El poder de la resurrección

El poder de la resurrección

5/5/2017

A fin de conocerle, y el poder de su resurrección. (Filipenses 3:10)

La resurrección de Jesucristo mostró gráficamente la extensión de su poder. Ese es el poder que el apóstol Pablo quería experimentar porque comprendía que no podía vencer al pecado con sus propias fuerzas.

El poder de la resurrección de Cristo resuelve el pecado en nuestra salvación. Experimentamos el poder de su resurrección en la salvación. Somos sepultados con Cristo en su muerte, y resucitamos con Él para que “andemos en vida nueva” (Ro. 6:4).

Pero para derrotar al pecado cada día, necesitamos que el poder de su resurrección sea nuestro recurso. Necesitamos su fortaleza para servirle fielmente, para vencer la tentación, para triunfar en las pruebas y para dar testimonio con valor. Solo cuando establezcamos nuestra relación con Cristo y recibamos su fortaleza tendremos la victoria sobre el pecado en esta vida.

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«El que pone atención a la palabra hallará el bien; y el que confía en el SEÑOR es bienaventurado»

5 de mayo

«El que pone atención a la palabra hallará el bien; y el que confía en el SEÑOR es bienaventurado»

Proverbios 16:20 (LBLA)

La sabiduría es la verdadera fuerza del hombre y, bajo su dirección, este cumple mejor los fines de su existencia. El dirigir sabiamente los asuntos de la vida le da al hombre el goce más exquisito y ofrece a sus facultades la ocupación más noble; por tanto, el hombre halla bien en el sentido más amplio. Sin la sabiduría, es como un pollino de asno montés, que corre de aquí para allá gastando unas fuerzas que podrían emplearse provechosamente. La sabiduría es la brújula por la cual el hombre debe guiarse a través del intransitable desierto de la vida; sin ella, es un barco abandonado, a merced de los vientos y de las olas. El hombre tiene que ser prudente en un mundo como este; de lo contrario, no hallará el bien, sino que será traspasado de innumerables males. El peregrino herirá lastimosamente sus pies entre las zarzas del bosque de la vida si no decide sus pasos con mucho cuidado. El que está en un desierto infestado de ladrones debe conducirse sabiamente si quiere viajar con seguridad. Si, adiestrados por el gran Maestro, seguimos por donde él nos guía, hallaremos el bien, aun en esta triste morada. Hay frutos celestiales que cosechar de este lado de los cenadores del Edén, y cantos del Paraíso que han de cantarse en medio de la arboleda de la tierra. Sin embargo, ¿dónde se hallará esta sabiduría? Muchos han soñado con ella, pero no la han poseído. ¿Dónde la aprenderemos? Atendamos a la voz del Señor, porque él ha declarado el secreto. Él nos ha revelado a los hijos de los hombres dónde se encuentra la verdadera sabiduría, y nosotros la descubrimos en este texto bíblico: «El que confía en el Señor…». El verdadero modo de tratar un asunto sabiamente es confiando en el Señor. Esta es la pista segura para salir del más intrincado laberinto de la vida; síguela y hallarás felicidad eterna. El que confía en el Señor posee un diploma en sabiduría que se le ha concedido por inspiración; es bienaventurado ahora, y más lo será en el Cielo. Señor, en este suave anochecer, pasea conmigo por el huerto y enséñame la sabiduría de la fe.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 134). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La Rebelión tiene múltiples caras.

5 MAYO

Números 12–13 | Salmo 49 | Isaías 2 | Hebreos 10

La Rebelión tiene múltiples caras

Números 12–13 narra la historia de la rebeldía de dos formas muy distintas y complejas. En primer lugar encontramos a Aarón y Miriam que hablan mal de su hermano Moisés. El problema que se nos presenta es que al haber hablado Dios también por medio de ellos, al igual que por Moisés, creen tener derecho a compartir cualquier autoridad que él posea. Pero hay otras capas que permanecen escondidas bajo la superficie: están enojados contra Moisés a causa de su matrimonio con una mujer cusita. Las motivaciones con las que los seres humanos actuamos a menudo están muy mezcladas.

Por supuesto, a primera vista la protesta parece razonable y sensata, e incluso (a nuestros ojos) democrática. Pero posteriormente, tiene como propósito colocar a Moisés en una situación muy desagradable. Si el insiste en que es el líder a quien Dios ha llamado, de manera exclusiva, a esta tarea, los envidiosos y los escépticos le podrían acusar de una defensa egocéntrica de sus propios intereses. Lo que salva a Moisés, en parte, es que, igual que el Salvador que viene después de él, Moisés es extraordinariamente humilde (12:3; Mateo 11:29).

