La carta de Cristo

jueves 18 mayo

Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo.

2 Corintios 3:2-3

Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

Juan 11:51-52

La carta de Cristo

Casi todo el mundo ha oído hablar de Jesús, de su bondad, de su humildad, de su abnegación… Los que no creen en él suelen reprochar a los creyentes que no se parecen a él. Es cierto, nosotros los cristianos a menudo somos malos testigos de Cristo. ¡Qué diferencia entre lo que Dios hizo de nosotros, es decir, una carta de Cristo, y lo que mostramos en la vida diaria! Necesitamos volver al Señor, escuchar su palabra y dejarnos formar por su amor.

La vida cristiana diaria es en sí un mensaje. El evangelio se hace visible por la manera en que los creyentes hacen resaltar los caracteres de Dios (amor, luz, santidad…) en su vida, según leemos en Romanos 12: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos… Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber” (v. 18-20). No seremos carta de Cristo gracias a técnicas de comunicación, sino viviendo cada uno la vida de Cristo. Entonces el perdón, la ayuda mutua y las palabras de ánimo caracterizarán nuestras relaciones con los demás.

El Señor Jesús unió en una misma familia a todos los hijos de Dios. La Iglesia según la Biblia no es una institución, sino el conjunto de todos los que creen en el Señor Jesús. De este conjunto vivo debería brotar un mensaje poderoso de amor, de compasión y de santidad, pues cada creyente tiene a Cristo como Salvador y Señor.

1 Reyes 14 – Marcos 14:26-52 – Salmo 59:8-17 – Proverbios 15:23-24

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Todo lo que necesitamos

Todo lo que necesitamos

5/17/2017

El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. (Mateo 13:44)

El apóstol Pablo tuvo una vida compleja antes de ser cristiano (Fil. 3:4-6). Él trató de cumplir todas las leyes y tradiciones del judaísmo. Trató de hacer varias obras que esperaba se le acreditaran a su cuenta. Pero en todas sus búsquedas, buscaba algo que no podía encontrar. Entonces un día, en el camino hacia Damasco, fue confrontado por el Cristo vivo y comprendió que Él era todo lo que Pablo había estado buscando.

Pablo describe el cambio que hizo: “Cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Fil. 3:7-8). Cuando Pablo conoció a Cristo, comprendió que todo lo que estaba en su balance como activo era en realidad pasivo. Halló que Cristo era todo lo que necesitaba.

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«Mi siervo eres tú; te escogí»

17 de mayo

«Mi siervo eres tú; te escogí»

Isaías 41:9

Si hemos recibido la gracia de Dios en nuestros corazones, esta tiene que hacernos siervos de Dios. Quizá seamos siervos infieles —en realidad, somos siervos inútiles—; pero, a pesar de todo —¡bendito sea su nombre!— somos siervos suyos que visten su uniforme, se alimentan de su mesa y obedecen sus mandamientos. Nosotros éramos en otro tiempo siervos del pecado; sin embargo, Aquel que nos hizo libres nos admitió en su familia y nos enseñó a obedecer su voluntad. No servimos a nuestro Maestro perfectamente; pero, si pudiésemos hacerlo, ese sería nuestro deseo. Al oír la voz de Dios que nos dice: «Mi siervo eres tú», respondemos como David: «Siervo tuyo soy […] tú has roto mis prisiones» (Sal. 116:16). No obstante, el Señor no solo nos llama siervos, sino elegidos: «Te escogí». Nosotros no hemos sido los primeros en escogerlo a él, sino que él nos escogió a nosotros. Si ahora somos siervos de Dios, no lo fuimos siempre: el cambio debe atribuirse a su divina gracia. Su mirada soberana nos separó, y la voz de su inmutable gracia declaró: «Con amor eterno te he amado». Antes de que el tiempo empezara o el espacio fuera creado, Dios ya había escrito en su corazón los nombres de sus elegidos, los había predestinado a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, y los había constituido herederos de la plenitud de su amor, de su gracia y de su gloria. ¡Qué aliento encontramos en esto! Si el Señor nos ha amado tanto, ¿acaso nos desechará ahora? Él sabía cuán duros de cerviz íbamos a ser; él comprendía que nuestro corazón sería malo; y, sin embargo, llevó a cabo la elección. ¡Ah, nuestro Salvador no es un amante voluble! Él no se siente embelesado solo por algún tiempo con el brillo de los hermosos ojos de su Iglesia, abandonándola luego por su infidelidad. No: él se casó con ella en la remota eternidad, y está escrito de parte del Señor que «él aborrece el repudio» (Mal. 2:16). La elección eterna es un compromiso ideado para nuestra gratitud y para su fidelidad, que ni uno ni otro podemos repudiar.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 146). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¡Ayuda!

