, porque se apaciguaron; y así los guía al puerto que deseaban. Alaben la misericordia del Señor, y sus maravillas para con los hijos de los hombres” (Salmo 107:25-26, 28-31).

Jeremías 15 – Lucas 19:28-48 – Salmo 92:10-15 – Proverbios 21:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El camino angosto

El camino angosto

8/10/2018

Angosto el camino que lleva a la vida. (Mateo 7:14)

La puerta estrecha de la salvación lleva al camino angosto de la vida recta. Por el contrario, la puerta ancha de la condenación lleva al camino espacioso de la vida descuidada y perversa.

Hubo una vez un hombre que escogió el islam en lugar del cristianismo porque para él el Islam “es una senda noble y espaciosa. Hay lugar en ella para un hombre y sus pecados. El camino de Cristo es demasiado angosto”.

Lamentablemente, en la actualidad hay muchos que se dicen cristianos que no ven el asunto con tanta claridad como ese musulmán. No entienden ni aceptan la definición de Jesús del camino angosto como la senda exigente y difícil. Es la vida de sacrificio y de esfuerzo intenso. Si está llevando esa vida, peleará “la buena batalla de la fe, [echará] mano de la vida eterna, a la cual asimismo [fue] llamado” (1 Ti. 6:12).

DERECHOS DE AUTOR © 2018 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Ten piedad de mí, oh Dios

AGOSTO, 10

Ten piedad de mí, oh Dios

Devocional por John Piper

Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones. (Salmos 51:1)

Lo dice tres veces: «Ten piedad», «conforme a tu misericordia», y «conforme a lo inmenso de tu compasión».

Eso es lo que Dios había prometido en Éxodo 34:6-7:

El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad; el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable.

David sabía que había culpables que no serían perdonados. Y que había culpables que, por alguna misteriosa obra de redención, no serían contados entre los culpables, sino que serían perdonados. El Salmo 51 es su manera de aferrarse a ese misterio de misericordia.

Nosotros sabemos más que David acerca del misterio de la redención: conocemos a Cristo. Pero nos asimos de la misericordia de la misma manera que él.

Lo primero que David hace es volverse rendido hacia la misericordia y el amor de Dios. Hoy en día, esto significa volverse a Cristo en esa misma condición.


Devocional tomado del sermón “Al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Rut 3–4 | Hechos 28 | Jeremías 38 | Salmos 11–12

10 AGOSTO

Rut 3–4 | Hechos 28 | Jeremías 38 | Salmos 11–12

No es fácil ver la relación entre los acontecimientos de Jeremías 38 y los de 37:11–21. Algunos creen que son dos episodios totalmente diferentes de la vida del profeta; otros creen que el capítulo 38 es una ampliación del anterior. Sea cual sea la realidad, el diálogo final entre Jeremías y el rey Sedequías al final del capítulo exige una reflexión seria.

Los acontecimientos en sí son fácilmente comprensibles. El profeta ha estado predicando durante décadas la inminente destrucción de Jerusalén. En su mayoría, el pueblo lo ha ignorado o se ha burlado de él. Con las tropas de Nabucodonosor alrededor de los muros, sin embargo, la credibilidad de Jeremías se encuentra, sin duda, en su punto más alto. Así pues, cuando comunica de parte del Señor que quien permanezca en la ciudad morirá por la espada, el hambre o la peste, mientras que los que se rindan sobrevivirán (38:2), es mucho más probable que lo crean ahora que hace cinco años. Sin embargo, los oficiales de la ciudad no consideran que esas palabras provengan del Señor y las entienden como una traición, con el efecto pernicioso de socavar la confianza de las tropas restantes.

El castigo al que se enfrenta el profeta es desagradable. En esa época, la mayor parte de las casas tenían cisternas, a menudo con forma de garrafa, para almacenar agua potable. La que se utiliza para recluir a Jeremías no tenía uso, pero había una gruesa capa de barro en su fondo. Abandonado en ella durante un largo tiempo, probablemente sin comida ni agua, el profeta moriría.

Lo que salva a Jeremías, humanamente hablando, es que el rey Sedequías sigue buscando su consejo. El profeta no tiene miedo alguno. Aunque no sea políticamente correcto, dice al rey que debería obedecer al Señor y someterse a los babilonios: la alternativa es ir directos al desastre (38:20–21). Para Sedequías, eso quizás sería difícil de creer por razones históricas: en los asedios de la antigüedad, los que resistían tanto como lo hizo Jerusalén eran ejecutados aunque se rindiesen. Además, existía otra razón por la que le resultaba difícil creer las palabras del profeta: seguía dependiendo en gran manera de sus “amigos”, que, según el profeta, serían motivo de escarnio un día como aliados inútiles que llevaron al rey al fango (38:22).

