Tipología Davídica

19 MAYO

Tipología Davídica

Números 28 | Salmos 72 | Isaías 19–20 | 2 Pedro 1

Uno de los rasgos de los Salmos que describen la llegada al trono, o el reino, de un rey davídico, es la manera como el lenguaje a veces parece exagerado. Este rasgo combina con la tipología Davídica inherente para dar a estos Salmos un doble enfoque. Por un lado, se pueden leer como descripciones algo extravagantes de uno de los reyes Davídicos (en este caso Salomón, según el título); por otro lado, invitan al lector a anticipar algo más que un David, un Salomón, o un Josías.

Así es el caso del Salmo 72. Por un lado, el rey Davídico reinaría en justicia, por lo cual es del todo apropiado que este salmo sea dedicado a este tema. En particular, debía ponerse del lado de los afligidos, “a los pobres del pueblo” (72:4), de aquel que “no tiene quien lo ayude” (72:12). Debe oponerse al opresor y al violento, estableciendo justicia para los que de otra manera sufrirían la opresión y la violencia (72:14). Su reino debe caracterizarse por la prosperidad, la cual es “fruto de la justicia” (72:3), principio que en Occidente estamos rápidamente perdiendo de vista. Dios entrará en la nación como un río abundante; el pueblo rogará por su rey; abundará el trigo por todas partes de la tierra (72:15–16).

Por otro lado, parte de este lenguaje es maravillosamente extravagante. En este aspecto el salmo refleja los términos con los cuales otros antiguos reyes de la región se hacían ensalzar. No obstante, dada la tipología Davídica y las crecientes expectativas mesiánicas, es difícil no captar algo más específico. “Que viva el rey por mil generaciones, lo mismo que el sol y que la luna” (72:5) – lo cual se podría aplicar a la dinastía, o bien podría tratarse del deseo extravagante de un rey Davídico puramente humano, pero que, en un sentido literal, puede referirse únicamente a un rey Davídico en particular. “Que domine el rey de mar a mar, desde el río Éufrates hasta los confines de la tierra” (72:8) – lo cual encapsula una preciosa ambigüedad. ¿Son estos mares solamente los mares Mediterráneo y el de Galilea? El término hebreo ¿Debería traducirse (como de hecho es posible) de manera conservadora como refiriéndose al “fin de la tierra”? Tal lectura es muy poco probable. Puesto que no sólo le rendirán homenaje las tribus del desierto (es decir, de tierras colindantes), sino también los reyes de Tarsis – ¡España! – y de otras tierras lejanas le pagarán tributos (72:11). “Que en su nombre las naciones se bendigan unas a otras; que todas ellas lo llamen dichoso” (72:17) – un eco tan contundente como se pudiese imaginar de la alianza de Abraham (Génesis 12:2–3).

Ha venido alguien más grande que Salomón (Mateo 12:42).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 139). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Humildad genuina

19 Mayo 2017

Humildad genuina
por Charles R. Swindoll

Hechos 18:1-17

2 Corintios 11:22-28

Debemos admirar a Pablo por su fortaleza en las pruebas. Queremos aplaudir su indomable determinación frente a la brutal persecución. Pero si el hombre estuviera vivo hoy en día, no aceptaría nuestras felicitaciones. “No, no, no. Ustedes no entienden. Yo no soy fuerte. Aquel que derrama Su poder sobre mí es el fuerte. Mi fortaleza proviene de mi debilidad. Esa no es una falsa modestia. Pablo nos diría: “La fortaleza viene de aceptar la debilidad y de gloriarse en eso”. Es esa clase de respuesta lo que produce fortaleza divina y que le permite entrar en acción.

J. Oswald Sanders escribe en su libro Paul, the Leader (Pablo, el líder): “Somos parte de una generación que adora el poder: Militar, intelectual, económico y científico. El concepto de poder está en la base de nuestra vida diaria. Todo nuestro mundo se divide en bloques de poder. Los hombres en todas partes están buscando el poder en las diferentes esferas, muchas veces por motivaciones dudosas”.

El célebre predicador escocés, James Stewart, dijo unas palabras que son también un reto: “Es siempre sobre la debilidad y la humillación humanas, no sobre la confianza y la fortaleza que Dios elige construir su reino; y que Él puede utilizarnos no solo a pesar de nuestra insuficiencia, impotencia y descalificadora debilidad, sino precisamente a causa de ellas”.

