Una motivación peligrosa

MAYO, 04

Una motivación peligrosa

Devocional por John Piper

¿Quién le ha dado a Él primero para que se le tenga que recompensar? Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. (Romanos 11:35-36)

Cuando nos referimos a la obediencia, la gratitud es una motivación peligrosa, ya que suele expresarse en términos de deuda. Un ejemplo sería: «Observemos cuánto ha hecho Dios por nosotros. ¿No deberíamos hacer algo por él como muestra de gratitud?». Otro ejemplo es: «Todo lo que somos y tenemos se lo debemos a Dios. ¿Qué hemos hecho por él a cambio?».

Tengo por lo menos tres objeciones a este tipo de motivación.

Primero, es imposible devolver a Dios toda la gracia que nos ha dado. No podemos ni siquiera empezar a devolverle algo, ya que Romanos 11:35-36 dice: «¿Quién le ha dado a Él primero para que se le tenga que recompensar? [Respuesta: ¡nadie!] Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre». No podemos pagarle por lo que nos dio porque él ya posee todo lo que tenemos para darle.

Segundo, aun si lográramos pagarle por toda la gracia que recibimos de él, solo acabaríamos convirtiendo la gracia en una transacción comercial. Si hubiera una forma de pagarle por su gracia, entonces ya no sería gracia. Si alguien intentara demostrar el afecto que tiene hacia nosotros invitándonos a cenar y al terminar la velada nosotros dijéramos que le devolveremos el favor invitándolo a cenar a nuestra casa la semana siguiente, entonces estaríamos anulando la gracia de esa persona y convirtiéndola en un intercambio. Dios no quiere que su gracia se anule: se deleita en que su gracia sea glorificada (Efesios 1:6, 12, 14).

Tercero, hacer hincapié en la gratitud como motivación para la obediencia tiende a pasar por alto la importancia de tener fe en la gracia venidera de Dios. La gratitud mira hacia atrás y, al ver la gracia recibida en el pasado, se siente agradecida. La fe mira hacia la gracia prometida para el futuro y se siente llena de esperanza. «La fe es la certeza de lo que se espera» (Hebreos 11:1).

La fe en la gracia por venir es la motivación para esa obediencia que preserva la virtud de la obediencia humana. La obediencia no consiste en pagarle a Dios por su gracia y hacer de ella una transacción comercial. La obediencia viene de confiar en que Dios dará más gracia —gracia venidera— y por lo tanto exalta los infinitos recursos del amor y del poder de Dios. La fe mira hacia la promesa: «estaré contigo dondequiera que vayas» (Josué 1:9) y se aventura, en obediencia, a conquistar la tierra.

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¿Por qué la prueba?

jueves 4 mayo

Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.

Santiago 5:11

¿Por qué la prueba?

Una persona mayor, que había pasado por muchos sufrimientos en su vida, me dijo: «Sabe, los que todavía no han tenido pruebas, es mejor que se vayan preparando».

Tarde o temprano todos pasamos por momentos difíciles, preocupaciones, tristezas, duelo… Esos sufrimientos producen reacciones muy diferentes según las personas.

Dios permite el sufrimiento… pero el creyente sabe que Dios lo ama y desea su bien. El libro de Job nos presenta a un creyente que había perdido todo: sus hijos, sus bienes y su salud. El último capítulo muestra qué aprendió Job en medio del sufrimiento:

–“Yo conozco que todo lo puedes…” (Job 42:2). Ahora Job mide su pequeñez ante Dios.

–“Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí” (v. 3). Con humildad reconoció la sabiduría del plan divino hacia él.

–“Oye, te ruego… tú me enseñarás” (v. 4). Deseaba estar atento a lo que Dios quería enseñarle.

–“Ahora mis ojos te ven” (v. 5). Mediante la prueba aprendió a conocer realmente al Señor.

–“Por tanto me aborrezco…” (v. 6). Reconoce y confiesa que en su ser interior no todo está conforme a la voluntad de Dios.

Las pruebas que Job tuvo que atravesar en su vida tenían como objetivo mostrarle que el Señor “es muy misericordioso y compasivo”.

Aprendamos a ver a Dios cuando el dolor invade nuestro horizonte. Él quiere llevarnos a su luz, recordarnos nuestra fragilidad y cuánto necesitamos su gracia.

