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2 Crónicas 1 | 1 Juan 1 | Miqueas 7 | Lucas 16

2 DICIEMBRE

2 Crónicas 1 | 1 Juan 1 | Miqueas 7 | Lucas 16

El párrafo inicial de 1 Juan 1 almacena muchos tesoros. Quiero centrarme en el versículo 3 y echarle también un vistazo al 4.

Suponiendo que el autor es el apóstol Juan, el “nosotros” que hace toda esta proclamación probablemente es un recurso editorial, o un “nosotros” que conscientemente habla en nombre del círculo de los testigos apostólicos. Por tanto, en este contexto se distingue del “nosotros” de todos los cristiano; y en particular, del “vosotros” que se refiere a los lectores: “Os anunciamos lo que hemos visto y oído” (1:3). Los dos versículos anteriores especifican qué fue lo que vieron y oyeron Juan y los demás testigos. Es nada menos que la Encarnación: “Lo que era desde el principio” (1:1) uno con Dios es justamente lo que apareció en la historia verdadera y en repetidas ocasiones fue escuchado, visto y tocado. La Palabra eterna se hizo hombre (1:14 en el Evangelio de Juan); aquí, “Esta vida se manifestó. Nosotros la hemos visto y damos testimonio de ella, y os anunciamos a vosotros la vida eterna que estaba con el Padre y que se nos ha manifestado” (1:2). Así, Juan reitera: “Os anunciamos lo que hemos visto y oído” (1:3).

No hay cristianismo sin la Encarnación. Más aún, la Encarnación no es una noción ambigua sobre cómo lo divino se identifica con lo humano. Es absolutamente concreta: el Verbo que estaba con Dios y que era Dios se hizo carne (Juan mismo lo escribe en el 1:1, 14 de su evangelio). Esto es fundamental en la época de Juan, ya que él esta combatiendo contra quienes afirmaban que algo verdaderamente espiritual podría ponerse carne humana, pero jamás podría hacerse un ser humano. También es fundamental hoy día, cuando discutamos con un filósofo materialista que afirme que la única realidad es aquella que ocupa el continuo espacio-temporal.

Juan les dice a sus lectores que les proclama esta verdad “para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre y con su Hijo Jesucristo” (1:3). La comunión en el Nuevo Testamento es algo más que un sentimiento cálido. Es compañerismo comprometido, en el cual los intereses personales quedan subordinados a la misión común. Los primeros testigos entraron en la comunión “con el Padre y con su Hijo, Jesucristo”. Los lectores de Juan pueden entrar en esa comunión al hacerlo en la de los apóstoles. Por eso Juan proclama lo que ha visto y oído. Los apóstoles sirven de mediadores del evangelio a los demás. No podemos entrar en comunión con Dios y con su Hijo Jesucristo, sin hacerlo con los apóstoles que fueron los primeros testigos de la encarnación.

Nada de esto fomenta una religión convencional. Juan escribe para que “nuestro” o “vuestro” gozo sea cumplido (1:4): cualquiera de las variantes del original dice la verdad sobre esto.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 336). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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