«Bien he visto la aflicción de mi pueblo».

14 de agosto

«Bien he visto la aflicción de mi pueblo».

Éxodo 3:7

El niño se alegra mientras canta: «Esto lo sabe mi padre». ¿Y no nos consolaremos nosotros al saber que nuestro querido Amigo y tierno Esposo del alma conoce todo lo que nos pasa?

1. Él es el Médico y, si él lo sabe todo, no hay necesidad de que el paciente lo sepa. ¡Silencio, necio, agitado, curioso y desconfiado corazón! Lo que no conoces ahora lo conocerás después; mientras tanto Jesús, el Médico amado, sabe que tu alma está en la adversidad. ¿Por qué necesita el paciente analizar toda la medicina o estimar todos los síntomas? Eso es obra del médico, no mía; mi cometido es confiar y el suyo recetar. Si él escribe su receta con letras incomprensibles que yo no puedo leer, no me inquietaré por eso, sino confiaré en que su infalible pericia va a hacer que todo resulte claro en cuanto al resultado, aunque sea misterioso en lo referente a la obra.

2. Él es el Maestro, y su conocimiento debe sustituir al nuestro. Nosotros debemos obedecer, no juzgar: «El siervo no sabe lo que hace su Señor». ¿Explicará el arquitecto sus planes a todos los peones que están en la obra? ¿No es suficiente que él conozca su diseño? El vaso que está sobre el torno no sospecha según qué modelo se le conformará, pero si el alfarero entiende su arte, ¿qué importa la ignorancia del barro? Mi Señor no debe ser vejado más con preguntas de un ignorante como yo.

3. Él es la Cabeza. Todo entendimiento se concreta allí. ¿Qué discernimiento tiene el brazo? ¿Con qué comprensión cuenta el pie? Toda facultad para conocer está en la cabeza. ¿Por qué cada miembro ha de tener un cerebro para sí cuando la cabeza cumple esa función intelectual? En esto, pues, debe el creyente esperar consuelo en la enfermedad: no en que él pueda ver el fin, sino en que Jesús lo conoce todo. Bondadoso Señor, sé tú siempre para nosotros ojo, alma y cabeza, y permítenos estar satisfechos con conocer solamente aquello que tú escoges revelarnos.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 237). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Una imagen pervertida de Dios.

14 AGOSTO

1 Samuel 4 | Romanos 4 | Jeremías 42 | Salmo 18

Cuando la gente conoce poco sobre el Dios que en efecto se ha revelado a sí mismo, es muy fácil que se desvíen hacia una imagen pervertida de ese Dios, hasta el punto que la visión que tienen de él no se parece en nada a la realidad.

Podemos entender la ignorancia de los filisteos (1 Samuel 4). En su mundo politeísta, lleno de ídolos que proveían una representación concreta de sus dioses, la llegada del arca del pacto al campamento israelita se vio como si fuera del mismo dios de Israel (4:6–7). Pero este Dios, aunque si había demostrado ser lo suficientemente poderoso como para vencer a los egipcios en su momento, sigue siendo un dios más: finito, limitado y local. De manera que los filisteos, al tener que elegir entre rendirse por temor y desafiarlo con valentía, optaron por esta última y vencen. Implícito en esta victoria hay un supuesto y un resultado: el supuesto era que Dios ya no estaba llenando los corazones cananeos con el terror de los israelitas que había acompañado a las primeras victorias de Israel (y esto significa juicio para los israelitas); el resultado es que ahora los filisteos tendrán una imagen aún más reducida de Dios. Conociendo al Dios de la Biblia, podemos estar seguros de que esta situación no durará mucho; Dios actuará para defender su propia gloria.

La ignorancia de Dios por parte de los israelitas es totalmente inexcusable, pero es parte del horrendo declive del final de la época de los jueces. Están siendo aplastados por los filisteos. Su razonamiento teológico era tan malo, que se creen que pueden alterar la suerte en la guerra al traer el arca del pacto al campamento militar, como si fuera un amuleto gigantesco. El escritor nos sugiere cuán terriblemente osada era la noción: traen “el arca del pacto del Señor Todopoderoso, que reina entre los querubines” (4:4). Tristemente, los sacerdotes Ofni y Finés, hijos de Elí, son cómplices en estos apaños. ¿Es tan fácil manipular el favor de Dios? ¿Le importa a él la ubicación de una caja tanto como la conducta e (in)fidelidad de las criaturas que llevan su imagen, de su comunidad del pacto? ¿Qué clase de imagen domesticada y reducida de Dios tendrían los líderes de Israel en esta coyuntura, para proferir tamaña sandez?

