Hacer el balance

Hacer el balance

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Aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. – 1 Corintios 4:4

Dios es el que justifica. – Romanos 8:33

Hacer el balance sobre nuestra vida significa juzgar entre lo bueno y lo malo, entre lo verdadero y lo falso, lo útil y lo inútil… ¡suponiendo que seamos capaces de hacer esa evaluación!

En cada uno de nosotros hay un indicador que puede ayudarnos, es nuestra conciencia. En el origen latino de esta palabra está la idea de «saber». Pero como no sabemos todo, nuestra conciencia es obligatoriamente limitada. Por lo tanto es difícil hacer el balance, es difícil estar en paz, pues sería muy pretencioso creer que aquel que lo sabe “todo”, es decir, Dios, tiene la misma manera de ver las cosas que yo.

La Biblia habla mucho del bien y del mal, de justicia y de injusticia. Ella es la Palabra del Dios vivo; estemos, pues, atentos a sus advertencias. Ella revela algunas exigencias de Dios, entre las cuales hallamos: “Temerás a Dios”, “amarás a tu prójimo”, “no codiciarás”, “no cometerás adulterio”, etc. Nadie puede pretender haber respetado íntegramente sus exigencias. Para Dios todos somos culpables, pero también todos podemos ser absueltos, justificados, liberados definitivamente de toda acusación. Dios mismo dio el medio para salvarnos, a Jesucristo, quien fue condenado en nuestro lugar. El castigo que merecían nuestros pecados cayó sobre él (Isaías 53:5), entonces al fin podemos tener buena conciencia ante Dios. Y ahora nos invita, con bondad, a confiar en él y agradecerle.

“Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú” (Deuteronomio 30:19).

2 Samuel 21 – Hechos 10:1-24 – Salmo 28:1-5 – Proverbios 10:24-25

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El propósito del crecimiento

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El propósito del crecimiento

3/3/2017

Todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo. (1 Juan 3:3)

Segunda Pedro 3:18 ordena a los creyentes que crezcan “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. Su respuesta a este versículo es la acción o la inercia. Si desea crecer en Cristo, usted experimentará bendición, provecho y victoria siguiendo la senda bíblica de glorificar a Dios. Y como descubrió David, también usted sentirá alegría: “A Jehová he puesto siempre delante de mí… Se alegró por tanto mi corazón” (Sal. 16:8, 9).

El apóstol Juan resumió el objetivo del desarrollo espiritual cuando dijo: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:2). El proceso del crecimiento terminará el día que veamos a Jesucristo y seamos como Él.

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Dios obra a través de buenas resoluciones

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MARZO, 03

Dios obra a través de buenas resoluciones

Devocional por John Piper

Por esta razón también oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder. (2 Tesalonicenses 1:11)

Buscar el poder de Dios para cumplir nuestros buenos propósitos no significa que no hayamos hecho realmente una resolución o que de verdad no estemos haciendo uso de la fuerza de voluntad.

¡El compromiso del poder de Dios nunca toma el lugar del compromiso de nuestra voluntad! ¡El poder de Dios en la santificación nunca nos hace pasivos! El poder de Dios se involucra debajo o detrás o dentro de nuestra voluntad, no en lugar de nuestra voluntad.

La evidencia del poder de Dios en nuestra vida no es la ausencia de nuestra voluntad sino la fortaleza de nuestra voluntad.

Cualquiera que diga: «Bueno, yo creo en la soberanía de Dios y por lo tanto solo me quedaré sentado y no haré nada», realmente no cree en la soberanía de Dios. ¿Por qué alguien que cree en la soberanía de Dios lo desobedecería tan abiertamente?

Cuando nos quedamos sentados y no hacemos nada, no es que no estemos haciendo nada: estamos activamente comprometiendo nuestra voluntad a la decisión de quedarnos sentados. Y si esa es la manera en que manejamos el pecado o la tentación en nuestra vida, estamos desobedeciendo abiertamente, porque estamos llamados a pelear una buena batalla (1 Timoteo 1:18) y a resistir al diablo (Santiago 4:7) y a buscar la santidad (Hebreos 12:14).

