Mi alma tiene sed de Dios

AGOSTO, 12

Mi alma tiene sed de Dios

Devocional por John Piper

Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente; ¿cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?(Salmos 42:1-2)

La razón por la que este pasaje es tan hermoso y tan crucial para nosotros es que el salmista no anhela las aguas principalmente para obtener alivio frente a las circunstancias que lo amenazan. No anhela tan solo escapar de sus enemigos o la destrucción de ellos.

No está mal desear alivio y orar por ello. En ocasiones, está bien orar por la derrota de nuestros enemigos. Pero más importante que todo esto es el mismo Dios.

Cuando pensamos y sentimos conforme a Dios en los Salmos, el resultado principal es así: comenzamos a amar a Dios y queremos ver a Dios y estar con Dios y estar satisfechos en admirar a Dios y regocijarnos en él.

Una traducción de la pregunta al final del versículo 2 podría ser como sigue: «¿cuándo vendré y veré el rostro de Dios?». La respuesta final a esa pregunta se encuentra en Juan 14:9 y 2 Corintios 4:4. Jesús dijo: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre». Pablo dijo que cuando nos convertimos a Cristo vemos «el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios».

Cuando vemos el rostro de Cristo, vemos el rostro de Dios. Y vemos la gloria de su rostro cuando oímos la historia del evangelio de su muerte y resurrección: «el evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios».

Que el Señor aumente el hambre y sed de ver el rostro de Dios; y que nos conceda ese deseo mediante el evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios.


Devocional tomado del sermón “Depresión espiritual en los Salmos”

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Se dejará ver entonces mi arco en las nubes

12 de agosto

 

«Se dejará ver entonces mi arco en las nubes».

Génesis 9:14

El arco iris, símbolo del pacto de Dios con Noé, es figura de nuestro Señor Jesús, el testigo de Dios a su pueblo. ¿Cuándo esperamos ver la señal del pacto? El arco iris solo se puede proyectar en una nube. Cuando la conciencia del pecador está oscurecida por nubes, cuando recuerda sus pecados pasados y llora delante de Dios, entonces Jesús se revela a él como el arco iris del pacto, mostrando todos los gloriosos colores del carácter divino y prometiéndole paz. En cuanto al creyente, cuando sus pruebas y tentaciones lo acosan, le es muy grato contemplar la persona de nuestro Señor Jesucristo: verlo sangrando, muriendo, resucitando e intercediendo por nosotros. El arco iris de Dios se muestra en la nube de nuestros pecados, de nuestras tristezas, de nuestros dolores para anunciar la redención. La nube sola no produce un arco iris; tiene que haber también gotas cristalinas para poder reflejar la luz del sol. Así, nuestras aflicciones no solo deben amenazarnos sino caer realmente sobre nosotros. Si la ira de Dios hubiera sido meramente una nube amenazadora, entonces no habríamos tenido a Cristo, pues el castigo debe caer en pavorosas gotas sobre el Fiador. Hasta que haya una angustia auténtica en la conciencia del pecador, no hay Cristo para él; hasta que el castigo que experimenta se haga penoso, no puede ver a Jesús. Sin embargo, debe también haber un sol, pues las nubes y las gotas de la lluvia no producen el arco iris si el sol no alumbra. Querido amigo, nuestro Dios, que para nosotros es como el sol, siempre alumbra, pero nosotros no siempre lo vemos. Las nubes nos ocultan su rostro. Pero no importa qué gotas estén cayendo o qué nubes nos estén amenazando; si él alumbra, habrá arco iris en el acto. Se dice que cuando vemos el arco iris, la lluvia termina. Lo cierto es que cuando Cristo se hace presente, quita nuestras aflicciones; cuando contemplamos a Jesús, nuestros pecados desaparecen y nuestras dudas y temores se disipan. Cuando Jesús anda sobre las aguas del mar, ¡cuán profunda es entonces la calma!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 235). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Viviendo bajo la sombra de la culpabilidad

12 Agosto 2017

Viviendo bajo la sombra de la culpabilidad
por Charles R. Swindoll

Salmos 32

Su conciencia puede que sea invisible pero ciertamente no está inactiva.

¿A quién no le mantienen despierto los ruegos de la conciencia? Una conciencia acusadora nos puede quitar el apetito, robarnos el sueño y mantenernos distraídos.