Ese es un descubrimiento emocionante que podemos hacer. Un descubrimiento que transforma nuestra actitud mental hacia nuestras circunstancias.

Hagamos aquí una pausa lo suficientemente larga como para considerar este principio con toda seriedad. Las humillaciones, las luchas, las batallas, las debilidades, los sentimientos de incompetencia, la impotencia e incluso las llamadas fragilidades que nos descalifican son precisamente las que nos hacen efectivos; y yo añadiría aun que ellas representan la pasta de la grandeza. Una vez que usted esté convencido de su propia debilidad y ya no trate más de esconderla, hace suyo el poder de Cristo. Pablo ejemplificó maravillosamente esta cualidad, después que entendió el principio. El orgullo se fue, y en su lugar surgió una humildad genuina que ningún sufrimiento fue capaz de quitar.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.0pYQHNLZ.dpuf

«Deseando morirse…»

19 de mayo

«Deseando morirse…»

1 Reyes 19:4

Es sorprendente que el hombre que no tenía que morir, a quien Dios había señalado una suerte infinitamente mejor —el hombre que sería llevado al Cielo en un carro de fuego y trasladado para no ver muerte—, orara de esta forma: «Quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres». Tenemos aquí una memorable prueba de que Dios no siempre contesta las oraciones como las hacemos; aunque, en verdad, siempre las contesta. Él dio a Elías algo mejor de lo que pedía; y, así, en realidad, Dios le oyó y le respondió. Es extraño que Elías, que tenía un corazón de león, se sintiese tan deprimido por la amenaza de Jezabel como para pedir la muerte; pero, felizmente, nuestro bondadoso Padre celestial no contestó a su desalentado siervo al pie de la letra. Hay un límite para la doctrina de la oración de fe: no debemos esperar que Dios nos dé todo lo que queremos pedirle. Sabemos que, algunas veces, pedimos y no recibimos porque pedimos mal. Si pedimos lo que no está prometido; si nos oponemos al espíritu que el Señor quiere que cultivemos; si rogamos contrariamente a su voluntad o a los decretos de su providencia; si meramente pedimos para la satisfacción de nuestros deseos, sin pensar en la gloria de Dios, no debemos esperar recibir nada. Con todo, cuando pedimos con fe, no dudando nada, si no recibimos precisamente la cosa que pedimos, recibiremos en lugar de ella su equivalente; y más que su equivalente. Como alguien dijo: «Si el Señor no paga en plata, paga en oro; si no paga en oro, paga en diamantes». Si no te da precisamente aquello que le pides, te dará lo que es su equivalente y lo que te agradaría recibir en lugar de aquello. Permanece, pues, querido lector, mucho en oración y haz de esta noche un tiempo de ardiente intercesión, pero ten cuidado con lo que pides.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 148). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Lo que hace que Jesús se regocije

MAYO, 19


Lo que hace que Jesús se regocije

Devocional por John Piper

En aquella misma hora Él se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. (Lucas 10:21)

Este versículo es uno de los dos únicos pasajes de los Evangelios donde se dice que Jesús se regocijó. Los setenta discípulos acababan de regresar de sus jornadas evangelísticas e informaban a Jesús sobre el éxito obtenido.

Lucas escribe en el versículo 21: «En aquella misma hora Él se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado”».

Observemos que los tres miembros de la Trinidad se regocijan en este pasaje: Jesús se regocija, pero dice que se regocija en el Espíritu Santo. Creo que lo que esto significa es que el Espíritu Santo lo llena y lo mueve a regocijarse. Al final del versículo se describe el deleite de Dios el Padre. La traducción NVI lo expresa de este modo: «Sí, Padre, porque esa fue tu buena voluntad».

Ahora bien, ¿qué quiere decir que toda la Trinidad estaba junta regocijándose en ese lugar? Es el libre amor selectivo de Dios el que esconde estas cosas de la elite intelectual y se las revela a los niños: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños».

¿Y qué es lo que el Padre esconde de algunos y les revela a otros? Lucas 10:22 da la respuesta: «Nadie sabe quién es el Hijo sino el Padre». Por lo tanto, lo que el Padre debe revelar es la verdadera identidad espiritual del Hijo.

Cuando los setenta regresaron de su misión evangelística e informaron a Jesús al respecto, él y el Espíritu Santo se alegraron de que Dios el Padre hubiera elegido, según su buena voluntad, revelar la identidad de su Hijo a los niños y esconderla de los sabios.