Este versículo dice que es por el poder de Dios que cumpliremos nuestros buenos propósitos y nuestras obras de fe. Sin embargo, esto no anula el significado de la palabra propósito y de la palabra obra. Parte de todo el proceso de tener un caminar digno del llamamiento de Dios es el compromiso activo de nuestra voluntad en la determinación de obrar con rectitud.

Si tenemos pecados que persisten en nuestra vida, o si continuamos siendo negligentes en hacer buenas obras simplemente porque hemos estado esperando a ser rescatados sin pelear ninguna batalla, estamos agravando nuestra desobediencia. Dios nunca aparecerá con poder en nuestra voluntad en ninguna otra forma que no sea la de una buena resolución que hayamos hecho y mantenido.

Así que las personas que creen en la soberanía de Dios no deben tener miedo de comprometer su voluntad en la lucha por la santidad. «Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos tratarán de entrar y no podrán» (Lucas 13:24).

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Hallado fiel

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3 Marzo 2017

Hallado fiel
por Charles R. Swindoll

Job 42:1-17

Si usted vuelve a Job 1:3, podrá leer lo que Job tenía originalmente. Poseía 7,000 ovejas, y termina ahora con 14,000. Sus rebaños crecen a medida que los alimenta y se multiplican. El rebaño original ha aumentado al doble. Tienen suficiente comida. También hay abundancia de pastos, y por eso las ovejas llegan a ser 14,000.

Job debió haber podido ver desde todas las ventanas de su casa la verde, cautivante y exquisita vegetación, y el crecimiento de todos sus cultivos. Ahora tiene 1,000 asnas, el doble de las que tenía antes. No al instante, sino después de unos pocos años, sus posesiones crecieron. Sinceramente, Job tenía más que suficiente. Mucho más. Antes era rico, ¡pero ahora es inmensamente rico!

Hay ocasiones cuando el Señor decide bendecir a ciertas personas mucho, pero mucho más de lo necesario. Lo que debemos aprender es a aceptarlo. ¡Si la envidia es el pecado que le domina, le aconsejo que se libere de uno de los hábitos más feos que tienen los cristianos! Seré totalmente sincero con usted, porque eso es lo que oigo con frecuencia. La gran tentación es recordarle al Señor lo fiel que usted ha sido cuando ve a un vecino o un amigo cuyo negocio crece, pero no el suyo. Por favor, no siga tratando de cuestionar al Señor en asuntos así.

Es injusto y también falso suponer que la mayoría de las personas ricas no han hecho nada para lograr sus riquezas, o que no las recibieron de la mano de Dios. Algunos de los santos más preciosos de Dios son sumamente ricos.

¿Entonces? Se lo digo otra vez, acéptelo. Si usted es uno de ellos, no necesita que le recuerde que esa riqueza no la creó usted mismo. La recibió por la gracia de Dios. Úsela bien. Dé con generosidad. Ande en humildad; y si el Señor decide no bendecirle como ha bendecido a otra persona, acepte y respete su decisión en vez de sentirse molesto por ello. Aplaudamos a Job por ser un recipiente del rico favor de Dios. Job ha “salido como el oro” después de haber sido probado y hallado fiel.

“Gozaos con los que se gozan”.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

«El gran poder de DIOS»

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«El gran poder de DIOS»

3 MARZO

Éxodo 14 | Lucas 17 | Job 32 | 2 Corintios 2

Tres observaciones en relación con la travesía del Mar Rojo (Éxodo 14):

En primer lugar, la confrontación dinámica entre el faraón y el Señor soberano continúa. Por un lado, el faraón aún persigue sus deseos, habiendo llegado a la conclusión de que los israelitas se encontrarán atrapados entre el mar y el desierto, y por tanto serán presa fácil (14:3). Además, el faraón y sus oficiales se arrepienten de haber dejado marchar al pueblo israelita. La esclavitud era una de los pilares fundamentales de su sistema económico y, por supuesto, el recurso más importante para el cumplimiento de sus programas de construcción. Tal vez las plagas no fueran más que golpes de mala suerte. Los esclavos israelitas deben volver.

