«Ceñido por el pecho con un cinto de oro»

6 de diciembre

«Ceñido por el pecho con un cinto de oro».

Apocalipsis 1:13

A Juan se le apareció en Patmos «uno semejante al Hijo del Hombre», y el discípulo amado observó que el mismo lucía un cinto de oro. Un cinto, porque Jesús, mientras anduvo en la tierra, nunca estuvo desceñido, sino siempre listo para servir; y ahora, delante del Trono eterno, no interrumpe su santo ministerio, sino que, como sacerdote, se ciñe con «el cinto del efod». Resulta alentador para nosotros saber que él no ha dejado de desempeñar su ministerio a nuestro favor; y el hecho de que él viva siempre para interceder por nosotros, es una de nuestras más seguras defensas. Jesús nunca se encuentra ocioso: sus vestiduras jamás están sueltas como si su ministerio hubiese terminado. Al contrario, él promueve diligentemente la causa de su pueblo. Un cinto de oro para demostrar así la superioridad de su servicio, la realeza de su persona, la dignidad de su estado y la gloria de su galardón. Jesús ya no clama desde el polvo, sino que intercede con autoridad como Rey y como Sacerdote. Muy segura está la causa nuestra en manos de nuestro entronizado Melquisedec.

Nuestro Señor da así ejemplo a todo su pueblo: tampoco nosotros debemos desatar nunca nuestros cintos. Este no es tiempo de echarnos a descansar; es, más bien, tiempo de trabajo y de lucha. Necesitamos ceñir más y más estrechamente, en torno a nuestros lomos, el cinto de la verdad. Como se trata de un cinto de oro, el mismo será para nosotros un ornamento muy valioso, el cual necesitaremos grandemente; pues un corazón que no se halle bien atado con la verdad como está en Jesús, y con la fidelidad infundida por el Espíritu, se enredará fácilmente en las cosas de esta vida y se verá sorprendido por los lazos de la tentación. De nada vale que tengamos las Escrituras, si no las atamos con un cinto que nos ciña por completo, manteniendo en orden todas las partes de nuestro carácter y uniendo entre sí todo nuestro ser. Si en el Cielo Jesús no se desata el cinto, mucho menos lo podremos hacer nosotros que estamos sobre la tierra: «Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad» (Ef. 6:14).

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 351). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 6:12–42 | 1 Juan 5 | Habacuc 1 | Lucas 20

6 DICIEMBRE

2 Crónicas 6:12–42 | 1 Juan 5 | Habacuc 1 | Lucas 20

La oración de dedicación que hizo Salomón (2 Crónicas 6:12–42) es uno de los grandes momentos de la historia y teología del Antiguo Testamento. Muchos de sus elementos merecen una reflexión detenida. Aquí sólo haremos algunas consideraciones.

(1) Tanto el principio como el fin de la oración se aferran a Dios como el que cumple el pacto, el cumplidor de promesas original. En particular (y comprensiblemente), a Salomón le interesa la promesa de Dios a David en cuanto a que su linaje continuaría, que su dinastía sería preservada (6:14–17). Algo similar ocurre en la doxología final: “Señor y Dios, no le des la espalda a tu ungido. ¡Recuerda tu fiel amor hacia David, tu siervo!” (6:42).

(2) A pesar de que el templo era, sin duda, una estructura magnífica, y aunque Salomón bien podría sentir algo de orgullo justificado al haberlo completado, su comprensión de la grandeza de Dios es lo suficientemente robusta para permitirle articular, de manera memorable, que ningún templo podría “contener” al Dios que sobrepasa los más altos cielos (6:18). No hay señal alguna de una domesticación tribal de Dios.

(3) La carga principal de la petición de Salomón se puede resumir de manera muy sencilla. En el futuro, cuando los israelitas pequen de manera individual o cuando la nación entera se hunda en uno u otro pecado, si se volvieran de su pecado y oraran hacia el templo, Salomón pide que Dios mismo escuche desde el cielo y perdone su pecado (6:21–39). Hay cuatro elementos asombrosos en estas peticiones.