1 Reyes 3 – Marcos 7:1-23 – Salmo 51:13-19 – Proverbios 14:31-32

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Comunión íntima

Comunión íntima

5/3/2017

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen. (Juan 10:27)

El apóstol Pablo enseñó a los efesios que una de las funciones de la iglesia es preparar a las personas en el “conocimiento del Hijo de Dios” (4:13). Aquí la palabra conocimiento se refiere al conocimiento pleno, correcto y preciso. Ese es el conocimiento del que Jesús habló en el versículo de hoy. No se refería al simple conocimiento de sus identidades, sino a conocerlos íntimamente, y esa es la manera en la que Él quiere que las personas lo conozcan.

El deseo de Pablo es que todos los creyentes desarrollen ese profundo conocimiento de Cristo al establecer una relación con Él mediante la oración y el fiel estudio de la Palabra de Dios y la obediencia a ella. El crecer en ese mayor conocimiento de Cristo es un proceso de toda la vida que no terminará hasta que veamos al Señor cara a cara.

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Nuestro pronto auxilio

3 de mayo

«Nuestro pronto auxilio»

Salmo 46:1

Las bendiciones del pacto no existen simplemente para ser admiradas, sino para que las apliquemos. Aun nuestro Señor Jesús se nos da para suplir nuestra presente necesidad. Creyente, tú no recurres a Cristo tanto como debieras. Cuando estás en aflicción, ¿por qué no le cuentas a él tu dolor? ¿Acaso no tiene un corazón compasivo? ¿No puede confortarte y aliviarte? Estás recurriendo a todos tus amigos, excepto a tu mejor Amigo; y cuentas tu historia en todas partes, menos en el pecho de tu Señor. ¿Te sientes cargado por los pecados de este día? He aquí una fuente llena de sangre: ¡Utilízala, santo, utilízala! ¿Experimentas de nuevo un sentimiento de culpa? La gracia perdonadora de Jesús puede comprobarse una y otra vez. Ve a él enseguida para que te limpie. ¿Deploras tu debilidad? Él es tu fuerza. ¿Por qué no te apoyas en él? ¿Te sientes desnudo? Ven aquí, alma inquieta: ponte el manto de la justicia de Jesús. No te quedes mirándolo, sino póntelo. Desnúdate de tu propia justicia y de tus temores; vístete con el precioso lino blanco, porque ha sido hecho para que el creyente lo vistiera. ¿Te sientes enfermo? Toca la campana de la oración y solicita la presencia del Médico amado. Él te dará el remedio que te hará revivir. Tú eres pobre, pero tienes «un pariente, un hombre muy rico». ¿Qué, no irás a él y le pedirás que te dé su abundancia, siendo así que él te ha prometido que serás su coheredero y te ha entregado todo lo que él es ahora y todo lo que será? No hay nada que disguste más a Cristo que el que su pueblo hable mucho de él pero no recurra a él. Él quiere que lo utilicemos: cuanta más carga pongamos sobre sus hombros, tanto más precioso será él para nosotros.

¿Vives triste y angustiado?

¿Buscas tú solaz?

«Ven a mí —te dice Cristo—

y halla paz».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 132). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Reconoced que yo soy Dios

3 MAYO

Reconoced que yo soy Dios

Números 10 | Salmos 46–47 | Cantar de los Cantares 8 | Hebreos 8

Un tema común de los Salmos 46 y 47 es la autoridad soberana de Dios sobre todas las naciones. No se trata de una mera divinidad tribal. Es el “Altísimo” (46:4). Puede que las naciones estén revueltas; los reinos suben, y luego se desploman. Pero Dios sólo necesita levantar su voz, y la tierra se derrumba (46:6). Por su autoridad la desolación constituye su juicio catastrófico; por su autoridad cesan las guerras (46:8–9). El Señor Altísimo es “Rey de toda la tierra” (47:2, 7). “Dios reina sobre las naciones; Dios está sentado en su santo trono.” (47:8).

Esto garantiza la seguridad de la comunidad del pacto. Los naciones paganas alrededor pueden amenazar, pero si Dios es quien tiene el timón, el pueblo del pacto puede proclamar: “El Señor Todopoderoso está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob” (46:7). “Sometió a nuestro dominio las naciones; puso a los pueblos bajo nuestros pies” (47:3). De hecho, en cuanto a Jerusalén, la morada del Altísimo: “Dios está en ella, la ciudad no caerá; al rayar el alba Dios le brindará su ayuda” (46:5).