17 MAYO

Números 26 | Salmo 69 | Isaías 16 | 1 Pedro 4

A un nivel, en el Salmo 69 tenemos a un salmista que derrama su corazón delante de Dios, suplicando ayuda mientras se enfrenta a unas presiones y a unos adversarios extraordinarios. Posiblemente no podamos reconstruir todas las circunstancias que aquí se presentan de manera poética, pero nos consta que David ha sido traicionado por gente próxima a él, y su angustia resulta palpable.

A otro nivel, el salmo es un repertorio riquísimo de textos que encontramos citados o parafraseados en el Nuevo Testamento: “Más que los cabellos de mi cabeza son los que me odian sin motivo” (69:4, ver Juan 15:25); “Soy como un extraño para mis hermanos; soy un extranjero para los hijos de mi madre.” (69:8, ver Juan 7:5); “El celo por tu casa me consume” (69:9, ver Juan 2:17); “sobre mí han recaído los insultos de tus detractores.” (69:9, ver Romanos 15:3); “Pero yo, Señor, te imploro en el tiempo de tu buena voluntad. Por tu gran amor, oh Dios, respóndeme.” (69:13, ver Isaías 49:8, 2 Corintios 6:2); “para calmar mi sed me dieron vinagre.” (69:21, ver Mateo 27:48; Marcos 15:36; Lucas 23:36); “Y en mi sed me dieron a beber vinagre” (69:21; ver Mateo 27:34; Marcos 15:23; Juan 19:28–30); “Quédense desiertos sus campamentos, y deshabitadas sus tiendas de campaña” (69:25; ver Mateo 23:38; Hechos 1:20); “Y no sean escritos entre los justos.” (69:28, ver Lucas 10:20).

Por la concentración de citas y de alusiones procedentes de un solo capítulo, este salmo es remarcable. Por supuesto que no se trata de la misma clase de referencias en todos los casos, y en esta breve reflexión no es posible indagar en todas ellas. Pero varias de ellas encajan dentro de un mismo patrón importante. Es un salmo escrito por David. (No hay buena razón para dudar de esta atribución a partir del título del salmo.) David no es sólo el cabeza de la dinastía que desemboca en “el hijo más grande del gran David” (como dice el himno), pero en muchos aspectos David resulta ser un modelo para el rey venidero, una especie de patrón, o un tipo, si se prefiere.

Es así como razonan los escritores del Nuevo Testamento. Es suficientemente fácil demostrar que este razonamiento está bien fundado. Aquí es suficiente entrever algo del resultado. Si el Rey David podía soportar el desprecio en nombre de Dios (69:7), ¡cuánto más este Rey último, quien sin lugar a dudas sufre el rechazo de sus hermanos en nombre de Dios (69:8). Si David tiene celo por la casa de Dios, ¿Cómo no podrían los discípulos de Jesús ver en la limpieza del templo y las frases que pronuncia en aquella ocasión algo de su propio celo (Juan 2:17)? De hecho, en las mentes de los escritores del Nuevo Testamento, estos pasajes encajan con el tema del “Siervo sufriente” que aparece también en Isaías, y que aquí se asocia con el Rey David, y con su último heredero y Señor.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 137). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Una predicación efectiva

17 Mayo 2017

Una predicación efectiva
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:10-34

Si usted tiene la responsabilidad de comunicar la verdad bíblica, considérese un predicador (al menos por ahora) porque está comunicando la Palabra de Dios. Si es así, los cuatro principios que siguen a continuación son para usted. Ponga mucha atención y léalos de manera concentrada y cuidadosa, ya que ellos se aplican a cualquiera que sea su ministerio.

