«Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles»

30 de noviembre

«Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles».

Apocalipsis 12:7

Siempre habrá guerras entre estos dos grandes reinos hasta que uno u otro sea aplastado. Es imposible que reine la paz entre el bien y el mal: la sola pretensión de que pudiera existir tal paz supondría el triunfo de las fuerzas de las tinieblas. Miguel siempre luchará: su alma santa detesta el pecado y no lo tolerará. Jesús será siempre el enemigo del Dragón: no de un modo pacífico, sino activo, vigoroso, firmemente resuelto a exterminarlo. Todos sus siervos, ya sean ángeles del Cielo o mensajeros en la tierra, quieren y deben luchar también. Ellos nacieron para ser soldados y pactaron ante la cruz no admitir tregua alguna con el mal. Constituyen una compañía belicosa, firme en la defensa y aguerrida en el ataque. La obligación de cada soldado es servir en el ejército del Señor todos los días, con todo el corazón, toda el alma y todas las fuerzas, luchando contra el Dragón.

El Dragón y sus ángeles no decaerán en la lucha, pues son incansables en sus embestidas y emplean todas las armas posibles, ya sean legítimas o ilegítimas. Es una necedad pretender servir a Dios sin oposición. Cuanto más celosos seamos, tanto más atacados seremos por los esbirros del Infierno. La Iglesia puede mostrarse indolente, pero no así su gran Adversario: su incansable espíritu jamás permite que la guerra cese. El Dragón odia a la simiente de la mujer, y de buena gana devoraría a la Iglesia si pudiese. Los siervos de Satanás participan ampliamente de las energías de ese antiguo dragón y, por lo regular, constituyen una raza activa. La guerra ruge en todas partes y es peligroso y fútil soñar con la paz.

¡Gloria a Dios que nosotros conocemos el fin de la guerra! El gran Dragón será echado fuera y destruido para siempre, mientras que Jesús y los suyos recibirán la corona. Afilemos nuestras espadas en esta noche y pidamos al Espíritu Santo que fortalezca nuestros brazos para la lucha. Nunca hubo una batalla tan importante como esta, nunca una corona tan gloriosa. Que cada hombre esté en su puesto, ¡oh soldados de la cruz!, y que el Señor aplaste pronto a Satanás debajo de vuestros pies.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 345). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

1 Crónicas 28 | 2 Pedro 2 | Miqueas 5 | Lucas 14

30 NOVIEMBRE

1 Crónicas 28 | 2 Pedro 2 | Miqueas 5 | Lucas 14

Ya hemos observado que 1 y 2 Crónicas son diferentes de los libros de Samuel y de Reyes (aunque las Crónicas cubren aproximadamente el mismo período de la historia que Samuel y Reyes) porque le pone mucho más énfasis al reino del sur, Judá, una vez se divide la monarquía. Aun en esta coyuntura, sin embargo, durante el período de la monarquía unida, 1 y 2 Crónicas expanden enormemente todo lo que tenga que ver con el templo.

En este marco, 1 Crónicas 28 revela un poco más de detalle, no sólo de la transferencia de poder de David a Salomón, sino del origen de los planes del templo. Sobre esto último, David insta al pueblo a servir bien a Salomón; exhorta a Salomón a servir a Dios el Señor con todo su corazón: “pues el Señor escudriña todo corazón y discierne todo pensamiento. Si lo buscas, te permitirá que lo encuentres; si lo abandonas, te rechazará para siempre” (28:9). En particular, David encomienda a Salomón la construcción del templo, para la cual David mismo había hecho una gran provisión (29:10, 20–21). No se informa nada sobre el intento de Adonías, hijo de David, de usurpar el trono antes de que Salomón fuera coronado, ni de la manera como Betsabé protegió estratégicamente a su hijo Salomón (1 Reyes 1); nada se menciona sobre la sustancial lista de otras disposiciones que David le dejó a Salomón (1 Reyes 2). Todo el énfasis aquí es sobre el traslado de poder y cómo afecta a la construcción del templo.

