El vagón del metro

El vagón del metro

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Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros… Siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo. – Romanos 5:8, 10

¡Gracias a Dios por su don inefable! – 2 Corintios 9:15

alimentemos_el_almaEstaba de pie en un vagón lleno de gente del metro parisiense. Personas de todas las edades, de orígenes diferentes y de todas las condiciones sociales se hallaban momentáneamente reunidas. A mi lado había un hombre sentado trabajando en su ordenador, más lejos había una persona exponiendo por teléfono su triste situación en medio de la indiferencia generalizada. Muchos estaban encerrados en sus pensamientos o preocupaciones. Algunos me parecían simpáticos, otros realmente antipáticos… ¡A algunos nunca los invitaría a mi casa!

De repente me vino a la cabeza un versículo de la Biblia: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

¡“Todo aquel”! ¿Es posible? ¿No se toma en cuenta la condición social, económica o el grado de instrucción? ¡No! “Todo aquel” se refiere a cada uno de los que están en el vagón, sin excepción. ¿Es posible que Dios haya sacrificado a su Hijo muy amado por estas personas como lo hizo por mí? ¡Sí! Y esta generosa oferta no excluye a nadie; a todo aquel que cree, Dios le ofrece el perdón de los pecados, la vida eterna y un lugar en el cielo junto a su Hijo. A estas personas Dios no solo las invita y les ofrece su perdón, sino que quiere hacer de ellas sus propios hijos. Verdaderamente solo el Dios de amor puede abrir sus brazos a todos, incluso al más desamparado. La oferta divina es para usted y para mí. ¡Dios lo está esperando!

1 Samuel 14:23-52 – Mateo 12:38-50 – Salmo 11 – Proverbios 3:27-31

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Entre en el juego

Entre en el juego

la-verdad-para-hoy

1/17/2017

Corred de tal manera que lo obtengáis. (1 Corintios 9:24)

alimentemos_el_almaComo yo era un deportista cuando niño, jugué en varios equipos en diversos programas deportivos. Recuerdo a muchos muchachos con poca o ninguna capacidad deportiva que trataban de formar parte de aquellos equipos. Una que otra vez, a un entrenador le daba pena con algún muchacho así y lo ponía en el equipo a pesar de su actuación. Le daba al muchacho un uniforme para hacerle sentir que era parte del equipo aunque no permitiera que el muchacho participara en el juego.

Afortunadamente, es todo lo contrario en la vida cristiana. El Señor no nos pone en el equipo solo para que nos sentemos en el banco. Tiene el propósito de enviarnos al juego. Es su gracia la que nos llama a la salvación, y es su voluntad la que nos envía al mundo para dar testimonio de Él.

Todos somos como el muchacho que no tenía habilidad. Dios nos pone misericordiosamente en el equipo, no debido a nuestra habilidad, sino sim­ple­mente por su gracia soberana. Y Él nos da la capacidad para participar en el juego. Así que entre en el juego y dé gracias por el santo privilegio de servir a Jesucristo.

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Ahora lo sé

17 Enero 2017

Ahora lo sé
por Charles R. Swindoll

Job 3:1-26

alimentemos_el_almaHay veces en que las palabras de otras personas sólo sirven para empeorar las cosas. Decir esto puede ser demasiado simple; por lo tanto, ¿para qué hacerlo? Bueno, ¿lo aprendió ya? ¿Está usted todavía prestando oídos a alguien? Si es así, no es extraño que esté confundido.

Hay ocasiones en las que lo que Dios hace solo sirve para confundirnos más. Bueno, ya lo dije. ¿Qué trato de decir con esto? Que no espere entender todo lo que sucede en cuanto ocurre.