El punto es que no son solo ciertas clases de personas a las que Dios elige. El punto es que Dios es libre de elegir a los candidatos más improbables para que participen de su gracia.

Dios contradice lo que dicta el mérito humano. Esconde la verdad a los sabios y la revela a los más indefensos y mediocres.

Cuando Jesús contempla cómo el Padre ilumina y salva libremente a aquellos cuya única esperanza es la gracia gratuita, se regocija en el Espíritu Santo y se complace en la elección del Padre.

Una obra cumplida

Jesús… levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado… Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.

Juan 17:1, 4

Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy.

Juan 18:4-5

Una obra cumplida

“Padre… he acabado la obra que me diste que hiciese”, dijo Jesús a Dios su Padre, horas antes de ser crucificado. “La obra” que su Padre le había confiado era salvar, mediante su muerte en la cruz, a los hombres perdidos. Esta obra todavía era futura, entonces ¿por qué hablaba en pasado?

–Quien habla es Jesús, el Hijo de Dios. Aquí se expresa como el Dios que cumple sus planes, sin que nadie pueda detenerlo. Para un hombre cualquiera eso sería muy pretencioso, pues ninguno de nosotros puede controlar el minuto que viene. ¡Hay tantas cosas que pueden impedir que hagamos lo que hemos decidido hacer! Pero cuando Dios se propone hacer algo, es como si ya estuviera hecho.

–Estas palabras también expresan de forma conmovedora la determinación del Salvador que va a dar su vida. Horas más tarde en Getsemaní Jesús, el Santo, aceptó la copa que su Padre le presentó, imagen del juicio que iba a sufrir en la cruz para expiar nuestros pecados. Salió vencedor de ese terrible combate, con estas sencillas palabras: “La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Juan 18:11). Y sabiendo todo lo que le iba a suceder, avanzó decidido y se entregó voluntariamente a sus enemigos conducidos por Judas.

“Padre, he acabado la obra…”. Estas son las palabras del Salvador, que ofrece voluntariamente su vida para la gloria de Dios y para la salvación de todos los que creen en él.

1 Reyes 15 – Marcos 14:53-72 – Salmo 60:1-5 – Proverbios 15:25-26

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Un buen guía en las montañas

Un buen guía en las montañas

5/18/2017

Por tanto, os ruego que me imitéis. (1 Corintios 4:16)

Como todos los cristianos son imperfectos, necesitamos el ejemplo de alguien que también sea imperfecto, pero que sepa cómo resolver la imperfección. Tal vez sirva esta ilustración. Supongamos que decido participar en una peligrosa expedición de alpinismo. Un helicóptero deja caer a un guía en la cumbre de la montaña, y este mira hacia abajo y me dice: “Esta es la cumbre. Sube hasta aquí; este es el lugar donde quieres estar”. Este guía no sería de tanta ayuda como alguien que vaya subiendo delante de mí y me diga: “Sígueme. Conozco el camino hacia la cumbre”.

Cristo nos muestra la meta que debemos alcanzar, pero también necesitamos a alguien que sea ejemplo del proceso de alcanzar la meta. Solo venciendo el pecado podemos ser más semejantes a Cristo, de modo que necesitamos hallar a otro cristiano que también esté luchando para vencer el pecado. Un ejemplo humano y espiritual puede mostrarle cómo afrontar todas las consecuencias de nuestra condición pecaminosa. Comience a buscar y a seguir a un guía espiritual.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2012 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros (http://www.gracia.org/acercaDeGAV.aspx?page=derechos).

«Después…»

18 de mayo

«Después…»