No obstante, Dios no desempeña un papel pasivo en el desarrollo de estos acontecimientos, ni tampoco se limita a responder ante las iniciativas de los demás. Conduce a los israelitas en fuga hacia el noreste, no sólo para que se libren de una confrontación con los filisteos (13:17), sino también para que los egipcios lleguen a la conclusión de que los israelitas están atrapados (14:31). De hecho, es Dios quien está conduciendo a los egipcios a una trampa, y endurecer el corazón del faraón forma parte de su estrategia (14:4, 8, 17). Esta soberanía total y providencial debería servir para cimentar la confianza del pueblo de Dios (14:31). Ante todo, el Señor está resuelto a que, por medio de esta confrontación, tanto los israelitas como los egipcios aprendan quién es Dios: “¡Voy a cubrirme de gloria a costa del faraón y de su ejército… Y cuando me haya cubierto de gloria a costa de ellos, los egipcios sabrán que yo soy el Señor” (14:17–18). “Y al ver los israelitas el gran poder que el SEÑOR había desplegado en contra de los egipcios, temieron al SEÑOR y creyeron en él y en su siervo Moisés” (14:31).

En segundo lugar, el “ángel de Dios” reaparece (14:9) – no como ángel, sino como columna de fuego por la noche y como columna de nube por el día, en un momento guiando el pueblo y en otro protegiéndoles de los egipcios que les persiguen. Pero, si lo miramos con otra perspectiva, podríamos decir que el Señor va delante suyo en una columna de nube para dirigirles mientras siguen adelante y por la noche en una columna de fuego para darles luz (13:21). Las ambigüedades que hemos visto anteriormente persisten (ver Éxodo 3, meditación del 20 de febrero).

En tercer lugar, fueran cuales fueran los medios por los cuales el mar se dividió (el viento, por ejemplo), este suceso, igual que el de las ranas, se presenta aquí como milagroso – no conforme a la manera como la naturaleza suele ser providencialmente regida (cuya regularidad es lo que permite que la ciencia exista), sino que se trata de una intervención extraordinaria por parte de Dios (lo cual hace que los milagros sean hechos únicos y, por tanto, no susceptibles al análisis científico). Que una multitud de personas puedan caminar sobre tierra seca entre dos murallas de agua (14:21–23) es algo que sólo el Dios soberano de la creación puede lograr, nadie más.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 62). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

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Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

2 Corintios 5:21

Jesús fue el hombre sin pecado

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Jesucristo vivió como un hombre en la tierra, pero fue un hombre perfecto. Siempre hacía el bien y no pecaba ni en pensamiento, ni en palabra, ni en hechos. Por ello pudo hacer esta pregunta a los judíos: “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” (Juan 8:46). ¡Nadie, efectivamente, podía hacerlo! Incluso cuando fue condenado a morir en la cruz como malhechor, varias personas confirmaron su inocencia: Judas el traidor, cuando confesó: “Yo he pecado entregando sangre inocente” (Mateo 27:4); Pilato el gobernador romano (v. 23-24) y su mujer (v. 19); el malhechor crucificado junto a él (Lucas 23:41) y el oficial romano, testigo de su muerte, pues dijo: “Verdaderamente este hombre era justo” (v. 47).

En Jesús no había nada que lo incitase a hacer el mal, ningún tipo de codicia que lo condujese a pecar. El apóstol Juan lo confirma de forma absoluta: “No hay pecado en él” (1 Juan 3:5). El diablo tentó a Jesús para incitarlo a cometer un acto de independencia con respecto a Dios. Pero todos sus ataques fueron vanos. Cuando, en el momento de dejar su vida, Jesús fue el objeto de toda la maldad de Satanás, declaró: “Viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí” (Juan 14:30).

Este hombre perfecto, Jesucristo, estuvo confrontado al pecado de forma terrible en las tres horas de tinieblas en la cruz. Dios lo castigó en nuestro lugar, por nuestros pecados.

Por la fe sabemos que Jesús pagó el precio para que nosotros fuésemos perdonados, y le agradecemos por su gracia. Pidámosle que nos dé la fuerza para ser sus imitadores, pues en nosotros no tenemos ninguna capacidad para hacerlo.

