Resultados radicales de la resurrección

FEBRERO, 27

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Resultados radicales de la resurrección

Devocional por John Piper

Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima. (1 Corintios 15:19)

Pablo concluye, a raíz de los peligros que vive a cada hora, de su diario morir, y de luchar contra las bestias, que la vida que él ha escogido al seguir a Jesús es una necedad y es digna de lástima si él no fuera a ser resucitado de entre los muertos.

Si la muerte fuera el final del asunto, dice él, «comamos y bebamos porque mañana moriremos». Esto no significa «convirtámonos todos en glotones y borrachos», porque ellos son dignos de lástima también —con o sin resurrección—. Él se refiere a lo siguiente: Si no hay resurrección, lo que tiene sentido es una moderación intermedia para maximizar los placeres terrenales.

Sin embargo, no es eso lo que Pablo escoge. Él escoge el sufrimiento, porque escoge la obediencia. Cuando Ananías vino a él en su conversión con las palabras del Señor Jesús, «porque yo le mostraré cuánto debe padecer por mi nombre» (Hechos 9:16), Pabló aceptó esto como parte de su llamado.

¿Cómo pudo hacerlo? ¿Cuál fue la fuente de su obediencia radical? La respuesta se da en 1 Corintios 15:20: «Mas ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron». En otras palabras, Cristo fue levantado y nosotros seremos levantados con él. Por lo tanto, ningún sufrimiento por Jesús es en vano (1 Corintios 15:58).

La esperanza de la resurrección cambió radicalmente la manera en que Pablo vivió. Lo liberó del materialismo y el consumismo. Le dio el poder para vivir sin muchas de las cosas que mucha gente siente que necesita tener en esta vida. Por ejemplo, a pesar de que él tenía derecho a casarse (1 Corintios 9:5), renunció a este placer porque él fue llamado a padecer mucho sufrimiento.

Jesús dijo que esta era la forma en que se supone que la esperanza de la resurrección cambiara nuestro comportamiento. Por ejemplo, nos dijo que invitáramos a nuestra casa a quienes no podrían devolvernos el favor en esta vida. ¿Cómo podemos ser motivados a hacer esto? «Tú serás recompensado en la resurrección de los justos» (Lucas 14:14).

Este es un llamado radical a examinar en detalle nuestra vida actual para ver si está moldeada de acuerdo con la esperanza de la resurrección. ¿Tomamos decisiones basándonos en la ganancia en este mundo o la ganancia en el mundo que sigue? ¿Tomamos riesgos en honor al amor que solo se entendería como una decisión sabia si es que hubiera una resurrección?

Que Dios nos ayude a volver a dedicar nuestro compromiso de por vida para que la resurrección siempre tenga en nosotros resultados radicales.

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“De verdad os digo: si no os arrepentís, vosotros también pereceréis”

“De verdad os digo: si no os arrepentís, vosotros también pereceréis”

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27 FEBRERO

Éxodo 10 | Lucas 13 | Job 28 | 1 Corintios 14

Pilato era un hombre débil y malévolo. El relato que encontramos en Lucas 13:1–5 es, por tanto, perfectamente creíble. Quizá los detalles sean algo oscuros, pero el marco general queda muy claro. Algunos galileos habían ofrecido sacrificios: si eran judíos, debieron hacerlo en el templo de Jerusalén. Tal vez estaban involucrados en alguna ala del movimiento nacionalista zelote, de modo que Pilato los veía como amenaza. Los hizo matar, y su sangre se mezclaba con la sangre de los animales que ellos mismos habían traído para ser sacrificados. Si lo de mezclar su sangre con la de los animales es literal, esto significa que Pilato los hizo matar en los atrios del templo – el sacrilegio mezclado con el asesinato.

Cuando se le pide su opinión a Jesús acerca de este suceso, su respuesta toma un rumbo que debió sorprender a sus interlocutores. Tal vez algunos esperaban que denunciase a Pilato; otros querían que se pronunciase acerca del movimiento zelote; unos cuantos querían oírle condenar a estos rebeldes, diciendo que recibieron lo que se merecieron. Jesús no escoge ninguna de estas opciones. “¿Pensáis que esos galileos, por haber sufrido así, eran más pecadores que todos los demás? ¡Os digo que no! De la misma manera, todos vosotros pereceréis, a menos que os arrepintáis.” (13:2–3).

