Clases de frutos espirituales

Clases de frutos espirituales

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2/20/2017

Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra. (Colosenses 1:10)

¿Qué clase de frutos glorifica a Dios? Filipenses 1:11 dice: “Llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. La justicia, que es hacer lo bueno, es el fruto que Dios desea en nuestra vida. Cuando hacemos lo bueno, glorificamos a Dios; cuando hacemos lo malo, no lo honramos. El fruto es sinónimo de justicia.

Hay dos clases de frutos espirituales: el fruto de la acción, que consiste en dar, guiar a otros a Cristo y expresar gratitud a Dios, y el fruto de la actitud. Gálatas 5:22-23 describe el fruto de la actitud: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”.

¿Cómo puede usted asumir las actitudes correctas? El versículo 25 dice: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”. Cuando le ceda al Espíritu Santo el control de su vida, Él impregnará su vida y producirá el debido fruto.

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Maravillado por la resurrección

FEBRERO, 20

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Maravillado por la resurrección

Devocional por John Piper

Amados, esta es ya la segunda carta que os escribo, en las cuales, como recordatorio, despierto en vosotros vuestro sincero entendimiento… (2 Pedro 3:1)

Al acercarse la Pascua, despertemos nuestro agradecimiento y gozo y admiración y asombro ante lo que la resurrección de Jesús significa para nosotros. La maldición de nuestra naturaleza caída es que lo que alguna vez nos entusiasmaba se ha convertido ahora en normal. La realidad no ha cambiado; nosotros sí.

Esa es la razón por la que la Biblia existe. Pedro dice acerca de sus dos cartas que han sido escritas para «despertar» o «suscitar» en la forma de «recordatorio».

Por lo tanto, despertemos nuestro sincero entendimiento por medio de un recordatorio.

¿Qué es lo que Dios ha hecho al resucitar a Jesús de entre los muertos? He aquí algunas respuestas bíblicas.

Debido a la resurrección de Jesús, hemos vuelto a nacer a una esperanza viva.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos… (1 Pedro 1:3).

Debido a la resurrección de Jesús, ahora él tiene la gloria para la que fuimos creados. Nuestro destino final es verlo como él es.

Dios, que le resucitó de entre los muertos y le dio gloria… (1 Pedro 1:21).

Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera… Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo (Juan 17:5,24).

Que el Señor Jesús resucitado despierte nuestro sincero entendimiento a nuevas profundidades de adoración y fidelidad y gozo.

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Señales que su marido puede estar involucrado con la pornografía de la Internet

20 Febrero 2017

1. Dinero perdido o cobros inexplicables en sus cuentas. Cobros telefónicos de números 1-900 (en EEUU) y cobros de la tarjeta de crédito para sitios de la Internet.

2. Mentiras y engaño. Ausencias inexplicables y excusas extrañas que parecen mentirosas. Clandestinidad.

3. Tiempo «a solas» con la computadora. Archivos de historia borrados después de largos períodos en la Internet.

4. Manipulación y pensamientos en si mismo. Problemas graves justificados como la culpa de otro. Defensivo cuando confrontado.

5. Obsesión sexual demostrado por su absorción en la Internet o las películas. Demandas sexuales en la casa, especialmente conductas que pueden ser incómodas para usted.

6. Distancia emocional. Falta de intimidad en su relación.

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“ángel del Señor”

“ángel del Señor”

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20 FEBRERO

Éxodo 3 | Lucas 6 | Job 20 | 1 Corintios 7

En Éxodo 3, hay dos cosas que requieren nuestra atención.

En primer lugar, la presentación dramática del “ángel del Señor” (3:2). Al principio, Moisés no ve ningún ángel. El texto dice: “Estando allí, el ángel del Señor se le apareció entre las llamas de una zarza ardiente.” – pero esto no puede significar que un ser angélico le apareciese dentro de las llamas, aunque distinto de las propias llamas, puesto que lo que le llamó la atención a Moisés era el arbusto mismo, el cual, aunque ardía, no se consumía jamás. La manifestación del ángel del Señor parece ser entonces el carácter milagroso de las llamas. Curiosamente, cuando la voz habla con Moisés desde dentro del arbusto, no es la voz de un ángel, sino la voz de Dios mismo: “Cuando el SEÑOR vio que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: ¡Moisés, Moisés!” (3:4). La conversación que sigue es entre Dios y Moisés; ya no hay más mención del “ángel del Señor”.

