1 Crónicas 19–20 | 1 Pedro 1 | Jonás 3 | Lucas 8

24 NOVIEMBRE

1 Crónicas 19–20 | 1 Pedro 1 | Jonás 3 | Lucas 8

Una de las grandes pretensiones de la existencia humana es que esta vida mortal dura para siempre. Aunque, en teoría, los jóvenes saben que cada vida humana tiene su fin, actúan como si la muerte nunca les fuera a alcanzar. Décadas más tarde, son más realistas, pero, aún así, la mayoría actúa como si sus familias tuvieran que permanecer de manera inevitable, o al menos como si su cultura o nación fuera a sobrevivir.

Los más previsores saben que no es así. Los individuos se mueren y la conexiones familiares también. Salvo aquellas personas que están comprometidas con la arqueología genealógica, no sabemos mucho sobre nuestras familias en el pasado, más allá de tres o cuatro generaciones. De igual forma, a nosotros tampoco nos recordarán dentro de varias generaciones. Los imperios poderosos caen. Se dividen, acaban vasallos como potencias de tercer o cuarto nivel, o desaparecen en el olvido. Puede que tengamos un destino inmortal, pero nada que esté vinculado de manera restrictiva a esta vida es seguro, nada es inmutable, nada perdura. “Todo mortal es como la hierba, y toda su gloria como la flor del campo; la hierba se seca y la flor se cae” (1 Pedro 1:24).

No obstante, hay una línea más en esta cita de Isaías 40:6–8: “pero la palabra del Señor permanece para siempre” (1 Pedro 1:25). Se puede concluir, entonces, que, lo mejor que pueden hacer los seres humanos que tengan hambre de lo trascendente, es alinearse con la palabra constante y duradera de Dios. Y hay varias pistas en este capítulo en cuanto a lo que esto significa en términos prácticos.

(1) “Y esta es la palabra del evangelio que se os ha anunciado” (1:25): el mismo evangelio que fue declarado a los lectores de Pedro es la palabra del Señor que permanece para siempre. Adherirse al evangelio es hacerlo a aquello que perdura para siempre. No se puede decir lo mismo de la adhesión a un sistema político o a una teoría económica o al progreso profesional.

(2) Más preciso es decir que los cristianos han “nacido de nuevo, no de simiente perecedera, sino de simiente imperecedera, mediante la palabra de Dios que vive y permanece” (1:23). Lo que nos ha transformado y concedido nueva vida de parte de Dios mismo, no fue un embarazo físico, sino un nuevo nacimiento espiritual, generado por la duradera palabra de Dios.

(3) La palabra transmitida por los profetas antes de Jesús apuntaba hacia la futura revelación que llegaría exclusivamente con él (1:10–12). Eso significa que todo era una misma cosa: este siempre fue el plan, independientemente de cuánto lo hayan entendido los profetas del Antiguo Testamento.

(4) El “nuevo nacimiento” (1:3) que hemos experimentado por la acción de la palabra permanente de Dios nos introduce en una “herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. Tal herencia está reservada en el cielo para vosotros, a quienes el poder de Dios protege mediante la fe” (1:4–5).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 328). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dios hace bien todas las cosas

viernes 24 noviembre

En gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar.

Marcos 7:37

Dios hace bien todas las cosas

Al este del lago de Genesaret, en la región de Decápolis, el Señor Jesús había sanado a varias personas, entre ellas a un sordomudo. Era el tema de conversación de los habitantes de aquella región. Es interesante constatar que no mencionaron únicamente la curación de los sordos, de los mudos y de otros enfermos (Mateo 15:31), sino que recapitularon el conjunto y dijeron: “bien lo ha hecho todo”.

¡Todo! De forma más general, hoy podemos aplicar este testimonio a la salvación ofrecida a todos, resultado de la obra de Cristo en la cruz. Nosotros también podemos decir: “Bien lo ha hecho todo”.