Ayer recibí por correo una carta de uno de los predicadores televisivos más famosos en Estados Unidos, que me invitaba a enviarle dinero, y a cambio, me ofrecía un adorno para el árbol de Navidad, en forma de un “ángel” con una trompeta, para recordarme que Dios le había ordenado al ángel que me cuidaba que hiciera sonar la trompeta para felicitarme. ¿Qué clase de imagen domesticada y reducida de Dios tienen estos líderes, para que profieran tal idiotez?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 226). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Del autoengaño al alivio

14 Agosto 2017

Del autoengaño al alivio
por Charles R. Swindoll

Salmos 32

Una vez le pregunté a mi hermana, Luci, que me dijera cuál era la emoción que ella consideraba que era la más poderosa y la más especial de todas. Su respuesta me sorprendió. Ella dijo que era el alivio. Después de meditarlo por un momento, concordé con ella. El alivio es con seguridad el sentimiento favorito de todas las personas.

La canción de David acerca del perdón comienza con una celebración de alivio. Un alivio que él encontró en el perdón de Dios después de haber transgredido.

Bienaventurado aquel
cuya transgresión ha sido perdonada
y ha sido cubierto su pecado.
Bienaventurado el hombre a quien el Señor
no atribuye iniquidad,
y en cuyo espíritu no hay engaño (vv. 1-2).

En estos dos versículos, David expresa una gratitud exuberante, ilimitada y especial por la misericordia de Dios. Las dos oraciones comienzan igual que el Salmo 1 cuando los leemos en su  hebreo original: «¡O cuánta felicidad! La idea da el concepto de innumerables bendiciones. David está gozándose porque Dios le ha removido los pecados que lo habían estado llenando de culpabilidad y vergüenza.

Si lo analiza cuidadosamente, descubrirá que existen cuatro términos específicos sobre las malas acciones en los primeros dos versículos. Esos términos describen el camino errado que lleva una persona a la misma condición en la cual David se encontraba antes de confesar su pecado.

1. Transgresión. La palabra viene del término hebreo, «peshah» y significa rebelarse o amotinarse. Describe un acto voluntario de desobediencia.

2. Pecado. Es el término más común hebreo que indica una mala acción. La palabra es, «khatah y significa fallar el blanco, perder el camino o equivocarse. Tiene que ver con desviarse del sendero que complace a Dios, ya sea por error o deliberadamente.

3. Iniquidad. Este término que proviene del hebreo, «awon», ve el pecado como una infracción, un comportamiento torcido a una perversión sugiriendo entonces que el pecado viene de una naturaleza corrupta.

4. Engaño. El término hebreo, «remiah», significa traición, mentira y en este caso, autoengaño.

Pareciera que el compositor analizó sus malos actos, utilizando términos cada vez más fuertes para el pecado. Una ruta en picada que tristemente la mayoría de nosotros conoce muy bien. Primero, nos amotinados en contra de la voluntad revelada de Dios. Luego, dejamos el camino que el trazó para nosotros, la senda de justicia. Luego la culpabilidad nos cautiva y pasamos por un severo tormento interno y sentimientos incómodos. Si no hay alivio, el afán diario de una conciencia acusadora puede hacer que la persona se vuelva loca. Si no encuentra alivio en el perdón, la única alternativa es auto engañarse por medio de la negación, racionalizar el pecado, echarle la culpa a otras personas, dar excusas, o redefinir la maldad de tal forma que parezca algo bueno.

Cuando el autoengaño se acomoda en la vida de una persona tal como le pasó a David cuando rehusó enfrentar su maldad, el carácter del pecador se corrompe. Y ya que eso sucede lentamente, muchos tratan de tolerar las consecuencias del pecado, me refiero a ese conflicto interno (veremos el afán del conflicto interno en el siguiente capítulo). Si usted ha caído en el tormento de la culpabilidad a causa del pecado y se da cuenta que el autoengaño está comenzando a controlarle, le pido que se detenga. Detenga esa caída y confiese abiertamente su mal ante el Señor. Ha

ga cualquier cosa que sea necesaria, sin importar lo drástica que sea, para prevenir un fracaso nuevamente.