A mí no me importa que usted tenga un doctorado obtenido en una grande y prestigiosa universidad. Párese frente al espejo, estando solo, sin que haya nadie a su alrededor, y diga con indiferencia, con un encogimiento de hombros: “No lo sé… realmente no lo sé». Y puede añadir: “No puedo decir por qué sucedió. No lo sé.» Repita las palabras varias veces: «No lo sé.” La gran noticia es que Dios nunca se encoge de hombros. Él nunca dice eso, sino que dice, con aguda percepción: «Yo sé exactamente por qué sucedió esto. Yo sé el camino que estás tomando. Sé por qué lo haces. Sé cuánto tiempo estarás allí, y sé cuál va a ser el resultado final». Encogerse de hombros y la persona de Dios son incompatibles.

Mientras usted se encoge de hombros y dice con humildad genuina: «No lo sé», Dios le está diciendo: “Te felicito. Confía en mí en el misterio. Fíate de mí.” Dios nunca prometió que nos informaría su plan por anticipado; Él solo ha prometido que tiene un plan. Y que, al final, será para nuestro bien y para su gloria. Él lo sabe, pero nosotros no. Por eso es que actuamos con indiferencia y admitimos: “No lo sé”. Por tanto, si usted y yo nos encontramos algún día y me hace una pregunta profunda y difícil, no se sorprenda si me encojo de hombros y le digo: “No lo sé.”

Pero esto sí sé: La muerte de Su hijo Jesucristo no fue en vano; Cristo murió por usted; y si usted cree en Él, Él perdonará sus pecados, y usted irá a vivir con Él para siempre. Usted tendrá el cielo y todas las bendiciones de que hay en Él; eso sí lo sé.

Es un viaje difícil el llegar hasta allí. Está lleno de confusión, luchas, encogimiento de hombros, seguido por una gran cantidad de “no sé”. Pero cuando los cielos se abran y estemos allí, no habrá más encogimiento de hombros, y usted podrá decir: “¡Ahora lo sé!”.

No espere entender todo lo que sucede en cuanto ocurre. —Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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«Jesús no tiene rival alguno»

Por Amor a Dios

Un devocional para apasionarnos por la Palabra

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17 ENERO

Génesis 18 | Mateo 17 | Nehemías 7 | Hechos 17

Uno de los grandes fallos en los que también pueden caer incluso los creyentes es el de minusvalorar a Jesús (Mateo 17:1–8).

alimentemos_el_almaJesús se lleva al círculo íntimo de sus doce discípulos – a Pedro, a Santiago y a Juan – a la cumbre de una montaña alta: sólo estaban ellos cuatro. “Allí se transfiguró en presencia de ellos; su rostro resplandeció como el sol, y su ropa se volvió blanca como la luz” (17:2). De pronto, aparecieron Moisés y Elías, “hablando con Jesús” (17:3) Es como si se nos permitiesen vislumbres acerca de la identidad definitiva del Hijo eterno; los tres discípulos son ahora “testigos directos de su majestad” (2 Pedro 1:16). Es difícil no ver aquí un anticipo de la gloria del Hijo exaltado (Apocalipsis 1:12–16), de Jesús tal como aparecerá cuando toda rodilla se doblegue ante él, en el cielo y en la tierra, y bajo la tierra, y toda lengua confiese que “Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:10–11).

Sin embargo, Pedro no lo comprende. Acierta al reconocer que es un enorme privilegio presenciar este momento: “Señor”, dice, “¡qué bien que estemos aquí!”. Pero luego mete la pata: “Si quieres, levantaré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. No llega a comprender el significado de la presencia de Moisés y Elías. Se imagina que se trata de que Jesús está siendo elevado así a la estatura de ellos, a la estatura del mediador de la alianza de Sinaí y a la de uno de los más grandes de los profetas bíblicos.

Está profundamente equivocado. La presencia de Moisés y Elías, significa más bien, que tanto la ley como los profetas daban testimonio de él (5:17–18; 11:13). Dios mismo es quien pone las cosas en su sitio. En una manifestación aterradora, la voz de Dios truena desde el interior de una nube que los envuelve a todos: “Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él. ¡Escuchadle!” (17:5). Cuando los tres discípulos se recuperaron del profundo impacto, todo había desaparecido: “Cuando alzaron la vista, no vieron a nadie más que a Jesús” (17:8). Esta última visión es una conclusión preñada de significado.