Primero, hay un reconocimiento asombrosamente realista de lo propensas que son las personas a pecar, incluso a hacerlo tan terriblemente, que algún día puedan ser exiliadas de la tierra. En una ocasión así, cualquier otro hombre se hubiera visto tentado a introducir toda una verborrea sentimental e ilusa sobre la lealtad perpetua y cosas así. Pero no Salomón. Es un hombre sabio y comprende que los pecadores pecan.

Segundo, independientemente de cuán central sea el templo como un foco para las oraciones del pueblo (particularmente, cuando pecan), Dios escuchará sus oraciones no desde el templo, sino desde el cielo, su morada. Una vez más, Dios no queda reducido a la estatura de las deidades tribales que adoraban los paganos de alrededor. La manera de articular esta petición repetida de perdón presenta el papel de Dios como lo crucial: el Dios que llena los cielos, no el templo.

Tercero, en cuanto al templo como un elemento crítico, se ve como el centro de la religión y de una adoración que trata del perdón de los pecados y por tanto restaura a los pecadores con Dios. El corazón del templo no es los coros y las ceremonias, sino el perdón de pecado. En esta época de una espiritualidad mal definida, es vital que recordemos este hecho.

Cuarto, la visión de Salomón se extiende lo suficiente como para incluir a los extranjeros (6:32–33): toda una perspectiva misionera.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 340). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dios escucha (2)

miércoles 6 diciembre

Tú oyes la oración; a ti vendrá toda carne.

Salmo 65:2

Este pobre clamó, y le oyó el Señor, y lo libró de todas sus angustias.

Salmo 34:6

Dios escucha (2)

La Biblia nos dice reiteradamente que Dios escucha. Escucha el clamor de los que sufren, así como sus suspiros. Él es el que escucha la oración.

Entre los hombres, a menudo el menor escucha al mayor: el alumno escucha al profesor, el obrero a su patrón, y es difícil ser escuchado por un hombre que tiene un alto cargo. ¡Pero Dios es totalmente diferente! Es un Dios de bondad que da el primer paso para acercarse a su criatura. Nos escucha, pero no de manera distante, sino cercana y activa: “Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano” (2 Reyes 20:5).

Entonces podemos preguntarnos: Dios escucha, pero yo, por mi parte, ¿le hablo? ¿Lo hago en verdad? Dios no tiene en cuenta la cantidad de nuestras palabras, pero responde a quien se dirige a él con confianza y verdad. Aprendamos a orar con todo nuestro corazón, a expresar nuestras necesidades reales y lo que sentimos (lea Lucas 11:5-8). No se ora con ideas o textos ya preparados, sino con todo nuestro ser.

Oremos con sinceridad, incluso si nos parece que Dios no nos responde. Pensemos en la experiencia de Job y en la respuesta que Dios le dio al final, una respuesta más grande y hermosa de lo que hubiese podido pensar. Como Job, podemos contar todo a Dios, nuestras tristezas, incluso nuestras quejas… y esperar con confianza su respuesta.

“Respondió Job al Señor, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (Job 42:1-2).

(continuará el 8 de diciembre)

Eclesiastés 2:12-3:22 – Santiago 5 – Salmo 138:6-8 – Proverbios 29:9-10

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Ver la realidad de una vida transformada

Ver la realidad de una vida transformada

12/5/2017

Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento. (Hechos 28:30-31) 

El versículo de hoy muestra que, aunque Pablo estaba bajo arresto domiciliario “en una casa alquilada”, siguió predicando. A pesar de las circunstancias, Pablo siguió haciendo lo que se le había llamado a hacer.

Tal vez usted esté pensando: No puedo ir y predicar el evangelio. No puedo ser evangelista, ni maestro bíblico. Estoy atado a mi trabajo. Pero no importa si usted está encadenado a un escritorio, a una línea de montaje en una fábrica, a un aula, a un vehículo o a un puesto de vendedor; todo eso brinda oportunidades de predicar el evangelio. Cuanto peor es su confinamiento, tanto mayor es la oportunidad de brillar con una vida de santidad.

A menudo me dicen lo difícil que es dar testimonio en el centro laboral. Mi respuesta es que por lo general es más difícil dar testimonio en condiciones ideales que en una situación más difícil. Se debe a que en las situaciones difíciles la realidad de una vida transformada es más patente, y eso no puede menos que impresionar a quienes no la han experimentado.