Lea los siguientes dos pasajes de la Escritura con mucho cuidado:

El que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y los abandona alcanzará misericordia (Proverbios 28:13).
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).

Afirmando el alma
Dedique unos momentos a examinar su actitud hacia el pecado. ¿Acepta usted ahora un comportamiento específico que solía atormentar su conciencia antes? ¿Ha aprendido a vivir con un hábito pecaminoso sin confesarlo? ¿Tiene una vida secreta… una rutina encubierta que nadie más conoce? ¡Tenga cuidado! ¡Usted está en peligro! Encuentre un amigo confiable y comience la restauración admitiendo que está en tremendo embrollo.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Miren las estrellas

lunes 14 agosto

¿Sacarás tú a su tiempo las constelaciones de los cielos, o guiarás a la Osa Mayor con sus hijos?

Job 38:32

Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria…?

Salmo 8:3-4

Miren las estrellas

En el mes de agosto (en el hemisferio norte) es muy agradable acostarse en la hierba, en la noche, y mirar el cielo. En esta época, lluvias de estrellas fugaces aparecen ante nuestros ojos maravillados. Siempre es fascinante contemplar en una noche clara la diversidad, la harmonía, la belleza del cielo, y buscar la Osa Mayor, Orión, Pegaso… Pero incluso si nos hemos esforzado en conocer el nombre de muchos astros, debemos reconocer que nos es imposible nombrarlos a todos. Entonces tomamos consciencia de nuestra pequeñez frente al infinito que se presenta ante nuestros ojos.

Pero hay alguien que puede contar y nombrar todas las estrellas: Dios “cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres” (Salmo 147:4). El testimonio de su poder y de su majestad está ahí ante nosotros.

Dios cuenta igualmente las nubes (Job 38:37). También cuenta nuestros pasos (cap. 14:16), e incluso los cabellos de nuestra cabeza (Mateo 10:30). Tiene en cuenta nuestras lágrimas (Salmo 56:8).

El que creó el universo y lo mantiene en movimiento se interesa en mí, un ser tan pequeño y débil comparado con la inmensidad del universo. Ningún detalle de mi vida le es indiferente; me conoce y me ama personalmente. “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” (1 Juan 4:9). ¿Podría uno permanecer insensible ante tal amor?

1 Crónicas 27 – Lucas 21:1-24 – Salmo 94:8-15 – Proverbios 21:13-14

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Sabiduría para la vida

Sabiduría para la vida

8/13/2017

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Mateo 7:7-8)

Tener la sabiduría de Dios está entre las mayores necesidades que tenemos. La sabiduría de Dios nos ayuda a tomar decisiones prudentes a lo largo de nuestra vida cristiana; a optar por el camino de Dios y rechazar el camino del mundo en toda situación.

La Biblia presenta muchos mandamientos y principios para la vida cristiana, pero no es un manual exhaustivo de métodos y reglas para toda situación concebible. Eso no sería muy práctico, e impediría que confiáramos solamente en Dios. Él quiere que leamos su Palabra cada día de modo que podamos conocer sus principios para una vida recta y que podamos orar sabiamente pidiendo dirección cuando tenemos que tomar decisiones difíciles.

En las Escrituras el Señor presenta a los creyentes la verdad suficiente para vivir de manera responsable, y su­ficiente misterio para llevarlo a Él en la oración con­fiada: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Stg. 1:5).

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Tres ejemplos de una fe que lucha

AGOSTO, 13

Tres ejemplos de una fe que lucha

Devocional por John Piper

Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder. (2 Tesalonicenses 1:11)

Cuando Pablo dice que Dios cumplirá —con su poder por medio de nuestra fe— las buenas resoluciones que hagamos, lo que quiere decir es que vencemos al pecado y hacemos lo que es justo al estar satisfechos con todo lo que Dios promete ser para nosotros en Cristo en los próximos cinco minutos, cinco meses, cinco décadas, y por la eternidad.

