¿Por qué Dios salva?

¿Por qué Dios salva?

la-verdad-para-hoy

1/20/2017

Para que abundando la gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de Dios. (2 Corintios 4:15)

alimentemos_el_almaMuchos piensan que la razón principal de que Dios salve a las personas es para poder mantenerlas fuera del infierno, para que puedan experimentar su amor o tener vidas felices. Pero todas esas razones son secundarias.

 Dios salva a las personas porque es una afrenta a su santo nombre que alguien viva en rebeldía contra Él. El que las personas reciban la salvación no es lo más importante para Dios; es su gloria que corre peligro.

El apóstol Pablo dijo de Jesucristo: “Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:9-11). La salvación es para la gloria de Dios.

Dios es glorificado cuando las personas creen en su evangelio, aman a su Hijo y aceptan su diagnosis de la mayor necesidad que tienen, que es el perdón del pecado. Sin duda usted se beneficia de la provisión de Dios de salvación, pero usted existe para la gloria de Dios.

Preguntas inútiles

19 Enero 2017

Preguntas inútiles
por Charles R. Swindoll

Job 10:1-22 – Job sigue luchando. Elifaz no lo impresionó. Ni tampoco recibió consuelo ni sabiduría de Bildad. No tiene ningún mediador para presentar su caso; por consiguiente, Job habla con mucha sinceridad. En realidad vuelve a hacer las preguntas que había hecho antes, y con todo el derecho. Está confundido. No lo entiende. Por eso, pregunta y con razón:

¿Por qué, pues me sacaste de la matriz?Hubiera yo perecido, y ningún ojo me habría visto.
Habría sido como si nunca hubiera existido, conducido desde el vientre hasta la tumba.
¿Acaso no son pocos los días de mi existencia?
Apártate de mí, de modo que me aliente un poco (Job 10:18-20).

alimentemos_el_alma«¿Por qué no me saco de la matriz y me llevó a la tumba?” Ay, Job, de nuevo al punto donde comenzaste. En efecto, cuando termina su respuesta, cae de nuevo en la depresión. Habla de su desaliento, de sus densas tinieblas y de su oscuridad. Por respeto a la lucha íntima de Job, sugiero que no vayamos más allá. Esto termina con una nota de tristeza, pero no sin ciertas lecciones que debemos recordar.

Primera: Cuando el sufrimiento deshace nuestro espíritu, las palabras filosóficas no ayudan a hacerle frente a la realidad. Lo único que pudieron ofrecerle a Job sus supuestos amigos consoladores fueron palabras huecas en forma de divagaciones filosóficas y conceptos teóricos. Eso no le produjo ningún alivio, ningún respiro en su sufrimiento. Las palabras filosóficas no sirven para nada cuando se dan a quienes están sufriendo.

Segunda: Cuando no se halla un mediador, las preguntas inútiles no nos darán esperanza. Estamos rodeados de personas hoy en día que están preguntándose dónde hay esperanza para seguir adelante. . . para soportar la mañana de su sufrimiento. Muchas de ellas anhelan tener un mediador, alguien que pueda representar su causa y defender su caso. Es posible que usted sea esa persona. Si es así, puede saber lo que Job no supo. El mediador que él anhelaba no sólo está vivo, sino además accesible y listo para oír su historia. A diferencia de los amigos de Job, Él no es un filósofo. Él es el Redentor, su nombre es Jesús. Y cualquiera que viene a Él en busca de consuelo lo encontrará. La misericordia del Señor es más grande que su sufrimiento.