Jesús no tiene rival alguno. Ha habido y sigue habiendo muchos líderes religiosos. En una era de gran sensibilidad posmoderna y de un compromiso muy extendido y profundo con el pluralismo filosófico, es muy fácil relativizar a Jesús de muchísimas maneras. Pero sólo hay una persona de quien se puede decir que nos creó, y luego se hizo uno de nosotros; que es el Señor de la gloria y al mismo tiempo un ser humano; que murió con ignominia y vergüenza en una cruz odiosa; pero que ahora está sentado a la diestra de la Majestad, habiendo vuelto a la gloria que compartía con el Padre antes de que el mundo fuera creado.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 17). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La Buena Semilla ¿Quién puede ser salvo?

La Buena Semilla

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La gracia da y la fe recibe

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. – Romanos 3:24

alimentemos_el_almaRechazar un regalo significa privarse a sí mismo de ese regalo, pero también es ofender al que lo da. Cuanto más precioso sea el regalo, tanto más grande es la pérdida para el que lo rechaza y la ofensa para el dador. Dios dio a su Hijo unigénito para salvar a todos los que creen en él. No creer en él es, en el fondo, despreciar el regalo de Dios. ¡Qué pérdida y qué afrenta!

Pues bien, muchas personas no quieren recibir el maravilloso regalo de Dios. Pero, ¿cuál es el obstáculo? Probablemente la indiferencia hacia Dios unida al materialismo existente. Pero también existe una razón más oculta: si Dios es un Dios de bondad, es igualmente santo, y la conciencia no está nada cómoda en este plano. Nos gustaría presentar a Dios buenas obras para ser aceptados ante él, para parecer justos. Pero Dios declara: “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Y Jesús dice: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:32). A estos pecadores Dios les ofrece su gracia. Por definición, la gracia se dirige a aquellos que solo merecen el juicio.

Las innumerables religiones inventadas por los hombres exigen hacer algo para merecer el perdón. ¡Pero nadie puede hallar a Dios basándose en esto! Solo el Evangelio ofrece, por la gracia divina, el perdón a todos los hombres, pues todos somos pecadores.

Si usted admite ser un pecador, reúne la única condición necesaria para recibir el perdón gratuitamente. ¡Recíbalo con sencillez y agradecimiento!

“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado” (Salmo 32:1).

1 Samuel 14:1-22 – Mateo 12:1-37 – Salmo 10:12-18 – Proverbios 3:21-26

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Gracia Inmerecida

Gracia Inmerecida

la-verdad-para-hoy

1/16/2017

Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia. (Romanos 5:20)

alimentemos_el_almaLa salvación no se produce por la confirmación, la comunión, el bautismo, el ser miembro de la iglesia, el ir a la iglesia, el tratar de guardar los Diez Mandamientos ni el practicar el Sermón del Monte. No se produce por dar a obras de caridad o ni siquiera por creer que hay un Dios. No se produce por ser una persona moral y respetable. La salvación no se produce por decir que se es cristiano. La salvación se produce solo cuando recibimos por la fe el don de la gracia de Dios. El infierno estará lleno de personas que trataron de llegar al cielo de otro modo.

El apóstol Pablo dijo: “La ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” (Ro. 5:20-21). Lo primero que el evangelio da es la gracia, que ni se gana ni se merece.

El doctor Donald Grey Barnhouse dijo: “El amor que da hacia arriba es la adoración; el amor que da hacia afuera es el afecto; el amor que se inclina es la gracia”. Dios se ha inclinado para darnos la gracia. ¿La recibirá usted?

