«He aquí, todo ello es vanidad»

2 de diciembre

«He aquí, todo ello es vanidad».

Eclesiastés 1:14

Nada puede satisfacer todo el ser del hombre salvo el amor del Señor y el Señor mismo. Los santos han procurado anclar en otras ensenadas, pero se los arrojó de tan sombríos refugios. A Salomón, el más sabio de los hombres, se le permitió hacer ciertos experimentos por todos nosotros y llevar a cabo aquello que nosotros no debemos atrevernos a hacer por nosotros mismos. He aquí su testimonio contado en palabras textuales: «Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría. No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol» (Ec. 2:9–11). «Vanidad de vanidades, todo es vanidad».

¿Qué todo eso es vanidad? ¡Oh favorecido monarca!, ¿acaso no hay nada de valor en todas tus riquezas? ¿Nada en ese dilatado dominio que se extiende desde el río hasta el gran mar? ¿Nada en los magníficos palacios de Palmira? ¿Nada en «la casa del bosque del Líbano»? ¿No hay nada en tu música y tu baile, en tu vino y en tu lujuria? «Nada —responde el monarca—; nada salvo aflicción de espíritu». Este fue el veredicto de Salomón cuando hubo recorrido todo el camino del placer. Abrazar a nuestro Señor Jesucristo, permanecer en su amor y estar plenamente seguros de nuestra unión con él, eso es el todo en todo. Querido lector, no necesitas probar otras formas de vida para ver si son mejores que la vida del cristiano: si recorres el mundo entero, no obtendrás ninguna visión semejante a la visión del rostro del Salvador. Si pudieras tener todas las comodidades de la vida, pero perdieras al Salvador, serías un desdichado. En cambio, si recibes a Cristo, aunque te pudrieras en un calabozo, juzgarías ese calabozo como un paraíso; y aunque vivieras en la oscuridad o murieras de hambre, te sentirías satisfecho con el favor y la plenitud de la bondad del Señor.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 347). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 1 | 1 Juan 1 | Miqueas 7 | Lucas 16

2 DICIEMBRE

2 Crónicas 1 | 1 Juan 1 | Miqueas 7 | Lucas 16

El párrafo inicial de 1 Juan 1 almacena muchos tesoros. Quiero centrarme en el versículo 3 y echarle también un vistazo al 4.

Suponiendo que el autor es el apóstol Juan, el “nosotros” que hace toda esta proclamación probablemente es un recurso editorial, o un “nosotros” que conscientemente habla en nombre del círculo de los testigos apostólicos. Por tanto, en este contexto se distingue del “nosotros” de todos los cristiano; y en particular, del “vosotros” que se refiere a los lectores: “Os anunciamos lo que hemos visto y oído” (1:3). Los dos versículos anteriores especifican qué fue lo que vieron y oyeron Juan y los demás testigos. Es nada menos que la Encarnación: “Lo que era desde el principio” (1:1) uno con Dios es justamente lo que apareció en la historia verdadera y en repetidas ocasiones fue escuchado, visto y tocado. La Palabra eterna se hizo hombre (1:14 en el Evangelio de Juan); aquí, “Esta vida se manifestó. Nosotros la hemos visto y damos testimonio de ella, y os anunciamos a vosotros la vida eterna que estaba con el Padre y que se nos ha manifestado” (1:2). Así, Juan reitera: “Os anunciamos lo que hemos visto y oído” (1:3).

No hay cristianismo sin la Encarnación. Más aún, la Encarnación no es una noción ambigua sobre cómo lo divino se identifica con lo humano. Es absolutamente concreta: el Verbo que estaba con Dios y que era Dios se hizo carne (Juan mismo lo escribe en el 1:1, 14 de su evangelio). Esto es fundamental en la época de Juan, ya que él esta combatiendo contra quienes afirmaban que algo verdaderamente espiritual podría ponerse carne humana, pero jamás podría hacerse un ser humano. También es fundamental hoy día, cuando discutamos con un filósofo materialista que afirme que la única realidad es aquella que ocupa el continuo espacio-temporal.

