«Después…»

18 de mayo

«Después…»

Hebreos 12:11

¡Cuán felices son los cristianos «después»! No hay calma más profunda que aquella que sigue a una tormenta. ¿Quién no se ha regocijado por el claro resplandor que sigue a la lluvia? Los banquetes de la victoria son para los soldados que han luchado bien. Después de matar al león, nos comemos la miel; después de escalar el Collado de la Dificultad nos sentamos en el cenador a descansar. Después de atravesar el Valle de la Humillación, después de luchar contra Apolión, aparece la claridad con la rama sanadora del árbol de la vida. Nuestras aflicciones, a semejanza de las quillas de las naves, dejan «después» una plateada estela de luz santa detrás de sí. Esta es la paz: la dulce y profunda paz que siguió a esa horrible inquietud que reinaba en otro tiempo en nuestras atormentadas y culpables almas. ¡Mira, pues, la dichosa posición del cristiano! Él obtiene sus mejores cosas al final; por eso recibe primero en este mundo lo peor de sus cosas. Pero aun sus cosas peores son, «después», cosas buenas: la dura labranza trae alegres cosechas. Aun ahora el cristiano se enriquece con sus pérdidas, se levanta con sus caídas, vive por la muerte y se llena vaciándose. Si sus penosas aflicciones le rinden tan plácidos frutos en esta vida, ¿cómo será la completa vendimia de gozo que obtendrá «después» en el Cielo? Si sus noches oscuras son tan claras como los días del mundo, ¿cómo serán sus propios días? Si la luz de sus estrellas es más brillante que la del sol, ¿cómo será la luz de su sol? Si es capaz de cantar en un calabozo, ¿cuán melodiosamente cantará en el Cielo? Si puede alabar al Señor en el fuego, ¿cómo le ensalzará delante del trono del Eterno? Si la aflicción le es ahora buena, ¿qué será para él «después» la sobreabundante bondad de Dios? ¡Oh bendito «después»! ¿Quién no querría ser cristiano? ¿Quién no estaría dispuesto a llevar la presente cruz por la corona que viene después? Sin embargo, he aquí la obra de la paciencia: pues el reposo no es para hoy, ni el triunfo para el presente, sino para «después». Aguarda, querida alma, y deja que la paciencia tenga su obra perfecta.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 147). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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