La yuxtaposición de los capítulos 37 y 38 (la meditación de ayer y la de hoy) no es accidental. El liderazgo del pueblo de Dios puede ser desastroso, con unos subordinados que son mejores pero muy débiles o miedosos para llevar a cabo ese cambio tan desesperadamente necesario (Jeremías 37). Otra opción es que sea débil o corrupto a través de su jerarquía, con el máximo mandatario demasiado indeciso o sin fuerza para limpiar su gobierno. Lo más triste de todo es que existan instituciones cristianas en las que la debilidad o la corrupción prevalezcan en todos los niveles.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 222). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Un sentido para mi vida

Viernes 10 Agosto

Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.

1 Corintios 9:25

He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo.

2 Timoteo 4:7-8

Un sentido para mi vida

Una atleta, que había recibido la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres, declaró a un periodista: «El taekwondo (o kárate coreano) dio un sentido a mi vida… Fuimos a la Guayana Francesa para entrenarnos en la jungla como un comando. Lo dejé todo para alcanzar mi sueño». ¡Qué valentía y energía para alcanzar sus metas! Pero, ¿cuánto tiempo va a durar esta satisfacción de haber logrado su objetivo? Tanto las coronas de laureles que recibían los atletas de la Antigua Grecia como las medallas olímpicas solo brindan una felicidad pasajera.

¿Existe una recompensa de la que podemos disfrutar eternamente? El apóstol Pablo nos revela que existen coronas incorruptibles, es decir, las que Jesús concederá a aquellos que lo hayan honrado. Pablo lo había recibido como Salvador personal (1 Timoteo 1:15), y le había dedicado toda su vida. Mientras algunos dicen: «Mi vida es el deporte; mi vida es la montaña o incluso, mi vida es el trabajo», Pablo decía a los Filipenses: “Para mí el vivir es Cristo” (cap. 1:21). Al rechazar sus pretensiones y su propia justicia, que a sus ojos eran basura, había ganado a Cristo y así podía ser revestido de “la justicia que es por la fe de Cristo” (cap. 3:9). Al igual que un atleta, proseguía “a la meta, al premio del supremo llamamiento” (cap. 3:14). Consagró a Cristo toda su vida y energía con la perspectiva de estar con él para siempre.

Jeremías 14 – Lucas 19:1-27 – Salmo 92:5-9 – Proverbios 21:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Entre las informaciones y las decisiones

Entre las informaciones y las decisiones

A las 3:11 PM del 15 de enero del 2009, el vuelo 1549 de la aerolínea US Airways salió del Aeropuerto Internacional LaGuardia de Nueva York, con 150 pasajeros y 5 tripulantes a bordo del Airbus A320. Todo transcurría con normalidad hasta que dos minutos después del despegue una bandada de barnaclas impactó en el fuselaje y los motores del avión. Esto obligó a Chesley “Sully” Sullenberger, capitán de la nave, a hacer un amerizaje en el río Hudson cerca de las 4:00 PM. El capitán dijo al programa 60 minutes de CBS que tomó la decisión de amerizar sobre las gélidas aguas del Hudson porque un aterrizaje en el aeropuerto hubiera sido catastrófico debido a la situación de los motores, y además, podría haber causado un desastre al atravesar áreas de mucha población. Este piloto también es conocido por ser un experto en seguridad aérea, y en el momento de la emergencia su reto no era de información, pues eso él lo tenía; su mayor reto era de decisión y que ésta fuera correcta.