Juan les dice a sus lectores que les proclama esta verdad “para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre y con su Hijo Jesucristo” (1:3). La comunión en el Nuevo Testamento es algo más que un sentimiento cálido. Es compañerismo comprometido, en el cual los intereses personales quedan subordinados a la misión común. Los primeros testigos entraron en la comunión “con el Padre y con su Hijo, Jesucristo”. Los lectores de Juan pueden entrar en esa comunión al hacerlo en la de los apóstoles. Por eso Juan proclama lo que ha visto y oído. Los apóstoles sirven de mediadores del evangelio a los demás. No podemos entrar en comunión con Dios y con su Hijo Jesucristo, sin hacerlo con los apóstoles que fueron los primeros testigos de la encarnación.

Nada de esto fomenta una religión convencional. Juan escribe para que “nuestro” o “vuestro” gozo sea cumplido (1:4): cualquiera de las variantes del original dice la verdad sobre esto.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 336). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Preso del cuerpo, mas no del alma (2)

Los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida… Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.

2 Corintios 5:4, 8

Preso del cuerpo, mas no del alma (2)

El presidiario de quien se habló ayer está condenado a muchos años de prisión, por lo que es casi seguro que nunca obtendrá la libertad física, sino que la muerte lo sorprenderá en la prisión. Sin embargo, ahora que es creyente, su esperanza es que Cristo venga a arrebatar a su pueblo, antes de que le llegue la muerte física, porque él confía en lo que el Señor dice en la Biblia: “He aquí vengo pronto… Ciertamente vengo en breve” (Apocalipsis 22:12, 20).

Si la venida de Cristo por su iglesia sucede antes de que la muerte alcance a este recluso, él y todos los demás creyentes en Cristo que se encuentren en esa prisión saldrán victoriosos de su cautiverio para estar presentes con su Salvador, sin pasar por la muerte. Las Sagradas Escrituras testifican: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:51-52). Sin embargo, este recluso se consuela con el pensamiento de que, si la muerte lo alcanza, tampoco habrá problema, porque los muertos serán resucitados incorruptibles.

Habiendo puesto en orden su estado espiritual, para el cuerpo también está la promesa de la resurrección de vida (Juan 5:29), pues el cuerpo del creyente ha sido comprado. “Habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:20).

Job 39-40 – Santiago 1 – Salmo 136:10-22 – Proverbios 29:1-2

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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LA MEDIDA DE LA MADUREZ ESPIRITUAL

LA MEDIDA DE LA MADUREZ ESPIRITUAL

12/1/2017

En esto me gozo, y me gozaré aún. (Filipenses 1:18) 

Puede medirse la madurez espiritual de un creyente por lo que puede quitarle el gozo. El gozo es un fruto de una vida guiada por el Espíritu (Gá. 5:22). Debemos regocijarnos siempre (Fil. 4:4; 1 Ts. 5:16). En todas las circunstancias el Espíritu Santo produce gozo, de modo que no debe haber ningún momento en el que no estemos regocijándonos de alguna manera.

El cambio, la confusión, las pruebas, los ataques, los deseos insatisfechos, el conflicto y las relaciones tirantes pueden quitarnos el equilibrio y despojarnos del gozo si no tenemos cuidado. Entonces hemos de llorar como el salmista: “Vuélveme el gozo de tu salvación” (Sal. 51:12).

Jesús dijo: “En el mundo tendréis aflicción” (Jn. 16:33), y el apóstol Santiago dijo: “Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Stg. 1:2). Dios tiene su propósito en nuestras aflicciones, pero nunca nos quita el gozo. A fin de mantener nuestro gozo debemos asumir la perspectiva de Dios respecto a nuestras pruebas. Cuando nos rendimos a la obra de su Espíritu en nuestra vida, no nos agobiarán nuestras dificultades.

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Preparemos el camino

DICIEMBRE, 01

Preparemos el camino

Devocional por John Piper

Él hará volver a muchos de los hijos de Israel al Señor su Dios. E irá delante de Él en el espíritu y poder de Elías para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los desobedientes a la actitud de los justos, a fin de preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto. (Lucas 1:16-17)

Aquello mismo que Juan el Bautista hizo por Israel, el Adviento (el mes previo a Navidad) puede hacerlo en nosotros. No permita que la Navidad lo halle desprevenido. Me refiero a que se prepare en el sentido espiritual. ¡El gozo y el cambio en su vida serán mucho mayores si está listo!

