Motivados por la venida de Cristo

Motivados por la venida de Cristo

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5/29/2016

De donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo. (Filipenses 3:20)

a1Esperar la venida de Cristo es el mayor recurso de motivación espiritual, responsabilidad y seguridad. Eso da una gran motivación en la búsqueda de Cristo porque usted deseará estar preparado cuando Él venga. Deseará haber sido fiel en su servicio. Usted puede hallar motivación con la esperanza de que un día Cristo lo recompense y usted oiga: “Bien, buen siervo y fiel… Entra en el gozo de tu señor” (Mt. 25:23).

La venida de Cristo da responsabilidad porque es cuando “cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Ro. 14:12).

 Y su venida lo hará sentirse seguro, sabiendo que Jesús dijo: “Esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero” (Jn. 6:39).

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Nuestra patria celestial

Nuestra patria celestial

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5/28/2016

Nuestra ciudadanía está en los cielos. (Filipenses 3:20)

a1Los cristianos no somos ciudadanos de este mundo. La palabra griega para “ciudadanía” en el versículo de hoy se refiere a una colonia de extranjeros. En una fuente secular, se emplea para describir una ciudad capital que mantenía en un registro el nombre de sus ciudadanos. En realidad, somos ciudadanos inscritos de otro lugar: “El cielo”. Nuestros nombres están allí, nuestro Padre está allí, nuestros hermanos y hermanas están allí, y nuestra herencia está allí; es nuestra patria.

 Los israelitas llevados al cautiverio babilónico nos dan un paralelo histórico con la iglesia contemporánea. Su patria seguía siendo la Tierra Prometida aunque vivieron durante tantos años en una sociedad extranjera. Pero cuando llegó el momento de regresar, muchos se habían arraigado de tal modo en la cultura babilónica que no quisieron irse. Cuando el Señor dice que es el momento de ir al cielo, luchamos contra eso como si fuera lo peor que pudiera ocurrirnos porque este mundo ha llegado a ser todo para nosotros. Por eso siempre se nos debe recordar que nuestra ciudadanía está en el cielo.

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¿Dónde está su tesoro?

¿Dónde está su tesoro?

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5/27/2016

Haceos tesoros en el cielo. (Mateo 6:20)

a1El dejar esta tierra e ir al cielo no es un pensamiento popular en la iglesia contemporánea. El énfasis cada vez mayor en el éxito, la prosperidad y la solución de los problemas personales refleja nuestra perspectiva terrenal.

También es difícil para nosotros concebir una futura recompensa celestial. En esta época materialista, rara vez sentimos satisfacción en lo que se demora. Casi todo lo que deseamos lo podemos tener de inmediato. Ni siquiera necesitamos dinero; podemos usar una tarjeta de crédito. No tenemos que construir nada; podemos comprarlo todo. Y no tenemos que ir muy lejos para obtenerlo.

La falta de interés en el cielo es la otra cara del interés en este mundo. Los evangélicos modernos prácticamente se olvidan del cielo. Se predica y se enseña poco sobre el tema, pero hay una cantidad colosal de material disponible sobre la prosperidad en esta vida. Para buscar a Cristo con la misma pasión que Pablo debemos concentrar nuestra atención en el mundo venidero.

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Una expectativa del cielo

Una expectativa del cielo

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5/26/2016

Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. (Colosenses 3:1)

a1El apóstol Pablo estaba interesado en el cielo; tuvo pocas comodidades terrenales. Fue golpeado, apedreado, dado por muerto, privado de lo más necesario y a menudo decepcionado por las personas. Pero no tenía interés en las sensaciones placenteras: él solo quería llevar una vida productiva en pos de su meta celestial.

Nosotros debemos tener ese mismo interés si anhelamos nuestra recompensa celestial. Cristo es del cielo y está en el cielo. El cielo es su lugar, y como somos suyos, el cielo también es nuestro lugar. Si estamos interesados en ser semejantes a Él, estaremos lógicamente interesados en el cielo. Lo que ocurre allí debe ser más importante para nosotros que lo que ocurre aquí.