El salmista aun ve al menos dos implicaciones más. En primer lugar, tarde o temprano Dios será: “exaltado entre las naciones” (46:10). Pues Dios “es el Rey de toda la tierra” (47:7). Estas últimas referencias se podrían leer como una amenaza en lugar de una promesa de bendición: Dios será enaltecido entre las naciones paganas de exactamente la misma manera como lo estuvo al destruir el ejército egipcio en el Mar Rojo. Pero a la luz de Salmo 46:9 y 10 sería imprudente insistir en una lectura tan negativa: “Los nobles de los pueblos se reúnen con el pueblo del Dios de Abraham, pues de Dios son los imperios de la tierra. ¡Él es grandemente enaltecido!” En otras palabras, una de las implicaciones del monoteísmo es que Dios es el Dios de todos, aunque no esté reconocido como tal. Y vendrá un día cuando será reconocido como tal por todos; en algunos casos este reconocimiento será acompañado por la adoración y la alabanza, como los nobles de las naciones que se congregan delante de Dios exactamente de la misma manera que el pueblo del Dios de Abraham. Echando mano del esquema paulino, podríamos decir que aquí se profetiza la inclusión de los gentiles como hijos de Abraham (ver Romanos 4:11; Gálatas 3:7–9). “Quedaos quietos, reconoced que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!” (46:10).

La segunda implicación es la alabanza. “Venid y ved los portentos del Señor” (46:8). “Aplaudid, pueblos todos; aclamad a Dios con gritos de alegría. ¡Cuán imponente es el Señor Altísimo, el gran rey de toda la tierra!” (47:1–2). “Cantad salmos a Dios, cantadle salmos; cantad, cantadle salmos a nuestro rey.” (47:6).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 123). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Separaciones positivas

3 Mayo 2017

Separaciones positivas
por Charles R. Swindoll

Hechos 15:30-41

Al llegar a este punto tenemos que ser muy sinceros; personalmente he tenido mis buenas discusiones, y de seguro usted las suyas. Tuve algunas en las cuales nunca hubo reconciliación. Afortunadamente, la mayoría de ellas terminaron en una amistad renovada. Con los años, he aprendido algunas estrategias que han demostrado ser efectivas cuando uno enfrenta graves desacuerdos.

1. Cuando haya un desacuerdo, esfuércese por ver el punto de vista de la otra persona. Lo primero es escuchar. Incluya en la fórmula tres cualidades que no se logran fácilmente: Honestidad, objetividad y humildad. Eso es todo lo que se necesita para manejar un conflicto como le agrada a Dios.

2. Cuando ambos lados tengan parte de razón, busquen un compromiso inteligente. Para los que fueron criados como yo, el sólo pensar en compromiso les pone los pelos de punta. Usted no se rinde si tiene fibra moral. Permanece firme, cueste lo que cueste. Yo aprecio a las personas que tienen determinación, verdadera firmeza. Pero difícilmente estimo a alguien que nunca da a torcer su brazo, que se niega a negociar para resolver un conflicto. Admiro más a alguien que busca de manera voluntaria y cordial la solución adecuada a un desacuerdo, sin comprometer de ninguna manera los principios bíblicos.

3. Si el conflicto sigue, busque resolverlo en vez de abandonar. Colgar violentamente el teléfono en medio de una conversación, o salir hecho una furia a la calle, no resuelve nada. Tampoco beneficia a ninguna de las partes el mantener un silencio manipulador, dejar al cónyuge, renunciar a un empleo en un arranque de cólera. Esa no es la manera de resolver los desacuerdos; hay que tratar de resolverlos, en definitiva hay que perseverar. Será una de las cosas más difíciles que usted tendrá que enfrentar pero también de las más provechosas.

4. Si no se puede resolver el conflicto, convengan cordialmente en mantener el desacuerdo, pero sin guardar animosidades. Creo que Pablo y Bernabé hicieron eso. Pablo nunca habla mal de Bernabé cuando escribe más tarde a las iglesias que ambos habían plantado. En todas sus epístolas, usted no encontrará ni una sola crítica en contra de su antiguo compañero. Y tampoco hay evidencias de que Bernabé se estuviera recuperando del golpe.