2 Samuel 22:31-51 – Hechos 11 – Salmo 29:1-6 – Proverbios 10:27-28

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Una muestra de obediencia

Una muestra de obediencia

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3/2/2017

Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. (Mateo 28:20)

No se puede ser discípulo sin una vida de obediencia y un deseo de seguir a Cristo como Señor. Una de las maneras más importantes de obedecer es enseñando a otros a obedecer sus mandamientos.

Respecto al Espíritu Santo, Jesús dijo: “Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn. 14:26). Mediante la Palabra de Dios, el Espíritu ha puesto esa enseñanza a disposición de todos los creyentes. Y todo creyente debe someterse a ella en obediencia.

Solo un verdadero convertido obedecerá a Cristo. Solo cuando usted se presenta “a Dios como [vivo] de entre los muertos, y [sus] miembros como instrumentos de justicia” (Ro. 6:13) muestra usted fe obediente.

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Armémonos de las promesas

MARZO, 02

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Armémonos de las promesas

Devocional por John Piper

Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios. (Mateo 5:8)

Cuando Pablo dice que hagamos morir las obras de la carne «por el Espíritu» (Romanos 8:13), yo entiendo por sus palabras que debemos usar la única arma de la armadura del Espíritu que se usa para matar, es decir, la espada, que es la Palabra de Dios (Efesios 6:17).

Entonces, cuando el cuerpo está a punto de cometer un acto pecaminoso motivado por miedo o deseo excesivo, debemos tomar la espada del Espíritu y matar ese miedo y ese capricho. En mi propia experiencia, eso significa principalmente cortar la raíz de las promesas del pecado con el poder de una promesa superior.

Por ejemplo: Cuando empiezo a desear algún placer sexual ilícito, el movimiento de la espada que a menudo ha cortado la raíz de la promesa de este placer es: «Bienaventurados los limpios de corazón, pues ellos verán a Dios» (Mateo 5:8). Traigo a memoria el placer que he saboreado al ver a Dios de manera más clara a partir de una conciencia sin mancha, y me acuerdo de la brevedad y la superficialidad y el regusto de opresión de los placeres del pecado; y con eso, Dios mata el poder conquistador del pecado.

Tener a mano promesas que sean aplicables a la hora de la tentación es una clave para el éxito en la batalla contra el pecado.

Pero habrá momentos cuando no tengamos una palabra de Dios en nuestra mente que se aplique perfectamente a la situación, y no haya tiempo para buscar en la Biblia una promesa adecuada. Por eso, todos necesitamos tener un pequeño arsenal de promesas generales listas para usarse cuando el miedo o los deseos excesivos amenacen con llevarnos por mal camino.

Añadamos constantemente promesas a nuestro arsenal, pero nunca perdamos de vista aquellas pocas promesas escogidas con las que Dios nos ha bendecido en nuestra vida. Estemos siempre listos con las antiguas, y cada mañana busquemos una más para llevar con nosotros durante el día.

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La justicia de Dios

2 Marzo 2017

La justicia de Dios
por Charles R. Swindoll

Job 42:1-17

Encuentro por lo menos dos verdades eternas para nosotros cuando pienso detenidamente en estas tres escenas finales de la historia de Job.

Primera: Vale la pena pedir perdón. Si hay algo que le está separando a usted de su Padre celestial, ¿por qué mantenerse a la distancia? Acérquese. Hable francamente con Él. Al Señor le encanta escuchar la confesión sincera de sus hijos. Él se deleita cuando reconocernos con humildad el mal que hemos hecho. Solo dígaselo. Como hemos visto, Él nunca le rechazará. Vale la pena pedir perdón.

Segunda: Vale la pena esperar justicia. Dios es un Dios de justicia. Él hará que se cumpla fielmente, si no ahora, entonces después, en la eternidad. Dios lo arreglará todo. Su justicia es parte de su verdad. Dios, que pacientemente permitió que el vil experimento de Satanás con Job siguiera su curso, lo ha llevado hasta el final. Su siervo ha sido recompensado. Estos amigos han sido puestos de rodillas. Pero lo mejor de todo es que Satanás ha sido silenciado y desmentido una vez más, y el Señor sigue en su trono, en control y siendo glorificado en todo.