Hebreos 12:11

¡Cuán felices son los cristianos «después»! No hay calma más profunda que aquella que sigue a una tormenta. ¿Quién no se ha regocijado por el claro resplandor que sigue a la lluvia? Los banquetes de la victoria son para los soldados que han luchado bien. Después de matar al león, nos comemos la miel; después de escalar el Collado de la Dificultad nos sentamos en el cenador a descansar. Después de atravesar el Valle de la Humillación, después de luchar contra Apolión, aparece la claridad con la rama sanadora del árbol de la vida. Nuestras aflicciones, a semejanza de las quillas de las naves, dejan «después» una plateada estela de luz santa detrás de sí. Esta es la paz: la dulce y profunda paz que siguió a esa horrible inquietud que reinaba en otro tiempo en nuestras atormentadas y culpables almas. ¡Mira, pues, la dichosa posición del cristiano! Él obtiene sus mejores cosas al final; por eso recibe primero en este mundo lo peor de sus cosas. Pero aun sus cosas peores son, «después», cosas buenas: la dura labranza trae alegres cosechas. Aun ahora el cristiano se enriquece con sus pérdidas, se levanta con sus caídas, vive por la muerte y se llena vaciándose. Si sus penosas aflicciones le rinden tan plácidos frutos en esta vida, ¿cómo será la completa vendimia de gozo que obtendrá «después» en el Cielo? Si sus noches oscuras son tan claras como los días del mundo, ¿cómo serán sus propios días? Si la luz de sus estrellas es más brillante que la del sol, ¿cómo será la luz de su sol? Si es capaz de cantar en un calabozo, ¿cuán melodiosamente cantará en el Cielo? Si puede alabar al Señor en el fuego, ¿cómo le ensalzará delante del trono del Eterno? Si la aflicción le es ahora buena, ¿qué será para él «después» la sobreabundante bondad de Dios? ¡Oh bendito «después»! ¿Quién no querría ser cristiano? ¿Quién no estaría dispuesto a llevar la presente cruz por la corona que viene después? Sin embargo, he aquí la obra de la paciencia: pues el reposo no es para hoy, ni el triunfo para el presente, sino para «después». Aguarda, querida alma, y deja que la paciencia tenga su obra perfecta.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 147). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

“La perla de gran precio”

18 MAYO

“La perla de gran precio”

Números 27 | Salmos 70–71 | Isaías 17–18 | 1 Pedro 5

Muchos cristianos han escuchado testimonios que narran la manera como un hombre o una mujer vivían una vida de futilidad y de degradación flagrante, o cuanto menos una vida de desesperación silenciosa, antes de convertirse. La fe genuina en el Señor luego dio lugar a una revolución interior: vicios empedernidos que desaparecieron, nuevas amistades y nuevos compromisos se establecieron, un nuevo propósito y una nueva orientación; allí donde había desesperación, ahora hay gozo; allí donde reinaban los conflictos, hay paz; allí donde prevalecía la ansiedad, hay al menos cierta medida de serenidad. Y algunos de los que hemos crecido en el seno de un hogar cristiano nos hemos preguntado a veces si no hubiese sido mejor habernos convertido desde algún trasfondo desastroso.

No es así como razona el salmista. “Tú, Soberano Señor, has sido mi esperanza; en ti he confiado desde mi juventud. De ti he dependido desde que nací; del vientre materno me hiciste nacer”. (Salmo 71:5–6) “Tú, oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y aún hoy anuncio todos tus prodigios.” (71:17). De hecho, a causa de este trasfondo, el salmista repasa apaciblemente los años transcurridos desde su juventud, y suplica a Dios la continuación de su gracia hasta su vejez: “No me rechaces cuando llegue a viejo; no me abandones cuando me falten las fuerzas.” (71:9). “Pero yo siempre tendré esperanza, y más y más te alabaré” (71:14). “Aun cuando sea yo anciano y peine canas, no me abandones, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a la generación venidera, y dé a conocer tus proezas a los que aún no han nacido” (71:18).

Sin lugar a dudas había circunstancias concretas que Dios utilizó para hacer fluir estas palabras de la pluma del salmista. No obstante, la postura que adopta es en sí de mucho provecho. Los más sabios entre los que se han convertido más tarde durante su trayectoria desearían no haber perdido tantos años de su vida. Habiendo encontrado “la perla de gran precio”, lo único que lamentan es no haberla encontrado antes. Y lo que es más importante, los que crecieron en hogares cristianos piadosos están inmersos en las escrituras desde su juventud. Hay numerosos textos en las Escrituras y en su experiencia personal que les recuerda hasta que punto su corazón está inclinado hacia la perversidad; no hace falta que sean sociópatas para descubrir lo que significa la depravación. Estarán suficientemente avergonzados por los pecados que sí han cometido, a pesar de las ventajas de su educación, que, en lugar de desear haber tenido un trasfondo peor, se les cae la cabeza de vergüenza al pensar en lo poco que han aprovechado estas ventajas, y reconocerán que aparte de la gracia de Dios, no hay ni delito ni pecado el cual no pudiesen haber cometido.