Para prepararnos…

Primero, meditemos en el hecho de que necesitamos un Salvador. La Navidad, antes de convertirse en un gozo, es una acusación. No tendrá el efecto deseado en nosotros a menos que nos sintamos desesperados por nuestra necesidad de un Salvador. Que estas breves reflexiones de Adviento despierten en usted la sensación agridulce de necesitar al Salvador.

Segundo, emprenda un serio auto examen. El Adviento es a la Navidad lo que la Cuaresma es a la Pascua. «Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mí camino malo, y guíame en el camino eterno». Que cada uno le prepare morada…limpiando su corazón.

Tercero, cree en su hogar un clima de expectativa y entusiasmo enfocado en Dios, en especial para los niños. Si usted está entusiasmado con Cristo, ellos también lo estarán. Si solo puede generar entusiasmo respecto de la Navidad valiéndose de bienes materiales, ¿cómo provocará en los niños una sed por Dios? Concentre toda su imaginación en hacer que la fascinación por la llegada del Rey se vuelva tangible para los niños.

Cuarto, invierta más tiempo en la lectura de las Escrituras, ¡y memorice los pasajes más importantes! «¿No es mi palabra como fuego?», dice el Señor. Reunámonos alrededor de esa llama en esta temporada previa a la navidad. Es cálida y destella con los colores de la gracia. Es sanidad para miles de heridas. Es la luz para las noches oscuras.


Devocional tomado del articulo “Prepare the Way of the Lord!”

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1 de diciembre

«Den gracias al SEÑOR por su misericordia, y por sus maravillas para con los hijos de los hombres».

Salmo 107:8 (LBLA)

Si nos lamentáramos menos y alabásemos más al Señor, seríamos más felices y Dios recibiría más gloria. Alabemos, pues, a Dios diariamente por los favores comunes: «comunes» —como los llamamos frecuentemente—, pero tan sumamente valiosos que cuando se nos priva de ellos somos propensos a perecer. Bendigamos a Dios por los ojos que tenemos para contemplar el sol; por la salud y las fuerzas que nos da para andar por todas partes; por el pan que comemos y la ropa que vestimos… Alabemos a Dios porque no se nos arroja entre los desesperados, ni se nos confina con los culpables. Démosle gracias por la libertad, por los amigos y por la unión y el bienestar de nuestras familias. Alabémosle, en verdad, por todo lo que recibimos de su generosa mano; porque poco merecemos y, sin embargo, se nos enriquece con gran abundancia.

Pero, querido amigo, la nota más melodiosa y más alta de nuestros cánticos de alabanza debiera ser aquella del amor redentor. Las obras redentoras de Dios para con sus elegidos son por siempre los temas favoritos de las alabanzas de estos. Si sabemos lo que significa la redención, no rehusaremos entonar nuestros sonetos de acción de gracias. Se nos ha redimido del poder de nuestra maldad, hemos sido levantados del abismo del pecado donde, por naturaleza, estábamos hundidos. Se nos condujo a la cruz de Cristo y nuestras cadenas de pecado quedaron rotas allí. Ya no somos esclavos, sino hijos del Dios viviente, y podemos aguardar anhelantes ese tiempo cuando se nos presentará delante del Trono sin mancha ni arruga ni cosa semejante. Aun ahora, por la fe, agitamos las ramas de palmera y nos cubrimos con el hermoso lino fino que ha de ser nuestro atavío eterno. ¿Cómo no habremos de dar gracias incesantemente al Señor nuestro Redentor? Hijo de Dios, ¿puedes tú permanecer en silencio? ¡Despierta, despierta, heredero de gloria, y lleva cautiva tu cautividad, mientras clamas como David: «Bendice, alma mía, al Señor, y bendiga todo mi ser su santo nombre» (Sal. 103:1, LBLA)! Hagamos que este nuevo mes comience con cánticos renovados.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 346). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