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Soldados en una guerra santa

Soldados en una guerra santa

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5/25/2016

Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad. (Efesios 6:14)

a1Nuestra sociedad no contribuye a que las personas sean más semejantes a Cristo. Vivimos en lo que se ha calificado de una cultura en la que todo se percibe por los sentidos porque la mayoría de las personas están más interesadas en las emociones placenteras que en los esfuerzos productivos; buscan más la comodidad que la realización. Tal perspectiva ha influido aun en la iglesia, que sufre de una apatía que causa consternación. Hemos olvidado que somos soldados en una guerra santa.

Como lo indica el versículo de hoy, lo primero que un soldado se ponía antes de entrar en batalla era un cinturón alrededor de su cintura. Lo ceñía tanto como podía y tiraba de las puntas de su túnica hacia arriba por el cinturón de modo que pudiera tener completa libertad de movimiento en el combate cuerpo a cuerpo. El cinto de la verdad no es una pieza de la armadura, porque no puede protegernos directamente. Pero sí indica que tenemos que pensar seriamente en la batalla y procurar alcanzar la victoria.

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Los enemigos de la cruz

Los enemigos de la cruz

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5/24/2016

 

Por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo. (Filipenses 3:18)

a1Los más peligrosos enemigos de la causa de Cristo no son quienes se oponen públicamente al evangelio, sino quienes simulan ser amigos de Cristo, dicen identificarse con Él y, en algunos casos, llegan a puestos de liderazgo espiritual.

Estar en guardia contra los enemigos ocultos es un tema constante en el Nuevo Testamento. Jesús dijo: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mt. 7:15). También predijo que en los últimos días “muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos” (Mt. 24:11).

El apóstol Pablo se enfrentó constantemente a la influencia de los falsos maestros. Les advirtió a los ancianos de Éfeso: “Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno” (Hch. 20:31). ¿Quiere saber cómo adquirir la capacidad de distinguir a los enemigos de la cruz? Conozca la Palabra. Si usted no conoce la Palabra, se arriesga a que lo engañen.

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No hay secreto alguno para el éxito

No hay secreto alguno para el éxito

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5/23/2016

Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios. (Lucas 9:62)

a1Nunca he conocido a una persona influyente que haya tenido éxito en cualquier campo empresarial que no estuviera comprometida en alcanzar metas. Quienes influyen en el mundo son investigadores, competidores y ganadores, interesados más en las metas que en satisfacer sus propias necesidades. Todo lo que he aprendido acerca de la vida de grandes líderes cristianos me ha enseñado que no hay secreto alguno para el éxito.

Todos ellos hicieron el máximo esfuerzo por alcanzar metas espirituales y no les importó la satisfacción personal durante el proceso.
Es asombroso descubrir cuánto han sufrido los grandes predicadores, los teólogos y los misioneros en el proceso de alcanzar sus metas. Estaban mucho más interesados en seguir a Cristo que en su propia condición. ¿Puede usted decir lo mismo en cuanto a su propio compromiso con Cristo?

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Los guías espirituales

Los guías espirituales

5/20/2016

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Mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. (Filipenses 3:17)

a1Los guías espirituales son esenciales para la iglesia porque necesitamos ver vivir el cristianismo delante de nosotros. Pablo le dijo a Timoteo: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Ti. 4:12). Un guía espiritual debe llevar una vida ejemplar porque debe mostrarles a otros la senda. Las personas pueden ver la perfección en Cristo y pueden leer acerca de Pablo, pero también necesitan a alguien a quien puedan observar y con quien puedan hablar. Necesitan ver la virtud, la humildad, el servicio altruista, la disposición a sufrir, la devoción a Cristo, el valor y el crecimiento espiritual en la vida de alguien cerca de ellas.