Hubo una mini novela de Edgar Allan Poe, The Tell–Tale Heart [El corazón predecible]? El personaje principal había cometido un asesinato. Sin poder escapar de la culpabilidad de lo que había hecho, comenzó a escuchar el latido del corazón de su víctima que había enterrado en el piso de su casa. Un sudor frío lo envolvía en tanto que los latidos continuaban incesantemente. Rehusaban alejarse de él. Finalmente, se da cuenta que el sonido que lo estaba volviendo loco no venía de ultratumba sino más bien de su propio pecho. Lo mismo sucede con una conciencia acusadora.

El antiguo compositor, David, conocía bien este mal irracional. Tal cómo lo veremos en unos momentos, entre más rehusaba enfrentarse  a su culpabilidad acusadora, más se enfermaba y se desesperaba. Solo el perdón podía llevarse esa molestia.

Al leer esa canción, dos cosas saltan a la vista antes de terminar con el versículo 1.

Primero, notamos que este es un Salmo de David. Es una canción que David escribió bajo la inspiración del Espíritu Santo. Así que desde el principio debemos recordar que esta canción describe alguna situación de una experiencia personal de David. Segundo, notamos que es un «maskil», un término que no conocemos. Maskil es una palabra hebrea que aparece al inicio de trece canciones de este antiguo himnario hebreo. Es muy probable que esta palabra se derive del término hebreo “Sakal” que significa: «ser prudente, sabio, tener perspectiva». Tiene que ver con ese conocimiento inteligente que se obtiene a través de la razón. Según el diccionario, la palabra, “perspectiva” significa el acto de poder ver una situación. En conjunto, esto nos permite comprender que el Salmo trigésimo segundo fue diseñado para darles a sus lectores sabiduría y perspectiva al enfrentar ciertas situaciones.

La situación en este caso es el afán que acompaña una conciencia acusadora. El Salmo 51 debe considerarse junto con el Salmo 32. Ambos salmos fueron escritos después del adulterio de David con Betsabé y de haber intentado cubrir su pecado mandando a matar a su esposo en el campo de batalla. El Salmo 51 fue escrito primero, durante la angustia de la culpabilidad que estaba golpeando a David severamente. El Salmo 32 fue escrito después de esa angustia, después que él encontró el perdón y que la paz le había sido restaurada. Por eso, el tema de Salmo 32 podría ser, la paz que llega después del perdón y cómo puede alcanzarse. Desde el inicio nos damos cuenta que esta canción es increíblemente relevante; vivimos en un mundo lleno de personas bajo la sombra oscura de la culpabilidad, una sociedad que necesita desesperadamente el perdón.

Mientras lee el salmo, póngase en los zapatos de David. Es obvio que ahora se encuentra gozoso disfrutando del perdón (vv. 1-2). Luego se pone a reflexionar en los días anteriores (vv. 3-5). Dos veces, durante esta sección de la canción, agrega la palabra, «selah», la cual la mayoría de los eruditos creen que es una notación musical que indica una pausa, una reflexión. Cuando lleguemos a esas notificaciones musicales, lo mejor es hacer una pausa y leer nuevamente la estrofa, más lenta y detenidamente. Los siguientes tres versículos (vv. 6-8) miran hacia el futuro, enfocándose en aquellos que leerán después esas palabras.

La conclusión de David (vv. 9-11) exhorta a sus lectores a vivir de una manera recta. Este es un bosquejo de la canción:

I. Expresión del gozo presente (vv. 1-2)
II. Reflexión sobre los pecados anteriores (vv. 3-5)
A. Renuencia a confesarlos (vv. 3-4)
B. Disposición a confesarlos (v. 5)
III. Provisión para necesidades futuras (vv. 6-8)
A. Invitación (v. 6)
B. Protección (v. 7)
C. Guía (v. 8)
IV. Aplicación para cada creyente (vv. 9-11)
A. No sea obstinado (v.9)
B. Decídase hoy (v. 10)
C. Manténgase recto (v. 11)

Afirmando el alma
Piense en una época cuando su conciencia le acusaba por un acto vergonzoso (puede ser ahora). ¿De qué forma afectó su habilidad para comer, dormir, trabajar y concentrarse? ¿De qué manera afectó su interacción con los demás? ¿Qué hizo para encontrar alivio (si es que en verdad encontró alivio)?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Todos están bajo el pecado

