«Procuró el bienestar de su pueblo»

28 de noviembre

«Procuró el bienestar de su pueblo».

Ester 10:3

Mardoqueo era un verdadero patriota; por eso, cuando lo elevaron a la más alta posición en el reinado de Asuero, utilizó su influencia para promover la prosperidad de Israel. En esto es figura de Jesús, quien, en su trono de gloria, no busca lo suyo, sino que emplea su poder en beneficio de su pueblo. Sería bueno que cada cristiano fuera un Mardoqueo para la Iglesia, procurando, en la medida de su capacidad, la prosperidad de esta. Algunos están colocados en puestos de riqueza y de influencia: los tales debieran honrar al Señor en esas posiciones elevadas de la tierra, testificando de Jesús delante de los grandes hombres. Otros tienen lo que es mucho mejor: a saber, una comunión íntima con el Rey de reyes. Que los tales intercedan diariamente por los débiles del pueblo del Señor, por los que dudan, por los tentados y por los desconsolados. Si interceden incesantemente por aquellos que, estando en tinieblas, no se atreven a acercarse al trono de la gracia, gozarán de gran estima. Los creyentes instruidos pueden servir grandemente al Señor si emplean sus talentos para el bien de todos e invierten sus riquezas de sabiduría celestial a favor de otros, enseñándoles las cosas de Dios. El muy pequeño en nuestro Israel puede, por lo menos, buscar el bienestar de su pueblo y, si no tiene posibilidades de dar otra cosa que su deseo, este será bien recibido. La carrera más cristiana y más feliz para un creyente es dejar de vivir para sí mismo: el que bendice a otros, no perderá su propia bendición. Por otra parte, el buscar nuestra propia grandeza es un plan de vida perverso y desdichado, pues su curso resultará penoso y su final será nefasto.

Amigo mío, este es el momento de preguntarte si estás procurando fomentar, con todas tus fuerzas, la prosperidad de la Iglesia en el lugar donde vives. Espero que no estés perjudicándola con rencores y escándalos, ni debilitándola con tu negligencia. Amigo, únete a los pobres del Señor; comparte sus aflicciones; hazles todo el bien que puedas, y no perderás tu recompensa.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 343). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

1 Crónicas 24–25 | 1 Pedro 5 | Miqueas 3 | Lucas 12

28 NOVIEMBRE

1 Crónicas 24–25 | 1 Pedro 5 | Miqueas 3 | Lucas 12

Uno de los pasajes del Nuevo Testamento que mejor ilustra el ministerio cristiano es 1 Pedro 5:1–4.

El apóstol Pedro se dirige a los ancianos, a quienes también llama “obispos” y “pastores” (ver meditación del 2 de noviembre). De hecho, se posiciona a sí mismo como “anciano también con ellos” en vez de hablarles en calidad de apóstol. Ahora bien, eso no le impide aludir a uno de los factores que le separa de la mayoría de los otros ancianos: fue “testigo de los padecimientos de Cristo” (5:1). Pero aun al distinguir su propia experiencia de la de ellos, lo hace de tal manera que, en vez de fijar la atención sobre sí mismo, apunta a Cristo y a sus sufrimientos.

Exhorta a estos ancianos a “cuidad como pastores el rebaño de Dios que está a su cargo” (5:2). Los pastores dirigen, crían, curan, protegen, disciplinan, alimentan y cuidan de sus ovejas. La tarea incluye la supervisión, según la visión de Pedro. Luego añade tres cláusulas con el formato de “no esto… sino aquello” y todas resumen el ministerio cristiano de manera reveladora:

(1) “No por fuerza, sino voluntariamente” (5:2): el mero deber jamás será suficiente. Es triste saber que los ministros del evangelio se pueden sentir atrapados y es posible que “sirvan” sencillamente porque sienten la obligación de hacerlo, por no hacer quedar mal a nadie o porque no están capacitados para realizar otra cosa. Al llegar a ese punto, es hora de efectuar un cambio en el corazón o salir del ministerio. Tiene que haber una disposición del corazón para servir de esta manera, aun en medio de la desilusión y el sufrimiento, así como nuestro Señor convirtió la voluntad del Padre en la suya propia.

