¿Pueden las Mujeres servir como Pastoras? Por Thomas Schreiner
Frecuentemente me preguntan si una mujer puede servir en el ministerio. Mi respuesta es siempre: « ¡Si, claro! Todos los creyentes están llamados a servir y ministrarse unos a otros».
Pero respondería de manera diferente si la pregunta fuera planteada de una forma más precisa: « ¿Existen algunos roles ministeriales en los que las mujeres no pueden servir?» Argumentaría que el Nuevo Testamento claramente enseña que las mujeres no deberían servir como pastoras (lo cual el Nuevo Testamento también llama obispo o ancianos). Está claro en el Nuevo Testamento que los términos pastor, obispo, y anciano se refieren al mismo oficio (véase Hechos 20:17, 28; Tito 1:5, 7; 1 Pedro 5:1-2), y para el resto de este relato utilizaré los términos «anciano» y «pastor» de manera intercambiable para referirme a este oficio.
El texto fundamental que establece que las mujeres no deberían servir como ancianos es 1 Timoteo 2:11-15. Leemos en el versículo 12, «Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio». En este pasaje, Pablo prohíbe a las mujeres involucrarse en dos actividades que caracterizan el ministerio de los ancianos: enseñar y ejercer autoridad. Vemos esto en las calificaciones para el oficio, entre otras cosas: los ancianos deben tener la habilidad para enseñar (1 Timoteo 3:2; 5:17; Tito 1:9; véase Hechos 20:17-34) y dirigir la iglesia (1 Timoteo 3:4-5; 5:17). A las mujeres se le prohíbe enseñar hombres y ejercer autoridad sobre ellos, y por lo tanto se deduce que no deben servir como ancianos.
¿Está esta prohibición aún vigente hoy?
¿Pero está el mandato de que las mujeres no deben enseñar a los hombres o ejercer autoridad sobre ellos destinado a estar en vigencia hoy? Muchos hoy contienden que Pablo prohibió a las mujeres servir como ancianos porque las mujeres en los días de Pablo no eran educadas y por lo tanto no tenían la habilidad para enseñar bien a los hombres. También se dice que las mujeres eran responsables de las falsas enseñanzas que estaban perturbando la congregación a la que Pablo escribió en 1 Timoteo (1 Timoteo 1:3; 6:3). Según esta lectura, Pablo apoyaría el servicio de las mujeres como pastoras si eran educadas adecuadamente y si enseñaban sana doctrina.
La prohibición está fundamentada en la creación, no en circunstancias
Estos intentos de relativizar la prohibición de Pablo deben ser juzgados como sin éxito. Pablo podría fácilmente haber escrito, «no quiero que las mujeres enseñen o ejerzan autoridad sobre los hombres porque no están educadas,» o, «no quiero que las mujeres enseñen o ejerzan autoridad sobre los hombres porque están divulgando falsas enseñanzas». Sin embargo, ¿cuál es la razón que Pablo da para su mandato en el versículo 12? La razón fundamental para el mandato se encuentra en el próximo versículo: «porque Adán fue formado primero, luego Eva» (versículo 13). Pablo no dice nada acerca de la falta de educación o acerca de las mujeres promulgando falsas enseñanzas. En cambio, él apela al orden creado, a la intención buena y perfecta de Dios cuando Él formó a los seres humanos. Es imperativo ver que la referencia a la creación indica que el mandato para las mujeres no enseñar o ejercer autoridad sobre los hombres es una palabra transcultural, una prohibición que está atada a la iglesia en todos los tiempos y lugares. Al dar este mandato, Pablo no apela a la creación caída o las consecuencias que pertenecen a la vida humana como resultado del pecado. Más bien, él fundamenta la prohibición en el todo de la buena creación que existió antes de que el pecado entrara al mundo.
La razón fundamental por la que las mujeres no deberían servir como pastoras está comunicado aquí, y por tanto el argumento de la creación no puede ser descartado como limitado a la cultura. Además, el Nuevo Testamento contiene algunos llamados similares al orden creado. Por ejemplo, la homosexualidad no está de acuerdo con la voluntad de Dios porque es «contraria a la naturaleza» (Romanos 1:26); es decir, viola lo que Dios pretendía cuando hizo a los seres humanos como masculino y femenino (Génesis 1:26-27). Igualmente, Jesús enseña que el divorcio no es el modelo divino ya que en la creación Dios hizo un hombre y una mujer, significando que un hombre debería casarse con una mujer «hasta que la muerte los separe» (Mateo 19:3-12). Por tanto, también, toda comida debe ser recibida con gratitud porque es un don de la mano creativa de Dios (1 Timoteo 4:3-5).
