Interpretación

Interpretación

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Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. (Palabras del Señor Jesús). – Mateo 11:25

alimentemos_el_almaA veces oímos decir: «La Biblia no debe tomarse al pie de la letra. Para un mismo texto existen diferentes interpretaciones posibles…».

–Si le pido a mi hijo que ponga la mesa inmediatamente, puede hacerse el sordo o desobedecer. Pero en todo caso la orden es clara y no deja lugar a ninguna interpretación.

La Biblia dice: “Dios… ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). Es una orden, y es válida ahora, en todo lugar y para todos. Es clara e indiscutible.

–Si le entrego un regalo a mi amigo y le digo: «Toma, es para ti», ¿se preguntará cómo tiene que interpretar mis palabras?

La Biblia también dice: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Se trata de un regalo para el que cree en Jesús. ¿Es necesario interpretar este texto, o creerlo simplemente?

Seamos prudentes para interpretar los textos de la Biblia. Corremos el riesgo de mezclarlos con nuestros pensamientos y sustraernos a su mensaje. Podríamos perder las certezas que Dios quiere darnos. Si no podemos creer a Dios, ¿entonces a quién creeremos?

Es cierto que la Biblia contiene pasajes difíciles. La Palabra de Dios nos supera. Pero Dios nos ha indicado claramente el camino para ir a él. “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31). Dios habla para ser comprendido, y siempre cumple sus promesas.

1 Samuel 25:1-22 – Mateo 20:1-15 – Salmo 18:25-30 – Proverbios 6:12-15

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Una obligación con Dios

Una obligación con Dios

la-verdad-para-hoy

1/30/2017

A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. (Romanos 1:14)

alimentemos_el_almaUn joven me preguntó una vez qué me motiva a estudiar semana tras semana. Le dije que a veces los pasajes bíblicos son tan estimulantes que no puedo esperar a que llegue el domingo para predicar. Pero luego hay otras veces en las que lucho contra las prioridades que desplazan mi tiempo de estudio, y entonces mi ministerio no parece tan emocionante. Tengo en realidad que abrirme paso a través de esos tiempos porque sé que tengo una deuda con Dios.

¿Qué sucede si veo que hay una casa incendiada, y las personas que están dentro no saben lo que está ocurriendo? No puedo pararme en la esquina y preguntarme si vale la pena que se salven. Como tienen necesidad y yo tengo la información que puede salvarlos, estoy obligado con ellos.

Si usted participa en el servicio cristiano solo cuando le gusta hacerlo, no ha aprendido la clase de servicio que Pablo describió en el versículo de hoy. Cuando se enfrenta a un tiempo difícil en el servicio a las personas, a veces de lo único que puede depender es de su obligación con Dios.

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Silenciar la mentira

30 Enero 2017

Silenciar la mentira
por Charles R. Swindoll

Job 20:1-29

alimentemos_el_almaAdelantémonos un poco momentáneamente, y enfrentemos las consecuencias. Algunas de las personas que están leyendo estas palabras tienen lenguas terriblemente afiladas. Dicen cosas que cortan, pero con frases que suenan piadosas e incluso elocuentes. Pueden sonar super religiosas a veces, pero son hirientes y nocivas. Implican mucho más de lo que realmente dicen. Aquí es donde el autocontrol juega un papel fundamental. ¡Qué valioso es pensar antes de hablar, y después de meditar bien las palabras juzgar su tono, su posible impacto, su autenticidad! Zofar no hizo nada de lo anterior, sino que, con imprudente indiferencia, dejó caer sus duras palabras como cargas de profundidad. Aunque Job era un experimentado y maduro hombre de Dios, esas palabras deben haberle herido cuando hicieron explosión en su mente. Las falsas y duras acusaciones también hieren.