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No hay desvío hacia el Calvario

DICIEMBRE, 05

No hay desvío hacia el Calvario

Devocional por John Piper

Y sucedió que mientras estaban ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito; le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. (Lucas 2:6-7)

Podríamos pensar que si Dios gobierna el mundo hasta el punto de usar el censo de todo un imperio para llevar a María y a José a Belén, entonces sin duda podría haberlos provisto de una habitación en el mesón.

Sí, podría haberlo hecho. También Jesús podría haber nacido en una familia rica. Podría haber convertido la piedra en pan en el desierto. Podría haber llamado a una legión de diez mil ángeles para que lo ayudaran en Getsemaní. Podría haber bajado de la cruz para salvarse a sí mismo. La cuestión no es qué podría haber hecho Dios, sino qué quiso hacer.

La voluntad de Dios era que, aunque Jesús era rico, por nosotros se volviera pobre. Los carteles de «sin habitación disponible» de las posadas de Belén fueron por nosotros. «Por amor a vosotros se hizo pobre» (2 Corintios 8:9).

Dios gobierna todas las cosas, incluso la capacidad de los hoteles, por amor a sus hijos. El camino al Calvario empezó con un cartel de «sin habitación disponible» en Belén y terminó con las escupidas y burlas de la cruz en Jerusalén.

Y no debemos olvidar sus palabras: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz».

Vamos junto a él por el camino del Calvario y lo oímos decir: «Acordaos de la palabra que yo os dije: “Un siervo no es mayor que su señor”. Si me persiguieron a mí, también os perseguirán a vosotros» (Juan 15:20).

Al que clama con entusiasmo: «¡Te seguiré adondequiera que vayas!», Jesús le responde: «Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza».

Sí, Dios podría haber provisto a Jesús de una habitación en el momento de su nacimiento. Pero eso hubiera sido un desvío del camino hacia el Calvario.


Devocional tomado del sermón “A Big God for Little People”

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«Entonces el SEÑOR me mostró cuatro artesanos»

5 de diciembre

«Entonces el SEÑOR me mostró cuatro artesanos».

Zacarías 1:20 (LBLA)

En la visión que se describe en este capítulo, el Profeta ve cuatro cuernos terribles que están acometiendo de una forma y de otra y derribando a los más fuertes y los más poderosos. El Profeta pregunta: ¿Qué son estos? Y se le responde: «Estos son los cuernos que dispersaron a Judá, a Israel y a Jerusalén». El Profeta tenía delante de sí una representación de los poderes que han oprimido a la Iglesia de Dios. Había cuatro cuernos, porque la Iglesia se ve atacada por todas partes. Bien podía el Profeta sentirse consternado; pero, de repente, aparecieron delante de él cuatro artesanos. Y el Profeta pregunta: «¿Qué vienen éstos a hacer?». Esos eran los hombres que Dios había elegido para hacer pedazos a aquellos cuernos. Dios siempre encontrará hombres para su obra, y los encontrará en el momento oportuno. El Profeta no había visto a los artesanos al principio, cuando no era necesario hacer nada, sino solo los «cuernos»; después vio a los «artesanos». Además, el Señor encuentra suficientes hombres. Él no trajo tres artesanos sino cuatro: había cuatro cuernos, por tanto, tenía que haber cuatro obreros. Dios encuentra a los hombres idóneos. No se trataba de cuatro hombres con plumas para escribir; ni cuatro arquitectos para trazar planos; sino cuatro artesanos para hacer trabajos rudos. Ten por cierto, tú que tiemblas por el arca de Dios, que cuando los «cuernos» molesten, se encontrarán los «artesanos» necesarios. No debes inquietarte por la debilidad de la Iglesia en ningún momento. Quizá algún valiente reformador que ha de sacudir a las naciones esté creciendo en el anonimato. Los Crisóstomos pueden salir de nuestras escuelas elementales, y los Agustines, de la más densa oscuridad de la pobreza de cualquier ciudad. El Señor sabe dónde encontrar a sus siervos. Él guarda en secreto una multitud de hombres eficientes quienes, al oír su orden, se levantarán para combatir: «porque la batalla es del Señor», y él obtendrá la victoria. Permanezcamos fieles a Cristo y, a su debido tiempo, él levantará una defensa a nuestro favor, ya sea en el día de nuestra necesidad personal o en un momento de peligro para la Iglesia.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 350). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 5:1–6:11 | 1 Juan 4 | Nahúm 3 | Lucas 19