12 AGOSTO

1 Samuel 2 | Romanos 2 | Jeremías 40 | Salmos 15–16

Si Romanos 1 condena a toda la raza humana, Romanos 2 se centra específicamente en los judíos. Tienen enormes ventajas, ya que recibieron la Ley: la revelación de Dios a través de Moisés en el Sinaí. Pero aquí también, Pablo declara que, todos están condenados; poseer la ley no entraña salvación en sí mismo. En 3:19–20, el apóstol establece explícitamente que los que están “bajo la ley” quedan silenciados junto con los que no tienen ley: todos están bajo el pecado. Esto prepara el camino para la gloriosa solución del evangelio (3:21–31).

Aquí, en Romanos 2, sin embargo, hay un párrafo que ha generado muchísima discusión (Romanos 2:12–16). En el versículo 12, Pablo hace la afirmación general de que Dios juzga a las personas conforme a lo que estas conocen, no por lo que no conocen. Así que: “Todos los que han pecado sin conocer la ley, también perecerán sin la ley; y todos los que han pecado conociendo la ley, por la ley serán juzgados” (2:12). Jesús también había unido la responsabilidad humana al privilegio humano: cuanto más sabemos, más severamente se nos pedirá cuentas (Mateo 11:20–24). La mera posesión de la ley no vale nada. Aquellos (judíos) que obedecen la ley, son justos. Luego, Pablo añade: “De hecho, cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por naturaleza lo que la ley exige, ellos son ley para sí mismos, aunque no tengan la ley. Estos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusan” (2:14–15).

Muchos escritores entienden que esto implica que habría gentiles que podrían ser salvos sin haber escuchado jamás acerca de Jesús. Después de todo, Pablo dice que algunos gentiles “cumplen por naturaleza lo que la ley les exige” y afirma que sus conciencias incluso “los excusan”. Otros tratan de evitar esta implicación argumentando que esa alternativa positiva es puramente hipotética para Pablo. Pero Pablo no está proponiendo que hay un grupillo de gentiles que son tan buenos que sus conciencias siempre están limpias y, por tanto, serán salvos. Más bien, está argumentando que en todas partes los gentiles tienen alguna noción del bien y el mal, aunque carecen de ley, y que esto lo demuestran al hacer ciertas cosas que son conforme a la ley y mediante las conciencias que a veces los acusan y a veces los defienden. Su argumento no es que algunos son lo suficientemente buenos como para ser salvos, sino que todos expresan, por su intuición sobre el bien y el mal, una conciencia de estos estándares morales (seguramente, basada en la Imago Dei), de manera que ellos también tienen suficiente conocimiento como para que se les pida cuentas. Pablo quiere demostrar que “tanto los judíos como los gentiles están bajo el pecado” (3:9).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 224). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La voz de la creación

Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras.

Salmo 19:1-4

Alaben la misericordia del Señor, y sus maravillas para con los hijos de los hombres.

Salmo 107:31

La voz de la creación

Un cristiano de la ex República democrática alemana cuenta lo siguiente: «En el koljós (granja colectiva) teníamos un jefe muy difícil. Pero cierto día llegó al trabajo totalmente transformado. Todos notamos el cambio inmediatamente. Nos trataba bien, no maldecía y nos ayudaba mucho. Durante la pausa nos contó lo siguiente:

Hace algunos días fui a dar un paseo. Era tarde, ya estaba oscuro, pero el cielo estaba estrellado. Esto me impresionó. Entonces empecé a dudar: ¿Todo esto pudo crearse solo? ¡Imposible! Para toda construcción se necesita un arquitecto, un ingeniero… ¿Este universo se habrá creado solo? ¡Qué terrible error! Derrotado, me incliné entonces ante el Creador. Pero Dios prosiguió la obra que había empezado en mí: encontré la paz confesando mis pecados y creyendo en Jesucristo. Ahora quiero servir a Aquel que murió por mí y que creó toda esta maravillosa naturaleza.

Ese cambio consternó a nuestros compañeros, sin embargo respetaron a su superior. Y nosotros, los cristianos, vivimos este cambio como un regalo de Dios. Desde entonces nuestro jefe se convirtió en un amigo y hermano para nosotros. Nos aportó una valiosa ayuda y fue un testigo fiel a su Señor.