Veamos tres ejemplos de cómo podría cumplirse esto en su vida:

1. Si deciden en el corazón dar a modo de sacrificio y generosamente, el poder de Dios para cumplir este propósito les será concedido según pongan su confianza en la gracia para el futuro en las siguiente promesas: «Mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Filipenses 4:19); «El que siembra abundantemente, abundantemente también segará» (2 Corintios 9:6); «Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra» (2 Corintios 9:8).

2. Si deciden en el corazón renunciar a la pornografía, el poder de Dios para cumplir este propósito les será concedido al poner su confianza en la gracia para el futuro que se expresa en estas promesas: «Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios» (Mateo 5:8); «Si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno» (Mateo 5:29). Mucho mejor; maravillosamente mejor; y mejor para su satisfacción plena.

3. Y si deciden en el corazón proclamar a Cristo cada vez que la oportunidad se presente, el poder de Dios para cumplir este propósito les será concedido al poner su confianza en la gracia para el futuro en la siguiente promesa: «No os preocupéis de cómo o qué hablaréis; porque a esa hora se os dará lo que habréis de hablar» (Mateo 10:19).

Que Dios aumente día a día nuestra fe en su inagotable gracia venidera, comprada por sangre, para la gloria de Cristo.


Devocional tomado del libro “Viviendo por fe en la gracia venidera”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«Y me acordaré del pacto mío».-

13 de agosto

«Y me acordaré del pacto mío».

Génesis 9:15

Observa la forma de la promesa. Dios no dice: «Y cuando vosotros miréis el arco y recordéis mi pacto, entonces no destruiré la tierra», pues la promesa no depende de nuestra memoria, que es débil y frágil, sino de la memoria de Dios, que es infinita e inmutable. El versículo siguiente dice: «Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo». La base de mi seguridad no es mi recuerdo de Dios, sino el recuerdo que Dios tiene de mí; no es mi posesión de su pacto, sino la posesión que su pacto toma de mí. ¡Gloria a Dios!, todos los baluartes de la salvación están asegurados por el poder divino, y aun las fortalezas menores, que quizá creamos que han sido dejadas para el hombre, están también guardadas por el poder del Omnipotente. Ni siquiera el recuerdo del pacto se le confía a nuestra memoria, pues nosotros podemos olvidar, pero nuestro Señor no puede olvidar a los santos, a quienes tiene esculpidos en las palmas de sus manos. Acontece con nosotros lo que aconteció con Israel en Egipto. La sangre se puso en el dintel y en los dos postes, pero el Señor no dijo: «Cuando veas la sangre, yo pasaré de vosotros», sino: «Veré [yo] la sangre y pasaré de vosotros». El hecho de que yo mire a Jesús me trae gozo y paz, pero es la mirada de Dios a Jesús lo que asegura mi salvación y la de todos sus elegidos; ya que es imposible que nuestro Dios mire a Cristo, nuestro bendito Fiador, y después esté airado con nosotros por los pecados que él ya ha expiado. No; ni siquiera se nos confía la salvación por recordar nosotros el pacto. Aquí no hay lino y lana mezclados; ni una simple hebra de la criatura marca el tejido. No es de hombre ni por hombre, sino del Señor solo. Nosotros debemos recordar el pacto y lo recordaremos por medio de la gracia divina; pero el gozne de nuestra seguridad no está en eso, sino en el hecho de que Dios nos recuerda a nosotros y no en que nosotros lo recordemos a él. De ahí que el pacto sea un pacto eterno.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 236). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

“Habla, Señor, que tu siervo escucha”

13 AGOSTO

1 Samuel 3 | Romanos 3 | Jeremías 41 | Salmo 17

El Señor no llama a todos sus profetas de la misma manera, ni en la misma etapa de su vida. A Amós lo llamó cuando era pastor en Tecoa. A Eliseo lo llamó Elías para servir como aprendiz. Pero a Samuel lo llamó desde antes de ser concebido.

La experiencia consciente de Samuel del llamado de Dios (1 Samuel 3) ocurrió cuando era un muchacho—seguramente no era un niño, como algunas imágenes más románticas lo han pintado, pues sabía lo suficiente como para entender lo que el Señor le dijo, preocuparse por ello y titubear antes de repetírselo a Elí. Pero no era muy mayor, pues todavía era un “joven” (3:1).