Me parece que en la vida cristiana, principalmente en el mundo occidental, muchos creyentes nos vemos envueltos en las dinámicas que se dan entre manejar informaciones bíblicas teológicas y tomar decisiones correctas. Nuestro problema no es el mismo del mundo no occidental. Ellos tienen problemas de información: no tienen acceso a buenos libros, ya sea porque no están traducidos o porque no pueden ser adquiridos. En algunos lugares no tienen acceso fácil a algo tan básico como la Biblia porque está prohibida. Recuerdo que para los Juegos Olímpicos en China a unos pastores no le permitieron la entrada al país y les confiscaron las 300 Biblias que trataron de introducir. Estuve en Egipto en el 2010 y pude ver la opresión espiritual que se vive allí, donde los escasos cristianos necesitan que Dios derrame gracia abundante para poder crecer y para poder alcanzar a otros para Él. Allí también escasea la información bíblica, pues el dominio del Islam es severo. En el mundo occidental vivimos todo lo contrario. Tenemos acceso libre a todo tipo de información, sean estas buenas o malas. Podemos comprar los libros que queramos, ya sea de manera física o electrónica. Podemos transitar libremente hasta los templos y escuchar la exposición bíblica. Tenemos la radio, TV, internet, Facebook, Twitter, páginas web, blogs, revistas, etc. Todos estos recursos nos confirman los distintos niveles de información que podemos manejar. En el mundo occidental, los creyentes en Cristo estamos distribuidos  entre diferentes niveles de información. Algunos solo tienen una idea o conocimiento general del tema, mientras otros se encuentran en un nivel especializado. Claro, esa distribución depende mucho del ambiente teológico en el que esté, de los recursos económicos, de su nivel espiritual… Pero la información bíblica teológica no es como en el mundo no occidental. Es por eso que pienso que aunque hay muchos creyentes ignorantes, y como dice el Dr. Miguel Núñez “América Latina debe ser re evangelizada”, con lo que estoy totalmente de acuerdo, aun así la información básica está a la disposición prácticamente de cualquier interesado en conocer la verdad. En el mundo no occidental, aunque estés interesado, se te hará difícil encontrar la información bíblica teológica que necesites. Esta realidad de Occidente nos hace más responsables ante Dios, porque se nos ha dado mucho (Mt. 12:48). Nuestro problema no es saber que existe un Dios creador del universo. Tampoco que se revela en su Palabra, ni que nos envió a su Hijo para que viniera a este mundo a salvarnos. Esa información la sabemos muy bien. Tampoco ignoramos que ese Dios quiere que vivamos en integridad para su Gloria y que nos sometamos a sus principios para que los demás glorifiquen su nombre por nuestro testimonio. Tanto creyentes como no creyentes en el mundo occidental tienen la información necesaria para saber quién es Dios y lo que Él quiere de cada uno de nosotros. En el caso particular del creyente, debemos decir que muchos viven en un antinomianismo, que a pesar de saber lo que las Escrituras dicen, no hacen lo que ellas demandan. Con pesar debo reconocer que esta tensión entre información y decisión se ha dado siempre en el pueblo de Dios. Este pueblo siempre ha tenido la información, pero por sus carnalidades y pecados no ha decidido correctamente. Me pregunto por qué Josué, siendo un anciano, tiene que decirle al pueblo que deben decidir entre Jehová Dios o los demás dioses (Josué 24:15), o por qué el profeta Elías tiene que decirle al mismo pueblo: “… ¿Hasta cuándo vacilaréis entre dos opiniones? Si el Señor es Dios, seguidle; y si Baal, seguidle a él. Pero el pueblo no le respondió ni una palabra” (1 Reyes 18:21 LBLA). Obviamente el problema de ellos no era de información sino de decisión. Cuando vamos al Nuevo Testamento, la realidad no cambia: la tensión entre información y decisión sigue siendo la misma tanto en el creyente como en el no creyente. Comencemos por Herodes y Juan el Bautista: Herodes sabía que estaba mal, su problema no era de información sino de decisión, pues sabía muy bien que tenía que dejar la relación adúltera con su cuñada (Marcos 6: 17-18). Lo vemos también en el joven rico, “se fue muy triste porque tenía muchas posesiones…” (Mateo 19: 22; Marcos 10: 22; Lucas 18: 23). Y también Jesús mientras dirigía un discurso a los líderes judíos indiferentes y hostiles, y a simpatizantes con distintos niveles de compromisos, les dejó ver las demandas de su ministerio, y por tal razón fueron abandonándolo. Es por esto que el Maestro les dice a los doce: “¿Acaso queréis vosotros iros también?” (Juan 6: 67).

¿Qué podemos hacer ante esta realidad?