Dios utilizó la voz de la creación para llevar a cabo esta conversión milagrosa».

1 Crónicas 25 – Lucas 20:1-26 – Salmo 93 – Proverbios 21:9-10

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

El que lleva la carga

8/11/2017

Mi yugo es fácil, y ligera mi carga. (Mateo 11:30)

Jesús se describió a sí mismo como “manso y humilde de corazón” (Mt. 11:29); por lo tanto, Él da descanso, no cansancio, a todos los que se someten a Él y hacen su obra. En Cristo usted no solo tiene a un Salvador, sino también a uno que lleva la carga. Él lo ayuda a llevar todas sus cargas, incluso la carga de la obediencia.

Cristo nunca le dará una carga demasiado pesada de llevar. Su yugo no tiene nada que ver con las exigencias de la ley ni con las obras humanas. Más bien pertenece a la obediencia del cristiano a Dios, que Él quiere hacerla una experiencia alegre y feliz. Dé gracias a Dios por dar a alguien tan misericordioso que lleve la carga en la persona de su Hijo.

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Los distintos tiempos de la gracia

AGOSTO, 11

Los distintos tiempos de la gracia

Devocional por John Piper

Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo. (2 Tesalonicenses 1:11-12)

La gracia no solo es la predisposición de Dios a hacernos bien cuando no lo merecemos —darnos favor inmerecido—. También es el poder de Dios actuando en nuestra vida y haciendo que sucedan cosas buenas en nosotros y para nosotros.

Pablo dijo que cumplimos todo propósito de bondad «con su poder» (versículo 11), y luego agrega al final del versículo 12: «por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo». El poder que obra en nuestra vida para hacer posible la obediencia que exalta a Cristo es en realidad una extensión de la gracia de Dios.

Podemos observar esto también en 1 Corintios 15:10:

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.

La gracia es un poder activo, presente y transformador que hace posible la obediencia.

Por lo tanto, esta gracia que proviene de Dios y que actúa con poder en nosotros es, en un momento dado, tanto pasada como futura. Ya ha hecho algo por nosotros o en nosotros antes, y por eso es pasada. También va a seguir actuando en nosotros y por nosotros, por eso es futura —ya sea dentro de cinco segundos o cinco millones de años—.

La gracia de Dios es una constante cascada que baja por la catarata del presente, cuyas aguas vienen del inagotable río de gracia que proviene del futuro y llenan el creciente embalse de la gracia del pasado. En los próximos cinco minutos, estaremos recibiendo la gracia sustentadora que fluye hacia nosotros desde el futuro, y estaremos acumulando el valor de cinco minutos de gracia en el embalse del pasado.

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«Consuelo eterno»

11 de agosto

«Consuelo eterno»

2 Tesalonicenses 2:16 (LBLA)

¡Consuelo! Hay música en esta palabra. Ella quita, como el arpa de David, el mal espíritu de la melanco lía. Para Bernabé fue un gran honor que se le llamara «hijo de consolación». Más aún: este es uno de los ilustres nombres de Aquel que es mayor que Bernabé; pues el Señor Jesús es la consolación de Israel. «Consuelo eterno». Aquí tenemos lo mejor de todo: el «nardo puro de mucho precio»; porque una eterni dad consoladora es la corona y la gloria del consuelo. ¡Vale la pena tener bienes cuando uno puede disfrutar de ellos perpetuamente! El hombre trabaja para ganar dinero y, después de afanarse mucho, llega a poseer un crecido capital. Ese dinero es para él un consuelo, pero no un «consuelo eterno»; pues puede malgas tar o perder todo su tesoro o acaso muera y se vea obligado a abandonarlo. En el mejor de los casos, el dinero no puede ser otra cosa que un consuelo pasajero. Uno trabaja hasta cansarse para adquirir conocimiento; lo adquiere, llega a ser un erudito y su nombre se hace famoso. Esto es para él un consuelo, como premio de toda su fatiga. Sin embargo, tampoco eso dura mucho: pues cuando tiene quebraderos de cabeza o angustia de corazón, sus títulos y diplomas no le pueden alentar. Y si su alma llega a ser presa del desaliento, tiene que hojear muchos volúmenes antes de poder hallar un bálsamo para su quebrantado corazón. Todos los consuelos terrenales son, en su esencia, fugaces y, en su existencia, efímeros. Esos consuelos resultan tan radiantes y pasa jeros como los colores de una pompa de jabón. No obstante, los consuelos que Dios da a su pueblo no se marchitan ni pierden su frescura. Al contrario, resisten todas las pruebas: el golpe de la aflicción, la llama de la persecución, el curso de los años; más aún, pueden resistir hasta la muerte misma.