Una gran carga en mi corazón es que los pastores y ancianos de todas las iglesias sean el tipo de ejemplos que Dios les ordena que sean. Es muy importante enseñar la verdad, pero es igualmente importante que esa verdad sea apuntalada por una vida virtuosa.

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Job afirma que los malos prosperan

Job 21-24

Job afirma que los malos prosperan

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a121:1  Entonces respondió Job, y dijo:

2 Oíd atentamente mi palabra,
Y sea esto el consuelo que me deis.

3 Toleradme, y yo hablaré;
Y después que haya hablado, escarneced.

4 ¿Acaso me quejo yo de algún hombre?
¿Y por qué no se ha de angustiar mi espíritu?

5 Miradme, y espantaos,
Y poned la mano sobre la boca.

6 Aun yo mismo, cuando me acuerdo, me asombro,
Y el temblor estremece mi carne.

7 ¿Por qué viven los impíos,
Y se envejecen, y aun crecen en riquezas?

8 Su descendencia se robustece a su vista,
Y sus renuevos están delante de sus ojos.

9 Sus casas están a salvo de temor,
Ni viene azote de Dios sobre ellos.

10 Sus toros engendran, y no fallan;
Paren sus vacas, y no malogran su cría.

11 Salen sus pequeñuelos como manada,
Y sus hijos andan saltando.

12 Al son de tamboril y de cítara saltan,
Y se regocijan al son de la flauta.

13 Pasan sus días en prosperidad,
Y en paz descienden al Seol.

14 Dicen, pues, a Dios: Apártate de nosotros,
Porque no queremos el conocimiento de tus caminos.

15 ¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos?
¿Y de qué nos aprovechará que oremos a él?

16 He aquí que su bien no está en mano de ellos;
El consejo de los impíos lejos esté de mí.

17 !!Oh, cuántas veces la lámpara de los impíos es apagada,
Y viene sobre ellos su quebranto,
Y Dios en su ira les reparte dolores!

18 Serán como la paja delante del viento,
Y como el tamo que arrebata el torbellino.

19 Dios guardará para los hijos de ellos su violencia;
Le dará su pago, para que conozca.

20 Verán sus ojos su quebranto,
Y beberá de la ira del Todopoderoso.

21 Porque ¿qué deleite tendrá él de su casa después de sí,
Siendo cortado el número de sus meses?

22 ¿Enseñará alguien a Dios sabiduría,
Juzgando él a los que están elevados?

23 Este morirá en el vigor de su hermosura, todo quieto y pacífico;

24 Sus vasijas estarán llenas de leche,
Y sus huesos serán regados de tuétano.

25 Y este otro morirá en amargura de ánimo,
Y sin haber comido jamás con gusto.

26 Igualmente yacerán ellos en el polvo,
Y gusanos los cubrirán.

27 He aquí, yo conozco vuestros pensamientos,
Y las imaginaciones que contra mí forjáis.

28 Porque decís: ¿Qué hay de la casa del príncipe,
Y qué de la tienda de las moradas de los impíos?

29 ¿No habéis preguntado a los que pasan por los caminos,
Y no habéis conocido su respuesta,

30 Que el malo es preservado en el día de la destrucción?
Guardado será en el día de la ira.

31 ¿Quién le denunciará en su cara su camino?
Y de lo que él hizo, ¿quién le dará el pago?

32 Porque llevado será a los sepulcros,
Y sobre su túmulo estarán velando.

33 Los terrones del valle le serán dulces;
Tras de él será llevado todo hombre,
Y antes de él han ido innumerables.

34 ¿Cómo, pues, me consoláis en vano,
Viniendo a parar vuestras respuestas en falacia?

Elifaz acusa a Job de gran maldad

22  Respondió Elifaz temanita, y dijo:

2 ¿Traerá el hombre provecho a Dios?
Al contrario, para sí mismo es provechoso el hombre sabio.

3 ¿Tiene contentamiento el Omnipotente en que tú seas justificado,
O provecho de que tú hagas perfectos tus caminos?