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Buenos y malos consejos

16 Enero 2017

Buenos y malos consejos
por Charles R. Swindoll

Job 3:1-26

alimentemos_el_almaTodos los que leen este capítulo han recibido alguna vez en su vida un mal consejo, y usted le hizo caso a quien se lo dio. Siguió el consejo que recibió y después sufrió las consecuencias. Asimismo, todos nosotros hemos sido beneficiados por los buenos consejos de alguien. Estábamos inseguros y confundidos, y por eso buscamos a alguien en quien confiábamos. Recibimos un buen consejo, lo seguimos y disfrutamos los beneficios.

Tomemos, por ejemplo, Proverbios 12:15: “En la opinión del insensato su camino es derecho, pero el que obedece el consejo es sabio.» Usted y yo hemos experimentado en verdad esas palabras. Hemos sido insensatos, pensando que teníamos la razón, pero luego, afortunadamente, vino nuestro padre o nuestra madre, un maestro o quizás un amigo que nos hizo entrar en razón. El resultado es que fuimos beneficiados de su sabio consejo.

“Como el agua refleja la cara, así el corazón del hombre refleja al hombre” (Proverbios 27:19). Estoy seguro de que usted ha vivido ocasiones así. Tenía algo profundo en el fondo de su corazón que no había podido sacar. Pero viene alguien que le ama y esa persona tiene la habilidad de lanzar un balde en ese profundo pozo, lo saca y luego derrama su contenido alrededor para que ambos lo puedan ver con claridad.

Tengo que añadir que no siempre es fácil escuchar el consejo sabio. “Fieles son las heridas que causa el que ama, pero engañosos son los besos del que aborrece” (Proverbios 27:6). El hebreo utiliza aquí una interesante raíz verbal en la primera parte del versículo. Esto se conoce como “raíz causativa”, que nos permite hacer la siguiente afirmación: “Dignos de confianza son los moretones causados por los golpes de quien te ama”. La herida que queda después del golpe verbal de alguien que le ama, es una herida digna de confianza. Con un amor genuino, su amigo le dirá la verdad; estando a solas, en privado, para que escuche lo duro que usted necesita confrontar. La herida quedará con usted, pero será una mejor persona gracias a ello. Esa herida es mucho más útil y más confiable que un hipócrita abrazo, el “beso” de un adulador a quien Salomón llama nuestro “enemigo». El buen consejo siempre es bueno, aunque duela escucharlo, ya sea usted quien lo reciba o quien lo dé.

El buen consejo siempre es bueno, aunque duela escucharlo.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2010 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“Yo soy el Dios Todopoderoso….”

Por Amor a Dios

Un devocional para apasionarnos por la Palabra

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16 ENERO

Génesis 17 | Mateo 16 | Nehemías 6 | Hechos 16

alimentemos_el_almaNo pensemos que Dios se revelaba a Abram cada día: estos momentos decisivos ocurren a lo largo de un período muy extenso. Si reunimos las pistas cronológicas, podemos deducir lo siguiente: Génesis 12 tiene lugar cuando Abram tiene 75 años; Génesis 15 no tiene fecha, pero ocurre durante la siguiente década; ahora Abram tiene 99 años, e Ismael ya tiene 13 (Génesis 17:1, 25). Las palabras con las cuales Dios inicia el encuentro debían ser profundamente consoladoras, puesto que recogen unas cuantas de las realidades que ya han sido plasmadas: “Yo soy el Dios Todopoderoso….”.

En los siguientes versículos, lo que primero se enfatiza es la alianza, la promesa de la Tierra y el hecho de que Abram será padre de muchas naciones (17:4–5). Esta última promesa es la que ocupa el lugar primordial en esta secuencia, pero hay tres elementos más que conducen hacia adelante la historia de la redención.

En primer lugar, tanto Abram como Sarai reciben un nombre nuevo. Si Abram significa “padre exaltado”, Abraham significa “padre de muchos”; es decir, “padre de muchas naciones”. Implícitamente, eso da a entender que por muy importante que sea su papel como padre de esta nación hebrea recién nacida, Abraham será aun más grande como aquel a través del cual todos los pueblos de la tierra serían bendecidos (12:3). Sara “será madre de naciones” (17:16).