En primer lugar, debemos volver a las Escrituras, al plan de Dios. Es ahí donde comienza todo. Para poder decidir correctamente no podemos desprendernos del Señor y su Palabra, pues Él revela su voluntad por medio de ella (Josué 1:7-8). En este sentido, Dios y su Palabra son la misma cosa (Juan 1:1, 14; 14: 6; 17:17). En segundo lugar, cuando vamos a tomar decisiones, su Palabra es imprescindible también porque actúa como guía, como luz (Salmo 119:105), y esa luz no solo servirá para nosotros, también servirá para que los demás puedan ver nuestro proceder. El salmista dice que la Palabra del Señor es luz. Jesús mismo dijo que Él es la Luz del mundo (Juan 8:12; 9:15). Además, nosotros somos luces (Mateo 5:14). Si estamos dependientes del Señor y su Palabra seremos luces resplandecientes. No solo tendremos informaciones correctas, sino decisiones correctas. Se cuenta la historia de un anciano que encendía lámparas en un pueblo de Escocia en los primeros días del siglo XX. Llegaba un momento que por ser tantas, el anciano no se veía, pero se sabía que andaba por allí por las luces encendidas en las calles y porque había dejado toda una avenida de luz. Como el anciano, somos encendedores. Según las luces que encendamos, así se sabrá en dónde estamos, y así podremos guiar a otros. En tercer y último lugar, los creyentes comprometidos, al no limitarse a ser consumidores de informaciones, asumen con valentía las demandas propias de las decisiones que toman a la luz de la Palabra de Dios. No les importan los resultados porque saben que están actuando según las Escrituras. Ellas dicen: Encomienda al Señor tu camino, confía en El, que El actuará; hará resplandecer tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. (Salmo 37: 6-5) Quien decide obedecer simplemente confía en un Dios sabio, poderoso y perfecto, que quiere lo mejor para sus hijos porque sabe que su voluntad es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). No le importa los riesgos, sino que se lanza a la gloriosa hazaña de no limitarse a consumir información, sino a decidir por lo que Dios le ha enviado a hacer. J.I. Packer dice en su clásico libro “Hacia el conocimiento de Dios”: “El ilustre teólogo John Mackay en Prefacio a la teología cristiana explica cómo hay creyentes que son apasionados y arriesgados y otros no. El ilustró dos tipos de interés en cuestiones espirituales. Unos están sentados en un balcón de una casa española observando el paso de la gente calle abajo. Los “balconeros”, como él les llama, pueden oír lo que hablan los que pasan y pueden charlar con ellos; pueden comentar críticamente la forma en que caminan los que pasan; o pueden también cambiar ideas acerca de la calle, a dónde conduce, etc. Pero son espectadores, y sus problemas son teóricos únicamente. Los que pasan, en cambio, son los viajeros, y enfrentan problemas que, aunque tienen su lado teórico, son esencialmente prácticos: problemas como qué tipo de camino tomar, cómo hacer para llegar, problemas con el sol, la lluvia, la noche, etc. Tanto los balconeros como los viajeros pueden pensar sobre los mismos asuntos, pero sus problemas son diferentes. Mientras que los “balconeros” ven la vida de manera teórica, los viajeros sufren diariamente todas las dinámicas que se les presenta en su viaje.  Los creyentes comprometidos no solo observan u oyen las informaciones porque no son balconeros. Los creyentes comprometidos toman decisiones como los viajeros, no importando los riesgos del viaje, porque saben que el Señor está con ellos siempre (Mateo 28:20). Los creyentes verdaderos conoceremos las informaciones que necesitamos como viajeros para tomar las decisiones correctas en situaciones normales o en momentos de emergencias. Cuando estamos cerca del Señor conoceremos su voluntad y tendremos el GPS más seguro: “Guiados por la  Palabra del Señor”. Entonces nuestro despegue y aterrizaje serán seguros porque no nos limitamos a sus informaciones sino a las decisiones que Él quiere que hagamos. Estas tensiones siempre las tendremos, pero su gracia está a nuestra disposición para honrarle a la hora de decidir.

La vida penitente

La vida penitente

8/9/2018

Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. (Santiago 2:17)

Si usted se ha apartado de sus pecados y ha tomado el camino de justicia de Dios, llevará una vida transformada. El tema de Primera Juan es que la persona verdaderamente redimida mostrará una vida verdaderamente transformada.

“El que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Jn. 2:5-6).

Quienes enseñan que el arrepentimiento y la vida penitente no son parte necesaria del evangelio no están presentando el evangelio que predicó Jesús. Tal evangelio de presunción y de justicia propia es del mundo, no de Dios.

DERECHOS DE AUTOR © 2018 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

La finalidad del Evangelio

AGOSTO, 09

La finalidad del Evangelio

Devocional por John Piper

Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de Él. Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación. (Romanos 5:9-11)

¿De qué necesitamos ser salvos? El versículo 9 lo expone claramente: de la ira de Dios. Pero ¿es ese el mejor de los premios del evangelio? ¿el más alto, el que nos brinda mayor plenitud y el que más nos satisface?

No lo es. El versículo 10 dice: «mucho más… seremos salvos por su vida». Luego el versículo 11 nos conduce a la finalidad del ser salvos, al afirmar: «Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios».

Esa es la mejor parte, y la primordial, de las buenas nuevas. No hay ningún otro «y no solo esto» después, solo la aclaración de Pablo acerca de cómo lo alcanzamos: «por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación».

El fin del evangelio es «nos gloriamos en Dios». El bien más alto, más profundo y más dulce del evangelio, el que nos brinda la mayor plenitud, es Dios mismo —en quien se regocija su pueblo redimido—.

Dios en Cristo se convirtió en el precio (Romanos 5:6-8), y Dios en Cristo se convirtió también en el premio (Romanos 5:11).

El evangelio consiste en las buenas nuevas de que Dios pagó por nuestro deleite eterno en Dios.


Devocional tomado del sermón “Dios en Cristo: El Precio y Premio del Evangelio”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org