4 ¿Acaso te castiga,
O viene a juicio contigo, a causa de tu piedad?

5 Por cierto tu malicia es grande,
Y tus maldades no tienen fin.

6 Porque sacaste prenda a tus hermanos sin causa,
Y despojaste de sus ropas a los desnudos.

7 No diste de beber agua al cansado,
Y detuviste el pan al hambriento.

8 Pero el hombre pudiente tuvo la tierra,
Y habitó en ella el distinguido.

9 A las viudas enviaste vacías,
Y los brazos de los huérfanos fueron quebrados.

10 Por tanto, hay lazos alrededor de ti,
Y te turba espanto repentino;

11 O tinieblas, para que no veas,
Y abundancia de agua te cubre.

12 ¿No está Dios en la altura de los cielos?
Mira lo encumbrado de las estrellas, cuán elevadas están.

13 ¿Y dirás tú: ¿Qué sabe Dios?
¿Cómo juzgará a través de la oscuridad?

14 Las nubes le rodearon, y no ve;
Y por el circuito del cielo se pasea.

15 ¿Quieres tú seguir la senda antigua
Que pisaron los hombres perversos,

16 Los cuales fueron cortados antes de tiempo,
Cuyo fundamento fue como un río derramado?

17 Decían a Dios: Apártate de nosotros.
¿Y qué les había hecho el Omnipotente?

18 Les había colmado de bienes sus casas.
Pero sea el consejo de ellos lejos de mí.

19 Verán los justos y se gozarán;
Y el inocente los escarnecerá, diciendo:

20 Fueron destruidos nuestros adversarios,
Y el fuego consumió lo que de ellos quedó.

21 Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz;
Y por ello te vendrá bien.

22 Toma ahora la ley de su boca,
Y pon sus palabras en tu corazón.

23 Si te volvieres al Omnipotente, serás edificado;
Alejarás de tu tienda la aflicción;

24 Tendrás más oro que tierra,
Y como piedras de arroyos oro de Ofir;

25 El Todopoderoso será tu defensa,
Y tendrás plata en abundancia.

26 Porque entonces te deleitarás en el Omnipotente,
Y alzarás a Dios tu rostro.

27 Orarás a él, y él te oirá;
Y tú pagarás tus votos.

28 Determinarás asimismo una cosa, y te será firme,
Y sobre tus caminos resplandecerá luz.

29 Cuando fueren abatidos, dirás tú: Enaltecimiento habrá;
Y Dios salvará al humilde de ojos.

30 El libertará al inocente,
Y por la limpieza de tus manos éste será librado.

Job desea abogar su causa delante de Dios

23  Respondió Job, y dijo:

2 Hoy también hablaré con amargura;
Porque es más grave mi llaga que mi gemido.

3 !!Quién me diera el saber dónde hallar a Dios!
Yo iría hasta su silla.

4 Expondría mi causa delante de él,
Y llenaría mi boca de argumentos.

5 Yo sabría lo que él me respondiese,
Y entendería lo que me dijera.

6 ¿Contendería conmigo con grandeza de fuerza?
No; antes él me atendería.

7 Allí el justo razonaría con él;
Y yo escaparía para siempre de mi juez.

8 He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré;
Y al occidente, y no lo percibiré;

9 Si muestra su poder al norte, yo no lo veré;
Al sur se esconderá, y no lo veré.

10 Mas él conoce mi camino;
Me probará, y saldré como oro.

11 Mis pies han seguido sus pisadas;
Guardé su camino, y no me aparté.

12 Del mandamiento de sus labios nunca me separé;
Guardé las palabras de su boca más que mi comida.

13 Pero si él determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar?
Su alma deseó, e hizo.

14 El, pues, acabará lo que ha determinado de mí;
Y muchas cosas como estas hay en él.

15 Por lo cual yo me espanto en su presencia;
Cuando lo considero, tiemblo a causa de él.

16 Dios ha enervado mi corazón,
Y me ha turbado el Omnipotente.

17 ¿Por qué no fui yo cortado delante de las tinieblas,
Ni fue cubierto con oscuridad mi rostro?