(2) “No… por ambición de dinero, sino con afán de servir” (5:2): este no es un trabajo que gana dinero por hora o por unidad; no es una profesión que se asocie con un nivel económico alto. Desafortunadamente, los evangelistas de la televisión y algunos otros han distorsionado esta imagen. Mientras que algunas iglesias son mezquinas con sus ministros (“Señor, tú los mantienes humildes y nosotros los mantenemos pobres”), estos responden a veces con un craso materialismo que resulta igual de impropio. En los mejores casos, la iglesia es constantemente generosa, y los ministros le dan poca importancia a las posesiones materiales. Los pastores deben estar motivados principalmente por un deseo de servir.

(3) “No seáis tiranos con los que están a vuestro cuidado, sino sed ejemplos para el rebaño” (5:3): aquí se nos presenta un estilo de liderazgo que debería descartar del ministerio a todos los sedientos de poder (aunque, tristemente, a veces personas de este tipo llegan a ocupar posiciones de las cuales deberían ser excluidas). Los pastores tendrían que estar más preocupados por ser un buen ejemplo que por ejercer su autoridad.

Ningún ministro es más que un pastor auxiliar. Todos deberán rendir cuentas al “Pastor supremo” y sólo él recompensa a su equipo (5:4).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 332). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Tiempo de nacer, y tiempo de morir.

Tiempo de nacer, y tiempo de morir.

Eclesiastés 3:2

(Jesús dijo:) Porque yo vivo, vosotros también viviréis.

Juan 14:19

Así estaremos siempre con el Señor.

1 Tesalonicenses 4:17

¡Oh tiempo, detén tu vuelo!

Mediante este verso, el poeta Lamartine expresa aquello con lo que quizá soñamos en grandes momentos de felicidad: detener el tiempo.

Nuestra vida está ligada al tiempo. Incluso durante nuestro sueño, el tiempo no cesa de correr; ¡somos sus prisioneros! El hombre, criatura de Dios, está atado al tiempo mientras viva en la tierra. Solo Dios, el Creador de los cielos y de la tierra, no tiene principio ni fin.

El hombre nace y vive en la tierra; y si la muerte de nuestro cuerpo pone término a nuestra vida en la tierra, la Biblia nos dice que este no es el fin de nuestra existencia. ¿Podemos considerar serenamente ese paso al más allá?

Por medio de la muerte el cristiano entra en la presencia de Jesús, donde espera la resurrección para la vida eterna. Jesús dijo al malhechor arrepentido: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Cuando usted cierre los ojos por última vez, ¿será para estar también junto a Jesús, quien declaró: “Yo soy la resurrección y la vida”? (Juan 11:25).

Cada segundo que pasa nos acerca inexorablemente al término de nuestra vida terrenal. Si usted creyó en el Señor Jesús, tiene una esperanza, “porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él” (1 Tesalonicenses 4:14). ¡Nuestra felicidad es estar ahora y para siempre con Jesús!

Job 34 – Colosenses 1:15-29 – Salmo 135:1-7 – Proverbios 28:21-22

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

DEJE ESOS MALOS HÁBITOS

DEJE ESOS MALOS HÁBITOS

11/27/2017

El efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre.

(Isaías 32:17)

La conducta limpia produce paz y estabilidad espiritual, pero la conducta pecaminosa produce inestabilidad. Eso es así no solo en el reino milenario, donde un día Cristo gobernará la tierra con justicia, como lo indica el versículo de hoy, sino también en la vida del creyente. Jacobo el hermano de Jesús dijo: “La sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica… Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Stg. 3:17-18).

Contentamiento, consuelo, calma, quietud y tranquilidad acompañan a la conducta cristiana, que se basa en la Palabra de Dios. Hacer lo bueno no es solamente la manera de vencer lo malo (Ro. 12:21), sino también la práctica que se espera de todo creyente. Al cultivar buenos hábitos gracias al poder de Dios, disminuirán sus malos hábitos, y su vida será más estable.