La misericordia del Señor es más grande que su sufrimiento. —Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Siervos de Cristo

Siervos de Cristo

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20 ENERO

Génesis 21 | Mateo 20 | Nehemías 10 | Hechos 20

alimentemos_el_almaEn el siglo XIX Lord Acton escribió que todo poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los padres fundadores de la República Estadounidense estarían de acuerdo. Esta es la razón por la cual construyeron un gobierno con un sistema de frenos y equilibrios – no querían que nadie tuviese un exceso de poder, porque sabían que tarde o temprano se corrompería. Fue también por este motivo que querían un sistema constitucional de votación democrática. No fue en absoluto porque confiasen en la sabiduría colectiva del pueblo – sus escritos demuestran que estaban algo preocupados ante la posible cesión de un exceso de poder al voto popular. Sin embargo, veían la necesidad de un mecanismo que permitiese apartar a alguien de su posición, y poner a otro en su lugar. De esta manera, ningún gobernador podría ir acumulando poderes: tarde o temprano, sería sustituido, sin derramamiento de sangre.

Jesús comprendía muy bien la naturaleza del poder en las jerarquías gubernamentales: “Como sabéis, los gobernantes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad.” (Mateo 20:25). Tristemente, el poder eclesial puede ser igualmente corruptor. Por esta razón, Jesús plasma un paradigma radicalmente diferente: “Pero entre vosotros no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre vosotros deberá ser vuestro servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás” (Mateo 20:26–27).

Es de una importancia crucial para la salud de la Iglesia que comprendamos bien estas palabras. Hay tres consideraciones que podrían esclarecer su significado.

En primer lugar, el modelo definitivo en este aspecto es el propio Señor Jesús, quien “no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (20:28). Este versículo no es solamente uno de los grandes textos acerca del carácter vicario de la expiación efectuada por Jesús al morir en la cruz (ver 20:17–19), sino que también insiste de manera muy poderosa en que la vida y la muerte de Jesús constituyen el listón del liderazgo cristiano.

En segundo lugar, convertirse en siervo de todos no implica que el líder cristiano deba volverse ni servil, ni tonto, ni ignorante, ni meramente “simpático” – ¡como si el liderazgo de Jesús reflejara esta clase de incompetencia!

En tercer lugar, lo que sí significa es que el líder cristiano debe ser profundamente abnegado a favor de las personas, mirando siempre este último ejemplo de autoabnegación de Cristo a favor de los demás. Por tanto, la iglesia no debe elevar a posiciones de liderazgo a personas que carezcan de este rasgo, por mucho que reúnan muchas de las cualidades propias de un líder. Para dirigir o para enseñar, por ejemplo, hay que tener el don de la enseñanza (Romanos 12:6–8). Sin embargo, también hay que estar profundamente comprometido con el principio de la abnegación a favor de los hermanos y hermanas en Cristo. Si no, uno queda forzosamente descalificado.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 20). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Maestro, ¿dónde moras?

Maestro, ¿dónde moras?

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Jesús… les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima. Juan 1:38-39

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Santiago 4:8

alimentemos_el_almaAndrés y Juan decidieron seguir a Jesús. Lo conocían muy poco, solo habían oído decir que era el Cordero de Dios, el Mesías que Dios había prometido. Como empezaron a seguirle, Jesús les preguntó: “¿Qué buscáis?”.

Esta pregunta nos interpela. ¿Qué buscamos en la fe cristiana? ¿Una enseñanza religiosa, una forma de desarrollo personal, una regla de conducta? Quizá todo esto nos haría bien, pero preguntémosle primero al Señor: “¿Dónde moras?”. Primero que todo necesitamos su presencia, la presencia de Dios. Andrés y Juan quizá no estaban dispuestos a abandonarlo todo para seguir a Jesús, pero deseaban acercarse a él para conocerlo verdaderamente. Entonces el Señor les invitó a venir y ver. El llamado del Evangelio es: “Ven y ve” (Juan 1:46). No es: busque en usted mismo, sino: vaya a lo que Dios propone. ¡Experimente, valore y agradezca!

Este llamado es personal, pero Andrés y Juan lo oyeron juntos. Fueron a ver dónde vivía Jesús y se quedaron con él aquel día… y siempre.