Francamente no todas las separaciones llevan a un mal final. Algunos de los más grandes seminarios nacieron del vía crucis de un conflicto. Y algunas iglesias importantes comenzaron como resultado de una fea división. Felipe Melanchton esa persuasiva fuerza moderadora en la vida de Martín Lutero, lo dijo muy bien en estas pocas palabras: “En lo esencial, unidad. En lo no esencial, libertad. En todas las cosas, caridad».

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Cómo pedir perdón

MAYO, 03

Cómo pedir perdón

Devocional por John Piper

Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados. (1 Juan 1:9)

Recuerdo que uno de mis profesores del seminario decía que una de las mejores pruebas para evaluar la teología de una persona es observar el efecto que ésta produce en su modo de orar.

Esa verdad me impactó debido a lo que estaba sucediendo en mi propia vida. Noël y yo recién nos habíamos casado y estábamos formando el hábito de orar juntos todas las noches. Pude observar que mientras cursaba aquellas asignaturas de estudio bíblico, las cuales iban moldeando más a fondo mi teología, mis oraciones iban cambiando dramáticamente.

Probablemente el cambio más significativo en esos días fue que estaba aprendiendo a exponer mi causa delante de Dios sobre el fundamento de su gloria. El hecho de que mis oraciones empezaran con «santificado sea tu nombre» y terminaran con «en el nombre de Jesús» significaba que la gloria de Dios era el objetivo y la base de cada una de mis oraciones.

Fui inmensamente fortalecido cuando entendí que mis oraciones por perdón no debían apelar solo a la misericordia de Dios, sino también a su justicia, exaltando así el valor de la obediencia de su Hijo: «Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados» (1 Juan 1:9).

El fundamento de todo perdón de pecados se revela con más claridad en el Nuevo Testamento que en el Antiguo, pero el fundamento del compromiso de Dios con su propio nombre no se altera.

Pablo enseña que en la muerte de Cristo Dios manifestó su justicia al pasar por alto los pecados, y la reivindicó al justificar a los impíos que confían en Jesús y no en sí mismos (Romanos 3:25-26).

En otras palabras, Cristo murió una vez y para siempre para limpiar el nombre de Dios de lo que parece ser un grave error de justicia: la absolución de los pecadores simplemente por causa de Jesús. Sin embargo, debido al modo en que Jesús murió, el perdón «por causa de Jesús» equivale al perdón «por causa del nombre de Dios».

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Tenga un encuentro con Dios

miércoles 3 mayo

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12

¿No es mi palabra como fuego, dice el Señor, y como martillo que quebranta la piedra?

Jeremías 23:29

Tenga un encuentro con Dios

El evangelista Moody (1837-1899) contaba que unos creyentes enviaron tratados evangélicos a hombres de la alta sociedad, miembros de un club importante de una ciudad americana.

Un tratado titulado «¡Despierte! ¡Tenga un encuentro con su Dios!», fue enviado a uno de ellos, muy conocido por su vida disoluta.

«¿Quién tiene la insolencia de enviarme estas tonterías?», exclamó. Furioso contra el desconocido remitente, se levantó para quemar el tratado. Pero en ese momento se le ocurrió la idea de enviárselo a un amigo, como broma, para ver cómo reaccionaría. Puso el tratado en un sobre y, disimulando su escritura, lo remitió a un amigo muy bromista. El tratado fue recibido con una palabrota dirigida a esos «cristianos idiotas». El destinatario iba a romper la hoja cuando sus ojos cayeron sobre el título: «¡Despierte! ¡Tenga un encuentro con su Dios!». ¿Cómo? El hombre empezó a leerlo, y cuando terminó, ya no quería romperlo. Su conciencia había sido alcanzada; era como si una flecha divina hubiese alcanzado lo más profundo de su ser. Pronto se convenció de que tenía muchas cosas que arreglar en su vida y halló el perdón en Jesucristo.

Luego pensó en sus amigos que vivían sin preocuparse por Dios. El tratado volvió al correo, pero esta vez iba dirigido con buen motivo a otro amigo. Allí también el llamado de Dios alcanzó el corazón del lector.