En 1 Timoteo 2:11-15, Pablo fundamenta de manera específica su prohibición de las mujeres enseñando y ejerciendo autoridad en el orden de la creación, es decir, que Adán fue hecho primero y luego Eva (Génesis 2:4-25). La narrativa en Génesis está cuidadosamente construida, y Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, nos ayuda a ver el significado de Eva siendo creado después de Adán. Las críticas frecuentemente objetan que el argumento falla en persuadir porque los animales fueron creados antes que los seres humanos, pero esto pasa por el punto de Pablo. Sólo los seres humanos son creados a imagen de Dios (Génesis 1:26-27), y por lo tanto Pablo comunica el significado de Dios creando al hombre antes que la mujer, es decir, que el hombre es responsable de dirigir.
Pablo da una segunda razón de porque las mujeres no deberían enseñar o ejercer autoridad sobre los hombres en 1 Timoteo 2:14: «y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión». El punto de Pablo aquí es probablemente no que las mujeres son más propensas a ser engañadas que los hombres, porque en otra parte él elogia a las mujeres como maestras de mujeres y niños (Tito 2:3; 2 Timoteo 1:5; 3:14-15), lo cual él no recomendaría si las mujeres por naturaleza fueran aptas para ser engañadas. Es probable que Pablo estuviera pensando otra vez en la creación, por la serpiente trastornar el orden creado al engañar a Eva en lugar de a Adán (trastornando así el liderazgo masculino), aunque hay evidencia de que Adán estaba con Eva cuando la tentación ocurrió (Génesis 3:6). El versículo 14 no enseña que las mujeres no estaban educadas, porque el engaño es una categoría moral, considerando que la falta de educación se soluciona con la instrucción.
La decepción de Eva no puede ser atribuida a la debilidad intelectual, porque fue debido a su rebelión, su deseo de ser independiente de Dios. Además, la referencia al engaño aquí no indica que las mujeres de Éfeso jugaron un papel primario en la difusión de falsa enseñanza, porque los falsos maestros mencionados en 1 Timoteo son hombres (1 Timoteo 1:20). En realidad, si a las mujeres se les prohibió enseñar porque defendían la falsa enseñanza, tenemos la extraña y poco probable situación de que todas las mujeres cristianas en Éfeso fueron engañadas por la falsa enseñanza. Más bien, el punto de Pablo es que la tentación de satanás a Eva en lugar de Adán amenazó el liderazgo masculino, porque él engañó y tentó a la mujer incluso cuando Adán estuvo presente con Eva mientras ocurría la tentación. De hecho, cuando Eva fue engañada primero por la serpiente, la responsabilidad primaria por el pecado cayó sobre los hombros de Adán. Esto es evidente en Génesis 3, cuando Dios le habla a Adán primero sobre el pecado de la primera pareja, y esto es confirmado por Romanos 5:12-19 donde la pecaminosidad de la raza humana es remontada a Adán y no a Eva.
En resumen, 1 Timoteo 2:12 prohíbe a las mujeres enseñar o ejercer autoridad sobre los hombres en la iglesia. Este mandato está fundamentado en el orden de la creación y es confirmado por la inversión de roles que ocurrió en la caída. No es una prohibición de limitación cultural o contextual que ya no aplica a las iglesias de hoy.
CORROBORANDO EL TESTIMONIO DEL RESTO DE LAS ESCRITURAS
Lo qué aprendemos acerca del papel de los hombres y las mujeres a partir de la creación de Dios de ellos
Lo que vemos sobre el papel de los hombres y las mujeres en el resto de las Escrituras confirma esta lectura de 1 Timoteo 2:11-15. El libro de Génesis nos da seis clases de evidencias de que los maridos tienen la responsabilidad primaria del liderazgo en el matrimonio: 1) Dios creó a Adán primero y luego a Eva; 2) Dios dio el mandato de no comer del árbol a Adán el lugar de Eva; 3) Adán le puso nombre a la «mujer» al igual que lo hizo con los animales, indicando su autoridad (Génesis 2:19-23); 4) Eva está diseñada como «ayudadora» de Adán (Génesis 2:18); 5) La serpiente engañó a Eva en lugar de Adán, usurpando así el liderazgo masculino (Génesis 3:1-6); y 6) Dios fue donde Adán primero, aún cuando Eva pecó primero (Génesis 3:9; ver Romanos 5:12-19).