Como ellos, podemos buscar juntos la presencia del Señor. ¿Dónde está el Señor? Él mismo da la respuesta: donde dos o tres se reúnen en torno a él (Mateo 18:20). Allí donde nos reunimos para orar y estudiar la Biblia, donde adoramos a Dios. Vivir en la presencia de Cristo es un acto de fe responsable ligado a la necesidad de conocerle mejor.

1 Samuel 16 – Mateo 13:24-43 – Salmo 13 – Proverbios 4:1-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Conocidos por la obediencia

Conocidos por la obediencia

la-verdad-para-hoy

1/19/2017

Según el mandamiento del Dios eterno… para que obedezcan a la fe. (Romanos 16:26)

alimentemos_el_alma¿Sabía usted que no es la fe más la obediencia lo que es igual a salvación, sino la fe obediente la que es igual a salvación? Se comprueba la verdadera fe en su obediencia a Dios.

Como Jesucristo es el Señor, Él exige obediencia. No hay fe sin obediencia. Pablo dijo a los cristianos de Roma: “Doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo” (Ro. 1:8). ¿Y por qué se divulgaba su fe en todo el mundo? Romanos 16:19 explica: “Vuestra obediencia ha venido a ser notoria a todos”. Al principio, es su fe la que se divulga, pero al final es su obediencia.

La fe que excluye la obediencia no salvará a nadie. Tal engaño hace que muchos entren por el camino espacioso que lleva a la destrucción (Mt. 7:13-14). Eso es como edificar una superestructura religiosa sobre la arena (Mt. 7:21-29).

Fundamente su vida en la obediencia a Cristo. Entonces sabrá que pertenece a Él.

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¿quién podrá salvarse?

¿quién podrá salvarse?

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19 ENERO

Génesis 20 | Mateo 19 | Nehemías 9 | Hechos 19

alimentemos_el_almaDespués de la entrevista que Jesús tuvo con el joven rico, dice a sus discípulos: “- Os aseguro – comentó Jesús a sus discípulos – que es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos. De hecho, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.” (Mateo 19:23–24). Los discípulos, según se nos relata, “quedaron desconcertados”. Preguntaron: “En ese caso, ¿quién podrá salvarse?” (19:25).

Su pregunta delata mucho su manera de pensar. Es como si los discípulos creyeran que si alguien iba a ser salvo sería como este joven justo, recto y francamente rico que acababa de alejarse, cabizbajo y algo triste, de Jesús. Si no se salvaba ni este, ¿quién se salvaría entonces? Es posible que pensaran que sus riquezas eran prueba de que Dios le había bendecido, mientras que su carácter públicamente tan recto parecía confirmar esta idea.

Pero, de esta forma, lo que delatan es lo poco que habían comprendido la afirmación de Jesús. Quiso señalar con qué facilidad las riquezas se convierten en un sucedáneo de Dios. Es extraordinariamente difícil que alguien que esté apegado a las riquezas, especialmente las acumuladas a lo largo de los años y de las cuales uno se siente orgulloso, se acerque a Dios como un niño se le acercaría (19:13–15), y sencillamente pida ayuda y busque misericordia. Los discípulos están mirando estas cosas justamente al revés. Los bienes materiales son una bendición, según razonan, y proceden de Dios. Si alguien goza de muchos bienes, estas bendiciones tienen su origen en Dios. Por tanto, es más probable que se salve una persona con grandes bendiciones, que no una que cuente con menos.

Jesús no entra en un debate con ellos. Si comenzase a hablar en este momento sobre las probabilidades mayores o menores de que alguien se salve, supondría reconocer la legitimidad de la pregunta, la cual, de hecho, está muy mal planteada. No es así como hay que abordar esta cuestión. Tomemos, por ejemplo, el grupo que los discípulos consideran estar más cerca del reino. ¿Ellos se salvarán? “A base del esfuerzo humano, es imposible”, dice Jesús. Y esto significa, desde la perspectiva de los discípulos, que, si el colectivo más privilegiado no puede entrar, entonces no entrará nadie. Está clarísimo: “Para los hombres es imposible”.