Hay un nuevo elemento de crucial importancia. Se nos dice que David le dio a Salomón “También le entregó el diseño de todo lo que había planeado para los atrios del templo del Señor, para los cuartos de alrededor, para los tesoros del templo de Dios y para los depósitos de las ofrendas sagradas” (28:12), así como las divisiones de los sacerdotes y levitas, la cantidad de oro o plata que debía utilizar en los instrumentos y otras cosas más (28:13–17). Sobre todo, “también le dio el diseño de la carroza y de los querubines que cubren con sus alas extendidas el arca del pacto del Señor” (28:18) en el Lugar Santísimo. “Todo esto —dijo David— ha sido escrito por revelación del Señor, para darme a conocer el diseño de las obras” (28:19).

Esta es la contrapartida al énfasis constante de Éxodo sobre el hecho de que Moisés y sus colaboradores construyeron el tabernáculo en cumplimiento exacto de los planos que Moisés recibió en el monte. Luego, esto se recoge en Hebreos 8:5, demostrándose que el tabernáculo era sólo una copia de un original mayor (ver la meditación del 14 de marzo). Implícitamente, el mismo cuidado se emplea en la construcción del templo y esta vez, David sirve de mediador en vez de Moisés.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 334). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La intervención del relojero

jueves 30 noviembre

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo el Señor… pruebo el corazón.

Jeremías 17:9

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros.

Ezequiel 36:26

La intervención del relojero

Hay pocas personas realmente satisfechas con su vida. La gente se queja de todo: de los demás, del tiempo, de la mala suerte, de Dios, a quien fácilmente hacen responsable de todos los problemas. Y cada uno desea tal o cual cambio que le daría la alegría de vivir.

Es cierto que hay algo que debe cambiar en mi vida. Pero hay que determinar primeramente con honestidad la verdadera causa de mis decepciones e inquietudes. La Palabra de Dios me dice qué es. Lo que me impide ser feliz no son las circunstancias de mi vida, sino más bien mi estado interior. No son solo los demás, sino ante todo yo mismo. ¡No son mis costumbres, sino mi corazón!

El corazón es malo, declara la Escritura, y es responsable de mi perpetua insatisfacción. ¡Ahí es donde debe haber un cambio! ¿Lo conseguiré mediante mis esfuerzos personales? La Biblia no deja que me haga ilusiones con respecto a este punto. Cambiar nuestro corazón es imposible. Un reloj roto no puede funcionar sin la intervención del relojero, y para nosotros es la de nuestro Creador. Aquel que nos dio la vida también quiere dar, por Jesucristo, la vida nueva, un corazón nuevo, a todo el que se reconoce pecador y cree que Jesús murió por sus pecados.

“Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:4-5).

Job 37 – Colosenses 3 – Salmo 135:15-21 – Proverbios 28:25-26

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

EL EJERCICIO HACE MAESTRO AL NOVICIO

EL EJERCICIO HACE MAESTRO AL NOVICIO

11/29/2017

Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced. (Filipenses 4:9) 

En el versículo de hoy, el apóstol Pablo subraya que los creyentes de Filipos necesitaban practicar lo que aprendieron, recibieron, oyeron y vieron en su vida.

En primer lugar, aprendieron de su instrucción personal, que incluía la predicación, la enseñanza y la disciplina (cp. Hch. 20:20). Él presentaba las verdades del Antiguo Testamento y el significado de la reve­la­ción del Nuevo Testamento, explicando cómo se apli­ca­ban a la vida de ellos.

Además, lo que recibieron de Pablo era la revelación directa de Dios. La Biblia pone en claro que Pablo recibió directa revelación del Señor y luego la dio a conocer a los creyentes (cp. 1 Co. 11:2; 15:1-3; 1 Ts. 4:1).

De otras fuentes también oyeron acerca del carácter, de la manera de vivir y de la predicación de Pablo. Estaban conscientes de su impecable reputación.