El formarse el hábito del autocontrol es una disciplina de vital importancia. Cuando uno recibe información sobre otra persona, es mejor averiguar su fuente: “¿Cómo lo sabes? ¿Quién te lo dijo? ¿Es creíble la información?”. Estas preguntas sirven para silenciar a las personas que se inclinan a transmitir información dañina y exagerada. Ayudan para llegar al fondo del rumor. Además, se le da a la verdad la oportunidad de florecer al reemplazarla por la mentira. Pero usted tiene que saber que decir la verdad implica un precio.

Durante todo el sermón de Zofar, Job estuvo oyendo lo que mi madre solía llamar “un montón de cháchara”. Solo una abundancia de palabras, el hombre ha estado diciendo sandeces. Lo que ha estado hablando contra Job no es verdad, a pesar de que sus palabras son poéticas y elocuentes. Job ha soportado con paciencia, pero se niega a permitir que esas palabras se queden sin respuesta.

He oído decir que, sea lo que sea, cuando surgen falsas acusaciones, lo que hay que hacer es sentarse tranquilamente y no decir nada, porque Dios nos defenderá. Hay ocasiones en lo que eso puede ser lo adecuado, pero no siempre. Recuerdo el dicho popular de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América, que dice: “Confía en Dios, pero ten seca la pólvora”. ¡Un sabio consejo! Si las mentiras están arruinando su reputación; si su compañía se está viniendo abajo por acusaciones falsas; y si su iglesia está siendo destruida y se encuentra desmoralizada por la información perniciosa de unos sabios mentirosos, hay veces en las que es necesario salirle al paso y aclarar las cosas. La verdad sirve para silenciar la mentira.

El formarse el hábito del autocontrol es una disciplina de vital importancia. Charles R. Swindoll 

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Oración, ayuno y limosnas

Oración, ayuno y limosnas

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30 ENERO

Génesis 31 | Marcos 2 | Ester 7 | Romanos 2

alimentemos_el_almaLos tres actos principales de piedad entre los judíos eran la oración, el ayuno y las limosnas (es decir, dar dinero a los pobres). Por lo tanto, cuando los discípulos de Jesús parecían más bien indiferentes delante del segundo de estos actos, era inevitable que esto despertara cierto interés. Los fariseos ayunaban, los discípulos de Juan ayunaban, pero el ayuno no era uno de los rasgos característicos de los discípulos de Jesús. ¿Por qué no? (Marcos 2:18–22)

La respuesta de Jesús es sobrecogedora: “¿Acaso pueden ayunar los invitados del novio mientras él está con ellos?” (2:19–20). Aquí tenemos a Jesús, profundamente consciente de quién es, del hecho de que él mismo es el novio mesiánico, y que en su presencia inmediata la respuesta apropiada es el gozo. Amanecía el reino; el rey ya estaba presente; el día de las bendiciones prometidas se inauguraba. Este no era tiempo para el duelo, señalado por el ayuno.

Sin embargo, cuando Jesús siguió diciendo que el novio llegaría a ausentarse de sus discípulos, y que este suceso sí sería motivo de duelo, es difícil que nadie realmente captara el significado de esta afirmación. Después de todo, con la llegada del Mesías, habría justicia y el triunfo de Dios. ¿Quién podría hablar de que el novio fuese arrebatado? La analogía del novio comenzaba a volverse más bien opaca.

Pero tras la muerte y resurrección de Jesús, tras su exaltación a la gloria, y la proclamación de la promesa de su retorno al final de los tiempos, las piezas comenzarían a encajar. Los discípulos experimentarían un terrible dolor durante los días en la tumba, antes de que la resurrección gloriosa de Jesús pusiese fin a su desesperanza. Y en un sentido atenuado, los discípulos de Jesús conocerían ciclos de sufrimiento, los cuales requerirían días de ayuno mientras afrontasen los ataques del Maligno y esperasen el retorno glorioso del Maestro. Pero ahora mismo, el duelo y el ayuno eran francamente incongruentes.