Es Dios mismo quien interviene y designa al verdadero líder. Moisés es único, puesto que la inmediatez de la revelación que recibe y transmite está más allá de la de cualquiera de los demás profetas; es más, Moisés ha demostrado ser fiel en toda la casa de Dios (12:6–8). Miriam recibe un castigo terrible. No queda claro por qué Miriam es castigada de esta manera mientras a Aarón no le pasa nada: tal vez fue ella la instigadora de esta rebelión, o tal vez Dios no quiso poner en tela de juicio la autoridad legítima que Aarón había recibido como sumo sacerdote. Lo que sí queda claro es que aun cuando Miriam, gracias a la intercesión de Moisés, es perdonada, tiene que enfrentarse con una semana de enfermedad y vergüenza fuera del campamento, a fin de que ella y la nación entera aprendan que la rebelión que se manifieste en un deseo de poder merece ser castigada por Dios.

La segunda rebelión, narrada en Números 13, comienza con los temores de los cinco espías que fueron enviados para reconocer la Tierra Prometida. No podían por menos que describir la asombrosa fertilidad que encontraron; sin embargo, escogieron poner el acento en los obstáculos. En este aspecto habían olvidado, o más bien voluntariamente ignorado, todo lo que Dio había obrado para llevarles hasta este sitio. Más su rebeldía resulta ser todavía peor. Como líderes tenían la obligación no sólo de hacer un informe verídico de aquello que viesen, sino también de formar las opiniones del pueblo. Como líderes del pueblo de Dios, tenían que haber presentado ante todos las características de la tierra tal como la encontraron, y luego llamado la atención del pueblo al carácter fiel del Dios de la alianza, recordándoles los hechos de las plagas, de la pascua, del éxodo, de la provisión abundante de alimentos y de protección durante su travesía en el desierto, y de la auto-revelación en Sinaí. Pero de hecho, lo único que logran es fomentar un motín gravísimo (ver cap. 14), principalmente al incitar al miedo y a la incredulidad.

¿De qué maneras se manifiesta el espíritu rebelde en el seno del pueblo de Dios hoy en día?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 125). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Viajar bien

5 Mayo 2017

Viajar bien
por Charles R. Swindoll

Hechos 16:11-15

Ya sea que usted esté viajando como misionero, por razones personales o profesionales, Dios quiere que viaje como lo hacía Pablo. Observo cuatro principios invariables que le ayudarán a maximizar su efectividad para Cristo, dondequiera que vaya.

1. Cuando viaje, no lo haga solo. Hágase acompañar al menos por una persona, idealmente su esposa o esposo. Si no es su pareja, que sea entonces otro miembro de su familia. Y si no es un miembro de su familia, que sea un amigo de confianza. Pero hágase acompañar. Haga memoria. Recuerde a las personas con las que viajaba Pablo. De ser posible, evite viajar solo. Si se siente solo, tendrá un amigo cerca para levantarle el ánimo. Si enfrenta problemas, tendrá un amigo para ayudarlo a salir adelante. Dos son mejor que uno. Tres son mejor que dos.

2. Cuando viaje, no pierda el contacto con los suyos. Repórtese siempre. El corazón de Pablo estaba siempre cerca de los suyos. Se mantenía en contacto con ellos cuando se encontraba lejos. Y cuando regresaba, les informaba. Cuando estaba con sus hombres, daba gozosamente cuenta de su ministerio, y cuando escribía cartas era muchas veces vulnerable.

3. Cuando viaje, no crea todo lo que oye. Alguien dijo: “Una autoridad es cual quiera que esté a cien mil kilómetros de distancia de su casa”. Porque soy bastante conocido, la gente viene a verme pensando que los voy a impresionar. Pero, si estuvieran más tiempo cerca de mí, sabrían que no es así. Cuando usted viaje, de vez en cuando se va a encontrar con personas que casi le adorarán (eso le sucedió a Pablo). No se los permita. Pero, en el otro extremo, están quienes le rechazarán y maltratarán. No se deje influenciar por la gente negativa. Unos pocos conspirarán contra usted, pero mantenga su mirada puesta en la meta. Concéntrese en el Señor, y nada de eso le hará perder el ánimo.