Aparentemente, entonces, este “ángel del Señor” parece ser una manifestación de Dios mismo. Tendremos la ocasión de reflexionar en algunos otros pasajes del Antiguo Testamento donde aparece el ángel del Señor – unas veces en forma humana, y otras sin que se diga explícitamente que sea un ángel (recuérdese el “hombre” que lucha con Jacob en Génesis 32), siempre de carácter misteriosamente “otro”, y siempre identificado de alguna manera con Dios mismo.

Nos podríamos preguntar entonces si, al afirmar el texto que tenemos delante que “el Señor vio que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó”, no se trata simplemente de que Dios habló a través de este mensajero angélico; al fin y al cabo, si el mensajero habla las palabras de Dios, entonces, en un sentido, es Dios quien habla. No obstante, las manifestaciones bíblicas del “ángel del Señor” no encajan tan fácilmente en una explicación tan simple y bien trabada. Es como si los escritores bíblicos quisiesen enfatizar que Dios mismo realmente apareció, pero al mismo tiempo separando a este Dios trascendente de cualquier mera aparición. El ángel del Señor sigue siendo una figura enigmática, identificada con Dios, pero, al mismo tiempo diferenciable de él – un preanuncio, por decirlo así, del Verbo eterno, quien se hizo carne, el nombre de Dios simultáneamente compañero de Dios y Dios mismo (Juan 1:1, 14).

La segunda cosa que cabe destacar es aún más importante, aunque le dedico sólo un pequeño comentario ahora. El nombre de Dios (3:13–14) se puede traducir también “YO SOY EL QUE SOY”, tal como aparece en la Nueva Versión Internacional, o “Yo seré el que seré”. En hebreo, la forma abreviada “Yo Soy” está relacionada de alguna forma con YHWH, a menudo escrito Yahvé (y traducido SEÑOR, en mayúsculas; las mismas letras hebreas están detrás del nombre Jehovah en inglés y castellano). Lo mínimo que este nombre indica es que Dios es autoexistente, eterno, completamente autónomo y absolutamente soberano: Dios es quien es, dependiente de nada ni de nadie.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 51). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Mamá, por favor no ores!

¡Mamá, por favor no ores!

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Encerraron gran cantidad de peces… Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él… Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.

Lucas 5:6-10

«Erino, me faltan veinte céntimos para comprar un kilo de pan. Hoy compra solo una libra», había dicho la señora Dapozzo a su hijo.

Erino se puso en marcha. En el camino sintió el deseo de orar. Con ocho años sabía muy bien que su madre era una hija de Dios, pero también sabía que él no lo era. Silenciosamente oró: «Señor, conoces a mi mamá y sabes qué buena es. Yo no soy hijo tuyo, pero mi mamá sí. Le faltan veinte céntimos. Ya que tú lo puedes todo, podrías hacer que los hallase debajo de esta piedra…».

El niño se acercó a la piedra, la levantó y… ¡encontró una moneda de veinte céntimos! Primero se llenó de alegría, pero luego tuvo temor, incluso pánico. Al igual que Simón Pedro en otro tiempo, ¡Erino se dio cuenta de que Dios estaba allí! Si había escuchado su oración, eso significaba que veía muy bien todo lo que sucedía en su corazón. ¡Y sabía que en su corazón no todo estaba en regla!

Cuando llegó a casa con el kilo de pan, contó a su madre lo que había sucedido. Ella respondió tranquilamente: «Erino, un día serás predicador; oro por ti».

«¡Oh no, mamá, por favor no ores! ¡No quiero ser predicador, sabes que seré un gran futbolista! Todo el mundo me dice que soy muy buen jugador…». Sin dejarse detener por las protestas de su hijo, la señora siguió orando… Y su hijo se convirtió en un predicador muy útil en las manos de Dios.

2 Samuel 13 – Hechos 5:1-16 – Salmo 25:1-5 – Proverbios 10:7-8

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Llevar frutos

Llevar frutos

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2/19/2017

El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto. (Juan 15:5)

Teníamos un melocotonero en el traspatio, y un año tuvo muchísimos melocotones. ¡Tuvimos suficientes como para alimentar a todo el vecindario! Otro año, no pudimos encontrar ni un melocotoncito. Algunos cristianos pueden ser así, mostrando poca evidencia de ser de Dios; pero Dios quiere que crezcamos y produzcamos mucho fruto para su gloria.