La verdad, según dice Jesús, es que, con el amanecer del reino, las estructuras tradicionales de la vida y de las formas de piedad se transformarían. No sería apropiado injertar lo nuevo en lo viejo, como si lo viejo fuese la estructura base – precisamente, de la misma manera que no es apropiado reparar un desgarrón en una pieza de ropa vieja mediante un parche de tejido nuevo y sin encoger, o usar un odre viejo y frágil para contener vino nuevo, aun en plena fermentación, cuyos gases sin duda harían que el odre explotase. Lo viejo no resiste lo nuevo; apunta hacia ello, le abre el camino y luego, le cede lugar. De la misma manera, Jesús prepara a los discípulos para encajar los cambios significativos que van a sobrevenir.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 30). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La increíble historia de Pulgarcito*

La increíble historia de Pulgarcito*

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Tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. – Salmo 139:13-14

alimentemos_el_almaUn mes después de su concepción, el ser humano mide cuatro milímetros y medio. Su minúsculo corazón late desde hace una semana, y sus brazos, piernas, cabeza y cerebro ya están delineados. A los dos meses mide apenas tres centímetros de la cabeza a las nalgas. Cabría acurrucado en la cáscara de una nuez. Se podría esconder dentro de su puño, pero abra su mano y vea cómo ya está casi formado: las manos, los pies, la cabeza, los órganos y el cerebro, todo ocupa su lugar correspondiente; a partir de ahora va a crecer. Si emplea un simple microscopio, podrá ver las huellas digitales. ¡Ya tiene todo para poder hacer su documento nacional de identidad!

En ese momento ese pequeño ser es igual de grande que mi dedo pulgar. Las madres que cuentan a sus hijos la historia de Pulgarcito ilustran una realidad increíble. Cada uno de nosotros fue un Pulgarcito en el vientre de su madre. Sí, todos nosotros vivimos una vez en una especie de tierra subterránea, en un lugar maravilloso, protegidos en una cueva de color rojizo y siempre con el mismo ruido a nuestro alrededor. El increíble Pulgarcito, el hombre más pequeño que mi pulgar, existe realmente. No nos referimos al de la leyenda, sino a cada uno de nosotros cuando fuimos formados.

Y la Biblia nos dice que fue Dios el que nos tejió en el vientre de nuestra madre. Tiene un proyecto de amor, único para cada uno de nosotros. ¿A quién se le atrevería romper su curso?

*) Pulgarcito: en la leyenda, era un niño que había nacido tan pequeño como un dedo meñique.

1 Samuel 24 – Mateo 19 – Salmo 18:16-24 – Proverbios 6:6-11

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La presión del ministerio

La presión del ministerio

la-verdad-para-hoy

1/29/2017

El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. (2 Timoteo 2:6)

alimentemos_el_almaUna persona que sirve de todo corazón estará contenta solamente con el fruto espiritual. Pero algunas solo estarán contentas con prestigio, aceptación o dinero.

 En el pasado, Satanás ha tratado de poner ese pensamiento en mi mente. A veces ha tratado de ponerme a dudar de por qué me interesan las personas a quienes sirvo. Su propósito es asegurarme en el conocimiento de que soy salvo y voy al cielo, que se me paga bien en un buen trabajo con mucha seguridad. Pero esa es una mentira de Satanás.

Es fácil dejar que Satanás lo presione a uno hasta conformarse con menos de lo mejor de Dios. Cuando Satanás pone pensamientos como esos en mi cabeza, mi reacción es: No estoy contento con que se me tome en cuenta o se me aprecie. Lo que importa es llevar fruto. Haga del fruto espiritual el enfoque de su ministerio.

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La importancia de las doce tribus en la narrativa bíblica

La importancia de las doce tribus en la narrativa bíblica

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29 ENERO

Génesis 30 | Marcos 1 | Ester 6 | Romanos 1

alimentemos_el_almaCuando era niño e iba a la escuela dominical, aprendí los nombres de las doce tribus de Israel mediante un coro sencillo: “Estos son los nombres de los hijos de Jacob: / Gad, Aser y Simeón / Rubén, Isacar y Leví / Judá, Dan y Neftalí- Doce en total pero nunca en pares / Zabulón, José y Benjamín.”