Lo que aprendemos de la enseñanza de la Biblia sobre el matrimonio
Dicha lectura de Génesis corresponde con lo que descubrimos sobre el matrimonio en el Nuevo Testamento. Los maridos tienen la responsabilidad primaria del liderazgo, y las esposas están llamadas a someterse al liderazgo de sus maridos (Efesios 5:22-33; Colosenses 3:18-19; 1 Pedro 3:1-7). El llamado a la sumisión de la esposa no está fundamentado en normas puramente culturales, porque una esposa está llamada a someterse a su esposo así como la iglesia está llamada a someterse a Cristo (Efesios 5:22-24). Pablo designa el matrimonio como un «misterio» (Efesios 5:32), y el misterio es que el matrimonio refleja la relación de Cristo con la iglesia. El mandato para los hombres en lugar de las mujeres para servir como pastores, entonces, corresponde con el modelo bíblico del liderazgo masculino y la autoridad en el matrimonio.
Es importante observar que un papel diferente para las mujeres no significa inferioridad en las mujeres. Las mujeres y los hombres fueron igualmente creados a la imagen de Dios (Génesis 1:26-27). Él les dio igual acceso a la salvación en Cristo (Gálatas 3:28), y ellos son herederos juntos de la gran salvación que es nuestra en Jesucristo (1 Pedro 3:7). Los escritores bíblicos cuestionan la dignidad, inteligencia, y personalidad de las mujeres. Vemos esto aún más claramente cuando reconocemos que sólo de la manera que Cristo se somete al Padre (1 Corintios 15:28), es como las esposas deben someterse a sus esposos. Cristo tiene igual dignidad y valor que el Padre, y por tanto su sumisión no puede ser entendida como algo que indica inferioridad.
Lo que aprendemos de otros pasajes acerca de las mujeres en la iglesia
Tampoco es 1 Timoteo 2:11-15 el único texto que habla sobre un papel diferente para los hombres y las mujeres en la iglesia. En 1 Corintios 14:33b-36 Pablo enseña que las mujeres no deben hablar en la iglesia. Este pasaje no prohíbe a las mujeres hablar en la asamblea en lo absoluto, porque Pablo motiva a las mujeres a orar y profetizar en la iglesia (1 Corintios 11:5). El principio de 1 Corintios 14:33b-36 es que las mujeres no deberían hablar de manera tal que se rebelen contra el liderazgo masculino o tomar sobre sí mismas una autoridad injustificada, y este principio está de acuerdo con el concepto en 1 Timoteo 2:11-15 de que las mujeres no deberían enseñar y ejercer autoridad sobre los hombres.
Otro texto que nos apunta hacia la misma dirección es 1 Corintios 11:2-16. Hemos ya visto en este pasaje que Pablo permite que las mujeres oren y profeticen en la asamblea. Es imperativo ver que la profecía no es el mismo don que la enseñanza, porque los dones son reconocidos en el Nuevo Testamento (1 Corintios 12:28). Las mujeres servían como profetas en el Antiguo Testamento pero nunca como sacerdotes. Igualmente, servían como profetas en el Nuevo Testamento pero nunca como ancianos. Además, 1 Corintios 11:2-16 deja claro que mientras las mujeres profetizan debían adornarse de tal manera que fueran sumisas a la autoridad y liderazgo masculino (1 Corintios 11:3).