4. Cuando viaje, no se distancie de las personas. Es fácil, por el ajetreo del viaje, convertirse en una figura de cera, intocable. Es fácil hablar sólo de nimiedades con conocidos de ocasión, repetir los clichés del camino y perder contacto con la realidad. Rechace esa clase de superficialidad. Manténgase accesible, manténgase real. La gente quiere que usted sea real, auténtico. No perfecto. Sólo auténtico.

Si usted sigue estos cuatro principios, maximizará su impacto por Cristo y también el de su viaje.

Manténgase real. La gente quiere que usted sea real, auténtico. No perfecto.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Siete fuentes de gozo

MAYO, 05

Siete fuentes de gozo

Devocional por John Piper

Sobreabundo de gozo en toda nuestra aflicción. (2 Corintios 7:4)

Algo extraordinario acerca de Pablo era que cuando las cosas no iban bien, su gozo era increíblemente duradero.

¿De dónde provenía este gozo?

Primeramente, Jesús lo enseñó: «Bienaventurados sois cuando los hombres os aborrecen… Alegraos en ese día y saltad de gozo, porque he aquí, vuestra recompensa es grande en el cielo» (Lucas 6:22-23). Las tribulaciones por causa de Cristo incrementan nuestros intereses en el cielo—los cuales perduran mucho más que la tierra—.

Segundo, proviene del Espíritu Santo, no de nuestros esfuerzos, ni de nuestra imaginación, ni de la educación que nos dio nuestra familia. «El fruto del Espíritu es… gozo» (Gálatas 5:22). Hemos recibido la palabra «en medio de mucha tribulación, con el gozo del Espíritu Santo» (1 Tesalonicenses 1:6).

Tercero, se debe a que pertenecemos al reino de Dios: «Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo» (Romanos 14:17).

Cuarto, viene por medio de la fe, es decir, por creer en Dios. «Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer» (Romanos 15:13). «Sé que permaneceré y continuaré con todos vosotros para vuestro progreso y gozo en la fe» (Filipenses 1:25).

Quinto, proviene de ver y conocer a Jesús como Señor. «Regocijaos en el Señor siempre» (Filipenses 4:4).

Sexto, surge de otros creyentes que trabajan arduamente para ayudarnos a enfocar nuestra atención en estas fuentes de gozo y no en circunstancias engañosas. «Somos colaboradores con vosotros para vuestro gozo» (2 Corintios 1:24).

Séptimo, proviene del efecto santificador de las tribulaciones. «También nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza» (Romanos 5:3-4).

Si todavía no somos como Pablo, él nos llama a serlo: «Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo» (1 Corintios 11:1). Para la mayoría de nosotros, este es una llamado a orar con fervor. Es una vida sobrenatural.

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La autoridad de Jesús

viernes 5 mayo

Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna.

Juan 12:49-50

La autoridad de Jesús

Cuando estaba en la tierra, Jesús hablaba y actuaba con autoridad. Impresionaba a las multitudes, que decían: “Con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen” (Marcos 1:27). Sus palabras tenían un poder desconocido hasta ese momento. Podía curar las enfermedades mediante una simple palabra. Un oficial romano incluso le pidió: “Di la palabra, y mi criado sanará” (Mateo 8:8). Este oficial no fue decepcionado: “Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora” (Mateo 8:13).

Su autoridad también fue perceptible en su enseñanza. “Les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Marcos 1:22). Jesús no se apoyaba en tal o cual maestro de la ley para acreditar sus declaraciones. Simplemente afirmaba: “De cierto, de cierto os digo”.

¿De dónde tenía esta autoridad? Los evangelios nos dan la respuesta. Jesús es más que un hombre excepcional. Es el Hijo de Dios; quiso acercarse a su criatura para salvarla del mal y de la muerte. Su autoridad se establecía de forma natural, porque era Dios. Era visible en toda su vida, su comportamiento, sus palabras, porque había venido a revelar a Dios el Padre: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). Era el Enviado del Padre, no para dominar, sino para liberar; no para condenar, sino para salvar a los que confiaban en él. ¡Esto todavía es cierto hoy!

¿Ha reconocido usted la autoridad de Jesús en su vida, con confianza y sinceridad?

1 Reyes 4 – Marcos 7:24-37 – Salmo 52 – Proverbios 14:33-34

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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La debida justicia

La debida justicia

5/4/2017

No teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo. (Filipenses 3:9)

Conocer a Jesucristo es tener su justicia, su santidad y su virtud imputadas a nosotros, lo que nos hace justos delante de Dios.