1 Reyes 2:26-46 – Marcos 6:30-56 – Salmo 51:6-12 – Proverbios 14:29-30

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Nos lleva en triunfo

Nos lleva en triunfo

5/2/2017

A Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. (2 Corintios 2:14)

Hay muchas posibilidades que surgen del sufrimiento injusto por el nombre de Cristo. Dios pudiera usar el sufrimiento de usted para guiar a alguien a Cristo. Pudiera usarlo para ayudarlo a triunfar sobre la persecución demoníaca, o pudiera hacer que otros vean la actitud de usted ante la persecución y reaccionen de la misma manera.

Cualquiera que sea el triunfo de su sufrimiento, puede estar seguro de una cosa: Si usted sufre por el nombre de Cristo, Dios lo levantará y exaltará a su presencia misma. Cristo siempre nos hará triunfar aunque suframos injustamente. No menosprecie la potencialidad del sufrimiento injusto por el nombre de Cristo. ¡Así que soporte cualquier sufrimiento que se le presente teniendo en cuenta su triunfo venidero en Cristo!

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“la Tienda del Pacto”

2 MAYO

“la Tienda del Pacto”

Números 9 | Salmo 45 | Cantar de los Cantares 7 | Hebreos 7

Hay dos temas que controlan Números 9. El segundo es el descenso del pilar de la nube y la columna de fuego sobre el tabernáculo, “la Tienda del Pacto”, el primer día que fue montado (9:15–23). La columna había guiado y protegido al pueblo desde su partida de Egipto. Fue una señal visible de la presencia de Dios – y a partir de este momento esta tiene que ver con el tabernáculo (y más tarde con el templo). De modo que la línea narrativa de la manifestación de la presencia de Dios continúa.

Pero el primer tema es la celebración de la Pascua en el aniversario de la primera Pascua (9:1–14). La primera Pascua, tal como se describe en Éxodo 12, no sólo estaba inseparablemente vinculada con el Éxodo, sino que también se tenía que conmemorar, de acuerdo con el Pacto Mosaico, de maneras muy bien definidas (Ex. 12; Lev. 23:5–8; Deut. 16:1–8). Las instrucciones de Dios a Moisés son que el pueblo celebre la Pascua “ciñéndose a todos sus estatutos y preceptos” (Números 9:3). Pero esta estipulación precipita una crisis. Puesto que algunas personas se habían vuelto ceremonialmente impuras al entrar en contacto con un cadáver (por ejemplo de algún miembro de su familia que había muerto), en principio no podían participar de la fiesta de la Pascua hasta volver a estar limpios – y esto requería tanto tiempo que no podrían celebrar la fiesta en el día prescrito, el catorce de Ahib (llamado Nisán después del exilio), el primer mes del calendario judío.

De modo que Moisés consulta al Señor. La respuesta del Señor es que en tal caso, estas personas ceremonialmente impuras podían posponer la celebración de la Pascua hasta el día catorce del segundo mes. Pero esta posposición, el Señor insiste, sólo corresponde a los que no puedan, por motivos ceremoniales, celebrarla en el día prescrito. Los que opten por esta posposición por razones de conveniencia personal deben ser excluidos del pueblo.

Hay muchas cosas que podemos aprender de este episodio, pero hay una en particular que a veces no se tiene en cuenta. En cualquier sistema complejo de leyes, tarde o temprano llegará otra ley diferente que establecerá como válidas otras reivindicaciones que estarán en conflicto con las primeras. Como resultado, dichas leyes tienen que establecerse de acuerdo con una jerarquía de importancia. Aquí el mes se considera menos importante que la pureza ceremonial o la propia celebración de la Pascua. Jesús mismo reconoce este principio general. Según la Ley estaba prohibido realizar cualquier trabajo regular en el sábado, y luego la misma Ley dice también que el hijo varón tenía que ser circuncidado el octavo día. Supongamos que el octavo día caiga en un sábado (Juan 7:23). ¿Cuál de las leyes tiene prioridad?

Las mentes que sólo sean capaces de pensar en un plano legal tal vez no captarán la dirección hacia la cual todas las leyes apuntan. Cuando estas leyes se miran como es debido, dice Jesús (y Pablo señala lo mismo con otras palabras), descubriremos que todas ellas apuntan hacia él (Juan 7:24).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 122). Barcelona: Publicaciones Andamio.