Esto corresponde con lo que vimos en 1 Timoteo 2:11-15. Las mujeres no son líderes reconocidos de la congregación, y por lo tanto no deben funcionar como maestras o líderes de la congregación. El aspecto fundamental de 1 Corintios 11:2-16 no es el adorno de las mujeres. Los estudiosos no están seguros, en todo caso, si el adorno descrito representa un velo o usar el cabello recogido en la cabeza. Dicho adorno era requerido en los días de Pablo porque significaba que las mujeres están sometidas al liderazgo masculino. Hoy en día la manera en que una mujer usa su cabello o si usa un velo no significa que está o no sometida a los líderes masculinos. En consecuencia, deberíamos aplicar el principio (aunque no la práctica cultural específica) al mundo de hoy: las mujeres deben estar sometidas al liderazgo masculino, que se manifiesta no sirviendo como pastores o maestras de hombres.
CONCLUSIÓN
Las Escrituras claramente enseñan acerca de los papeles únicos de las mujeres en la iglesia y en el hogar. Son iguales que el hombre en dignidad y valor, pero tienen un papel diferente durante su estancia terrenal. Dios les ha dado muchos dones diferentes a través de los cuales pueden ministrar a la iglesia y el mundo, pero no deben servir como pastoras. El Señor no ha dado su mandato para castigar a las mujeres, sino para que puedan servirle gozosamente de acuerdo a su voluntad.
Traducido por Samantha Paz.
Por Thomas Schreiner Thomas R. Schreiner es Profesor James Buchanan Harrison de Interpretación del Nuevo Testamento en el Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Kentucky y es pastor de predicación en Clifton Baptist Church.
Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Doctrinas mal entendidas
El estudio adecuado de la doctrina no es fácil. Requiere de tiempo, trabajo duro y mucha oración. Por tales razones, muchas personas no la estudian. Otros no estudian la doctrina porque piensan que es solo para profesionales, e incluso algunos pastores no la estudian porque piensan que es solo para eruditos. Sin embargo, hay otros que no estudian la doctrina porque son indiferentes a ella. Están contentos con ser alimentados con leche y conocer solamente los fundamentos de la fe, son muy apáticos al ejercicio de perseguir la carne doctrinal de la fe.
Me resulta difícil tolerar este tipo de indiferencia en mí mismo y en otros cristianos. La indiferencia en el contexto de nuestras creencias es deplorable, porque ¿cómo podemos ser indiferentes a esas verdades vitales que pueden salvar o condenar nuestras almas? Como dijo un pastor puritano: «La indiferencia a la doctrina es la madre de todas las herejías». Si nos volvemos indiferentes a la doctrina, pronto seremos indiferentes a la Escritura y eventualmente nos tornaremos indiferentes a Dios.
En 1929, J. Gresham Machen salió del otrora doctrinalmente sólido Seminario Teológico de Princeton para ayudar a fundar el Seminario Teológico de Westminster en Filadelfia. Machen y los hombres que lo acompañaron no se fueron simplemente por la desviación teológica liberal de Princeton ni tampoco porque su facultad negaba ciertas doctrinas confesionales históricas. Abandonaron Princeton, fundamentalmente, por la creciente falta de atención a la doctrina misma. «La indiferencia a la doctrina no produce héroes de la fe», escribió Machen.
Si conocer la doctrina no tiene importancia, entonces nada realmente importa. Vivimos en una cultura que continuamente promueve la indiferencia; muchas iglesias se han suscrito a esta indiferencia porque dicen que la doctrina es difícil, que no es llamativa y que causa división. Es cierto, la doctrina separa a los verdaderos cristianos de los falsos. Pero la doctrina también unifica a través del Espíritu de Dios, ya que solo las doctrinas confesionales ortodoxas de la Escritura son capaces de unir a un grupo de pecadores miserables para poder tener un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo (Ef 4:5).
En muchos casos, las personas son indiferentes a la doctrina porque no se les ha enseñado cómo estudiar la Biblia o porque han sido enseñados por aquellos que han malinterpretado doctrinas importantes. Pero muchos en las iglesias no entienden las doctrinas bíblicas simplemente porque nunca las han estudiado. Si la Iglesia ha de entender y profesar la sana doctrina, rechazar las doctrinas no bíblicas y deshacerse de presuposiciones no bíblicas y malentendidos doctrinales, entonces tenemos que comenzar arrepintiéndonos de nuestra indiferencia a la doctrina. Sin la sana doctrina, estamos condenados.
El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano?de Juan Calvino.