Sin embargo, esta imposibilidad puede convertirse en realidad, puesto que servimos a un Dios que hace cosas que nosotros, los seres humanos nunca podríamos realizar. “¿quién podrá salvarse?”, “… mas para Dios todo es posible” (19:26). En esto estriba nuestra confianza: un Dios que se fija en los individuos más improbables, sean ricos o pobres, y escribe su ley en sus corazones. Aparte de la gracia de Dios, que interviene en nuestra condición, no hay esperanza para ninguno de nosotros.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 19). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Como el hombre trae a su hijo

Como el hombre trae a su hijo

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El Señor tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta llegar a este lugar. – Deuteronomio 1:31

Los sustentaste cuarenta años en el desierto. – Nehemías 9:21

alimentemos_el_almaAquella noche la familia de Guillermo estaba de visita en casa de unos amigos. La conversación se prolongó y el niño, cansado de jugar, se acurrucó en una esquina del salón, esperando que los mayores acabasen sus conversaciones.

Cuando sus padres decidieron marcharse, el niño estaba profundamente dormido. Su padre lo tomó cuidadosamente en sus brazos… La cabeza del pequeño cayó pesadamente en el hombro paterno. Estaba completamente abandonado a los cuidados de sus padres. Su madre, temiendo que se resfriara, puso su abrigo sobre el niño. Su padre lo instaló en el automóvil, teniendo cuidado para no despertarlo. Cuando llegaron a casa acostó a Guillermo en su cama. El niño seguía durmiendo y no se dio cuenta de todos los cuidados que sus padres le brindaron.

Este tipo de escena se repite muchas veces. ¿Qué padre no sintió gran ternura al llevar en sus brazos a su niño dormido, quien descansaba sobre él con plena confianza? ¿Qué madre no cubrió tiernamente a un bebé mientras dormía?

Y nosotros, ¿seremos indiferentes al lenguaje divino, cuando Dios afirma que cuidó de su pueblo “como trae el hombre a su hijo”? Esto nos muestra la infinita ternura de nuestro Dios hacia aquellos que dependen de él. Hijos de Dios, estamos rodeados de sus tiernos cuidados, y muy a menudo sin que nos demos cuenta de ello. ¡Abandonémonos, pues, a sus cuidados paternos con total confianza!

1 Samuel 15 – Mateo 13:1-23 – Salmo 12 – Proverbios 3:32-35

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Obligado a servir

Obligado a servir

la-verdad-para-hoy

1/18/2017

Que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados. (Efesios 4:1)

¿Tiene idea de cuán supremo llamamiento es servir a Cristo?

alimentemos_el_almaPablo dijo: “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2:10). También dijo: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados” (Ef. 4:1).

En los tiempos antiguos, a un vencedor en los juegos olímpicos se le preguntó una vez: “Espartano, ¿qué ganarás con esta victoria?” A lo que respondió: “Señor, tendré el honor de luchar en la línea del frente para mi rey”. Que esa sea su respuesta al llamado de su Rey.

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Un árbitro

18 Enero 2017

Un árbitro
por Charles R. Swindoll

Job 9:1-35

alimentemos_el_almaJob anhela tener un árbitro que pudiera servir como intermediario para comunicarse con este Dios santo y poderoso. Desea tener a alguien que pudiera defender su caso. A Job le encantaría presentar su caso en la corte divina, pero no tiene un mediador. Lo que él está diciendo, en realidad, es esto: “Me encantaría venir y presentarme delante del Juez santo, de mi Dios, pero no puedo hacerlo. Él no es hombre para que pueda venir a mí, y yo no tengo en mí mismo lo que se necesita para presentarme delante de Él. Necesito un intermediario, un mediador. ¿Hay algún árbitro que esté disponible?”

¡Si Job hubiera vivido muchos siglos después! “Hay un mediador”, le escribe Pablo a su joven amigo Timoteo, refiriéndose a aquel que nos representa delante de Dios el Padre. No es otro que Jesucristo el Señor.