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Cómo magnificar a Dios

NOVIEMBRE, 27

Cómo magnificar a Dios

Devocional por John Piper

Con cántico alabaré el nombre de Dios, y con acción de gracias le exaltaré. (Salmo 69:30)

Hay dos formas de exaltar algo, o «magnificar» (como dice la versión en inglés [ESV] de este salmo) su tamaño: con un microscopio o con un telescopio. El primero hace que algo pequeño se vea más grande de lo que es. El segundo hace que algo grande se comience a ver tan grande como es en realidad.

Cuando David dice: «con acción de gracias le [magnificaré]», no está queriendo decir que hará que un Dios pequeño se vea más grande de lo que es, sino más bien: «Haré que un Dios grande empiece a verse tan grande como en realidad es».

No fuimos creados para ser como microscopios, sino telescopios. Los cristianos no fuimos llamados a ser vendedores astutos que magnifican su producto fuera de proporción cuando ellos saben que el producto de sus competidores es superior. No hay nada ni nadie que supere a Dios. Por lo tanto, el llamado para aquellos que aman a Dios es a hacer que la grandeza de Dios se comience a ver tan inmensa como en realidad es.

Todo el deber cristiano se puede resumir en sentir, pensar y actuar de modo que Dios se vea tan grandioso como en realidad es; ser para el mundo un telescopio de la inconmensurable riqueza de la gloria de Dios.

Ese es el significado de magnificar a Dios para los cristianos. Pero no podemos magnificar aquello que no hemos visto o que hemos olvidado rápidamente.

Por lo tanto, nuestra primera tarea es ver y recordar la grandeza y la bondad de Dios. Por eso oramos a Dios: «abre los ojos de mi corazón»; y predicamos a nuestras almas: «alma mía… no olvides ninguno de sus beneficios».


Devocional tomado del libro “I Will Magnify God with Thanksgiving!”

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«El perdón de pecados según las riquezas de su gracia»

27 de noviembre

«El perdón de pecados según las riquezas de su gracia».

Efesios 1:7

¿Podrá haber en cualquier idioma una palabra más dulce que la palabra «perdón», cuando esta suena en los oídos de un pecador culpable como sonaban las notas de las trompetas de plata del jubileo en los oídos de un siervo israelita? ¡Bendita, bendita sea por siempre esa amada estrella del perdón que proyecta su luz adentro de la celda de un condenado y da al que perece un rayo de esperanza en medio de su desesperación! ¿Es posible que el pecado, mi pecado, sea perdonado, perdonado enteramente y para siempre? Como pecador, merezco el Infierno. No hay posibilidad de que me libre de él mientras el pecado permanezca en mí. Ahora bien, ¿puede quitarse el peso del pecado y borrase su mancha escarlata? ¿Podrán las diamantinas piedras de mi prisión desprenderse alguna vez de su lugar o las puertas saltar de sus bisagras? Jesús me dice que aún puedo ser justificado. Bendita sea por siempre la revelación del amor expiatorio que no solo me hace saber que el perdón es posible, sino que garantiza ese perdón para todo el que descansa en Jesús. Yo he creído en la propiciación, he creído en Jesús crucificado y, por tanto, mis pecados están ahora y para siempre perdonados en virtud de sus dolores y de su muerte sufrida en mi lugar. ¡Cuánto gozo produce esto! ¡Qué felicidad supone estar perfectamente perdonado! Mi alma consagra todas sus virtudes a Jesús, quien, por su amor impagable, se convirtió en mi Fiador y efectuó mi redención por medio de su sangre. ¡Qué riquezas de gracia revela ese perdón gratuito que perdona total, plena, libre y eternamente! He aquí una constelación de portentos; y cuando pienso en lo horrendos que fueron mis pecados, lo preciosas que eran las gotas de sangre que me limpiaron de ellos y cuánta gracia caracterizó a la forma en que se me concedió el perdón, adoro a Dios con profundo agradecimiento. Me inclino delante del Trono que me absuelve, abrazo la cruz que me liberta y, de aquí en adelante, serviré todos los días a ese Dios humanado por quien esta noche soy un alma perdonada.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 342). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