En segundo lugar, Dios introduce el tema de la circuncisión como la señal iniciadora de la alianza. La circuncisión era un rito que existía entre varios pueblos mesopotámicos de aquella época. En este caso, sin embargo, se le da un significado distintivo: un rito conocido en el mundo donde Abraham vivía es recogido por Dios y revestido de un significado particular en la historia de la alianza que Dios hace con su pueblo. Abraham no tarda en cumplir con ella (17:23–27). Esto se convierte en una señal fronteriza que, a lo largo de la historia, marca la diferencia entre los hebreos y los demás; pero es algo más que eso. Se establece tan definitivamente como la señal única del pacto eterno, que quien no la cumpliese sería excluido del pueblo de Dios (17:13–14). Aun antes de que el pacto comportara una amplia gama de leyes, se están forjando su marco, sus fronteras y su simbolismo.

En tercer lugar, el escepticismo comprensible, aunque poco afortunado, por parte de Abraham en cuanto a su capacidad de engendrar a un hijo con Sara a estas alturas de su matrimonio le induce a proponer a Ismael como el hijo a través de quien Dios podría llevar a cabo sus propósitos (17:17–18). Pero Dios rechaza esta propuesta. Ismael también será padre de muchos, pero la línea de la alianza pasará por Isaac (17:19–21). La historia del pueblo de la alianza estará, por tanto, sujeta a la elección soberana de Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 16). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Quién puede ser salvo?

La Buena Semilla

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¿Quién puede ser salvo?

Algunas preguntas de la Biblia

Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios… ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios. – Marcos 10:25-27

alimentemos_el_almaJesús iba caminando cuando un hombre rico llegó corriendo y le dijo: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?”. Este hombre siempre había respetado los mandamientos de la Ley, pero amaba las riquezas. Y cuando Jesús le dijo: “Anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme”, se fue triste (Marcos 10:17, 21).

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!” (v. 23). Sorprendidos, exclamaron: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” (v. 26). Impregnados con ideas de esa época, consideraban la riqueza como una prueba del favor de Dios. Pero Jesús los miró y les respondió: “Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios” (v. 27).

Pobres o ricos, somos incapaces de salvarnos a nosotros mismos. Sin embargo, a los que no tienen nada les es más fácil aceptar el Evangelio… Seamos quienes seamos, reconozcamos que no podemos hacer nada para obtener la vida eterna y depositemos nuestra confianza en Dios. Él lo puede todo. Él da la fe y transmite la vida eterna. “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).

¿Quién puede ser salvo? Nadie, si Dios mismo no lo salva. Pero él puede y quiere hacerlo, y nos anima a ir a él cuanto antes, con confianza, por medio de Jesucristo.

1 Samuel 13 – Mateo 11 – Salmo 10:1-11 – Proverbios 3:19-20

La gracia del Rey

La gracia del Rey

la-verdad-para-hoy

1/15/2017

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. (Romanos 3:24)

alimentemos_el_almaTodo creyente recibe la gracia de Dios como resultado de responder a las buenas nuevas. Y las buenas nuevas son que la salvación es por gracia.

El apóstol Pablo dijo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef. 2:8-9). La gracia de Dios que trae salvación ha aparecido para todas las personas. Se ofrece totalmente independiente de cualquier cosa que pudiéramos haber hecho para recibir el favor de Dios. Es el favor inmerecido de Dios, que en su misericordia y su clemencia nos da la salvación como un regalo. Lo único que tenemos que hacer es sencillamente responder creyendo en su Hijo.

Entramos en el reino de Dios solo por la gracia de Dios. No hay lugar para la propia alabanza ni la proeza humana. Recuerde darle gracias a Dios por concederle una salvación tan misericordiosa.

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