Es mejor, con diferencia, estar agradecido por una herencia de piedad, y suplicar a Dios la gracia que nos permita atravesar también la vejez.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 138). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El poder de la debilidad

18 Mayo 2017

El poder de la debilidad
por Charles R. Swindoll

Hechos 18: 1-17

2 Corintios 11:22-28

Pablo seguía adelante tras su objetivo, a través de una increíble serie de dificultades ¿Son ellos hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? Yo también. ¿Son ellos ministros de Cristo? Yo lo soy con más razón. He trabajado más que ellos. ¡He estado más veces en la cárcel! He sido golpeado innumerables veces. He enfrentado la muerte repetidamente He recibido cinco veces, por parte de los judíos, los 39 azotes reglamentarios. He sido golpeado con vara tres veces. Fui apedreado una vez. He naufragado tres veces. Y he estado 24 horas en alta mar.

En mis viajes, he estado en peligrosos ríos y en constantes inundaciones, he sufrido a manos de asaltantes, de mis propios paisanos y de los paganos. He enfrentado el peligro en las calles de la ciudad, peligros en el desierto, peligros en alta mar y peligro entre falsos cristianos. He conocido el agotamiento, el dolor; las largas vigilias, la sed y el hambre, los ayunos, el frío y la falta de ropa para cobijarme.

Aparte de todos estos problemas externos, tengo la carga diaria de la responsabilidad de todas las iglesias. Por si fuera poco, el Señor me dio un aguijón en la carne.

Esta era la situación de Pablo, y ¿saben una cosa?, el Señor respondió sus desesperadas oraciones de quitarle el aguijón (sea cual haya sido), de la manera más inesperada. Le dijo, simplemente “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad”.

¿Le sorprende todo esto? Usted piensa ¿me está usted diciendo que no tengo que ser superfuerte y soportar cada problema confiando en mis propios recursos? Nada de eso, en absoluto. En realidad, la única manera como usted puede estar calificado para recibir la fortaleza que viene de Dios es admitiendo su debilidad, reconociendo que usted no es capaz ni fuerte, y al igual que Pablo, está dispuesto a gloriarse sólo en su debilidad y en el poder de Dios.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.pqg3QoKY.dpuf

La luz más allá de la luz

MAYO, 18

La luz más allá de la luz

Devocional por John Piper

Si habéis, pues, resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. (Colosenses 3:1-2)

Jesucristo es refrescante. Apartarse de él y dejarse llevar por los placeres del ocio sin Cristo hace que el alma se reseque.

Quizás al principio uno se sienta más libre y lo pase mejor al escatimar las oraciones y desatender la lectura de la Palabra. Sin embargo, esto luego tiene su precio: superficialidad, impotencia, vulnerabilidad frente al pecado, preocupación excesiva por nimiedades, relaciones frívolas, y una alarmante pérdida de interés por la adoración y las cosas del Espíritu.

No permitamos que el verano haga que nuestra alma se marchite. Dios nos dio ese tiempo de descanso para que fuera un anticipo del cielo, no un sustituto.

Si el cartero le trae una carta de amor de su prometida, no se enamore del cartero. No nos enamoremos del video de preestreno hasta el punto de volvernos incapaces de amar la realidad que se avecina.

Jesucristo es el refrescante centro del verano. Él tiene la preeminencia por sobre todas las cosas (Colosenses 1:18), incluso sobre las vacaciones, los días de campo, las largas caminatas y las comidas y deportes al aire libre. Él nos hace una invitación: «Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar» (Mateo 11:28).

La pregunta es: ¿es eso lo que queremos? Cristo se nos ofrece a sí mismo en la medida en que nosotros anhelamos ser refrescados en él. «Me buscaréis y me encontraréis, cuando me busquéis de todo corazón» (Jeremías 29:13).

Lo que Pedro dice al respecto es lo siguiente: «Arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Señor» (Hechos 3:19). Arrepentirse no solo implica dar la espalda al pecado, sino también volverse al Señor con el corazón abierto, expectante y sumiso.

¿Qué tipo de actitud veraniega es esta? Es la actitud que describe Colosenses 3:1-2: «Si habéis, pues, resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra».

¡La tierra es de Dios! Es un adelanto de la realidad de lo que el verano eterno será donde «la ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que la iluminen, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera» (Apocalipsis 21:23).

El sol de verano es un mero destello de luz en comparación con el que ha de ser el sol: la gloria de Dios. El verano nos permite percibir y demostrar esta realidad. ¿Deseamos tener ojos que ven? Señor, haznos ver la luz más allá de la luz.

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org