1 Crónicas 29 | 2 Pedro 3 | Miqueas 6 | Lucas 15

1 DICIEMBRE

1 Crónicas 29 | 2 Pedro 3 | Miqueas 6 | Lucas 15

El relato del cronista sobre la muerte de David está precedido por la historia de los generosos regalos que luego financiarían la construcción del templo después de la partida de David, así como por la oración que David pronunció (1 Crónicas 29). Lo más chocante no es la cantidad de dinero que David y los demás ofrendaron, sino la teología de la oración de David. Se destacan los siguientes puntos:

(1) En la doxología inicial (29:10–13), David reconoce que todo le pertenece a Dios (29:11). Si los seres humanos “poseemos” algo, debemos confesar con franqueza: “De ti proceden la riqueza y el honor; tú lo gobiernas todo” (29:12). Por tanto, en el núcleo de su oración, David dice: “tú eres el dueño de todo, y lo que te hemos dado, de ti lo hemos recibido” (29:14); nuevamente, en cuanto a toda esta riqueza que se está recolectando, “de ti procede todo cuanto hemos conseguido para construir un templo a tu santo nombre ¡Todo es tuyo!” (29:16). Esta postura destruye por completo cualquier noción de que podemos “darle” algo a Dios en términos absolutos. Se convierte en un placer ofrendarle a Dios, no sólo porque le amamos, sino porque con alegría reconocemos que todo lo que “poseemos” le pertenece a él.

(2) No debe sorprendernos, entonces, que la oración comience con expresiones exuberantes de alabanza (29:10).

(3) David reconoce que toda la existencia humana es transitoria. Dios mismo debe ser alabado “desde siempre y para siempre” (29:10), pero en cuanto a nosotros, “somos extranjeros y peregrinos, como lo fueron nuestros antepasados. Nuestros días sobre la tierra son sólo una sombra sin esperanza” (29:15). Este pasaje es extraordinario. Los israelitas están en la tierra prometida, en el “descanso”; no obstante, al igual que se refleja en el Salmo 95 y Hebreos 3:6–4:11; 11:13, este no puede ser el descanso final, pues todavía son “extranjeros y peregrinos”. David es rey, la cabeza de una dinastía poderosa y duradera. Sin embargo, individualmente, tanto el monarca como el plebeyo deben confesar que sus días sobre la tierra son como una sombra (29:15). Aquí tenemos a un hombre de fe que sabe que necesita estar fundamentado en Aquel que habita en la eternidad o, de otra manera, no tiene valor alguno.

(4) David enfatiza sobremanera la integridad: “Yo sé, mi Dios, que tú pruebas los corazones y amas la rectitud… y he visto con júbilo que tu pueblo, aquí presente, te ha traído sus ofrendas” (29:17). El éxito de esta recaudación de fondos no se mide en términos de valor monetario, sino por la integridad con la que se dio toda la riqueza.

(5) En el análisis final, David reconoce con honestidad que la devoción constante y la integridad de vida son imposibles fuera de la gracia providente de Dios (29:18). Por ello, cualquier posibilidad de orgullo personal basado en la cantidad de dinero donada se disipa en un reconocimiento agradecido de la soberanía misericordiosa de Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 335). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Preso del cuerpo, mas no del alma (1)

viernes 1 diciembre

El Señor miró desde los cielos a la tierra, para oír el gemido de los presos, para soltar a los sentenciados a muerte.

Salmo 102:19-20

Me ha enviado… a pregonar libertad a los cautivos… a poner en libertad a los oprimidos.

Lucas 4:18

Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

Juan 8:36

Preso del cuerpo, mas no del alma (1)

Esta fue la feliz expresión de un presidiario liberado de la terrible opresión del pecado, cuando decidió entregar su vida a Cristo. Esta persona extorsionaba desde la misma cárcel, con severas amenazas de muerte a una cristiana. Ella, sin dejarse intimidar por las amenazas, le presentó a Jesucristo, su Salvador personal. Este hombre creía que no alcanzaría el perdón de Dios debido a la multitud de sus graves hechos. La cristiana le replicó: –Eso es lo que te dice tu jefe, Satanás, ya vencido por el mío, Jesucristo, quien te ofrece el perdón de todos tus pecados, si decides recibirlo como tu Salvador. Acepta a Cristo y serás salvo de la condenación eterna (Hechos 16:31).