El fruto que usted lleva es la manifestación de su carácter, y la única forma de que las personas sepan que usted es un hijo de Dios. Él quiere presentarse al mundo por medio de lo que produce en usted, de modo que su carácter está en juego en el fruto de usted. Él quiere que usted produzca mucho más de lo que puede producir el mundo o la carne.

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El tipo de frío que mata

FEBRERO, 19

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El tipo de frío que mata

Devocional por John Piper

Envía sus órdenes a la tierra; su palabra corre velozmente. (Salmos 147:15)

Esta noche hará cuarenta grados más en el congelador de nuestra cocina que afuera, acá en Minneapolis. La temperatura más alta mañana será de cinco grados bajo cero (Fahrenheit). Recibimos esto de la mano de Dios.

Envía sus órdenes a la tierra;
su palabra corre velozmente.
Manda la nieve como lana;
esparce la escarcha cual ceniza.
Arroja su hielo como migas de pan;
¿Quién puede resistir ante su frío?
Envía su palabra y los derrite;
hace soplar su viento y el agua corre

(Salmos 147:15-18).

Este es el tipo de frío con el que no jugamos. Nos mata.

Cuando vine de Carolina del Sur a Minnesota, me vestí de manera apropiada. Sin embargo, no había preparado suministros ni un equipo de socorro en mi auto en caso de que se averiara.

Un domingo en la noche, en el regreso de la iglesia a la casa, en medio de un frío de este tipo, mi auto murió. Esto ocurrió antes de que existieran los teléfonos celulares, y yo tenía a dos niños pequeños en el auto.

No había nadie en ese camino, y de repente me di cuenta de que esto era peligroso.

Pronto fue muy peligroso. No venía nadie.

Vi a la distancia, a través de una cerca, una casa. Yo soy el papá, y este es mi trabajo. Trepé la cerca, corrí a la casa y toqué la puerta. Había gente. Les expliqué que tenía a mi esposa y a dos niños pequeños en el auto y les pregunté si nos dejarían entrar. Así lo hicieron.

Este es el tipo de frío con el que uno no juega.

Esta es una manera más en que Dios dice: «sea caliente o frío, alto o profundo, afilado o desafilado, ruidoso o silencioso, brillante u oscuro… no se juega conmigo. Yo soy Dios. Yo hago todas estas cosas. Ellas hablan de mí, así como la brisa tibia de verano lo hace, y la lluvia ligera, y la suave luz nocturna de la luna, y el sonido del agua a orillas del lago, y los lirios del campo y los pájaros en el aire».

Hay una palabra para nosotros en medio de este frío. Que el Señor nos dé piel para sentir y oídos para oír.

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«Por tanto no hay ningún héroe excepto Dios mismo, y nadie excepto Dios debe recibir la gloria.»

«Por tanto no hay ningún héroe excepto Dios mismo, y nadie excepto Dios debe recibir la gloria.»

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19 FEBRERO

Éxodo 2 | Lucas 5 | Job 19 | 1 Corintios 6

En los sucesos más cruciales de la historia de la redención, Dios se toma muchas molestias para que nadie pueda legítimamente llegar a la conclusión de que estos acontecimientos han tenido lugar a causa de la resolución o de la ingenuidad humanas. Han sido llevados a cabo por Dios mismo – según su calendario, conforme a sus propósitos, por sus medios, para su gloria–, pero siempre a través de una interacción continua con su pueblo. Todo esto brota de Éxodo 2:11–25.

No se nos explica cómo su madre logró inducir en él un profundo sentido de identidad con su propio pueblo antes de ser educado en la casa real. Posiblemente, hubo un contacto continuado con su madre biológica; tal vez, como joven, quiso conocer su pasado e investigó rigurosamente el estatus y la opresión de su propio pueblo. Conocemos a Moisés cuando ya se ha identificado con los israelitas esclavizados hasta tal punto que está dispuesto a asesinar a un brutal egipcio. Al descubrir que el asesinato ha llegado a ser de dominio público, debe huir del país para salvar la vida.

No obstante, uno no puede por menos que reflexionar acerca del lugar que ocupa este incidente en el guión que culmina en el liderazgo del Éxodo, por parte de Moisés, varias décadas más tarde. Por la intervención judicial de Dios mismo, muchos egipcios tendrían que morir. Por tanto, ¿por qué Dios no utiliza a Moisés ahora, mientras aún es joven, lleno de fervor y celo para servir y emancipar a su pueblo?