Lo que quería decir con esto se estaba perdiendo en medio de las sensibilidades políticas que esta tragedia suscita, por lo cual Jesús se refiere a otro incidente, en este caso sin galileos, ni Pilato, ni templo, ni sacrificios ni sangre mezclada. Dieciocho personas murieron cuando una torre se derrumbó. Jesús insiste en que esta gente no era en absoluto peor que cualquier otro habitante de Jerusalén. Más bien, se trata de aprender la misma lección: “todos vosotros pereceréis, a menos que os arrepintáis.” (13:5).

Este análisis sorprendente por parte de Jesús sólo tiene sentido si son verdad tres cosas: (a) Todos nosotros merecemos perecer. Si nos libramos, es por pura gracia. Lo que nos debería extrañar es el hecho de que tantos de nosotros sobrevivimos durante tanto tiempo. (b) La muerte nos llega a todos. A menudo, nuestros contemporáneos argumentan que la peor tragedia posible es morir joven. No es cierto. La verdadera tragedia es que todos nos encontramos bajo esta sentencia de muerte, y todos morimos. La edad en la que se produce la muerte sólo hace que sea relativamente mejor o peor. (c) La muerte tiene la última palabra para todos nosotros – a no ser que nos arrepintamos, sólo entonces seremos transportados más allá de la muerte al reino eterno de Dios.

¿Habéis oído hablar de los millones que sufrieron la muerte a manos de Pol Pot? ¿O de las matanzas brutales del sur de Sudán? ¿Habéis visto las tumbas masivas de Bosnia? ¿O las imágenes del pantano de Florida donde se estrelló el vuelo 592 de Valujet? “De verdad os digo: si no os arrepentís, vosotros también pereceréis”.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 58). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Cuando Dios se vuelve 100 % a nuestro favor

FEBRERO, 26

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Cuando Dios se vuelve 100 % a nuestro favor

Devocional por John Piper

Entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. (Efesios 2:3)

Toda la ira de Dios, toda la condenación que merecemos, fue derramada en Jesús. Todas las demandas de justicia perfecta de Dios hacia nosotros fueron cumplidas por Cristo. En el momento que vemos (¡por gracia!) este Tesoro y lo recibimos a él de este modo, su muerte cuenta como si fuera nuestra muerte y su condenación como nuestra condenación y su justicia como nuestra justicia, y Dios se vuelve en ese instante, irrevocablemente y para siempre, 100 % a nuestro favor.

La pregunta que queda sin responder es la siguiente: «¿No enseña la Biblia que en la eternidad Dios establece su favor hacia nosotros por medio de la elección?».

En otras palabras, las personas reflexivas se preguntan: «¿Se volvió Dios 100 % a nuestro favor solo en el momento de fe y unión con Cristo y la justificación? ¿No se había vuelto 100 % a nuestro favor en el acto de la elección desde antes de la fundación del mundo?». Pablo dice en Efesios 1:4-5: «… [Dios] nos escogió en Él [Cristo] antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo».

Entonces ¿no está Dios 100 % a favor de los elegidos desde la eternidad? La respuesta se encuentra en el significado de 100 %.

Con el término 100 % estoy tratando de preservar una verdad bíblica que se encuentra en varios pasajes de las Escrituras. Por ejemplo, en Efesios 2:3, Pablo dice que los cristianos eran «hijos de ira» antes de que fueran vivificados en Cristo Jesús: «todos nosotros en otro tiempo vivíamos [con los hijos de desobediencia] en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás».

Pablo está queriendo decir que, antes de la regeneración, la ira de Dios estaba sobre nosotros. Los elegidos estaban bajo ira. Esto cambió cuando Dios nos dio vida en Cristo Jesús y nos despertó a la verdad y la belleza de Cristo para que lo recibiéramos como a aquel que murió por nosotros y —por nuestra unión a él— aquel cuya justicia es contada como nuestra. Antes de que esto pasara, estábamos bajo la ira de Dios. Después, debido a la fe en Cristo y la unión a él, toda la ira de Dios fue quitada y luego él se volvió, en ese sentido, 100 % a nuestro favor.

Por lo tanto, regocijémonos en la verdad de que Dios nos guardará. Él nos llevará hasta el final porque, en Cristo, él está 100 % a nuestro favor. Por lo tanto, llegar al final no hace que Dios esté 100 % a nuestro favor. Llegar al final es el resultado de que él ya estuviera 100 % a nuestro favor.

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“Quien más juguetes tenga, gana”

“Quien más juguetes tenga, gana”

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26 FEBRERO

Éxodo 9 | Lucas 12 | Job 27 | 1 Corintios 13

Posiblemente, habéis visto la pegatina: “Quien más juguetes tenga, gana.” ¿Gana qué? Quien más juguetes tenga se marchará de esta vida exactamente con la misma cantidad que todos los demás. Al cabo de un billón de años de eternidad, resultará poco importante la cantidad de juguetes que hayamos podido acumular durante los más o menos setenta años de nuestra vida aquí.