Primero: Concéntrese todo el tiempo en el tema: Jesucristo, El tema de Pablo fue todo el tiempo Jesucristo. Aunque estaba hablando del altar al Dios no conocido de Atenas, todo lo que Pablo decía apuntaba hacia Cristo. La predicación que no exalta a Cristo, es una predicación hueca. Pablo escribió a los creyentes de Corinto: “Porque me propuse no saber nada entre vosotros, sino a Jesucristo, y a Él crucificado” (1 Corintios 2:2). Para Pablo, el vivir era Cristo, y el morir, ganancia.

Segundo: Diga siempre la verdad, sin temor. No se deje impresionar demasiado por los que vienen a su clase o la iglesia en la cual usted sirve. Y no le importe si dan mucho o poco.

Tercero: Comience hablando siempre de la situación actual de sus oyentes. Pablo captó la atención de esos hombres con su primera oración. Usted también puede lograrlo, si dedica tiempo para pensar en lo que le interesa a la gente. Conozca bien a su público para establecer rápidamente un puente. Descubra la manera de cómo penetrar en su mundo, para luego construir un puente que le permita hablarles de Cristo. Recuerde: Debe comenzar con lo que ellos conocen, para familiarizarlos después con lo que no saben.

Cuarto: Deje siempre los resultados a Dios. Después que hayan escuchado el mensaje, termine su parte. Su tarea es comunicar la verdad. La de Dios es traer las personas hacia Él. Usted prepara al paciente, pero Él es quien hace la cirugía. Las personas no necesitan ser manipuladas. Ya hay bastante manipulación alrededor de ellas. Usted no necesita perseguirlas hasta sus autos o arrinconarlas. Dios las alcanzará, como lo hizo en Atenas. Deje los resultados a Dios.

Cuando su corazón es recto, es maravilloso lo que usted puede ver. Y cuando  lo vea claramente, es admirable cómo Dios puede darle las palabras que debe decir. Se sorprenderá de la manera como Dios le utiliza, así como lo hizo con Pablo en esa antigua metrópoli hace tantos años. Cuando llegó el momento, Pablo estaba preparado.

Cuando llegue su momento, póngase de pie y dé el mensaje. Dios le dará el valor para hablar a los demás de su Hijo. No hay un honor más grande que este en la tierra.

Diga siempre la verdad, sin temor.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Por qué amamos a Dios

MAYO, 17

Por qué amamos a Dios

Devocional por John Piper

Nosotros amamos, porque Él nos amó primero. (1 Juan 4:19)

Ya que el amor a Dios es la evidencia de que él nos amó y nos escogió (Romanos 8:28, etc.), la seguridad de que Dios nos ama y de que nos escogiera no puede ser el fundamento de nuestro amor a él. Nuestro amor a Dios, que es la evidencia de que hemos sido escogidos, consiste en nuestro entendimiento espiritual de la gloria de este Dios que todo lo satisface.

No se trata en primer lugar de la gratitud por un beneficio recibido. Se trata de reconocer que recibir a Dios produce una la gratitud sobrecogedora, y de deleitarnos en esta verdad. Este reconocimiento y deleite es —o debería ser, según las Escrituras— inmediato, con la certeza de que él en verdad se ofrece a sí mismo para nuestro eterno disfrute.

El llamado del Evangelio (Cristo murió por los pecadores; crean en él y serán salvos) no es primeramente un llamado a creer que él murió por nuestros pecados. El llamado del Evangelio consiste primeramente en creer que, debido a que Dios redime a tal costo y con tal sabiduría y santidad, él es digno de confianza y en él hallamos verdadero descanso, suficiente para satisfacer todos nuestros anhelos.

La consecuencia inmediata de creer esto (es decir, sentir, aprehender) es la convicción de que somos salvos y de que él murió por nosotros, ya que la promesa de salvación es dada a aquellos que creen así.

La esencia del hedonismo cristiano se encuentra, por lo tanto, en el mismo centro de lo que es la fe salvadora y de lo que significa realmente «recibir» a Cristo o amar a Dios.

Hagamos una comparación: «Nosotros amamos, porque Él nos amó primero» (1 Juan 4:19). Esto quizá signifique que el amor de Dios, a través de la encarnación, la expiación y la obra del Espíritu Santo, nos da la capadidad de amarlo —no que la motivación de nuestro amor sea el hecho de que él ha obrado grandemente en nosotros—.