1 Crónicas 23 | 1 Pedro 4 | Miqueas 2 | Lucas 11

27 NOVIEMBRE

1 Crónicas 23 | 1 Pedro 4 | Miqueas 2 | Lucas 11

En ciertos aspectos, la estructura de vida de los israelitas, incluyendo algunas facetas de su vida religiosa, cambiaron cuando el pueblo entró en tierra prometida y dejaron de ser nómadas. Los primeros cambios fueron obvios. El Señor ya no envió la porción diaria de maná: la gente tuvo que empezar a recolectar su comida y a sembrar. Comenzó la urbanización. Las leyes del sábado se fueron aplicando cada vez más al comercio y al mercado, al igual que a la vida agraria.

Ahora, con el establecimiento de la monarquía y la inminente construcción del templo, se produce mucha mayor organización y centralización. En particular, David se preocupa, no sólo por proveerle a Salomón los medios para construir el templo, sino además por sentar las bases de una nueva estructura organizativa que será necesaria para mantenerlo operante. Estos asuntos son de principal interés en 1 Crónicas 23–26.

Ya en 1 Crónicas 23, David mismo reflexiona sobre los cambios que están por venir. Uno de los deberes de los levitas en el pasado, desde los años del desierto, era recoger y transportar el tabernáculo de la manera ordenada, siempre que el Señor indicara que era hora de moverse. David reflexiona sobre el hecho de que el Señor ahora le ha dado “descanso” a su pueblo: están en la tierra prometida. Además, ha escogido “habitar en Jerusalén para siempre” (23:25), así que algunas de las tareas de los levitas deben cambiar: “los levitas ya no tienen que cargar el santuario ni los utensilios que se usan en el culto” (23:26). Mientras tanto, se introducen nuevas funciones: se piensa más sobre los coros del templo y, por ende, sobre escuelas de música y entrenamiento.

Así, se reorganizan los levitas. Se dividen en familias principales, clanes menores y demás cosas por el estilo. Además, el templo y sus necesidades ya no van a dominarlo todo. Es cierto que los siguientes capítulos se centran en el tipo de tareas que llevarán a cabo los que sirven en el templo; no sólo los deberes directamente sacerdotales y las tareas menores que conlleva el templo, sino las responsabilidades mayores de mantenimiento, finanzas y administración. No obstante, desde el principio los sacerdotes también tenían que enseñarle la ley al pueblo y servir de “gobernadores y jueces”. Para esto último, David nombró a seis mil levitas (23:4).

De todo ello, derivamos lecciones importantes. Primeramente, nos enseña a contextualizar dentro del canon; es decir, nos muestra cómo tomar los viejos supuestos de la revelación y adaptarlos a un nuevo contexto sin sacrificarlos. A medida que la iglesia se ha expandido hacia nuevos contextos culturales, debemos abordar este tipo de preguntas una y otra vez. Unos se aferrarán a lo que es mero tradicionalismo de otra cultura; otros comenzarán a abandonar lo que en efecto dice la Escritura. Lo que realmente necesitamos es fidelidad y flexibilidad.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 331). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.

El día del Señor vendrá así como ladrón en la noche… Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón… Seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.

1 Tesalonicenses 5:2-10

Esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.

Filipenses 3:20

Como Salvador o como ladrón

El Señor Jesús volverá pronto. Su regreso, que tendrá lugar en dos etapas distintas, es presentado bajo dos caracteres diferentes: vendrá como el “Salvador” esperado o “como ladrón”.

La venida de un ladrón tiene tres caracteres: es indeseada, inesperada, y empobrece a quien recibe su visita. ¡Qué contraste con la manera en la que el Señor Jesús vendrá por los suyos!

Es deseado: el apóstol Pedro nos dice que, aunque no lo hayamos visto, lo amamos y nos alegramos “con gozo inefable y glorioso” (1 Pedro 1:8). Pablo habla de “los que aman su venida” (2 Timoteo 4:8) y de nuestra “esperanza bienaventurada” (Tito 2:13).

Es esperado: los que tienen fe en su promesa son llamados “los que le esperan” (Hebreos 9:28). A los burlones que les dicen: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento?”, les responden con las Santas Escrituras: “El Señor no retarda su promesa” (2 Pedro 3:4, 9).