No obstante, en nuestra sociedad materialista, es sobrecogedor ver lo extendida que se halla la avaricia, y la manera como se va insinuando en nuestras prioridades y relaciones. En Lucas 12:13–21, Jesús se encuentra delante de un hombre que le suplica: “Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo”. No sabemos si la reivindicación de este hombre era justa o no. Desde la perspectiva de Jesús esto no importa, sino que está en juego algo mucho más fundamental. Para el hombre en cuestión, es evidente que su parte de la herencia tenía más importancia que una relación con su hermano que fuese aceptable a Dios. Jesús no sólo insiste en que no ha venido para hacer de árbitro en cuestiones secundarias como esta (12:14), sino que advierte: “¡Tened cuidado! —advirtió a la gente—. Absteneos de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes.” (12:15). Tal vez no sea cierto que “quien más juguetes tenga, gana”.

Este pasaje anticipa la parábola del agricultor rico cuya creciente abundancia de trigo almacenado hace que se plantee construir almacenes aún más grandes (12:16–20). En nuestra cultura, este individuo podría perfectamente ser representado por un constructor, o creador de programas informáticos o bien un agente inmobiliario. En una cultura que se obsesiona por los bienes presentes, es preocupante ver con qué facilidad los creyentes pueden verse arrastrados por la misma vorágine de avaricia. Lo que comienza siendo una resolución a esforzarse al máximo para Cristo, puede degenerarse y acabar por ser una obsesión egocéntrica por competir y por adquirir más y más. Planificas con empeño tu jubilación; al fin y al cabo, tienes “bastantes cosas buenas guardadas para muchos años” (12:19). Puesto que todo el mundo se deshace en cumplidos por lo bien que te va, no oyes la voz de Dios: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?” (12:20).

El problema no son las riquezas en sí. La Biblia nos habla de muchos ricos que usaron sus riquezas para Dios, personas que no estaban tan apegados a sus riquezas como para que se convirtieran en un dios alternativo. No obstante, tengo cierto reparo al señalar este hecho, ya que la mayoría de nosotros somos tan expertos a la hora de engañarnos a nosotros mismos, que inevitablemente creeremos que esta concesión nos libra de toda culpa. Los demás son avariciosos o avaros; yo soy trabajador y frugal. Los demás son materialistas y hedonistas; yo soy realista y creo que un corazón alegre hace bien, como una buena medicina. Meditemos entonces en Lucas 12:21.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 57). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Puedo hablar de Jesús cuando viajo (2)

Puedo hablar de Jesús cuando viajo (2)

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(Dios dijo:) Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Isaías 55:11

Ayer vimos cómo Anne, una cristiana china de avanzada edad, pudo recorrer toda China para hablar de Jesús en sus viajes.

Algunos años más tarde, un cristiano que estaba de visita en casa de un miembro del gobierno, vio a la esposa de ese funcionario leyendo la Biblia. Sorprendido, le preguntó si era cristiana. Este es su testimonio:

«Un día mi marido fue en tren a otra ciudad. Una señora mayor empezó a charlar con él, le habló largamente de Jesús, y le dijo: «La razón por la que viajo es para anunciar esta buena noticia». Mi marido quedó impresionado, aunque hasta hoy no se ha convertido. Yo quedé sorprendida por el compromiso de esa mujer y me dije: ¿Qué tiene Jesús de interesante para que esa mujer, a su edad, se sienta obligada a viajar por toda China? Conseguí una Biblia y rápidamente encontré la salvación».

Su marido, a pesar de sus vínculos con un gobierno opuesto al Evangelio, siempre mostró simpatía hacia los cristianos, haciendo todo lo posible para evitar que los peores excesos de la persecución los alcanzasen en las regiones que dependían de su autoridad. ¡Dios trabaja de forma extraordinaria! Empleó a una mujer anciana y frágil para hablar a los poderosos de ese país como ninguna otra persona pudo hacerlo.

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo” (2 Timoteo 4:1-2). “Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón… hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino” (Deuteronomio 6:6-7).

2 Samuel 19:1-23 – Hechos 8:26-40 – Salmo 27:1-4 – Proverbios 10:19

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Alabanza por las respuestas

Alabanza por las respuestas

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2/25/2017

Orad sin cesar. Dad gracias en todo. (Tesalonicenses 5:17-18)

Cuando Dios contesta la oración acerca de determinada situación, tenemos el privilegio de ser parte de su obra y de alabarlo por ella. Cuando no participamos mediante la oración, perdemos la oportunidad de darle gloria.