La proyección astral es una fantasía. Hay personas que dicen que pueden abandonar sus cuerpos y viajar a California o a la India y regresar sin utilizar trenes, aviones o barcos; pero cuando hacen estas afirmaciones, se han engañado a sí mismos o están engañando a otros. Incluso si el alma o el espíritu de una persona pudiera «proyectarse» de esta manera para peregrinar por el mundo, dichos viajes solo podrían incluir una parada por vez. Nuestros espíritus humanos son espíritus finitos y no pueden, ni nunca podrán, ser capaces de estar en más de un lugar al mismo tiempo. Solo un Espíritu infinito tiene la capacidad de la omnipresencia.
Cuando hablamos de la omnipresencia de Dios queremos decir que su presencia está en todo lugar. No hay ningún lugar donde Dios no esté. Sin embargo, como espíritu, Dios no ocupa ningún lugar, en el sentido que los objetos físicos ocupan el espacio. No tiene cualidades físicas que puedan ocupar el espacio. La clave para entender esta paradoja es pensar en términos de otra dimensión. La barrera que existe entre Dios y nosotros no es una barrera de espacio o tiempo. Encontrarse con Dios no implica un «lugar» adonde ir o un «momento» donde transcurrir. Estar en la presencia inmediata de Dios es traspasar el umbral de otra dimensión.
Hay otro segundo aspecto relacionado con la omnipresencia de Dios que solemos soslayar. La partícula «ornni» se refiere no solo a los lugares donde Dios está, sino a cuánto de Dios está en un determinado lugar. Dios no solo está presente en todo lugar sino que Dios está plenamente presente en todo lugar. A esta característica se la llama su Inmensidad. Los creyentes en Nueva York disfrutan de la plenitud de la presencia de Dios mientras que los creyentes en Moscú también disfrutan de la misma presencia. Su Inmensidad no se refiere, entonces, a su tamaño, sino a su capacidad para estar plenamente presente en todo lugar.
La doctrina sobre la omnipresencia de Dios nos llena de asombro. Esta doctrina engendra reverencia en nosotros, pero además nos sirve de consuelo. Siempre podemos estar seguros de la atención exclusiva de Dios. No tenemos necesidad de hacer una fila o solicitar una entrevista para estar con Dios. Cuando estamos en la presencia de Dios, Dios no está preocupado por los acontecimientos que están sucediendo del otro lado del planeta; Esta doctrina, sin embargo, no es ningún consuelo para los no creyentes. No hay ningún lugar donde puedan esconderse de Dios. No hay ningún rincón en el universo donde Dios no esté. Los malvados en el infierno no están separados de Dios, están separados de su benevolencia. La ira de Dios los acompaña constantemente.
David, que muchas veces alabó la gloria de la omnipresencia de Dios en los salmos, nos da un resumen poético de esta doctrina:
¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Ya dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. (Ps. 139:7-10)
Resumen
l. Solo un Espíritu infinito puede ser omnipresente.
2. Dios no está limitado por el tiempo ni por el espacio. Su Ser trasciende el tiempo y el espacio.
3. La omnipresencia de Dios incluye su Inmensidad, que le permite estar presente en su plenitud en todos los tiempos y en todos los lugares.
4. La omnipresencia de Dios es un consuelo para el creyente y un motivo de terror para el no creyente.
El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.
n pequeño análisis de los cincuenta libros cristianos más vendidos revela cuáles son los temas de mayor y menor interés para la mayoría de quienes profesan ser cristianos. Los libros que predominan en la lista tienen que ver con propósito, las finanzas, la personalidad, la autoestima, los lenguajes del amor y los límites relacionales. Lamentablemente, los libros sobre el Dios triuno, Cristo, el pecado, el evangelio, la Escritura, la predicación, los sacramentos, la oración, la disciplina eclesiástica y la iglesia local brillan por su ausencia. Ya que Jesucristo y Su obra salvadora son el fundamento de nuestra fe (1 Co 2:2; 3:11), lo que más debería preocuparnos es saber cómo crecer en la gracia y el conocimiento de Cristo (2 Pe 3:18). Nuestro crecimiento en la gracia de Cristo será proporcional a nuestro uso de los medios ordenados por Dios. Los teólogos se refieren a ellos como los «medios de gracia» (media gratia).