Esto es bueno y aceptable delante de Dios nuestro Salvador, quien quiere que todos los hombres sean salvos y que lleguen al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, quien se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo (1 Timoteo 2:3-6).

Pablo habla de nuestro mediador, de nuestro árbitro. “Hay un solo mediador entre Dios y el hombre”, y Él es identificado específicamente como “Jesucristo hombre”. Cuando se trata de la vida eterna, no hay muchos mediadores. Solo hay uno: Jesucristo. No tenga miedo de ser tan específico, Jesús no lo tuvo. Durante su ministerio terrenal, Él habló de sí mismo como “el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Cuando se trata de la persona de Cristo, Él es solo y único mediador entre Dios y la humanidad. ¡Él es el solo y único Salvador! Y por eso respondemos: “Oh Job, hay un mediador. No lo has conocido, pero algún día, Job, el mundo sabrá de Él.

¿Y usted amigo? ¿Conoció ya a mi Salvador?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos”.

“Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos”.

41rctw-asvl

18 ENERO

Génesis 19 | Mateo 18 | Nehemías 8 | Hechos 18

alimentemos_el_almaSi no vamos con cuidado, es muy fácil distorsionar una analogía. La razón es obvia. Cuando una cosa sirve de analogía para otra, inevitablemente habrá unos aspectos en los cuales ambas serán semejantes, y otros en los cuales serán muy diferentes. Si fueran paralelas en todos los aspectos, no se trataría de una relación análoga, sino de dos cosas idénticas. Que una relación análoga sea tan fructífera y reveladora estriba precisamente en que las dos en cuestión no sean idénticas. Pero ahí está justamente lo que hace que la analogía sea difícil de comprender.

Así que hay que tener esto en cuenta a la hora de interpretar la analogía que Jesús usa en Mateo 18:1–6. Cuando sus discípulos comienzan a discutir acerca de quién es el más grande en el reino de los cielos, Jesús llama a un niño pequeño e insiste en que, si ellos no cambian y son como niños pequeños, no “entraréis en el reino de los cielos” (18:3). De hecho, “el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos” (18:4). Recibir a un niño pequeño en nombre de Jesús es recibir a Jesús mismo (18:5); hacer que uno de estos pequeños tropiece es cometer un pecado tan serio, que habría sido mejor no haber nacido (18:6).

Es importante notar lo que no establece esta analogía. No hay ninguna indicación aquí de que los niños sean inocentes o libres de pecado, ni que su fe sea intrínsecamente pura; no encontramos aquí el espejismo sentimental de que los niños comprendan mejor la naturaleza de Dios que los adultos. La primera verdad a la que la analogía apunta se encuentra en el contexto de la discusión entre los discípulos. Mientras ellos se preocupan por quién será el más grande en el reino de los cielos, Jesús les llama la atención sobre aquellos miembros de la sociedad a quienes nadie consideraría “grandes”. Los niños son criaturas dependientes. No son ni fuertes ni sabios ni sofisticados. Son relativamente transparentes. Los adultos orgullosos, pues, se deben humillar a fin de acercarse a Dios como niños pequeños: sencillamente, con una dependencia natural y sincera, sin abrigar deseo alguno de ser el más grande.

Además, si como estos niños ponen su confianza en Jesús – sin pretensiones de ningún tipo y con una sencillez transparente –, aquellos que los corrompan y desvíen son patética y profundamente malévolos.

Aquí se nos ofrece entonces una imagen de la grandeza en el reino de los cielos que desmonta por completo todas nuestras pretensiones, desinfla nuestro orgullo y expone como vergonzosas nuestras aspiraciones egoístas. Si bien es cierto que no debemos sacar las conclusiones equivocadas de esta analogía, también lo es que hay muchísimas conclusiones correctas en las que debemos reflexionar y poner en práctica.

Quienes aspiran a lograr grandes cargos y grandes reputaciones en el liderazgo cristiano deben reflexionar prolongadamente en estas palabras: “Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos”.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 18). Barcelona: Publicaciones Andamio.