Que cada uno examine su caso personal: éramos pecadores, estábamos “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12), pero Cristo se ocupó de nosotros. Hizo lo que nosotros éramos incapaces de hacer: a nosotros que éramos esclavos, culpables, él nos redimió por su sangre y nos condujo a Dios. Pronto nos llevará a la casa del Padre. ¡Sí, “bien lo ha hecho todo”!

Israel rechazó a su Mesías cuando vino a la tierra. No obstante llegará un día cuando Dios dirá de su pueblo: “Todos ellos serán justos… obra de mis manos, para glorificarme” (Isaías 60:21). Cristo, su Mesías, también puso el fundamento de esto en la cruz: “Bien lo ha hecho todo”.

“Gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia” (Romanos 6:17-18).

Job 30 – Hebreos 12:1-11 – Salmo 132:8-12 – Proverbios 28:13-14

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

UN CONOCIMIENTO RENOVADO

UN CONOCIMIENTO RENOVADO

11/23/2017

Revestido del nuevo [hombre], el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno.

(Colosenses 3:10) 

Vivimos en un mundo caído, y como resultado, nuestra mente renovada necesita constante limpieza y renovación. El agente principal de Dios para purificar nuestro pensamiento es su Palabra (Jn. 15:3; Ef. 5:26).

El Nuevo Testamento nos llama a la disciplina mental de pensar debidamente. Colosenses 3:2 dice: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”. Primera Pedro 1:13 dice: “Ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia… cuando Jesucristo sea manifestado”. Y a menudo Pablo les dijo a sus oyentes que pensaran debidamente y no fueran ignorantes.

También el Antiguo Testamento nos llama a pensar debidamente. El rey Salomón dijo: “Si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz… Entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios” (Pr. 2:2-5).

El conocimiento de lo bueno requiere iniciativa y esfuerzo. Pero si usted es fiel haciendo el mayor esfuerzo, Dios le dará entendimiento (cp. Sal. 119:34).

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org  

Cuando Dios jura por Dios

NOVIEMBRE, 23

Cuando Dios jura por Dios

Devocional por John Piper

No pudiendo jurar por uno mayor, juró por sí mismo, diciendo: Ciertamente te bendeciré y ciertamente te multiplicaré. (Hebreos 6:13-14)

Hay solo una Persona cuyo valor, honor, dignidad, majestad, grandeza, belleza y buen nombre es mayor que todos los demás valores combinados, diez mil veces mayor: Dios mismo. Es por eso que Dios jura por sí mismo.

Si él pudiera haber ido más alto, lo habría hecho para darle un incentivo más grande a nuestra esperanza. Al jurar por sí mismo, Dios intenta mostrarnos que es tan improbable que él rompa su promesa de bendecirnos como lo es que él se desprecie a sí mismo.

Dios es lo más valioso que hay en el universo. No hay nada más precioso ni maravilloso que Dios. Por lo tanto, Dios jura por Dios. Al hacerlo nos dice: «Mi intención es que puedan tener tanta confianza en mí como les sea posible». Ya que si hubiera más, el versículo 13 nos dice que él nos lo hubiera dado.

Ahora, éste es nuestro Dios. El Dios que hace todo lo posible para inspirar en nosotros una esperanza inconmovible. Corramos a Dios para hallar refugio. Apartémonos de todas las ilusiones superficiales y contraproducentes que el mundo nos ofrece y pongamos nuestra esperanza en Dios. No hay nada ni nadie como Dios, Refugio y Roca fuerte de nuestra esperanza.


Devocional tomado del sermón “¿Cuándo jura Dios?”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«Súbete sobre un monte alto»

23 de noviembre

«Súbete sobre un monte alto».

Isaías 40:9

Todos los creyentes debieran tener sed de Dios, del Dios vivo, y ansiar subir al monte del Señor y verle cara a cara. No debemos contentarnos con las neblinas del valle cuando nos aguarda la cima del Tabor. Mi alma ansía beber abundantemente de la copa reservada para los que alcanzan la cima del monte y bañan sus frentes en el Cielo. ¡Cuán puro es el rocío de los collados, cuán fresco el aire de las montañas! ¡Qué ricos son los alimentos de quienes habitan en lo Alto, cuyas ventanas miran hacia la Nueva Jerusalén! Muchos santos se conforman con vivir como los obreros de las minas de carbón, que no ven el sol; muchos comen polvo como las serpientes cuando podrían degustar el delicioso manjar de los ángeles. Muchos creyentes se satisfacen con vestir la ropa del minero, cuando podrían ponerse vestiduras reales; las lágrimas desfiguran sus rostros, cuando podría ungirlos el óleo celestial. ¿Estoy yo satisfecho con que muchos creyentes se consuman en un calabozo cuando pueden andar sobre la terraza de un palacio y ver la tierra agradable y el Líbano? ¡Levántate, oh creyente, de tu mísera condición! Abandona tu pereza, tu letargo, tu frialdad y todo lo que obstaculiza tu casto y puro amor a Cristo, el Esposo de tu alma. Haz de él la fuente, el centro y la circunferencia de todos los placeres de tu alma. ¿Qué encanto encuentras en la insensatez de permanecer en un pozo cuando puedes sentarte sobre un trono? No vivas más en las tierras bajas de la esclavitud, ahora que se te concede la montaña de la libertad. No te contentes por más tiempo con tus insignificantes adquisiciones, sino avanza hacia cosas más sublimes y celestiales. Aspira a una vida más elevada, más noble, más plena. ¡Elévate al Cielo, más cerca de Dios!

Cristo, ven más cerca,

dame gozo, paz, perdón;

cerca, sí, más cerca

de mi corazón.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, pp. 338–339). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

1 Crónicas 18 | Santiago 5 | Jonás 2 | Lucas 7

23 NOVIEMBRE

1 Crónicas 18 | Santiago 5 | Jonás 2 | Lucas 7

Una cosa es esperar la venida del Señor; otra, es esperar bien.

Puede que aguardemos la venida del Señor con honestidad y actitud de autoevaluación—no sólo reconociendo que el Segundo Adviento es una parte necesaria de nuestro credo, sino incluso, en cierto sentido anticipando la Parusía y esperando que ocurra en nuestra época—y que aún así tengamos que admitir que nuestra vida no refleja la convicción de esa perspectiva. De hecho, esta espera por su regreso puede que sea meramente un caballo de batalla de nuestra lectura o enseñanza, un mapa bien manejado del futuro que nos diferencia de otros creyentes, en vez de un elemento fijo de nuestra cosmovisión que efectivamente moldee nuestra conducta.

Por supuesto que hay un elemento de la espera por el regreso del Señor que es justamente eso: esperar. Igual que “espera el agricultor a que la tierra dé su precioso fruto” (Santiago 5:7), así también nosotros debemos aguardar con paciencia y mantenernos firmes (5:8).

No obstante, como todas las analogías, esta no es perfecta (ni pretende serlo), y el propio Santiago la deja al margen. Después de todo, el agricultor es paciente porque sabe, más o menos, cuándo llegará la cosecha; nosotros no sabemos cuándo regresará Jesús.

Hay otras diferencias. El granjero espera el fruto; nosotros al Juez que “está a la puerta” (5:9). Esto significa que lo que esperamos tiene una consecuencia directa sobre la manera como vivimos: “No os quejéis unos de otros, hermanos, para que no seáis juzgados” (5:9) por ese mismo Juez.

Además, si bien los agricultores tienen que trabajar arduamente mientras esperan la cosecha, en circunstancias normales, su espera no está caracterizada por el sufrimiento y la persecución. Los cristianos que aguardan el fin se enfrentan a ambas cosas, según afirma Santiago, y con eso en mente, nuestra espera es más parecida a la perseverancia de los profetas (5:10) que a la placidez del agricultor. Ellos “hablaron en nombre del Señor” y la mayoría de las veces sufrieron injurio por ello. Ese sufrimiento no domesticó su fiel proclamación. Pero no debemos restringir a los profetas los modelos que buscamos. Consideremos a Job, un hombre justo que se enfrentó a dificultades catastróficas y, sin embargo, perseveró, y hemos “visto lo que al final le dio el Señor. Es que el Señor es muy compasivo y misericordioso” (5:11). Esa perspectiva es importante: al final, no sólo prevalece la justicia de Dios, sino también su compasión y misericordia. El enfoque en el regreso de Jesús y en el fin no sólo moldea nuestra actual manera de vivir, sino que traerá con sí la vindicación perfecta en la incomparable bondad de la consumación.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 327). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿De dónde viene nuestro valor?

No temas… yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú… a mis ojos fuiste de gran estima… y yo te amé.

Isaías 43:1, 4

¿De dónde viene nuestro valor?

El director de una clínica psiquiátrica, en Alemania, denuncia unas treinta ideas falsas que creemos ser ciertas y que, en cierta medida, condicionan nuestras decisiones. Una de ellas concierne a nuestra capacidad y al éxito. «Mucha gente, escribe, cree que su valor depende de sus capacidades en uno u otro ámbito. Cuando tienen que enfrentarse al fracaso, pueden llegar hasta el suicidio».

Desde el punto de vista económico, decir que el valor de una persona depende únicamente de sus capacidades en el trabajo puede parecer pertinente. Pero es dejar de lado otras cualidades como la sinceridad, el dominio propio, la honestidad, la humildad, etc. ¡Todos estos aspectos también participan en el éxito tanto individual como colectivo!

Sea como fuere, el mensaje de la Biblia es completamente diferente. Nos dice que nuestro valor no proviene de lo que hacemos, sino que nos es dado por Dios. Somos valiosos ante sus ojos porque él nos ama. Nos ama tanto que dio a su Hijo unigénito para salvarnos. Y si aceptamos ese don de Dios, si creemos en el Señor Jesús, somos adoptados por Dios. Nuestro valor no viene de nuestras capacidades, de nuestras cualidades naturales, sino del hecho de ser hijos e hijas del Dios de amor. Nuestra dignidad no está basada en la mirada del prójimo, sino en el hecho misterioso y extraordinario de haber sido amados, creados y redimidos por Dios.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo… en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo” (Efesios 1:3, 5).

Job 29 – Hebreos 11:23-40 – Salmo 132:1-7 – Proverbios 28:11-12

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

PENSAMOS MUY POCO

PENSAMOS MUY POCO

11/22/2017

Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le
instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo.

(1 Corintios 2:16) 

Algunos suponen que la preocupación es resultado de pensar demasiado. Pero en realidad es el resultado de pensar muy poco en la dirección correcta. Cuando fuimos salvos, recibimos una nueva mente o manera de pensar. Ahora nuestro modo de pensar está impregnado de pensamientos divinos y sobrenaturales.

El apóstol Pablo dijo: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Ro. 8:5-6). Gracias al Espíritu de Dios en nuestra vida, pensamos a un nivel espiritual, no a un nivel carnal.

Pablo también dijo: “Por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30). Como Dios nos da su sabiduría, podemos pensar los profundos pensamientos del Dios eterno.

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org  

La clave para la madurez espiritual

NOVIEMBRE, 22

La clave para la madurez espiritual

Devocional por John Piper

Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal. (Hebreos 5:14)

Este pasaje es increíble, podría ahorrarnos años de vida desperdiciados.

Lo que dice es que, si queremos alcanzar la madurez y entender las enseñanzas más sólidas de la Palabra, entonces la leche rica, nutritiva y preciosa de las promesas de Dios en el evangelio debe transformar nuestros sentidos morales, o sea, nuestra mente espiritual, para que podamos discernir entre el bien y el mal.