Los medios de gracia son los instrumentos ordenados por Dios que el Espíritu Santo usa a fin de capacitar a los creyentes para recibir a Cristo y los beneficios de la redención. Aunque Él pudo haber decidido revelarle a Cristo de forma inmediata a Su pueblo, Dios determinó hacerlo a través de ciertos medios. Designó la Palabra, los sacramentos y la oración como los medios principales que Él usa para comunicar a Cristo y Sus beneficios a los creyentes.
Jesús enseña que las Escrituras son el medio de salvación principal e indispensable (Lc 16:31; 24:27, 44-45). La predicación de la Palabra de Dios era central en el ministerio de los apóstoles (Hch 2:22, 41; 4:4; 5:20; 6:7; 12:24; 15:7, 32, 36; 16:14; 19:20; 20:32). Pablo explica en Romanos 10:17: «La fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo». Los apóstoles le dieron suma importancia a la Palabra de Dios como el medio de la salvación y la santificación de los creyentes (Col 3:16; Heb 5:14; Stg 1:18, 21, 25; 1 Pe 2:2).
La Escritura también enseña que Dios instituyó los sacramentos como medios de gracia. Pablo vincula el bautismo con la gracia de la salvación cuando escribe: «[Dios] nos salvó… por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo» (Tit 3:5). Habla de la «copa de bendición» (1 Co 10:16) cuando se refiere a la Cena del Señor. La gracia salvadora de Cristo es comunicada espiritualmente a los creyentes cuando ellos participan de la Cena por fe. Por el contrario, los que participan «indignamente» (es decir, en incredulidad) pueden ser objetos del juicio de Dios (11:27-32).
La oración también es un medio de gracia según la Escritura. Dios ha prometido redimir a todos los que lo invocan en verdad. El día de Pentecostés, Pedro afirmó: «Y SUCEDERÁ QUE TODO AQUEL QUE INVOQUE EL NOMBRE DEL SEÑOR SERÁ SALVO» (Hch 2:21).
Encontramos una definición histórica útil de los medios de gracia en el Catecismo Menor de Westminster, donde leemos: «Los medios externos y ordinarios por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de la redención son, Sus ordenanzas, y especialmente la Palabra, los sacramentos y la oración; todos los cuales son hechos eficaces para aquellos que han sido elegidos para la salvación» (Catecismo Menor de Westminster, pregunta 88).
¿Cómo es que los medios de gracia son hechos eficaces? ¿Cómo operan? No operan por sí mismos (ex opere operato), como insiste la Iglesia católica romana. Más bien, operan a través del Espíritu de Dios en el corazón de los elegidos por medio de la fe. Como lo explica la pregunta 91 del Catecismo Menor de Westminster:
Los sacramentos llegan a ser medios eficaces de salvación, no porque haya alguna virtud en ellos, o en el que los administra; sino solamente por la bendición de Cristo, y la obra de Su Espíritu en los que por fe los reciben.
Sin embargo, los miembros de la asamblea de Westminster no creían que todos los medios de gracia son igualmente eficaces: «El Espíritu de Dios hace que la lectura, y, más especialmente, la predicación de la Palabra, sean medios eficaces de convencer y de convertir a los pecadores, y de edificarlos en santidad y consuelo, por medio de la fe, para la salvación» (Catecismo Menor de Westminster, pregunta 89). El teólogo reformado Geerhardus Vos dio un motivo para priorizar la Palabra por sobre los sacramentos cuando escribió:
De ser necesario, podemos pensar en la Palabra como un medio de gracia sin los sacramentos, pero es imposible pensar en los sacramentos como medios de gracia sin la Palabra. Los sacramentos dependen de la Escritura, y la verdad de la Escritura habla en ellos y a través de ellos.
De igual forma, la oración se transforma en un medio de gracia solo cuando está moldeada por la verdad de la Escritura. El Espíritu Santo toma la Palabra y permite que los creyentes oren en armonía con la voluntad de Dios.
Si vamos a crecer en la gracia, debemos reconocer que Dios ha instituido ciertos medios para ese crecimiento. Debemos acercarnos a esos medios con ávida expectación y una confianza como de niño en Aquel que les añade Su bendición. Además, debemos reposar contentos en el uso correcto de esos medios, sabiendo que Dios ha prometido bendecirlos cuando los usamos con corazones de arrepentimiento y fe.