Después de esta conversación, las amenazas y la extorsión se acabaron. El Espíritu Santo empezó su trabajo (Juan 16:8). Redarguyó ese duro corazón. Y lo maravilloso fue que una noche, a altas horas, la cristiana recibió en su teléfono móvil un mensaje de texto que decía: «Preso del cuerpo, mas no del alma». ¡Qué felicidad para ambos!

Todavía hoy el Evangelio se anuncia por todo el mundo para el perdón de pecados. Así lo ordenó el Señor Jesucristo: “Que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:47).

(mañana continuará)

Job 38 – Colosenses 4 – Salmo 136:1-9 – Proverbios 28:27-28

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

EL DIOS DE PAZ

EL DIOS DE PAZ

11/30/2017

El Dios de paz estará con vosotros. (Filipenses 4:9) 

El apóstol Pablo a menudo se refirió al Señor como el Dios de paz. En Romanos dijo: “Y el Dios de paz sea con todos vosotros” (15:33). En 2 Corintios escribió: “El Dios de paz y de amor estará con vosotros” (13:11). Y a los creyentes tesalónicos les dijo: “El mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera” (2 Ts. 3:16).

El versículo de hoy subraya el hecho de que el carácter de Dios es de paz. Él es el origen y el dador de la paz. Cuando nuestras actitudes, nuestros pensamientos y nuestra conducta están en armonía con Dios, la paz de Dios y el Dios de paz nos protegerán. Su paz da consuelo, tranquilidad, quietud y confianza en medio de cualquier prueba que pueda afrontar.

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El oprobio triunfante de la cruz

NOVIEMBRE, 30

El oprobio triunfante de la cruz

Devocional por John Piper

No para ofrecerse a sí mismo muchas veces, como el sumo sacerdote entra al Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario sufrir muchas veces desde la fundación del mundo; pero ahora, una sola vez en la consumación de los siglos, se ha manifestado para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo.(Hebreos 9:25-26)

No hay razón para dar por sentado que el cielo debería recibir a los pecadores con una cálida bienvenida.

Dios es santo, puro y perfectamente justo. No obstante, la Biblia entera es la historia de cómo un Dios tan grande y santo puede dar la bienvenida a personas tan contaminadas como usted y yo en su presencia. ¿Cómo puede ser posible?

Hebreos 9:25 dice que el sacrificio de Cristo por el pecado no es como los sacrificios de los sumos sacerdotes judíos. Ellos entraban en el lugar santo todos los años con un animal para sacrificar por la expiación de los pecados del pueblo. Sin embargo, este pasaje dice que Cristo no entró en los cielos «para ofrecerse a sí mismo muchas veces… de otra manera le hubiera sido necesario sufrir muchas veces desde la fundación del mundo».

Si Cristo se hubiera determinado a seguir el modelo de los sacerdotes, entonces tendría que morir todos los años. Y ya que los pecados que habían de ser cubiertos por su sangre incluyen los pecados de Adán y Eva, tendría que haber empezado a morir anualmente desde la fundación del mundo. Pero el escritor de la carta considera que esta posibilidad es inconcebible.

¿Por qué es inconcebible? Porque haría que la muerte del Hijo de Dios se vea como un acto débil e ineficaz. Si hiciera falta repetirlo año tras año durante siglos, ¿cuál sería la victoria? ¿Dónde veríamos el valor inconmensurable del sacrificio del Hijo? Se desvanecería en la vergüenza de una muerte y sufrimiento anuales.

Hubo vergüenza en la cruz, pero fue un oprobio triunfante: «[menospreció] la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios» (Hebreos 12:2).

Este es el evangelio de la gloria de Cristo, la imagen de Dios (2 Corintios 4:4). Oro para que, sin importar cuán corrompido esté usted por el pecado, pueda ver la luz de esta gloria y creer.


Devocional tomado del libro “Lo que Cristo hizo en la consumación de los siglos”

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