Pero hicieron falta muchos años más para que comprendiera la importancia que tienen las doce tribus en la narrativa bíblica. La organización de la nación de Israel depende de que se apartase a una tribu, los levitas, como sacerdotes. De otra tribu, la de Judá, nace la dinastía davídica, la cual culmina en el nacimiento del Mesías. Al cabo de varios siglos, la tribu de José se vería dividida en dos: Efraín y Manasés; en gran parte, Benjamín se uniría a Judá. En el último libro de la Biblia, vemos cómo las doce tribus del Antiguo Testamento constituyen un contrapunto con respecto a los doce apóstoles del nuevo: esta clave 12 por 12 (es decir 144 en términos del simbolismo de este texto apocalíptico) engloba de hecho a todo el pueblo de Dios.

Pero ¡qué sórdidos son los comienzos tal como se relatan en Génesis 30! El engaño de Labán en Génesis 29, como resultado del cual Jacob acabó casándose tanto con Lea como con Raquel, ahora desemboca en uno de los episodios más feos de rivalidad entre hermanos de todas las Escrituras. Cada una de las mujeres de esta familia tiene tantas ansias de destacar con respecto a la otra, que está dispuesta a entregar su criada a su marido para evitar que la otra le aventaje en la carrera para dar a luz. Tan egocéntricas e impetuosas son las relaciones aquí descritas, que otra vez más Raquel llega a vender la intimidad sexual con su marido a su hermana Lea a cambio de un par de mandrágoras. La poligamia se ha establecido, junto con el caos de relaciones distorsionadas a la que da lugar.

De estas relaciones dolorosas y francamente disfuncionales, nacen 11 hijos y una hija (el nacimiento de Benjamín se relata en el capítulo 35). He aquí los orígenes de las doce tribus de Israel, los cimientos de la nación israelita, unos orígenes que no son peores que los de cualquier otra nación, sino que son sencillamente típicos. Pero una cosa ya va quedando clara: Dios no se asocia con esta familia porque esta sea algo superior a las demás familias. Más bien, escoge usarla a fin de mantener sus promesas a Abraham, Isaac y Jacob. Por gracia, persevera con ellos a fin de llevar a cabo sus grandes propósitos redentores. Ni la sórdida dinámica familiar, la cual podría constituir el argumento de una película de segunda categoría, es capaz de impedir que el Soberano del universo mantenga las promesas de su pacto.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 29). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Por qué dudaste?

¿Por qué dudaste?

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Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.

Mateo 14:31-33

alimentemos_el_almaLos discípulos de Jesús habían cruzado el lago de Genesaret, mientras su Maestro se había quedado solo, en un lugar retirado, para orar. Era de noche y se había levantado una tempestad. La barca estaba en medio del lago, zarandeada por las olas, y los discípulos se preguntaban si lograrían llegar a la otra orilla. Entonces Jesús fue hacia ellos, caminando sobre las aguas, y les dijo: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” (v. 27).

Pedro le respondió: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas” (v. 28). Jesús le respondió: “Ven”; entonces Pedro descendió de la barca y caminó sobre las aguas.

De repente todo cambió, Pedro vio que el viento era fuerte, se atemorizó, empezó a hundirse y clamó: “¡Señor, sálvame!”. Entonces Jesús lo tomó de la mano y le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (v. 30-31).

¿Cuántas veces podría hacernos la misma pregunta? Nuestra fe tiene altibajos. A veces, al igual que Pedro, avanzamos llenos de confianza en situaciones difíciles, contando con el Señor. Es como si él nos llevase en sus brazos a través de las circunstancias. Luego, de repente aparece el pánico, el desánimo, el cansancio, o todo a la vez… y empezamos a hundirnos.

Pero podemos clamar al Señor, pensar en él, o quizá solo pronunciar su nombre en nuestro corazón. Él siempre está ahí, escucha nuestros suspiros y nos tiende la mano. Lo que cuenta para ser ayudado es confiar en él.

