//
estás leyendo...
Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

«Especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático»

29 de noviembre

«Especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático».

Éxodo 35:8

Mucho se utilizaba este aceite de la unción bajo la ley, y lo que el mismo representaba es de capital importancia para el evangelio. Si queremos servir al Señor de manera aceptable, nos es indispensable la presencia del Espíritu Santo, pues es él quien nos unge para todo servicio santo. Sin su ayuda, nuestro servicio cristiano es solo una vana oblación y nuestra experiencia una cosa muerta. Sin esa unción, tampoco valen nada las oraciones, las alabanzas, las meditaciones y los esfuerzos de los cristianos en particular. Una unción santa es el alma de una vida piadosa; la ausencia de esa unción constituye la más grave de todas las calamidades. Presentarse delante del Señor sin unción sería como si un levita cualquiera entrase por sí mismo en la función sacerdotal: el ministerio de dicho levita sería más bien pecado que un servicio aceptable. Nunca nos aventuremos a celebrar servicios religiosos sin la santa unción. El óleo de la unción desciende sobre nosotros desde la gloriosa Cabeza; por eso nosotros, que somos como los bordes de sus vestiduras, participamos de un ungimiento abundante.

Para hacer el aceite de la unción, los entendidos componían las especias aromáticas con el arte más refinado del perfumista, a fin de mostrarnos cuán ricos son los influjos del Espíritu Santo. Todas las cosas buenas se hallan en el divino Consolador: incomparable consuelo, infalible instrucción, inmortal vivificación, espiritual energía y divina santificación; todo ello está mezclado con otras cosas excelentes en ese ungüento sagrado que es el celestial aceite de la unción del Espíritu Santo. Dicho aceite transmite una deliciosa fragancia al carácter de aquel sobre quien se derrama. Nada semejante puede hallarse, ni en los tesoros del rico, ni en los secretos de los sabios. Nadie puede imitarlo: procede solo de Dios, quien lo da gratuitamente a toda alma expectante por medio de Jesucristo. Busquemos esa unción, pues podemos obtenerla esta misma noche. ¡Oh Señor, unge a tus siervos!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 344). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Las Bienaventuranzas

Mateo 5:3-12 “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia. “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Twitter

A %d blogueros les gusta esto: