«En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios»

12 de noviembre

«En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios».

Lucas 6:12

Si hubiese habido alguna vez alguien capaz de vivir sin orar, ese habría sido nuestro inmaculado y perfecto Señor; sin embargo, nadie oró tanto como él. Amaba de tal manera a su Padre que se complacía mucho estando en comunión con él; y tanto amaba a los suyos que quería pasar mucho tiempo intercediendo por ellos. Esta gran inclinación a orar de parte de Jesús debe ser para nosotros una lección: él nos dejó ejemplo para que sigamos sus pisadas. El momento que él eligió para orar fue el apropiado: la hora del silencio, cuando las multitudes ya no le molestaban; el tiempo de la inacción, cuando todos (excepto él) habían dejado de trabajar; el momento en que el sueño había hecho olvidar a los hombres sus dolores y suspender sus peticiones de socorro. Mientras otros hallaban descanso en el sueño, él cobraba aliento en la oración. También el lugar estuvo bien elegido: Jesús se hallaba solo allí donde ninguno podía entremeterse, donde nadie podía curiosear. De esa forma estaba a salvo de la ostentación farisaica y de las ordinarias interrupciones. Aquellos oscuros y silenciosos collados constituían un oratorio apropiado para el Hijo de Dios: el Cielo y la tierra escuchaban, en medio de la silenciosa noche, los gemidos y suspiros de aquel misterioso Ser en quien ambos mundos se unían. Cabe destacar la duración de sus oraciones: las vigilias prolongadas no eran demasiado largas para él; el viento frío no entibiaba sus devociones; las espantosas tinieblas no oscurecían su fe; ni la soledad reprimía su importunidad. Nosotros no podemos velar con él siquiera una hora, pero él vela a nuestro favor toda la noche. También resulta destacable la ocasión en que Jesús elevó esta oración. Fue después de que sus enemigos «se llenar[a]n de furor» (v. 11). La oración constituyó, en este caso, su refugio y solaz. Se produjo, asimismo, antes de que Jesús enviara a los doce Apóstoles: fue, por tanto, la puerta para su empresa, el heraldo de su nueva obra. ¿No deseamos nosotros aprender de Jesús a recurrir a oraciones especiales cuando estemos pasando por alguna prueba particular o proyectando nuevos esfuerzos para la gloria del Maestro? ¡Señor Jesús, enséñanos a orar!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 327). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Dios se da a conocer

domingo 12 noviembre

¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?

Job 11:7

Yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. Yo, yo el Señor, y fuera de mí no hay quien salve.

Isaías 43:10-11

Dios se da a conocer

Pretender descubrir a Dios mediante su propia inteligencia, ¿no es hacerse igual a Dios, o incluso ponerse por encima de él para juzgar quién es? Sin embargo, muchas personas se niegan a reconocer que por encima de ellas hay un Dios al que no pueden representarse. ¡Es una actitud ilógica y pretenciosa! ¿Qué diríamos de alguien que, teniendo una balanza que solo permite pesar un kilo, afirma que no es posible que existan objetos que pesen una tonelada?

El hombre no puede descubrir a Dios a menos que Dios se le revele. Sin esto solo puede construir teorías que corresponden a su condición moral, a su disposición natural, a la época en la que vive o a las influencias a las que ha sido expuesto… Esto, obviamente, va a variar de un individuo a otro. Cada uno se crea un dios a su imagen, de ahí viene la extrema diversidad de religiones y culturas.

A través de la creación, Dios se da a conocer mediante su poder y su sabiduría infinitos. Fue él quien puso al hombre en el inmenso universo, y más particularmente en este marco maravilloso que constituye la naturaleza. Desde hace siglos, Dios se da a conocer mediante las revelaciones que hizo escribir y que componen la Biblia. Ella nos habla de un Dios que se interesa en nuestros actos, palabras y pensamientos, y que conoce nuestras aspiraciones más profundas. Él es demasiado grande para que podamos descubrirlo por nosotros mismos.

Se dio a conocer en Jesucristo, su Hijo, suprema revelación de Dios.

Job 12 – Hebreos 4 – Salmo 121 – Proverbios 27:13-14

 Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

COMO ÁRBOL FIRMEMENTE PLANTADO

COMO ÁRBOL FIRMEMENTE PLANTADO

11/11/2017

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae;
y todo lo que hace, prosperará. (Salmo 1:3)

Muchas personas en la sociedad quieren tener una vida más estable. A los que viven agobiados por la ansiedad y no pueden manejar sus circunstancias, el mundo ofrece muchísimas soluciones que no dan resultado.

Lamentablemente, muchas iglesias han seguido al mundo al creer que el hombre solo puede resolver sus problemas mediante la psicología secular; algo que no puede cumplir sus promesas.

¿Dónde puede hallar estabilidad? La respuesta está en el Salmo 1, que comienza: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores” (v. 1) y termina: “Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio… Porque Jehová conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá” (v. 5-6).

La persona que anda con Dios sabe lo que es la estabilidad, pero la que lo rechaza anda dando tropiezos en una existencia sin sentido. ¿Cuál quisiera ser usted?

Nosotros somos su casa

NOVIEMBRE, 11

Nosotros somos su casa

Devocional por John Piper

Pero Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios, cuya casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza. (Hebreos 3:6)

La iglesia de Jesucristo es la casa de Dios hoy en día. Eso significa que esta mañana, no solo tiempo atrás en los días de Moisés ni en los días de Jesús en la tierra, esta misma mañana, Cristo es nuestro Hacedor, nuestro Dueño, nuestro Señor y nuestro Proveedor.

Él es el Hijo, nosotros los siervos. Somos la casa de Dios. Moisés es uno de nosotros en esta casa, es un siervo como nosotros a través de su ministerio profético. Pero Jesús es nuestro Hacedor, nuestro Dueño, nuestro Señor y nuestro Proveedor.

El pasaje concluye diciendo que nosotros somos su casa, su pueblo, partícipes de un llamado celestial, «si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza». La evidencia de que somos parte de la casa de Dios es que no desechamos nuestra esperanza. Hebreos 10:35 dice: «no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa». Por lo tanto, no caemos en la indiferencia e incredulidad.

Convertirse al cristianismo y ser un cristiano son dos procesos que ocurren de la misma manera: esperando en Jesús, con una clase de esperanza que produce seguridad y gloriarse en Jesús.

¿En que está esperanzado hoy? ¿Dónde está buscando seguridad? ¿En usted mismo? ¿En inversiones inteligentes? ¿En rutinas de entrenamiento físico? ¿En el trabajo arduo? ¿En el azar?

La Palabra de Dios para usted hoy es: «considere a Jesús». Y espere en él. Entonces será parte de su casa y él será su Hacedor, su Dueño, su Señor y su Proveedor.


Devocional tomado del articulo “Jesús: Digno de más gloria que Moisés”

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«Él nos elegirá nuestras heredades»

11 de noviembre

«Él nos elegirá nuestras heredades».

Salmo 47:4

Creyente, si tu heredad es modesta confórmate con ella, pues lo que te ha tocado en suerte es lo más conveniente para ti. La sabiduría infalible que ordenó tu suerte, te eligió la mejor y más segura posición. Supón que hay que hacer subir río arriba una nave de gran tonelaje; ahora bien, en una parte de ese río hay un banco de arena. Alguno podría preguntar: «¿Por qué el capitán navega por el lado profundo del canal y se desvía tanto de la línea recta?». La respuesta sería esta: «Porque si no siguiera el canal, no podría llevar mi nave hasta el puerto». De igual modo, quizá tú correrías peligro de encallar y de naufragar si tu divino Capitán no te condujera por las profundidades de la aflicción donde las olas del dolor se siguen la una a la otra en rápida sucesión. Algunas plantas mueren si les da mucho el sol. Quizá tú estés plantado donde hay poco sol: el amante Labrador te ha puesto allí, de modo que solo en esa situación fructificarás a la perfección. Recuerda esto: Si hubiera sido mejor para ti cualquier otra condición que aquella en que te hallas, el amor divino te hubiera puesto en ella. Dios te ha colocado en las circunstancias más apropiadas; en cambio, si tú mismo eligieras tu parte, pronto clamarías diciendo: «Señor, elige tú mi heredad; porque, por mi terquedad, me veo traspasado de muchos dolores». Conténtate con lo que tienes, pues el Señor ha ordenado todas las cosas para tu bien. Toma tu cruz cada día —porque ella es la carga que más les conviene a tus hombros y que demostrará ser la más efectiva para hacerte perfecto en toda buena palabra— y trabaja para la gloria de Dios. ¡Abajo el yo entremetido y la arrogante impaciencia! ¡No te corresponde a ti el elegir, sino al Señor de amor!

Las pruebas tienen que venir y vendrán,

pero con humilde fe yo he de ver

escrita en todas ellas la palabra amor,

y esto feliz me hará».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 326). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Reyes 24 | Hebreos 6 | Joel 3 | Salmo 143

11 NOVIEMBRE

2 Reyes 24 | Hebreos 6 | Joel 3 | Salmo 143

El desenlace final de la dinastía davídica no fue nada bonito. El último rey reformador, Josías, cometió un error importante al enfrentarse innecesariamente con el faraón Necao de Egipto. En 609 a. C., Josías no sólo fue derrotado, sino que perdió la vida mientras todavía era relativamente joven (2 Reyes 23:29). Su hijo Joacaz se convirtió en rey a la edad de veintitrés años, pero su reinado duró sólo tres meses, hasta que el faraón Necao lo arrestó y finalmente lo llevó a Egipto, donde murió. El faraón instaló a otro hijo de Josías en el trono, a saber, Joacim. Duró once años. En este momento, comienza el relato de 2 Reyes 24.

La Judá de Joacim estaba entre dos fuegos: Egipto al sur y oeste, y Babilonia al norte y este. Esta última llevaba la delantera. Joacim mismo era corrupto, religiosamente perverso y tenía una visión muy presuntuosa de sí mismo. Reintrodujo los cultos paganos y la violencia abundó. En el cuarto año de su reinado, el 605 a. C., el faraón Necao de Egipto fue destruido por los babilonios en la batalla de Carquemis en la frontera norte de Siria; el poder egipcio no pudo reafirmarse hasta pasados casi trescientos años. Joachim y la pequeña nación de Judá se convirtieron en vasallos tributarios del imperio babilónico.

Pero en 601 a. C., Joacim se rebeló. Nabucodonosor envió contingentes militares para hostilizar a Judá. Luego, en diciembre de 598 a. C., movió su poderoso ejército para sitiar a Jerusalén. Joacim murió. Su hijo Joaquín, de dieciocho años de edad, reinó durante tres meses. Al enfrentarse a una decisión terriblemente difícil, el 16 de marzo de 597 a. C. abandonó la resistencia y se rindió. El rey Joacim, la reina madre, el séquito del palacio, la nobleza, la gente más valiosa, los principales artesanos y la aristocracia sacerdotal (incluyendo a Ezequiel) fueron enviados a Babilonia, a más de mil kilómetros de distancia, lo cual en esa época era un camino muy, muy largo. Joacim permaneció encarcelado y en arresto domiciliario durante treinta y siete años antes de ser liberado; pero aun entonces, jamás regresó a casa, nunca volvió a ver a Jerusalén. Los babilonios todavía lo consideraban el rey legítimo (así como los exiliados), pero mientras tanto instalaron un rey para encargarse de Judá: su tío Sedequías, quien tenía veintiún años de edad (24:18). Su fin se relata en el próximo capítulo.

“De hecho, esto le sucedió a Judá por orden del Señor, para apartar al pueblo de su presencia por los pecados de Manasés y por todo lo que hizo, incluso por haber derramado sangre inocente, con la cual inundó a Jerusalén. Por lo tanto, el Señor no quiso perdonar. …a tal grado que el Señor, en su ira, los echó de su pre sencia. Todo esto sucedió en Jerusalén y en Judá” (24:3–4, 20).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 315). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Dónde vive Dios?

Así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.

Isaías 57:15

¿Dónde vive Dios?

Nuestro Dios vive en dos moradas que forman un contraste absoluto: el cielo y el corazón del hombre, más exactamente el corazón del que está abatido y que siente el peso de sus pecados.

Si es difícil evaluar la distancia que nos separa de las estrellas, todavía es más difícil imaginar la distancia que separa a la criatura del Creador, al hombre pecador del Dios santo, con el que no está reconciliado. Sin embargo, Dios desea vivir con aquel que tiene un espíritu contrito y humillado. ¡Qué increíble e inimaginable humildad! ¡El Dios todopoderoso quiere vivir con la debilidad, el Dios infinito con su criatura, y la divinidad con el polvo!

“¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?”, decía el rey David (Salmo 8:4). Nosotros podemos, pues, decir: «Señor, forma mi corazón para que pueda vivir contigo; destruye en mí todo pensamiento de orgullo; hazme humilde. Recuérdame que dependo de tu bondad; ayúdame a comprender que mi vida, mi salud, mi fuerza y mi mente están en tu mano. Mi fuerza puede dejarme, mi inteligencia declinar y mi vida interrumpirse, pero estoy en tus brazos».

Cada instante necesitamos la gracia y el amor; estos nos liberan. Permanezcamos por la fe en la presencia de Aquel que se humilló hasta la cruz, y que ahora está en la gloria. ¡Es allí donde aprendemos la verdadera humildad!

Job 10-11 – Hebreos 3 – Salmo 120 – Proverbios 27:11-12

 Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

RAZONES PARA REGOCIJARSE

RAZONES PARA REGOCIJARSE

11/10/2017

Aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso. (1 Pedro 1:8)

Los cristianos tenemos muchas razones para regocijarnos. La principal se basa en quién es Dios: Él es soberano. Esa es la verdad más grandiosa acerca de Dios. Nada está fuera de su control, y Él lo controla todo a fin de obrar para nuestro bien (Ro. 8:28). Él tiene un conocimiento infinito de todos los aspectos de la vida; dónde estamos y qué decimos (Sal. 139:2-4). Y Él ejerce su conocimiento en perfecta sabiduría. El conocer así a Dios nos debe dar gozo inefable y glorioso.

También debemos regocijarnos porque Dios nos salvó, nos adoptó y prometió darnos una herencia en Jesucristo (Ef. 1:1-11). Cuando Cristo regrese, disfrutaremos de su presencia y del lugar celestial preparado para nosotros (Jn. 14:2-3). Hasta entonces, tenemos el gozo de saber que Dios ha prometido satisfacer todas nuestras necesidades (Fil. 4:19). Además, tenemos el privilegio de servir al que más amamos. Eso incluye el dar las buenas nuevas a los perdidos y alentar a los hermanos en la fe para que crezcan en su amor y en su servicio a Él. También podemos tener gozo al saber que podemos orar a Dios en cualquier momento (He. 4:15-16).

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Librémonos del miedo

NOVIEMBRE, 10

Librémonos del miedo

Devocional por John Piper

El día en que temo, yo en ti confío. (Salmo 56:3)

Una posible respuesta a la verdad de que la raíz de nuestra ansiedad es incredulidad, es la siguiente: «Tengo que lidiar con la ansiedad casi todos los días, y eso me hace sentir que mi fe en la gracia de Dios debe ser insuficiente. Me pregunto si puedo tener alguna certeza de mi salvación».

Mi respuesta a esta preocupación es: supongamos que usted está en una carrera automovilística y su enemigo, quien no quiere que usted termine la carrera, le arroja lodo en el parabrisas. El hecho de que temporalmente pierda de vista la meta y empiece a salirse de la pista no implica que vaya a abandonar la carrera.

Sin lugar a dudas, tampoco significa que usted está en la pista equivocada. Si así fuera, el enemigo no lo molestaría en absoluto. Lo que significa es que debe encender el limpiaparabrisas.

Cuando la ansiedad nos golpea y nubla la visión de la gloria de Dios y de la grandeza del futuro que él planeó para nosotros, eso no quiere decir que no tengamos fe, o que no llegaremos al cielo. Quiere decir que nuestra fe está bajo ataque.

Al recibir el primer golpe, nuestra confianza en las promesas de Dios puede titubear y volverse inestable. No obstante, el hecho de que sigamos encarrilados y lleguemos a la meta depende de que, por medio de la gracia, pongamos en marcha un proceso de resistencia, es decir, depende de que luchemos contra la incredulidad que la ansiedad genera. ¿Encenderemos el limpiaparabrisas?

El Salmo 56:3 dice: «El día en que temo, yo en ti confío».

Notemos que no dice: «nunca lucho contra el miedo». El miedo nos golpea y entonces la batalla comienza. La Biblia no asume que los verdaderos creyentes no tendrán ansiedad. En lugar de eso, nos enseña a luchar contra ella cuando nos golpea.


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Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 53-54

 

 

«Bástale al discípulo ser como su maestro»

10 de noviembre

«Bástale al discípulo ser como su maestro».

Mateo 10:25

Ninguno discutirá esta declaración, porque sería impropio que un siervo se elevara sobre su Maestro y Señor. Cuando nuestro Señor estaba en el mundo, ¿cómo lo trataron? ¿Se reconocieron sus demandas? ¿Se siguieron sus instrucciones? ¿Adoraron aquellos a quienes él había venido a bendecir sus perfecciones? ¡No! Más bien, Jesús fue «despreciado y desechado entre los hombres». Su lugar estaba «fuera del campamento»; su misión consistió en llevar la cruz. ¿Le proporcionó el mundo solaz y descanso? «Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene donde recostar la cabeza» (Lc. 9:58). Esta inhóspita tierra no le dio asilo, sino que lo echó fuera y lo crucificó. Si eres un seguidor de Jesús y mantienes una conducta consecuente y cristiana, esta será la suerte que le ha de tocar a aquella parte de tu vida espiritual cuyo desarrollo exterior está bajo la observación de los hombres. Ellos te tratarán como trataron al Salvador: te despreciarán. No sueñes con que los mundanos te admirarán o que, cuanto más santo y parecido a Cristo seas, la gente te tratará con más consideración. Si no valoraron la joya pulida, ¿cómo estimarán la piedra en bruto? «Si al Padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?». Si fuéramos más semejantes a Cristo, sus enemigos nos odiarían más: constituiría un gran deshonor para un hijo de Dios el ser el favorito del mundo. Es un mal presagio cuando oímos que el mundo malvado bate las manos y le dice al cristiano: «¡Muy bien!». En ese caso, el creyente bien podría examinar su carácter y preguntarse si no ha estado haciendo algo malo, cuando los injustos le dan su aprobación. Seamos leales a nuestro Maestro y no tengamos amistad con un mundo ciego y ruin que le desprecia y rechaza. Lejos esté de nosotros buscar una corona de honor allí donde nuestro Señor encontró una de espinas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 325). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.