En los primeros años de su vida, el apóstol Pablo trató de alcanzar la salvación por el apego estricto a la ley. Pero cuando fue confrontado por la admirable realidad de Cristo, estuvo dispuesto a cambiar toda su justicia propia y moralidad externa, buenas obras y ceremoniales religiosos por la justicia concedida a él mediante la fe en Cristo. Pablo estuvo dispuesto a perder la débil y descolorida vestidura de su reputación si podía ganar el espléndido e incorruptible manto de la justicia de Cristo.

Ese es el mayor de todos los beneficios porque garantiza nuestra posición delante de Dios. Es el don de Dios para el pecador el apropiarse por fe de la obra perfecta de Cristo, que satisface la justicia de Dios.

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«Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible».

4 de mayo

«Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible».

1 Pedro 1:23

Pedro exhorta a los santos esparcidos, muy ardientemente, a que se amen unos a otros «entrañablemente de corazón puro» y extrae, muy sabiamente, su argumento para ello, no de la ley, ni de la Naturaleza, ni de la filosofía, sino de aquella elevada y divina naturaleza que Dios ha implantado en los suyos. Así como un sensato tutor de príncipes crea y alimenta en ellos un espíritu regio y una conducta decorosa, basando sus argumentos en la posición y la ascendencia de los tales, así también, considerando a los hijos de Dios como herederos de la gloria, príncipes de sangre real, descendientes del Rey de reyes, la más genuina y antigua aristocracia del mundo, Pedro les dice: «Procurad amaros unos a otros, a causa de vuestro noble origen, pues habéis nacido de simiente incorruptible; a causa de vuestro linaje, pues descendéis de Dios, el Creador de todas las cosas; y a causa de vuestro destino inmortal, puesto que nunca moriréis, aunque la gloria de la carne se marchite y su existencia acabe». Sería conveniente que, con espíritu humilde, reconociéramos la verdadera dignidad de nuestra naturaleza regenerada y viviéramos de acuerdo con ella. ¿Qué es un cristiano? Si lo comparas con un rey, tiene, además de la dignidad real, la santidad sacerdotal. La realeza del rey reside, frecuentemente, solo en su corona; pero la del cristiano está infusa en lo más íntimo de su naturaleza. Por su nuevo nacimiento, el cristiano se halla por encima de sus semejantes como el hombre por encima de las bestias que perecen. Sin duda, tiene que conducirse en todas sus relaciones como alguien que no es del montón, sino como un elegido de entre el mundo, distinguido por la gracia soberana, inscrito entre el «pueblo adquirido» y que, por tanto, no puede arrastrarse en el polvo como los demás, ni vivir según la manera de los ciudadanos del mundo. Que la dignidad de tu naturaleza y el esplendor de tu esperanza, oh creyente en Cristo, te constriña a adherirte a la santidad y a evitar aun la apariencia del mal.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 133). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

“Jerusalén celestial”

4 MAYO

“Jerusalén celestial”

Números 11 | Salmo 48 | Isaías 1 | Hebreos 9

Una de las maneras de las cuales Dios habla acerca del futuro es, justamente, hablando explícitamente del futuro. Hay pasajes en la Biblia donde Dios predice, con palabras, lo que sucederá: habla acerca del futuro. Pero también nos facilita imágenes, patrones, tipos y modelos. En estos casos, establece una institución, o un ritual, o un patrón relacional. Luego deja pistas, las cuales pronto se convierten en una cascada de pistas, que nos dan a entender que estas “pistas” no existen para ellas mismas, sino que están allá como anticipos de algo mejor. En estos casos, entonces, Dios habla del futuro mediante imágenes.

Los cristianos que leen mucho su Biblia reflexionan sobre las conexiones entre el reino Davídico y el de Jesús, entre el cordero de la Pascua y Jesús como el “Cordero de la Pascua”, entre Melquisedec y Jesús, entre el descanso del Sábado y el descanso que Jesús ofrece, entre el papel del sumo sacerdote y el papel sacerdotal de Jesús, entre el templo en el que entró el sacerdote del antiguo pacto y el “lugar santísimo” donde entró Jesús, y muchísimo más. Por supuesto que para aquellos que vivían bajo el antiguo pacto, la fidelidad al pacto entrañaba un compromiso firme con las instituciones y los rituales que Dios había establecido, aun cuando estas mismas instituciones y rituales anticipaban algo todavía mejor, cuando se mira desde una perspectiva canónica más amplia. Mediante estas imágenes, Dios hablaba del futuro. Cuando un creyente capta esta realidad, estas partes de la Biblia cobran vida nuevamente para él.