¿Qué es el «consuelo eterno»? Incluye, en primer lugar, un sentimiento de perdón de pecados. El cristiano ha recibido en su corazón el testimonio del Espíritu Santo de que sus rebeliones han sido deshechas como una nube y sus pecados como niebla (Is. 44:22). ¿No es un consuelo eterno el tener los pecados perdonados? En segundo lugar, el Señor da a los suyos una permanente comprensión de que han sido aceptados en Cristo. El cristiano sabe que Dios lo mira como unido a Jesús. Ahora bien, es grato saber que Dios nos acepta. La unión con el Señor resucitado supone un consuelo de los más permanentes; es, en realidad, eterno. No importa que nos postre la enfermedad. ¿No hemos visto a centenares de creyentes tan felices en la debilidad de sus dolencias como en la fortaleza de una perfecta salud? No importa que las flechas de la muerte nos atraviesen el corazón; nuestro consuelo no muere. ¿Acaso no han oído frecuentemente nuestros oídos los cánticos de los santos mientras se regocijaban porque el vivo amor divino se derramaba en sus corazones en los momentos de su agonía? Sí, la comprensión de que habían sido aceptados en el Amado era un consuelo eterno. Además, el cristiano tiene una convicción de su seguridad. Dios ha prometido salvar a quienes confían en Cristo; y el cristiano confía en Cristo y cree que Dios cumplirá su palabra y lo salvará. Él sabe, por tanto, que por el hecho de estar ligado a la persona y la obra de Jesús, se halla seguro, ocurra lo que ocurra y cualesquiera sean los ataques de la corrupción interna o de la tentación externa. ¿No es esta una fuente de consuelo superabundante y placen tera? Los hombres más ricos y más sabios darían espontánea mente sus ojos por saber si son salvos, y reputarían como ganancias esas pérdidas. El entrar en la vida cojos o mancos sería para los hombres una ganga, si realmente entrasen. Nuestro con suelo eterno estriba en que tenemos esa vida y que no se nos puede privar de ella. Lector, ¿cómo es que te consumes y rehúsas ser consolado? ¿Honra eso a Dios? ¿Hará esa actitud que otros ansíen conocer a Jesús? ¡Toma aliento entonces! Cuando Jesús da consuelo eterno, es un pecado vivir murmurando.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, pp. 233–234). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Esperando en Dios

11 Agosto 2017

Esperando en Dios
por Charles R. Swindoll

Salmos 27

El clamor de David para que Dios le ayude no termina simplemente con un registro de su provisión milagrosa. Más bien, el compositor se compromete a hacer algo que no es común para las personas que están llenas de temor. David se compromete a quedarse tranquilo. Él elige esperar en el Señor. Lea el versículo 14 en voz alta:

Espera en el Señor. Esfuérzate y aliéntese tu corazón. ¡Sí, espera en el Señor! (Salmo 27:14)

Esta conclusión es muy apropiada pero totalmente inesperada. David se exhorta asimismo a esperar en Dios. Él se da cuenta de que la presión no se va ir súbitamente. Él sabía que sus enemigos no se irían inmediatamente después de que se levantara de sus rodillas. Él era lo suficientemente realista para saber que cualquier cosa que vale la pena tener, hay que esperarla. Así que en los últimos renglones de su canción, se dice asimismo que se tranquilice; que entre en el descanso de Dios y que deje de esforzarse por sus propios medios (Vea Hebreos 4:9-11). La fortaleza y el valor se desarrollan durante la prueba, no después. Esperar en Dios es algo esencial para el cristiano.

El término, «esperar» viene del verbo hebreo, «kawah», y transmite la idea de buscar algo ansiosamente. Su significado original da la idea de estirar o torcer algo. Como sustantivo significa, «cuerda , línea o hilo». La definición literal se convirtió en una ilustración acerca de la tensión y la anticipación ansiosa. Isaías 40:31 utiliza el mismo término: «Pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas».