La historia es tan conocida que no hace falta repetirla, pero algunas observaciones nos podrían ayudar a enfocar algunos asuntos:

(1) La voz que le llega a Samuel es una voz verdadera, que habla hebreo, un idioma real. No es una “sensación” subjetiva de ser llamado. En la Biblia, ocurren llamados auténticos, visiones reales, revelaciones verdaderas, pero en la época de Samuel, no “eran frecuentes” (3:1). Ciertamente, hasta este momento, Samuel nunca había tenido una experiencia así; él “todavía no conocía al Señor, ni su palabra se le había revelado” (3:7).

(2) Elí es una figura triste. En su propia vida, es una persona íntegra, a pesar de que es un desastre con su familia. Su vasta experiencia le permite saber lo que está sucediendo cuando el Señor llama a Samuel por tercera vez, y logra guiar al joven hacia una respuesta adecuada: “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (3:9).

(3) La sustancia de la revelación que se le da a Samuel en esta ocasión incluye una dificultad inminente tan chocante que “a todo el que lo oiga le quedará retumbando en los oídos” (3:11). En esta tragedia, está incluida la destrucción de la familia de Elí, conforme a lo que el Señor ya le había dicho a este: Dios iba a juzgar a su familia para siempre porque “él sabía que [sus hijos] estaban blasfemando contra Dios y, sin embargo, no los refrenó” (3:13). Esta negligencia siempre es malvada, por supuesto, pero es particularmente maligna en los líderes religiosos que ascienden a sus hijos a posiciones en las que usan su poder para abusar de la gente y tratan a Dios mismo con desdén (2:12–25).

(4) Cuando Elí logra que Samuel le cuente todo lo que el Señor le dijo, su propia respuesta, si bien conserva una evidencia de confianza, revela su irresponsabilidad: “Él es el Señor; que haga lo que mejor le parezca” (3:18). ¿Por qué no se arrepiente inmediatamente, toma acción decisiva en contra de sus hijos, ejercita la disciplina que le correspondía como sacerdote y le pide al Señor misericordia?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 225). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dios es accesible

Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

1 Juan 5:14-15

Dios es accesible

Antes de hacer una petición para obtener algo, nos preguntamos si la persona a quien nos vamos a dirigir puede darnos una respuesta satisfactoria. También tratamos de buscar el momento preciso para no molestarla y ser bien recibidos.

¡Qué diferencia con la acogida que tenemos cuando acudimos a Dios! Sabemos que él es todopoderoso, que nos ama: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32). Podemos dirigirnos a él libremente, en todo tiempo, sin temor a molestarlo (Lucas 11:5-13).

¡Sí, en teoría sabemos todo esto! Pero, ¿lo creemos realmente cuando nos dirigimos a él? ¿No nos sucede que a veces oramos pensando que no nos va a responder? ¿Por qué sucede esto? Sencillamente porque nos hacemos una imagen de Dios a la medida de lo que es el hombre. Sin embargo, la Biblia nos habla de diferentes caracteres de Dios: su poder que libera, su fidelidad a sus promesas, su bondad en sus cuidados diarios…

Jesús vino a dárnoslo a conocer como Padre. “El Padre mismo os ama” (Juan 16:27). “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1). Aprendamos a conocerle en esta maravillosa relación. Esto nos llevará a comprender mejor su voluntad y en consecuencia a orar con mayor inteligencia y oportunamente.

1 Crónicas 26 – Lucas 20:27-47 – Salmo 94:1-7 – Proverbios 21:11-12

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El discipulado es algo serio

El discipulado es algo serio

 

8/12/2017

Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos…? (Lucas 14:28)

No se puede pagar nada para ganar la salvación; pero vivir para Cristo es un asunto serio del discipulado. Ser cristiano significa confiar en el poder de Cristo y no en el suyo propio, y estar dispuesto a dejar su propio camino por el suyo.

Ser cristiano puede resultar en sufrir persecución, burlas y tribulación. Jesús advirtió a los discípulos: “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Jn. 15:20).

Pero con su advertencia acerca del costo del dis­ci­pu­lado, el Señor prometió que usted se regocijará “y nadie [le] quitará [su gozo]” (Jn. 16:22). Y también les dijo a sus discípulos: “pero confiad, yo he vencido al mundo” (16:33).

Usted no escapará de las dificultades del discipulado, pero Cristo lo capacitará para que las resuelva.

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