Y lo que vieron los creyentes de Filipos en Pablo sabían que era cierto por experiencia propia.

Al igual que la de Pablo, su vida debe ser digna de imitación por los demás creyentes. Así que “sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Stg. 1:22).

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Lo único que puede limpiar nuestra conciencia

NOVIEMBRE, 29

Lo único que puede limpiar nuestra conciencia

Devocional por John Piper

¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará vuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?(Hebreos 9:14)

Aquí estamos en la era moderna —la era de Internet, los teléfonos inteligentes, los viajes al espacio y los trasplantes de corazón—, y nuestros problemas siguen siendo, en esencia, los mismos de siempre: nuestra conciencia nos condena y nos hace sentir que no somos aceptos delante de Dios. Estamos separados de Dios.

Podemos cortar nuestro propio cuerpo, arrojar a nuestros hijos en un río sagrado, dar millones de dólares a obras de beneficencia, servir en un comedor comunitario, cumplir cien penitencias distintas o infligirnos cien tipos de heridas, y el resultado será el mismo: la mancha permanece y la muerte nos aterra.

Sabemos que nuestra conciencia está corrompida, no por elementos externos como por tocar un cadáver, un lienzo sucio o una porción de cerdo. Jesús dijo que lo que contamina es lo que sale del hombre, no lo que entra en él (Marcos 7:15-23). Estamos contaminados por actitudes como el orgullo, la autocompasión, la amargura, la lujuria, la envidia, los celos, la codicia, la apatía y el temor.

La única solución en esta era moderna, como para cualquier otra época, es la sangre de Cristo. Cuando nuestra conciencia se levanta y nos condena, ¿adónde iremos? Hebreos 9:14 nos da la respuesta: a Cristo.

Volvamos la mirada a la sangre de Cristo. Volvámonos al único agente limpiador en todo el universo que nos puede dar alivio en vida y paz en la muerte.


Devocional tomado del sermón “Purificados para servir al Dios vivo”

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«Especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático»

29 de noviembre

«Especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático».

Éxodo 35:8

Mucho se utilizaba este aceite de la unción bajo la ley, y lo que el mismo representaba es de capital importancia para el evangelio. Si queremos servir al Señor de manera aceptable, nos es indispensable la presencia del Espíritu Santo, pues es él quien nos unge para todo servicio santo. Sin su ayuda, nuestro servicio cristiano es solo una vana oblación y nuestra experiencia una cosa muerta. Sin esa unción, tampoco valen nada las oraciones, las alabanzas, las meditaciones y los esfuerzos de los cristianos en particular. Una unción santa es el alma de una vida piadosa; la ausencia de esa unción constituye la más grave de todas las calamidades. Presentarse delante del Señor sin unción sería como si un levita cualquiera entrase por sí mismo en la función sacerdotal: el ministerio de dicho levita sería más bien pecado que un servicio aceptable. Nunca nos aventuremos a celebrar servicios religiosos sin la santa unción. El óleo de la unción desciende sobre nosotros desde la gloriosa Cabeza; por eso nosotros, que somos como los bordes de sus vestiduras, participamos de un ungimiento abundante.

Para hacer el aceite de la unción, los entendidos componían las especias aromáticas con el arte más refinado del perfumista, a fin de mostrarnos cuán ricos son los influjos del Espíritu Santo. Todas las cosas buenas se hallan en el divino Consolador: incomparable consuelo, infalible instrucción, inmortal vivificación, espiritual energía y divina santificación; todo ello está mezclado con otras cosas excelentes en ese ungüento sagrado que es el celestial aceite de la unción del Espíritu Santo. Dicho aceite transmite una deliciosa fragancia al carácter de aquel sobre quien se derrama. Nada semejante puede hallarse, ni en los tesoros del rico, ni en los secretos de los sabios. Nadie puede imitarlo: procede solo de Dios, quien lo da gratuitamente a toda alma expectante por medio de Jesucristo. Busquemos esa unción, pues podemos obtenerla esta misma noche. ¡Oh Señor, unge a tus siervos!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 344). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

1 Crónicas 26–27 | 2 Pedro 1 | Miqueas 4 | Lucas 13

29 NOVIEMBRE

1 Crónicas 26–27 | 2 Pedro 1 | Miqueas 4 | Lucas 13

2 Pedro 1:5–9 nos presenta una extraordinaria secuencia de pasos. Pedro sabe que sus lectores son creyentes. Ahora les exhorta a añadir algunas cosas a su fe.