Uno de estos modelos es la propia ciudad de Jerusalén, a la que las Escrituras a menudo se refieren como Sión (la antigua fortaleza). Jerusalén estaba estrechamente ligados no sólo con el hecho de que a partir de David fue la ciudad capital (aun después de la división entre Israel y Judá, seguía siendo capital del reino sureño), sino también con el hecho que a partir de Salomón fue el lugar del templo, y por lo tanto el centro de la auto-revelación de Dios.

Por tanto para el salmista, “la ciudad de nuestro Dios, su santo monte” no es sólo “bella” sino que también es “la alegría de toda la tierra” (Salmo 48:1–2). No es solamente el centro del poder y de la seguridad (48:4–8), sino el lugar donde el pueblo santo de Dios medita en torno a su amor constante (48:9), el centro de la adoración (48:10). No obstante, el salmista mira más allá de la ciudad a Dios mismo; él es quien “la hará permanecer para siempre”, cuya “alabanza llega a los confines de la tierra”, “para siempre” (48:10, 14)

Aunque profundamente enraizados en la ciudad histórica de Jerusalén, los escritores de la nueva alianza miran hacia una “Jerusalén celestial” (Gálatas 4:26), “al monte Sión, a la Jerusalén celestial, la ciudad del Dios viviente” (Hebreos 12:22), “a la nueva Jerusalén” (Apocalipsis 21:2). Reflexionemos largo y tendido sobre estas conexiones.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 124). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La autoridad final

4 Mayo 2017

La autoridad final
por Charles R. Swindoll

Hechos 16:1-10

Hechos 17:1-11

Un hombre de Macedonia había dicho: “¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!” Dios tenía en mente a una vendedora de púrpura, a una joven esclava explotada y a un rudo y brutal carcelero romano. Cuando uno viaja como Dios quiere que viaje, como Pablo, uno es sensible a las puertas que se abren y está en paz con las puertas que se cierran.

Más tarde, Pablo apeló a Roma. Después de enterarse de que habían torturado a unos ciudadanos romanos, el magistrado que gobernaba la ciudad se llenó de miedo. Al darse cuenta de que había actuado ilegalmente contra estos dos hombres, el funcionario les rogó a Pablo y a Silas que se marcharan de Filipos para evitar más disturbios en la población.

El competente fundador de iglesias siguió adelante, flanqueado por la fiel compañía de sus compañeros en la obra. La parada siguiente fue Tesalónica. Pablo, volvió a su lugar preferido para comenzar: la sinagoga. Muchos creyeron, entre ellos un gran número de griegos y de mujeres influyentes. Esto bastó para despertar los celos de los líderes judíos, hasta el punto de que Pablo y su equipo se vieron obligados a escapar bajo el manto de la noche (Hechos 17:10).

De allí se fueron a Berea y, de nuevo, predicaron en la sinagoga local. Por ser más nobles que los de Tesalónica, el interés de los habitantes de Berea los llevó a escudriñar “las Escrituras para verificar si estas cosas eran así” (Hechos 17:11).

Tengo que aprovechar esta oportunidad para decirle que este es un ejemplo que debe ser imitado. No importa lo inteligente, carismático o preparado que sea su maestro de Biblia o su pastor, fórmese el saludable hábito de comprobar con las Escrituras lo que ellos le digan.

Los arquitectos y los constructores utilizan medidas precisas para asegurarse de tener un resultado exacto. No se guían por sus sentimientos. Hacen cuidadosamente su trabajo utilizando metros y centímetros. Ni siquiera los constructores más veteranos confían en cálculos aproximados o conjeturas. Se rigen por la norma. Las Escrituras son también su herramienta de medición para tener la seguridad de que la enseñanza que usted recibe es verdadera y confiable. Evalúela siempre.

A medida que usted crece en su vida espiritual, tiene que haber una congruencia de ángulos entre lo que se le dice y lo que ha sido escrito en la Biblia. Si usted no puede apoyarlo con las Escrituras, algo está faltando en la enseñanza. No crea al maestro, si éste contradice la enseñanza divina; de hacerlo, usted estará construyendo sobre arena. Ríjase por lo que dice y enseña la Biblia. Esta sigue siendo su autoridad final para la fe y para la vida.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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