5 DICIEMBRE

2 Crónicas 5:1–6:11 | 1 Juan 4 | Nahúm 3 | Lucas 19

Una vez construido el templo, el paso final antes de su dedicación era traer el arca del pacto desde el antiguo tabernáculo, que estaba en Sión, la Ciudad de David (parte de Jerusalén) a su nueva morada en el Lugar Santísimo del templo. 2 Crónicas 5:1–6:11 no sólo registra esta transición, sino también las palabras iniciales de Salomón al pueblo antes de su oración de dedicación (ver la meditación de mañana). Tanto el traslado del arca como las declaraciones de Salomón son importantes.

El traslado en sí siguió las disposiciones de la ley: únicamente se permitió a los levitas manejar el arca. Sin embargo, fue un acontecimiento nacional. Los ancianos de Israel y los líderes de las tribus se congregaron de toda la nación para esta gran celebración. El traslado fue acompañado por sacrificios tan espléndidos, que no se pudieron contar ni numerar los animales que se mataron (5:6). Finalmente, se ubicó el arca debajo de las alas de los querubines en el Lugar Santísimo. Como un aparte, el cronista menciona que, en este momento, sólo las tablas de la ley permanecieron en el arca del pacto. Es posible que la urna con maná y la vara de Aarón que había florecido hayan desaparecido cuando el arca estuvo en manos de los filisteos. De todos modos, las orquestas y coros se manifestaron, incluyendo una sección de 120 trompetas. Los cantores alabaron a Dios con el conocido estribillo: “El Señor es bueno; su gran amor perdura para siempre” (5:13).

Dos detalles merecen un comentario especial.

(1) En el pasado, la evidencia de la presencia de Dios en el tabernáculo había sido una nube. Ahora, la misma nube llena el templo; de hecho, la gloria de Dios llena el templo de tal manera que los sacerdotes tuvieron que salir y se encontraron incapaces de entrar para llevar a cabo sus tareas (5:13–14). Esto demuestra que Dios está complacido con el templo; que él mismo había aprobado el traslado del tabernáculo al templo, y sobre todo, que si el templo es su templo, no debe ser domesticado con meros ritos, sin importar cuán espléndidos sean. La gloria de su presencia es lo importante.

(2) Las declaraciones iniciales de Salomón también contribuyeron al sentido de continuidad. Tal vez, algunos puristas se vieron tentados a decir que hubiera sido mejor quedarse con el tabernáculo: después de todo, fue lo que Dios ordenó en el Monte Sinaí. De manera que Salomón recuerda los pasos expuestos por la narrativa hasta este momento: las promesas de Dios a David, la selección de Dios de Jerusalén y de esta ubicación del templo, la elección de Dios de Salomón en vez de David para hacer la construcción, y así debía ser. Por tanto, el templo no fue una innovación cuestionable, sino todo lo contrario: fue el próximo paso en la historia de la redención y en el cumplimiento de las promesas buenas de Dios (6:10–11).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 339). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Los cuidados de Dios

martes 5 diciembre

Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré.

Ezequiel 34:12

Los cuidados de Dios

Durante la segunda guerra mundial, un cristiano formaba parte de una patrulla de reconocimiento nocturno muy cercana de las líneas enemigas. Era necesario guardar silencio absoluto. Desgraciadamente a menudo los cordones de sus polainas se soltaban y él debía agacharse para volver a hacer el nudo, luego debía correr para unirse nuevamente a la patrulla. A la tensión de sentirse cerca del enemigo se añadía la contrariedad que le causaban estos incidentes.

Cuando se agachó nuevamente para atar los cordones, una ráfaga de metralleta lanzada justo en su dirección pasó por encima de él. Salvó su vida gracias a ese cordón recalcitrante. Comprendió que Dios había empleado ese medio para protegerlo, y emocionado le dio las gracias.

A veces el Señor permite situaciones en nuestra vida que nos molestan. Quiere detenernos en el camino que hemos emprendido, para que aprendamos a dominarnos o para protegernos. Nuestra primera reacción a menudo es un sentimiento de rebeldía, no comprendemos el porqué de lo que sucede.