Job se queja de que Dios es indiferente ante la maldad

24 Puesto que no son ocultos los tiempos al Todopoderoso,
    ¿Por qué los que le conocen no ven sus días?

2 Traspasan los linderos,
Roban los ganados, y los apacientan.

3 Se llevan el asno de los huérfanos,
Y toman en prenda el buey de la viuda.

4 Hacen apartar del camino a los menesterosos,
Y todos los pobres de la tierra se esconden.

5 He aquí, como asnos monteses en el desierto,
Salen a su obra madrugando para robar;
El desierto es mantenimiento de sus hijos.

6 En el campo siegan su pasto,
Y los impíos vendimian la viña ajena.

7 Al desnudo hacen dormir sin ropa,
Sin tener cobertura contra el frío.

8 Con las lluvias de los montes se mojan,
Y abrazan las peñas por falta de abrigo.

9 Quitan el pecho a los huérfanos,
Y de sobre el pobre toman la prenda.

10 Al desnudo hacen andar sin vestido,
Y a los hambrientos quitan las gavillas.

11 Dentro de sus paredes exprimen el aceite,
Pisan los lagares, y mueren de sed.

12 Desde la ciudad gimen los moribundos,
Y claman las almas de los heridos de muerte,
Pero Dios no atiende su oración.

13 Ellos son los que, rebeldes a la luz,
Nunca conocieron sus caminos,
Ni estuvieron en sus veredas.

14 A la luz se levanta el matador; mata al pobre y al necesitado,
Y de noche es como ladrón.

15 El ojo del adúltero está aguardando la noche,
Diciendo: No me verá nadie;
Y esconde su rostro.

16 En las tinieblas minan las casas
Que de día para sí señalaron;
No conocen la luz.

17 Porque la mañana es para todos ellos como sombra de muerte;
Si son conocidos, terrores de sombra de muerte los toman.

18 Huyen ligeros como corriente de aguas;
Su porción es maldita en la tierra;
No andarán por el camino de las viñas.

19 La sequía y el calor arrebatan las aguas de la nieve;
Así también el Seol a los pecadores.

20 Los olvidará el seno materno; de ellos sentirán los gusanos dulzura;
Nunca más habrá de ellos memoria,
Y como un árbol los impíos serán quebrantados.

21 A la mujer estéril, que no concebía, afligió,
Y a la viuda nunca hizo bien.

22 Pero a los fuertes adelantó con su poder;
Una vez que se levante, ninguno está seguro de la vida.

23 El les da seguridad y confianza;
Sus ojos están sobre los caminos de ellos.

24 Fueron exaltados un poco, mas desaparecen,
Y son abatidos como todos los demás;
Serán encerrados, y cortados como cabezas de espigas.

25 Y si no, ¿quién me desmentirá ahora,
O reducirá a nada mis palabras?

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

Un ejemplo excelente

Un ejemplo excelente

5/19/2016

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Sed imitadores de mí. (Filipenses 3:17)

a1No hay mejor ejemplo histórico de un cristiano que el apóstol Pablo. Él es una figura dominante en el Nuevo Testamento, de modo que podemos deducir que Dios quiere que imitemos su vida.

Pablo es un dechado de virtudes, adoración, servicio, paciencia a través del sufrimiento, victoria sobre la tentación y buena administración de bienes y relaciones. Él nos muestra cómo un hombre santo se enfrenta a su naturaleza caída, algo que Cristo no podía hacer porque era sin pecado (He. 4:15)

La vida de Pablo es un admirable ejemplo para nosotros. Por eso les dijo a los corintios: “Sed imitadores de mí” (1 Co. 11:1). También elogió a los tesalonicenses diciéndoles: “Vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor” (1 Ts. 1:6). Pablo es mi propio ejemplo personal en el ministerio. Observo cómo resolvió las situaciones y trato de reaccionar igual que él.

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