(1) Añadid a la fe virtud (1:5): Seguramente, la fe que Pedro no quiere ver es el tipo de fe que descarta Santiago 2: una fe meramente intelectual, que únicamente afirma sin confianza transparente ni disposición a obedecer. La fe genuina genera obediencia, pero como siempre, los creyentes son los responsables de tomar ese camino y se les anima a alejarse de la mera pasividad. Así que añádele virtud a la fe.

(2) Añadid a la virtud conocimiento (1:5): La fe exige cierto conocimiento, pero Pedro ya ha tratado ese asunto. En otra parte, a Timoteo se le anima a perseverar en la “doctrina” (1 Timoteo 4:16); aquí, también se exhorta a los cristianos a añadirle a la virtud, conocimiento. Nada logrará estabilizarnos y motivarnos más que crecer en la comprensión de la mente de Dios.

(3) Añadid al conocimiento, dominio propio (1:6): El mero conocimiento nos puede envanecer (1 Corintios 8:1–3) y no transformar a nadie. Pero si el dominio propio está presente en abundancia, ese bendito elemento del fruto del Espíritu (Gálatas 5:22–23), el potencial de virtud es incalculable.

(4) Añadid al dominio propio, paciencia (1:6): Una cosa es tener dominio propio en una crisis, por un período corto de tiempo o cuando las cosas van bien. Pero para pulir y mostrar el dominio propio, hace falta perseverancia a largo plazo.

(5) Añadid a la paciencia, piedad (1:6): De otra manera, la paciencia o perseverancia podría resultar poco más que un esfuerzo supremo de voluntad meramente humana. La devoción a Dios, un elemento genuinamente religioso en cada virtud, transforma la mera determinación estoica en una piedad transparente.

(6) Añadid a la piedad, afecto fraternal (1:7): Todo el mundo detesta a los santurrones. El dominio propio y la perseverancia, incluso la piedad, en ocasiones han generado fariseos rígidos y despiadados. Añádele afecto fraternal.

(7) Añadid al afecto fraternal, amor (1:7): Esto es mejor todavía, pues así imitamos—aunque de manera inconstante o imperfecta—el carácter del Maestro mismo.

Fijaos cómo se engloban estos siete pasos. Primero, antes del listado, Pedro nos dice que pongamos “toda diligencia” en aplicar esta lista, “precisamente por esto” (1:5). La razón a la que se refiere se encuentra en los versículos anteriores (1:3–4). La gloria de Dios y su excelencia nos han provisto grandes y preciosas promesas para que por ellas participemos de la naturaleza divina y escapemos de la corrupción del mundo. Por esto mismo, debemos hacer todos los esfuerzos por seguir estos siete pasos. Segundo, al final de la lista, Pedro nos asegura que estas cualidades evitarán que seamos inútiles e improductivos en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo (1:8–9).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 333). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La gran final

miércoles 29 noviembre

Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él… Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.

Apocalipsis 20:11-12

La gran final

La «gran final» de la historia del mundo está descrita en el Apocalipsis (cap. 20:11-15 y 21:1-4). Concierne a todos los hombres, desde Adán, y cada uno vivirá una u otra de estas dos escenas:

–El mundo actual será destruido, y todos aquellos que hayan muerto en sus pecados resucitarán para ser juzgados por Dios. Comparecerán para rendir cuentas por sus pecados, sean “grandes” o “pequeños”, importantes o no en la escala de los hombres.