El profeta Oseas nos muestra los cuidados de Dios, incomprendidos por su pueblo. “Contra mí se rebelaron; yo los redimí” (Oseas 7:13). “No conoció que yo le cuidaba… los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo” (Oseas 11:3).

El Señor siembra nuestras vidas con sus manifestaciones de amor, pero nosotros no las percibimos en el momento. Confiemos en él y aprenderemos a verlas.

Eclesiastés 1:1-2:11 – Santiago 4 – Salmo 138:1-5 – Proverbios 29:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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PRESO POR CRISTO

PRESO POR CRISTO

12/4/2017

Mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. (Filipenses 1:13) 

El apóstol Pablo siempre se consideró un preso por la causa de Cristo; nunca por un delito. Estaba encadenado porque creía en Cristo, lo predicaba y lo representaba.

Desde el punto de vista de Roma, Pablo era un preso encadenado a un guarda romano. Pero desde la perspectiva de Pablo, los guardas romanos eran esclavos cautivos encadenados a él. El resultado de tal confinamiento fue que la causa de Cristo se había llegado a conocer “en todo el pretorio”. Lejos de ser una condición opresiva, a Pablo se le había dado la oportunidad de dar testimonio de Cristo a cada guardia asignado a él, cada seis horas.

¿Qué veían los soldados? Veían el carácter santo de Pablo, su misericordia, su paciencia, su amor, su sabiduría y su convicción. Al convertirse los miembros de la guardia de palacio, se difundía la salvación más allá de ellos hasta “los de la casa de César” (Fil. 4:22).

Por muy difícil que pueda parecer a primera vista, nadie es demasiado difícil de evangelizar.

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Por los pequeños hijos de Dios

DICIEMBRE, 04

Por los pequeños hijos de Dios

Devocional por John Piper

Y aconteció en aquellos días que salió un edicto de César Augusto, para que se hiciera un censo de todo el mundo habitado. Este fue el primer censo que se levantó cuando Cirenio era gobernador de Siria. Y todos se dirigían a inscribirse en el censo, cada uno a su ciudad. Y también José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, para inscribirse junto con María, desposada con él, la cual estaba encinta.(Lucas 2:1-5)

¿Alguna vez pensó cuán increíble es que Dios haya predestinado que el Mesías naciera en Belén (como anticipa la profecía de Miqueas 5); y que también haya decretado que, cuando llegara el tiempo, tanto la madre del Mesías como su padre legal estuvieran viviendo en Nazaret; y que, para cumplir con su palabra y hacer que aquellas dos pequeñas personas llegasen a Belén para esa primera Navidad, Dios pusiese en el corazón de César Augusto el deseo de hacer un censo de todo el imperio romano para que cada persona se registrase en su propio pueblo de origen?

¿Alguna vez se sintió, al igual que yo, pequeño e insignificante en un mundo poblado de siete mil millones de personas, donde todas las noticias tratan de grandes movimientos políticos, económicos y sociales, o de personas destacables llenas de poder y prestigio?

Si la respuesta a esa pregunta es sí, no se sienta triste ni desanimado. Las Escrituras dejan entrever que todas las gigantescas fuerzas políticas y todos los enormes complejos industriales, sin siquiera saberlo, están siendo guiados por Dios, no para obtener sus propios fines, sino por causa de los pequeños hijos de Dios: personas pequeñas como María y José, que tienen que ser llevados de Nazaret a Belén. Dios dirige imperios para bendecir a sus hijos.

No piense que, porque está atravesando adversidades, la mano de Dios se ha acortado. No es nuestra prosperidad, sino nuestra santidad lo que él busca de todo corazón. Con ese fin, él gobierna el mundo entero. Así lo expresa Proverbios 21:1: «Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del Señor; Él lo dirige donde le place».

Él es un Dios grande para gente pequeña. Tenemos grandes motivos para regocijarnos: sin saberlo, todos los reyes, presidentes, primeros ministros y cancilleres del mundo cumplen los decretos soberanos de nuestro Padre que está en los cielos para que sus hijos seamos conformados a la imagen de su Hijo, Cristo Jesús.


Devocional tomado del sermón “A Big God for Little People

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