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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Se dejará ver entonces mi arco en las nubes

12 de agosto

 

«Se dejará ver entonces mi arco en las nubes».

Génesis 9:14

El arco iris, símbolo del pacto de Dios con Noé, es figura de nuestro Señor Jesús, el testigo de Dios a su pueblo. ¿Cuándo esperamos ver la señal del pacto? El arco iris solo se puede proyectar en una nube. Cuando la conciencia del pecador está oscurecida por nubes, cuando recuerda sus pecados pasados y llora delante de Dios, entonces Jesús se revela a él como el arco iris del pacto, mostrando todos los gloriosos colores del carácter divino y prometiéndole paz. En cuanto al creyente, cuando sus pruebas y tentaciones lo acosan, le es muy grato contemplar la persona de nuestro Señor Jesucristo: verlo sangrando, muriendo, resucitando e intercediendo por nosotros. El arco iris de Dios se muestra en la nube de nuestros pecados, de nuestras tristezas, de nuestros dolores para anunciar la redención. La nube sola no produce un arco iris; tiene que haber también gotas cristalinas para poder reflejar la luz del sol. Así, nuestras aflicciones no solo deben amenazarnos sino caer realmente sobre nosotros. Si la ira de Dios hubiera sido meramente una nube amenazadora, entonces no habríamos tenido a Cristo, pues el castigo debe caer en pavorosas gotas sobre el Fiador. Hasta que haya una angustia auténtica en la conciencia del pecador, no hay Cristo para él; hasta que el castigo que experimenta se haga penoso, no puede ver a Jesús. Sin embargo, debe también haber un sol, pues las nubes y las gotas de la lluvia no producen el arco iris si el sol no alumbra. Querido amigo, nuestro Dios, que para nosotros es como el sol, siempre alumbra, pero nosotros no siempre lo vemos. Las nubes nos ocultan su rostro. Pero no importa qué gotas estén cayendo o qué nubes nos estén amenazando; si él alumbra, habrá arco iris en el acto. Se dice que cuando vemos el arco iris, la lluvia termina. Lo cierto es que cuando Cristo se hace presente, quita nuestras aflicciones; cuando contemplamos a Jesús, nuestros pecados desaparecen y nuestras dudas y temores se disipan. Cuando Jesús anda sobre las aguas del mar, ¡cuán profunda es entonces la calma!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 235). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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