Dicho de otro modo, prepararnos para darnos un festín de toda la Palabra de Dios no es primeramente un desafío intelectual, sino moral. Si queremos comer el alimento sólido de la Palabra, debemos ejercitar los sentidos espirituales para así desarrollar una mente que discierna entre el bien y el mal.

La asombrosa verdad es que, si nos cuesta entender a la persona de Melquisedec en Génesis y en Hebreos, es probable que esto sea porque vemos programas de televisión cuestionables. Si nos cuesta entender la doctrina de la elección, es probable que esto sea debido a que todavía estamos envueltos en negocios deshonestos. Si nos cuesta asimilar la obra de Cristo en la cruz, con su centralidad en Dios, es probable que esto se deba a que amamos el dinero, gastamos mucho y damos muy poco.

El camino hacia la madurez y el alimento bíblico sólido no consiste primeramente en aumentar nuestra inteligencia, sino en hacernos obedientes. Nuestra capacidad para recibir alimento sólido está más relacionada con nuestra forma de lidiar con el alcohol, el sexo, el dinero, el ocio, la comida y la computadora que con la universidad a la que vamos o qué libros leemos.

Esto es muy importante porque, en una sociedad altamente tecnológica, tendemos a pensar que la educación, y en especial el desarrollo intelectual, es la clave para la madurez. Hay muchas personas que obtuvieron doctorados que se asfixian en su inmadurez respecto a las cosas de Dios. Y hay muchos santos con menos estudios que tienen una madurez profunda y que pueden alimentarse y nutrirse a gusto de las cosas más sustanciales de la Palabra de Dios.


Devocional tomado del sermón “Ya debierais ser maestros”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«El poder de su resurrección»

22 de noviembre

«El poder de su resurrección».

Filipenses 3:10

La doctrina de un Salvador resucitado es sumamente preciosa. La resurrección es la piedra angular de todo el edificio del cristianismo; es la clave del arco de nuestra salvación. Se necesitaría un volumen entero para describir todas las corrientes de aguas vivas que fluyen de ese sagrado manantial: la resurrección de nuestro querido Señor y Salvador Jesucristo. No obstante, saber que Jesús resucitó y tener a la vez comunión con él, departir con el Salvador resucitado después de haber adquirido nosotros una vida resucitada, verlo abandonar el sepulcro mediante nuestro propio abandono de la tumba de la mundanidad, es en realidad más precioso aún. La doctrina es la base de la experiencia; pero como la flor es más hermosa que la raíz, así también la experiencia de la comunión con el Salvador resucitado es más excelente que la doctrina misma. Desearía que creyeras tanto que Cristo resucitó de entre los muertos como para cantar acerca de ese hecho, y que extrajeras de dicho acontecimiento bien probado y atestiguado todo posible consuelo. Pero te ruego que no te conformes con eso: aunque no puedes, como los discípulos, verle a él en persona, te suplico, sin embargo, que procures contemplar a Cristo Jesús con los ojos de la fe; y aunque no te sea posible «tocarlo» como hizo María Magdalena, puedes, no obstante, tener el privilegio de conversar con él y saber que ha resucitado, habiendo tú mismo resucitado en él a una vida nueva. Conocer a un Salvador crucificado que clavó en la cruz todos mis pecados es, en verdad, un conocimiento muy elevado; pero conocer a un Salvador resucitado, que me justificó, y saber que me ha dado nueva vida, habiéndome concedido ser hecho una nueva criatura por medio de su propia vida nueva, es, en realidad, una experiencia superior. Nadie debe quedar satisfecho hasta alcanzar la misma. ¡Ojalá puedas «conocerle y el poder de su resurrección» (Fil. 3:10)! ¿Por qué las almas que han resucitado con Jesús tienen que vestir las mortajas de la mundanidad y la incredulidad? ¡Levántate porque el Señor ha resucitado!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 337). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.