Simplemente, porque no es así como Dios obra. Dios quiere que Moisés aprenda a ser manso y humilde, a confiar en la intervención poderosa y espectacular de Dios, a esperar que Dios intervenga, a esperar el tiempo de Dios. Actúa de tal manera, que no nos es posible sacar la conclusión que el verdadero héroe sea Moisés, el gran visionario. Al cumplir los ochenta años, ya no quiere servir así; ya no es un ningún visionario fogoso y idealista. Es un anciano a quien Dios tiene que apremiar (Éxodo 3) e incluso amenazar (Éxodo 4:14) para que obedezca. Por tanto no hay ningún héroe excepto Dios mismo, y nadie excepto Dios debe recibir la gloria.

El capítulo acaba recordándonos cómo los israelitas “seguían lamentando su condición de esclavos y clamaban pidiendo ayuda. Sus gritos desesperados llegaron a oídos de Dios, quien al oír sus quejas se acordó del pacto que había hecho con Abraham, Isaac y Jacob.” (2:23–24). Esto no quiere decir que Dios se haya olvidado de su pacto. Ya hemos visto que Dios dijo explícitamente a Jacob que descendiese a Egipto y había predicho que él mismo llevaría un día al cumplimiento los propósitos pactados. El mismo Dios que soberanamente arregla estas circunstancias y solemnemente predice lo que hará, elige llevar estas promesas a su cumplimiento relacionándose con el pueblo del pacto en su desesperación y respondiendo a sus clamores.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 50). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Queréis acaso iros también vosotros?

¿Queréis acaso iros también vosotros?

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Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. – Juan 6:67-69

Algunas preguntas de la Biblia

A veces los milagros y las enseñanzas de Jesús despertaron entusiasmo, y multitudes acudieron a escucharlo. Pero el entusiasmo no es fe, y cuando Jesús mostró lo que implica la fe, muchos se alejaron. Jesús sintió tristeza al ver esas deserciones, pero sabía que la hora de la verdad debía llegar para cada persona, e hizo esta pregunta a los discípulos más cercanos a él: “¿Queréis acaso iros también vosotros?”.

A la hora de tomar decisiones, o en medio del sufrimiento y el desánimo, nosotros que hemos escuchado las enseñanzas de Jesús, ¿daremos marcha atrás? ¿Formaremos parte de los que desertan? Las buenas costumbres no bastarán para retenernos, ni siquiera el afecto de nuestros amigos creyentes… ¡solo la fe determinará nuestra decisión!

Pedro, espontáneo y en un impulso de afecto y sinceridad, respondió: “Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Su respuesta hace resaltar los dos puntos de apoyo de su fe:

– Primero las palabras del Señor, mediante las cuales encontró la vida eterna, es decir, una vida que lo puso para siempre en relación con Dios mismo; desde entonces las palabras de Jesús alimentaron su vida.

– Luego Pedro fue hasta el corazón de su fe: creyó, y por lo tanto supo que Jesús es mucho más que un hombre. Es aquel a quien Dios designó, único entre los hombres. Es el Mesías, “el Hijo de Dios”, el Salvador del mundo.

2 Samuel 12 – Hechos 4 – Salmo 24:7-10 – Proverbios 10:5-6

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Crecimiento por fe

Crecimiento por fe

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2/18/2017

Por fe andamos, no por vista. (2 Corintios 5:7)

El versículo de hoy se refiere al andar en el sentido de ser más semejantes a Cristo. Eso tiene lugar cuando vivimos por fe. Sin embargo, cuando lo juzgamos todo por lo que vemos, tenemos un crecimiento difícil.

¿Recuerda a los doce espías de Israel enviados a Canaán (Nm. 13)? Diez regresaron y dijeron que se sintieron como saltamontes en una tierra de gigantes. Esos diez anduvieron por vista. Pero Josué y Caleb tuvieron fe, sabiendo que Dios estaba de su parte. Diez ni siquiera pensaron que Dios podía dirigir las circunstancias, pero dos sabían que Él es más grande que cualquier situación.

¿Vive usted por fe? Si quiere crecer espiritualmente, crea en la Palabra de Dios y confíe en Él en toda situación.

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