Enriquecerá a los suyos: Cristo los revestirá con un nuevo cuerpo, semejante al “cuerpo de la gloria suya” (Filipenses 3:21); los hará entrar en posesión de su herencia eterna (Filipenses 3:20-21; Hebreos 9:15).

Job 33 – Colosenses 1:1-14 – Salmo 134 – Proverbios 28:19-20

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Jesús ora por nosotros

NOVIEMBRE, 26

Jesús ora por nosotros

Devocional por John Piper

Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos. (Hebreos 7:25)

Cristo es poderoso para salvar completamente para siempre, ya que vive perpetuamente para interceder por nosotros. En otras palabras, no podría salvarnos para siempre si no continuara intercediendo por nosotros para siempre.

Esto significa que nuestra salvación es tan segura como el sacerdocio de Cristo es indestructible. Por eso es que necesitamos un sacerdote mucho más grande que cualquier humano. La deidad de Cristo es garantía de su indestructible sacerdocio por nosotros.

Por lo tanto, no deberíamos hablar de nuestra salvación en los términos estáticos en que solemos hacerlo, como si dependiera de una decisión que una vez tomé y una obra que Cristo una vez llevó a cabo al morir y resucitar, y eso fuese todo. La salvación no se trata únicamente de eso.

Hoy mismo estoy siendo salvo por la eterna intercesión de Jesús en el cielo. Jesús está orando por nosotros y en eso consiste nuestra salvación.

Somos salvos para siempre por las eternas intercesiones de Jesús (Romanos 8:34) y porque Cristo aboga en nuestra defensa (1 Juan 2:1) en el cielo como nuestro sumo sacerdote. Él ora por nosotros, y sus oraciones hallan respuesta porque son perfectas y están basadas en su perfecto sacrificio.


Devocional tomado del sermón “Jesús: de Melquizedec a Salvador Eterno”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«Se alegrarán y verán la plomada en la mano de Zorobabel»

26 de noviembre

«Se alegrarán y verán la plomada en la mano de Zorobabel».

Zacarías 4:10

Las pequeñeces marcan el principio de la obra en la mano de Zorobabel, pero ninguna de ellas debe despreciarse, pues el Señor ha levantado a uno que perseverará hasta que saque la primera piedra con aclamaciones. La plomada estaba en buenas manos. Aquí reside el consuelo de todo creyente en el Señor Jesús: no importa que la obra de gracia sea siempre tan pequeña en sus comienzos. ¡La plomada está en buenas manos! Un maestro de obras mayor que Salomón ha emprendido la edificación del Templo celestial y él no dejará ni se desalentará hasta acabar el edificio. Si la plomada estuviera en la mano de un ser meramente humano, podríamos temer por la edificación, pero el deseo del Señor prosperará en las manos de Jesús. Las obras no prosiguieron irregularmente y sin cuidado, pues la mano del constructor tenía una buena herramienta. Si se hubieran edificado las murallas sin la debida dirección no habrían estado verticales, pero era el eximio oficial quien utilizaba la plomada. Jesús está siempre vigilando la construcción de su Templo espiritual para que este se edifique con seguridad y con arte. Nosotros optamos por la prisa, Jesús opta por la prudencia. Él utilizará la plomada, y lo que no esté alineado tendrá que derribarse. De ahí el fracaso de muchas obras halagüeñas, la ruina de muchas brillantes profesiones. No nos corresponde a nosotros juzgar a la Iglesia del Señor, pues Jesús tiene mano firme y buena vista, y puede emplear bien la plomada. ¿No nos regocijamos de ver que el juicio se le ha confiado a él?

La plomada estaba en uso, pues se hallaba en la mano del constructor: un indicio seguro de que él se proponía proseguir la obra hasta su culminación. ¡Oh Señor Jesús, cómo nos alegraríamos si, en realidad, pudiésemos verte en tu gran obra! ¡Oh Sion, la hermosa, tus muros están en ruinas aún! Levántate, glorioso Edificador, y haz que sus desolaciones se regocijen con tu venida.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 341). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.