Se abrirán unos libros, y luego el “libro de la vida”. Ningún nombre de los que comparecen se hallará en este libro. En los otros están consignadas las acciones de cada uno. ¡Las cosas que creíamos que estaban olvidadas saldrán a la luz! Los acusados serán juzgados por lo que está escrito, cada uno según su responsabilidad. El veredicto es el mismo para todos: una condenación eterna… ¡Es la terrible condición de los que durante su vida en la tierra no quisieron creer en Dios, quien perdona los pecados de los que se arrepienten!

–Todos aquellos que hayan creído en el Dios Salvador tendrán la felicidad de vivir en su presencia. En un nuevo cielo y una tierra nueva, Dios “morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor… el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas… estas palabras son fieles y verdaderas”.

Job 35-36 – Colosenses 2 – Salmo 135:8-14 – Proverbios 28:23-24

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

LA PALABRA PROFÉTICA

LA PALABRA PROFÉTICA

11/28/2017

Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones. (2 Pedro 1:19)

Los creyentes de Filipos tenían los libros del Antiguo Testamento, pero todavía no se había completado todo el Nuevo Testamento cuando Pablo les escribió su carta. Como pueden haber tenido acceso solamente a una cantidad mínima de la revelación escrita en el Nuevo Testamento, los creyentes acudían a los apóstoles como su fuente de la verdad hasta que se pusieron juntos todos los libros del Nuevo Testamento. De modo que la norma de la fe y de la conducta cristiana estaba incluida en la enseñanza y en el ejemplo de los apóstoles.

Por eso el día de Pentecostés tres mil creyentes “perseveraban en la doctrina de los apóstoles” (Hch. 2:42). Por eso Pablo les dijo a los creyentes corintios: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Co. 11:1). Pero usted tiene una ventaja que ellos no tuvieron; usted tiene toda la revelación de Dios a su disposición. Así que no deje de aprovecharla.

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
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La raíz de la ingratitud

NOVIEMBRE, 28

La raíz de la ingratitud

Devocional por John Piper

Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. (Romanos 1:21)

Cuando la gratitud brota del corazón humano y hacia Dios, él es magnificado como la próspera fuente de nuestra bendición. Él es reconocido como el dador y benefactor, y, por lo tanto, como glorioso.

Pero cuando de nuestro corazón no brota gratitud por la inmensa bondad de Dios hacia nosotros, es probable que esto sea porque no tenemos el deseo de hacerle un cumplido: no queremos magnificarlo como nuestro benefactor.

Hay una buena razón por la que los seres humanos no quieren magnificar a Dios con acción de gracias ni glorificarlo como su benefactor: darle gloria a Dios le resta gloria al ser humano, y todos por naturaleza aman su propia gloria por sobre la gloria de Dios.

La raíz de la ingratitud es el amor por la propia grandeza. La gratitud genuina admite que somos beneficiarios de una herencia inmerecida. Somos lisiados apoyados sobre la muleta en forma de cruz de Jesucristo. Somos inválidos que viven minuto a minuto gracias al pulmón artificial de la misericordia de Dios. Somos niños dormidos en una cuna celestial.

El hombre natural detesta pensar acerca de sí mismo en estos términos: beneficiario indigno, lisiado, inválido, niño. Tales imágenes lo despojan de su gloria y se la dan toda a Dios.

En tanto el hombre ame su propia gloria, corone su autosuficiencia, y deteste pensar acerca de sí mismo como un ser enfermo e indefenso a causa del pecado, jamás podrá sentir gratitud genuina hacia el Dios verdadero y, por lo tanto, jamás magnificará a Dios, sino a sí mismo.

«Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Marcos 2:17).

Jesús no tiene nada que hacer por los que insisten en que están bien. Él demanda algo grande: que admitamos que no hay grandeza en nosotros. Esta es una mala noticia para los arrogantes, pero son palabras dulces como la miel para aquellos que han renunciado a la farsa de la autosuficiencia y ahora buscan a Dios.


Devocional tomado del sermón “I Will Magnify God with Thanksgiving!”

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