Suponga que alguien fuera a una reunión de oración y dijera: “Ha ocurrido algo maravilloso: la señora a quien le he estado dando testimonio ha entregado su corazón a Cristo. Ahora es creyente y está aquí con nosotros esta noche. Gracias por orar por ella durante estos últimos meses”. Las personas presentes pueden alabar al Señor, en particular quienes habían estado orando por la conversión de esa mujer.

Pero también habría algunos que, aunque dando alabanza, no se sentirían como que han participado porque no habían orado por la señora. Hay que participar en lo que Dios está haciendo para que pueda alabar con sinceridad.

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Somos muy amados

FEBRERO, 25

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Somos muy amados

Devocional por John Piper

Entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados)… (Efesios 2:3-5)

¿Acaso no nos encantaría escuchar al ángel Gabriel decir: «Eres muy amado»?

Eso le ocurrió a Daniel tres veces:

  • «Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado» (Daniel 9:23).
  • «Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora» (Daniel 10:11).
  • «Y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate» (Daniel 10:19).

Tengamos aliento. Si tenemos fe en Jesús, Dios mismo nos dice: «Eres muy amado».

Por naturaleza, éramos hijos de la ira, como el resto de la humanidad. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo… Porque por gracia somos salvos por medio de la fe (Efesios 2:3-5,8).

Es mejor que la voz del ángel. Si estamos «vivos», somos muy amados.

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¡Libres al fin!

25 Febrero 2017

¡Libres al fin!
por Charles R. Swindoll

Job 42:1-11

Si usted se toma el tiempo para leer el relato bíblico, verá que Dios le da a Job el mismo título cuatro veces: “Mi siervo” (Job 42:7, 8). ¡Qué título tan honroso! Lo tenía antes de que comenzara su sufrimiento (Job 1:8), y lo sigue teniendo todavía. La heroica resistencia de Job dio como resultado que conservara el mismo título con que Dios lo apreciaba. Eso sí que se llama justicia en acción, y a Job debió resultarle muy placentero escuchar estas palabras dichas a oídos de aquellos que habían pasado tantos días humillándolo. “Mi siervo ha hablado lo recto”.

Los hombres que antes habían sido los jueces de Job, están ahora con los animales requeridos e inclinándose delante del Señor con sus ofrendas, esperando que Job ore por ellos. ¿No es una escena excelente? ¡Habíamos esperado tanto por verla! ¡Qué bueno fue que estos hombres deshicieran el entuerto, no solo delante de Dios, sino también con Job! Es bueno que nosotros confesemos nuestro mal proceder a quienes hemos ofendido. Es bueno que digamos con nuestras acciones que hemos hecho algo mal y que estamos buscando el perdón.

Job obedece al Señor una vez que estos hombres han hecho su parte. “Entonces fueron Elifaz, Bildad y Zofar e hicieron como el SEÑOR les había dicho. Y el SEÑOR atendió a Job” (Job 42:9). Lo hicieron de prisa. No hubo ninguna argumentación, ninguna lucha, ninguna renuencia. Además, hicieron exactamente lo que el Señor les exigió, y lo mismo hizo Job, quien oró misericordiosamente por cada uno de ellos. No hay ningún resentimiento de su parte. No dice: “De acuerdo, arrodíllense. Ustedes me sometieron a un infierno. Voy a ver cómo quedan cuando los humille. Arrodíllense allí, ¡rostro en tierra!” No hay nada de eso. ¿Recuerda? Un corazón contrito no exige nada o los demás.

¡Sí, es una escena grandiosa! ¿Sabe usted lo que está sucediendo? Los pecados están siendo perdonados. La culpa está siendo quitada. Eso es lo que sucede cuando la justicia y la misericordia se mezclan.

¡Qué admirablemente retrata esto lo que sucedió en la cruz! Por eso es que la muerte de Cristo es llamada “eficaz.” Es efectiva, porque la justicia de Dios contra el pecado fue satisfecha una sola vez y por todos con la muerte del Cordero. Por consiguiente, la misericordia de Dios es liberada para el perdón de aquellos que confían en el Cordero. Y entonces somos hechos libres. ¡Libres al fin!