No tengo manera de saber cuál es su situación ahora mismo. No sé con lo que está luchando, ni tampoco quién le causado algún daño. No sé qué tan severa ha sido la vida con usted. Pero esto sí se: Su vida no ha sido fácil. Probablemente sus pruebas no han sido tan severas como las de Job, pero estoy seguro de que han sido difíciles, quizás las peores que ha conocido en toda su vida. Es posible que se encuentre ahora en una cárcel. Usted ha sido condenado injustamente, eso nunca se ha arreglado, y está esperando que se le haga justicia.

Hay alguna razón para la demora. Quizás sea para darle tiempo para examinar su vida. ¿Hay algún pecado que necesita confesar, una ofensa que ha cometido y que nunca ha intentado reparar? Le aconsejo que ponga de lado su orgullo, que arregle el asunto y que lo haga ahora mismo. Le maravillará el alivio que podrá obtener de esa fuente de esperanza, para que pueda seguir avanzando en la dirección correcta.

Pudiera muy bien ser que su disposición de perdonar y seguir adelante sea todo lo que se necesite para mover al Señor a poner en acción su justicia. Entonces, ¿qué está esperando?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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¿Cuál es este futuro?

¿Cuál es este futuro?

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2 MARZO

Éxodo 13 | Lucas 16 | Job 31 | 2 Corintios 1

A primera vista, la parábola del gerente astuto y su conclusión sorprendente es una de los relatos más extraños narrados por Jesús (Lucas 16:1–9).

Un gerente derrochador e ineficiente es llamado por un propietario rico, y se le informa que será despedido. Debe cerrar los libros y recoger sus fichas de clientes. Profundamente turbado acerca de su futuro, el gerente considera sus opciones. Ya no posee las fuerzas físicas que le permitirían hacer un trabajo manual, y no le atrae mucho la idea del desempleo.

Por lo tanto, diseña un plan totalmente falto de escrúpulos. Mientras sigue gozando de una legítima autoridad con relación a los bienes y cuentas de su jefe, reduce con un gran margen todas y cada una de las deudas que se deben a este y siguen pendientes, en algunos casos hasta un 50%. Su razonamiento es muy sencillo. En una cultura donde una dádiva conlleva una obligación, se da cuenta de que todas estas personas se sentirán en deuda con él y obligados a echarle un cable cuando se encuentre sin empleo y sin ingresos. Teniendo en cuenta las cantidades en cuestión, podrá confiar en su hospitalidad durante mucho tiempo. No cabe duda de que al propietario no le iba a gustar que le estafaran, pero era lo suficientemente astuto, él también, como para reconocer que su gerente había actuado con inteligencia.

Luego viene la muy sorprendente conclusión: “Es que los de este mundo, en su trato con los que son como ellos, son más astutos que los que han recibido la luz. Por eso os digo que os valgáis de las riquezas mundanas para ganar amigos, a fin de que cuando estas se acaben haya quienes os reciban en las viviendas eternas” (16:8–9) ¿Qué significa esto?

No puede significar que Jesús apruebe prácticas comerciales indecentes. Lo importante aquí es que el gerente utilizara recursos que estaban en sus manos, aunque no fuesen suyos, para preparar su propio futuro. Y los hijos de la luz, ¿acaso utilizan los recursos que están a su alcance para prepararse su propio futuro? ¿Cuál es este futuro? El gerente astuto quería ser bien recibido en los hogares de estos deudores; los hijos de la luz han de desear ser “recibidos” en “las viviendas eternas” (16:9). Por lo tanto, ¿no deberíamos estar invirtiendo generosamente en el cielo, haciendo riquezas allá? Si esto implica gastar nuestro dinero en lo que sea más apropiado, así sea: al quedarnos sin dicho dinero, aun tendremos delante de nosotros un hogar eterno. No se trata de comprar el cielo, sino de que es irresponsable no hacer inversiones aquí con miras a nuestro hogar verdadero, especialmente teniendo en cuenta que la gente de este mundo sabe planificar para sus hogares futuros. Como se puede comprender, los siguientes versículos (16:10–15) desmontan el aparente glamour de los bienes materiales a favor de lo que Dios realmente valora.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 61). Barcelona: Publicaciones Andamio.