O quizá signifique que, al contemplar y aprehender a Dios espiritualmente como el Dios que ama a pecadores como nosotros con una gracia increíblemente gratuita y mediante medios de expiación increíblemente sabios y de gran sacrificio, surge en nosotros el deseo de deleitarnos en este Dios por quien es él, en lugar de considerar que lo amamos primeramente porque consideramos que somos personal y particularmente escogidos por él.

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¿Está satisfecho?

miércoles 17 mayo

¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Marcos 8:36-37

Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

Filipenses 4:19

¿Está satisfecho?

El hombre es un perpetuo insatisfecho, y no hay nada que pueda llenar el vacío de su corazón. Sus obras, sus logros (en el ámbito de los negocios, las artes, las ciencias, el deporte…) lo aturden, lo distraen y disimulan sus verdaderas necesidades. A veces los descubrimientos útiles para el bien de todos son el fruto de búsquedas agotadoras, de un trabajo sin fin. Pero esta perseverancia a menudo nutre el orgullo del corazón del hombre sin Dios, quien es dominado por el diablo.

Solo Jesús puede colmar las necesidades más profundas del hombre, a condición de que cambie de dueño. Todo el que se acerca a Jesús, que cree en él, en su obra de salvación, y se arrepiente de su vida pasada, posee la vida eterna. “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). Esta promesa es para todos los que buscan un verdadero sentido a su vida. Jesucristo no promete la prosperidad material, pero llena las aspiraciones más profundas del que busca la verdadera felicidad.

La vida eterna es un don gratuito que responde a todas las necesidades del hombre y apacigua sus temores más secretos. El que acepta ese don descubre el amor de Dios. Al dar a su Hijo, Dios demostró el amor incomparable con el que quiere llenar el corazón de cada uno de nosotros. “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:7-8).

1 Reyes 13 – Marcos 14:1-25 – Salmo 59:1-7 – Proverbios 15:21-22

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Él está en el libro

Él está en el libro

5/16/2017

Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis. (1 Pedro 2:2)

Para ser más semejante a Cristo hay que conocer la Palabra de Dios. Hay que saber cómo Cristo vivió cuando estuvo en la tierra, y el único lugar donde aprender eso es en las Escrituras, que son la revelación de Cristo. El Antiguo Testamento prepara la escena para Él, crea la necesidad de Él y predice su venida. Los Evangelios relatan su llegada. El libro de Hechos describe el inmediato efecto de su ministerio. Las epístolas describen la importancia a largo plazo de su vida y ministerio. Y Apocalipsis da detalles de su futura venida y de su juicio de la tierra.

Cristo es el punto central de toda la Biblia, y hay que estudiarla para saber cómo es Él. Muy a menudo estudiamos la Biblia en busca de argumentos teológicos o para responder preguntas. Esas cosas son importantes, pero lo más importante del estudio bíblico es saber más de Cristo para que podamos ser como Él.

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¡Así dice el SEÑOR!

16 de mayo

«Y Él dijo: Así dice el SEÑOR: ‘Haced en este valle muchas zanjas.’ Pues así dice el SEÑOR: ‘No veréis viento, ni veréis lluvias; sin embargo ese valle se llenará de agua y beberéis vosotros y vuestros ganados y vuestras bestias’».

2 Reyes 3:16, 17 (LBLA)

Los ejércitos de los tres reyes perecían por falta de agua; pero Dios estaba a punto de enviarla y, con estas palabras, el Profeta anuncia la bendición que se acerca. Se trataba de un caso de impotencia humana: todos esos hombres valientes no podían conseguir del cielo una sola gota de agua, ni hallarla en los pozos de la tierra. Así también, el pueblo de Dios no sabe, a veces, lo que debe hacer. Ve la futilidad de la criatura y aprende por experiencia dónde debe buscar ayuda. Sin embargo, el pueblo debía prepararse con fe para recibir la bendición divina. Tenían que cavar las zanjas en las cuales el precioso líquido quedaría contenido. La Iglesia, por medio de sus variados instrumentos, esfuerzos y oraciones, debe prepararse para ser bendecida: ha de hacer los estanques y el Señor los llenará. Esto hay que ejecutarlo con fe, en plena seguridad de que la bendición está a punto de descender. Pronto hubo una singular dádiva de la bendición necesitada: no como en el caso de Elías, cuando las nubes derramaron la lluvia, sino que los estanques se llenaron de una forma callada y misteriosa. Dios tiene su propia manera soberana de actuar. Él no está atado a las formas o al tiempo como lo estamos nosotros, sino que actúa entre los hijos de los hombres como él quiere. A nosotros nos corresponde recibir de él con agradecimiento y no dictarle normas. Debemos también observar la extraordinaria abundancia de aquel suministro: hubo suficiente para la necesidad de todos. Así acontece también con la bendición del evangelio: todas las necesidades de la congregación y de la Iglesia entera se verán satisfechas por el poder divino en respuesta a la oración; y, sobre todo, se concederá a los ejércitos del Señor una rápida victoria.