Si usted está esperando que Dios obre esta semana, siga esperando. Durante esa espera, usted recibirá  fortaleza y valor. Quiero sugerirle que analice los principios del Salmo 27 cada vez que usted se sienta tentado a tener miedo. No se paralice ni caiga en la ineficiencia. Sepárese del afán del temor. Mire cada circunstancia amenazadora como una oportunidad para desarrollar su fe, en vez de huir. ¿Cómo puede hacerlo?

Siga el ejemplo de David.

Primero: Recuerde las verdades de Dios.
Segundo: Exprese sus necesidades abiertamente.
Tercero: Espere. Permita que cualquier circunstancia temerosa se convierta en una oportunidad de Dios para fortalecerle.

Afirmando el alma
Esperar en Dios es una disciplina espiritual que necesita cultivarse. Requiere paciencia y práctica. Piense en algo que usted no pueda arreglar; algo que esté más allá de su control y que le cause ansiedad. Cada vez que piense en ese asunto, recuerde la fidelidad de Dios, ríndale la situación a él y luego decida esperar en Dios. Hágalo tantas veces como sea necesario.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

¿Cómo se manifiesta la ira de Dios, según las Escrituras?

11 AGOSTO

1 Samuel 1 | Romanos 1 | Jeremías 39 | Salmos 13–14

¿Cómo se manifiesta la ira de Dios, según las Escrituras?

No hay una respuesta breve a esa pregunta, porque pueden ser muchas, dependiendo de una enorme gama de circunstancias. La ira de Dios aniquiló a casi toda la raza humana durante el Diluvio. A veces, el castigo de Dios a su pueblo del pacto es para corregir. En ocasiones, es inmediato, sobre todo porque tiende a ser instructivo (como la derrota del pueblo de Hai después de que Acán robara plata y ropa fina de Babilonia). En otros momentos, Dios se abstiene, lo cual en cierto modo muestra su gracia, pero dada la perversidad de los que llevan su imagen, es fácil que las cosas se descontrolen. La demostración última de la ira de Dios es el infierno mismo (ver, por ejemplo, Apocalipsis 14:6 ss.).

Romanos 1:18 ss, expresa la revelación de la ira de Dios de una manera un tanto diferente. Lo que Pablo presenta aquí no es lo único que se puede decir de la ira de Dios—incluso en la mente del mismo Pablo—, pero contribuye con algo muy importante. No sólo se revela la ira de Dios contra “toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad” (1:18), sino que se manifiesta en esos pecados; es decir, en el hecho de que Dios entrega a la gente a que hagan lo que quieren hacer (1:24–28). En otras palabras, en vez de reprenderlos con juicio corrector o restringir su maldad, Dios “los entregó”: a “pasiones vergonzosas” (1:26) y a “la depravación mental” (1:28). El resultado es la multiplicación de la “maldad, perversidad, avaricia y depravación” (1:29). La imagen que presentan el resto de los versículos de Romanos 1 no es nada bonita.

Debemos reflexionar un poco más sobre lo que esto significa. En nuestra falta de visión, a veces pensamos que Dios es un poco inflexible cuando en algunos pasajes, en particular del Antiguo Testamento, castiga de inmediato a su pueblo por sus pecados. Pero, ¿cuál es la alternativa? Sencillamente, es no castigarlos enseguida. Si el castigo fuera sólo un asunto de educación correctiva a un pueblo moralmente neutral, el momento y la severidad del mismo no importarían mucho; aprenderíamos. Pero la Biblia afirma que, tras la caída, somos por naturaleza y persistentemente rebeldes en contra de Dios. Si nos castiga, nos quejamos de su severidad. Si no nos castiga, descendemos hacia el libertinaje hasta que los fundamentos mismos de la sociedad se ven amenazados. Entonces, puede que clamemos a Dios pidiendo misericordia. Eso está muy bien, pero al menos debemos entender que hubiera sido misericordioso que no nos permitiera caer tan bajo en el abismo.

Si vemos la forma y las tendencias de la cultura moderna, ¿no podríamos argumentar que ya estamos bajo la severa ira de Dios? ¡Ten misericordia, Señor!

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 223). Barcelona: Publicaciones Andamio.