Un corazón contrito no exige nada o los demás.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“conversiones parciales”

“conversiones parciales”

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25 FEBRERO

Éxodo 8 | Lucas 11 | Job 25–26 | 1 Corintios 12

Una de las imágenes más impresionantes de lo que se podría llamar una conversión parcial la encontramos en Lucas 11:24–26. Jesús enseña que, cuando un espíritu maligno sale de alguien, “va por lugares áridos buscando un descanso” – lo que parece significar que busca a alguien más en quien residir. Luego el espíritu se plantea volver a su anterior residencia. Descubre que esta ha quedado sorprendentemente vacía. El espíritu, por tanto, moviliza a siete de sus socios, aún más viles que él, “y entran a vivir allí. Así que el estado final de aquella persona resulta peor que el inicial”.

Parece ser que el hombre liberado del espíritu maligno nunca había encontrado nada mejor con lo cual llenar el vacío que había quedado. El Espíritu de Dios no había venido a residir en el ser de esta persona, por lo cual había, por así decirlo, permanecido vacía.

De este relato, se desprenden tres lecciones importantes.

En primer lugar, las conversiones “parciales” se producen con demasiada frecuencia. Una persona resulta parcialmente limpiada. Se ha acercado suficientemente al evangelio y a los creyentes para que ocurra una relativa reorientación de su vida, y un cierto abandono de lo antiguo, una presunción de santidad, una atracción hacia la justicia de Dios. Pero, igual que la persona representada por el terreno rocoso de la parábola del sembrador (8:4–15), puede que esta persona, por mucho que al principio parezca ser lo mejor del cultivo, no persevere. No se ha producido nunca la clase de conversión que significa la “ocupación” de la persona por parte del Dios viviente, una reorientación total, asociada con un arrepentimiento genuino y una fe duradera.

La segunda lección viene a continuación: una pequeña dosis del evangelio es peligrosa. Hace que la gente tenga un concepto demasiado favorable de sí misma, que emita un suspiro de alivio porque han sido disipados los peores males, que tenga una sensación agradable de pertenencia. Pero cuando alguien no está verdaderamente justificado y trasladado del reino de las tinieblas al reino del Hijo bien amado de Dios, esta dosis de religión podría servir de inoculación contra una fe verdadera.

La tercera lección es una inferencia. No se puede simplemente oponerse al mal – es decir, nunca es suficiente luchar contra el mal, echar fuera un demonio. El mal debe ser sustituido por el bien, el demonio maligno por el Espíritu Santo. Debemos “vence el mal con el bien” (Romanos 12:21). Por ejemplo, es difícil vencer el resentimiento contra alguien simplemente a fuerza de la determinación de no estar resentido; se debe sustituir este resentimiento por un perdón auténtico y un amor genuino hacia esta persona. Es difícil vencer la avaricia simplemente mediante la determinación de no ser tan materialista; uno debe fijar los afectos del corazón en un tesoro mejor (ver Lucas 12:13–21) y aprender a ser maravillosa y sacrificialmente generoso. Venzamos el mal con el bien.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 56). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Puedo hablar de Jesús cuando viajo (1)

Puedo hablar de Jesús cuando viajo (1)

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Esta ha hecho lo que podía.

Marcos 14:8

Lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte.

1 Corintios 1:27

Anne había nacido en una familia china culta, pero sorprendentemente no sabía leer. Había pasado toda su vida cuidando a sus padres y luego a uno de sus hermanos, que tenía tuberculosis. Cuando este último murió, dejándole dinero, Anne tenía 82 años.

Como era cristiana, se preguntó qué podría hacer para el Señor. Fue a hablar con sus amigos, pero estos no sabían qué proponerle. De repente pensó: «Siempre quise viajar. Pasé toda mi vida en casa cuidando a los míos. Nunca salí de Shanghai. Como conozco bien el Evangelio, por lo menos puedo hablar de él mientras viajo». De este modo Anne se convirtió en una evangelista itinerante. Empleó su dinero para viajar en tren por toda China. A veces viajaba en primera clase junto a importantes miembros del gobierno; allí les hablaba de Jesús. A algunos les indignaba que tratase de evangelizarlos, pero la mayoría le sonreía y aceptaba hablar con ella.

Durante los últimos cinco años de su vida, Anne pudo recorrer miles de kilómetros. Fue al desierto, al extremo noroeste del país, hasta Urumqi. Llegó en bus hasta la meseta Himalaya del Tíbet, a más de 3.600 metros de altura. Luego bajó hasta el sur de China, hablando del Evangelio a todos los que querían escucharla.

“¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Romanos 10:14-15).

(mañana continuará)

2 Samuel 18 – Hechos 8:1-25 – Salmo 26:8-12 – Proverbios 10:17-18

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