¿Qué estoy haciendo yo por Jesús? ¿Qué zanjas estoy cavando? ¡Oh Señor, prepárame para recibir las bendiciones que tú deseas concederme!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 145). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Balac & Balán

16 MAYO

Números 25 | Salmo 68 | Isaías 15 | 1 Pedro 3

Hay más de una manera de derrotar al pueblo de Dios.

Balac quería que Balán maldijese a los israelitas (Números 22–24). Bajo la amenaza del juicio divino, Balán se mantuvo firme y proclamó sólo aquello que Dios le reveló. Pero aquí en Números 25 descubrimos una táctica diferente. Algunas de las mujeres moabitas invitaron a algunos de los hombres israelitas a visitarlas. Algunas de estas visitas eran para asistir a festivales y sacrificios a sus dioses. Nacieron relaciones entre ellos. Al cabo de poco tiempo se inició la inmoralidad sexual y el culto dirigido a estos dioses paganos (25:1–2), en particular al Baal-Peor (25:3). “Y la ira de Dios encendió contra ellos” (25:3).

El resultado es inevitable. Ahora los israelitas se enfrentan no con la ira de los moabitas, sino con la ira del Dios Todopoderoso. Una plaga se extienda por el campamento y mata a 24.000 personas (25:9). Finees recurre a una medida drástica (25:7–8). Si la valoramos a través del prisma del pluralismo actual, e incluso según las medidas de castigo que la iglesia esté autorizada a imponer (p. ej., 1 Corintios 5), la ejecución llevada a cabo por Finees suscitará el horror y harán que se le dirijan acusaciones de actuar con un barbarismo primitivo. Pero si recordamos que bajo la alianza pactada con esta nación teocrática, la sanción que tenía que recibir tanto el adulterio flagrante como la idolatría era la pena capital, y cuando recordamos que Finees, al mostrarse fiel a los términos de la alianza (con la cual todo el pueblo se había comprometido), salvó incontables vidas humanas, puesto que puso fin a la plaga. Por tanto, se mostró más bien movido por principios que por el barbarismo. Sin lugar a dudas, este juicio, por muy severo que pueda parecer, no es nada comparado con el juicio venidero.

Pero quisiera hacer dos observaciones más.

En primer lugar, Moab había encontrado la manera de destruir a Israel al incitarles a cometer actos que conllevasen el juicio de Dios. Israel era fuerte, únicamente porque Dios era fuerte. Si Dios hubiese abandonado la nación, el pueblo sería capaz de muy poco. Según los oráculos de Balán, los israelitas tenían que ser “un pueblo que vive apartado, que no se cuenta entre las naciones” (23:9). El mal que tiene la violación de la ley de Dios en esta ocasión es que ahora parecen querer ser iguales que las naciones paganas.

¿Cuáles son las tentaciones que hoy día inducen a la iglesia de Occidente a una conducta que conduzca inevitablemente al juicio de Dios?

En segundo lugar, ciertos capítulos posteriores nos muestran que no se trataba aquí de los típicos encuentros casuales entre chico y chica, sino de una política oficial que nació de los consejos de Balán (31:16; ver también 2ª Pedro 2:16; Apocalipsis 2:14). Se nos presenta el espectáculo desgraciado de un profeta corrupto que conserva la fidelidad aparente en las grandes ocasiones, y que en secreto ofrece consejos malévolos, especialmente si hay la posibilidad de llevarse alguna ganancia personal.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 136). Barcelona: Publicaciones Andamio.