1 Samuel 23 – Mateo 18:15-35 – Salmo 18:7-15 – Proverbios 6:1-5

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Dése a sí Mismo

Dése a sí Mismo

la-verdad-para-hoy

1/28/2017

Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas. (1 Tesalonicenses 2:8)

alimentemos_el_almaTuve el privilegio de asistir al seminario a fin de estudiar para el ministerio. Aprendí mucho de los libros que leí, las notas que tomé y los ensayos que escribí. Pero aprendí mucho más de la vida de los hombres que me enseñaron. En vez de concentrarme en lo que decían, me encontraba en por qué lo decían.

Eso es lo que Pablo hizo con los romanos. En realidad dijo: “Antes de darles mi teología, déjenme darme a mí mismo”. Pablo es un modelo para todos los que sirven a Cristo. Siga el ejemplo de Pablo y comience a darse a sí mismo.

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“¡Bien hecho!”

“¡Bien hecho!”

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28 ENERO

Génesis 29 | Mateo 28 | Ester 5 | Hechos 28

alimentemos_el_almaLa frase que concluye Mateo 28 es sobrecogedora: “Y os aseguro que estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo” (28:20). Por supuesto, se trata de una gran promesa por parte del Cristo resucitado a su pueblo, poco antes de su ascensión. Pero el contexto nos revela que aquí no se trata de ninguna garantía generalizada y nada más, sino que estas palabras van ligadas a la Gran Comisión. ¿Cuál es la conexión entre las dos cosas exactamente? O, para indagar un poco más en el significado de la promesa, ¿por qué se encuentra esta promesa de estar con sus discípulos hasta el fin añadida al final de su afirmación de su propia autoridad y del mandato de que hagan discípulos a todos, en todas partes?

Hay que reconocer aquí que estas palabras no se expresan en ninguna forma condicional, ni ocultan una velada amenaza. Jesús no dice: “Si hacéis discípulos yo estaré con vosotros, hasta el fin del mundo”; y mucho menos, “Si no hacéis discípulos no estaré con vosotros.” Sin embargo, no deja de haber aquí una conexión entre una cosa y la otra. ¿Cuál es?

Dicha conexión es tan general, que sospecho que lo que viene a decir es que la presencia de Jesús es la clave por la que vamos obedeciendo la Gran Comisión – es decir, es la experiencia de los que obedecen, y al mismo tiempo el marco que da sentido a nuestra obediencia. Conocemos y experimentamos la presencia de Jesús de acuerdo con la promesa, y damos testimonio de esta realidad mientras proclamamos quién es él, qué es lo que ha hecho, y qué es lo que manda. Aunque sea objetiva la verdad del evangelio que anunciamos, no la proclamamos únicamente porque sea verdad, sino porque nosotros mismos hemos experimentado su poder salvador y transformador. Por lo tanto, no sólo proclamamos esta verdad, sino que la llevamos como testimonio personal a ella y a Jesús mismo. No somos meros heraldos de ciertos hechos en los cuales no estemos involucrados personalmente, sino que somos discípulos comprometidos con la tarea de hacer otros discípulos.

Que no nos extrañe que, mientras vayamos cumpliendo nuestra misión, la presencia prometida de Jesús se aprecie cada vez más. Porque le conocemos y porque experimentamos su presencia transformadora en nuestras propias vidas, evangelizamos, bautizamos, instruimos y discipulamos – y, así, descubrimos que le vamos conociendo mejor, y experimentamos más y más esta presencia transformadora en nuestras vidas. La promesa de estar con nosotros hasta el fin del mundo resulta ser entonces la clave por la que obedecemos la Gran Comisión, siendo simultáneamente el cimiento y la meta, la base y la recompensa. ¿Cómo podría ser de otra manera? Le servimos porque le amamos y porque anhelamos oír las palabras benditas: “¡Bien hecho!” al final de nuestro trayecto aquí.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 28). Barcelona: Publicaciones Andamio.